Proyecto de Ley Expte 4643-D-2010
Robo de Identidad DIGITAL. Incorporación del ART. 139 TER del Código Penal.
Articulo 1. Incorpórese el art. 139 ter. del Código penal que quedará redactado de la siguiente manera:
“Será reprimido con prisión de 6 meses a 3 años el que adoptare, creare, apropiare o utilizare, a través de Internet, cualquier sistema informático, o medio de comunicación, la identidad de una persona física o jurídica que no le pertenezca.
La pena será de 2 a 6 años de prisión cuando el autor asumiera la identidad de un menor de edad o tuviese contacto con una persona menor de dieciséis años, aunque mediare su consentimiento o sea funcionario público en ejercicio de sus funciones.”
Artículo 2: de forma.
Fundamentos:
Sr. Presidente:
El robo de identidad es una de las actividades ilícitas de más rápido crecimiento en el mundo.
En la Argentina no está considerado un delito hacerse pasar por otra persona en un blog, en una red social ni en cualquier otro medio electrónico. Si bien existen figuras como el fraude o la falsificación de documentos, la figura del robo de identidad a través de un medio tecnológico no está tipificada.
No es un tema menor, ni patrimonio exclusivo de países en vías de desarrollo. Este tipo de conducta criminal está identificada como white collar crime (crimen de cuello blanco) en tanto sólo un grupo de conocedores de técnicas por cierto sofisticadas pueden llevarlos a cabo. De ahí que un profesional que recién comienza puede ganar aproximadamente 10.000 dólares al año, mientras un “cracker” puede aspirar a una cifra sesenta veces mayor.
El robo de identidad es una modalidad que se comete con más regularidad en los países donde el uso del Internet es el medio común para realizar transferencias, compras, pagar impuestos y demás. En Estados Unidos, cada cuatro segundos es robada una identidad y se afecta alrededor de 10 millones de personas por año, generando un perjuicio aproximado de 50 billones de dólares a los pasivos de este delito; la restauración de la identidad de una persona cuesta 8 mil dólares y se pierden 600 horas aproximadamente para realizar los trámites correspondientes.
Si bien la usurpación de identidad no está tipificada en nuestro plexo normativo, es importante destacar que a través de este modo se cometen gran cantidad de delitos que requieren de esta figura para su comisión. Es un claro acto preparatorio para otros excesos. Un pedófilo utiliza una identidad falsa para hacerse pasar por un amigo, un extorsionador para esconder sus propósitos y amenazar a su víctima desde el anonimato. Para tener una idea de su magnitud “el phishing” (robo de claves bancarias a través de Internet) es un tipo de robo de identidad: un engaño pero donde se usurpa la identidad de una empresa de conocida trayectoria.
Sólo a efectos enunciativos podemos detallar algunos de las modalidades delictivas que se nutren del robo de identidad:
Ciberbulliying o ciberacoso: es el uso de información electrónica y medios de comunicación tales como correo electrónico, mensajería instantánea, mensajes de texto, blogs, teléfonos móviles, buscas, y websites difamatorios para acosar a un individuo o grupo, mediante ataques personales u otros medios, y puede constituir un delito informático. El ciberacoso es voluntarioso e implica un daño recurrente y repetitivo infringido a través del medio informático.
Grooming: Consiste en acciones deliberadamente emprendidas por un adulto con el objetivo de ganarse la amistad de un menor de edad, al crearse una conexión emocional con el mismo, con el fin de disminuir las inhibiciones del niño y poder abusar sexualmente de él.
En Argentina, si bien no existen datos oficiales, los casos de robo de identidad vienen incrementándose en los últimos 5 años. Este aumento en los incidentes tiene una relación directa con la masificación en el uso de las nuevas tecnologías.
Es menester destacar la colaboración y propuestas ofrecidas por el Dr. Monastersky, especialista en la materia.
La regulación de esta modalidad en nuestro país, debería contemplar el déficit que existe en cuanto a la educación y prevención de este delito y contar con campañas de concientización.
Por lo expuesto solicito a mis colegas, me acompañen en este proyecto.
