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ESPAÑA CAMPEÓN DEL MUNDO: UNA MENTIRA LLAMADA ESPAÑA

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EL MUNDIAL SUDÁFRICA 2010 FINALIZÓ CON LA VICTORIA DE LA SELECCIÓN IBÉRICA SOBRE HOLANDA POR 1 A 0, CON GOL DE ANDRÉS INIESTA A LOS 117 MINUTOS DEL ENCUENTRO. CON UN JUEGO MÁS EFECTISTA QUE EFECTIVO, CORONA CON ESTE LAURO UNA GENERACIÓN SI SE QUIERE DORADA, QUE INICIÓ ESTE CAMINO EN EL MUNDIAL JUVENIL NIGERIA ’99. SIN EMBARGO HAY MUCHOS PEROS A ANALIZAR.

Y finalizó el mundial Sudáfrica 2010. Y lo hizo en una final lógica y con un campeón lógico. Antes de empezar la competición, la mayoría de los analistas coincidían en señalar que era la “furia roja”, quien llegaba con mayores posibilidades de alzarse con el trofeo. Y no era un capricho del destino, sino por una decantación natural. España venía de obtener la Eurocopa 2008 con un juego atildado y de clasificarse holgadamente al Mundial.

Pero el camino no fue nada fácil, y el brillo que muchos adivinaban iba a exhibir la “roja”, quedó rápidamente en el olvido, luego de perder el partido debut frente a una disciplinada pero limitada Suiza. Sin embargo, el conjunto de Del Bosque se recuperó rápidamente con una fácil victoria ante el inexistente Honduras, aunque lo consiguió sólo por 2 a 0.

Luego vendría el encuentro con el Chile de Bielsa, con quien le bastaron un par de ráfagas para definir el pleito, y luego que el equipo trasandino consiguiera el descuento se refugió en su campo, casi sin cruzar mitad de campo, por el temor que un nuevo tanto chileno los dejara fuera del mundial.

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A continuación llegó el partido con Portugal en octavos de final, donde tuvo el balón pero casi sin situaciones, comprometiendo su futuro. Sin embargo Baldassi y cia, determinaron con la convalidación de un gol en off side de Villa, la victoria española y el pase a cuartos. Hasta ese momento los de Del Bosque hacían del toque su bandera, pero de su falta de ideas su tumba. Sin embargo, a partir de la ventaja, se sintió cómodo y el toque intrascendente trocó a otro de movimiento y circulación.

Contra Paraguay, España la pasó mal. El equipo de Martino lo maniató, y no se puso en ventaja porque Oscar Cardozo dilapidó su penal entregándoselo a los guantes de Casillas. Y en el gol del triunfo, Villa agradeció a los palos que jugaran con la camiseta roja. Casillas volvió a demostrar su valía en la última jugada del encuentro, como lo hizo en el partido final ante Holanda.

Quizá el mejor partido de España fue ante la temible Alemania, pero de todas formas apenas fue uno a cero, y sin grandes estridencias. Justo, pero nuevamente sin brillar.

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Y en la final, necesitó casi de 120 minutos para lograr un gol, que nació ilícitamente pues el primer pase hacia Andrés Iniesta lo encontró en off side. Sin embargo, el árbitro Howard Webb, de paupérrimo arbitraje (debió expulsar a dos o tres jugadores), convalidó la conquista y el título ibérico.

Atrás quedaron los mano a mano de Robben, tapados brillantemente por Casillas (a la postre decisivo), o el gran partido de Sneijder. Finalmente se impuso el toque de Xavi Hernández e Iniesta, la movilidad de Villa, el ímpetu de Puyol… y las atajadas de Casillas.

Quizá mi comentario pueda sonar demasiado duro para el nuevo Campeón del Mundo, pero es que nosotros, los argentinos, fuimos tan duros con nuestra selección, defenestramos lo que es propio con tanta liviandad, y endiosamos a lo foráneo con tanto énfasis, que a veces me parece que no medimos con la misma vara.

¿Es tan superior España a Argentina? ¿Individualmente tiene más jugadores que la albiceleste? Bueno, creo que colectivamente el Campeón hace del equilibrio su bandera, aún a costa de su falta de profundidad, o su alarmante falta de agresividad en ofensiva. Ésa es quizá la principal diferencia con un desbalanceado equipo albiceleste.

En lo individual, creo que hasta Argentina es muy superior. ¿O acaso, usted, querido lector, no cree que en algún momento de la final ante el voluntarioso Holanda, ningún español, no ha soñado con tener en  sus filas a Lionel Messi? Claro que, desde esta parte del mundo nos hemos imaginado a nuestro equipo con Xavi e Iniesta en el medio para asistir a Lio. Toda una contradicción con un océano de separación.

