TAN LEJOS

¿Por qué tan lejos?

Tan inmensamente acompañada te escondes de mí

Mi: ogro de los cuentos.

No, no dejes escapar este sueño. No me dejes escapar alto que voy a volar cual cóndor.

Alto, alto, que no vas a llegar nunca aunque quieras.

¿Por qué tan lejos?

Si tengo mi cuerpo entero, mi alma puesta, mi ego arriba.

Si tengo ganas y ánimo de más. Camisas blancas y limpias.

Versos borgeanos. Y hago de tripa corazón cuando se trata de vos.

Tan lejos.

Como el cóndor que seré.

Como el escarabajo que comeré.

O el ratón que con mis garras aprisionaré.

O la bala que ingresará, terca, entre mis plumas.

En un mundo cansado, bajo las estrelas, siento el aliento de alguien.

El lejano roce eterno del universo de otro cuerpo.

Fugases sombras me inquietan.

El tiempo. El transcurso incesante del viento corroyendo piedras milenarias.

Y soy. Y no. Y digo:

Solo tu recuerdo vuelve luz lo opaco, cuándo el día es oscuro como una noche.

Sereno recuerdo. Maternal lumbre anhelante.

Luz lo opaco.

Germen de vida de gente nueva, nuevas muertes.

Sangre renovadora. Espejismos.

Lungos cometas, soles lejanos.

Otras eternidades, fugaces, distintas.

Universos, galaxias, negros agujeros.

Succiones, desapariciones, incendios de chozas, mares ajenos.

Protones, big-ban, onda expansiva que nos desplaza hacia el colapso final.

Ínfima vida. Infinita.

No se que. Digo.

Impulsos, tics, exabruptos, actos fallidos. ¡Patapúfete!

Me dicta la música. Verborragias indetenibles.

Sufro de extravío. Pérdida de palabras. Incontinencia de lenguaje.

Muero desapalabrado y renazco berreando tu nombre.

ESPINAS EN EL CIELO

No, llegar no.

Como suspendido en el viento.

Arriba, inmerso en lo alto, planear.

Caer flotando siempre. Eternamente volar.

No, no quiero llegar.

Ser al que están aguardando. Con la cama y la mesa tendida.

Y el baño caliente. No.

No, llegar no quiero.

Sin dirección ninguna. Ni esperanza.

Permanecer andando.

Llegar no quiero, no.

Que el techo no sea arriba.

Con las estrellas abajo y las espinas en el cielo.

Que al morder, la fruta sea esa, la nueva.

Que la memoria no me quite la novedad del sabor.


POCAS COSAS SE CONTAGIAN COMO LA RISA (HAGA CLICK SOBRE LA LINEA ROJA)

Pocas cosas se contagian como la risa

10/6/09 # 12 Comentarios
Este es un corto de Christine Rabette titulado Merci, que transcurre en un día gris en una ciudad gris, y que muestra cómo una persona puede influir en los demás.

Este cortometraje belga, merecedor de varios galardones, es interpretado por Jan …

GALLINA CON MANO EN COGOTE

Una gallina. Con una mano aprisionando su fino cuello. Ojos desorbitados. Aguardando la sentencia.

Durante el transcurso de mi venturosa y aventurada vida de referente social,

tuve la posibilidad de recorrer gran parte de este hermoso país. La juventud permite al ser humano, con sus ínfulas, apartar de si el miedo y ciertos cánones que después con la mayoría de edad se acentúan ostensiblemente. La carencia de dinero, por ende, no es impedimento para la aventura, sino todo lo contrario. La moneda suele atentar contra la libertad. Uno aprende a ser libre con carencia de alimento. Con el frío calando los huesos y el calor quemando espaldas. La diferencia es que uno elije eso. Nos gustaba sufrir, nos gustaba que los vecinos de un pueblito nos corrieran de sus veredas. Comer en las terminales era nuestra cena mejor. Y que te miren.

