Archivo para la categoría ‘lunfardo’

ACUERDATE DE MI

Música: César Sacchi
Letra: Gerónimo Gradito

Cuando solo en mi buhardilla yo te evoco novia mía,
como el astro que ilumina con su luz a mi querer,
me parece que tú llegas en la brisa que me besa
con los líricos susurros que me dicen de tu ser.

Y en las glorias de esas dichas que son sueños de bohemio
cuantas veces he rogado que tú te acuerdes de mí,
porque sólo son dichosos los que saben de ternuras,
que les dejan los recuerdos, como yo en mi alma sentí.

Al altar de mi destino, puese el alma en las plegarias
para unir en un delirio, el sentir de nuestro amor
y tener por dulce nido la blanca y bella casita,
que perdida entre flores sea un encanto arrobador.

Cuando llegue primavera con su séquito de flores,
en el nido habrá ternuras que son cantos de pasión;
tú estarás entre mis brazos y exaltados por los besos,
sólo un ritmo habrá entre ambos que nos una el corazón.

ACUARELITA DE ARRABAL

Música: Cátulo Castillo
Letra: José González Castillo

Escuchar
mientras leo
Era un viejo zapatero
que vivía en un portal,
y era una rubia vecinita
muy bonita
y muy coqueta, que pasaba sin mirar.
La rubia por las mañanas
iba camino a su taller,
y frente al cuchitril del viejo remendón
era como un primer
rayo de sol…

El pobre viejo tras la vidriera,
viviendo alguna lejana ilusión,
soñaba al verla pasar por la acera
quién sabe qué loca quimera de amor.
La rubia un día entró a la bohardilla
y el pobrecito tembló de emoción,
cuando a pretexto de atarle una hebilla
la pierna torneada su mano palpó.

Y con sorpresa, ese día,
frente a su chiribitil,
la gente llena de emoción se detenía
para escuchar la melodía de un violín.
Era que aquel zapatero,
con religiosa devoción
su triste soledad
lloraba al tierno son
de una familiar canción sentimental.

Desde esa tarde su canto parece,
con su incansable motivo chillón,
la monocorde sonata de un grillo
en el pentagrama de aquel callejón.
Y, según dicen, pensando en la rubia,
el pobre viejo, detrás del portal,
como a una pierna temblando acaricia
la caja del tosco violín fraternal.

ACQUAFORTE

Música: Horacio Pettorossi
Letra: Juan Carlos Marambio Catán

Es media noche. El cabaret despierta.
Muchas mujeres, flores y champán.
Va a comenzar la eterna y triste fiesta
de los que viven al ritmo de un gotán.
Cuarenta años de vida me encadenan,
blanca la testa, viejo el corazón:
hoy puedo ya mirar con mucha pena
lo que otros tiempos miré con ilusión.

Las pobres milongas,
dopadas de besos,
me miran extrañas,
con curiosidad.
Ya no me conocen:
estoy solo y viejo,
no hay luz en mis ojos…
La vida se va…

Un viejo verde que gasta su dinero
emborrachando a Lulú con el champán
hoy le negó el aumento a un pobre obrero
que le pidió un pedazo más de pan.
Aquella pobre mujer que vende flores
y fue en mi tiempo la reina de Montmartre
me ofrece, con sonrisa, unas violetas
para que alegren, tal vez, mi soledad.

Y pienso en la vida:
las madres que sufren,
los hijos que vagan
sin techo ni pan,
vendiendo “La Prensa”,
ganando dos guitas…
¡Qué triste es todo esto!
¡Quisiera llorar!

A LA GRAN MUÑECA

Música: Jesús Ventura
Letra: Miguel Osés

Escuchar
mientras leo
Yo te he visto pasar por la acera
con un gesto de desolación
y al cruzar no miraste siquiera,
que entendía tu desilusión.
Te ha dejado, lo sé, la malvada
y al calor de otros ojos se va;
ya lo ves cómo no queda nada
de ese amor que matándote está.

Volvé, jamás otras manos
cual las de tu mujercita
harán por la tardecita
los mates que cebo yo.
Que en su espuma te contaba
que además de su dulzura
allí estaba la ternura
de aquella que lo cebó.

Y por mucho que te quieran
siempre serán artificios,
nadie hará los sacrificios
que hizo por vos tu mujer.
En mis noches de vigilia
acongojada no duermo
sabiendo que estás enfermo
sin poderte socorrer.

Allá en la noche callada
te veo triste y burlado
por aquella que ha llevado
mi vida y mi corazón.
Volvé que aquí has de olvidarla,
mi pecho siempre te espera,
ya sabrá tu compañera
cicatrizar tu pasión.

AL VERLA PASAR

Música: Joaquín Mora
Letra: José María Contursi

Ayer al verla pasar me convencí
que no es posible volver y comprendí
que todo se ha terminado,
que somos sombras de aquel pasado.
Con cuánta pena miré lo que creí
sería mi salvación… ¡Pobre de mí!
Y en esa duda terrible
de hablarla o no hablarla
mis pasos volví…

Pobrecita,
¡qué vieja y pálida estaba!
Sin brillo
sus negros ojos miraban…
La vida
quiso ensañarse con ella…
¡Pensar que fue tan bella
y que hoy el mundo la olvida!
Si supiera
que yo también he cambiado,
que tengo
el corazón destrozado,
que a veces
hasta en matarme he pensado,
pues todo, todo, todo
ha muerto ya para mí…

Después temblando me fui de aquel lugar
con unas ansias tan grandes de llorar…
Enloquecido de pena,
frío en el alma,
hielo en las venas…
Y anduve, así, sin saber adónde ir,
sintiendo risas y burlas junto a mí. . .
Y hoy, al saberme perdido,
sin fuerzas, vencido,
no puedo vivir…