Pues entonces, debo respetar y aplaudir a esta España campeón del Mundo por primera vez en su historia, pero no descorcho champán. Tampoco me engaño. Acabo de ver un buen equipo, equilibrado, sólido en defensa, con buen manejo en el medio, con buena circulación y desmarque. Pero también advertí a un conjunto que no por ir constantemente hacia el arco de enfrente significa que haya atacado. Por momentos su falta de inventiva y profundidad, le ha privado de levantar vuelo. Por ello es que sólo obtuvo ocho tantos en el mundial (contando el de la final en tiempo suplementario). Si de números vamos a hablar, entonces expongamos todo en la balanza.

Aplaudamos al nuevo monarca del fútbol mundial. Enhorabuena, España. Ahora, nosotros, los argentinos, advirtamos que técnicamente no somos menos que nadie, y que en el profesionalismo de nuestro cuerpo técnico dependerá transformar esa riqueza individual en un “equipo” con verdaderas posibilidades de luchar por una Copa del Mundo.

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ARGENTINA 0 – ALEMANIA 4: LO QUE NOS HACE CALLAR

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LA GOLEADA ANTE ALEMANIA, Y LA PREMATURA VUELTA A CASA DE UN EQUIPO QUE SUPUESTAMENTE ESTABA PARA MÁS, DESATA EN NOSOTROS LA NECESIDAD DE DECIR AQUELLO QUE NO PODÍAMOS DECIR. QUE NO NOS DEJABA EL TRIUNFALISMO BARATO QUE NOS IMPONE LA PREPOTENCIA ESTELAR DE DIEGO MARADONA, Y EL CHUPAMEDISMO ILIMITADO DE UN SECTOR DEL PERIODISMO, PRINCIPALMENTE CAPITALINO.

 

Sí, debo reconocerlo. Uno se deja llevar. Y si bien nuestra visión primaria ofrecía millones de reparos, el triunfo ante los nigerianos y los cuatro goles ante Corea del Sur, hizo que un árbol nos tapara el enorme bosque de plantas venenosas que estaba carcomiendo nuestras posibilidades.

Si alguien, y me incluyo, hubiera optado por la crítica en esos momentos de victorias y sueños galopantes, iba a ser tildado de “vende patria”, o “pesimista”, en el mejor de los casos. Pero esa desconfianza estaba dentro de nosotros, dentro de mi, y no me permitía ilusionarme con el título, o la final siquiera. ¿Por qué mi desconfianza? ¿Y por qué no nos atrevimos a alzar la voz?

La primera fase del mundial en algunos casos, nos brinda la posibilidad de enfrentar a equipos que si bien, son claramente inferiores al nuestro, asumen una postura de sumisión casi incomprensible. Se saben inferiores, y te lo hacen saber. Éstos fueron los casos de Nigeria, Corea y Grecia. El mérito de Argentina en esas instancias fue asumir cierto protagonismo y hacerse de los partidos. Un mérito apreciable, sin dudas. A veces se es superior pero es difícil plasmarlo en la red. Y sino, pregúntenle a Francia e Italia, por caso.

En definitiva, ganamos claramente los tres primeros partidos pero más por el renunciamiento de nuestros adversarios, que por nuestros rendimientos. O acaso cuánto costó mantener ese gol de ventaja ante los africanos. ¿O, contra los coreanos, cuando aún estábamos 2-1, no hubo media hora (el final del primer tiempo y los primeros veinte del segundo) donde el equipo jugó muy parecido al partido con Alemania? Claro, enfrente no estaban los teutones, sino los orientales. En el partido de octavos contra México nos enfrentamos a una selección que si bien tiene más recursos que los rivales de la primera ronda, también le sobrevuela el mote de “No puedo” que les hace tan difícil superar ante ciertos “encumbrados adversarios”. Pero el rendimiento argentino fue muy bajo. La defensa compuesta por cuatro centrales ofrecía numerosas grietas y el medio campo no contuvo y mucho menos creó. Tévez e Higuaín lograron los goles mitad por iniciativas personales, y mitad por el miedo que los carcomió a los defensores aztecas. Messi lució tan retrasado como deslucido, como si aún estuviéramos jugando las eliminatorias. Mascherano estaba muy solo para la contención, y no teníamos un jugador que armara jugadas de ataque con criterio y constancia. Pero claro, los tres goles y el pasaje a cuartos volvieron a disimular lo endeble de nuestros cimientos. ¿Por qué nos callamos?

