Aceite de oliva mejora la salud de pacientes con hipertensión

Según un estudio del Instituto de la grasa, la dieta mediterránea suplementada con aceite de oliva virgen o frutos secos mejora la salud de pacientes con hipertensión. Consumir aceite devuelve a parámetros normales la estructura de los glóbulos rojos

Investigadores de toda España estudian el efecto beneficioso de la dieta mediterránea, suplementada con aceite de oliva virgen o frutos secos, sobre pacientes con riesgo de sufrir problemas cardiovasculares.

Los últimos resultados, publicados recientemente en la prestigiosa revista Hypertension en el marco del proyecto PREDIMED, muestran a nivel molecular cómo en personas con hipertensión el consumo de aceite de oliva devuelve a parámetros normales la estructura de los glóbulos rojos, alterada en estos pacientes.

“Que la comida sea tu alimento y que el alimento sea tu medicina”. Así de simple y contundente se refería hace siglos Hipócrates a la importancia que tiene sobre la salud una buena dieta. Desde entonces muchas han sido las fórmulas que se han planteado, algunas de ellas en ocasiones contradictorias, llegando hasta lo que hoy se etiqueta como funcional. Bajo este nombre se agrupan aquellos productos con valor nutricional y que, además, cuentan con propiedades beneficiosas para el organismo científicamente demostradas.

La soja o el omega-3 están disponibles en los lineales del supermercado en casi cualquier tipo de artículo. Con ellos compite una nueva gama de alimentos enriquecidos con bacterias y que anuncian ser la solución para el colesterol o para reforzar las defensas. Todo esto colabora para que los hábitos de consumo cambien en la población, provocando de alguna forma que se dejen de lado productos que la cultura gastronómica de cada zona ha ido agrupando con el paso del tiempo.

Las legumbres, los cereales o el aceite de oliva han estado ligados tradicionalmente a la dieta de la población mediterránea. Sus beneficios para la salud se han pregonado durante la última década. Sin embargo, aunque existen estudios que respaldan esta afirmación, hasta ahora no se había realizado ningún ensayo clínico aleatorizado de cara a valorar los efectos de esta peculiar dieta en la prevención primaria de la enfermedades cardiovasculares, y cuyos resultados permitan efectuar recomendaciones a la sociedad con el máximo rigor científico.

Es por ello que en 2003 se puso en marcha PREDIMED, un proyecto coordinado por Ramón Estruch (Hospital Clínico, Universidad de Barcelona) en el que participan más de 350 expertos pertenecientes a 19 grupos de investigación de toda España, y que abarca más de 7.500 pacientes con alto riesgo cardiovascular. Un gran esfuerzo científico que tiene como objetivo principal el averiguar si la dieta mediterránea, suplementada con aceite de oliva virgen extra o frutos secos, evita la aparición de este padecimiento en comparación con una dieta baja en grasa.

“En nuestro trabajo estamos valorando la intervención dietética durante cinco años sobre los eventos primarios en los problemas cardiovasculares, como son la muerte por esta causa, el infarto agudo de miocardio, la angina estable, la angioplastia, el paro cardíaco y el accidente vascular”, señala Valentina Ruiz Gutiérrez. Esta investigadora del Instituto de la Grasa (CSIC) lidera desde Sevilla una de las líneas de investigación de PREDIMED dedicada exclusivamente a demostrar los beneficios que aporta el aceite de oliva virgen extra a la prevención de estas cuestiones. Algo que, según los resultados obtenidos hasta ahora, está consiguiendo.

La mediterránea, la mejor

En 2006, una publicación en la revista Annals of Internal Medicine ponía sobre la mesa cómo la dieta mediterránea propuesta por el proyecto tenía mejores resultados que la baja en grasas, recomendada actualmente para pacientes con riesgo cardiovascular. Estas conclusiones preliminares apuntaban que una dieta suplementada con un mínimo de 50 gramos (tres cucharas soperas) de aceite de oliva o 30 gramos de frutos secos, no sólo no provocaba variación del peso corporal sino que a la vez reducía de manera significativa la presión arterial y la resistencia a la insulina de los pacientes, además de la concentración en sangre de los marcadores de inflamación vascular relacionados con la arterioesclerosis.

