RELATIVISMO CAQUERO

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Les voy, si ustedes me permiten, a contar mi historia. Y que por favor que esto quede claro: no persigo otro fin que la advertencia. No busco fama, ni mucho menos exposición.

Nunca fui una persona mediática. Y no es por una cuestión de timidez, ni de falta de modestia. Es simplemente para evitar que mi imagen se propague, ya que no me conviene exponerme por un tema meramente laboral.

Yo soy un ladrón. Pero un ladrón a la vieja usanza. Un tipo con códigos. La educación y el respeto fueron los legados más importantes que mis padres me dejaron para la vida.

Mi padre siempre me decía: “hijo, si va a robar, hágalo con modales y honestamente.” Yo soy un ladrón honesto. No me aprovecho de ancianos, de mujeres y mucho menos de niños.

Como usted podrá observar mi campo laboral se reduce considerablemente. Y si a esta lista le sumamos a familiares, amigos, conocidos, amiguitos y seños de mis hijos, y a estos les seguimos sumamos ahora a  la gente buena y honesta, que de todas maneras es poca pero que igual suma al final, la situación se complica aún mucho más.

A todo esto, y es el motivo por el cual relato mi experiencia de vida, en estos tiempos postmodernos que nos toca vivir, de globalización y relativismo, ha surgido un nuevo tipo de chorro que va directamente en detrimento de lo que uno siempre defendió. Y es . el ladrón sin códigos.

Estos nuevos especímenes de cacos, le roban tanto a un indefenso viejecito como a su propia madre, y ni hablar del vecino etc. sin que se les mueva, como quién dice, un pelo. Y uno, quizás nostálgico, empieza a recordar tiempos idos, tiempos en donde la cachiporra certera, la amenaza respetuosa, el salto al tapial, el carterismo o punguismo, eran modos de robar casi románticos, comparados con las nueve milímetro de hoy. Y no es que todo tiempo pasado fue mejor, mañana es mejor como decía el flaco en cantata. No soy de esos nostálgicos a los que les exaspera lo nuevo, de ninguna manera. Lo que pasa es que estos nuevos chorros ya no se respetan ni a ellos mismos, ergo, mucho menos a sus colegas, ¿entendes?

Uno planea durante mucho tiempo un atraco teniendo en cuenta al ser humano, evitando la violencia innecesaria, y cuando lograste esto con el esfuerzo correspondiente, ahí están estos en la puerta del banco queriéndote arrebatar el fruto de tu laburo. Son vagos. Aprovechadores del trabajo del otro que en definitiva es su par, un colega que la esta peleando como todo el mundo hoy por hoy en un país como el nuestro que encima te quita oportunidades. ¿Para cuando una asignación para nosotros?

Y no me vengan con esa frase de Perogrullo, trilladísima de el que le roba a un ladrón tiene cien años de perdón porque es una gran pelotudes, un verso de estos ineptos, para aprovecharse del esfuerzo ajeno.

Estoy indignado y con mucho miedo, Ya no se puede trabajar tranquilo. Los ladrones de la vieja guardia pedimos seguridad. No se puede salir a la calle tranquilo. ¿Donde esta la policía en estos casos? ¿Hace la vista gorda? ¿Y la dirigencia política? ¿Y los medios de comunicación?

Vuelvo a insistir: tengo miedo.

La semana pasada sufrí un ataque de pánico. Me negaba a salir a trabajar. Y encima mi psicólogo me hizo responsable exclusivo de mi estado. Que mi miedo era a lo nuevo. Que era victima de mi propio deseo a volver al pasado. Que tenía una regresión. Que me aggiornara, me dijo.

No sé, pero me parece que lo mejor en estos casos es aplicar mano dura. Tolerancia cero con estos tipos. Acá precisamos alguien que las tenga bien puestas, que tenga que tener lo que hay que tener. Un Fidel Castro. O tendrían que volver los militares. A mi nunca me hicieron nada.


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