Los perfiles falsos de famosos en facebook aumentaron hasta un 300 % desde el año pasado hasta hoy, reveló un estudio informático. Entre los más perjudicados están Luisana Lopilato, Zulma Lobato, Marcelo Tinelli, Cacho Castaña, Emilia Attias e Ingrid Grudke, entre otros. El abogado Daniel Monastersky dice que el robo en las redes sociales se vuelve inmanejable y que desde 2009 a la fecha “no dejaron de aumentar”. La usurpación de identidad es por 8vo año consecutivo el delito más denunciado en EE.UU.
A raíz del aumento en los casos de robo de identidad en Latinoamérica, el servicio de noticias de la BBC de Londres se comunicó con las oficinas de Identidad Robada en Buenos Aires para conocer los testimonios de algunos de los damnificados y la opinión de los miembros del equipo del portal. Conocé la opinión de Andrés Pumarino, Country Manager de Identidad Robada Chile.
La reputación ‘online’ está en alza – La Red bulle de rumores y las empresas contratan a consultoras para limpiar su nombre
El prestigio siempre ha sido algo de lo que preocuparse. Construir una identidad sin mácula era tarea de una vida, incluso de varias. En tiempos medievales bastaba echar una ojeada al escudo de armas, que garantizaba el buen nombre del portador. Yelmos y flores de lis fueron sustituidos por los contactos, gente importante que respaldaba la propia fama. Hoy, Internet se ha apropiado de las herramientas para labrarse una buena reputación. Ni cartas de recomendación ni blasones familiares. El linaje ha sido sustituido por el historial de Google.
La notoriedad nunca fue tan democrática como ahora. Cualquiera puede acceder a la Red y defenderse en ella sin dinero ni intermediarios. Sólo méritos y un público casi ilimitado. Pero al igual que en la Edad Media, los mentideros bullen de rumores que se extienden como la pólvora y que, también de manera democrática, salpican las reputaciones.
“Antes, si crecías en un pueblo, sabías quién era hijo de quién y, si te metías en líos, todos se enteraban. Ahora, ese pueblo es Facebook o Twitter. Si cometes un error, todos lo saben”. Andy Beal es uno de los mayores expertos mundiales en reputación online y ha asesorado, entre otros, a Microsoft y Motorola. Asegura que los jefes consultan Google y Facebook para saber más sobre sus empleados: “Al menos una vez al año, supervisarán tu actividad online para encontrar algo que pueda hacerte prescindible. Muchos mánager se hacen amigos tuyos en las redes sociales para vigilarte”.
Beal es el creador de Trackur, un programa que busca identidades en Internet para averiguar lo que se está diciendo de ellas. Es una iniciativa semejante a la de Twinfluence, web que utiliza Twitter (portal donde se pueden publicar comentarios de hasta 140 caracteres) para determinar la popularidad de cada usuario, a cuánta gente llegan sus mensajes.
Medir la reputación y mejorarla es tarea de profesionales. En España, despuntan las primeras consultoras especializadas. Estudian la presencia en Internet de la empresa, institución o particular que les contrata y generan contenido positivo sobre ellas (texto, fotos y vídeos sobre lo que hacen y dicen, cuanto más, mejor). Si el daño ya está hecho, solicitan a blogs, foros y webs que retiren los comentarios injuriosos sobre sus clientes.
En Overalia, trabajan sobre todo con pymes. “Las empresas son conscientes de que Google les afecta. Cuando encuentran informaciones sobre ellos creadas por otros, se preocupan”, explica Victor Puig, director de contenidos, que ofrece el siguiente ejemplo: “Un señor llega a una compañía y su mala gestión la lleva a la quiebra. La gente le critica en la Red. Si intenta crear otra empresa, tendrá problemas. Al buscarle en Google, su perfil arrastrará esas críticas”.
Esto se conoce como “crisis de marca”, y es la especialidad de la consultora Customer Hunt. Oriol Gifra, su director, ha trabajado con cantantes, políticos y también con un empresario que perdía hasta 100.000 euros a la semana por un solo insulto anónimo en un foro: “Los proveedores anulaban pedidos, el banco le negaba la ampliación de la póliza de seguros e incluso le costaba que alguien se presentara para una entrevista de trabajo”.
¿Existen quitamanchas? “El 90% de las ofensas vienen de los foros. Les pedimos que retiren los comentarios. Muchos se niegan, alegando que no están obligados. Por eso, no prometemos nada. A corto plazo, es muy difícil solucionar algo. Hay clientes que se creen que esto es apretar un botón y ya está”, asegura Gifra.
