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Tan Roja y Tan Apetitosa – cvcspa

-“Luz, cámara… ¡Acción!”

Menos mal que he encontrado por ahí esta manzana; por lo menos me distrae un poco porque todo esto es aburridísimo, y un auténtico desbarajuste. Es gracioso, ¿cuánto hace que no comía una manzana? Y no es que no me gusten, que el sabor sí, está bien, sólo es que la he considerado siempre una fruta muy aburrida de comer, aunque no tanto como este rodaje que me pregunto cuánto más va a alargarse. Luego le diré a Miqui que todo esto del cine es fascinante, que estoy feliz de que me haya invitado a presenciar cómo se desarrolla una filmación, y se lo diré porque el pobre Miqui ha hecho lo imposible para conseguirme un pase; lo hace para impresionarme y no voy a desilusionarlo diciéndole la verdad: que todo es un desastre y que los actores son bien poca cosa vistos así, al natural.
A lo mejor es que comer manzanas es peligroso, o es peligrosa la manzana por sí sola, capaz de originar pecados eternos, discordias olímpicas, guerras míticas, teorías y leyes y ahora, en mi caso, un tropel de pensamientos extraños. Pienso, por ejemplo, que quizá la vida se parezca al cine: un montón de utilería salpicada por aquí y por allá que usamos para montarnos un decorado más o menos creíble, más o menos cómodo. Pero no me apetece pensar en honduras y, además, todo lo que rodea al decorado no es más que caos: un caos de personas, cables, tubos, objetos raros que no sé ni qué son ni para qué sirven… Lo que más me gusta es que el director hace todo lo que se espera que haga un director. Me encanta cuando grita: “Luz, cámara… ¡Acción!”, como hace un minuto y todo se pone en marcha. Es como Dios. Dice “hágase la Luz”, y la luce se hace, y comienza otro día más y todos nos movemos en nuestros particulares decorados, como los actores, que son bien poquita cosa, la verdad.

Cómo engañan las cámaras. Luego, en el cine, sentados en nuestras butacas, veremos una habitación suntuosa cuando no es más que un conjunto de muebles que ahora están y dentro de una hora se irán a un almacén o a otro decorado que recree otra historia completamente diferente. Y veremos a unos protagonistas perfectos, que nunca se despeinan y que se despiertan con la cara radiante y el aliento fresco…
Está riquísima esta manzana, debería comerlas más a menudo; ésta tenía un aspecto fantástico, rojo y brillante, casi decía “cómeme”, lo que pasa que me entretiene tanto que me desvía la atención y no sé ni qué se está filmando ahora. A ver, se ha producido un silencio entre los protagonistas, y ella está sentada, de espaldas, muy quieta, y él mira de frente a la cámara, sonríe y se dirige a la cómoda, donde está el precioso ramo y la cesta de…

“¡¡¡Corten!!!
¡¿Dónde está la manzana?! ¡Que dónde está la maldita manzana, idiotas! ¿Quién la ha quitado de ahí?”

La escondería, ahora mismo me sentaría encima de lo que queda de manzana pero me he quedado petrificada… Y el director mira acusadoramente al pobre Miqui, que se supone que es el encargado de que todo esté donde debe estar, y Miqui me mira a mí y me ve con el trozo de manzana cerca de mi boca, en plano congelado, si es que existen los planos congelados, y abre los ojos como platos y el director sigue la mirada de Miqui y me mira a mí, y yo quiero que la tierra me trague, pero sigo con la manzana en la mano, cerca de mi boca, y pienso que otra vez se le han estropeado los planes a Dios por culpa de una manzana.

“¡¡¡¿Quién es esa estúpida?!!!”

Seré estúpida, pero te he fastidiado la obra… Pienso.

