La mujer de medias con costura (final 2)

este cuento lo leyo Armando Diaz que publica la revista digital sibaritis, me escribio diciendo que queria publicarlos para semana de los muertos en Mexico. pero el final no le cerraba y me dio una idea para ca, como me parecio muy buena idea lo hice y fue publicado.

Gracias armando por hacerme ver el cuento desde otro lado

lo publico tal como salio en sibaritis

La mujer de medias con costura
Cuando vi. las líneas negras, de las costuras de sus medias, los pies calzados en esos zapatos negros de taconcito cuadrado, la falda oscura a la altura de las rodillas, el tapado claro de paño pesado. Rápidamente rememore, aquella imagen que quedó grabada en mi memoria,  a pesar de tantos años pasados. Una tarde de invierno, acompañaba a mi mamá, que iba  a la tienda del Hugo Abrahán, por la vereda aún de tierra de la maestranza municipal, comencé a seguir con la mirada los pocitos dejados por unos zapatos de mujer, muy de moda por aquel entonces, al alzar la vista me encontré esas piernas talladas, suaves, hermosas, calzadas en medias con costura (las sin costura no existían o eran poco comunes aún).Jamás vi el rostro de esa mujer, el recuerdo me acompañó toda la vida, sin lugar a dudas debió ser mi primera excitación sexual, aunque en aquel momento por mi corta edad no alcance a comprenderlo.Hoy, casi cuarenta años después, me encontraba nuevamente detrás de esas piernas,  mi curiosidad, asombro y libido habían escalado al máximo, apure el paso, para poder verle el rostro, la alcance,  la tome del brazo, girándola hacia mi, quede atolondrado, al verla.La profundidad de sus ojos oscuros me ahogaron, estos estaban delineados, su rostro era rectilíneo, el cabello corto y rubio, de una de sus orejas, colgaba un aro de argolla de los años sesenta, de la otra uno con cadena estilo Bayoriano, un piercing en su nariz, otro en sus cejas, en la barbilla,  presumiblemente en su lengua. Dos sirenas tatuadas de anguilas emergían de sus oídos, con el cabello lleno de frutos de mar y los senos cubiertos con plumas.Después de observar atónito todo su rostro, mis ojos recalaron en los suyos, me volvió a taladrar con la mirada,  con su mano apartó la mía del brazo. Se marchó, me quede congelado tratando de digerir su extraño look,  de reponerme de su mirada, que me turbó dejándome parado viendo como se iba sin atinar a hacer algo.Los días pasaron mi ansiedad crecía,  a pesar de buscarla no la encontraba, parecía que nadie la hubiese visto alguna vez.Mi urgencia por encontrarla se volvió enfermiza, era casualidad que tantos años después viera las mismas piernas, pero el rostro jamás, en aquella época no hubiese sido igual, quizás estaba mezclando recuerdos fantasiosos con la realidad, o tal vez significaba alguna señal de la cual debería develar su sentido.De visita en casa de mis padres, necesitaban comparar un medicamento, me ofrecí a buscarlos, salí caminando, doble la esquina llegue hasta la Irigoyen, crucé las vías y tomé la vereda de la maestranza, que desde unos años atrás posee una veredita central de hormigón, no pude dejar de evocar aquel encuentro, mire hacia suelo y allí parecían no haber sido borrados por cuatro décadas de tiempo, aquellos pocitos cuadrados de mi infancia.Exaltado alce la vista  a la altura de la antigua entrada del colegio industrial, vi. las inconfundibles líneas de sus medias, la ropa demodé, corrí hasta alcanzarla, volví a tomarla del brazo, se volteó hacia mí, otra vez quedé alelado, el abismo de sus ojos era el mismo, pero el rostro sufría una mutación incomprensible, el cabello renegrido, peinado al costado, las cejas curvadamente depiladas, parecían arcos protectores del abismo de sus ojos, los labios pintados de rubí subido, igual que Delia, la cara redondeada, el cutis blanco con un pequeño lunar sobre el labio.Tomó mi brazo con sus delicados dedos coronados por uñas esculpidas  larguísimas, mirándome, intimidándome me dijo –por favor, retírese insolente. Quedé frente a las ruinas de lo que fue el colegio industrial, parado como un tonto viendo como las talladas pantorrillas, con la marca de las costuras, se alejaban yo seguía paralizado sin hacer nada para saber algo más de ella.Los días y noches siguientes fueron tremendos, De día deambulaba por la ciudad buscando esos ojos profundos, que comenzaron a desequilibrar mi razón, por las noches soñaba, pero no podía recordar  nada, aunque sabía que los sueños eran aterradores porque no lograba relajarme.Solo necesitaba encontrar alguno de los rostros, debía mantenerme sereno, para que no se me escapara sin ninguna respuesta.El sol ya casi desaparecía, transitaba por la nueve de julio, al doblar por la avenida, la vi, a la altura del chalet que fuera de Nazabal, apure la marcha ella dobló por Salgado, estacione el auto, me apee, la comencé a seguir, el estómago se me revolvía de ansiedad, la yugular galopaba, como potro desbocado en mi cuello, después de tres cuadras de persecución , pensé que me desmayaría, la tensión era tal que el alma no cabía en mi cuerpo, en el quisco de la buenos Aires compré cigarrillos, fumando atemperaría  mis nervios.Mi táctica era saber a donde iba, así tener un lugar físico donde encontrarla, si hoy no podía hacerle frente por mi estado de ansiedad.Continué detrás de ella ya un poco más calmo, al llegar al zaguán de la casa del tío Félix cruzó la calle,  por un instante pensé que entraría al estudio de Adalberto, pero continuó.Al llegar al portón del jardín aminoró la caminata, se detuvo, se me heló el corazón, creí que se había dado cuenta, que la estaba siguiendo, deje de avanzar, me agaché, fingí atarme los cordones de mis mocasines.Ella estuvo un instante inmóvil como hurgando algo en el aire, se acomodo el pesado tapado de paño, continuó avanzando meneando su cuerpo, yo tras de ella, cruzó el puente peatonal del canal, ingresó al parque por el primer molinete, se internó en el camino diagonal tapizado por el pasto debido a su poco uso, llegó al paredón de la cancha de fútbol, lo bordeó, luego subió la pendiente del velódromo abandonado, continuó avanzando hacia el playón.En ese instante se produjo un corte de luz, las sombras se abatieron sobre mis ojos, ni Luna siquiera había esa noche, maldije en siete idiomas, a pesar de todo seguí caminando a tientas.Rápidamente la electricidad volvió, las lámparas halógenas perezosamente retomaron. Su esplendor. Ella ya no estaba, comencé a correr en dirección al matadero, luego por el césped hasta la curva del velódromo, hasta la cancha de básquet, luego sin rumbo hasta perder el aliento, me tire cerca de las hamacas, debajo de las palmeras, viendo las estrellas que parecían tan inalcanzables como esa mujer.Cuando recupere el aliento me incorpore no sé cuánto tiempo paso, para mi fue una eternidad, abatido comencé a lentamente a caminar en busca del auto estacionado a unas diez cuadras.Los días subsiguientes fueron peores que los anteriores, mis músculos parecían de piedra, la tensión me producía contracturas hasta las uñas, mi presión arterial subió dos o tres puntos,  el estrés estaba destruyendo mi aparato digestivo, dormía poco y mal, quería alejarme de todo, pero inconscientemente volvía a los lugares donde encontré a esa mujer siempre de medias con costura, la misma ropa y con rostros distintos.Detenido por el rojo del semáforo de Buenos Aires y 25 de Mayo, al mirar en dirección a la plaza, ella caminaba hacia Belgrano, a pesar de mi excitación, esta vez mantuve la calma, me llamó la atención que sus piernas no se veían tan blancas, me dije estará usando medias oscuras.El verde del semáforo me dio paso, seguí hasta Salgado, observándola caminar por la cuadra opuesta, doble por la Belgrano, ella cruzó la calle. Detuve el auto abrí la ventanilla y espere que pasara, desde los sesenta metros que nos separaban pude percibir la profundidad de sus ojos, como las otras veces la vestimenta y la mirada se mantenían, pero el rostro otra vez era otro. No se quizás el cansancio, o la costumbre de lo insólito, esta vez lo tome con calma  no me sorprendió.Su cara angulosa de tez negra, sin maquillaje, tatuaje o aros, solo un rostro morocho con el pelo rizado, labios pulposos, dientes perlados, la profundidad esmeralda de los ojos, que le daban una bellaza infinita, se acercó hasta mí y me dijo- Buenas tardes señor podría indicarme donde queda la calle Villanueva al trescientos veintidós- desde la esquina cinco cuadras luego dos a la derecha. – Hice una pequeña pausa, para tomar coraje- si querés te llevo.-No gracias- fue la cortante respuesta, no podía dejar pasar la oportunidad y comencé a preguntar – quién sos, estaba siendo demasiado directo mi ansiedad comenzó a traicionarme otra vez.Ella sonrió –una mujer que esta buscando a alguien - ¿cuál es tu nombre? quise saberNo tiene importancia –me miró con cierta simpatía- pero estoy apurada.-Puedo volver a verte-quizás, ya que voy a estar algún tiempo aquí-déjame que te lleve-no por favor, y antes que yo pudiera decir algo me dijo- no insistas, tal vez haya otra oportunidad, todo llega, gracias.Se marchó cadenciosamente, me quedé sentado un poco más relajado, la conversación fue insignificante, pero me dio alguna esperanza, de descubrir el enigma de las extrañas mujeres.Después de mucho tiempo, al fin esa noche pude conciliar el sueño.Al amanecer  desperté, con el cuerpo distendido por el descanso, por un instante creí que todo fue una horrible pesadilla, encendí el televisor para saber la hora, al ver  la fecha comprendí que todo era real, pasaron tres días de mi encuentro con la morena, me había derrumbado por setenta y dos horas gracias a la enorme presión de los días anteriores. Hice una reconstrucción minuciosa de mis acciones, en los días anteriores, me duche y afeite, empilche como para una salida. Con toda mi decisión fui rumbo a la calle Villanueva trescientos veintidós.Al llegar vi que una mujer de medias con costura, con el pesado sacón de paño, ingresaba  en la dirección a la que me dirigía, apurándome estacione, baje del auto, toque timbre. Me recibió una mujer de rostro común, labios carnosos, pecas alrededor de su nariz prominente, el pelo castaño entrecano y alborotado, ojos marrones con el abismo inconfundible de su mirada, el atavío era el mismo que vestían las anteriores.Que desea- me preguntó-Saber quien sos –fue mi respuesta dura y seca-Ella se sonrió me escudriñotodavía no sabes quien soy- se me quedó mirando esperando mi contestaciónClaro que no lo se, es la primera vez que te veo – fue mi estúpida réplicaTodavía no te has dado cuenta, me viste más veces de las que creeshizo una pausa suspiro- me has buscado siempre, y siempre me has visto sin verme, tan ciego estas aún.Basta de vueltasdesesperadamente alce la voz- no te entiendo ¿Quién sos?Soy una y todas, todas pero única. Soy tus amores y tus odios, tus deseos y tus inapetencias, soy la felicidad y la desdicha, tus sueños y tus pesadillas.Soy con quien vas a vivir, porque te amo y te odio, soy tu pasado y tu futuro. Soy por quien naciste y por quien morirás, soy tu realidad y ficción, soy tu calma y tu desesperación, la razón y la locura.Tendrás que convivir conmigo hasta el final, y este es el fin.La miré con toda la inmensidad de mí ser,  pude ver la verdad en el fondo del precipicio infinito de sus ojos.Un torrente gélido comenzó a recorrer mis venas, alcance a ver sus labios moviéndose y apenas oír el susurro de su voz como un viento helado.Vos me buscaste,  siempre complazco a mis amores, tu tiempo término es hora de vivir en mis oscuros y helados territorios.

