Piñera ahora admite que la reconstrucción de Chile no será posible en 60 días

Advirtió que volver a la normalidad “toma tiempo” y que “no ocurrirá de la noche a la mañana”. Lo dijo en un recorrido por una de las zonas más afectadas, tras haber prometido el sábado resultados en dos meses.

Mientras una encuesta le otorga el 61% de aprobación apenas tres días después de haber asumido, el flamante presidente chileno Sebastián Piñera destacó ayer que la reconstrucción de su país no será inmediata. “Quiero ser serio y responsable: la reconstrucción toma tiempo. No va a volver la normalidad de la noche a la mañana”, declaró Piñera en Iloca, una de las localidades más afectadas por el terremoto y maremoto del pasado 27 de febrero.

Durante un recorrido por la dañada región del Maule, Piñera pareció querer combinar optimismo con realismo. “Por supuesto que vamos a priorizar las cosas más importantes: restablecer el suministro de energía eléctrica y de agua potable va a tomar ciertos días, estamos muy cerca de lograrlo”, dijo el mandatario, quien, el sábado desde la castigada Talcahuano, había prometido resultados en sólo 60 días.

Piñera inauguró ayer en Iloca una escuela modular provisional para que 150 niños puedan regresar este lunes a clases. En un mes y medio, dijo, va a haber comenzado el ciclo lectivo en todo el país gracias a estas construcciones provisionales, que devolverán la escuela a más de un millón de chicos.

Entretanto, una nueva encuesta publicada ayer por El Mercurio señala que tres de cada cuatro o el 73% de los chilenos cree que Piñera será igual o mejor presidente que su antecesora, la socialista Michelle Bachelet, quien a su vez culminó su mandato el jueves con una aprobación histórica de casi el 85%. Según el mismo sondeo, de la consultora Opina, el 47% de los encuestados cree que la administración Piñera será mejor que la de Bachelet y el 26,3% cree que será igual.

“Como él puso el acento en la gestión y planteó el sentido de la urgencia, habrá una brecha entre las expectativas y los resultados, y esto puede generar tensión”, explicó a Clarín Claudio Fuentes, director del Instituto de Investigaciones en Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales.

¿Por qué?

En primer lugar, porque en general la élite política y la gente de Santiago no se dió cuenta de la magnitud de la crisis, recién se está evaluando. En segundo lugar, por el perfil de los (funcionarios y ministros) designados, que vienen del sector privado y tienen poca experiencia en la administración pública. Los problemas de los gobiernos y de las empresas son distintos, hay que conocer la lógica burocrática, el tipo de funcionarios, la capacidad institucional que es mucho más baja en regiones que en la región metropolitana.

Según Fuentes, Piñera tendrá que aprovechar los próximos meses, hasta el Mundial de Fútbol, para instalarse, hacer entrega directa de ayuda porque si en julio o agosto se empiezan a ver tragedias humanas esto “tendrá un gran costo”. El nuevo gobierno, no obstante, se manifiesta positivo en cuanto a las expectativas de crecimiento de la economía y su capacidad para superar los daños provocados por el terremoto, calculados en unos 30 mil millones de dólares.

“Habrá malas cifras de actividad en marzo y abril, y también malas cifras de empleo en las zonas afectadas”, declaró el ministro de Economía, Juan Andrés Fontaine, en una entrevista con La Tercera. Sin embargo, a partir del segundo semestre, la economía emprenderá la recuperación “a una velocidad mayor que la prevista antes del terremoto” y también “un crecimiento más rápido en 2011″, predijo.

Piñera anunció que la reconstrucción se hará en base a los recursos del Estado (lo ahorrado en tiempos de “vacas gordas”), al crédito internacional y a una nueva ley de donaciones, una convocatoria que el empresariado recogió positivamente. “Nadie discute una reforma impositiva, no se aumentarán los impuestos a las empresas y toda la agenda conflictiva que se tenía, como la flexibilidad laboral y la negociación colectiva se olvidó”, explicó a Clarín el politólogo Claudio Fuentes, de la UDP. “Parece muy cómodo para los intereses del empresariado”, concluyó.

Por Araceli Viceconte

Vivíamos en un país de mentira

Siguen y prosiguen las réplicas del terremoto que asoló a Chile el 27 de febrero recién pasado. Llamo a mi cuñada en Santiago y ella interrumpe súbitamente nuestra conversación. Está temblando, está temblando, dice, y así sucede con el país mismo, preso en una tembladera inacabable.