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Cuentos “UAU!” de otros autores – Publicado en Foro de Cuentos LaNacion.com

Una vez mas – carlos_contesti

En un par de días dos astros, el Sol y la Tierra, estarán como entonces, una vez más habré regresado al punto de partida, al mismo momento en que vueltas atrás anuncié mi existencia con el primer grito de vida, de la misma manera que volveré indefinidamente; las cercanas con el latir de la tinta en las venas conque cada hombre escribe su historia, las distantes regresando a mi estado de origen en la memoria de los que lamenten mi partida.
Sobre mi espalda el peso de los tiempos, en la piel las secuelas del alma, en mi corazón tantas cicatrices como heridas tuve. Haré el innecesario balance de cada año a sabiendas de que su sabor no será agradable, es una tarea que me he impuesto con el claro objetivo de hacer de la próxima vuelta de calesita una aventura inolvidable; por supuesto que me miento, cada giro es con variantes leves, similar al anterior y no está mal que así sea, uno anda por el mundo a la manera en que es. Yo he forjado mi propia imagen, la misma que detesto en muchas mañanas ante el espejo y por la cual he llorado tantas veces al verla injustamente maltratada; en mis manos cargo proyectos, en mi mente atesoro recuerdos imborrables, en mi alma constantemente construyo espacios para la esperanza.
Esto es lo que soy, en muchos aspectos similar a vos, a otros, a cientos, a miles, a todos; con un leve toque de fortuna en la elección de las palabras, con tan pocas fortalezas e innumerables debilidades. Sólo soy un hombre.
Pero no debe confundirse este texto con una actitud pesimista, por el contrario, estoy enamorado de la vida y a la misma sólo le critico que sea perecedera. En su recorrido he perdido más de lo que he ganado, he llorado más de lo que he reído, pero también he dado rienda suelta a todo un abanico de sentimientos; en mi haber el saldo es positivo, cuando llegué a este mundo vine sólo y hoy tengo un puñado inmejorable de amigos.
En un par de días dos astros, el Sol y la Tierra, estarán como entonces, como cuando nací; en un par de días cumpliré 45.

Un abrazo, buen fin de semana.
Carlos.
www.argentinaenletras.com.ar

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Cuentos “UAU!” de otros autores – Publicado en Foro de Cuentos LaNacion.com

PERO….¿ ES POSIBLE? – lilianfossi

Todos a los 20 éramos ilusionistas. Haciendo parecer realidad lo imposible. Creando ilusiones en uno o más de los sentidos y la mente. Con un poco de habilidad y picardía, aparecían, desaparecían, se transformaban, levitaban; escenarios exitosos e increíbles que dejaban boquiabiertos a los presentes y a nosotros mismos. El amor nos convertía en briosos corceles salvajes, en príncipes o princesas. Héroes o heroínas al rescate. Una descubierta cualidad, en exitosos patos ricos, millonarios en pesos, aplausos, admiración. El papel ni el aire necesitaban brillantina; ni los telones ni los muros. Todo era escénicamente brillante .Luego… la realidad superó la ficción; lo posible se convirtió en ilusión, y cada tanto…podemos con suerte sacar un conejo de la galera.
Pero,.. Por fortuna existe el pero…En “el pero” hay mundos ocultos dispuestos a ser descubiertos, Cuando la realidad supera a la ficción o lo posible es ilusión…suele presentarse en nuestras vidas un “¡¿Pero…es posible?!”,…superador a cualquier fantasía, ilusión, imaginación, realidad.. “Quizás tenga una explicación científica”-dijo Juan.” Quizás- dije, pensando que dicen que el ser humano sabe más de lo que puede entender.
Es una pequeña historia. La historia de Analili. Podríamos comenzar contando, su frase preferida “De la tierra los frutos necesarios y exquisitos. Del espíritu, el conocimiento de que yo y solo yo, soy mi cielo y mi infierno” ; también, que ella no cree en las cosas fáciles como “ destino, designios, poderes…” Todo debía o podía encontrarse en el razonamiento y en los sentidos…los sentidos predicen, el razonamiento verifica, el razonamiento predice o induce, la experiencia verifica.
Por ahí la explicación se encuentra en alguna rama de lo biología o la física…como feromonas, telepatía, dimensiones…temas que en otro momento nos hubiesen parecido de ficción y hoy están en el tapete de estudios.. Ahora, solo, , en nuestra pequeña normalidad de medianos seres humanos nos permitimos la intriga y le damos la bienvenida con “ ¿ Pero,…es posible?…
“Daniel se quedó dormido en el sillón con los artículos en la mano. Había descubierto un nuevo y fascinante mundo; entre planteos objetivos o subjetivos de la realidad observable, predecible y/o comprobable.
Analili lo observó de lejos y le sopló un beso tierno y mimoso Él se revolvió en el sillón como si lo hubiese sentido. Eso pensó ella y se lo afirmó al mítico universo.
Analili no comprendía lo que sucedía, pero estaba segura de que sí sucedía. Era una extraña elección virtual. Como si el espacio tiempo comprobara la controvertida definición de espíritu: “ser inmaterial dotado de razón”
En fin, la natural evolución, un día encontrará la respuesta; mientras tanto; ella y él disfrutarían de esta nueva experiencia
Daniel se despertó sin abrir los ojos…para que abrir ante la vívida sensación que estaba experimentando. Algo lo empujaba a pensar en ella. Buscó miles de excusas hasta que aceptó que ella estaba presente en su vida. Ni siquiera se le ocurría imaginarla…la aceptaba como él era aceptado. Con la inocente naturalidad de que entró y se quedó por una atracción invisible a los ojos o a la explicación razonable.
Le acarició la mejilla. La invitó a sentarse en su regazo y le contó de sus artículos.”