Y me fui con ella para siempre…..

Este magnífico cuento fue escrito por Tomas Buendía
su blog es http://blogsdelagente.com/tomas-buendia/

Gracias Tomas , por tu aportación..

la mujer de medias con costuras

Cuando vi las líneas negras, de las costuras de sus medias, los pies calzados en esos zapatos negros de taconcito cuadrado, la falda oscura a la altura de las rodillas, el tapado claro de paño pesado. Rápidamente rememore, aquella imagen que quedó grabada en mi memoria,  a pesar de tantos años pasados.

 Una tarde de invierno, acompañaba a mi mamá, que iba  a la tienda del Hugo Abrahán, por la vereda aún de tierra de la maestranza municipal, comencé a seguir con la mirada los pocitos dejados por unos zapatos de mujer, muy de moda por aquel entonces, al alzar la vista me encontré esas piernas talladas, suaves, hermosas, calzadas en medias con costura (las sin costura no existían o eran poco comunes aún).

Jamás vi el rostro de esa mujer, el recuerdo me acompañó toda la vida, sin lugar a dudas debió ser mi primera excitación sexual, aunque en aquel momento por mi corta edad no alcance a comprenderlo.

Hoy, casi cuarenta años después, me encontraba nuevamente detrás de esas piernas,  mi curiosidad, asombro y libido habían escalado al máximo, apure el paso, para poder verle el rostro, la alcance,  la tome del brazo, girándola hacia mi, quede atolondrado, al verla.

La profundidad de sus ojos oscuros me ahogaron, estos estaban delineados, su rostro era rectilíneo, el cabello corto y rubio, de una de sus orejas, colgaba un aro de argolla de los años sesenta, de la otra uno con cadena estilo Bayoriano, un piercing en su nariz, otro en sus cejas, en la barbilla,  presumiblemente en su lengua. Dos sirenas tatuadas de anguilas emergían de sus oídos, con el cabello lleno de frutos de mar y los senos cubiertos con plumas.

Después de observar atónito todo su rostro, mis ojos recalaron en los suyos, me volvió a taladrar con la mirada,  con su mano apartó la mía del brazo. Se marchó, me quede congelado tratando de digerir su extraño look,  de reponerme de su mirada, que me turbó dejándome parado viendo como se iba sin atinar a hacer algo.

Los días pasaron mi ansiedad crecía,  a pesar de buscarla no la encontraba, parecía que nadie la hubiese visto alguna vez.

Mi urgencia por encontrarla se volvió enfermiza, era casualidad que tantos años después viera las mismas piernas, pero el rostro jamás, en aquella época no hubiese sido igual, quizás estaba mezclando recuerdos fantasiosos con la realidad, o tal vez significaba alguna señal de la cual debería develar su sentido.

De visita en casa de mis padres, necesitaban comparar un medicamento, me ofrecí a buscarlos, salí caminando, doble la esquina llegue hasta la Irigoyen, crucé las vías y tomé la vereda de la maestranza, que desde unos años atrás posee una veredita central de hormigón, no pude dejar de evocar aquel encuentro, mire hacia suelo y allí parecían no haber sido borrados por cuatro décadas de tiempo, aquellos pocitos cuadrados de mi infancia.

Exaltado alce la vista  a la altura de la antigua entrada del colegio industrial, vi las inconfundibles líneas de sus medias, la ropa demodé, corrí hasta alcanzarla, volví a tomarla del brazo, se volteó hacia mí, otra vez quedé alelado, el abismo de sus ojos era el mismo, pero el rostro sufría una mutación incomprensible, el cabello renegrido, peinado al costado, las cejas curvadamente depiladas, parecían arcos protectores del abismo de sus ojos, los labios pintados de rubí subido, igual que Delia, la cara redondeada, el cutis blanco con un pequeño lunar sobre el labio.

Tomó mi brazo con sus delicados dedos coronados por uñas esculpidas  larguísimas, mirándome, intimidándome me dijo –por favor, retírese insolente.

Quedé frente a las ruinas de lo que fue el colegio industrial, parado como un tonto viendo como las talladas pantorrillas, con la marca de las costuras, se alejaban yo seguía paralizado sin hacer nada para saber algo más de ella.

Los días y noches siguientes fueron tremendos, De día deambulaba por la ciudad buscando esos ojos profundos, que comenzaron a desequilibrar mi razón, por las noches soñaba, pero no podía recordar  nada, aunque sabía que los sueños eran aterradores porque no lograba relajarme.

Solo necesitaba encontrar alguno de los rostros, debía mantenerme sereno, para que no se me escapara sin ninguna respuesta.

El sol ya casi desaparecía, transitaba por la nueve de julio, al doblar por la avenida, la vi, a la altura del chalet que fuera de Nazabal, apure la marcha ella dobló por Salgado, estacione el auto, me apee, la comencé a seguir, el estómago se me revolvía de ansiedad, la yugular galopaba, como potro desbocado en mi cuello, después de tres cuadras de persecución , pensé que me desmayaría, la tensión era tal que el alma no cabía en mi cuerpo, en el quisco de la buenos Aires compré cigarrillos, fumando atemperaría  mis nervios.

Mi táctica era saber a donde iba, así tener un lugar físico donde encontrarla, si hoy no podía hacerle frente por mi estado de ansiedad.

Continué detrás de ella ya un poco más calmo, al llegar al zaguán de la casa del tío Félix cruzó la calle,  por un instante pensé que entraría al estudio de Adalberto, pero continuó.

Al llegar al portón del jardín aminoró la caminata, se detuvo, se me heló el corazón, creí que se había dado cuenta, que la estaba siguiendo, deje de avanzar, me agaché, fingí atarme los cordones de mis mocasines.

Ella estuvo un instante inmóvil como hurgando algo en el aire, se acomodo el pesado tapado de paño, continuó avanzando meneando su cuerpo, yo tras de ella, cruzó el puente peatonal del canal, ingresó al parque por el primer molinete, se internó en el camino diagonal tapizado por el pasto debido a su poco uso, llegó al paredón de la cancha de futbol, lo bordeó, luego subió la pendiente del velódromo abandonado, continuó avanzando hacia el playón.

En ese instante se produjo un corte de luz, las sombras se abatieron sobre mis ojos, ni Luna siquiera había esa noche, maldije en siete idiomas, a pesar de todo seguí caminando a tientas.

Rápidamente la electricidad volvió, las lámparas halógenas perezosamente retomaron. Su esplendor. Ella ya no estaba, comencé a correr en dirección al matadero, luego por el césped hasta la curva del velódromo, hasta la cancha de básquet, luego sin rumbo hasta perder el aliento, me tire cerca de las hamacas, debajo de las palmeras, viendo las estrellas que parecían tan inalcanzables como esa mujer.

Cuando recupere el aliento me incorpore no sé cuánto tiempo paso, para mi fue una eternidad, abatido comencé a lentamente a caminar en busca del auto estacionado a unas diez cuadras.

Los días subsiguientes fueron peores que los anteriores, mis músculos parecían de piedra, la tensión me producía contracturas hasta las uñas, mi presión arterial subió dos o tres puntos,  el estrés estaba destruyendo mi aparato digestivo, dormía poco y mal, quería alejarme de todo, pero inconscientemente volvía a los lugares donde encontré a esa mujer siempre de medias con costura, la misma ropa y con rostros distintos.

Detenido por el rojo del semáforo de Buenos Aires y 25 de Mayo, al mirar en dirección a la plaza, ella caminaba hacia Belgrano, a pesar de mi excitación, esta vez mantuve la calma, me llamó la atención que sus piernas no se veían tan blancas, me dije estará usando medias oscuras.

El verde del semáforo me dio paso, seguí hasta Salgado, observándola caminar por la cuadra opuesta, doble por la Belgrano, ella cruzó la calle. Detuve el auto abrí la ventanilla y espere que pasara, desde los sesenta metros que nos separaban pude percibir la profundidad de sus ojos, como las otras veces la vestimenta y la mirada se mantenían, pero el rostro otra vez era otro. No se quizás el cansancio, o la costumbre de lo insólito, esta vez lo tome con calma  no me sorprendió.

Su cara angulosa de tez negra, sin maquillaje, tatuaje o aros, solo un rostro morocho con el pelo rizado, labios pulposos, dientes perlados, la profundidad esmeralda de los ojos, que le daban una bellaza infinita, se acercó hasta mí y me dijo

- Buenas tardes señor podría indicarme donde queda la calle Villanueva al trescientos veintidós

- desde la esquina cinco cuadras luego dos a la derecha. – Hice una pequeña pausa, para tomar coraje- si querés te llevo.