Cuándo salimos de Alpa Corral, luego de un tiempo venturoso y de haber gozado de la naturaleza, subidos a la camioneta de la flia Salinas, dejamos el pintoresco poblado para, sentados sobre nuestras mochilas, hacer dedo en dirección de Santa Rosa de Calamuchita. Alto error.

Las chicas que nos levantaron eran dos rubias aventureras de la capital, que al notar nuestro acento santafecino, desilusionadas, no hicieron otra cosa que alabar el acento cordobés durante todo el transcurso del largo viaje. Maldecíamos por dentro a la mona Jimenez, a Angeloz y a la revista Hortencia. Al depositarnos como paquetes en la puerta de Santa Rosa, las niñas aventureras partieron derrapando en la banquina, como escapando de un asalto a mano armada. Nunca más supimos de ellas.

Pero una casita en lo alto de un cerro nos aguardaba ansiosa por cobijarnos. Nuestro aspecto dejaba mucho que desear. Pero el mochilero tiene que ser desalineado, un poco mugriento y pelilargo. Nos gustaba aparentar dejadez. ¿Cuanto tiempo pasaría hasta que un agente del orden nos pidiera los documentos? Fueron exactamente siete cuadras recorridas del brazo de los agentes. Sospechamos que los policías habían pasado una tarde aburrida por como se divirtieron luego con nosotros. Al anochecer, ya cansados de tanta risa, los agentes del orden nos dejaron partir hacia la casita de la abuela de uno de mis compañeros. La carpa la terminamos de armar a las cinco de la mañana. Nos despertó el sol furioso a las seis. Pero éramos mochileros. Estábamos de vacaciones.

El patio donde pernoctábamos, estaba rodeado por durazneros copiosos de frutos. Los cerros verdes y el cielo celeste. Perros divertidos nos festejaban las muecas hacia ellos. Las chicas ni nos miraban.

Es linda la aventura. Es hermosa la libertad. Es hermoso el río. Pescar sardinas para luego tirarlas porque no teniamos plata ni para el aceite donde fritarlas. Y entonces fue que el hambre acudió. Cual langostas desesperadas trepamos los durazneros pelando literalmente sus ramas. No quedó un solo fruto esa tarde y fueron como veinte pasadas por el baño, porque no se salvaron ni los verdes.

Hasta que por fin un día nos adentramos en el delito. Desesperados caminábamos por las veredas de la ciudad serrana, vigilanteando que el basurero no se nos adelantara a recoger las bolsas con restos de comida de una panadería, cuándo el lechuga, otro de mis compañeros me señala unas postales en la vereda de un kiosco.

Que lindas –le dije emocionado.

No boludo –me contestó. Al lado. Los alfajores.

Solo una seña bastó para comprender. Corrimos con cinco paquetes de las artesanales masitas en nuestras manos sin mirar hacia atrás, con autos frenándonos encima cual película yanqui. Cuándo ya no percibimos grito alguno de los dueños del local y el llanto espantado de la nenita que cuidaba la mercadería en la vereda, nos dirigimos hacia el río que comenzaba a crecer estrepitosamente. Cuándo volvimos, un día después, al patio de la abuela del tata, porque la crecida había inundado el vado impidiéndonos atravesar el río, Doña Elena nos aguardaba con un arroz con leche que hasta el día de hoy recuerdo como una de las cosas mas felices que me ocurrieron en la vida. Pero era escaso. Y los días trascurrían lentamente sobre nuestros estómagos vacíos. Ya no había panadería donde pedir pan de ayer. Nos tenían junados los tipos. No nos querían ver más. Y las gallinas paseando por el patio como en su casa. Las pulposas gallinas del vecino. Tan confianzudas ellas. Y entonces fue que alguien dejó deslizar un “mirá la gallinita. Sabé que rica en la ollita” Y en esto debo efectuar una explicación. Uno de los tres transhumantes teníale pánico a las aves con plumas. El otro era casi el dueño de casa. Restaba este servidor, que dicho sea de paso, había adquirido cierta técnica en la atrapada de estos gallináceos plumíferos, allá, por el barrio que lo había visto nacer. Y así fue que con un salto gatuno, esa pobre e inocente gallina, estuvo casi sin saberlo dentro de mi puño aguardando la sentencia. Unas palmas sonaron detrás nuestro. Palmas de llamar a la puerta. Y un grito que decía. “¡¡¡Ey, acá traemos asado boludos!!!”