Quizás la mayor réplica, sin embargo, sea en el campo político. Después de todo, hace menos de sesenta días atrás hubo otro terremoto, de otro signo, cuando una mayoría de mis compatriotas eligió como presidente al billonario derechista Sebastián Piñera. Fue un rechazo contundente de la Concertación, la coalición de centroizquierda que había derrotado a su vez al general Augusto Pinochet, llevando a cabo una transición exitosa y registrando avances económicos y sociales significativos durante sus veinte anos en el poder.

La victoria de Piñera planteaba una multitud de dudas acerca del futuro. ¿Estábamos presenciando un realineamiento político permanente o acaso Michelle Bachelet que deja la Presidencia con una inusitada aprobación ciudadana que supera el 80%, habrá de ganar los comicios en cuatro años más? ¿Continuaría Piñera, que fue un tibio opositor a Pinochet, la acción a favor de derechos humanos de la era post-dictadura o favorecerá a sus aliados conservadores, contaminados por su complicidad en tantas desapariciones y torturas y exilios? ¿Era capaz Piñera de ser fiel a su promesa de expandir los planes sociales de la Concertación y simultáneamente acentuar un modelo neoliberal económico que ha sido responsable del creciente e infamante abismo entre ricos y pobres que hacen de Chile uno de los países menos equitativos en el mundo?

Todas estas preguntas han sido enturbiadas por el sismo que ha causado daños que se estiman de unos treinta mil millones de dólares. El nuevo presidente hereda un país traumatizado, atónito de muertos y heridos y desamparados, y se lo va a juzgar de acuerdo a cómo lleve a cabo la tarea urgente de la reconstrucción.

Lo espera un sinnúmero de retos y trastornos. El terremoto no sólo descuartizó el suelo de Chile, no sólo inundó pueblos enteros con su marejada letal. También reveló hondas fisuras y desgarros en el tejido social y ético de Chile, el persistente tsunami de la penuria, la precariedad cosmética de la modernización de que el país se ha ufanado durante las últimas décadas. Cuando el gobierno de Bachelet inicialmente declaró después del cataclismo que no requería asistencia extranjera, se adujo razonablemente de que primero era necesario calibrar la magnitud del desastre; pero por debajo era posible vislumbrar otro tipo de mensaje: No nos confundan con Haití. Podemos recuperarnos solos.

La pesadilla del terremoto alertó a los chilenos a una cara disímil en el espejo, forzándonos a reconocer que hemos estado viviendo en un país de mentira, un país de simulacro forjado a partir de ilusiones de excesiva grandeza. ¡Nos creíamos tan desarrollados! Hasta el punto de que, hace más de veinte años, Joaquín Lavin, el entrante Ministro de Educación de Piñera, proclamó en un famoso ensayo, “Adiós, América Latina”, que estábamos al borde de unirnos a Australia y a los tigres del Sudeste asiático, listos para convertirnos en miembros del Primer Mundo y renunciar a nuestro “atrasado” continente.

En tal contexto, esta catástrofe puede bien leerse como una llamada de atención y alarma para Chile: ¡Hola, América Latina! O tal vez nos encontramos ante una prueba a que nos somete la misma Madre Tierra, un desafío que nos pide explorar las fuentes más profundas de nuestra identidad desplazada y confusa. Si es así, el nuevo presidente podría posiblemente encontrar modelos para la acción futura en la historia de Chile, algo que podría imitar y también, por ahí, algún ejemplo que sería mejor que evitase.

El presidente Pedro Aguirre Cerda utilizó la hecatombe de 1939 y sus treinta mil muertos como un acicate para negociar y promulgar leyes que trajeron a una población expoliada desde hace siglos una serie de medidas imprescindibles para su bienestar y desarrollo: la seguridad social, inversiones formidables en la educación y el primer Sistema Nacional de Salud (creado nada menos que por el joven Ministro Salvador Allende).

O está el caso más indecoroso del presidente Pedro Montt que tuvo que enfrentar, aún antes de su inauguración, el atroz terremoto de Valparaíso de 1906. Los jóvenes de la patria se lanzaron al rescate de las víctimas y recibieron una lección acerca del verdadero Chile, el Chile ignominioso que se escondía debajo de la costra y el espejismo de la prosperidad y “civilización” vigentes, el Chile que Montt y tantos otros de la elite privilegiada prefirieron reprimir, en todos los sentidos de esta última palabra.

