El evento (relato)

El evento

Por Anila Rin  / Twitter: @anilarin

Apenas habían terminado de ajustar la pantalla, ubicar el retroproyector y ultimar los detalles de las copas distribuidas estratégicamente sobre las mesas en el salón,  ya empezaban a llegar los primeros invitados; pero a mí  lo único que me importaba era el final de la reunión para poder presentar mi factura en la oficina del primer piso.

Hacía más de dos semanas que venía escuchando a los dueños de la concesionaria, que entusiasmados con la inauguración, pedían detalles imposibles de implementar, pero yo, aún sabiendo que iba a resolver las cosas a mi manera, es decir de la forma más práctica posible logrando una reunión correcta, donde al final se olvidaran de sus delirantes pedidos y me terminaran felicitando por algo que a mi me resulta de lo más cotidiano, los escuchaba con real atención.

No es que no me preocupara el éxito del evento. Todo lo contrario. Me aseguraba personalmente de supervisar hasta el último detalle. Pero la práctica me había enseñado a no desesperar si al principio me pedían por ejemplo, que descendiera un helicóptero  en el medio del salón con una estrella de rock arriba, porque cuando veían los números que yo inflaba en exceso, por si acaso estaban locos y decidieran pagarlo complicándome la vida, cosa que por suerte casi nunca ocurría, se excusaban enseguida y no seguían insistiendo con el tema.

Como yo estaba segura de mi gente, dado que tenían terror de que no  los vuelva a contratar en caso de que algo saliera mal, una vez que empezaban a llegar los invitados, me quedaba paradita por ahí atrás, simulando con mi rostro interés y atención, pero en realidad, me divertía observando la danza que se producía entre los invitados, los dueños del lugar, los del marketing que venían de Bs. As,  y esos otros invitados que  se repetían en muchas de las reuniones que me tocó organizar y que  nunca supe bien como llegaban, quién los convocaba o  si eran extras. Yo no los tenía pactados. Aparecían sonrientes, impecablemente vestidos, lustrosos; saludaban a todo el mundo y eran los que más comían y bebían, aunque dudo que alguna vez hayan concretado alguna operación. Tenían más pinta de colados que de posibles clientes. Eso sí, aparecían siempre en “TOP TV”, un programa que sale los sábados a la noche y que muestra los acontecimientos  comerciales más importantes de la ciudad. En la tele se ve todo perfecto. ¡ Hasta los sojeros salen lindos! Esos, los sojeros, son los que se ubican casi siempre, en alguna esquina arrinconada del salón en pequeños grupos de dos o tres. Generalmente, un tanto excedidos de peso y sin llegar a desprolijos llevan puestas camisas, que en ocasiones parecen estar a punto de explotar y en esa abertura que queda entre botón y botón,  hasta se puede ver un pedacito de abdomen blanco con algunos pelitos queriéndose escapar. Un detalle que de frente no se percibe, pero estando de lateral se puede ver en todo su esplendor. Justamente para esos caballeros, es que se hace todo el evento porque son los únicos que pueden concretar la compra de vehículos tan costosos como los que vende esta concesionaria. Pero los de marketing,  que sufren de miopía no los ven; les pasan por al lado con sus zapatos de suela que retumban en el piso brillante haciendo un ruido espantoso, que de no ser por el saxofonista, que contraté por una ganga, y que tiene a todos embelesados, dado que lo obligué a atarse el pelo y a peinarse con gel, con lo cual creen que están frente a un músico de elite. Suena bien sí, es cierto, por eso a Ricardito lo tengo fijo, aunque hay que andar atrás de él con el tema de la pilcha. Una vez me apareció con unos jeans rotos y en camiseta, justo en el salón de Marta Cura. Por suerte el traje de uno de mis asistentes le quedaba bien, así que lo hice cambiar y a mi asistente lo mandé a cuidar autos a la puerta para que se haga  unos mangos extras. Yo no lo necesitaba en el salón, pero lo llevé porque lo había incluido en el presupuesto.

La rutina se desarrolló con normalidad. Todo de acuerdo a lo planeado. Primero desfilaron los canapés, las copas de champagne, que iban y venían al compás del brillo de los relojes. La presentación de los de marketing, con algunos gráficos que nadie comprendió, pero que  todos aplaudieron ni bien se  hizo una pausa y así dieron por finalizada la misma. Las rubias de siempre acompañando a los señores, Ricardito con el saxo, el pianista con la intérprete, que les dio el gusto a casi todos, el mago, que se lució con sus trucos de salón, todos quedaron encantados con su actuación. las recepcionistas todas parejitas, de la misma estatura, flaquitas y al final el brindis y las palabras de agradecimiento. Ahí es cuando yo empiezo a actuar de nuevo y me salgo de mi trance observatorio, para aplaudir con euforia,  mimetizándome  entre las otras rubias. Luego, las promotoras ya saben que con sutileza tienen que  empujar a los invitados a salir para el show final de fuegos artificiales. Ese es el momento en el cual aprovecho para ir al baño, porque a esa altura ya no aguanto más.  Al rato desde adentro, ¡los veo irse por fin!.