Como siempre suele suceder, los amigos te salvan. Recién arribados. Frescos y con ganas. Y con carne argentina.

Y bueno, soltála pobre animal –dijo una voz salvadora.

El destino de la plumífera jugaba a su favor. Y lo mas triste, lo mas triste y trágico de todo fue, que la gallina nunca lo supo. Nunca supo nada.

MARCAS(Iturrusgarai)

SUEÑOS DE LIBERTAD

Sueño mares con puertos tiznados, muros corroídos, musgo verde graffiti, ocres hierros sin sentido, cadenas sujetanada, anclas de tinta cubiertas de piel quemada de tantos, mares enceguecedores.

Sueño tesoros de vírgenes incas, sangre en la pira, uñas incineradas, oro, especias de piel morena, tetas sin sostén de siliconas, carabelas de muerte, escapando de más.

Cruces vivas de fuego sobre pieles morenas cogidas, sobadas de tanto fuego y de látigos amargos, dulces selvas devoradoras.

Sueño bocas, lenguas, brazos, manos refregadoras.

Aullidos, lamidas, dientes masticando espaldas, carneviva, ojos sordos, bocas, tetas sobre bocas, leche y miel, ensueño.

Sueño ríos fríos, montañas erosionando humo de galopes a lo lejos.

Lagunas vivas sueño, lanzas chorreantes, cazadoras.

Sueño vida, eterna pampa, paz de atardeceres, gentes antes por aquí.

Sueño esta tierra antes de la muerte, del veneno impregnado, del espanto, de la barbarie y de la civilización.

Antes de esta casi nada.

Sueño el fuego, el agua y la tierra.

Cuerpos salvajes. Autónomo pensamiento.

Sueño realidad de otros que apenas percibo.

Como nombrar, vida, tu nombre, esa que eras, la de antes, la sin cruz, antes de la propagación de la muerte.

Como sabrá la libertad sin el condimento amargo, vomitivo, de la especia fundamental del dios cruzado mortífero. Muerte.

Como, tan solo, imaginar la vida, sin el bozal que me sujeta, caballo doméstico que nunca supo de las verdes praderas de la libertad.

DEFENSA DE MI CIUDAD

Ya está. Hasta aquí llegué. Cansado estoy. A partir de este momento el tiempo, al menos el mío, se divide en dos. En un antes y en un después de este post. Que, los venadenses, ¿no somos seres humanos? ¿Pertenecemos acaso a una casta maldita? ¿No estamos ubicados en ningún lugar en el mapa? ¿Somos Kelpers? Porque si bien, y como usted señor lector de esta prestigiosa y popular comunidad a percibido, este humilde servidor del arte y la cultura a sido cada vez que la propuesta así lo demandaba, muy crítico en sus decires con la ciudad a la que pertenece, no puede dejar de decir ni de declarar, que todo tiene un límite. Porque, reconozcamos, que este ciudadano no solo de críticas a llenado este espacio. Y si así fuera, convengamos que algún derecho me concierne al respecto. Pero mi publicación del día de la fecha nada tiene que ver con eso, no. Es que mi indignación a sobrepasado todo tipo de reflexión, pero igual reflexiono. No tengo la capacidad corporal adecuada como para dejar de reflexionar. Conocí en cierto momento de mi vida a dos personas. La primera era un gigante bueno y la otra un enano maldito. Entonces alguien, que no había sido yo, reflexionó: “Cuan sabia es la naturaleza que deposita un carácter beligerante en el pequeño y una bondad desmedida en el gigante. Porque al chiquito daba lástima pegarle e imagínense al grandote con el carácter del diminuto señor. Por eso elijo la reflexión y prosigo con ella.