Se puede gestionar la reputación en Internet sin recurrir a expertos. Para hacerlo hay que sumergirse en un sinfín de webs en las que se pone nota a compañeros de trabajo, amigos y hasta a completos desconocidos. Todavía en pruebas, Unvarnished (”sin barniz”, en español) permite publicar comentarios sobre jefes y colegas de manera anónima. Se puntúan las diferentes aptitudes (productividad, sociabilidad…) y se ofrece una valoración general (de una a cinco estrellas). Después, se escribe a voluntad: “Nunca consiguió hacer nada. Se dedicó a hacer la pelota y a desperdiciar sus años en la empresa”. Es uno de los comentarios que pueden leerse en el perfil de un directivo de Google. Es imposible saber quién fue el rencoroso autor y tampoco puede borrarse.
Esta oportunidad para vengarse ha llevado a The New York Times a calificar a Unvarnished como “la pared de un baño en el que todo el mundo puede entrar”. Sin embargo, casi todas las pintadas son positivas. En muchas ocasiones, los que son amigos en Facebook se valoran mutuamente con la máxima puntuación, en una complicidad interesada. Peter Kazanjy, fundador de Unvarnished, explica que la mejor manera de controlar tu reputación es conectar con los demás: “Pedir a personas que te conocen que escriban sobre ti. Agradecer esos mensajes, matizarlos o incluso desmentirlos”. Es posible replicar a una crítica y ofrecer argumentos que cuestionen su veracidad, así como invitar a otros compañeros para que te defiendan.
No en todas las webs hay tanto control. Formspring y Jerk se centran en la reputación personal y apuestan porque el círculo de confianza del usuario entre a valorar sus aspectos más íntimos. Preguntas como: “¿Es Mary sensible, es leal, está enamorada?”. Abundan las obscenidades y las salidas de tono, también los perfiles falsos, como uno sobre el Papa. El vertedero de la reputación se encuentra en Jerk, donde existe un top 100 de “estúpidos”. Gente real que es duramente insultada, a menudo por desconocidos. Hay una sección de pujas en la que se ofrece dinero para que alguien resulte elegido “estúpido del día” (también hay del mes y del año). El que paga más, decide quién será humillado en la plaza pública.
El escarnio de la reputación existe, pero también su monetarización. En The Whuffie Bank quieren sustituir el dólar por el whuffie, una forma de pago virtual. Miden el prestigio basándose en la influencia que tienen los usuarios a través de su cuenta de Twitter, y en breve esperan dar el salto a Facebook. No intentan responder a “quién tiene más reputación que quién”, sino determinar la especialización de cada uno. Si alguien demuestra que es un líder de opinión en un tema, le otorgan el título y una buena cantidad de moneda virtual. ¿Para qué sirve? “El día de mañana podrás saber qué 10 personas saben más de fútbol en tu ciudad o quién sabe más de Los Simpson en tu barrio. Si alguien tiene muchos whuffies en Barcelona sobre Messi, podrá canjear su moneda por un descuento en Adidas”, afirma Santiago Siri, uno de los fundadores. ¿El resultado? Una economía de reputación con forma de sofocracia o gobierno de sabios a la que todo el mundo tenga acceso. “Una que cumpla la máxima de Marx: ‘de cada uno según sus capacidades, a cada uno de acuerdo con sus necesidades”.
Existe también una versión ONG, promovida por Amnistía Internacional. Tyrannybook es un Facebook para criticar a “los líderes que no respetan los derechos humanos”. Los amigos se llaman “aliados” y se unen en grupos como “los 20 peores dictadores que siguen con vida”, en una clasificación encabezada por el norcoreano Kim Jong-il y en la que aparecen también Ahmadineyad (Irán) o Hu Jintao, presidente de China.
Eduardo Press, psicólogo especializado en conflictos laborales, recomienda separar la herramienta del uso que se hace de ella (”con un martillo puedo clavar un clavo o romperte la cabeza”), pero se centra en los riesgos: “Al carecer de reglas, todo queda ligado a la responsabilidad, que se diluye con el anonimato. El riesgo es el linchamiento. Destruir una reputación siempre es más fácil y lleva menos tiempo que construirla”.
