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Mayo 27, 2012 | Por carlos-b-delfante | # Enlace permanente
No me extraña que algunos notorios exotéricos duden del beneplácito discernimiento de otros, pero según lo informa la fuente AFP, un estudio divulgado recientemente señala que el placer que genera interactuar en las redes sociales, es comparable al sexo o la comida. Para alcanzar tan primorosa afirmación, el referido estudio se centró en la respuesta dada por el cerebro de las personas -que lo tienen-, a “la oportunidad de comunicar sus pensamientos y sentimientos a los demás”, y se comprobó que tal acto segrega más dopamina.
Por conclusión, se llegó a la determinante que publicar puntos de vista sobre distintos temas en las redes sociales, gratificaría gratuitamente al cerebro de la misma manera que la comida y el sexo, remata dicho estudio.
El palmario estudio que fue realizado por dos neurólogos y publicado en la edición del día 7 de mayo de las Actas la “Academia Nacional de Ciencia de Estados Unidos” (PNAS, por sus siglas en inglés), advierte que hablar de uno mismo, es lo que genera una secreción de dopamina, un químico vinculado a los sentimientos de placer o la anticipación de una recompensa… Que no es lo mismo que sienten las chismosas de mi barrio cuando hablan de los otros.
Pero en fin, los excitados investigadores llegaron a comentar que la mayoría de la gente dedica de 30% a 40% de su discurso a “informar a otros de sus propias experiencias subjetivas”, pero en los medios sociales este porcentaje llega a la fantástica cifra de 80%.
Dichos investigadores explicaron que: “La gente hace confidencias de una forma casi voluntaria, porque hablar de uno mismo es en sí mismo un acto con un determinado valor, como lo son las actividades que generan una recompensa inmediata, como comer o hacer el amor”… No lo dudo, mismo sabiendo que para ciertos sujetos, hacer el amor, algunas veces es más por obligación que por placer.
El estudio, que no citó específicamente a Facebook, se centró en la respuesta del cerebro de las personas sobre “la oportunidad de comunicar sus pensamientos y sentimientos a los demás”.
“En la medida en que los seres humanos están motivados para revelar lo que piensan, la oportunidad de dar a conocer lo que se piensa se vive como una potente forma de recompensa subjetiva”, escribieron Diana Tamir y Jason Mitchell, laboriosos docentes del laboratorio de neurociencia de la Universidad de Harvard, Massachusetts.
Según estos investigadores, el estudio sustenta la idea de que los seres humanos, al igual que algunos otros primates (o léase individuos que todavía no evolucionaron mentalmente) en cierto momento dejarán de lado algunas recompensas por obtener una fuerte respuesta cerebral.
Entre las primorosas explicaciones científicas, fue destacado que el estudio dio a los participantes una recompensa en efectivo por ellos responder algunas cuestiones factuales sobre cosas que observaban, y una recompensa menor por estos ofrecer sus propios puntos de vista sobre un tema. En muchos casos, los participantes eligieron una recompensa menor con tal de poder hablar de sí mismos… ¡Manga de indiscretos!
Enfrentados ante tan inusitada situación, los científicos no tuvieron dudas en señalar: “Así como los monos están dispuestos a renunciar a recompensas para ver a sus compañeros de grupo dominantes, y los estudiantes universitarios también están dispuestos a pagar para ver a miembros atractivos del sexo opuesto, nosotros nos dimos cuenta que los participantes en el estudio estaban dispuestos a renunciar al dinero para hablar de sí mismos”… En sí, esto es lo que daría cabida a la negación de aquella antigua teoría: “Por la plata baila el mono”… ¡Estupendo!
Atento y pensando en los resultados que nos fueron expuestos y reprimiendo el lado emotivo-intelectual de la jornada, recuerdo entristecido ciertas obras filosóficas y paso de inmediato a articular planos y rehacer mis cálculos utilizando la regla que perteneció a Georg Frobenius, la cual, como mi estimado lector ya está al corriente, fue con la que se dio inicio a la acomodación general… ¡Así no hay filosofía que resista!