Y retorno a mi indignación anterior. Siento que atacan a mi ciudad. Que la denostan, Veo una critica infundada y malévola. ¿Que hicimos los venadenses para merecer esto? ¿Qué pecado cometimos? ¿Todo lo hacemos mal? ¿Por que Rafaela si y nosotros no?

Y cuándo digo Rafaela no me refiero a la popular cantante italiana, sino a la importante ciudad santafecina. Porque si bien todos sabemos que en ese lugar del mapa de la provincia se han echo muy bien las cosas, no significa que todo el tiempo desde medios de comunicación intencionados nos echen en cara nuestra supuesta mala praxis.

Porque si bien sabemos que Rafaela esta donde esta porque su clase política hace las cosas correctamente y los legisladores de allí surgidos no se dedican solo a la perorata y legislan para su ciudad, tampoco vamos a tirar abajo el lugar donde nacimos.

Porque si bien esta en claro que en el ambiente deportivo nos sacan ventaja y que al menos un equipo de fútbol los representa en el Nacional B y nosotros aplaudimos a un jugador cuando patea parriba, no quiere decir que debamos aceptar que todo el mundo diga lo que se le cante de nuestra ciudad.

Porque si bien claro esta que los comerciantes de allí trabajan mancomunadamente y no le roban la plata a nadie aumentando los precios cuando se les ocurre, tampoco quiere decir que nos vengan a tildar de que solo nos interesa el bien propio.

Porque si bien los medios de comunicación de aquella ciudad se esmeran por informar correctamente, no vendiendo carne podrida o no ofreciéndose al mejor postor, no quiere decir que nosotros no tengamos nuestros mesurados y sabios periodistas, incapaces de andar detrás de cualquier personaje que los invite a sus embolantes disertaciones de fin de año con tal de poder picar algo y beber alguna copita de champán.

Porque si bien el ambiente del arte y de la cultura no se dedica en el mayor de los casos a sacarse los ojos entre ellos y hasta me han dicho que algunos directores de teatro personalmente han acudido a algún estreno de algún colega y lo a disfrutado, no quiere decir que nosotros lo tengamos que hacer y por ese motivo seamos unos hijos de puta.

Porque si bien la gente en general allí respeta las normas, como por ejemplo las leyes de tránsito, y por lo tanto no cruza los semáforos en rojo y no le pega a ningún mal llamado zorro gris escapando en cuatriciclo en contramano por la calle principal de la ciudad y no le habre la puerta de su camioneta a los ciclistas que pasan cerca de su maquina estrolándolos contra ella, no quiere decir que cualquier chichipio se arrogue el derecho de bajar cuanta línea se le ocurra en nuestra contra.

Y no me vengan con eso de que a una ciudad la hace su gente porque es un lugar común del cual no estoy dispuesto de avalar o de difundir, porque es solo una gran mentira mas. Creo en mi ciudad y su gente. Porque yo vivo acá.

Bueno ahora los dejo porque hoy a la mañana me sacaron la zanellita estos zorros grises de mierda. Me agarraron sin patente, sin papeles y doblando a la izquierda. ¡¡¡Por que no se van a laburar!!!

HABLAN DE DESPENALIZACION (Facundo Falduto)

Gente, acá les dejo un interesante post de este chabón que se las trae y que puede despejar dudas a cerca de la posible despenalización.

LEANLONNNNN!!!!!