El insigne historiador Gabriel Salazar cuenta que, unos meses más tarde, cuando los estudiantes retornaron a Santiago, el gobierno les organizó un homenaje en el Teatro Municipal. Los muchachos, en vez de portarse “bien”, abuchearon ruidosamente a la caterva de complacientes oligarcas allá reunidos. Fue tal su rechazo a la hipocresía del estatus quo que los jóvenes díscolos abandonaron el recinto y terminaron constituyendo ese día la FECH (Federación de Estudiantes de Chile), una organización que a partir de ese momento se caracterizó por su lucha contra el abuso y la miseria. (Y de nuevo, se nos aparece la sombra de Salvador Allende, que fue Vice-Presidente de la Fech en 1930).

Quiero creer que esos jóvenes de 1906 están llamando desde más allá de la muerte a sus lejanos descendientes, los estudiantes del 2010 que de nuevo se han precipitado a las calles para conseguir ropa y víveres y que se encaminan en caravanas multitudinarias hacia el Sur del país para auxiliar a los damnificados.

Quiero creer que la juventud de ayer y de hoy están y estarán exigiendo y anticipando un Chile diferente, un Chile de igualdad y justicia para todos, un Chile que se mide, no por las ganancias de los más ricos sino por el modo en que trata a sus ciudadanos más marginados y sufrientes. Espero que sea un mensaje que nuestro nuevo presidente sabrá también atender, abriendo su corazón y su conciencia a la historia verdadera de nuestra tierra arrasada.

Por Ariel Dorfman (*)
(*) Su último libro es la novela “Americanos: Los Pasos de Murieta”.

El Chile de Piñera: peligros y desafíos de un nuevo liderazgo

Un millón y medio de chicos sin escuelas, decenas de hospitales fuera de servicio y 300 mil viviendas inutilizadas son algunas de las preocupaciones inminentes. La gran pregunta es si este escenario le permitirá hacer un gobierno exitoso.

Reconstrucción, refundación o restauración. Esas son las palabras del momento, cuando el presidente Sebastián Piñera acaba de iniciar su mandato de cuatro años con el objetivo de levantar Chile después del terremoto y el tsunami del 27 de febrero que devastaron el centro y sur del país, donde está asentado lo que algunos llaman el “músculo productivo”. Hasta diez días antes de asumir, el exitoso e influyente empresario Piñera -una de las mayores fortunas del país- llegaba al poder con ambiciones de elevar el PBI de los chilenos hasta el umbral de países europeos. Contaba para eso con los 20 años de gobiernos de la Concertación, que le dejaban un país moderno en términos de infraestructura, con gran crecimiento -aunque asombrosamente desigual en el reparto- y una red de protección social que él se había comprometido a extender hacia la clase media. Ahora, ante la evidencia de pérdidas de todo tipo y la crisis que dejó emerger el lado oscuro del modelo económico chileno, el nuevo presidente admite que su país “definitivamente, es más pobre que antes”. En lo inmediato no habrá sofisticación en la agenda sino cuestiones fundamentales para resolver: vivienda, salud, educación y trabajo.

Un millón y medio de chicos aún no pudieron empezar las clases porque las escuelas se vinieron abajo. Unas 300.000 casas quedaron absolutamente inutilizadas. Decenas de hospitales dejaron de funcionar luego de la catástrofe y un gran número de chilenos se quedó en la calle porque su fuente de ingresos dejó de existir. Ejecutivo y pragmático, Piñera ya anunció un plan de austeridad, la disponibilidad de los ahorros y un mesurado pedido de créditos para paliar las pérdidas, que estimó en unos 30 mil millones de dólares. Ahora, ¿el nuevo escenario perjudica o beneficia sus posibilidades de hacer un gobierno exitoso?

“Este es el escenario ideal en muchos sentidos”, respondió a este diario el analista político Ascanio Cavallo. “A Piñera lo esperaba un gobierno sin una épica nacional, sin grandes conflictos ni crisis, un gobierno más. Al resultar electo, él había hecho una convocatoria a la unidad nacional que resultaba de lo más ridícula y su programa de gobierno era muy pobre. Todo cambió con el terremoto, se hizo urgente el problema de la unidad, se le creó un objetivo y una épica. Ya hay evidencias de que el terremoto es su principal agenda, y va a tratar de extenderla lo más que pueda”, una buena manera también, dice, de frenar los embates de la oposición.