Exclusivo para Mujeres – cvcspa (Cuentos “Uau!” de LaNacion.com)

-Una vez que has leído las instrucciones y te has calzado con éxito; que has admirado tus zapatos nuevos de frente y de perfil en el espejo de tu cuarto y- reconócelo- un poquito de refilón en los escaparates de los comercios; una vez que tus zapatos te han llevado y te han traído del trabajo, de comprar tomates, del dentista, de misa, del bar de la esquina, de visitar a Lola, de casa de tu amante, voy a contarte algo, un secreto que quedará entre tú y yo.
Ya estás en casa con la cara de perro de tu jefe o de caballo picassiano de tu jefa clavada en tu mente; con tus tomates; con la boca dormida y ese olor quirúrgico, acre, del anestésico; con palabras resonantes de cúpula y cirio en tus oídos; con el culín de cerveza y la tapa de gambas retozando en tu estómago; con el cosquilleo del último chisme de Lola; con el beso de tu amante revoloteando húmedo en tus labios. Ya estás en casa y cierras la puerta y aspiras el aire conocido que te invita a entrar o te empuja hacia fuera, que eso depende, aunque vas a quedarte y lo sabes. No hay perro que te reciba o sí lo hay. No hay nadie o sí hay alguien, no importa: en esos momentos estás sola porque sola quieres estar, porque hay algo que te aturde y no sabes qué, porque hay algo que te pesa y eres tú.
Te descalzas y, de pronto, una pena rara se te enrosca en el cuello como una boa lenta y sabia. Y entonces miras los zapatos ya sin ti, huérfanos de tus pasos, vacíos, sobre el piso o la alfombra, y la boa oprime un poco más, ya a la altura de tu pecho. Sigues sin saber, sólo lo sientes, como ves esos zapatos que parecen soldados derrotados y la boa te atenaza aún más y sin saber por qué vuelves a calzarte los zapatos. Y sales, y paseas sola, acompañada del sonido de tu taconeo, cronómetro y reloj, latidos del pavimento. Cada paso marca un tiempo, otro presente, una nueva lejanía y una vejez añadida, y un no saber a dónde ni de dónde; sólo andar, andar para matar el tiempo… ¡Qué pena –piensas- que ya no estén de moda los tacones de aguja! Con ésos hubieses asaetado el tiempo con toda la saña de tus pies armados: tacones como puñales, como flechas, como puntas de lanza que dejan a su paso un montón de cadáveres destripados; tantos segundos y minutos muertos detrás y los pies, guerreros infatigables, aniquilando más y más, con el ansia de la batalla y de la sangre en sus puntas y el eficaz remate de sus talones verdugos. Matando los segundos y minutos enemigos, rastreando los venideros, igual de hostiles: tip-tap-tip-tap-tip-tap…y tú, erguida sobre ellos, caminando a ninguna parte.
Hazlo. No los dejes derrotados sobre el piso o la alfombra. Te lo piden ellos: tus zapatos de tacón saben de ti más que nadie. Déjalos que te lleven a ninguna parte…