Facundo Falduto nació en Lanús durante la presidencia de Alfonsín, con el destino proletario marcado en la frente. Pero el destino puede ser muy choto, y lo llevó de chiquito a otro tipo de vida en otro tipo de lugar. Aún así, no come vidrio, y cuando lo hace, mastica bastante. Es redactor, escribiente, algo parecido a un periodista, y editor de blogs (?). No es lo mismo que hombrear bolsas en el Mercado Central, pero es un “trabajo” más o menos honesto y lo va a tener que hacer de acá a que se muera para comer. Por eso le preocupa todo esto.

Quiero escribir sobre el tema hace rato, pero siempre me cuelgo. No digo que haya sido por algún tipo de estupefaciente: no los consumo, ni lo volveré a hacer. Sólo ocurre que esta mañana, mientras bajaba medio kilo de helado de dulce de leche, vi la noticia: La Corte Suprema de Justicia quiere declarar inconstitucional la ley de drogas actual que castiga el consumo, lo que representa un primer paso para la despenalización de las mismas. “Uy, qué flash”, pensé, y me quedé mirándome los dedos como media hora.

Se veía venir. Se sentía en el aire. Ya no se trata el tema, social y policialmente, con tanta rigidez como en la década pasada, aunque muchos todavía sufren las consecuencias de la represión. No es casual que, meses atrás, por ejemplo, los llamados “curas villeros” declararan que la droga está despenalizada de hecho. De hecho, el rumor del fallo de la Corte circula hace rato. Ante todo, conviene explicar las implicancias legales del caso.

Desde 1989, en Argentina rige la ley 23.737, que castiga a quien produzca, venda, compre, transporte o almacene estupefacientes. El consumo no está prohibido, aunque sí la tenencia para consumir. El “delito” suele quedar a criterio de los jueces: En 1978, la Corte Suprema de la dictadura declaró constitucional el castigo de la tenencia para consumo. Tras el retorno a la democracia, durante el célebre caso Bazterrica de 1986, la Corte resolvió que era inconstitucional el sancionar la tenencia de cantidades para consumo personal. Cuatro años después, con el caso Montalvo, una corte menemista volvió al criterio anterior. [1]

Como se ve, hay un gran bache legal al respecto. En los últimos años, la Corte conformada por el kirchnerismo viene promoviendo el criterio que no castiga el consumo ni la tenencia para fines personales, pero muchos jueces siguen con el criterio anterior, gracias a que la corte aún no declaró la inconstitucionalidad de la ley.

“La sentencia no pasa de Agosto”, dijo una alta fuente judicial a la revista THC. ¿Quiere decir que los narcóticos brotarán por las calles como el agua de las cloacas un día lluvioso, mientras jóvenes endrogados se sacan fotos en pelotas para sus respectivos fotologs? No precisamente. La despenalización sólo evitará que la justicia procese a quienes posean estupefacientes para consumo personal y privado. El consumo en ámbitos públicos, al igual que la producción, venta y traslado de droga, seguirá siendo ilegal, aunque algunos casos seguirán quedando a criterio de los jueces. Si tenés una plantación de marimba, dependiendo del tribunal que te toque, podés fumarte toda la vida preso o salir libre si se acepta que no tenías intenciones de venderla. Ah, las maravillas de la seguridad jurídica.

Todo eso puede cambiar, claro. Una vez que la Corte declare inconstitucional la ley 23.737, el Congreso puede debatir un nuevo proyecto. Pero no será fácil. Mientras THC sostiene que la mayoría de los partidos políticos está a favor de una mayor laxitud, la oposición a la despenalización es fuerte. Es una medida con una mala relación costo-beneficio político. Es difícil que alguien vaya a fundar la Unidad Básica Drogadistos Chivo Rossi Conducción. Lo más probable es que se perciba como la suspensión del servicio militar obligatorio de Menem: algo bueno, pero que debía hacerse hace mucho tiempo.