Luego, entra el dueño, ya con la corbata floja, junto con los de marketing  y algunos íntimos; me levanta el pulgar en señal de que todo salió bien y yo sonrío simulando alivio, pues  ya sabía  de antemano que todo iba a ser un éxito, (parte de mi trabajo es parecer siempre preocupada). La señal, me habilita implícitamente a subir al primer piso para dejar la factura y retirar el cheque.

Bajo las escaleras y le doy libertad a mi gente para que se retire. Todos me saludan y se van, saben que el lunes arreglamos. Al único que le pago de mi bolsillo en el momento es a Ricardito, pero bueno, eso ya estaba pactado.

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Tipos de Caminantes (del Parque Urquiza)

Texto inspirado en el Manual de Instrucciones de Julio Cortazar

Dos o tres veces a la semana, salgo a caminar por el Parque Urquiza, ubicado a una cuadra de mi casa de Rosario. Por la mañana el paisaje es muy tranquilo: somos pocos los que caminamos y por eso nos reconocemos. En el primer cruce, nos saludamos con un holaaa, así medio largo pero no muy entusiasta, aunque igualmente esbozamos una leve sonrisa. En las vueltas siguientes simulamos no vernos, aunque claramente nos vemos aparecer en cada giro. Para la cuarta o quinta vuelta, nos da cierto apuro, así que nos miramos y emitimos otra sonrisa, que no llega a ser sonrisa, sería  algo así como estirar los labios apretados.

Cuando salgo a la tardecita, la cosa cambia. El parque se llena de “desconocidos”. Gente que viene de otros barrios, o que sólo puede salir a esa hora.

Una de esas tardes, después de mis cinco vueltas, me senté en un banco a observar y me di cuenta que hay muchos tipos de caminantes.

Están los deportistas, que caminan con estilo y llevan  atuendo acorde a su porte. Ellos son “los dueños de la caminata”. Caminan concientemente calculando la energía que gastan en cada vuelta.  Saben lo que hacen, se les nota en el semblante.

Después están los excedidos de peso:  caminan rápido y frunciendo el seño. Se nota que sufren con la actividad física, pero saben que si no lo hacen, no van a bajar esos kilos acumulados en tantos años. Por cierto queman unas cuantas calorías durante la tarde, pero salta a la vista que al llegar a sus casas, muy pronto las recuperan.

Están los que van apurados con el celular en la mano. Esos… me ponen un poco nerviosa porque caminan rápido, casi al trote, tratando de terminar lo antes posible con “ese trámite”. Seguramente se trata de personas obsesivas y ansiosas. No las quisiera tener de jefes.

Imposible no darse cuenta quienes son los infartados: generalmente van acompañados por su conyugue. Visten ropa nueva, están un poquito excedidos de peso y caminan con ritmo regular, sin alteraciones. Eso… lo de las alteraciones digo, fueron antes del infarto.

Las señoras coquetas van en grupo, lucen siempre un conjunto deportivo nuevo y a la moda. Van cotorreando todo el camino, el tiempo se les pasa volando,  Al final ni se enteran del resultado de la actividad física, pero “se enteran de otras cosas”.

Los muy cool. Ah! esos van con sus conjuntos llamativos de marcas carísimas. Llevan auriculares ochentosos ( último grito de la  moda). Caminan como si lo hicieran por una pasarela.  Me da la impresión que esperan que los aplauda, pero nunca les dí el gusto.

Los señores muy mayores vestidos como jóvenes. Esos son muy graciosos. Bronceados invierno y verano. Casi siempre visten la marca de la pipa de pie a cabeza y algunos portan una dudosa cabellera .

Las señoras mayores un poco achacadas caminan cargando sus dolores de artrosis que lo expresan con las muecas repentinas al dar un mal paso.  Van con un atuendo cómodo pero muy pasado de moda. Seguramente ya no les importe.

Llamo “los cochecitos”, a las madres o padres que caminan paseando a su hijo.  Se trata de gente muy  pragmática y eficiente, pueden hacer más de una cosa a la vez. Los admiro!

Y por último están las hippies. Visten pantalones bali, musculosas muy escotadas y ojotas, algo incómodas para caminar. Probablemente terminan llenas de ampollas.

Así es la gente que va a caminar a mi parque. Vayan y miren, van a ver que están todos y la que esta sentada en un banco mirando, soy yo.

Caminata-en-el-parque

Ilustración: El Tole

Bar Le Parc – Parque Urquiza – Rosario – Argentina

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¡Viva Perón! ( historias mínimas)

Historias mínimas: Hoy ¡ Viva Perón!

Otra de las veces en que la palmera fue la protagonista, fue aquella vez cuando las gurisas tallaron sobre ella en grande ¡ Viva Perón!

El tío era peronista, pero para la época en que las gurisas eran adolescentes, estaba el régimen del proceso militar y cualquier persona con ideologías políticas era tildada de revolucionaria.

Las gurisas  tenían catorce, quince años, y no tenían idea de lo que se estaba viviendo.

Un día llega el tío de trabajar, preocupado por la situación. Se hablaba de mucha gente desaparecida, y no era sólo en Buenos Aires, si no en todo el país. Cuando entra a su casa por el patio del costado y ve la palmera  tallada con  la leyenda ¡Viva Perón!