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Un día diferente V – geowal (Cuentos “Uau!” de LaNacion.com)

-¿Qué es el amor?, Me preguntó Elisa pensativa, mientras acariciaba su barbilla con la mano derecha.
Yo la observaba simulando estar distraído, para que no se diera cuenta de lo loco que me volvía esa manera tan suya de pararse, de sentarse, de moverse, de hablarme y de pronunciar mi nombre; su seducción era natural, toda ella emanaba un halo de mujer emancipada, segura de sí misma y a la vez desvalida, como si necesitara mi abrazo de oso, como ella lo llamaba. Yo no podía decirle que ella era “el amor”, no todavía.
-Supongo que será una conexión de cuerpos y de almas, -le dije- y me sentí algo estúpido.
-Eso es muy ambiguo mi querido amigo. Frases hechas que de tanto repetirlas suenan huecas, sin contenido.
-Es que el amor no se declama, se practica mi querida Elisa; se vive, se siente, se huele, se respira, se sufre. Cuando uno ama lo último que importa es su definición. Creo que necesitas enamorarte y acá hay un hombre dispuesto a complacerte- me reí nervioso sintiéndome otra vez un estúpido. Ella sonrió, hizo un silencio y se quedó pensativa mirándome con asombro. Hubiera pagado lo que fuera por adivinar esos pensamientos. Al rato, como espantando un fantasma, siguió:
-Yo me casé enamorada de Fernando, creo. Con el tiempo algo se quebró. Fuimos los dos creciendo en mundos paralelos hasta que un día desperté y me di cuenta de que no había nada entre nosotros. Durante muchos años nuestro matrimonio fue un simple aguantar. Pero estoy cansada gordo, cansada de fingir, de vivir una vida hipócrita. Si miro para atrás, solo recuerdo peleas, diferencias, conflictos que no se resolvieron. Necesito enamorarme. Y no quiero un amor como aquel, que te revoluciona las hormonas durante un tiempo y después, cuando esa pasión se termina, sólo quedan migajas ¿Existirá un amor diferente, que perdure en el tiempo, que no lo mate la rutina y el aburrimiento?
Yo quería decirle que no conocía la respuesta pero que estaba dispuesto a intentarlo con ella. No era solo pasión lo que me inspiraba Elisa. Era admiración, respeto, una necesidad imperiosa de estar a su lado. Ella era todo lo que siempre había deseado encontrar en una mujer, pero la conocí en un tiempo en que los dos estábamos encadenados a una relación gastada, de la que nos costaba escapar. Mi respeto hacia ella era casi reverencial. No podía más que inclinarme ante esa personalidad arrolladora pero indefensa, inteligente pero ingenua, sensible y sabia, una mujer que llenaba todos mis espacios vacíos.
-Quiero un hombre a quien admirar, que me divierta pero a la vez me respete, me quiera como yo soy, que entienda mis necesidades y llene esos vacíos que ni siquiera yo conozco. Un hombre que me mire a mí, a Elisa. Que me complete y me vea cuando me mira. Que sea sensible y que podamos proyectar juntos una vida. ¿Existirá ese amor o pido demasiado?