-No gracias- fue la cortante respuesta, no podía dejar pasar la oportunidad y comencé a preguntar – quién sos, estaba siendo demasiado directo mi ansiedad comenzó a traicionarme otra vez.

Ella sonrió –una mujer que esta buscando a alguien

- ¿cuál es tu nombre? quise saber

No tiene importancia –me miró con cierta simpatía- pero estoy apurada.

-Puedo volver a verte

-quizás, ya que voy a estar algún tiempo aquí

-dejame que te lleve

-no por favor, y antes que yo pudiera decir algo me dijo

- no insistas, tal vez haya otra oportunidad, todo llega, gracias.

Se marchó cadenciosamente, me quedé sentado un poco más relajado, la conversación fue insignificante, pero me dio alguna esperanza, de descubrir el enigma de las extrañas mujeres.

Después de mucho tiempo, al fin esa noche pude conciliar el sueño.

Al amanecer  desperté, con el cuerpo distendido por el descanso, por un instante creí que todo fue una horrible pesadilla, encendí el televisor para saber la hora, al ver  la fecha comprendí que todo era real, pasaron tres días de mi encuentro con la morena, me había derrumbado por setenta y dos horas gracias a la enorme presión de los días anteriores. Hice una reconstrucción minuciosa de mis acciones, en los días anteriores, me duche y afeite, empilche como para una salida. Con toda mi decisión fui rumbo a la calle Villanueva trescientos veintidós.

Al llegar vi que una mujer de medias con costura, con el pesado sacón de paño, ingresaba  en la dirección a la que me dirigía, apurándome estacione, baje del auto, toque timbre. Me recibió una mujer de rostro común, labios carnosos, pecas alrededor de su nariz prominente, el pelo castaño entrecano y alborotado, ojos marrones con el abismo inconfundible de su mirada, el atavío era el mismo que vestían las anteriores.

Que desea- me preguntó-

Saber quien sos –fue mi respuesta dura y seca-

Ella se sonrió me escudriñotodavía no sabes quien soy- se me quedó mirando esperando mi contestación

Claro que no lo se, es la primera vez que te veo – fue mi estúpida réplica

Todavía no te has dado cuenta, me viste más veces de las que creeshizo una pausa suspiro- me has buscado siempre, y siempre me has visto sin verme, tan ciego estas aún.

Basta de vueltasdesesperadamente alce la voz- no te entiendo ¿Quién sos?

Soy una y todas, todas pero única. Soy tus amores y tus odios, tus deseos y tus inapetencias, soy la felicidad y la desdicha, tus sueños y tus pesadillas.

Soy con quien vas a vivir, porque te amo y te odio, soy tu pasado y tu futuro. Soy por quien naciste y por quien morirás, soy tu realidad y ficción, soy tu calma y tu desesperación, la razón y la locura.

Tendrás que convivir conmigo hasta el final, o este es el fin.

La miré con toda la inmensidad de mí ser,  pude ver la verdad en el fondo del precipicio infinito de sus ojos.

La amé y la odié, la vi nacer y morir, sentí pena y felicidad, vi nuestro pasado y futuro.

La tome entre mis brazos, la bese apasionadamente e indiferente, y viví con ella, con ellas, la dualidad de mi cruel y bello destino hasta el fin.

La Moneda

En la década del ´70, la juventud tenía una gran rebeldía, hacia todo aquello que representara el orden estricto, más  aún si aquel orden provenía desde un uniforme.

Esto se debía fundamentalmente a los resabios de la década anterior, donde los golpes militares llegaron, tratando de oprimir las libertades pregonadas, después de la revolución cubana, el mayo francés, el furor del flower power, y el hipismo.

Para aquella generación de jóvenes tener que hacer la conscripción (colimba como se la denominaba popularmente) era algo terrible, que atentaba contra las libertades individuales más precarias, cortarse el pelo, vestirse de militar, soportar humillaciones, era algo que la mayoría quería evitar a cualquier precio.

Un muchacho común, con la particularidad, de la que se ufanaba desde muy chico, de ser el primer nacido del año mil novecientos cincuenta y ocho, su alumbramiento se produjo a las cero horas, un segundo, del primero de enero de ese año.

Este orgullo lo tuvo durante años como un ser especial, el primer nacido,  siempre hacía referencia a este extraño privilegio, reservado para una persona por año.

La noticia le cayó casi por sorpresa, transformando toda su vida, los altos mandos militares resolvieron acortar la edad de ingreso al servicio militar, por lo tanto los nacidos en los años, mil novecientos cincuenta y seis, y mil novecientos cincuenta y siete, serían exceptuados del cumplimiento del mismo.

Comenzó a sentir que aquel privilegio de ser el primer nacido, se había convertido en un estigma que lo estaba atormentado, se decía,- por un segundo no me salvo, su depresión se ahondó aún más,  cuando descubrió que en realidad su nacimiento, se produjo el treinta y uno de diciembre de mil novecientos cincuenta y siete, a las veintitrés, cincuenta y nueve minutos, que si hubiera sido anotado como correspondía, se salvaría de ser militarizado.

Sus padres lo calmaron un poco, durante toda la vida había sacado provecho de aquella mentira temporal.

Volvió a tener confianza en su suerte, se dijo “sacaré número bajo”, de esta manera evitaría ser incorporado.

Esa mañana fue al colegio con una radio provista de un audífono, a las diez con treinta y cinco minutos, el niño cantor dijo doscientos ochenta y seis, (sus tres últimos números de libreta) el número correspondiente fue el, novecientos noventa y siete, ya no había salvación seguramente le tocaría marina o infantería, que, además eran catorce meses, dos más que el resto de las otras armas, probablemente muy lejos de casa.

Pasaron los meses, su ánimo no mejoró, por su atormentada cabeza pasaban terribles pensamientos,  cortarse un dedo, sacarse los dientes, pero no valía la pena mutilarse, tenía que existir una forma de zafar sin sufrir.

El veintiséis de septiembre, le llegó la carta más triste de su vida, debía presentarse en cinco días, en distrito militar de Ramos Mejía, para la revisación médica.

Aquella noche tardó más de lo común en dormirse, soñó muy extraño, en la sala de parto donde su madre lo estaba dando a luz, había un gran  reloj de campana, a las doce de la madrugada nadie escuchó su terrible tañir, por esa razón lo anotaron al año siguiente, luego los médicos le preguntaron a  su madre como lo llamaría, pero sus voces no se escuchaban, se comunicaban por señas. Cuando despertó, comprendió que debía convertirse en sordo, y así no pasar la revisación médica.

La vida volvió a tener a sentido. Aprendió rápidamente el lenguaje de los sordos mudos y a comportarse como tal.

Llegó al fin el día de la revisación. Fue derivado a un otorrinolaringólogo, que por supuesto lo encontró normal, pero él se resistía  aceptar que podía oír, así que fue enviado a un hospital militar, para poder saber su verdadero estado. Su concentración fue tal que soportó, las mil y una trampas que le tendieron, los altos ruidos que le hicieron oír, hasta las conversaciones que intentaron mientras dormía, después de doce días, de dura lucha fue llevado al médico en jefe, que por medio de señas le hizo saber que le sería firmada la baja por discapacidad física. Le indico que siguiera al cabo, este lo llevaría a hacer firmar los papeles.

Se levantó de la silla, siguió al cabo, no cerró la puerta detrás de él, se sintió victorioso, unos metros lo separaban de  la libertad, por primera vez, en tantos días se relajó. Oyó detrás de sí, el inconfundible ruido de una moneda al caer, instintivamente se dio vuelta se agachó tomándola, con su mano, al levantar los ojos, vio la sonrisa burlona del médico en jefe, mientras sentía que se hundía aplastado en el barro por diez mil buques.

Prisma

El lado oscuro de la luna de Pink Floyd, me partió la cabeza desde el punto de vista musical. Quede pegado a ese disco maravilloso, cuando hacia una sesion de oír buena música, después de escuchar una vez mas el disco, dejaba de seguir con la sesión,  ya no podía seguir oyendo música

La imagen de tapa también me atrapo. En la inconmensurable oscuridad de las nada, un rayo de luz choca contra un prisma, descomponiendo la luz en los siete colores del arco iris, difundiéndose, para volver a colisionar con otro prisma,  recomponiéndola en un nuevo rayo lumínico, iniciando un circulo que se alimentaba infinitamente.

Fenómeno que habíamos estudiado en la escuela primaria, y por lo tanto era totalmente comprensible.

Nuestra relación fue como ese dibujo, un rayo de luz pasando a través de un prisma, difundiéndose en forma multicolor, con variables de distintos camino, para luego volver a ser un haz de luz blanco y brillante, encerándose en un circulo que se realimentaba a si mismo.

Nunca supimos donde estaban los prismas, si eran las palabras, las miradas, o los gestos; que disparaban los estallidos de colores,  caminos, que explorábamos, tampoco sabiamos en que momento volvíamos a ser el rayo luminoso, que nos enceguecía, en la absoluta negritud de la soledad humana, nuestras almas nos iluminaban.

Cuantos prismas cruzamos, caminos recorrimos, no lo se, jamás los contamos, solo los disfrutamos.

Siempre odie el añil, me traía nostalgias. El violeta lo disfrutábamos juntos, por el verde corríamos en forma furiosa. En cambio en el amarillo caminábamos de la mano hablando y hablando, nadábamos sobre el naranja, nos recostábamos en el azul,  nos amábamos frenéticamente en el rojo.

Cuando volvíamos a ser luz, viajábamos entrelazados en cuerpo y alma, mientras el círculo nos potenciaba.

Ayer la luz fue mas tenue, los colores mas opacos, tomamos el camino amarillo, muy poco hablamos, caminando separados, el violeta no fue tan placentero, apenas trotamos por el verde, volvimos a ser luz mas opaca, no viajamos entrelazados, solo uno al lado del otro.

Casi nos ahogamos en el naranja,  nos sentamos en el azul,  apenas tuvimos sexo en el rojo, la luz ya no fue brillante, era tan solo un hilo, los dos viajamos con los ojos cerrados sin vernos ni sentirnos.