Las gurisas habían sido las autoras del hecho, sin sospechar, ni  entender el verdadero significado. Ellas escuchaban hablar de Perón, y no sabían que estaba prohibido expresarse publicamente  o que podía traerles graves consecuencias.

El tío se enojó mucho, casi las mata a cintarazos y sermones, pasaron años para que las gurisas comprendieran la gravedad del asunto. Decí que la palmera estaba el el patio, atrás de la casa y de afuera no se veía, si no , otra sería la historia…

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Ana Laura e Ideben ( Una historia de amistad y fantasía)

Un día entra una personita que hace mover las estanterías de toda la tienda de regalos especiales y tropieza con una de las mesas azules del pasillo principal. Sobre la mesa estaban los “famosos libros que hablaban en portugués”, que al caerse, comenzaron a quejarse porque se revolcaron por todos lados. Uno fue a parar debajo de una almohada que hacía soñar, así que se quedó instantáneamente dormido y por suerte dejó de gritar. Otro cayó sobre la alfombra que volaba y sin darse cuenta despegó de golpe y empezo a gritar_ Com licença…¡cuidado com os meninos! Com licença…¡ cuidado com os meninos! Con permiso,¡ cuidado con los niños-, Nadie entendía lo que decía, pero tanto los regalos como las personas que estaban en ese momento en la tienda, empezaron a correr por instinto de un lado a otro tratando de esquivarlo. Aunque fue inevitalble, “ el libro volador “ atropelló a cuanto regalo se le cruzó por el camino. Tiró al pasar todos los recipientes que estaban en los estantes. Los recipientes contenían líquidos de colores que se convertían en cosas de acuerdo a los tonos. Los verdes se transformaban en ranitas, otros en hojitas. Los amarillos en canarios, algunos en soles. Los azules en estrellas. Los violetas en violetas. Los rojos en labios que besaban. Los marrones en mariposas. Todos gritaban alborotados.

Ana Laura estaba embalando pedidos en el depósito de atrás y al escuchar tantos gritos y alboroto salió corriendo al salón. Cuando llegó no daba crédito a lo que veía. La tienda se había transformado en un zoológico. Inmediatamente dio órdenes a sus asistentes para que cerraran las puertas y ventanas, porque no podía dejar escapar a ninguno de sus regalos. Cada regalo era especial y ella entregaba un certificado de garantía y un contrato bajo el cual el dueño se responsabilizaba de obsequiar el regalo “sólo a una persona que amaba”, porque de otra manera no funcionaba y si se escapase alguno fuera de la tienda, podría caer en manos equivocadas.

El reloj de sonrisas se activó y empezó a contar las carcajadas de una niña, que no paraba de gritar y saltar .

Ana Laura no entendía lo que había sucedido. Hasta que una de sus asistentes le dijo que esa niña que gritaba y reía, se llamaba Idebén. Era la hija de un zapatero italiano que vivía a unas cuadras, y que había sido ella quién provocó el caos al atropellar la mesa de libros. Pero que no la culpara, porque era no vidente.

Ana Laura no se conmovió, estaba muy enojada, porque la tienda había quedado hecho un desastre y tenía muchos pedidos que preparar, mucha gente esperaba los regalos y no tenía tiempo de distraerse con una niña maleducada que había causado un tornado en su tienda y a la que sólo se le ocurría reír y gritar.

La tomó de un brazo y la llevó hasta la zapatería de su padre de un solo envión.

Cuando llegó, se encontró con un señor de mirada triste y una sonrisa gentil. Pero Ana Laura no salía de su enojo y le contó el desastre que había causado Idebén en su tienda.

El hombre avergonzado, le ofreció un par de zapatos como disculpa. Ana Laura los aceptó a regañadientes y se fue caminando con los zapatos en la mano y una mueca en la cara.

Cuando regresó, las asistentes ya estaban en la tarea de re organizar la tienda. Acanzaron al libro portugués y lo bajaron de la alfombra. A las mariposas y ranitas las dejaron en el jardín de atrás, a los canarios los liberaron, y a las violetas las plantaron junto a los gladiolos. A las estrellitas las guardaron en sus cajas de noche. A los labios que besaban tuvieron que meterlos en una bolsa porque no paraban de besar a todos los regalos y de dejar sus marcas rojas.

Hubo que limpiar libro por libro, mesa por mesa, silla por silla, porque todo, todo, tenía la marca de los besos.

Una vez que terminaron de limpiar, dejar todo en su lugar y embalar los pedidos atrasados, partieron a descansar.

Ana Laura tomó una de sus almohadas mágicas y la puso en su bolso porque la iba a necesitar esa noche. Cuando salió de la tienda, y aseguró las puertas, se encontró con que Ideben la estaba esperando afuera.

_ ¿Otra vez por acá?, dijo Ana Laura, entre sorprendida y enojada. No son horas para que estés por la calle, ya son casi las nueve; deberías estar en casa con tu padre.

_ ¿Me perdonas?, dijo casi en un susurro, Idebén .

Ana Laura pensó que si le decía que no, no se liberaría de ella.Y no podía permitir que Idebén la molestase de nuevo.