Para la socióloga Marta Lagos, directora de Latinobarómetro, “Piñera llegó para quedarse y esta es su oportunidad. Si no lo consigue, es porque el choque de intereses entre su lugar como empresario y la función pública termina siendo más fuerte”. Lagos asocia este momento de Chile con el terremoto de Chillán, en 1939, al año siguiente de que los radicales llegaran al poder. Según recordó Lagos a este diario, la catástrofe les dio el espacio para “refundar y redibujar Chile y se quedaron 10 años”.

Pero no todos ven este escenario de desolación como el terreno propicio para que Piñera ponga en marcha su manual de pragmatismo y eficiencia con éxito. Es el caso de Carlos Peña, rector de la Universidad Diego Portales, que no cree que el país esté “en presencia de una encrucijada histórica que podamos recordar en 40 años más como un punto donde se inició algo que antes no existía. Lo más probable es que el de Piñera sea un gobierno de reconstrucción en sentido estricto, es decir que veamos los grandes puentes erigirse de nuevo, las caletas retomar su antigua fisonomía, etc.”

Según Ascanio Cavallo, para garantizarse el lugar en la Historia, es imperioso que Piñera consiga “una combinación de éxitos urgentes, sobre todo en rubros como salud, educación y vivienda”. Y señala un detalle, que muestra hasta qué punto el presidente busca capitalizar el momento, para conseguir respaldo legislativo y popular. La empresa que hizo el estudio de lo que podría costar la reconstrucción estimó las pérdidas en entre 20 y 30 mil millones de dólares, y Piñera mencionó este último número, lo que demuestra que “está eligiendo el camino de dramatizar”, en función de la épica.

Por ahora, las encuestas dicen que aunque hay esperanza entre los ciudadanos, se percibe también cierta desconfianza en los nombramientos que hizo el presidente. Eligió poquísimas figuras políticas y se inclinó, en cambio, por exitosos empresarios, algunos muy cuestionados antes pero mucho más ahora por provenir de rubros desprestigiados como la industria de la construcción. “Un gobierno de gerentes”, ironizan los más críticos.

Por Hinde Pomeraniec

A puro rock, una multitud juntó comida y ropa para ayudar a Chile

 

 

Unas 100.000 personas fueron al megafestival a beneficio de las victimas. “No están solos”, dijo Ricardo Darín al abrir la fiesta. Cantaron Gieco, Cerati y muchos otros.

 

MAGNETISMO. Gieco y su banda, con toda la fuerza.

MAGNETISMO. Gieco y su banda, con toda la fuerza.

Con bolsas que cargaban botellas de agua, leche, ropa, pañales y medicamentos, grupos de amigos, papás con sus chicos y familias enteras lograron emocionar y emocionarse. El festival para ayudar a las víctimas del terremoto en Chile reunió 60.000 kilos de donaciones, que llenaron varios camiones. Los voluntarios no dieron abasto para recibir las colaboraciones de las más de 100.000 personas estimadas por los organizadores que ayer a la tarde coparon el predio de Figueroa Alcorta y La Pampa. El público disfrutó cuatro horas de pura música con León Gieco, Gustavo Santaolalla, Gustavo Cerati, Andrés y Javier Calamaro, Pedro Aznar, D-Mente, Raúl Porchetto, Mariana Baraj, Hilda Lizarazu y Los Cadillacs.

El festival “Argentina abraza a Chile”, convocado por la Red Solidaria y auspiciado entre otros por Clarín, arrancó poco antes de las cinco, con un breve discurso de Ricardo Darín: “No están solos, no los vamos a abandonar”, dijo el actor. Y empezaron a tocar Gieco y Santaolalla, con “Pensar en nada”. Hubo quienes aprovecharon al máximo la tarde soleada, desplegaron lonitas en el pasto y armaron rondas de mate. Los que se apiñaron cerca del escenario, estuvieron a full con las camaritas de sus celulares. No faltaron las banderas chilenas y argentinas. Y la ayuda que pasó de mano en mano: Diego llevaba leche larga vida; Silvana dos bolsas de ropa; Magdalena un bidón de agua, Ana un bolsón de paquetes de fideos…

Y llegó Cerati que, sin dejar de mencionar que en Chile nacieron sus hijos, compartió dos temas –”Crimen perfecto” y “Trátame suavemente”– con Calamaro. Después fue el turno de Pedro Aznar y nuevamente el agradecimiento de Darín y de Juan Carr, de la Red Solidaria: “Hasta ahora (las 18) reunimos comida para 20 meses para los 180 chicos de una escuela de Concepción que queremos reconstruir”, dijo. Volvieron los temas de Gieco que compartió con D-Mente –le dedicaron “Cinco siglos igual” a Evo Morales–. Y también cantó con Raúl Porchetto.