-Claro que existe, sólo te falta estar atenta y también vos “ver” cuando miras.
-Gordo ¿Qué me estás queriendo decir?
-Que todos buscamos lo mismo pero nos resistimos a ver lo que tenemos enfrente. Por miedo a jugarnos, a amar, a comprometernos en una relación. El amor no se declama, como te dije antes, se practica. No importa cuántas veces lo intentemos, ese amor va a llegar, cuando estemos listos y preparados.
Elisa se me acercó y me abrazó con fuerza. Yo correspondí a su abrazo y nuestros labios se unieron. Quise dejarme llevar por ese momento mágico que habría esperado por tanto tiempo, pero algo me hizo retroceder. Yo estaba solo, ella aún no. La separé suavemente y nos miramos por un largo rato. Busqué mi saco y salí por la puerta. El aire fresco invadió mis pulmones y me sentí un hombre nuevo. Ahora sabía que podía esperarla, sólo era cuestión de tiempo.

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AMOR LEVITADO – lilianfossi (Cuentos “Uau!” de LaNacion.com)

“La única razón por la que vine, es él. Lo olí, antes de que el lugar lo pariera; inconsciente hasta el primer momento de su presencia. Luego ,el flash de veinte segundos y el amor fluyendo atrevido, vomitado, soberano, descarado.
Logré que me observara. Sembré interrogantes en su razón; invisible a su vista y fiel a la estrategia de mi esencia salvaje, la infalible espontaneidad. Como Sherezade, utilicé mi inteligencia para agradar al sultán, pero al mismo tiempo que me valorara.
Y aquí estoy, derretida, fascinada; dejando nacer lo que deba nacer;
Consciente de mi propio territorio espero como loba paciente y sigilosa, que él exprese lo que intuye, lo molesta y lo asombra; mi esencia instalada en su esencia.”
“Amor a primera vista”; fue escrito por mi, en el foro de cuentos aproximadamente en el mes de junio del corriente año. La consigna era “la única razón por la que vine….”
Nunca creerán lo que a mí, principalmente, me cuesta creer. La pitonisa existencial barajó sus cartas. Armó su juego y las desparramó al aire, en un juego cruel de discernimiento irreflexivo o razón sin razón. Comenzaba su apuesta; los jugadores: nosotros. Vos y yo. Yo y vos.
Uno camina la vida con pasos pequeños, medianos y grandes, según sea principio, travesía o final; los va eligiendo para mayor seguridad, usando el poder otorgado del raciocinio y libre albedrío. Pero, ¿qué sucede cuando el raciocinio es colocado en duda por algún acontecimiento que escapa a la lógica conocida y, solo flota imperceptible, la libertad de pensamiento porque también está en duda? ¿Fui yo la que pensó y escribió o fue solo mi mano guiada ¿ ¿ Ingresé al foro porque realmente lo olí?
Alicia, Ana y Viviana, mis mejores amigas, escucharon de mi boca palabras tan tranquilas como “nos conocimos en un foro”; sin sospechar tan siquiera, el tormento de esa aceptación que me lleva a la locura o a la máxima revelación de lo que uno sabe y no comprende; amor a primera vista sin vista, amor sin definición definido, amor asexuado, amor levitado, amor compartido y descodificado; cada cual a su manera. El misterio de la vida se presenta y hace mesa redonda de preguntas sin respuestas. Le digo: “¿Que tal si no hubiese habido respuesta? Todo pasaría desapercibido”. Se ríe complacido de mi inútil descreimiento, sopla las nubes, eclipsa la luna, devela una estrella que a nuestra vista, por el brillo de la luna no la vemos, pero está, existe. Entonces, yo soplo mis dudas, te acaricio y te agradezco en forma invisible, para otros, nunca para nosotros.
Despojada de materia, elitista y estilista me asombro como nunca me asombré y trato de aprender los pasos que ya no son pasos. Son vuelos de esencias que se huelen y se encuentran.

