Archivo para la categoría ‘Ana y Kevin’

Si pudiera llegar te encontraría…

Hola Celina. Buenas noches… que hermosa musiquita, me pondría a bailar con Kevin.
¿ no está por aquí? ¿no lo viste? ¿ alguien lo vio?

                        Ilustración: Manuel Abal

 

Después de tres días de ascenso, Zunny, Denis y Ana llegaron sobre la tardecita a Plaza de Mula.  Donde decidieron quedarse un día para descansar y aclimatarse.

En el campamento conocieron a los mellizos Guller, oriundos de la ciudad de Calchaquí que enseguida empatizaron y se sumaron al grupo.

Esa noche frente al fogón cada uno contó el motivo por el cual había decidido hacer el intento de llegar a la cima de América.

Para los mellizos Guller, era la forma de festejar sus cuarenta años de vida. Para Zunny, era un nuevo desafío, pero no sería el  último. Ella ya había escalado el cerro Champaquí y el volcán Lanín. Hacer cima en el Aconcagua sería sólo un paso más. En el caso de Denis se trataba de una despedida. Había decidido  irse a vivir a España, pero antes de cruzar el gran charco, quería ver toda América desde el cielo. Cuando le tocó el turno a Ana, contó con total naturalidad que tenía que llegar hasta la cima, porque allá la esperaba Kevin, un amigo que se le había perdido veinte años atrás. Todos se rieron, de la metáfora de Ana, terminaron de beber y se fueron a dormir.

Al día siguiente partieron a las nueve de la mañana. Les esperaba un largo día por delante. Para llegar al próximo campamento deberían ascender durante unas diez horas aproximadamente.

Fue el día más difícil, se empezaba a sentir la falta de oxígeno. los pasos se volvieron cortos pesados y cautelosos.

Llegaron exhaustos a Plaza Canadá. Para poder beber agua y cocinar tuvieron que derretir hielo.

En sus rostros se percibía el cansancio y el miedo. Cenaron callados. Cada uno inmerso en sus pensamientos..

Ana, rogaba en silencio que  Kevin no se canse de esperar.

La noche fue corta, sólo pudieron dormir una pocas horas.

Partieron a las siete. Aparecían los primeros fantasmas. A todos les invadía el secreto y recurrente deseo de abandonar. Las condiciones climáticas no acompañaban, había mucha nieve, viento, y hacía mucho frío, era más fácil sincerarse y regresar.

Pero la mística que se había creado en el grupo hizo que todos llegaran al campamento Berlín que estaba a 6000 mts. de altura.

Denis respiraba con mucha dificultad. Ana sentía los pies congelados. Zunny tenia náuseas y mucho dolor de cabeza. El pánico se apoderó del grupo. Ana rompió en un llanto desesperado porque no tenía fuerzas y ya no podía seguir.

 

A las seis y media, estaban todos en pie. Emprendieron a las siete los últimos 962 mts. que les faltaban para llegar a la cima. Llegaron al Filo del Guanaco. Los cuerpos ya no sentían dolor ni agotamiento, porque habían sido abandonados más atrás. Ahora sólo eran sus mentes las que ascendían y a las dieciséis y treinta y dos minutos hicieron cumbre.

Denis acariciaba con la mirada y se despedía con una sonrisa de todo el continente. Zunny cumplía una etapa más, para ella  era sólo haber llegado al techo de América, pero todavía le faltaba llegar al techo del mundo. Los mellizos Guller, festejaron sus cuarenta años a 6962 mts. de altura descorchando una botellita de vino tinto que habían cargado en sus mochilas.

Deslumbrados ante tanta inmensidad y conmovidos con sus propias emociones, nadie  en el grupo pudo ver que Ana abrazaba a Kevin Viti. Él no era una metáfora. Era su amigo y siempre estuvo ahí, esperándola.

 

_ ¡ Ana, despierta son las ocho y media, vas a llegar tarde!

_ No, Celi, no te preocupes, ya llegué…

Bar – Farinarolls – Rosario – Argentina








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¡Soñar no cuesta nada, sólo tiempo!

Esta es la historia de Ana y Kevin.
Ilustración: Manuel Abal

Ella llegó a un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires, donde vivían alrededor de dos mil habitantes. Lo primero que vio fue un bar con gente amigable sentada afuera. Allí se juntaban los lugareños a tomar algo y comentar las cosas que pasaban. Pero en Domselaar, casi nunca sucedía nada.

Todos la miraron preguntándose quién sería esa chica, que por supuesto no era del pueblo ni de la zona.