En este punto, cabe preguntarse ¿Por qué despenalizar el consumo de estupefacientes? Hay unos 200 millones de consumidores en todo el mundo, o sea, el 5 por ciento de la población, según la OMS, aunque la prohibición hace imposible obtener cifras precisas. Sólo en Argentina, esa cifra representaría dos millones de personas. Además, el 8,1% de los estudiantes secundarios argentinos consume marihuana, el 2,7% cocaína y el 2,2 % éxtasis. Todas esas personas son consideradas criminales por la ley actual, en lugar de pensar que tienen problemas de salud o que son consumidores recreativos ocasionales. Incluso la ONU propone no penalizar a los consumidores y tratar el problema como un tema sanitario.

En Argentina, los consumidores de drogas pueden seguir tres caminos. Si son de clase media-alta, es probable que jamás tengan un problema legal por su consumo, gracias a la posibilidad de obtener substancias de mejor calidad, pagarlas, y disfrutarla en la calidez de su hogar. Quienes no corran esa suerte, pueden ser detenidos en plena calle sólo por actitudes sospechosas, mientras le mejor policía del mundo (Duhalde dixit) revisa sus posesiones. A veces, si no les encuentran drogas, los oficiales les hacen el favor de plantárselas para facilitar que ese enemigo de la sociedad ingrese al sistema correccional. Allí pasarán años, siendo torturados por la policía y sus compañeros de celda, hasta que la Justicia se apiade de ellos. O pueden tomar el tercer camino de ingresar a un centro de rehabilitación, financiados con generosidad por el Estado, donde en muchos casos serán sistemáticamente torturados. [2]

La despenalización permitirá que el problema de los consumidores se trate como sanitario antes que policial. No al revés, como en los muchos casos donde un médico denunció a un paciente antes de atenderlo, violando el secreto profesional. Además, al no tener que preocuparse por el status legal de los “perejiles”, las fuerzas de seguridad podrán concentrarse en combatir el narcotráfico y la producción de drogas. Los fondos que se ahorran pueden destinarse a programas de salud pública y rehabilitación. La despenalización debe alcanzar a todas las substancias: no es lo mismo la marihuana que el LSD ni el éxtasis que el paco, pero todos los consumidores tienen el mismo problema, que, reiteramos, es sanitario y no policial. [3]

Aún asi, será sólo un parche para el problema mayor. Miles de personas seguirán terminando presas o muertas en la frontera de todos los países, inmoladas en nombre de una prohibición ridícula e inmoral. La violencia del narcotráfico no tiene límites. Sólo en México, mueren 6.000 personas por año por delitos vinculados al narcotráfico. La droga mueve economías y afecta las estabilidades de los gobiernos. En un muy recomendable artículo, The Economist propone lo que considera la mejor solución: legalizar por completo la fabricación, venta, traslado y consumo de todos los estupefacientes. Entre otros argumentos, sostiene que así se acabaría el narcotráfico (y los crímenes derivados); bajarían los precios y subiría la calidad de las drogas; y los gobiernos podrían recaudar impuestos sobre la producción y el comercio. No es la propuesta de un fanzine de drogadistos, sino de la principal revista del establishment económico mundial. Aún así, es difícil que la idea se tome seriamente en el futuro cercano.

Ese futuro que para los argentinos comienza el próximo martes 25 de Agosto, cuando la Corte Suprema de Justicia emita su fallo sobre la despenalización. Será un gran día, para comenzar a pensar en nuevos proyectos y dejar de preocuparnos por problemas arcáicos. ¿Será también una linda noche, para fumar un porrito?

PEQUEÑA SEMBLANZA SOBRE LOS LAMENTOS DE UN TERRATENIENTE ARGENTINO.

Mas que enojado estoy dolido. Un sentimiento de desazón me invade el corazón. De decepción.

Sentir que tantos siglos de trabajo han sido inútiles. Eso es lo que me pasa. ¿De que valieron entonces tantos años de lucha? ¿De que valió fundar una patria que finalmente te responde con ignorancia y lo que es peor, con traición? Porque si hay que retroceder en la historia para hacerles recordar a estas generaciones que todo lo ignoran nuestra labor, será necesario entonces volver, refrescarles las mentes para que de una buena vez por todas sepan quienes fuimos. Porque entonces tendremos que reconocer que todos los planes educacionales por nosotros creados e impuestos han fallado.