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Los Otros – Ralkol (Cuentos “Uau!” de LaNacion.com)

Los otros están en todos los rincones, miro a mi alrededor y tan solo veo otros, otros que corren, otros que caminan, otros que sueñan, otros que pueden, otros que corrompen, otros que escatiman, otros que acumulan, otros que poseen, otros que matan a otros, a sus ilusiones, y a si mismos.
Siempre están los otros, allí donde creemos deberíamos estar nosotros o donde no queremos estar nosotros.
Nosotros somos los otros para los otros, seres sin más misión en esta vida que cubrir un lugar que nosotros no cubrimos, un pedacito de cielo que no es nuestro, un lugar para las peores miserias de la humanidad, como así también el rescoldo de una pasión perdida, de un camino desbordado con heroísmo y temeridad.
Los otros son los que no tienen ética, moral, vergüenza, o dignidad.
Los otros son los que poseen la suerte, el bienestar, y las mejores posesiones.
Los otros son siempre el espejo que nosotros miramos con envidia, tanto así como el fango donde escondemos nuestros más frustrados deseos.
Allí dilapidamos nuestra esperanza, allí regalamos nuestra libertad.
El día que los otros se transformen en nosotros, ese día, comenzaremos a ser un poquito más nosotros mismos, o sea más humanos.
Saludos Sergio

Cuento publicado en: http://comunidad.lanacion.com.ar/foros/mensajes.asp?Foro=1166&Cate=1

Los Otros – Ralkol (Cuentos “Uau!” de LaNacion.com)

Los otros están en todos los rincones, miro a mi alrededor y tan solo veo otros, otros que corren, otros que caminan, otros que sueñan, otros que pueden, otros que corrompen, otros que escatiman, otros que acumulan, otros que poseen, otros que matan a otros, a sus ilusiones, y a si mismos.
Siempre están los otros, allí donde creemos deberíamos estar nosotros o donde no queremos estar nosotros.
Nosotros somos los otros para los otros, seres sin más misión en esta vida que cubrir un lugar que nosotros no cubrimos, un pedacito de cielo que no es nuestro, un lugar para las peores miserias de la humanidad, como así también el rescoldo de una pasión perdida, de un camino desbordado con heroísmo y temeridad.
Los otros son los que no tienen ética, moral, vergüenza, o dignidad.
Los otros son los que poseen la suerte, el bienestar, y las mejores posesiones.
Los otros son siempre el espejo que nosotros miramos con envidia, tanto así como el fango donde escondemos nuestros más frustrados deseos.
Allí dilapidamos nuestra esperanza, allí regalamos nuestra libertad.
El día que los otros se transformen en nosotros, ese día, comenzaremos a ser un poquito más nosotros mismos, o sea más humanos.
Saludos Sergio

Cuento publicado en: http://comunidad.lanacion.com.ar/foros/mensajes.asp?Foro=1166&Cate=1

Filomeno y Yo – cvcspa (Cuentos “Uau!” de LaNacion.com)

