MI TRAUMA
Lo mío es grave. Seguramente usted, lector avezado de la más popular publicación humorística del departamento general López, por no decir la única, porque si bien el Informe diario muchas veces da risa, no es exclusivamente un periódico para hacer reír, se sorprenderá una vez más con la forma en que este trabajador social de las letras, comienza su interesante exposición mediática. Dirá quizás, tal vez, a lo mejor, que es un poco, diríamos, amarillista el comienzo, con cierto tono demagógico y populista. Entonces este servidor le contestará que si, que es verdad lo que usted esta pensando, que tal vez la vorágine de los tiempos que corren me han llevado a semejante situación. Lo hace un recontra conocido diario de gran tirada nacional, que no voy a dar el nombre por miedo a que me hagan un juicio y no me publiquen la nota en el blog que tengo en su comunidad, estonces porque no lo voy a hacer yo. Entonces usted con templanza, raciocinio y con tono analítico me responderá que no tendría porque seguir metodologías teñidas al menos con un manto de sospecha e irresponsabilidad por estos días. Entonces este servidor, también con tono aplomado le responderá que todo le chupa un güevo. Y si pinta la billetera con un par de pesos, bueno, mejor no explayarse.
Y si, reconozco. Estoy un poco preocupado. Y no es una preocupación común, mundana, no. Mi preocupación tiene que ver con otra cosa. El tema es mi carencia de sufrimiento, de trauma alguno. Mi infancia fue una infancia maravillosa, feliz. Mis padres nunca se separaron, nunca me pegaron, siempre me trataron con amor. Nunca me falto nada. Ni alimento, ni abrigo, ni educación. Papá Noel siempre cumplió y ni hablar de los Reyes Magos. Tuve mi escalectri, mi pelota de fútbol y mis ladrillitos para armar lo que quisiera. Mis cumples desbordaron siempre de alegría y de regalos. En la escuela era el mejor alumno y las maestras me preferían. La más linda del grado estaba enamorada de mi y en los partidos de fútbol era el que metía los goles. Tenía amigos por doquier y nunca me discriminaron. Supe de la existencia de los profesionales en psicología ya de grande. Nunca tuve que acudir a ellos por abuso de ningún tipo. Nadie me violó, nadie me pegó, nadie me usó. Mis maestras jamás me tiraron de las orejas y nunca ningún profesor de gimnasia me trató de maricón ni de debilucho de mierda. Mi profesor de natación jamás me tiró a la pile sin que yo lo pidiera. Y el curita con el cual tomé la comunión nunca me toqueteó la entrepierna. No. Los barriletes siempre me volaron bien y los autitos de plomo siempre me llegaban primero a la meta. Nunca le tuve miedo a la policía. Ellos siempre cuidaron de mi integridad física y psicológica. Jamás se les hubiera ocurrido reprimirme o asustarme con que me iban a llevar preso si no me portaba bien o no tomaba la sopa. Los estamentos que se ocupan de la temprana edad de la niñez, siempre se hicieron cargo de mí. Disfrute de todos los derechos del niño. Tuve un nombre y una nacionalidad. Como así también vivienda, alimento, educación, espacio para el esparcimiento y servicios médicos. El amor y la comprensión fueron mí rutina diaria. Cuándo precisé que me socorrieran, fui el primero en ser rescatado y/o salvado. Los bomberos eran mis amigos. Todos lo fueron y me quisieron. Claro, entonces usted ante mi exposición dirá con razón, o no, pero dirá: “¿a este que catzo le pasa?” Y entonces este servidor público responderá que se siente solo. Que se siente una rara avis, que no sabe que mierda significa esa frase en latín pero que queda linda para casos como estos. Que se siente raro. Como que esta realidad en la que vive no le perteneciera. Que todos sus amigos, conocidos, compañeros de trabajo están con un tremendo mambo en el mate. Locos. Pasados de vuelta. Limados. Que prefieren no recordar su niñez porque seguramente terminan colgados de una soga en medio del parque municipal o asesinan a su concubina o concubino. Ese es mi inconveniente gente. Y disculpen que arremeta en medio de la risa y el humor con mi patético relato. Lo que pasa es que nadie me comprende. Todos me miran como a un extraño. Me evitan cual leproso. Me niegan el saludo y me dan vuelta la cara en plena calle. Todos a los que invito con un café me rechazan y las mujeres ya ni me miran. No tengo tema de conversación. Cuando me cuentan sus problemas no puedo seguir la charla porque al responderles que carezco de inconvenientes con la vida me discriminan. Primero estallan en llanto para luego abofetearme cual telenovela protagonizada por Arnaldo André, que también tuvo problemas de chico. Me siento mal. Me caigo y me levanto. Que suerte pa´ la desgracia. Todo lo bueno que viví durante mi niñez se me esta volviendo en contra. Basta por favor. Basta de mas humillación de la sociedad hacia mi persona. Yo no quise. Yo no me di cuenta. Yo no tengo la culpa de ser así. La culpa la tienen mis padres. Ellos son los responsables de esta personalidad que porto. De ser una persona positiva y de buenos pensamientos. Como hacer ahora. Como se hace para superar este trauma que porto como una pesada cruz y lograr al fin la infelicidad.
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Abrojo:
Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa en ella es maravillosa.
Autor: G.K. Chesterton
Todos estamos hechos del mismo barro, pero no del mismo molde.
Autor: Proverbio mongol
Ni súplicas, ni lloros: lo que te falta, tómalo.
Autor: Friedrich Nietzsche
Saludos. Me gusto tu reflexion, por ello…mi voto