_ Sí, te perdono, pero no vuelvas por acá. Quédate con tu padre que necesita que lo ayudes en la zapatería.

Ideben asintió con la cabeza, tomó su bastón y se volvió a su casa.

Cuando Ana Laura se acostó sobre la almohada, se quedó dormida instantaneamente.

…………………………………………………………………………………………….

Ana Laura….Ana Laura… se escuchaba desde muy lejos…Ana Laura, Ana Laura…

Ana Laura dio un brinco en la cama y fue a espiar por la ventana…no veía a nadie pero seguía escuchando los gritos que cada vez se oían más cerca: ¡ Ana Lauraaaa! ¡Ana Lauraaaa!

Hasta que de pronto se abrieron todas las puertas de la casa, las ventanas comenzaron a golpear con fuerza.

_ ¿Quién eres ?, preguntó Ana Laura…

_ Soy el viento…

_ ¿El viento ? ¿Qué quieres?

_ Vine a buscarte, quiero que vengas conmigo, quiero mostrarte algo.

Ana Laura, tomó sus manos y se aferró fuerte, empezaron a volar y a agitarse de un lado a otro.

_ Mira…mira…gritaba el viento.

_ No veo nada decía Ana Laura. No veo…. Como quieres que vea si es de noche y te agitas mucho, no logro ver nada sólo siento el aire frío en la cara, escucho tu silbido y me muevo como un torbellino.

El viento llevó de paseo a Ana Laura por un buen rato hasta que percibió que su corazón se empezó a aflojar. Y se dio cuenta de que Ana Laura se había arrepentido de mentir a Ideben sólo para que no volviera a molestarla.

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Cuando Ana Laura despertó, se alivió al verse en su cama. Todo había sido un sueño, provocado por su almohada mágica que estaba muy enojada con ella por la actitud que había tenido. Se calzó los zapatos nuevos y lo primero que hizo fue ir a la zapatería. Se encontró de nuevo con los ojos tristes del zapatero y le dijo que quería invitar a Ideben a que fuese a elegir un regalo.

El zapatero le agradeció, pero le dijo que Ideben no podía ver los regalos, que no tenía sentido que fuera a la tienda, además ella podría tropezar de nuevo y volver a provocar otro desastre.

Ana Laura pegó la vuelta y en el camino pensó que había una sola cosa que podía ayudar a Ideben. El corazón que estaba en la pared principal de la tienda era lo único que no estaba en venta, pero quien lo recibiera alguna vez podría cumplir todos, absolutamente todos sus sueños.

Volvió en busca de Ideben, esta vez lo convenció a su padre de que no había nada por qué temer, y la llevó hasta la tienda.

Cuando entraron, Ana Laura e Ideben se quedaron anonadadas. Las estrellitas giraban a su alrededor, las ranitas y canarios empezaron a cantar, las violetas habían invitado a los gladiolos a bailar, los libros también bailaban con las mesitas y el corazón de la pared principal, comenzó a brillar tanto que iluminó toda la tienda, luego iluminó toda la cuadra y hasta iluminó toda la ciudad.

Ideben no podía ver, pero su corazón podía sentir una inmensa felicidad. Ana Laura pudo escuchar a su amigo, el viento, soplarle al oído un secreto. Miró a Ideben y al ver su rostro ilumindado de felicidiad, se sintió plena y feliz también ella y así comenzó entre las dos una emocionante y sincera amistad.

Bar Ross Café- Rosario- Argentina

Ilustración: Valeria Cis

Libro que me gustó mucho y recomiendo leer: Mis soles espléndidos de Khaled Hosseini

Para leer con música click en play:

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Regalos Especiales

Ana Laura, era una chica como todas…

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Estaba llena de sueños y proyectos. Todo lo que se proponía lo llevaba adelante con mucha pasión. Tenía muy en claro lo que quería hacer de su vida, por eso, todos los días luchaba por sus objetivos.

Había días complicados, donde se presentaban situaciones que le resultaban difíciles de solucionar. Había otros, en que se despertaba iluminada. Esos días, las cosas le salían como por arte de magia, de acuerdo a lo planeado en la almohada la noche anterior.

Ana Laura pensaba que todo lo que quería en la vida lo podía tener. Para ella no había cosas imposibles…Ella sabía, desde muy adentro de su corazón que si se lo proponía podía llegar hasta donde quisiera, porque tenía el don de creer en si mismo.

Había una sola cosa que Ana Laura no comprendía y siempre se preguntaba: ¿Qué es el amor? ¿Cómo es eso de que dos personas se encuentran y se enamoran? ¿Cómo puede ser que se sientan atraídas? Ella, siempre se cuestionaba esas cosas, porque nunca había experimentado ningún tipo de sensaciones, entonces un día sin más, decidió que ella nunca se enamoraría.

Ana Laura era muy creativa, con sólo dieciocho años, abrió una pequeña tienda en el bohemio barrio de Pichincha y la llamó: Regalos Especiales.

No era una tienda común y corriente, era un lugar donde uno entraba y se encontraba con cosas raras, fantásticas, ilusorias, aparentes, inverosímiles, remotas, pero todas muy agradables y bellas.