_Tal vez es alguien que se perdió

_Tal vez nos viene a vender algo.

_ Tal vez es una hechicera.

_ Tal vez sólo esta de paso por aquí.

Lo primero que le salió a Ana, fue preguntar por el kiosco de Fabio.

_ Aquí no vive ningún Fabio que tenga un kiosco.

No puede ser, Fabio tenía un kiosco. Y el es amigo de Kevin, la persona que vine a buscar.

_ Kevin… Kevin Viti? Preguntó Zunny una de las chicas que estaba en el bar.

_ No sé, yo no recuerdo el apellido de Kevin, pero él me dijo que vivía acá.

Kevin Viti y Ana Busket se conocieron en el viaje de egresados. Se dieron el primer beso a orillas del lago Nahuel Huapi, rodeados de tulipanes que florecen en primavera.

Casualmente sus agencias de viajes habían elegido el mismo hotel. Así que Ana se maquillaba hasta para bajar a desayunar porque sabía que Kevin estaría ahí.

Los días que no tenían excursiones caminaban por las callecitas de Bariloche descubriendo cada rincón de la ciudad y tomando fotografías que luego servirían de testimonio, de que aquello no fue un sueño.

El viaje de egresados llegó a su fin. No querían despertarse. Todo era mágico. Siempre estaba todo bien. No sabían si era amor. A esa edad, no sabían todavía que era el amor.

Se despidieron prometiéndose, como lo hacen todos, que algún día volverían a encontrarse.

Ella lloró durante el viaje de regreso. Tenía miedo de perderlo.

Cuando llegó a su pueblo, tuvo que enfrentar a su novio y terminar la relación.

Al poco tiempo Kevin le envío una carta en la que le avisaba que iría a visitarla.

Llegó una calurosa mañana de enero, junto a Fabio, un amigo que lo acompañó. Ella no podía creer que él estaba en su casa.

Cada cosa que decían o hacían era motivo de risas.

Kevin y Ana, sabían que era la última vez. Es que ellos nunca creyeron en el amor. Ellos estaban de paso por la vida sólo para divertirse un rato juntos.

Kevin se fue. Ana lloró. Y Kevin a los quince días regresó.

Y allí estaban otra vez deleitando a todos con su alegría de vivir. Aunque ellos no lo advertían, adonde iban eran observados, eran envidiados. En ese momento no podían saber que estaban construyendo una historia que más adelante los volvería a unir.

Nunca rotularon nada. No eran novios. No eran amantes. No eran amigos. Simplemente : eran.

Cuando llegó el momento en que Kevin debía regresar, se despidieron sabiendo que esta, era la última vez. Los dos tenían que madurar, crecer, volar. (¿ porque no podían seguir jugando un rato más?)

El tren dio la señal de despedida con una larga bocina. Él la saludó colgado desde la escalerita. Ella se quedó parada viéndolo partir. Cuando el tren desapareció, lloró varios días seguidos, hasta que se quedó sin lágrimas. Luego guardó en una cajita de recuerdos todos los momentos vividos. Años más tarde, cada vez que se sentía sola o triste, la abría un ratito y eso la ayudaba a volver a sonreír.

Veinte años después ( en el bar, en Domselaar)

Los chicos se miraron entre sí y Denis preguntó:

_¿ Cómo es el chico que estas buscando?

_ Es rubio, tiene el pelo largo, los ojos claros y siempre esta muy alegre.

_ Es Kevin Viti. Aseguró Cristian.

_ Kevin Viti vive en la otra cuadra en una casa de madera blanca de estilo inglés… terminó de decir Zunny cuando Ana ya no estaba escuchándola.

Ana, corrió hasta la puerta de la casa y en el hall de entrada había un chico rubio, de unos catorce años de edad.

_ Vive Kevin Viti aquí?

El chico no contestó y llamó a Kevin a los gritos

_¡Kevin ! ¡Kevin!

Kevin apareció todo transpirado, tenía el pelo pegado al rostro.

Ana lo miró a los ojos con mil preguntas, pero sólo le dijo:

¿ Amigos?

Kevin, asintió con la cabeza. La abrazó. Parecía que la estaba esperando.

En ese abrazo, se dijeron todo.

Después salieron a caminar contándose sus vidas. Entre ellos estaba todo bien. Y nunca más se volvieron a separar.

Ana Busket, tenía una entrevista a las nueve. Cuando sonó el despertador, ya no era la misma. Sonrío y tuvo la certeza que en algún lugar Kevin la estaba esperando. El tiempo no es nada…sólo tiempo.

Bar – Farinarolls – Rosario – Argentina


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