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PARTIDO CONCEPTUAL (Salvemos a Los Buzones !)


En base a toda nuestra investigación previa, relevamiento del tema elegido, y reflexión grupal (ver entrada anterior), nuestro partido conceptual es el siguiente:

ENVÍO POSTAL, UNA ESPECIE EN EXTINCIÓN. SALVEMOS A LOS BUZONES !

Haciendo un cruce metafórico con el mundo digital (Buzón / Mailbox), realizaremos una acción en la vía pública (intervención urbana) con el fin de volver a despertar en las personas el interés por un medio de comunicación casi desaparecido: el envío de cartas.

Mediante dicha acción, nos proponemos volver a la experiencia de la “materialidad”, dejar al descubierto la actual tendencia a todo lo virtual y cómo la desmaterialización fue ganando terreno a partir de la llegada de la tecnología.

ARGUMENTACIÓN (Reflexión Grupal)


La llegada de las nuevas tecnologías paulatinamente ha ido introduciendo cambios en nuestras maneras de relacionarnos con los objetos y con las personas. Los mensajes de texto desde teléfonos celulares y el coreo electrónico han ido, en principio superponiéndose a las maneras tradicionales hasta casi reemplazarlas.

Reflexionaremos sobre el correo electrónico o e-mail e intentaremos demostrar cómo un método que nos resulta muy útil ante la falta de tiempo, recursos, y su falsa amigabilidad logró, lenta pero inexorablemente adormecer y olvidar experiencias sensoriales imposibles de reemplazar por estas nuevas tecnologías. No intentaremos aquí luchar contra molinos de viento. Nuestra reflexión, nostálgica lo reconocemos, intenta reencontrarnos con viejos amigos olvidados, aquellas pequeñas emociones que de algún modo formaron parte de nuestras vidas y que sin darnos cuenta se han ido transformado en piezas de museo.

El tradicional correo postal, ha quedado limitado al uso comercial, legal, bancario, oficial, etc. Incluso, en esos ámbitos, la tendencia es ir eliminando las instancias de correo que implican el uso del papel, invocando un espíritu conservacionista ecológico.

Pero los que alguna vez utilizaron el antiguo sistema, recordarán la mágica experiencia de confeccionar una carta en papel. Podía ser espontánea, es decir simplemente tomar un lápiz y papel que estuvieran a mano y dejar fluir las palabras dejándose llevar por esa inspiración repentina, o aquella que implicaba un proceso de producción más sofisticado, como la elección de un papel adecuado para la ocasión: si era romántica buscaríamos un papel en tonos pastel, si fuese posible texturado o aromatizado. El uso del sobre nos permitía incluso agregar algún detalle extra para sorprender al destinatario. Podía ser una flor, un cabello, otro papel o cualquier elemento que se adaptase al formato del sobre.

Otra cuestión importante era la caligrafía. La caligrafía nos identifica. Es el anclaje de identidad que permite tener la certeza de quién nos escribe. La caligrafía es parte del discurso. El esmero que ponemos al escribir para tratar de conservar la prolijidad, la presión que ejercemos en el papel, la inclinación de las letras. Y qué decir de lo que usamos para escribir: Birome trazo fino o grueso, lapicera, lápiz, fibras de colores. Cada una con su particular efecto visual. Nuestras emociones mas profundas pueden quedar plasmadas en el papel: una lágrima lograría un sello inigualable a cualquier técnica de software. Con la virtualidad, un descuido deja nuestra casilla de correo en un estado de vulnerabilidad tal, que cualquier mal intencionado puede hacer uso de ella y provocar un caos en nuestras relaciones humanas.

Sobre las estampillas podríamos escribir un blog aparte. Las estampillas son la frutilla de la torta. Hablan por sí mismas. Nos cuentan historias. Historias sobre el lugar de pertenencia del remitente. Sus personajes emblemáticos, paisajes, flores típicas, eventos históricos como por ejemplo un mundial de fútbol. La estampilla nos sitúa en lugar y tiempo. Podríamos confeccionar un blog entero sobre las estampillas, pero ésta no es la ocasión.

Finalmente una vez que la carta estaba confeccionada y colocada su estampilla, el siguiente paso era depositarla en el buzón. El buzón era otra singular pieza en esta aventura. Siendo niño uno podía creer todo tipo de explicaciones sobre el método que lo hacía funcionar: un señor enano vivía allí dentro y a la noche llevaba todas las cartas a sus destinatarios, o un tobogán subterráneo las distribuía, o lo que la imaginación del explicador permitiera.
Además tenían muchas utilidades: servía de apoyo si uno estaba cansado, soporte para escribir el número de teléfono de la reciente conquista , de referencia Geográfica: nos encontramos en la esquina de Corrientes y 9 de julio, al lado del buzón, y ni hablar de las inspiraciones poéticas que dieron lugar a famosas canciones e incluso prestaron su nombre a todo tipo de establecimientos comerciales.

La ilusión que nos acompañó en otros tiempos, al ver sobres debajo de la puerta ya casi no existe. Su presencia no nos excita más que indiferencia ante la invasión constante de publicidad con propuestas que no nos interesan o temor por esa amenaza de aumentos en las tarifas de los servicios.
Revisar nuestra casilla de correo, que en un principio nos provocaba una suerte de emoción, parecida quizá en algo a aquella que nos embargaba al recibir una carta de algún ser querido lejano, hoy se volvió un trámite tedioso.

El alerta sobre los mensajes no leídos es una invitación indeseada a una tarea indelegable: descartar esos impertinentes spam, que vaya uno a saber mediante qué método kafkaiano lograron entrometerse en nuestras vidas y los llevamos como ese lunar que no nos gusta, pero al que ya hemos tenido que acostumbrarnos. Incluso algunos han sabido burlar nuestros modos de identificarlos como tales.

Luego están los e-mail en cadena, que si bien provienen de nuestros “amigos”, no fueron escritos especialmente para nosotros, con lo cual están a mitad de camino entre el spam y el correo deseado. Si nos invade la voluntad o la curiosidad de abrirlos, debemos superar la barrera del miedo a que nos infecten esos aliens cada vez mas poderosos. Y la mayoría de las veces, finalmente ni siquiera se trataba de algo que realmente nos llegara al alma. Es más, de haber sospechado mínimamente su contenido lo hubiéramos desechado sin ningún remordimiento.

Con todo esto, concluimos que la experiencia de revisar nuestro correo se limita a cuestiones puramente formales, o de pasatiempos que no nos gratifican en la medida que quisiéramos. No se puede esperar de ella lo que no puede darnos. Sí de nuestros queridos viejos amigos a los que la modernidad los volvió obsoletos: los sobres, las hojas, los perfumes, los buzones, las estampillas, los carteros, ellos sí saben como tocar nuestras fibras más íntimas.

Natalia Díaz
Patricia Martins
Pablo Recúpero
Daniel Fernández

Salvemos los Buzones ! (Backstage Domingo 8/11)

Culpa del advenimiento del fax, el correo electrónico y otras formas de comunicación más rápida, hoy el buzón es una especie en vías de extinción. El promedio de hasta 400 cartas diarias que se recogían en cada uno de los buzones céntricos hasta hace solo una década, hoy se redujo a no más más de 10. SALVEMOS LOS BUZONES !!!

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