Abundaban los colores fuertes: magentas, celestes, amarillos, rojos, violetas, azules, verdes, y de cada uno, en muchas tonalidades diferentes, mas claros, más oscuros…

Algunos objetos eran tan raros que la gente se quedaba atónita. Había por ejemplo un reloj que marcaba las sonrisas. Cuando lo ponía en la mesita de luz, el reloj comenzaba a contar las sonrisas. Al final del día el reloj tocaba tantas campanas como sonrisas habías tenido uno ese día. Había sillas de plastilina, que te sentabas y se adaptaban a tu cuerpo en cualquier posición, siempre estabas cómodo. Almohadones, que te hacían dormir y soñar cosas lindas. Alfombras mágicas que volaban, podías hacer una prueba si lo deseabas, tenías que descalzarte, sentarte bien al medio y cerrar bien fuerte los ojos. Cuando Ana Laura te daba la señal de abrirlos, estabas volando por encima de todos los muebles. Como el espacio era un poco reducido, el aterrizaje era medio traumático, pero la experiencia valía la pena. La gente se maravillaba ante las mesitas que bailaban y se sorprendían de los libros que hablaban en portugués. Había unas agendas inteligentes, donde no era necesario que escribas sobre ellas, sólo abrías en el día en el cual tenías que agendar tu cita y con una mirada bajabas tus pensamientos. Como si tu agenda y vos funcionaran a través de bluetooth. Hasta había unas vinchitas que en apariencia eran simples, pero te la ponías, pensabas en el peinado y color de pelo que querías tener y te transformabas por unas horas como la cenicienta.

Uno de los regalos que más salida tenía, eran los trendyojos de sol, que eran unos anteojos para usarlos en esos días tristes que solemos tener. ¿Viste cuando parece que nadie te entiende y se te viene el mundo abajo? Eran para esos días. Te los ponías hasta que se te pase la mufa. Gracias a ellos podías ver el sol, aunque el día este nublado, podías ver las estrellas, por más que la noche este cerrada, y podías sonreír a pesar de estar un poquito triste.

Llamaba la atención, un corazón gigante que había en la pared de fondo de la tienda. Era un corazón lleno de luz, que impactaba verlo, emanaba un suave aroma. Seducía a todos a quedarse un largo rato mirándolo. Muchos preguntaban el precio, pero Ana Laura respondía que era su corazón y que no estaba a la venta.

Todo lo que había en la tienda de regalos de Ana Laura tenía vida. Al principio la gente llegaba por casualidad. Después se fue haciendo conocida y venían por curiosidad.

Le preguntaban a Ana Laura, de donde provenían esas cosas tan increíbles, y hermosas. Ella siempre respondía: _vienen desde muy lejos…y no daba más explicaciones.

La tienda se hizo muy famosa, se vendía cada vez más y más.

Desde todo el país llegaban personas en busca de estos regalos especiales. Había incluso pedidos del exterior.

Ana Laura pasaba interminables días de trabajo embalando los envíos. Había días en que se cansaba y pensaba: _ya he trabajado bastante, tengo suficientes ahorros, puedo cerrar e irme de viaje…

Por la tienda pasaba todo tipo de gente. Venían chicas en busca de cosas cada vez más raras. Adultos que hacían preguntas, todos querían saber…

Venían mamás en busca de regalos para calmar los nervios de sus niños. Enamorados que querían sorprender a su amor con alguna originalidad.

Ana Laura, siempre miraba a los enamorados, con mucha curiosidad.

Entonces era ella quién preguntaba: _ ¿cómo es que te enamoraste? _ ¿Qué es lo que sentís? _ ¿Cómo sabes que estas enamorado? Y todos trataban de explicarle que eran lo que sentían. Le contaban de las sensaciones que tenían. Uno le contó, que cada vez que veía a su enamorada, le transpiraban las manos. Otra chica le dijo que cada vez que se iba a encontrar con su amor, le palpitaba más fuerte el corazón. Hay quienes le contaban que con sólo mirar a los ojos a su amor, sentían una gran felicidad.

Todos intentaban explicar a Ana Laura lo que era el amor, pero ella no podía comprender. Le causaba mucha gracia cuando le contaban que los enamorados eran capaces de hacer cualquier cosa para verse. Que algunas veces pasaban mucho tiempo sin encontrarse, que inclusive podían pasar años. Pero que si el amor estaba presente en sus corazones, sus re encuentros serían siempre maravillosos.

De vez en cuando, Ana Laura se preguntaba si alguna vez, ella iba a sentir esas sensaciones de las que todos hablaban, pero no dejaba que estos pensamientos la paralicen.

Un día tuvo que sacar fotos de los productos para poder hacer un catálogo para armar una página de Internet. Porque muchas personas la llamaban de afuera y querían poder elegir regalos a través de la web sin tener que viajar.

Sacó fotos de todos los modelos disponibles, y las llevó a una tienda de fotografías digital para que hagan los retoques necesarios. Cuando llega, se encuentra con una fila de personas esperando. Saca su número para ser atendida, y mientras espera percibe que había alguien observándola. Le toca el turno, entrega su CD, pero siente unos ojos en sus espaldas. Se pregunta distraída si será alguno de sus clientes.