Ahora estoy solo deambulado por el añil, sin encontrar ningún prisma para volver a ser luz, ¿y vos?, no se donde te quedaste.

Tomas Buendía

cuentos en capitulos

Sin proponérmelo, jugando, he comenzado a escribir lo que tal vez sea el primer cuento en capítulos en facebook. Por lo tanto publicare nuevamente lo fue el primer capitulo y a continuación el segundo. Ya escribí el tercero que publicare mañana, y luego veremos como se sigue desarrollando. Espero que les guste y también otros comiencen con este método de comunicar vivencias o fantasías

21/04/10

Capitulo uno

Había una mujer que tenia dos teléfonos,  y en cada uno tenia distintas personalidades. uno era el de la fantasía,el del juego.

en el otro, era lo concreto, lo real, tarde mucho en darme cuenta de eso, y un día pude llamarla al otro teléfono, ahora tengo la duda, cual de los dos es el real. Cual el de la fantasía.

el que me dice si, ol que me dice puede ser.


22/04/10
Capitulo dos


la mujer de los teléfonos me tenia loco, con su dualidad, como si fuera un pez enganchado en un anzuelo me traía, me dejaba ir, me volvía a traer, pero nunca me soltaba del todo.

Para colmo seguía sin saber a cual teléfono llamarla, había días que en alguno de ellos no me respondía, supongo por que tenia que seguir manteniendo esa incertidumbre en mi, era la carnada a la que no podía resistirme, hoy la llame al iphone, es el numero que hace poco me dio, ahora creo saber que es el de la verdad, ojala no me equivoque, fue mi primera intuición, antes de empezar a dudar.
Me dijo “esta todo frió”, creo que es la llave para sacarme el anzuelo…

23/04/10
Capitulo tres


Hoy llame a Matilde que también tiene dos teléfonos pero solo se un solo numero.
Ella era la mujer con la empecé a salir hace poco, con la cual corte la relación debido a Catalina la mujer de los dos teléfonos.
Le dije a Matilde que quería hablar con ella con el fin de recomponer la relación, ella acepto.
A la noche cuando dejo de trabajar me envío un mensaje y fui para su casa.
Le conté una historia que no fue la real, mientras tomamos un whisky, que había comprado para cuando yo iba a verla.
Me creyó y terminamos en la cama, disfrutamos mucho ese reencuentro, mi celular sonó mientras estábamos entrelazados, cuando terminamos yo soñaba que el anzuelo pasaba a mi lado y no lo mordía.
Matilde se levanto y abrió el mensaje de mi teléfono, sus ojos se enfurecieron me dijo “sos un hijo de putas” y me revoleo con tremenda puntería el celular, yo no podía reponerme del momento, no sentí el golpe, pero un hilo húmedo corría desde mi frente, ella tomo mi ropa y la arrojo por la puerta, mientras obnubilado leía el mensaje desde del numero del iphone, “hoy no me llamaste y quería dormir con vos”
Matilde me tomo de un brazo y me dijo “te vas o le abro la puerta al perro”.
Salí a la vereda  y los recolectores de residuos se llevaban mi ropa, corriendo por la calle desnudo muerto de frío y vergüenza, los alcance y me vestí como pude, el recolector alcanzo a decirme “loco esa mina te odia”…

Capitulo 4

24/04/10

Después de haber sido arrojado a la calle tan miserablente, apague el celular y con el pañuelo trate de detener la incipiente hemorragia. Me dirigí hacia La Oceánica, los parroquianos se deben haber asombrado al verme entrar, porque se produjo un enorme silencio.

Fui hasta el baño a higienizarme la herida, pude apreciar la puntería del disparo, parecía un cowboy asesinado de un preciso balazo en el centro de la frente.

Me senté en el rincón más apartado, observando el cuadro de Sancho, el de las olas rompiendo en una playa sin tener rocas donde romper. Este hombre debió dedicarse a la fotografía ya que es tan solo un mal copista, que no interpreta la naturaza y su pintura carece de una pizca de creatividad.

Me quede con el vaso de JB entre las manos, mirando un horizonte inexistente, las horas pasaron y comenzaron a levantar las sillas para limpiar, le pedí a Beto que me dejara quedar, y accedió.

Cerraron el bar, quedándome divagando en el desierto de mi desolación. Cuando lo abrieron aun estaba con el vaso de whiskey entre mis manos, sin que los hielos se hubieran derretido, lo tome de un trago, pedí un cerámico cortado, y me fui.

Dormí hasta muy tarde, desperté, abrí el celular, tenia llamados de trabajo y de amigos, (en sueños me pareció que golpearon la puerta varias veces), y un escueto mensaje del blackberry de Catalina “llama”

Hacia unas horas creía haberme liberado del anzuelo, y lo había hecho.

Pero la exacerbada intuición femenina de Catalina, había comenzado a construir una red a mí alrededor, para no dejarme escapar.

Me atormentaba no saber cuales serian mis límites, y mas aun para que, y por que, no me dejaba ir

Capitulo 5

25/04/10

Cruzarme con la gente, que me preguntaba que me había sucedido me tenía harto, yo solo contestaba, nada, si de todas maneras, todo ya se sabía, cuando ataron cabos del comentario de los recolectores de residuos, del hombre desnudo y ensangrentado echado de la calle 25 de mayo, y mi posterior llegada a La Oceánica.

A los dos días trate de acercarme a Matilde cuando me vio enfureció, su cuerpo y con el índice me decía no no, y entre los dientes “ni te acerques hijo de puta”.

Era una relación perdida para siempre, como podría creerme, después que le dijera que para mi las mujeres no eran un trofeo, y todas las verdades sobre mi, que le dije, por la necesidad de desnudar mi alma ante la mujer que me salvaría. Como explicarle que ese mensaje era de alguien con quien nunca me había acostado.

Pase varios días sin siquiera llamar a Catalina, ni tratar de buscarla,  comencé a creer que su perfidia no era tan poderosa, no había ninguna red encerrándome, mi universo parecía mas grande y podría moverme por el buscando sosiego a mi desesperanza.

Hasta que la cruce por la calle, ella me sonrió, me abrazo y me beso, “que lindo es verte” me dijo, y señalando la herida de la frente, “es por no hacer las cosas bien”, antes que le dijera algo cerro todo, “no me cuentes, háblame de algo lindo” y comenzamos a charlar largo rato caminando, me sentía feliz, luego me recrimino mi abandono, con sus palabras, sus ojos, me convencí que no debía dejarla así  ella se preocupaba por mi,  yo simplemente la había olvidado.

Nos despedimos, estaba muy feliz, renovado, el oscuro horizonte se esfumo para dar paso a un amanecer.

A la noche cuando me acosté, comencé a darme cuenta que la red era muy chica, tal vez no podría escaparme, ya que me gustaba, y me pregunte, por que, y para que, estoy tan feliz

Capitulo seis

28/04/10

Los días posteriores perseguí a Catalina  de todas maneras, en sus dos teléfonos, a la salida de su trabajo, donde fuera, me aparecía, y le proponía que nos encontremos solos, y así cumplir su deseo postergado, de dormir conmigo. Siempre me rehuía, con diferentes evasivas.

Eran las 21. Y hacia mas de 24 horas que no veía ni hablaba con Catalina, estaba dispuesto a ver el ultimo capitulo de Lost.

Un mensaje sonó en mi móvil, lo leí , era de la mujer de los dos teléfonos desde su iphone, “abrime “ ,fui hasta la puerta y ella estaba ahí, subió los dos escalones, ya en el zaguán comenzamos a acariciarnos, dulcemente, frenéticamente, pasamos por la cancel y descansamos en el sillón, donde nos fuimos desnudando, seguíamos hacia la gran mesa con el frío vidrio, donde nos saboreamos, luego nos deslizamos como serpientes por las sillas hasta el suelo y desde ahí reptando acompasadamente cubrimos los 6 metros que nos separaban de cama.

Nunca había sentido sentir tanto a una mujer, ni yo había sentido tanto jamás, el clímax mutuo era una catarata, y ella entre el fragor exclamo “Roberto”.

Me paralicé y le dije “ándate no quiero verte mas”, ella trataba de explicarme, “ándate o me voy yo” le repetí, y recogiendo mis ropas  lentamente Salí a la calle y me vestí en la vereda.

El mismo recolector de residuos con sarcasmo me dijo “al menos esta ves no te tiraron la ropa. Vos si que andas bien con las minas “

Capitulo siete

28/04/2040

Treinta años después de mi partida, aquella noche que Catalina la mujer de los dos teléfonos, la que me partió la vida, volví a mi pueblo.

Fui hasta Oceánica los viejos parroquianos creyeron ver entrar un muerto, un muerto que se convirtió en leyenda desde mis últimos días y luego se cocieron mil historias. Que siempre aparecían en las trasnochadas mesas de café de todos los bares. Vieron en mi rostro reflejado el inexorable y destructor paso de tiempo.

La Oceánica había cambiado de propietario, y pedí autorización para colgar aquel cuadro, el de Sancho (el de olas rompiendo contra la nada) y me lo dieron, lo coloque en el mismo lugar donde estaba la noche que comenzó mi desgracia.

Si bien el cuadro nunca me gusto, lo compre y lo tuve siempre a la vista como para recordar que mi destino, era como esas olas rompiendo contra la nada.

En los años de ausencia me convertí en un excelente escritor de telenovelas, pero fracasado ya que mis finales siempre eran de amores desencontrados, hasta que un productor, comenzó a cambiar los finales y nos hicimos inmensamente famosos y millonarios. Jamás nadie tuvo una foto mía, gaste fortunas para mantener mi anonimato, el crédito de la fama fue siempre de el, así lo quise yo. Si bien todo el desarrollo escabroso de la novelas eran míos, el acomodaba los finales y los televidentes del planeta devoraban las miles de horas de telenovelas.

El mozo un hombre de unos treinta años tenia un asombroso parecido a mi.

Se me acerco con una foto muy vieja y ajada, y me la mostró, era una foto de Catalina conmigo con las cataratas de fondo. Le dije “nunca estuve ahí con esa mujer”.

“Es mi madre, el es Roberto su novio, que falleció después de ese viaje”.