La mayoría de los expertos minimizan los riesgos y se sienten molestos por la distorsión mediática: “El miedo vende”, dice Neus Arqués, de la consultora Manfatta. “Antes, para llegar a grandes audiencias, hacía falta dinero para pagar a un responsable de comunicación. Ahora, cualquiera, incluso un autónomo, puede llegar más allá de su barrio”.
No todos los rumores son infundados. “Hay gente que merece su mala fama”, afirma Victor Puig, de Overalia. Pero incluso estos, señala Oriol Gifra, de Customer Hunt, tienen derecho a limpiar su reputación: “Esto es como si van a un abogado: yo les defenderé, sean inocentes o no”.
¿Cómo hacer para no perder el buen nombre en el lodazal de insultos anónimos que puede ser la Red? Jeremiah Owyang se presenta como “estratega web” y es columnista de Forbes: “Debes apropiarte de tu nombre en Internet antes de que otro lo haga”. Blindarse ante posibles ataques,tal y como hace la Casa del Rey, que ha ido comprando y cerrando los dominios web con el nombre de los hijos del Príncipe y las Infantas a medida que estos nacían. Pero ni siquiera esto es suficiente. La mujer del hombre más poderoso del planeta, Michelle Obama, tuvo que soportar hace meses cómo una foto suya se asociaba en Google a la palabra monkey (mono) y a un montaje fotográfico de un simio con su rostro.
En el medievo, bastaba un mal lance en batalla para perder la vida. Si el caballero no había dejado descendencia, desaparecía su nombre. Hoy, quien deja huella en Internet lo hace para siempre. Borrarse de las redes sociales no garantiza nada, la información sigue ahí. ¿Hay esperanza si la losa de la reputación resulta demasiado pesada? En la web Seppukoo (cuyo nombre hace referencia a una modalidad de haraquiri) ofrecen suicidios virtuales gratuitos. Un clic y el perfil de Facebook se convierte en un epitafio. Pero también después de muerto, los demás opinarán sobre el difunto y dejarán sus condolencias. En este cementerio ya hay 20.000 lápidas.
Improperios ‘made in’ Google
- El buscador Google ofrece la opción de autocompletar los términos de la búsqueda, basándose en las consultas más frecuentes. Así, al introducir los nombres de algunos personajes públicos, no faltan las sorpresas. ¿Es esto un atentado contra la reputación o solo el resultado de un algoritmo?
- José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno. Google lo asocia con “Mr. Bean”, “Pinocho” y “masón”.
- Mariano Rajoy, presidente del Partido Popular. El buscador propone “homosexual” al teclear su nombre.
- Benedicto XVI. Entre las sugerencias destacan “nazi” y “Opus Dei”.
- Mahmud Ahmadineyad, presidente de Irán, es un “judío” y Benjamín Netanyahu, su homólogo israelí, está vinculado con la palabra “inquisición”.
- Kim Jong-il, dictador de Corea del Norte, ve su nombre acompañado de la combinación “sangre de vírgenes”.
- Lady Gaga, diva del pop, “es un hombre” y Michael Jackson, fallecido en junio de 2009, “está vivo”.
1) Ingresar a: http://www.matear.org.ar
2) Ir a “Votá tu site preferido”
3) Registrarse (sólo con un email)
4) Luego que llegue el email con usuario y contraseña loguearse en la sección que figura en el punto 2
5) Seleccionar la categoría Ciencia y Tecnología
6) Seleccionar http://www.identidadrobada.com de los pull down menu.
Martin Dinalate, periodista y editor de la seccion politica del diario La Nacion, entrevista a Daniel Monastersky y Eduardo Thill en su programa Marcar Agenda, que se transmite por Radio El Mundo.
Antes decían “arriba las manos” para robarnos la billetera. Ahora es arriba los dedos… del teclado, para hacer con nosotros casi lo que quieran, desde el robo de identidad hasta el aberrante acoso sexual a menores de edad.
Si usted vive en Capital, puede ser víctima de un crimen cada 4 minutos; tiene una oportunidad en 42 millones de ser picado por una víbora, una en 2,6 millones de que le caiga un rayo, una en 30 de tener un accidente de auto; y una en sólo 5 de ser víctima de algún delito de Internet (se estima uno cada 4 segundos).