Sale de la tienda y se encuentra con que, él observador, la estaba esperando.

Ella, siente que se ruboriza, pero lo saluda. Él también. Ella sonríe. Se da media vuelta y regresa como volando por las callecitas de Pichincha hasta su tienda. Cuando llegó, se dio cuenta de que sus manos estaban húmedas de transpiración.

Anila Rin / @anilarin

Rosario- Argentina

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Soñar no cuesta nada, sólo tiempo…

Una historia para recordar…! inspirada en la canción ” Anoche soñé contigo” de Kevin Johansen.

by Anila Rin . Ilustración Manuel Abal

Casa estilo inglés

Ella llegó a un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires, donde vivían alrededor de dos mil habitantes. Lo primero que vio fue un bar con gente amigable sentada afuera. Allí se juntaban los lugareños a tomar algo y comentar las cosas que pasaban. Pero en Domselaar, casi nunca sucedía nada.

Todos la miraron preguntándose quién sería esa chica, que por supuesto no era del  pueblo ni de la zona.

_Tal vez es alguien que se perdió

_Tal vez nos viene a vender algo.

_ Tal vez es una hechicera.

_ Tal vez sólo esta de paso por aquí.

Lo primero que le salió a Ana, fue preguntar por el kiosco de Fabio.

_ Aquí no vive ningún Fabio que tenga un kiosco.

No puede ser, Fabio tenía un kiosco. Y el es amigo de Kevin, la persona que vine a buscar.

_ Kevin… Kevin Viti? Preguntó Zunny una de las chicas que estaba en el bar.

_ No sé, yo no recuerdo el apellido de Kevin, pero él me dijo que vivía acá.

Kevin Viti y Ana Busket se conocieron en el viaje de egresados. Se dieron el primer beso a orillas del lago Nahuel Huapi, rodeados de tulipanes que florecen en primavera.

Casualmente sus agencias de viajes habían elegido el mismo hotel. Así que Ana se maquillaba hasta para bajar a desayunar porque sabía que Kevin estaría ahí.

Los días que no tenían excursiones caminaban por las callecitas de Bariloche descubriendo cada rincón de la ciudad y tomando fotografías que luego servirían de testimonio, de que aquello no fue un sueño.

El viaje de egresados llegó a su fin. No querían despertarse. Todo era mágico. Siempre estaba todo bien. No sabían si era amor. A esa edad, no sabían todavía que era el amor.

Se despidieron prometiéndose, como lo hacen todos, que algún día volverían a encontrarse.

Ella lloró durante el viaje de regreso. Tenía miedo de perderlo.

Cuando llegó a su pueblo, tuvo que enfrentar a su novio y terminar la relación.

Al poco tiempo Kevin le envío una carta en la que le avisaba que iría a visitarla.

Llegó una calurosa mañana de enero, junto a Fabio, un amigo que lo acompañó. Ella no podía creer que él estaba en su casa.

Cada cosa que decían o hacían era motivo de risas.

Kevin y Ana, sabían que era la última vez. Es que ellos nunca creyeron en el amor. Ellos estaban de paso por la vida sólo para divertirse un rato juntos.

Kevin se fue. Ana lloró. Y Kevin a los quince días regresó.

Y allí estaban otra vez deleitando a todos con su alegría de vivir. Aunque ellos no lo advertían, adonde iban eran observados, eran envidiados. En ese momento no podían saber que estaban construyendo una historia que más adelante los volvería a unir.

Nunca rotularon nada. No eran novios. No eran amantes. No eran amigos. Simplemente : eran.

Cuando llegó el momento en que Kevin debía regresar, se despidieron sabiendo que esta, era la última vez. Los dos tenían que madurar, crecer, volar. (¿ porque no podían seguir jugando un rato más?)

El tren dio la señal de despedida con una larga bocina. Él la saludó colgado desde la escalerita. Ella se quedó parada viéndolo partir. Cuando el tren desapareció, lloró  varios días seguidos, hasta que se quedó sin lágrimas. Luego guardó en una cajita de recuerdos todos los momentos vividos. Años más tarde, cada vez que se sentía sola o triste, la abría un ratito y eso la ayudaba a volver a sonreír.

Veinte años después ( en el bar, en Domselaar)

Los chicos se miraron entre sí y Denis preguntó:

_¿ Cómo es el chico que estas buscando?

_ Es rubio, tiene el pelo largo, los ojos claros y siempre esta muy alegre.

_ Es Kevin Viti.  Aseguró Cristian.

_ Kevin Viti vive en la otra cuadra en una casa de madera blanca de estilo inglés… terminó de decir Zunny cuando Ana ya no estaba escuchándola.

Ana, corrió hasta la puerta de la casa y en el hall de entrada había un chico rubio, de unos catorce años de edad.

_ Vive Kevin Viti aquí?

El chico no  contestó y llamó a Kevin a los gritos

_¡Kevin !  ¡Kevin!

Kevin apareció todo transpirado, tenía el pelo pegado al rostro.

Ana lo miró a los ojos con mil preguntas, pero sólo le dijo:

¿ Amigos?

Kevin, asintió con la cabeza. La abrazó. Parecía que la estaba esperando.

