UN PAÍS INVIABLE
Quienes hemos alentado por largo tiempo la esperanza de habitar un país mejor, deberemos ir resignado esa ilusión para aceptar que estamos condenados a la mediocridad y no al éxito, tal como sostenía Duhalde tiempo atrás, creo que tomando a su vez palabras de un brasileño.
El presente nos muestra un país desalentado, que deja pasar, una vez más, el tren de la historia. Con gobernantes que lejos están de constituirse en ejemplos morales para la población, ávidos de poder, con una visión autista de la realidad, desdeñosos del pluralismo político, secundados por legisladores que privilegian, por sobre la razón y la justicia, el meneado verticalismo tan caro a los justicialistas. Con una oposición fracturada que sigue privilegiando las pequeñas ambiciones personales por sobre el interés general y la salvación del país. Así, una vez más, el panorama futuro argentino se muestra como una gigantesca frustración.
La nuestra es una nación en donde conviven paradójicamente dos tendencias absolutamente opuestas. Por un lado, una clara tendencia al autoritarismo político, también propio de la naturaleza del peronismo y, por el otro, un libertinaje por el que cualquiera corta una ruta, o decreta un paro, o sitia una fábrica con total impunidad, entorpeciendo el ya de por sí complicado funcionamiento del país.
A lo anterior, deberíamos sumarle la galopante inseguridad que nos aqueja sin distinción de clases, y que nadie es capaz de combatir adecuadamente, ya sea por impericia, por indolencia o por intencionada omisión. Estamos enredados en un estéril debate sobre la edad de imputabilidad de los menores, en la que se teoriza sobre difusas causales del delito que justifican que esos menores delincuentes no sean responsables de sus fechorías, mientras que inocentes ciudadanos se siguen sumando a la triste estadística de víctimas. A los familiares de estas, esa vacía retórica no le sirve de consuelo. No se dan cuenta de que es hora de actuar con decisión para detener esa nefasta ola que amenaza cubrirnos a todos, mientras se adoptan las medidas de fondo necesarias.
Sin embargo, nada es casualidad. Todo es el resultado de una país cuya ciudadanía hace de la democracia una caricatura; un país constituido por numerosos sectores que defienden sus propios intereses, en continuo conflicto con los restantes. No existe un pensamiento aglutinador que sobrevuele al conjunto y que dé sustento a una auténtica idea de nación.
Nunca más acertada esa afirmación que dice que los habitantes de las naciones tienen lo gobiernos que se les parecen.
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Por ROBERTO ENRIQUE FERNANDEZ PRADA (www.losgomez.com.ar)
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Lamentablemente los políticos y dirigentes en general sólo están pensando en la próxima elección. El futuro no es problema de esta gestión. Sin políticas de estado, sin proyectos a mediano y largo plazo; con discusiones vanas y sin sustento, lo único que se muestra como logro son espejitos de colores. Y el resto de la sociedad no es ajena a este mamarracho que somos como país.
Te invito a compartir mi blog; si sumamos fuerzas, ya podemos ser dos, quizá con el tiempo logremos algun cambio.
http://www.blogs.clarin.com/ricardob