Mayo 26, 2012 | Por carlos-b-delfante | # Enlace permanente
Resulta que este año, además de los festejos del bicentenario de la Constitución de 1812 en la mayoría de los países de nuestro continente, también se celebra la publicación del primer volumen de cuentos de los Hermanos Grimm.
Debido a mi carácter iluso-caritativo de siempre, para celebrar esta fecha al servicio de la Cultura popular, les recordaré que “El Flautista de Hamelín” es una leyenda publicada entre los años 1812 y 1922, por los hermanos Grimm en una colección de “Cuentos para niños y para el hogar” que recopilaba cuentos de vieja tradición oral… aunque todos sepamos que en los hogares de hoy se insista en contar otras historias de carácter más espeluznante.
Un ratón… dos ratones…tres ratones… cuatro ratones… son muchos ¡demasiados!
Resulta que hay un pacto secreto entre el Señor de los Ratones y el Gobernador de la ciudad de Hamelin: los ratones podrán vivir a su antojo en Hamelin y, a cambio, por cada ratón, el Gobernador recibirá una moneda de oro. Por eso la ciudad está infestada de roedores que devoran todo lo que encuentran a su paso. Los ciudadanos de Hamelin ya no saben que hacer, la situación es insostenible y empieza a cundir el pánico entre ellos.
Al estilo del mejor político, para no delatarse, el Gobernador, astutamente, promete una generosa recompensa a quién consiga acabar con la plaga de roedores. Y así, hasta Hamelin acuden, como si fuese una feria, farsantes, inventores y toda clase de charlatanes, pero sólo con la llegada de un extraño Flautista con su mágica melodía, es que consigue, momentáneamente, expulsar a los ratones.
Será necesario que la hija del Gobernador, acompañada por los niños y niñas, ayude al Flautista a resolver definitivamente el problema e instaurar de nuevo, la esperanza en la ciudad de Hamelin… Bueno, sólo es un cuento y un juego de rimas, música y teatro, pero ciertamente conduce a los pequeños espectadores a una interesante reflexión sobre la importancia de la honestidad de los gobernantes.
Pero los años fueron pasando espasmódicos y, al momento, sólo hizo falta que se hiciera sonar el tradicional cuerno de caza, o que se oyera su retumbar desde la orilla del Rio Grande hasta el estrecho que lleva por nombre Magallanes -su descubridor, y no el del acaudalado financista Cristóbal de Haro que le bancó el viaje-, y desde la costa del levante atlántico hasta la del oriente pacífico.
Fue como si se estuviera obedeciendo a una consigna previamente acordada de aquí y de allá, al más alto nivel y a los niveles intermedios, que los cazadores se han lanzado a caballo y con el auxilio de sus respectivos perros en busca de la mejor presa.
A su paso dejan la impresión de que todos quieren ganar méritos, que se les publiciten sus triunfos, que la posteridad los incluya entre los benefactores de la Patria.
Al mejor estilo de antaño, cuando ciertos líderes partidistas desempolvaban archivos, figuras jurídicas olvidadas y “pruebas” contundentes de supuestos delitos cometidos por sus adversarios, ahora, desde cualquier ángulo del panorama político se percibe que comienzan a llover acusaciones y juicios. Sin embargo, los de antaño empleaban a su Congreso Nacional como una tribuna acusatoria y como si ella fuese la caja de resonancia a su conveniencia.
Empero, es posible ver como los cazadores actuales no sólo cuentan con un enorme poder mediático cimentado sobre los oportunistas chupamedias de siempre, y notar como se sustentan en lo que puedan hacer otros poderes del Estado que se les subordinan o que actúan como si así ocurriera.
Sus movimientos dejan la sensación que con cada nueva cacería por ellos realizada, el vulgo se entretiene y todos nos olvidamos de temas tan “aburridos” como el desempleo creciente, el bajo nivel de la educación y la inseguridad ciudadana, para nombrar sólo algunos. Tal vez es por ello que no nos damos cuenta, por ejemplo, de que hechos más rotundos, lejos de significar una derrota, el Gobierno pronto los transforma en triunfo.
Con escopetas a punto, los cazadores de hoy siguen en su vertiginoso galope en busca de alguna nueva víctima, obviamente, siempre rodeados por sus perros para deleite y solaz de la galería.