-Filomeno y yo nos conocimos en un foro, en uno de esos residuos de foros romanos que pueblan cualquier lugar de cualquier país mediterráneo. Piedras y más piedras, columnas truncadas, capiteles derruidos, calor, moscas, hierbajos por todas partes, colonizando pedruscos, trepando por dovelas de arcos derrumbados. “Hasta hace poco los rebaños venían a pastar en estas ruinas”, nos informó la guía con gesto apesadumbrado. Supuse que le causaba una mezcla de pena y espanto el recuerdo del ganado paseándose entre los vestigios de gentes tan civilizadas, con esa indiferencia y falta de recato que sólo pueden exhibir los integrantes del reino animal y algunos humanos sinceros e inocentes. A mí, contrariamente, lo que me produjo espanto fue la prohibición de pastorear ganado entre aquel conjunto de historia decrépita y glorias vencidas. El cambio no parecía demasiado favorecedor: ahora pastoreaban grupos de turistas sudorosos que se esforzaban por componer miradas asombradas y muecas cultas mientras pensaban en el pago de la hipoteca o en lo a gusto que estarían en sus propias casas, haciendo nada, en lugar de haberse visto arrastrados a la contemplación de escorias pasadas con el único propósito de contarlo en la oficina y estar a tono.
Siempre he odiado las ruinas. Contemplar esas moles de piedra o mármol esparcidas por los suelos como puzzles del bebé de un gigante me produce el mismo efecto que si me mirase al espejo y descubriese que he envejecido cincuenta años de golpe. Las ruinas son como presagios, anticipos, vaticinios.
Se preguntarán ustedes que si ese es mi pensamiento (y con estas pinceladas podrán también hacerse idea de mi carácter) cuál fue la razón que me llevó hasta allí. La encontrarán unas líneas más arriba. Trabajo en una oficina. Y de algo hay que hablar en los tristes intervalos que alivian la triste rutina del triste trabajo.
Y allí estaba Filomeno, llevado por una mística similar a la mía.
Lo primero que me llamó la atención de Filomeno fueron las grandes manchas de sudor que condecoraban su camisa azul. Desconfío de las personas que no sudan y Filomeno, a primera vista, me pareció un hombre de absoluta confianza. Quizá demasiada. No soy mujer de remilgos así que cuando la ocasión – en forma de bajorrelieve procedente de un frontón abatido- nos colocó juntos, comencé con él un diálogo sobre el clima, el hotel en que se alojaba, la ruta que seguía y la posibilidad de que aquellas moscas que nos acorralaban fuesen en realidad un nuevo modelo de cazabombarderos. Me dijo su nombre y le contesté que me resultaba horrible. Sin resentimiento de ninguna clase, me hizo notar que llamarse Filomeno en su pueblo suponía algo parecido a ganar el primer premio de una lotería millonaria. Amplió la explicación refiriéndome los pormenores de un antiguo empleado del Registro Civil, guasón o beato –al parecer aún no se había llegado a quórum-, que en los tiempos de su abuelo se complacía en registrar a cada niño nacido con la onomástica del día, así fuese san Onofre, san Antidio, san Eucario o san Ebodio, que de todos ellos existían portadores de sus nombres. La singularidad había cuajado en costumbre, y muchos años después, cuando ya la socarronería o la ilimitada piedad de aquel probo empleado se habían extinguido con su propietario, en el pueblo seguían imponiendo a sus retoños aquellos nombres como una marca de distinción y porque los hombres convertimos en tradición cualquier cosa. Le comenté que me producía admiración y esperanza el hecho de que hubiesen llegado a ser santos gentes que acarrearon nombres semejantes, y omití otras opiniones porque la guía nos hacía señas urgiéndonos a subir al bus.
Aquella noche cenamos juntos.
Filomeno y yo parecíamos almas gemelas; ambos compartíamos idénticos principios: confesamos mutuamente nuestra aversión a la lectura, que sólo cultivábamos para cubrir las apariencias durante los trayectos en el metro y siempre en forma de libros de no menos de quinientas páginas. A los dos nos aburría el Arte en casi todas sus expresiones; los recitales de poesía o de cantautores intimistas nos hacían brotar sarpullidos; nos reímos, mientras comíamos un rudimentario y enjundioso menú, de los patrones culinarios de la actualidad, de esos platos con nombres que ocupan tres líneas en la carta y apenas tres centímetros en el menaje, a la par que desocupan con holgura nuestras billeteras; hablamos, en fin, de muchas cosas: de nuestras vidas, de nuestros trabajos, de la ausencia de desengaños amorosos que exhibíamos en nuestro carnet vital, por ser ambos personas que dábamos poco crédito a los sentimientos y escaso fundamento a las emociones.
Hemos viajado mucho desde aquel primer encuentro. Hemos viajado juntos a lugares muy diferentes porque de algo tenemos que hablar en la oficina, pero también hemos viajado en nosotros y hacia nosotros, en reciprocidad: Filomeno en mí y hacia mí y yo en y hacia Filomeno.
Tenemos una bonita, agradable y práctica casa. Un perro. Dos hijos. Una hipoteca. Un coche alemán. Tres televisores japoneses y muchos libros colocados por tamaños y colores.
Y nos queremos. Nos queremos ante los ojos de los demás, igual que cuando leemos en el metro; nos queremos ante los ojos de nuestros hijos, de nuestro perro, frente a la pantalla de los televisores japoneses, en el interior de nuestro coche alemán. A veces lo hablamos. “Es mejor así –dice Filomeno-, nosotros sabemos que nuestra relación se basa en un mutuo acuerdo de intereses: es bueno no estar solo, es bueno tener cosas, es bueno reproducirse, es bueno aparentar que somos como el resto.” Y yo le digo que sí, y los dos nos quedamos tan satisfechos viviendo en la apariencia de querernos cuando en realidad vivimos en la continua apariencia de hacer como si no nos queremos.