No es un tema menor, ni patrimonio exclusivo de países en vías de desarrollo. Este tipo de conducta criminal está identificada como white collar crime (crimen de cuello blanco) en tanto sólo un grupo de conocedores de técnicas por cierto sofisticadas pueden llevarlos a cabo. De ahí que un profesional que recién comienza puede ganar aproximadamente 10.000 dólares al año, mientras un “cracker” puede aspirar a una cifra sesenta veces mayor.
Son acciones ocupacionales, en cuanto a que muchas veces se realizan cuando el sujeto se halla trabajando. También son producto del aprovechamiento de la oportunidad, de una ocasión en un esquema de función permanente como la informática en el mundo actual, siendo de particular preocupación la invasión y robo informático que se produce en instalaciones militares y/o instituciones financieras. Disponen de tiempo y no necesitan de espacio: en milésimas de segundo y sin necesaria presencia física, el delito queda consumado. Por eso mismo, por su silenciosa presencia, son muchos los casos y pocas las denuncias que, por otra parte, tienen pocas herramientas para ser comprobadas.
El mundo de las TIC´s (Tecnologías de la Información y el Conocimiento) tiene, no obstante, quienes se ocupan de la defensa de ignotos usuarios –la gran mayoría-, siendo uno de los más reconocidos el abogado Daniel Monastersky, CEO de Identidadrobada.com, sitio que se complementa jurídicamente con TechLaw Buffet, creada junto con el abogado Raúl Martínez Fazzalari. Con Monastersky hablamos del tema:
Noticias &Protagonistas: Estamos enfrentando una nueva modalidad delictiva. ¿Qué nos puede decir acerca de los casos de grooming y ciberbullying?
Daniel Monastersky: Grooming es el acoso sexual practicado sobre menores a través de un medio electrónico. Se utilizan los mensajes de texto, Messenger o cualquier chateo; se los amenaza, se los hostiga para que muestren sus partes íntimas, o incluso en el peor de casos los acosan para encontrarse y abusar de ellos. Es una actividad previa, un acto preparatorio de violación.
N&P: Frente a esto, además de cubrir los baches en la legislación, ¿no sería necesario fortalecer el diálogo, la relación de confianza entre el adulto y el menor? DM: Claro, hay que explicarles los cuidados necesarios para establecer contactos. El problema es que los menores no confían en sus padres porque argumentan que no conocen las herramientas informáticas; por eso no los consideran autoridad. Así que la educación, en este caso, también tiene que pasar por el adulto.
N&P: Bien, eso desde la órbita familiar. Ahora, en lo legislativo, ¿no existe un vacío? Convengamos en que esto es general, ya que días pasados el tema fue denunciado en Alemania… DM: Nosotros tenemos la Ley 26.388, del año pasado, que modifica el Código Penal sobre delitos informáticos, la tenencia de material pornográfico con menores para comercialización, y equipara el correo electrónico con el epistolar para todo lo que refiere a violación de correspondencia.
Alcances de la Ley
Cabe consignar que dicha ley trabaja también sobre la sustracción de números de DNI, de tarjetas de crédito (se venden muy baratas por la enorme facilidad con que se consiguen), y toda documentación o información con datos personales. Estadísticas confiables y especializadas señalan que en octubre habían sido hackeadas 30.000 cuentas de Hotmail, Gmail, Yahoo y AOL.
N&P: ¿Está la Argentina preparada para enfrentar la situación? Porque en el problema, además de ir aprendiendo nuevos términos, también se debería incorporar a los legisladores. ¿Existe un espacio para avanzar por ese camino? DM:Sí, después de muchas reuniones con diferentes bloques en la Cámara de Diputados de la Nación, hubo buena receptividad y estamos trabajando casi con regularidad para llevar adelante un proyecto de ley en ambos casos (grooming y ciberbullying), y en todo lo que tenga que ver con el robo de identidad digital. En esta línea, la diputada Paula Bertol (Pro) se ha mostrado muy interesada en acompañarnos. Confío en que el año que viene tendremos resultados concretos.
De hecho, en el website de TechLaw creado por Monastersky, aparece un Registro Nacional de Bases de Datos, que responde a la Ley 25.326 de Protección de Datos Personales en la Argentina. En ella se señala que toda base de datos de uso exclusivamente personal está sujeta a ciertas disposiciones, como la obligación que tienen las empresas que por alguna circunstancia manejan esta información, de inscribirse en forma anual en el Registro Nacional a través de un formulario on line, lo que debe renovarse anualmente. Sólo después de haber sido aprobada la inscripción, la persona o empresa registrante tiene derecho a utilizar el isologotipo de responsable registrado en su papelería o sitio web, brindando así confianza a los terceros con los cuales contrata y a aquellos que, por diversas razones, le confían datos sensibles.