El recital solidario también fue una oportunidad para que los argentinos le escriban mensajes de amor y solidaridad al pueblo chileno. Fue una iniciativa de Cultura de la Ciudad: un grupo de jóvenes repartió papeles y lapiceras y reunió miles de cartas de amor –muchos con dibujos y mails para establecer contactos– que llegarán a Chile junto con las donaciones.

Con la caída del sol, aparecieron Los Cadillacs: arrancaron bien arriba con “Manuel Santillán, el León” y siguieron con sus hits. A las 20.30 llegó el final, todos los artistas cantaron “Sólo le pido a Dios”

Vivir temblando, manual de supervivencia chileno

Muchos tienen listos un equipo de emergencia de bolsa de dormir, carpa, linterna y alimentos.

El café tirita, la lámpara rechina y el monitor de la computadora empieza a caminar sin pudor por tu escritorio. Otro temblor, pensás, y todas tus antenas están en alerta para salir corriendo o por lo menos ponerte bajo el dintel de la puerta. Ser residente en Santiago de Chile es vivir literalmente temblando y generando rutinas de prevención que a veces parecen sensatas y a veces paranoicas. Es, sobre todo después del terremoto del 27 de febrero, estar lista para interpretar en cualquier momento una película catástrofe, de esas que anticipan el fin del mundo y están llenas de efectos especiales, ruidos y chispazos.

No subirse al ascensor, evitar los puentes y los túneles de autopistas, no tomar el metro, preferir la vida en planta baja y cortar relaciones con valientes amigos con departamentos en décimos pisos son algunas de las precauciones más comunes. Otra es dejar las puertas sin llave ni traba y acostarse casi vestido (¡Adiós, tardes de domingo en pijama!) junto a un equipo de emergencia con bolsas de dormir, carpa, alimentos calóricos, radio portátil, linternas y por supuesto bidones de agua.

“Me tomé un calmante, pero después pensé que si temblaba no lo iba a notar y me preocupé más, así que pasé la noche a café”, me cuenta una conocida que vive en un séptimo piso y no pudo dormir tras las réplicas que sacudieron el centro de Chile el jueves 11 de marzo, día de la asunción de Sebastián Piñera. Unas andamos mareadas (será la presión, se mueve la tierra o ¿me estoy sugestionando?), otros con dolor de cabeza y algunos sobrellevándolo a fuerza de ansiolíticos, que ya se agotaron en las farmacias de barrios de clase media alta.

En los modernos centros comerciales, pocos se atreven a estacionar en el subterráneo; los jóvenes clientes del café Starbucks se sientan con sus laptops en la terraza y, ante el menor movimiento, todos se miran, se paralizan, algunos lloran, intentan comunicarse por celular (en vano, las redes tienen precios de primer mundo, pero servicios de tercero) y observan lámparas, faroles y cornisas para constatar si se sacuden o no al ritmo de un temblor.

“Los pacientes se me arrancaban (huían) en medio de la consulta”, cuenta una amiga médica que casi no pudo trabajar en los últimos dos días. “Los tenía que correr para llevarles la receta”, agrega sobre el pánico que cundió tras la seguidilla de réplicas.

Si bien la mayoría intenta llevar una vida “normal”, ignorando que la tierra tiembla o puede volver a temblar en cualquier momento, prácticamente todos viven pegaditos a sus seres queridos. Los jóvenes volvieron a casa de los viejos, las ancianas con los nietos y los chiquitos a la cama de los padres para soñar todos -en el mejor de los casos- que van en un barco que se mece.

“Te noto una voz temblorosa!”, bromea al teléfono un amigo mexicano, más acostumbrado a los sacudones. Argentinos y otros se preguntan en cambio cómo se puede vivir así, a los tumbos. “¿¡No piensan en irse!? ¿de verdad se van a quedar?”, consulta un pariente y potencial turista europeo que decidió quedarse por tierras más firmes.

Mientras los comercios tientan con supuestas promociones “solidarias” (”compre una frazada y donamos otra”), la clase media se concentra en acaparar productos no perecederos, comprar velas y linternas y equipar sus casas para otro eventual terremoto. Hay quien saca repisas, ajusta los muebles a la pared, para evitar caídas y posibles golpes. Nada debe bloquear las posibles salidas de emergencia, y llaves y documentos tienen que estar bien a mano. Por si la tierra vuelve a temblar.