Publicado en http://comunidad.lanacion.com.ar/foros/mensajes.asp?Foro=1166&Cate=1

A Ciegas – Hugozimmer (Cuentos “Uau!” de LaNacion.com)

En una mesa esta una señora mayor muy mayor, un poco mas allá una pareja a los arrumacos, un señor leyendo el diario, y dos muchachos jugando a los dados.
El café esta amargo y pongo otra bolsita de azúcar, la tengo con una mano y con la otra le doy unos golpecitos para que suelte hasta el ultimo granito dulce.
Entra una mujer bonita, levanto la cabeza y la saludo, pero evidentemente no es ella, saluda al del diario y se sienta en su mesa.
Sigo esperando, es horrible estar esperando a ciegas, fueron tres años de promesas, de descripciones engañosas de parte de ella, que era rubia, que morena, que flaca, que gordita, que bonita y fea.
A decir verdad no me interesa, estoy enamorado de otra belleza, sus cuentos y poemas, su modo, su tono literario, sus tiempos, la sutileza, hasta podría decir que conozco su parte mas interna, vive, piensa y ama igual que yo, con mis mismos sueños.
Hace dos meses me separe de Teresa, ya no daba para mas, le conté la verdad, ella en realidad se lo esperaba, no aguantaba que yo estuviera conectado todo el día, y el colmo fue que me levantaba a las tres de la mañana para escribir algo, para leer aunque mas no sea un mensaje escueto. Te amo, Te quiero, Te leo. Hasta el próximo poema, hasta el próximo cuento.

Y hoy por fin estoy acá, liberado de todo, esperando el momento de la felicidad completa, voy a pedir otro café pero cortado esta vez.

Es un traje raro, como de terciopelo, la camisa blanca contrasta con el azul noche de su corbata, el pelo esta cortado como con una maquina que dibuja su contorno perfecto, las manos de el tiemblan como las mías, y lloramos juntos.

Quiero c garlo a trompadas, quiero matarlo, no acepto ninguna explicación por mas que me pida de rodillas que entienda esta pesadilla, es un h ijo de p uta, me lo tendría que haber dicho yo hubiera entendido, tengo muchos amigos, muchos conocidos, no lo j uzgo para nada, pero haberme mentido, podría haberme dado un pista, ¿qué hago ahora con mi vida?, ¿cómo sigo?,

El también esta llevando su parte j odida, sus ojos están rojos, su cara es una mascara que da lastima, ¿pero como se le puede haber ocurrido? que yo Ricardo Frías con los poemas de amor que escribo, pudiera darle otro sentido a mi vida, si en cada cuento me fifaba a una linda mina, y escribí cientos, tal vez miles.

- Mira mejor pago el café y nos despedimos, para decirte la verdad me siento como el c ulo, me diste una sorpresa fea y muy j odida, mañana en todo caso te leo en el foro, no voy a decir nada, la vida sigue, pero mejor no me escribas, nada mas ni una palabra, olvidate de mi por que yo ya no te recuerdo y seguí tu vida-
Son las tres de la mañana y no hay caso no puedo dormir y sigo hecho m ierda, me conecto para distraerme, y leo el poema.

El amor querido mío, no tiene limites,
ni fronteras, importa el beso, el abrazo
y un te quiero.

Soy tu compañera, compañero.
Soy tu hembra, macho.
Soy tu perra, perro.
No importa el sexo, el amor primero.
Primero el amor, después lo hacemos.
¿queres hacerlo?

H ija de P uta mañana le contesto.

Publicado en http://comunidad.lanacion.com.ar/foros/mensajes.asp?Foro=1166&Cate=1


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