No obstante, por el momento no es suficiente, y la elaborada sofisticación de los expertos en sistemas obliga a la sociedad –como padres y/o docentes-, a la Justicia y a los legisladores, a prestar enfática atención sobre un tema cuyas consecuencias, de no prevenirse, dejarán huellas físicas y psicológicas irreversibles.
Robos de identidad, informaciones falsas o cambios de datos, de fotos y de perfiles. Cómo minimizar los riesgos y proteger a los más chicos.
Un día, Bruno Rovagnati descubrió un falso perfil de sí mismo en Facebook, creado exclusivamente para insultarlo y ponerlo en ridículo dentro de la empresa donde trabaja. Las personas detrás del ataque tomaron datos, fotos y videos de su perfil verdadero de Facebook, y comenzaron a agregar sus contactos. También crearon páginas falsas en Blogger, Twitter y YouTube, donde utilizaron videos que él había publicado, escribieron textos en su nombre y expresaron su adhesión a contenidos con símbolos nazis. “Me enteré por comentarios de mis amigos, o por otros que me preguntaban si realmente era yo quien los había agregado”, comenta Rovagnati, habitante del partido bonaerense de Pilar y víctima, a sus 26 años, de los peligros asociados a una alta visibilidad en la Web.
El caso de Bruno no es extraño. Colegas deseosos de nuestro puesto, parejas despechadas, personas obsesionadas, pedófilos, extorsionadores o simples estafadores suelen estar detrás de casos de ciberacoso o suplantación de identidad. Por ejemplo, fotos tomadas dentro de una casa y la actualización de datos anunciando el comienzo de las vacaciones es información que una banda delictiva necesita para el robo perfecto. Del mismo modo, la info que publica un usuario sobre sus seres queridos, como sus nombres y fotografías, puede ser decisiva para un secuestro virtual.
Y aunque no existieran personas malintencionadas, muchas veces son los mismos usuarios quienes siembran la semilla de sus futuros dolores de cabeza. ¿Cómo? compartiendo fotos, videos y otros contenidos comprometedores que, mal protegidos, terminan siendo vistos por los menos indicados: compañeros de trabajo, familiares o reclutadores de personal de la empresa a la que sueñan pertenecer.
¿Tenemos real conciencia de los problemas que puede causarnos el subir información personal a Internet? ¿Tomamos las medidas adecuadas para evitar que nuestros datos sean vistos por cualquiera? ¿Hasta qué punto Facebook es seguro y protege nuestra información?
Minimizar los riesgos
“La seguridad en Internet no existe, es una sensación, y Facebook no es la excepción a esa regla”, asegura Miguel Sumer Elías, especialista en nuevas tecnologías y profesor de Derecho Informático en la Universidad de Belgrano (UB). Y agrega: “Lo que uno puede hacer es minimizar los riesgos”.
Por eso, los expertos recomiendan tener presente que todo lo que se sube a la red quedará expuesto a los ojos del mundo entero. No hay que olvidar que los sistemas de seguridad, programados por seres humanos, están lejos de ser infalibles. Y que el propio fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, fue víctima de ataques virtuales en los que piratas informáticos accedieron a toda su información. “Si uno quiere estar relativamente seguro en Facebook, debe ser muy consciente de lo que publica y configurar con gran cuidado las opciones de privacidad”, afirma Daniel Monastersky, abogado, CEO del sitio www.identidadrobada.com y docente universitario en Derecho Informático.
Criterios básicos
Los especialistas consultados coincidieron en ciertos criterios que deberían guiar un uso consciente, responsable y seguro de Facebook:
•No tener un millón de amigos. “Debemos ser muy selectivos y no agregar a alguien porque chateamos una vez o porque nos parece que lo conocemos. Está en juego nada menos que el acceso a información muy valiosa sobre nuestra vida”, advierte Elías. Según el experto, son 150 o 200 los contactos que una persona puede, razonablemente, conocer.