Lo mire con gran cara de asombro, continuo con su relato “ella murió hace 2 años  me dejo esta foto y su secreto, tiempo después conoció a un hombre exactamente igual en todo, siempre lo evadía por que también se enamoro de el, y temía confundirse, ese hombre se fue hace mucho, hoy volvió y tenia que contarte la historia aunque fuera muy tarde ya, siempre te buscamos y nunca supimos nada de vos”, -hizo un silencio con sus ojos vidriosos-

Seguí mirándolo sin querer comprender lo que me decía.

Suspiro y me dijo “soy tu hijo”

Pegue una fuerte pitada y de un sorbo me tome mi J&B hasta el final

Tomas Buendía

Encuentro

La muerte del abuelo Otto, le allano el camino, hacia su destino, rápidamente se desprendió de todos los activos heredados, a excepción de las tierras en la costa.

A los cinco años supo, que el lugar donde viviría hasta la muerte, seria el pueblo que edificaría en los campos de la playa. También percibió, que su padre se dejo morir, por que no podía enfrentar a Otto, ya que él creía que la ciudad debería ser distinta. Entonces se dejo ir para aplazar el proyecto de la ciudadela turística de don Otto.

Mientras armaba su pequeño equipaje, Boris recorría estos pensamientos para tratar de no volver a tenerlos.

Rumbeo hacia las arenas de su destino,  sin ningún plano, ya que no tenia ni la menor idea de cómo llegar a las playas, que tanto ansiaba, ya que el ni su abuelo jamás fueron a ver esas tierras.

Una semana después Boris apareció de entre el bosque, bajando el enorme médano, soltando sus petates corrió por la playa hasta meterse en las aguas, salió de ellas,  corrió sobre las cálidas arenas, volvió a trepar por los médanos, y cayó rodando exhausto boca arriba, mirando el cielo profundo y azul. Comenzó a reír hasta quedar exhausto. Al fin -se dijo-. Llegue a mi lugar, gracias padre, lo siento abuelo, no será como soñaste, pero será fabuloso, te lo aseguro.

Boris uso todo el tiempo del invierno en construir su casa, y el bar, lugar que seria el centro de encuentro del futuro pueblo.

Abrió calles, definió como serian las normas edilicias, de convivencia, trabajo solo, de manera incansable. A veces le decía a su abuelo –no soy tan holgazán después de todo, parece que mi sangre nativa, hay una fuerza inquebrantable. Gracias padre a pesar de todo vos también tuviste una gran fuerza, gracias padre.

Boris seguía muy ensimismado en sus tareas, cuando de la nada apareció aquel hombre.

Hola que buscas, mi nombre es Boris, soy el dueño del lugar.

El recién llegado le tendió la mano, Boris la apretó con fuerza, el recientemente venido respondió. Mi nombre es Félix

Como diste con el lugar –quiso saber Boris-

Buscando –fue la seca respuesta-

y que buscas aqui aun no hay nada

El lugar para morir –contesto Félix-

Esta contestación molesto a Boris quien le dijo – Mira Félix estas son mis tierras, estoy construyendo una ciudad, aunque no lo parezca, he venido a edificar un lugar para que la gente disfrute, no vine a levantar un cementerio, asi que puedes irte a morir a otro lado.

Félix lo miro profundamente, buscando medir sus palabras, le contesto.

Mira Boris, no todos vemos, y decimos las cosas de la misma forma. Vos pensas vivir aquí, pero,  como yo lo veo he venido a morir,  que para mi quiere decir que jamás me iré de este lugar. Por que,  he encontrado mi lugar, además, ¿qué es la vida? Tan solo un paso hacia la muerte.

Los hombres se miraron fijamente, se vieron más allá.

Félix continuo –por más que los campos sean tuyos, necesitas que  alguien te ayude a construir tu ciudad.

Dicho asi todo cambia, es algo que nunca había pensado, un tanto pesimista para mi gusto. –fue la reflexiva respuesta de Boris.

Deberás acostúmbrate a mi manera de expresarme, recuerda que estaré aquí hasta mi muerte, y ese será un largo, muy largo paso.

Trabajaron todo ese día hasta el anochecer, apenas intercambiando palabras, luego se bañaron hasta relajarse, en las aguas marinas, pescaron un pez desconocido para ambos, lo cocinaron a las brazas, Félix saco de su bolso una botella de vino, y sin mas paladearon esos exquisitos manjares.

A la tenue luz de las brazas comenzaron a hablar, los dos estaban muy relajados,  dichosos de compartir, la presencia del otro. Boris sentía, que su proyecto ya contaba con un compañero, que a pesar de expresarse tan distinto tenia mucha afinidad. Félix por que su sueño ya no lo era, se había convertido en realidad.

Siguieron hasta el amanecer, contándose sus vidas íntimas, se sorprendían de coincidir en tantas cosas, como en disentir hasta por las mismas, parecían un juego de espejos,  que devolvía siempre otra visión sobre la misma imagen.

Sin decirlo, quizás por rubor, o porque esas corazas que los protegían no caerían jamás, se guardaron para si los sentimientos mas profundo que comenzaron a aflorar esa noche.

Sabiendo que sus vidas quedarían enlazadas,  ahí en la playa, durante toda la vida de Boris y hasta la muerte de Félix.

Y sin saberlo las dos maneras de ver las cosas que tenían,  marcarían el carácter de las vidas de aquellas personas que vivirían en la ciudad, juntos a ellos.

9 de julio   2/10/02

Lobos 28/07/05

Tomas Buendía

Seguis saliendo

Lobos agosto de2007

Tuvo un noviazgo casi eterno, en una adolescencia tardía, el final de esa etapa, en vez de hundirla en una gran depresión le abrió las puertas a su futura madures. Contrariamente esta la comenzó a encontrar en los brazos del amor, de un adolescente tardío,; el mundo le abría nuevos espacios, llenos de sentimientos, y por primera vez, pensó en formar una familia.

Vivir en un mundo convulsionado es muy difícil, más aun en la Argentina de aquellos años, y más en los dominios, del capitán de navío Argimiro Fernández. Era cruzar la muerte a cada segundo.

A pesar que la ciudad manaba sangre diariamente, la falta de esta, en Marsela trajo la esperanza, y luego la confirmación del embarazo tan deseado. Con el hombre que amaba, pudiendo concretar el sueño de formar una familia, en su incipiente madures.

La familia se alboroto por este suceso,

Ocho meses, veintinueve días, tres horas y cuarenta y dos segundos después de ser engendrado, nació un hermoso varoncito.

Parecía,que el rio del destino hacia fluir todo hacia un buen puerto, encapsulado del infierno que existia en su derredor; pero la fantacia duro solo unas semanas .

El terror tarde o temprano, como un espermatozoide, penetra cualquier capsula.

Semanas después, las dos hermanas fueron desaparecidas, por las huestes del capitán de navío Argimiro Fernández. Ellas no participaban en nada, pero si alguien hacia algún comentario fuera de lugar, frente a la persona incorrecta, por equivocación, o porque hacía calor, o frio, o lo que fuera, era motivo suficiente, para el comandante del batallón de infantería de marina, arrestar a cualquier persona, y luego torturarla y hacerla desaparecer

El tiempo empezó a transcurrir lento, estos avatares, dieron origen a los cimientos de su futura personalidad.

Don Víctor, el padre, un hombre de campo, venido a la ciudad, taciturno, un tanto inexpresivo, amante de los perros callejeros, y sus cigarrillos armados, empezó, a consumirse rápidamente, debido a la ausencia de sus hijas, pronto fue aislándose, hasta irse, sin expresar ningún sentimiento, de ese dolor que le partió el alma.

Todavía, no podían reponerse de la ausencia paterna, cuando Elvira, quien exteriorizaba todo lo que su esposo reprimía, enérgica, vivaraz, de pronto se quedo sin pilas, sin darse cuenta siguió al marido, como alguna vez lo juro.

Marsela procedió a metalizar su alma, buscando refugio, en lo que ahora era su pequeña y única familia, la que recién nacía.

Las desgracias suelen atraer, a los malos acontecimientos, convirtiendo la regla de la atracción de los opuestos en algo obsoleto.

Setenta y tres días, tardaron en diagnosticar la irremediable enfermedad de ese niño hermoso, que si el destino lo hubiera dejado crecer, seguramente García Márquez, se inspiraría en el el para escribir, El Ahogado más Hermoso del Mundo,

Así principió, su procesión, en búsqueda de alargar aunque más no fuera un segundo, la vida del único lazo sanguíneo que le quedaba. Sangre que el capitán Argimiro Fernández había comenzado a exterminar.

Fueron tiempos duros, de búsqueda, de esperanza en cada puerta, solo encontró resignación. Sobrevinieron, diez y seis mil ochocientos, setenta y tres horas, de cierta tranquilidad donde la tragedia se hizo algo cotidiano.

Aun faltaba más, su amor, el verdadero, el primero y único en su vida. Comenzó a revolcarse con una mujer más joven, linda, tan inmadura como él, y mucho más dispuesta a las pasiones carnales.

Para no desestabilizar la salud, del que hubiera sido el hombre más bello del mundo, convivieron cuatrocientos noventa y dos días, donde cada una de esos días, fue una tortura para Marsela, dormir con el hombre amado y deseado, quien compartía su sexo con otra.

El catorce de agosto comenzó su más absoluta soledad. hacia dos millones, seiscientos veintiocho mil ciento cuarenta y seis segundos, que comenzó una vida nueva, distinta, llena de sufrimientos, que la hicieron madurar duramente, de golpe, por fuera se convirtió en acero, y nadie sabría que conflictos pugnaban en el interior de esa cascara casi indestructible.

Los vecinos, y aquellos que vieron de cerca los vendavales con que el destino la golpease, se compadecían y comentaban, que quizás pronto la encontrarían muerta por su propia determinación.

Paso siete quintos de un mes encerrada, con los ojos clavados en el cielorraso, cuando desde lejos le llego una música

…No miro el techo

Para ver más que techo

Y la ventana me sirve para mirar

Un edificio con gente

Que se desayuna

Se peina o fuma

En la rutina de continuar….