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Cualquier técnico medianamente experiente y capacitado hubiera tomado nota de las falencias estructurales de la conformación argentina y lo hubiera TRATADO de corregir para el partido con Alemania. Pero Diego Maradona, quizá confió en la mística, en lo intangible, volvió a parar el mismo equipo. Otamendi fue incinerado ante los arranques de Podolski, que parecía una reencarnación de Garrincha. Pero Diego nunca se dio por enterado. Heinze volvió a mostrar su nula proyección y sus dificultades en la marca de la punta izquierda, pero el técnico agradeció su entrega. El medio no tuvo contención. Mascherano ofreció su piel para detener los embates germanos, pero pocas veces lo logró. Estuvo muy solo. Y para la creación no hubo estructura. Maradona confió en la inspiración de Di María y Messi, pero no los respaldó con una organización acorde. Diego habrá visto cientos de partidos de Messi en el Barcelona, pero parece que nunca pudo advertir en la posición que allí le permite descollar. Casi de punta, detrás del nueve, casi siempre tirando las mortales diagonales para definir con su perfil  más apto. En la Selección, al no tener un trabajo decente que redunde en la elaboración de jugadas de ataque para que el astro  culé aproveche, lo hizo bajar una y otra vez, muchas veces detrás del medio campo para ir a buscar el balón e intentar armar él alguna jugada.

Y Messi de a poco se fue desgastando. Empezó con ímpetu los primeros partidos, pero a medida que el equipo se fue partiendo, él también se fue desinflando, como era previsible. Tévez ofrece su corazón, pero pocas veces la claridad y la mente fría que se necesita. E Higuaín no fue abastecido, padeciendo las mismas falencias que Messi.

Hubo errores de planeamiento, de trabajo y también de elección de nombres. Cómo no pensar en la experiencia de Javier Zanetti en lugar de los nervios de Ottamendi en la punta derecha. O cómo no imaginarse la entrega y la estrategia de Cambiasso en la mitad de la cancha, que quizá hubiera redundado en un mayor equilibrio del equipo…

Si hubiéramos tenido un técnico medianamente experiente y capaz, hubiera hecho una rápida lectura en la derrota de Alemania frente a Serbia, en la segunda fecha de este Mundial. Los serbios armaron dos líneas de cuatro, le cerraron los espacios y se lo definieron con un par de contras. Nuestro técnico tuvo esa “ayuda” al alcance de sus posibilidades, y jamás se dio cuenta. Quiso salir “a los bifes” ante un equipo mucho más trabajado y preparado, que no depende de las inspiraciones individuales para ganar un partido. Y se pegó un porrazo bárbaro.

Ya son varios los golpes. De más estaría referirnos a la humillación frente a Bolivia por las Eliminatorias, o al “baile” que nos ofreció el mismísimo Brasil en Rosario. Ahora debimos soportar un ridículo casi sin precedentes en Mundiales (sólo comparables con el 1-6 ante Checoslovaquia en Suecia ’58, o el 0-4 ante Holanda en Alemania ’74). Es por eso que lo que se impone con urgencia es el único acto de coherencia posible en la mente de Diego: DAR UN PASO AL COSTADO. No entiendo cómo aún no renunció.

Es por ello que ahora no quiero callar más.

Es increíble escuchar a cierto sector de la prensa porteña referirse al “poco tiempo” que dispuso Diego al frente del plantel. “Que en este escaso período se vieron adelantos enormes en el funcionamiento del equipo” (?). Yo quisiera preguntarles a estos señores, de la experiencia mediática de Fernando Niembro o Gonzalo Bonadeo a qué se están refiriendo. Que me den pruebas. Es que estamos cansados que los destinos de la selección se rijan por intereses ocultos, con decisiones que se toman debajo de los escritorios, con la venia de un dirigente que está transformándose en dictatorial, cada año que pasa, como lo es Julio Humberto Grondona.

No puedo avalar esa clase de periodismo. Lo debo respetar, pero siento un rechazo medular al escuchar que le “piden” a Diego Maradona que piense en seguir. Si ellos quieren tirar por la borda otros cuatro años de preparación, que nos avisen. Así, por lo menos, dedicaremos nuestro tiempo a disfrutar de deportes mucho más nobles como el golf, el pato, o el criquet.

Si vamos a hablar en serio, entonces debo decir que es hora de contar con un técnico capaz de potenciar las posiblidades propias, pero también de reconocer las limitaciones y crear una estructura de juego que ayude a disimularlas. Y en estos tiempos que corren, ese hombre tiene nombre y apellido: Gerardo Daniel Martino. Dejémonos de mezquindades, de prepotencia, de vedetismos, de chupamedismos o cholulajes baratos. Dediquémonos a trabajar, seamos más profesionales. Porque de esta manera, están tirando todo el prestigio de la rica historia futbolística argentina a un cesto de basura.

Es hora de no quedarnos callados. Es hora de despojarse de los miedos y decir la verdad. Aunque parezca que ya sea demasiado tarde.

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