“Esta publicación responde a un primer estudio piloto elaborado durante tres meses con 772 participantes, para ver si se había planteado bien el trabajo o si era algo que no iba a dar resultados. Los datos obtenidos nos sorprendieron a todos, tanto en la dieta con aceite de oliva como con frutos secos, ya que durante este corto periodo de tiempo se vio que bajaban todos los parámetros: disminuía la hipertensión, subía el colesterol bueno, se reducía el malo, … por destacar algunos”, subraya Valentina Ruiz.

Para esta investigadora, publicaciones de este tipo sirven para poner en valor en el panorama científico internacional las propiedades saludables del aceite de oliva. Una especialidad en la que trabaja desde hace más de 30 años y para la que, actualmente, cuenta con el respaldo de la Fundación Patrimonio Comunal Olivarero y su aportación anual para PREDIMED de 200.000 euros en aceite. Sin embargo, según comenta, “no es suficiente con saber qué hace el aceite de oliva virgen, qué beneficios aporta para la salud, porque si no demuestras los mecanismos por los que esto es posible, no podrás nunca llegar a comprender el fenómeno en profundidad”.

Esto es precisamente lo que ha logrado con su último artículo, publicado recientemente en la prestigiosa revista Hypertension. En él demuestra cómo el aceite de oliva virgen extra modifica la estructura y composición lipídica de los eritrocitos, o glóbulos rojos, alterada en pacientes con hipertensión, mejorándola y acercándola a parámetros normales. Para llegar a esta conclusión Valentina Ruiz ha estudiado, junto a investigadores de Baleares, Sevilla, Málaga y Barcelona, las membranas de los eritrocitos en un total de 36 pacientes, tras un año de intervención en su alimentación con dieta mediterránea suplementada con este tipo de aceite.

Efecto a nivel molecular

“Las membranas de los glóbulos rojos no cuentan con una estructura estable, sino que están formadas por dos capas que se van deslizando sobre sí mismas. Dentro de esta bicapa están presentes el colesterol, transportadores de iones, receptores, proteínas y otros elementos que influyen en su flexibilidad”, explica la investigadora. Conocer el impacto del aceite de oliva sobre esta estructura ha sido el objetivo de este estudio, financiado parcialmente por la empresa SOS-Carbonell, ya que la membrana se organiza, se mueve y se mantiene dependiendo de su disposición física y su composición química.

Y es que el sistema vascular presenta capilares muy finos por donde los glóbulos rojos tienen que pasar. Las posibilidades que tengan las membranas de estos eritrocitos para adaptarse, volviéndose más flexibles al contar con menos espacio, son esenciales para facilitar el flujo de oxígeno a las células. Es precisamente el comportamiento de la membrana y su composición química la que se presenta alterada en pacientes con hipertensión y que, gracias al consumo de aceite de oliva virgen, adopta unos parámetros más normalizados. Un dato que los investigadores han podido observar mediante el proceso de difracción de rayos X realizado en el HASYLAB de Hamburgo, Alemania.

“En definitiva, las conclusiones que hemos obtenido sugieren que la dieta de estilo mediterráneo modifica la estructura de las membranas de los glóbulos rojos y afecta al metabolismo lipídico alterado en sujetos con hipertensión. La modulación que se da en los cambios de la membrana proporciona una nueva perspectiva molecular para establecer una buena base científica por la que la dieta mediterránea beneficie a estas personas”, resume Valentina Ruiz. Para esta investigadora, el paso que se ha dado dentro del proyecto PREDIMED con respecto al aceite de oliva es de gran relevancia y ofrece la ocasión de abrir nuevos campos de estudio. “El olivo no se ha acabado”, afirma sin dudar.

Fuente: www.andaluciainvestiga.com