Se levanto miro por la ventana, y sin saberlo, comenzó la génesis de su futura vida, se dirigió caminando al batallón de infantería de marina número tres, espero pacientemente, hasta que el comandante del mismo, capitán de navío Argimiro Fernández saliera, sentado en el asiento posterior del Falcón gris oficial. Marsela le clavo sus ojos verdes, Argimiro como siempre, que alguien lo miraba a los ojos, detuvo el auto y le contesto la mirada, con sus inconmensurables y malignos ojos celestes, Marsela le sostuvo la mirada, sin siquiera pestañar, luego de una eternidad el capitán de navío, comandante del batallón de infantería de marina número tres, don Argimiro Fernández, el hombre más sangriento y temido del país, por primera vez bajo la mirada, ordenando al chofer que continuara.

Muchos años después, en su terapia con el Dr. Fernando Flores, le recordaba, la mirada del mal, y mientras duro su larga y merecida agonía, en el lecho donde le sobrevendría la muerte, se le aparecerían esos ojos que lo torturarían.

Marsela regreso a su casa, esa noche durmió, al otro día. Tomo su gran bolso marrón de Fultón, cargo unas cositas, las fotos, del padre, madre, hermanas, y del que fue el bebe más hermoso del mundo.

salió, desde un auto estacionado le llego

..Miras los edificios

Que dan al puerto

Dejando amanecer todo

Miras por la ventana

De tu ciudad

La vida como cierra el paso

Y aunque saliendo

A la vereda nada te espera ya

Seguís saliendo por tu libertad

Un hombre alto, con cara de bueno y maduro se acerco al auto, sin dudas él lo manejaba, Marsela se le acerco y audazmente le pregunto,

-A dónde vas

El se la quedo mirando _a capital

Me llevas- imploro Marsella, el hombre lo pensó y acepto,

Al viaje fue ameno, el conductor era agradable y se lo notaba muy seguro de sí, esto conforto a Marsella quien se sintió consolada, por ese hombre, al llegar, la nochecita ya caía, el la invito a cenar ,y terminaron en un hotel.

Marsela dejo fluir todo su ser, y calmo las ansiedades carnales contenidas hacia tanto tiempo.

A la mañana siguiente ella se levanto con el alba mientras el dormía, lentamente junto sus cositas y se fue.

Caminando por la avenida el viento le acariciaba el rostro, su alma estaba un poco menos rota. Mientras el sol se elevaba el viento le traía notas que marcarian el nuevo paso en su vida

Este día empieza a crecer

Voy a ver si puedo correr

Con la mañana silbándome la espalada

O mirarme en las burbujas

Tengo que aprender a volar

Entre tanta gente de pie…

Marsela no podía creer lo que escuchaba pero estos días los sucesos fueron todos extraños y su vida estaba dando un vuelco sin saber adónde la llevaría.

…si la lluvia llega hasta aquí

Voy a limitarme a vivir…

Mojare mis alas como el árbol o el ángel

Estaba tan absorta con lo que le sucedía que casi un auto la atropello, por no mirar a su alrededor, mientras el viento se transformaba en llovizna

tengo mucho tiempo por hoy

Los relojes harán que cante…

…este día es algo de sal

Me dejo vibrando al nacer

Pesa y es liviano

Como un hilo sin nombre

Suena un poco a mi guitarra

Tengo que aprender a ser luz

Entre tanta gente detrás

Me pondré las ramas

De este sol que me espera

Para usarme como al aire…

…y es que nunca calla

Solo se desprende

Y es igual a las guirnaldas

De pronto volvió a la realidad sabiendo que su vida tenía un nuevo destino, que aun desconocía, y se dejaría llevar por el, sintió un gran alivio, al saber que todo comenzaría otra vez.

Seis meses desde aquella mañana de llovizna y viento en la avenida, con varias noches de pasión con hombres y mujeres que la llevaron hasta esa estación de servicio, la misma en que Fernando Flores comenzó el fin de su profesión. Allí tomo un cafecito y fue hasta el baño, ante la atenta miradas de los policías del patrullero. Que rápidamente abandonaron la estación cuando recibieron la orden de liberar la zona.

Lentamente con su bolsito, Marsela se interno en el bosque y de pronto se topo con dos hombres, el primero que vio le dijo

-hola soy Boris el es Félix

- hola contesto Marsela

Bienvenida a tu lugar –le dijo Boris

Interrumpiendo Félix dijo- ya esta apurémonos que falta poco.

Marsela no entendía nada pero, que era lo que entendía de los últimos meses

Bueno –comenzó Boris- veras este es un lugar muy especial y mientras lo conoces podrás elegir un lugar donde edificar tu casa.

Mi casa –interrumpió Marsela

Acaso no sabes que has llegado a tu destino le dijo secamente Félix

Boris continuo explicándole – las cosas que veras en los próximos días no deberán asustarte y ahí podrás comprender el por qué estamos aquí, Félix canturreaba entre dientes

Una casa con diez pinos

Hacia el sur hay un lugar

Ahora mismo voy hacia alla

Por que ya no puedo vivir en la ciudad

Entre humo y soledad…

Allí exclamo Marsela

Félix dejo de cantar maldiciendoce y dijo Buen lugar aunque demasiado cerca de la mía.

Marsela lo miro con esos ojitos de desconcierto

Pero bueno, hecho esta, serás mi vecina refunfuño

Boris continuo -Como te decía no te asustes y después de los próximos días entenderás todo.

Como siempre Félix fue más cortante y directo llevémosla el destino ya no puede seguir esperándola.

A la mañana siguiente el batallón de infantería de marina numero tres ingreso a la aldea encabezado por su comandante, el capitán de infantería de marina Argimiro Fernández.

Los hechos que comenzaron a suceder desconcertaban a Marsela, no podía comprender como esos hombres no podían verlos, era como si fueran invisibles y ellos pasaban por delante de los invasores, sin que estos se percataran de su presencia. hasta las plagas que atacaban a los represores los habitantes eran inmunes.

.Félix le explico lo mágico del lugar y que este era un refugio para aquellos que tenían una gran pena que no querían que nadie supiera y aquí podían convivir con gente que sobrellevaba un alma doliente. Pero a su vez el lugar protegía a los habitantes, ya que no había maldad en sus almas, y esos hombres vestidos de soldados, poseían toda la maldad que se puede imaginar, por eso la playa reacciona así defendiéndonos, Félix concluyo y si no lo sabes vos jamás saldrás de este lugar, aquí está tu destino.

Marsela se acostumbro a ese especie de escudo y así perseguía al capitán de navío Argimiro Fernández, ella fue la que salvo a los soldados Juan Pablo Abundarian y Gustavo Carlos Núñez, la noche en que consumaron su amor, al distraer al capitán.

El ultimo día de la ocupación de Argimiro, cuando dio la orden de quemar todo y la lluvia negra comenzó a caer, y los soldados iniciaron la huida.

Los habitantes se quedaron viendo el espectáculo

Mientras sonaba una música fuertísima

Hoy empiezo a ver

Con más claridad

Los que me rodean

Veo quien es quien

En quien puedo creer

Cuando parece

Que el mundo acabara

Y la tierra cede bajo mis pies

Y cuando ya nunca amanecerá

El sol sale otra ves…

Marsela comenzó a caminar muy lentamente, mas rápido luego, y finalmente a correr detrás del capitán Argimiro Fernández, que arengaba a sus infantes para que volvieran, este percibió algo, como la noche en que casi descubre a Juan Pablo Albundarain y Gustavo Carlos Núñez, pero nada vio.

Marsela se le planto mirándolo a los ojos y con todo la fuerza y furia desde el fondo de sus ovarios, dejo salir todo lo que la oprimía y al fin sentirse libre de ese odio que no la dejaría vivir .le grito aquella frase con la que hirió a su malvada abuela materna – ya no te necesito tengo abuela, y agrego hijo del mil puta

El capitán de navío Argimiro Fernández en el fondo de su cerebro oyó esas palabras, atisbo con sus inconmensurables celestes y malignos ojos pero nada hallo y por primera vez en su vida sintió pánico el mismo pánico, que cada noche sentiría en la interminable agonía en su lecho de muerte y comenzó a correr detrás de sus soldados

Lobos 11/9/07

Tomas Buendía

Esas Cartas

Krystina escribió su primera carta, diez días después de haber conocido, a aquel chico en el final de su adolescencia, decidiendo ser ella la primera en comunicarse, ante la ausencia de noticias de el, tal como lo había prometido.

Esa carta fue el comienzo de una extraña relación, tan extraña y sólida, que la marcaría el resto de sus días.

Ella empezó a enamorarse de aquel joven idealista y puro, pero le temía la inseguridad del destino espiritual, por ese entonces aun no había derribado las barreras de la incomprensión de sus propios sentimientos.

El joven un día se marcho, a pesar de la escasa distancia jamás se volvieron a cruzar, y aunque los dos más de una vez sintieron la necesidad de saber del otro, ambos fueron cobardes. Nunca se animaron, a ir en búsqueda, de lo que sin dudas hubiera sido su destino.

Cuando Krystina, no pudo mas con la ausencia comenzó a escribir cartas a su amor ausente, las atesoraba en su cuarto, pero la falta seguía desgastando su interior.

Asi fue que se dirigió al correo, comenzándolas a enviar, el destinatario era “Para vos” remitía “De mí”. El operario del correo no se la quería aceptar, pero su determinación fue tan penetrante que terminaron aceptándosela, cobrándole el importe correspondiente.

Todas las semanas escribía largas cartas, donde le contaba de su vida, de sus sentimientos, de cómo sentía que se comportaba él, para con ella, muchas veces lloraba penas, y estas manchaban las cartas.

De esta manera fue construyendo toda una vida, mas bien fue escribiéndola, a todo su entorno, le hablaba de cómo iban las relaciones con su amor desconocido (para todos) y lejano.

En el correo enviaron la primera carta, que como no podía ser de otra manera volvió a la oficina donde había sido despachada, nadie se animo devolvérsela a Krystina, asi fue redespachada varias veces, hasta que al final llego al departamento de, destinatarios inexistentes.

Allí trabajaba Jorje, un hombre extremadamente tímido, esta timidez sobre todo con el sexo opuesto, lo llevaron a una vida ermitaña y muy lejos del amor que tanto anhelaba.