Por Araceli Viceconte. Santiago de Chile. Especial.

Réplicas

“Piñera lleva 1 día sin vender sus acciones de Lan”. Parece una publicidad más, pero no lo es. Se lo puede ver en www.elmostrador.com; está arriba, a la derecha, con fondo rojo y una foto incompleta del nuevo presidente. Seguramente, cuando usted lo lea dirá que ya son 2 los días que Piñera lleva sin soltar su último 11% de la gran empresa aérea. Este es apenas uno de los ejemplos del festival de objeciones contra la figura presidencial que, básicamente, puede leerse en los medios que hasta ayer estaban ligados a la Concertación, aún con las furiosas críticas que tomaron cuerpo hacia el final deshilachado de sus 20 años de gobierno. En ese corpus se inscribe la irreverente revista The Clinic, que el jueves de la asunción de Piñera -en pleno furor sísmico-, publicó en tapa una foto en blanco y negro de Pinochet y el título: “Llegó mi réplica”. En la contratapa, la ironía se cruza con la súplica de los que se preguntan cómo ejercerá el poder la derecha, de la mano de un empresario que cuando habla de igualdad es “de oportunidades”. A todo color, una Michelle Bachelet sonriente mira a cámara acompañada de tres chiquitos. A uno lo tiene a upa: es un bebé gordote, símbolo de uno de los mayores logros sociales de la ex presidenta, el notable incremento de guarderías. “No te vayas mamá”, es el título. No podía ser más elocuente.

Por Hinde Pomeraniec. Enviada especial.

Polémica por el símbolo del gobierno

La polémica se lanzó antes de la asunción de Piñera, en cuanto se presentó el logo del gobierno que regirá este país por los próximos 4 años y que reemplaza el del rombo de cubos azules, rojos y blancos que hubo durante los gobiernos de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet.

La imagen -símbolo de esta administración que será vista en toda clase de documento o comunicación oficial- recupera el escudo nacional, una estrella a cuyos costados se suman un huemul y un cóndor y, por debajo, el lema “Por la razón o la fuerza”, tan identificado con la dictadura de Pinochet que el ex presidente Eduardo Frei había decidido sacarlo. Por debajo, las palabras “Gobierno de Chile”.

Las críticas son formales, ideológicas y éticas. Los especialistas le cuestionan que mezcla un escudo en blanco y negro con palabras en color, que se lo ve más cargado hacia la derecha, que no representa la variable de modernidad y cambio anunciada por Piñera y que fue hecho a las apuradas, en apenas dos semanas.

Desde lo político, se lo critica por conservador, una suerte de paso atrás expresada en el uso de aquella frase militar que hoy suena a extemporánea amenaza. En cuanto a la ética, impugnan la falta de transparencia, ya que fue realizado por la gente que trabajó con Piñera en la campaña, sin llamado a licitación previa y por un costo que, según las versiones, sería de unos 200 mil dólares.

Santiago. Enviada especial.

Piñera reconoció que Chile “es más pobre” tras el terremoto

El presidente chileno dijo que el impacto económico del temblor es “gigantesco” y que habrá un plan de austeridad para obtener fondos para levantar al país. Estimó que las pérdidas son por US$ 30 mil millones y que hay más de 500 muertos.

El presidente miró fijo y fue terminante. “Definitivamente Chile es hoy un país más pobre que semanas atrás”. La frase sonó fuerte en el Patio de las Camelias del Palacio de La Moneda. Eran algo más de las tres de la tarde y Sebastián Piñera estrenaba su condición de presidente frente a un grupo importantes de periodistas locales y extranjeros.

“Somos un país más pobre por la pérdida de vidas y somos un país más pobre por las pérdidas económicas. Es verdad que este terremoto y maremoto ha causado un gigantesco impacto en nuestro patrimonio económico y cultural”, dijo Piñera en respuesta a una pregunta de Clarín y estimó las pérdidas provocadas por la catástrofe del 27 de febrero en “varias decenas de millones de dólares”.

“Espero que esta situación de pobreza o mayor pobreza, seamos capaces de superarla con el esfuerzo y ayuda de todos”, agregó el presidente, que mencionó la cifra de alrededor de 500 muertos por la tragedia, aunque aseguró que “va a aumentar”.

“Aún hay muchos cuerpos que identificar y muchos desaparecidos que pueden estar muertos”, se lamentó.