Sin embargo, yo y otros muchos tenemos la certeza en que puede llegar el día en que los papeles se inviertan, y ya de nada les servirán los aplausos que ahora los envanecen… Mismo que los espectros de los Hermanos Grimm aparezcan de vez en cuando… ¿No es fabuloso?
Mayo 25, 2012 | Por carlos-b-delfante | # Enlace permanente
Desde que íbamos a la escuela no solamente a calentar silla, y aquellos exigentes maestros de antaño nos instaban con firmeza que debíamos comernos las hojas de los libros de historia antigua para retirar de allí cánones, pautas y sabios modelos de comportamiento de los albores de la humanidad, aprendimos que en la época del esplendor de Roma, antes de este imperio caer en la decadencia de su propia cultura, que las madres de familia cumplían fervorosamente con la obligación de dar a sus hijos los fundamentos de la educación, o sea: enseñarles la lengua y tres virtudes indispensables.
Para quien no lo recuerda o no lo vivió, le refresco la memoria destacando que para el romano de entonces, la lengua no se reducía a un medio de comunicación básico. Ella se constituía en la forma privilegiada para trasmitir la visión nacional del mundo.
Pues fue en aquellas salas de aula que la mayoría de los individuos aprendimos y asimilamos que las tres virtudes propuestas por la cultura de aquella sociedad, eran:
- “Grávitas”, el sentido de responsabilidad “que hace que los asuntos más triviales parezcan cosas demasiado importantes para jugar con ellas, siendo, por consiguiente, necesaria, antes de decidirlas, una larga reflexión acerca de sus consecuencias” (Hugh Last).
- “Píetas”, la actitud de sumisión respetuosa frente a las instituciones, una aceptación de los poderes existentes, tanto divina como humana, comenzando por la obediencia a los padres: “piedad filial”.
- “Simplícitas”, la cualidad de la persona que ve las cosas tal como son y con claridad. Esto hizo de los romanos un pueblo con los pies firmemente asentados sobre la tierra. Poco a poco los jóvenes aprendían el “domínium”, o sea, nunca perder el control de sí mismos.
Claro está que ya se han pasado dos mil años del auge de aquella fantástica cultura romana, pero mismo así, sus principios pueden todavía ser vistos como los pilares para construir personalidades capaces de enfrentar la vida con madurez y sentido de colaboración.
En ese entonces existía la conciencia de que mal hacía la madre romana cuando disculpaba todas las travesuras del hijo, y le ayudaba a conseguir un bien sin esfuerzo y sin merecerlo, porque con ese comportamiento ella eliminaba a su hijo de las dificultades comunes del diario convivir.
Siendo así, quien exteriorizaba ese tipo de conducta no cumplía con su deber de madre romana y no guiaba a su hijo por el camino de la aceptación de los poderes terrenos y divinos, con las consecuentes obligaciones hacia ellos. Se alejaba del papel esperado, toda la madre romana que permitía al hijo volverse complicado, marrullero, pródigo en argucias.
Pero si la madre romana había formado hombres con voluntad, con una clara percepción de la realidad de la vida y una permanente devoción al deber cumplido, entonces se sentía satisfecha: era una mujer a cabalidad.
Pero claro, ahora vemos sorprendidos que todas aquellas buenas enseñanzas se han perdido por los vericuetos de la simplificación de los preceptos, y un sinfín de gentes alzará la voz para decir que ya no estamos en la Roma antigua… Lo que es muy lamentable, ¿no es verdad?
Mayo 24, 2012 | Por carlos-b-delfante | # Enlace permanente
Claro que debería de existir otras, pero la historia registra que al principio, ella fue conocida como “la mujer más fea del mundo”, después como “el eslabón perdido”, pero al final todo quedó reducido a “la mujer mono”. Así pasó a la historia, así recorrió los circos y teatros de Europa y, bajo ese nombre, terminó también arrumbada en un sótano de Noruega. Era de Ocoroni, Sinaloa; nació en 1843 y se llamaba Julia Pastrana.