Para ir matando el tiempo ocioso del trabajo, inició una exhaustiva clasificación de todas las cartas del departamento, ahí encontró las innumerables cartas de, “De mí”, le sorprendió que hubiera tantas, llego a la conclusión, este departamento casi existía por ellas.

Cuando termino de ordenar su departamento, le llego en tiempo de vacacionar, como siempre lo hizo partió solo, para seguir estando solo, como desde que recordaba lo estaba.

Sin querer, como a todos, el incierto destino lo dejo en Playa Paz, su vida se transformo, allí no sintió el frió de la soledad, pudo relacionarse con la gente, sintió que el lugar tan alocado y raro, lo desinhibió de la timidez que siempre lo apesadumbro, hasta pudo llegar estar, horas hablando con mujeres. Visito a las chicas de la callecita, y muchas arrugas crecieron mientras el relato su tortuosa y solitaria vida.

El lunes 18 de febrero volvió a sus labores cotidianas, dos cartas solo faltaban clasificar, las ordeno. Pensando en su experiencia vivida, en ese lugar al que no sabía como llego, ni sabría como llegar. Tomo la decisión de comenzar a abrir esas cartas, que jamás nadie leyó.

Supuso que esa persona estaba tan sola como él, seria bueno compartirlas, la soledad de los dos quizás se pudiera mitigar, además, decía “Para vos” y ahi no había nadie mas que él.

La lectura de esas cartas fueron debeladoras, por fin compartía la vida de alguien, cada frase de Krystina escrita para ese hombre desconocido, eran todo lo que desearía fuera escrito para si.

La lectura de veinte años de cartas, le llevo mucho tiempo, asi fue conociendo el corazón de Krystina, y esta con sus cartas fue moldeando el de Jorje.

Necesitaba conocer a esa mujer, que amaba profundamente, y no dudaba lo amaría.

Su investigación lo llevo al pueblo donde ella vivía, esperando en la vereda de la oficina del correo, la hora en que llegaría para enviar la carta.

La vio pero no pudo decirle nada, al salir ella sintió un sudor frió recorrerla, giro sobre si encontrando los ojos de Jorje, se cruzaron un breve instantes, las estanterías se les movieron a los dos.

Jorje comprendió que debía escribir, asi fue, se animo y lo hizo contestando, como si fuera aquel desconocido.

El destinatario fue “De mí”, remitía “Soy yo”.

Gran alboroto se armo en la oficina de correos del pueblo de Krystina, el día que la combi trajo, la bolsa que contenía esa carta. La primera en recibir la solitaria. Como nadie quería perder el momento en que la recibiera decidieron entregársela cuando trajera la carta semanal, el miércoles veintiuno de septiembre, a las dieciséis horas todo el personal de correos se encontraba en el hall de la dependencia, mas un puñado de curiosos, que habiéndose enterado, no querían perder este capitulo, de una de las historias, ya casi leyendas del pueblo.

Marilena le entrego la carta en mano, Krystina titubeo, hasta que vio el remitente, se sonrió, y exclamo para sorpresa de todos, que raro me la envió por el correo.

Dio media vuelta, dejando a todos pasmados, y salió como si eso fuera algo tan natural como pisar un cigarrillo.

Los mil doscientos setenta y cuatro pasos que tuvo que dar hasta llegar al cobijo de su habitación, fueron los más pesados, largos, y lentos de toda la vida, la emoción, la incertidumbre la sobrepasaban.

Abrió la carta con la exaltación de su corazón, a más de ciento treinta pulsaciones, supo desde que vio las primeras letras, que no era aquel joven perdido en los laberintos del tiempo. Pero no pudo dejar de leer con ansiedad, y releer con más calma, una y otra vez, hasta llegar a la serenidad, de las habituales sesenta y ocho intermitencias del corazón.

La intuición le decía, que el autor de esa adorable carta, era aquel hombre, de quince días atrás, en la vereda de la calle Lara ochocientos cincuenta y cuatro.

En la noche de la llegada de la primavera, Krystina se abrió como una flor, hermosamente sedosa y colorida, su cuerpo despedía un aroma embriagador, de mujer aun viva, deseosa de poder ver la cara del amor.

Como siempre, el mismo día envió una carta mas, sabiendo que ahora alguien la leería, setenta y dos horas después recibiría en su domicilio la segunda carta.

Asi se comunicaron durante ocho semanas, Jorje, ya no quería seguir con las cartas, solo quería poder verla, tocarla, oler ese aroma sensual que despedía el papel de cada carta.

En la ultima epístola, el jefe del departamento de cartas sin destino, en las que había, sin proponérselo encontrado su propio destino, le pidió verla, solo le dijo te veo en Playa Paz, si nuestro amor es tan fuerte como creemos, allí nos encontraremos, no preguntes, nadie sabe como llegar, pero ahí cambio mi vida y la tuya también, te espero en la playa, no respondas esta carta, solo sal hacia allá.

Tres días después Krystina, vio desde el médano la belleza, inconmensurable de la playa, la acaricio el suave viento marino, refrescándole el rostro, unos pasos mas allá Jorje, la esperaba con los brazos abiertos, se pegaron en largo rato, luego se desplomaron en la playa, después de unos largos instantes de silencio. Nacieron las palabras, hablaron como si fueran, y lo eran dos conocidos de toda su vida, ambos sabían la del otro, estuvieron allí en la playa sentados, tirados hasta el amanecer del día siguiente, donde los primeros rayos del sol los ilumino amándose.

Pasaron diez días en el paraíso de Playa paz, luego se fueron a vivir juntos, jamás pudieron volver a la playa, por mas que la buscaron cada año de sus vidas, ese fue el precio que tuvieron que pagar por ese amor puro, e indestructible que los unió hasta el fin.

Lobos, 3de agosto de 2006

Tomas Buendia
 

Seleste y Nito

Esa semana, Seleste se encontraba distinta, se podría decir inquieta, trataba de pasar mas tiempo de lo habitual con Nito, su apego a el la hizo hasta olvidar sus observaciones astrológicas, a pesar de haber sido una semana de cielo limpio, Félix y Boris que siempre estaban pendientes de todo lo que Seleste hacia, se percataron del cambio de sus costumbres, pero pensaron que solo era producto de su enamoramiento.

Cuando se encontraron con ella, caminado por la playa y les pregunto, como había llegado Nito a Playa Paz, si Boris fue el primero en verlo, supieron que la conducta de ella en los últimos días traía algo muy preocupante, los dos se miraron y cruzaron una de esas miradas con que se comunicaban casi telepáticamente, y sus corazones se estremecieron, al comprender que algún mal augurio inquietaba a Seleste.

Le explicaron que en realidad no sabían como Nito había llegado a la playa, que Boris no fue el primero en verlo, mas acoto Félix no sabemos como llego, solo que de pronto apareció en el bar, y ahí se quedo con sus tragos exóticos, sin saber quien fue el primero que lo vio.

Sus ojos se pusieron brillantes pero no derramaron ninguna lagrima, luego les pregunto como había sido su vida en la playa, Félix y Boris con un tono muy paternal, como siempre se dirigían hacia ella, le expresaron que Nito siempre se había tratado de mantener bastante aislado, que procuraba hacer el menor contacto con las personas, ya que se limitaba a servir sus tragos, y luego vivía el resto del tiempo lo mas aislado posible, muchas veces decía que no tenia que intervenir, ya que no era su tiempo, que no debía estar aquí y cuando se le pregunto porque no partía, decía que solo en este lugar podría vivir sin causar demasiados cambios, y realmente estaba muy feliz de poder convivir con nosotros, ya que había aprendido tanto, Seleste asintió con la cabeza y dijo

.- el siempre con esas cosas raraspensó un instante lo miro fijo a Boris y susurrando con mucha pena. Vos no fuiste el primero en verlo él sé ira.

Los viejos fundadores de la aldea, se quedaron mirando como se alejaba, con el corazón estrujado, y ellos sabían que inexorablemente el tiempo de Nito se estaba acabando, que ella jamás abandonaría la playa; después de mucho tiempo aquellos hombres curtidos por el espanto, que tuvieron un sueño y disfrutaban de el, sintieron todo el horror del dolor de alguien que les traía un nuevo aire a sus vidas.

A la noche lo fue a buscar al bar, y le dijo que durante estos días ella lo había acompañado, que ahora lo invitaba a ver las estrellas juntos, Nito ya no le podía negar nada a quien era la mujer de su vida.

Seleste fue como siempre muy didáctica, él empezó a fascinarse con las estrellas, Seleste se quedo sorprendida, que él supiera tan poco sobre ellas, él le contó que nunca las havia observado desde esta perspectiva, claro, le contesto irónicamente ella, seguro las viste de alguna nave espacial de tus series que tanto admiras, Nito hizo un silencio y luego comento uno no siempre sabe ver el mundo que tiene a su alrededor,

Entrada la madrugada, fueron hasta la casa de ella, e hicieron el amor con tanta pasión y devoción, entregándose en cuerpo y alma, sin reservas como si fuera la única oportunidad que tuvieran en sus vidas de hacerlo, quedaron tan exhaustos y durmieron entrelazados, como si el cuerpo y el alma del otro fuera continuación de la propia.

El amanecer sorprendió a Seleste sola en su cama, se vistió rápidamente, y corrió hasta el bar, el ya no estaba, sabia que se había ido para siempre, paso detrás de la barra, Y comenzó a preparar un Pescado Rabioso, encendió el equipo de música y principió el flaco cantando “vos no me dejaste nena, vos no me dejaste tampoco yo a vos “ Seleste golpeo fuertemente la barra y grito te fuiste, te fuiste, y la música le decía “ ya despiértate nena y veras lo triste y dulce que es vivir” en ese momento se quebró, agacho la cabeza y dos lagrimas cayeron sobre el trago, el pescadito de hielo salto del vaso, y pensó lo lograste, al fin salto, ahora si es un pescado rabioso, Y grito vos también saltaste te fuiste.

Félix y Boris estaban observando, se les partía el alma, pero no podían intervenir, así que se quedaron en silencio compartido su dolor.