El primero que había hablado de la “nueva” pobreza de Chile fue el flamante ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, alguien muy cercano a Piñera.

“Chile hoy día es un país más pobre y no hay forma de arreglar eso”, había dicho Hinzpeter a la radio Bío Bío, “es como un jarrón que se rompió, un vidrio que se quebró y ya está quebrado. Podemos cambiar el vidrio, pero lo que se rompió, ya no se puede arreglar”, buscó explicar, graficando de ese modo la idea que el nuevo gobierno tiene de la reconstrucción que se viene en materia de infraestructura, viviendas y ayuda a los damnificados por la tragedia que habría provocado pérdidas por alrededor de 30 mil millones de dólares, que aún no queda claro de dónde saldrán.

Piñera también habló sobre el origen de esos fondos que deberán destinarse a levantar Chile cuando dijo que se proponían llevar adelante “un tremendo plan de austeridad en el gasto público, de modo de reasignar fondos” y anunció que “en forma muy prudente, vamos a usar parte de los ahorros que Chile acumuló en tiempos de vacas gordas y vamos a estudiar también la posibilidad de contratar créditos externos…un camino que vamos a estudiar y usar también con moderación”.

No habrá sido casual que el presidente de Chile -economista y hombre de negocios, dueño de una fortuna valuada en 2.000 millones de dólares- recordara ayer cómo su vocación empresaria lo llevó a abandonar la vida académica, “para tomar empresas desde cero y convertirlas en empresas exitosas”. Seguramente es ése el espíritu que está detrás del proyecto de reconstrucción para el cual -volvió a decir- se deberá reformular el presupuesto 2010.

A la pregunta de por qué aún no se ha desprendido de su último paquete de acciones de Lan, que equivalen al 11% de la empresa, Piñera aseguró que fue por razones “de fuerza mayor” y recordó que viene cumpliendo con lo prometido en campaña, ya que al asumir, se había desprendido del 60 por ciento de la compañía aérea, la totalidad de la exclusiva clínica Las Condes y que sigue en marcha el proyecto de poner Chilevisión en manos de una fundación mientras él sea presidente.

Clarín le preguntó también por lo que podría leerse como una suerte de “relatinoamericanización” de este país a partir de la tragedia y la crisis posterior, que mostró debilidades sociales y políticas del país que lo acercan al resto de la región.

Entonces fue cuando el presidente aseguró que “Chile es y será parte de América latina, son nuestros países hermanos y vamos a trabajar juntos para enfrentar los problemas y avanzar hacia el desarrollo, pero sin dejar de fortalecer lazos con el resto del mundo”.

Piñera, quien asumió el jueves en medio de impresionantes réplicas del megaterremoto del 27 de febrero y modificando la agenda y el sólido protocolo de la ceremonia pautada, terminó su primera noche como presidente con una intensa reunión de gabinete que duró, según él mismo contó ayer ante la prensa cuando eran más de las 2 o las 3 de la mañana.

El mandatario les hizo esa noche un regalo a sus colaboradores: les dio a cada uno un casco y un cronómetro, “porque hay que reconstruir y hay que hacerlo muy rápido”, como dijo ayer entre sonrisas, cuando se dirigía a la ceremonia ecuménica que se realizó en la Plaza de Armas, ya que la catedral se encuentra cerrada mientras reparan del edificio histórico los daños ocasionados por el sismo.

Pero ahora las preocupaciones en lo inmediato, pasan por poner en marcha un plan de reparación o construcción de viviendas luego del haber terminado el análisis del catastro de propiedades dañadas y además lograr que el millón y medio de chicos que aún no pudieron empezar las clases -porque sus escuelas quedaron inutilizadas- lo hagan cuanto antes, aunque para eso deban establecerse escuelas de emergencia en otro tipo de edificios.

Por Hinde Pomeraniec. Santiago de Chile. Enviada especial.

Postales del cambio de mando

Imágenes de la enviada especial de Clarín Lorena Lucca.

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Piñera asumió en medio de fuertes temblores

Hubo tres intensas réplicas en 25 minutos y alerta de tsunami. Los presidentes invitados vieron cómo todo se movía. El sucesor de Bachelet viajó a las zonas afectadas y saludó en las calles de Santiago.