En ese abrazo, se dijeron todo.

Después salieron a caminar contándose sus vidas. Entre ellos estaba todo bien.  Y nunca más se volvieron a separar.

Ana Busket, tenía una entrevista a las nueve. Cuando sonó el despertador, ya no era la misma. Sonrío y tuvo la certeza que en algún lugar Kevin la estaba esperando. El tiempo no es nada…sólo tiempo.

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Confesión truncada

revolver

Araujo no lograba concentrarse en la crónica que debía entregar antes de la segunda edición del día siguiente. Una y otra vez le venían a la cabeza las imágenes del cuchillo ensangrentado en las  manos de  Corti, su amigo y compañero de trabajo desde hacia más de 30 años. Repasó  la escena minuciosamente y no tuvo dudas: él había sido el asesino.

A medida que los redactores  entregaban sus trabajos y  se retiraban agotados de otra larga jornada, el recinto se fue vaciando.  Era casi media noche, sólo quedaban en la sala él  y Corti,  quién no sacaba los ojos de la pantalla. A veces movía la cabeza asintiendo, otras parecía que dudaba, pero luego continuaba escribiendo sin percatarse de que estaba siendo observado.

A Araujo le pareció que era el mejor momento para abordarlo y revelarle que sabía que él era el asesino. Pero, ¿qué le diría? ¿cómo se lo diría? A fin de cuentas, él sólo había visto el cuchillo ensangrentado, las manos, el puño en la camisa, no había visto nada más. Aún así no le quedaban dudas, Corti era el asesino. Y él sin proponérselo se había transformado en su testigo oculto, lo cual lo convertía en cómplice, a no ser que denunciara a su amigo y confesara todo ante la policía. Pensaba hacerlo, pero primero debía hablar con Corti, pues a pesar de que era el homicida habían sido muchos los años de amistad y compañerismo.

Estaba a punto de levantarse de la silla cuando Corti se le adelantó y lo invitó a tomar un café en el bar de la esquina para despejarse un poco. Salieron por la puerta de servicio. El guardia los vio irse. Araujo creía ver cierta tensión en el rostro de su amigo. Fueron caminando sin hablar. Llegaron al bar y pidieron una copa. Luego conversaron distendidos. Pasaron casi dos horas hasta que Corti dijo que debía volver y terminar el informe. Araujo asintió y volvieron charlando, sin darse cuenta que el guardia que los había despedido no era el mismo. Se sentaron y siguieron trabajando, cada uno en su escritorio.

Corti terminó, se despidió y se retiro cargando su bolso de mano. Bolso donde probablemente estaría oculto el cuchillo, pensó Araujo quien también se retiro detrás de él.

Esa madrugada sonó su celular y alguien  le dio  la trágica noticia de que Corti había sido asesinado. Colgó el teléfono y se sentó en la cama. Repasó una vez más las imágenes en su mente, las manos, la sangre en el cuchillo, la sombra, el puño de la camisa cuadrillé. Sí, había sido Corti el asesino. No le quedaban dudas.

Ahora Araujo se sabía cómplice del asesinato de la víctima de Corti y se sentía culpable  de no haber hablado con su amigo la noche anterior. Tal vez, si le hubiera confesado que lo vio con el cuchillo las cosas hubiesen sido distintas. ¿Y si se había equivocado?  ¿Cómo saberlo?

Compungido, se preparó café y se dispuso a vestirse para ir al velatorio. Antes recordó que debía pasar por la redacción, pues tenía que entregar su informe para que sea publicado en la segunda edición del día.

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Comprometida (una historia de amor)

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Si bien era previsible el final del libro, las últimas páginas me atraparon tanto que me quedé hasta las tres de la mañana leyendo hasta terminarlo.

Comprometida es la continuación de Comer, Rezar, Amar. Liz cuenta en este nuevo libro la historia de cómo decidió apostar de nuevo al amor y casarse en segundas nupcias con el brasileño Felipe, que conoció en Bali, Indonesia.

Pero antes de dar el “Sí”. Liz decide investigar  muy seriamente de que se trata el matrimonio. Para esto, habla con su madre, recuerda anécdotas y consejos de su abuela. Y habla con mujeres y hombres que encuentra por el camino en su largo viaje por Asia. Además lee infinidades de libros sobre matrimonio. Entre otras historias y anécdotas que cuenta con la maravillosa simpatía que la caracteriza hay una en particular que me pareció encantadora:

“En el barrio de Trastvere ( Roma), se mantiene la costumbre de que si un chico quiere casarse con una chica, debe cantarle una serenata bajo su ventana.

La canción sirve para pedirla la mano a vista de todos. El llega con su grupo de amigos y varias guitarras y le canta una canción que dice así:

¡ Roma, nun fa´la stupida stasera ! ( ¡ Roma no seas estúpida esta noche!). Resulta que el joven no le canta directamente a su amada, porque no se atreve. Por eso dirige la canción a la ciudad entera de Roma, y lo que pide con todo su corazón es que la ciudad lo ayude a convencer a este mujer de que se case con él.