Pero, ¿ porque no comenzamos por el principio?

Antes de que todo fuera tal como es, aquí, en estas tierras, reinaba solo la barbarie y la desolación. Pues entonces tuvimos que poner manos a la obra. Una tarea, convengamos, odiosa, ya que luego la historia, o digamos algunos historiadores cargados de ideología, trataron de estigmatizar esa labor. Porque, ¿que hubiese pasado si esa tarea no se hubiese realizado y de la manera en que se efectuó? Tendríamos un presidente como el de alguna republiqueta vecina. Una persona, si es que se puede llamar a eso persona, con plumas en al cabeza nos gobernaría. Es por eso que ese general que ahora nos mira desde un billete de cien, sacrifico, casi, su vida, terminando con todos los bárbaros, para que ustedes tuvieran un país, una nación. No fue fácil fundar. Tener que soportar atisbos de revoluciones, de revueltas y modificarlas en pos de una patria grande no es tarea de improvisados. Mandar hacia alta mar a uno y que envenenado termine en el fondo del mar. Cambiarle el origen a otro y ocultar por años su identidad indígena, para luego influir en su exilio y posterior muerte en suelo extranjero. Dejar deslizar que la bandera que tanto amamos fue ideada por un débil y amanerado señor. Eso, compatriotas, no es fácil.

El tiempo nos fue dando la razón. Piensen en el estado de degeneración en el que hoy nos encontramos. Y piensen entonces que peor hubiese sido sin nuestro fundamental aporte.

