“No hay en el mundo ni comienzo ni fin. Todo es y no es a la vez. Los procesos cósmicos forman una cadena ininterrumpida que no se desarrolla en línea recta sino que describe un círculo cerrado y se repite periódicamente… Todo es uno; nada es estable, pues todo deviene, se forma, se transforma y cambia constantemente. Todo es y no es a la vez”. Heráclito

1922

Las Malas Compañías – Serrat – Amigos Virtuales –

Mis amigos son unos atorrantes
se exhiben sin pudor, beben a morro,
se pasan las consignas por el forro
y se mofan de cuestiones importantes.

Mis amigos son unos sinvergüenzas
que palpan a las damas el trasero,
que hacen en los lavabos agujeros
y les echan a patadas de las fiestas.

Mis amigos son unos desahogados
que orinan a mitad d la vereda,
contestan sin que nadie les pregunte
y juegan a los chinos sin monedas.

Mi santa madre
me lo decía
cuidate mucho Juanito,
de las malas compañías.

Por eso es que a mis amigos
los mido con vara rasa
y los tengo muy escogidos,
son lo mejor de cada casa.

Mis amigos son unos malhechores
convictos de atrapar sueños al vuelo
que aplauden cuando el sol se trepa al cielo
y me abren su Corazón como las flores.

Mis amigos son sueños imprevistos
que buscan sus piedras filosofales,
rodando por sórdidos arrabales
donde bajan los Dioses sin ser vistos.

Mis amigos son gente cumplidora
que acuden cuando saben que yo espero.
si les roza la muerte disimulan,
para ellos la amistad es lo primero.

José Saramago- Su último post en su blog -

Ni leyes, ni justicia

Por José Saramago

En Portugal, en la aldea medieval de Monsaraz, hay un fresco alegórico de finales del siglo XV que representa al Buen Juez y al Mal Juez, el primero con una expresión grave y digna en el rostro y sosteniendo en la mano la recta vara de la justicia, el segundo con dos caras y la vara de la justicia quebrada. Por no se sabe qué razones, estas pinturas estuvieron escondidas tras un tabique de ladrillos durante siglos y solo en 1958 pudieron ver la luz del día y ser apreciadas por los amantes del arte y de la justicia. De la justicia, digo bien, porque la lección cívica que esas antiguas figuras nos transmiten es clara e ilustrativa. Hay jueces buenos y justos a quienes se agradece que existan, hay otros que, proclamándose a sí mismos justos, de buenos tienen poco, y, finalmente, además de injustos, no son, dicho con otras palabras, a la luz de los más simples criterios éticos, buena gente. Nunca hubo una edad de oro para la justicia.

Hoy, ni oro, ni plata, vivemos en tiempos de plomo. Que lo diga el juez Baltasar Garzón que, víctima del despecho de algunos de sus pares demasiado complacientes con el fascismo que perdura tras el nombre de la Falange Española y de sus acólitos, vive bajo la amenaza de una inhabilitación de entre doce y dieciséis años que liquidaría definitivamente su carrera de magistrado. El mismo Baltasar Garzón que, no siendo deportista de elite, no siendo ciclista ni jugador de fútbol o tenista, hizo universalmente conocido y respetado el nombre de España. El mismo Baltasar Garzón que hizo nacer en la conciencia de los españoles la necesidad de una Ley de la Memoria Histórica y que, a su abrigo, pretendió investigar no sólo los crímenes del franquismo sino los de las otras partes del conflicto. El mismo corajoso y honesto Baltasar Garzón que se atrevió a procesar a Augusto Pinochet, dándole a la justicia de países como Argentina y Chile un ejemplo de dignidad que luego sería continuado. Se invoca en España la Ley de Amnistía para justificar la persecución a Baltasar Garzón, pero, según mi opinión de ciudadano común, la Ley de Amnistía fue una manera hipócrita de intentar pasar página, equiparando a las víctimas con sus verdugos, en nombre de un igualmente hipócrita perdón general. Pero la página, al contrario de lo que piensan los enemigos de Baltasar Garzón, no se dejará pasar. Faltando Baltasar Garzón, suponiendo que se llegue a ese punto, será la conciencia de la parte más sana de la sociedad española la que exigirá la revocación de la Ley de Amnistía y que prosigan las investigaciones que permitirán poner la verdad en el lugar donde estaba faltando. No con leyes que son viciosamente despreciadas y mal interpretadas, no con una justicia que es ofendida todos los días. El destino del juez Baltasar Garzón está en las manos del pueblo español, no de los malos jueces que un anónimo pintor portugués retrató en el siglo XV.