¡Roma no seas estúpida esta noche, ayúdame! Llévate las nubes para que la luna sólo se vea desde aquí. Haz brillar tus estrellas más relucientes. Sopla maldito viento del oeste. Embriáganos con tu aroma. Haz que parezca primavera…

Cuando comienzan los primeros acordes, los hombres del barrio salen por los balcones y lo “ ayudan” al chico a cantar con todas sus fuerzas!

Entonces la chica, al escuchar el coro que se formó sale por la ventana. A ella le corresponde cantar otra parte de la canción, en la que le ruega a Roma que la ayude. Pero lo que pide es algo completamente distinto: quiere que le de fuerzas para rechazar al hombre que la corteja. Y dice:

¡Roma no seas estúpida esta noche! ¡Cubre la luna con un velo de nubes! ¡ Oculta tus estrellas mas relucientes! ¡ No soples, maldito viento del oeste! ¡ Llévate tu aroma de primavera! ¡ Ayúdame a resistir!

Y Ahí salen las mujeres del barrio a sus balcones y cantan a coro  con la chica ¡ Roma, ayúdala a resistir!

Se crea un duelo tan apasionado de voces masculinas y femeninas que parecen haber olvidado que se trata de un juego. Desde el principio de la serenata todos saben el final de la escena: Si ella se acerca a la ventana y mira al chico de la serenata, se sabe que acepto la propuesta de boda. Ella al asumir su papel en la canción, demuestra también el amor que siente por él, pero debe demostrar que tiene orgullo y  “ hacerse rogar” .

Va a hacer falta toda la pasión del joven enamorado, toda la belleza épica de Roma, todo el brillo de las estrellas, toda la seducción de la luna llena y todo el aroma del viento del oeste para que la chica diga Sí.”

Busqué en Google la ceremonia de la serenata en la calle pero no la conseguí. Pero esta representación teatral es preciosa! Véanla!

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Gracias Any por avisarme cuando salió este libro a la venta!

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COMER, REZAR, AMAR… ( Italia, India, Indonesia y un viaje interior)

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Espero con ansiedad los primeros días de cada mes, para ir al kiosco de revistas a buscar Sophia. Para quienes no la conocen, se trata de una revista  mensual que trae notas súper interesantes sobre el desarrollo y la problemática de la mujer en el mundo.

Además tiene una sección muy amplia sobre cine, arte y literatura. ( también cuenta con una sección de moda como toda revista femenina).

Gracias a Sophia, descubrí muy buenas autoras tales como Kiran Desai, Gioconda Belli, Marcela Serrano entre otras. En la edición de Noviembre de 2008 salió una entrevista a Elizabet Gilbert una mujer norteamericana que después de un traumático divorcio, en plena crisis emocional y espiritual decidió hacer un viaje InteriOR más que exterior. Y cuenta su experiencia en su libro: COMER REZAR AMAR.

Enseguida Liz, la autora y protagonista, te invita sin que te des cuenta a “ que te sumes a su viaje”. Fue así como, a través de la lectura, recorrimos las ciudades más lindas de Italia: Roma, Florencia. Venecia, Bolonia.  Luego fuimos a la India a un ashrams, donde aprendimos a cantar el mantra Om Namaha Sivaja y por último nos enamoramos en  Bali (Indonesia)

ElizabethGilbert

Para quienes tengan ganas de hacer un viaje exterior, pero sobre todo. InTe RiOr.. les recomiendo la lectura de este libro… y si se perdieron la película en el cine, la pueden alquilar. La actriz que interpreta el papel de Liz, es nada menos que Julia Robert.¡ No se la pierdan!

Trailer (¡ por si todavía no la viste!)

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La mujer habitada… ( habita en mí)

Me gusta ir conociendo a Gioconda Belli de a poco. Sentarme a leer cada capítulo de esta novela fue como un despertar. Sentí un cálido encuentro entre ella, Itza, Lavinia y yo. Tengo el permiso de leerla sin apuro, pero sus historias urgentes despiertan en mí la mujer que “me habita”. Esa mujer siente responsabilidad por lo que sucede a su alrededor: El mundo todo. Siente el deseo de poner sus manos al servicio de la humanidad. Quizás en algún país lejano, quizás en alguna tierra cercana. Mientras tanto esa mujer Hoy hace desde su lugar ( y dentro de sus posibilidades). Pero siente Culpa e Impotencia porque  es Conciente que no alcanza.

Itza habita en Lavinia y Lavinia habita en mí…pero mi lucha en este tiempo, es diferente a las de ellas.

“Al amanecer emergí… Extraño es todo lo que ha acontecido desde aquel día en el agua, la última vez que vi a Yarince. Los ancianos decían en la ceremonia que viajaría hacia el Tlalocan, los jardines tibios de oriente —país del verdor y de las flores acariciadas por la lluvia tenue— pero me encontré sola por siglos en una morada de tierra y raíces, observadora asombrada de mi cuerpo deshaciéndose en humus y vegetación. Tanto tiempo sosteniendo recuerdos, viviendo de la memoria de maracas, estruendos de caballos, los motines, las lanzas, la angustia de la pérdida. Yarince y las nervaduras fuertes de su espalda.”

Primer párrafo de  La Mujer habitada

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Otro libro de la autora que recomiendo leer:  Waslala


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