•No subir contenidos que puedan perjudicarnos. “No publiques nada en tu perfil que no te sientas cómodo adjuntando a un currículum o solicitud de beca”, recomienda Facebook. Monastersky es enfático al respecto: “Hoy en día, tu currículum es Internet. Y, por cómo funciona la Web, una vez que algo se sube ya nadie puede borrarlo; de ahí la importancia de pensar varias veces antes de publicar algo”.
•No divulgar datos personales delicados. Con el nombre completo y la dirección de correo electrónico es más que suficiente. No incluir domicilio, teléfono, ni situación sentimental. “No subir fotos de la familia ni de la casa, o información sobre las rutinas y actividades diarias… usar el sentido común pensando que alguien, eventualmente, podría acceder a esos datos con voluntad de hacer daño”, recomienda Elías.
•No usar aplicaciones desconocidas. Al hacerlo, el usuario comparte información valiosa sobre sí mismo y sobre sus contactos con los creadores de esos programas. ¿Qué hacen ellos con los datos? Quizás nada malo… pero quizás sí. “El usuario no tiene forma de comprobarlo. Además, es un hecho que gran parte de esas aplicaciones instalan virus y espías en las computadoras”, agrega Monastersky.
•Tener un perfil. A los que no están interesados en Facebook, Monastersky les recomienda que se registren y se contacten con sus conocidos, aunque después no usen la cuenta con frecuencia. “De lo contrario –sostiene–, le están dando, a quien quiera usurparles la identidad, una gran oportunidad de ser los primeros en generar un perfil falso y agregar a sus conocidos”.
La moda de mostrarlo todo
Publicar todo, en todo momento y con pocas precauciones. Por ahí pasa la moda hoy. “Para los jóvenes, Facebook es la principal puerta de entrada a la Web. Acceden unas seis veces por día. Y, de ese modo, van construyendo una suerte de relato audiovisual colectivo de la vida social”, explica Roberto Igarza, docente e investigador de la Universidad Austral, especializado en nuevas formas de consumo en la cultura. Para él, una parte de ese fenómeno radica en que la gran mayoría de los usuarios comparte todo con todos, sin crear grupos según niveles de confidencialidad y dejando su información personal “en un campo que no está para nada delimitado”.
Por su parte, Elías agrega: “Estamos cambiando hacia una generación indiferente respecto de su privacidad, donde la tendencia a mostrar se instala como un estilo de vida. Esto se complica cuando hablamos de chicos que juegan a mostrarse sin ser conscientes de las consecuencias”.
Entender y controlar
¿Qué rol deben cumplir los padres en este escenario, como naturales protectores de sus hijos? ¿Cómo controlar la actividad de estos en Facebook? ¿Cómo lograr que entiendan los peligros y adopten precauciones adecuadas?
En principio, Facebook no permite el acceso a menores de 13 años. Y les recomienda a los padres que “juzguen si es necesario supervisar a sus hijos mientras utilizan el sitio”. Luego, los anima “encarecidamente” a hablar con ellos sobre los riesgos del uso de Internet.
“Hay que hablar con los chicos –recomienda Elías– y decirles lo mismo que nos decían nuestros padres cuando íbamos a jugar a la plaza: ‘no hables con extraños’, sólo que en una versión adaptada a Internet”. En su opinión, no es bueno prohibirles el acceso a Facebook, porque la curiosidad los llevará a ingresar en forma oculta, lejos de los ojos paternos. Por el contrario, aconseja mantenerse cerca de ellos y hablarles sobre los peligros en un lenguaje que puedan entender. “Educarlos y darles confianza para que, en una situación de peligro, no se queden callados por pensar que serán castigados”.
El problema es que, para que los padres puedan dialogar, primero necesitan instruirse. Por lo menos, tener un perfil en Facebook y saber de qué se trata. “Sino, los chicos perciben ese desconocimiento y no consideran a sus padres como autoridades en la materia”, afirma Monastersky. “Quizás, la solución sea incorporar conocimientos sobre Internet y el uso responsable de las redes sociales en un espacio público como es la escuela, compartido por padres, hijos y docentes”, sugiere Igarza. O tal vez, los padres, sin perder el vínculo padre-hijo, figuren como amigos de sus hijos en Facebook, con el fin de ingresar a su actividad online. “Hay muchas medidas de ese tipo que se pueden tomar, pero lo fundamental es que los padres logren entender lo que está sucediendo, cosa que no siempre pasa”, concluye el experto.
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