No hubo lujo ni demostraciones fastuosas sino temblores, corridas y alarma. El cambio presidencial de ayer en Chile vino acompañado de tres fuertes réplicas del megaterremoto del 27 de febrero y un alerta de tsunami, que ocurrieron antes y durante la misma ceremonia de traspaso de mando. Sebastián Piñera se convirtió en presidente en una jornada que posiblemente será recordada por la mañana en que Chile volvió a temblar: ayer muy pocos señalaban que había terminado el ciclo de 20 años de los gobiernos de izquierda de la Concertación y que se trataba del regreso de la derecha al gobierno luego de 50 años, por medio de los votos.El primer temblor –el más fuerte, de 6,9– ocurrió a las 11.39, en el preciso instante en que el príncipe español Felipe de Borbón pisaba la alfombra roja del Congreso, en Valparaíso, donde Piñera se iba a convertir en presidente. Los dos que siguieron, –de 6,7 y 5,9–, ocurrieron mientras los 1.200 invitados asistían al rito por el cual un presidente deja la banda presidencial y otro se la coloca. El susto se apoderó todos y ahí están como prueba las fotos con el rostro de feo asombro de varios mandatarios extranjeros como el boliviano Evo Morales, el paraguayo Fernando Lugo, el ecuatoriano Rafael Correa, el colombiano Alvaro Uribe y el peruano Alan García.

Las réplicas hallaron a la presidenta Cristina Kirchner regresando al salón de la investidura de donde había salido para responder una llamada telefónica de su marido, dijeron fuentes oficiales argentinas. Habría sido por esa coincidencia, la de encontrarse bajo el marco de una puerta justo durante el temblor, que algunos periodistas chilenos creyeron que Cristina había buscado refugio.

La ceremonia fue más concisa de lo que se estila –Piñera tomó juramento colectivo a los nuevos ministros– y una vez terminada los altavoces pidieron la rápida evacuación del edificio. La Armada ya había lanzado el alerta de tsunami y se pedía a los habitantes de zonas costeras que buscaran refugio en los cerros. Valparaíso mira al mar. Mujeres y hombres vestidos con buenas ropas le imprimieron cierto acelere a su partida del palacio legislativo. Políticos, ex funcionarios, flamantes ministros, familiares y figuras del espectáculo y la vida social chilena abandonaron el edificio. Un rato antes y entre aplausos, Michelle Bachelet, quien había entrado presidenta, se retiraba ciudadana. Ya se había despedido de sus colaboradores diciendo que se iba “por la puerta grande y con la frente alta”.

Luego de los temblores y los alertas, la agenda completa se reprogramó. Lo que ya iba a ser un almuerzo austero en la residencia oficial de Viña del Mar se convirtió en una recepción de emergencia, en la que Piñera apenas si recibió a los mandatarios, para partir con el casco puesto (es literal) hacia Rancagua, a 90 km de Santiago, la ciudad más cercana al epicentro de la réplica de ayer, en donde se dieron daños materiales aunque no hubo víctimas. El presidente decretó el estado de catástrofe, que pone a la región de O’Higgins, la afectada, en manos de los militares. Una manera de mostrar la diferencia con el gobierno de la Concertación, que ganó enormes críticas por la demora en hacerlo.De Rancagua se dirigió a Constitución, uno de los sitios más golpeados por la catástrofe de febrero. En el anochecer de su día más agitado, Piñera circuló por la Alameda en el convertible Ford Galaxy saludando a ciudadanos que no cesan de lamentar los azotes de la naturaleza. Esa ruta lo llevó hasta el Palacio de La Moneda y fue desde uno de sus balcones que se dirigió a la población en su primer discurso en la casa de gobierno.

El texto, una pieza que debía mostrar ímpetu pero dar calma y seguridad, fue leído con el habitual énfasis de Piñera. “Vamos a levantar el país piedra por piedra y ladrillo por ladrillo, y lo vamos a reconstruir mejor”, dijo Piñera, quien saludó a los héroes de cada día y pidió para estos tiempos difíciles “unidad, generosidad, nobleza, coraje y voluntad”. “Sus dolores y sus esperanzas serán desde ahora nuestros dolores y nuestras esperanzas”, aseguró a la multitud congregada en la plaza, que no pudo evitar un gritito cuando el presidente besó en la boca a su mujer, Cecilia Morel. “Si se habían hecho las cosas bien, ahora las haremos mejor”, prometió el hombre que tiene que demostrar que además de su talento indiscutible como empresario, es también la persona ideal para levantar un país agobiado por la destrucción y la pérdida de cientos de vidas.

Por Hinde Pomeraniec. Santiago y Valparaíso. Enviada especial.


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