La música le seguía dando mensajes como si Nito lo hubiera predeterminado”yo te amo tanto que no puedo despertarme sin amar y te amo tanto que…”

Ella volvió a golpear la barra se tomo el trago de una vez, mientras sentía la simiente crecer en su cuerpo y grito te fuiste y no lo sabes y otra ves pescado le respondió con su poesía, con la voz de Nito cantando sobre el disco, “cuida bien al niño, cuida bien su mente, dale el sol de enero, dale un vientre blanco, dale tibia leche de tu cuerpo, todas las hojas son del viento, ya que él la mueve hasta en la muerte, todas las hojas son del viento, menos tu luz mi sol.

Y volvió a gritar lo sabias, lo sabias, por que te fuiste, él ultimo mensaje fue para ella

Mi vos te llegara mi boca también

tal vez te debí confiar

que era el vestigio del futuro

mas si la luna enrojeciera en sed

o las impalas recorrieran tu estante

no volverías a triunfar en tu alma

yo sé que harás Largos Viajes por llegar

habrá crecido un tallo en el nogal

la luz habrá tiznado gente sin fe

esta botella se ha vaciado también

que ni los sueños se cobijan del rumor

Volvió a golpear la barra, enjugo sus lagrimas, y recobro su postura de fortaleza, miro al frente brindando y dijo nunca te hubiera permitido marcharte, pero lo entendí y estoy feliz que sepas que vas a ser padre, salud amor.

Lobos invierno de 2004

Tomas Buendía

Argimiro

El capitán Argimiro Fernández, media un metro ochenta y ocho, cabello entrecano, rebeldemente ondulado a pesar del uso intensivo de fijadores, en el rostro su rictus se encontraba tan marcado, que infundía temor. La piel rosada permitía el contraste de los capilares marchándose en sus pómulos en sus pómulos, la nariz prominente y ampulosa, coronada por los ojos profundamente celestes. Le daban un porte de caballero ingles que heredo de un lejano antepasado.

En su época de esplendor comandaba el batallón de infantería de marina Nº 3, combatiendo a los subversivos en el gran La Plata.

La meticulosidad de su tarea de desapariciones provocaba envidia y admiración, ya que con un pequeño batallón, había eliminado más enemigos que el regimiento 7 de infantería de la plata, la bonaerense y otros grupos de tareas.

Además su trabajo fue tan limpio, que jamás dejo cabos sueltos, desapareciendo hasta los testigos de sus aberrantes delitos. Años mas tarde cuando se enjuiciaron a los responsables de la represión, nunca nadie pudo comprobar que los hombres bajo sus ordenes, siquiera hubieran insultado a algún civil, en los círculos castrenses se los conocía en esa época como “los angelitos”

Cuando le llego el tiempo del ascenso, y debido a su gran labor se le permitiría elegir el destino que quisiera, el se negó sistemáticamente cada año, debido a que su tarea de limpieza del mal aun no había concluido.

A sus oídos llegaron noticias, de un lugar en la costa, donde hipíes, homosexuales y subversivos, todos ellos ateos. Se refugiaban y les servia de base para iniciar nuevas operaciones, sus superiores se sorprendieron, el lugar era un mito, que habría salido de algún mentidero de las fuerzas disidentes, para distraer la capacidad operativa, ya que por mas de dos años el sitio fue buscado y jamás encontrado.

El capitán contaba que tenia información veraz, hasta mostró fotografías del lugar, nadie pudo negarle la misión.

Así emprendió el viaje en busca, de su misión mas osada, encontrar el santuario bolchevique y exterminarlo. Disfrutaba imaginando entrar en el lugar, atraparlos desprevenidos, y torturar uno a uno a los que se refugiaban ahí y a los que llegarían, sentía que este era la cima de su cruzada contra el mal.

El 23 de marzo forma a sus hombres, comenzó a caminar delante de sus subalternos con las manos tomadas detrás de la cintura, haciendo resonar los tacones de sus botas en la tierra compactada de la cancha de fútbol, que oficiaba de plaza de armas, desde el interior del comedor se escuchaban las palabras de su arenga cargadas de metáforas sobre el bien y el mal.

Con su poderosa voz de mando, les decía que irían a la costa, en busca de una ciudad oculta que oficiaba de base para guerrilleros, hipíes, putos, llena de chilenos y judíos, todos ellos ateos y apatridas, cuya misión era seguir contaminando nuestra sociedad cristiana y justa, este no era un operativo mas, esta era una verdadera cruzada como las de la edad media, por eso el nombre clave de la operación era la quinta cruzada.

Hoy emprendemos la misión más peligrosa de todas, volveremos a poner en juego nuestras vidas y tendremos éxito, o moriremos intentándolo, de nuestro lado esta nuestro señor, fuente de toda justicia, la victoria será nuestra, y como todos nuestros actos se lo ofrendaremos a Dios.

Después de tres días de marcha sobre medanos, bosques de coniferas y arbustos, con el sol sobre sus cabezas que los cocinaba, y una nube de mosquitos persiguiéndolos día y noche.

Llegaron a la pequeña aldea, ante los estupefactos ojos de todos los que acompañaban a Argimiro, ya que nadie creyó que el lugar existía, y solo era una locura en la mente del capitán.

Todos vieron el caserío con diferentes miradas, pero a nadie le gusto, sintieron un sudor frío recorrerle el cuerpo, como si la daga de la muerte rondara sus almas.

El sol caía sobre el mar, produciendo un reflejo lúgubre sobre las casas, las gaviotas revoloteando, reflejaban fantasmales gigantes alados, todos sintieron una gran desazón, hasta el capitán Argimiro Fernández resoplo de bronca y estupor, un lugar tan tétrico solo lo pueden habitar estos desalmados adoradores del averno, murmuro por lo bajo para sí, pero sus palabras fueron oídas por toda la tropa en el silencio sepulcral que los rodeaba.

Solo los soldados Juan Pedro Albundarain y Gustavo Carlos Núñez pudieron apreciar la belleza del lugar, sintieron una gran placidez como jamás en sus vidas, esa noche armaron su carpa juntos, por primera vez desde que se conocían hicieron el amor, dejándose llevar por el entorno paradisíaco de la playa, poniendo en riego sus vidas si llegaban a ser descubiertos, esa relación nacida en la cuadra del batallón, consumada la noche del arribo a la aldea, fue el inicio de un amor que jamás terminaría.

Los días siguientes fueron cada ves peores, para el otrora exitoso capitán del exterminio y sus tropas especiales, a pesar de un operativo exhaustivo de rastrillaje, nunca pudieron encontrar a algún habitante, aunque todos los indicios decían que allí habían estado hasta segundos antes de su arribo.

Comenzó a desmontar el monte, para generar claros y los árboles se reproducían en forma inexplicable y veloz, las comunicaciones se habían cortado con el mundo exterior, oscurecía de mañana, a la madrugada salía el sol, por el norte o el sur, a pleno día la niebla amarilla, verdosa y hedionda venia del mar, los hombres estaban aterrados, pero el capitán les decía simplemente, que este era en centro del mal en la tierra, el demonio nos quiere desbastar con ilusiones, extrayendo de su pecho un crucifijo de oro antiquísimo les dijo _ desde hace mas de mil años este crucifijo ha acompañado a mi familia en la lucha contra el mal, jamás fue vencido, con el y nuestra profunda fe, destruiremos al Belcebú y sus insignificantes ilusiones, resistan pronto No tendrá mas artilugios de mago barato.

Los días siguientes las cosas fueron empeorando, a los mosquitos, escarabajos, arañas, víboras, vientos neblinas y amaneceres a cualquier hora que no dejaban dormir a nadie, se le agrego la falta de agua y comestibles.

Solo los soldados Albundarain y Núñez eran inmunes a esos ataques, existía una lógica explicación en la defensa mágica que tenia la playa, el resto de los componentes del batallón, tenía sus manos manchadas de sangre, todos a excepción de los recién incorporados Juan y Gustavo, habían participado en la desaparición y tortura de alguien, así el capitán Argimiro Fernández involucraba a cada hombre a su cargo, lo que ellos estaban viviendo simplemente era una parte del horror causado a tantos inocentes.

La playa siempre tubo sus defensas, los soldados Albundarian y Núñez pagarían caro el haberla encontrado de la mano de Argimiro, ya que jamás volverían a mojar sus pies en las aguas del lugar donde encontraron su amor eterno.

La moral de la tropa estaba en un estado insostenible, aquellos que fueron enviados en busca de refuerzos, aparecían cada amanecer por el lugar donde habían llegado, con los árboles creciendo a sus espaldas.

El capitán reunió a su tropa totalmente desalineada en su vestimenta, famélica, sedienta, con los ojos desorbitados y colorados, comenzó a caminar delante de ellos, su furia era tal que hacia sonar los tacones en la fina arena de la playa, el rechinar de sus dientes era ensordecedor, dio la orden de quemar el caserío e incendiar el bosque, y abandonar el lugar, el mismo tomo un bidón de nafta, roció su cuartel general, situado en el bar de Boris, al encender el fósforo comenzó a caer una torrencial lluvia negra y pegajosa, impidiendo absolutamente que algo tomara combustión, este ultimo hecho desbando por completo a la tropa, que se retiro en tropel hacia cualquier dirección, mientras las palabras de Argimiro resonaban­ – el infante no huye el infante no huye.

Días después cuando, Argimiro se presento exhausto y mugriento, frente a los tres comandantes asesinos, explicándoles que habiendo encontrado el mítico lugar en q se refugiaban los esbirros de la a subversión, y al que todos se referían como inexistente, exigía mas apoyo para borrarlos del mapa, los jefes sucumbieron ante la verborragia exterminadora de Fernández, dando el apoyo de las tres fuerzas.

Las tropas del ejército jamás encontraron rastro alguno de las señales dejadas por la incursión del capitán.

Ningún avión aun volando al ras de la arena o de las plantas encontró rastros de la ciudad.

Ni siquiera de los barcos se avistaba la playa.

Argimiro y toda su dotación cayo en desgracia, nunca se recuperaron, siempre cada noche volvían a vivir lo vivido en la aldea, nunca tuvieron paz, como no la tuvieron aquellos que ellos desaparecieron.

Tomas Buendía

Lobos 14 de mayo de 2005