Porque la historia no se detiene. No se detuvo. Los tiempos siguieron su derrotero. Luego de haber matado indios y de haber domesticado gauchos, surgió algo igualmente dramático. Resulta que abrimos las fronteras y una serie de extranjeros poblaron la nación, y no eran los mejorcitos por cierto. Nos mandaron los que sobraban en sus países, con sus costumbres e ideologías. Y una vez más tuvimos que efectuar cirugía mayor. Socialistas, anarquistas infectaron todo el país con sus pensamientos. Hasta al sur del mapa llegaron con sus cabezas contaminadas incitando así a los mansos trabajadores de esa parte de la nación. Paros, revueltas, asesinatos, tomas, asaltos. Los fusiles tronaron como escarmiento y otra vez fuimos para esa historia antipatriótica, los malos de la película. Y entonces llegó nuestro primer e histórico golpe. La primera perlita. El primer gobierno elegido por la chusma, derrotado. Pero dicen que la historia es cíclica. Luego de años de bonanza devienen otros en sentido contrario. Pero aquí vale una salvedad, un, entreparéntesis. Lo que desde ese momento se transformo en el mal verdadero de la patria. ¿Y desde donde entonces es que sobrevendrá el mal sino desde la misma mano de obra utilizada? Al monstruo lo parimos nosotros. Al traidor. Tuvimos que multiplicar los métodos. Retrocedimos para tomar fuerzas. Nunca habíamos experimentado semejante cosa. Aprendimos en la experiencia. Tuvimos que ser fuertes. Tuvimos que vivar al cáncer. Bombardear la plaza. Fusilar sin miramientos. A partir de ese momento nada fue igual y la lucha sigue. Siguió. El exilio en puerta de hierro fue largo pero no eterno. Y en el medio mucha sangre corrió. Algún que otro civil ocupando el sillón de Rivadavia sacado en puntitas de pié. Títeres depuestos. Lentas tortugas democráticas. Civiles. No fue fácil expulsar de las universidades con nuestros largos bastones a las células extranjeras enquistadas dentro, que pretendían modificar las cabezas de nuestros hijos con sus pensamientos extremos. Pero debemos, y esto que quede si fuera posible entre nosotros, reconocer que el error que cometimos fue importante. El destierro no sirvió. Tendríamos que haber sido mas contundentes y haber evitado ese resurgimiento atroz. Admito que con esa errata posibilitamos la arremetida. Tiempos duros aquellos. Nefastos asados con parquet con ideología. Banderas rojas de la vergüenza. Temeraria conjunción. Pero todo tiene un fin. El tiempo jugó a nuestro favor. Nadie es eterno. Ni el lo fue. Y fue entonces ese, nuestro momento mejor. La manteca al techo mejor tirada. Nos pusimos serios. Rectos. Daban gusto los toros campeones. Los discursos desde el altar y el púlpito, en las ferias y en las iglesias. La carne justa. La sangre derramada en los mataderos de la patria con maquina y puño cerrado. Daba gusto la bandera idolatrada. Y eso también no tuvo parangón. Los corazones tatuados a fuego con temor en las generaciones futuras. Antes y después. Fue nuestra mas querida venganza. Y supimos de la gloria en las islas. Y otra vez la historia de rojos historiadores. Negando. Juzgando. Apátridas. Extranjerizantes. Y otra vez ceder. Y una vez mas la repliega. El silencio. La reclusión en los cascos. Pero siempre, como una sombra estuvimos detrás. Cuándo de intereses nacionales se trataba un fuego desde lo mas profundo de nuestro ser surgía. Y los esperábamos ahí. A silbido limpio en el mejor de los casos, en las tribunas. Con nuestra fiel mano de obra, los fusiles de la patria y con cara bien pintada, pero de verde, como los campos llovidos. Y llegó el momento en que en los estrados de la democracia desfilamos. Tuvimos al mejor representante y con acento federal. Con sus dedos formaba una v difusa que confundía, pero con el corazón sirvió a la causa y fue de los mejores. El mundo libre nos abrazo con manos oseznas y estábamos bien preparados. Implementamos en paz las economías que a sangre y fuego habíamos impuesto en los años de plomo. Y fuimos libres. Y soportamos estoicos las debilidades de la democracia. La corrupción desmedida de los comunes con poder y su debacle. Y fue entonces que la barbarie tomo las calles y escapamos entonces a nuestros paraísos fiscales, salvados de la barbarie de los ordinarios. Y una vez mas será. Y siempre así. Corren tiempos extraños, lo sé. ¿Qué es lo que pasa? Este es especial. Otra experiencia sin parangón. Y lo vuelvo a decir: no es bronca, es dolor. Los estrados centenarios tomados por oscuros personajes. Traición grita mi corazón. ¿En que momento fue que nuestros representantes debieron descender al subsuelo del populismo desdentado para ganar batallas? ¿En que han transformado a los centenarios apellidos de la patria? ¿En meros obstaculizadores del transito? ¿Desde cuando la carencia ajena fue nuestro discurso demagógico? ¿La barba de ese orador nombrando lo que nunca debió nombrar, crecerá emulando a los héroes de playa Girón? ¿No se la habia dejado crecer durante la dictadura a caso? ¿El chaqueño Palavechino será nuestro Silvio? Se viene un tiempo malo. ¿Hemos sido derrotados? ¿Nuestras camionetas servirán como transporte de reparto de mercadería para los hambrientos entonces? ¿Quién permitió que desde los palcos los socios escucharan palabras prohibidas por siglos? Pero debo decirles que aún resta lo peor. Las próximas palabras a ser nombradas. El barbudo, desde el mismísimo estrado centenario, que tanto sirvió a la causa de la patria, con sus desfiles taurinos y generales heroicos, con birrete verde aceituna dirá abarcado totalmente por el trapo rojo extranjero y con tono de circunstancia: “¿Quién habla hoy desde el ente que gobierna de distribución de la riqueza?” mientras que desde las gradas, los nuevos dominados por el monstruo comunista responderán con efusividad: ¡¡A desalambrar!! ¡¡A desalambrar!!


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