Esta entrada fue publicada el a las Febrero 13, 2010 y está archivada bajo las categorías El cuaderno de Saramago.

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Ser o No Ser – Hamlet – Shakespeare -Monólogo

Ser o no ser, esa es la cuestión. ¿Qué es más noble para el alma sufrir los golpes y las flechas de la injusta fortuna o tomar las armas contra un mar de adversidades y oponiéndose a ella, encontrar el fin? Morir, dormir… nada más; y con un sueño poder decir que acabamos con el sufrimiento del corazón y los mil choques que por naturaleza son herencia de la carne… Es un final piadosamente deseable. Morir, dormir, dormir… quizá soñar. Ahí está la dificultad. Ya que en ese sueño de muerte, los sueños que pueden venir cuando nos hayamos despojado de la confusión de esta vida mortal, nos hace frenar el impulso. Ahí está el respeto que hace de tan larga vida una calamidad. Pues quien soportaría los latigazos y los insultos del tiempo, la injusticia del opresor, el desprecio del orgulloso, el dolor penetrante de un amor despreciado, la tardanza de la ley, la insolencia del poder, y los insultos que el mérito paciente recibe del indigno cuando él mismo podría desquitarse de ellos con un puñal. Quejarse y sudar bajo una vida cansada, por el temor a algo después de la muerte – El país sin descubrir de cuya frontera ningún viajero vuelve- aturde la voluntad y nos hace soportar los males que sentimos en vez de volar a otros que desconocemos. La conciencia nos hace cobardes a todos. Y así el nativo color de la resolución enferma por el hechizo pálido del pensamiento y empresas de gran importancia y peso con lo que a esto se refiere, sus corrientes se desbordan y pierden el nombre de acción.

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Mercedes Sosa y Pablo Milanés – El tiempo, el implacable, el que pasó.

El tiempo, el implacable, el que pasó
siempre una huella triste nos dejó,
qué violento cimiento se forjó
llevaremos sus marcas imborrables.

Aferrarse a las cosas detenidas
es ausentarse un poco de la vida.
La vida que es tan corta al parecer
cuando se han hecho cosas sin querer.

En este breve ciclo en que pasamos
cada paso se dá porque se siente.
Al hacer un recuento ya nos vamos
y la vida pasó sin darnos cuenta.

Cada paso anterior deja una huella
que lejos de borrarse se incorpora
a tu saco tan lleno de recuerdos
que cuando menos se imagina afloran.

Porque el tiempo, el implacable, el que pasó
siempre una huella triste
nos dejó.

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Me des-pisté . Me salí de pista

Alguien me  dijo :

-Me des-pisté , a veces uno se des-pista  ¿no?, ¿qué se le va a hacer?

No viene al caso contar por qué lo dijo.

No hablaba de ir por la ruta y despistarse, obvio.

Hablaba de un hecho cotidiano en el que por ocuparse de otra cosa,  olvidó lo más importante y se des-pistó, y terminó maltrecha.

Separo la palabra a propósito,  para marcar lo de la pista, camino o sendero, por el que  transitamos en nuestras vidas.

Con la única diferencia para mí, de que cuando uno sale del camino,  tal vez no se dé mucha cuenta de lo que le sucede en esa “salida”, en la salida de la senda marcada o trazada por uno mismo o por el destino o por vaya uno a saber qué o quién.

Porque estamos habituados a modificar el rumbo, a ir por otras calles cuando están cerrados los caminos, o bifurcados y tomamos un sendero que no sabíamos que tomaríamos.

Con el tiempo he oído decir y  me he escuchado a mí misma: -mirá cómo vine a parar al día de hoy, quién lo hubiera dicho!

Pero hay otros hechos en los que cuando uno se sale de la pista, lo dejan como cuando un auto choca.

No es lo mismo cuando uno se des-pista.

¿Qué pasa  cuando uno se des-pista?

Qué nos pasa?

¿Cuáles son los daños?

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