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Decepción – F451

Aquel día indefinido empezó la gran decepción, la desesperanza de saberse perdido. El mundo no le era extraño, el extraño era él.

Ensayó varias teorías de cómo podría haber llegado a existir y para qué en tan ajeno hogar.

Se creyó especial, se creyó poderoso. Se creyó hijo de dioses hasta que dedujo que ellos nunca habían estado ni estarían en la Tierra.

Se creyó héroe, se creyó profeta, hasta que advirtió que todo era tan predecible como un simple resultado matemático.

Se creyó joven, se creyó eterno, hasta comprobar que incluso lo más perfecto y especial no podía vencer al tiempo.

Pensó entonces que todo era cuestión de descifrar una secreta y simple misión. Que refugiándose en la humildad de sus limitadas chances y recursos encontraría la razón por la que vivir.

Pero solo encontró más y más decepción…

El siempre supo como podía ser ese alguien más, ese que aplastara con firmeza el terreno que le había tocado, ese que pareciera disfrutar de su corto viaje por el universo y gozar de sus básicos sentidos…

Pero el saber la solución nunca pudo implicar el aceptarla.

Anheló el amor, pero solo el que lo era por definición, y no pudo admitir aquel otro que se consigue por dinero, cultura o tradición, o se merece como premio… o se recibe como donación.

Su mirada se perdió en la búsqueda de abstractas perfecciones, sin desviarse siquiera, en la belleza del frágil caos que siempre lo rodeó.

Emprendió un viaje de rumbo fijo pero dudoso destino, con un siempre inalcanzable e ilusorio horizonte.

Esperó y esperó en vano alcanzar utópicos mundos sabiendo que moriría atrapado en este.

Amó rechazando ser amado. Deseó sin sucumbir a la tentación. Vivió sin ansiar haberlo hecho.

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El Gran Libro – F451

Lo normal para un libro sería reposar en una tranquila biblioteca o en una linda vidriera o estante de concurrida feria.

Lo normal sería que estuviese lleno de letras e historias y que esperase ansioso a ser popular y reconocido.

Yo, sin embargo, espero a mi lector con las páginas en blanco, enterrado en algún secreto lugar que él no puede imaginar.

Algún día me encontrará y lo sorprenderé desde mi portada. Creerá que cuento su historia y que él de alguna forma es el autor de mis palabras. Creerá que su vida es como yo se la cuento y que tengo la llave para la solución de toda su existencia.

No se preguntará nunca cómo y por qué me encontró, ni si realmente me escribió o simplemente me soñó.

Querrá justificar conmigo la terquedad de sus decisiones, los caminos elegidos y abandonados, su soledad y el sentido de todas sus luchas.

Me confiará sus amores como si yo pudiese ponerlos a salvo del mundo y me dictará sus ilusiones creyendo que puedo resguardarlas del tiempo.

Un día, yo lo sé, perdido en su egolatría, tratará de venderme buscando darme ese lugar para el que no he nacido. El lugar que nunca me interesó ocupar.

No le alcanzará con ser mi propietario y protagonista y esperará ansioso asombrar o deleitar a extraños.

Ahí sabré que aún no he encontrado a mi verdadero autor. Será la traición preanunciada, el punto de retorno a la oscuridad de la tierra, al bosque de silencios donde pertenezco.

Y lo abandonaré y me abandonará. Borraré su historia de mi vida y esperaré con mis páginas totalmente en blanco a mi nuevo lector, a mi nueva esperanza o desilusión.


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