CLEMENTE EN BUSCA DEL ÚLTIMO TRANVÍA
Mayo 9, 2012 en General - Opinión - Relatos Breves por dbregua
Por suerte y porque su grandeza lo amerita, los medios de comunicación y las redes sociales estallaron ante la partida de Caloi. Todos han posteado alguno de los dibujos /homenaje que muestran (lógicamente) a su querida criatura con lágrimas. Yo me voy por otro lado. Porque si bien Caloi me acompaño (Y me enseñó) en los senderos de esa melancolía de barrio, un lagrimón se podía piantar pero no era la esencia. Eran los libros pájaros, el absurdo fantasmal, los malevos junto al farol, alguna verdulera y tanos que asomaban, luces de mercurio que hacían travesuras, buzones y piropeadores en fin, una galería de personajes y un surrealismo porteño que uno “conoció” de chico en un país que fue este pero hoy no. No es casual que Clemente fuera un bichito chiquito e indescifrable en el tranvía de quien pretendía ser el personaje de la trama; Bartolo, un romántico que transitaba junto a Clemente las calles de Buenos Aires rescatando cosas que sin duda son parte de nuestro patrimonio del alma. Después Clemente se “comió” la tira y Bartolo solo apareció alguna que otra vez como auto referencia. Y Clemente tuvo a una canarita (”Mimí) como su primer gran amor y aventuras y desventuras y mucho más adelante en el tiempo cuando ya casi su fama languidecía, su enfrentamiento con el relator de fútbol José María Muñoz en el Mundial del 78 por el tema de arrojar papelitos a la cancha (Que el “Gordo” desalentaba) lo devolvió a un plano inmenso y definitivamente futbolero del que ya no retornaría. En Mundiales posteriores (Hoy no estoy seguro) apareció el “Hincha de Camerún” cuya gruesa, solitaria y profunda voz, imitaban todos en cuanto comercio, repartición pública o lugar de encuentro fuese posible. Finalmente vino la mulatona y pintar nuestras costumbres hasta ¿hoy? creo que será por siempre. El Buenos Aires mágico con el que nos iluminó durante 39 años es un universo paralelo imposible de disolver.
Por eso y pese a la tristeza, no elijo ningún dibujo con lágrimas. Solamente me imagino a Clemente con la mulatona el nene y el abuelo, caminado de noche por una cortada de empedrado amarillento por la luz de la luna en espera de un tranvía. Y el vendrá. Porque Bartolo volverá a buscarlo para hacer este último recorrido y con la mirada hundida en la noche porteña, harán sonar la campanilla del “trangüey”, como llamando a alguien.