Julia llegó en 1857 a Londres después de una exitosa gira por ferias de Estados Unidos y Canadá. Medía 1,37 cm, tenía un tupido pelo negro por todo el cuerpo, una pronunciada mandíbula, la voz dulce y aflautada y dicen que bailaba con gracia. Pero Julia no era sólo la mujer barbuda, era, para los científicos de entonces, el eslabón perdido tras el que andaba Darwin casi de rodillas.
Cuentan que tenía el rostro completamente cubierto de pelo, era de gruesos labios y encías prominentes. Además tenía crecimiento excesivo del vello, sobre todo en extremidades y espalda, rasgos faciales toscos, nariz chata y ancha, orejas grandes y peludas y labios gruesos. Fue así que con su marido, el oportunista Lent, recorrió América y Europa con un circo. Cuentan que Julia Pastrana quedó embarazada en 1860 y Lent vendió entradas para el parto, que se produjo durante una gira en Moscú. Pastrana dio a luz a un niño que heredó sus características físicas pero que apenas vivió 35 horas. Ella murió dos días después tras una horrible agonía que su marido -oportunamente-, también rentabilizó económicamente.
Lent mandó momificar el cuerpo de Julia y del bebé recién nacido y los colocó en una vitrina que siguió mostrando por todo el mundo. Hoy está insepulta en un sarcófago sellado en la universidad de Oslo. Se dice que fue “la primera mujer barbuda” de la que se tiene conocimiento.
Algunos médicos de aquella época definieron entonces que ella era el fruto de una relación antinatural entre un humano y un gorila. Hoy se sabe que es el resultado de una alteración localizada en el cromosoma 17. La revista “American Journal of Human Genetics” recoge las claves genéticas de este síndrome.
Quizás inspirada en la simbiosis del sarcófago de Pastrana, una irlandesa se cansó de seguir los cánones de belleza femenina y decidió, desde hace 18 meses, dejarse crecer sus vellos en axilas y piernas y alega que no ha tenido problema con enseñarlos al mundo.
Emer O’Toole se hizo conocida en varios países luego de aparecer en la televisión británica, dando a conocer su cruzada: “promover que las mujeres dejen de depilarse y así derriben lo que ella llama: las normas de un género artificial”.
Durante la entrevista no tuvo problema en levantar sus brazos cuantas veces se lo pidieron. Y ante la cara de asombro de los que la rodeaban, contó su historia ante las cámaras.
De profesión periodista, O’Toole, quería ver qué aprendía y qué pasaba si se mantenía en ese estado de “mujer salvaje” durante un año. Pero su experimento se ha alargado más de lo que creía porque, simplemente, le gustó. “Dejé de depilarme porque hay demasiada presión en la gente por cumplir estas estúpidas mentiras de género”, había escrito Emer en su blog, antes de su aparición en TV, refiriéndose a todos los cánones de belleza, supuestamente básicos, que una mujer debe seguir para encajarse socialmente.
En el caso de Emer, ella comentó que a los 13 años comenzó a depilarse, sin siquiera cuestionar el hecho. Apenas vio que se asomaba el vello bajo sus brazos y en sus piernas, comenzó con el ritual que millones de mujeres realizan sagradamente para sacar los molestos pelos.
Pero los patrones de belleza impuestos a la mujer, como dice, de manera arbitraria, comenzaron a molestarle cada vez más, hasta que decidió abandonar la cera y la rasuradora y dejar crecer sus vellos al natural, como símbolo de rebeldía. “Me di cuenta de que si mi apariencia y mi autoestima se relacionan con esto, necesito encontrar otras fuentes de confianza”, señaló a “This morning”, el programa al que fue invitada este mes.
La meta de O’Toole es que el depilarse sea igual que el maquillaje: que todas las mujeres tengan la opción de no hacerlo, sin por eso causar risa. Asimismo, espera que no se someta a las niñas pequeñas a depilaciones tempranas, bajo la excusa de que cuando grandes les crecerá menos pelo.
Según ella, la recepción del experimento por parte de los hombres fue bastante buena. “El hombre con el que salía cuando comencé el experimento, estaba un poco aprehensivo cuando le revelé mis innovadores planes, pero cuando el vello realmente creció, estaba muy orgulloso de mí. Una noche, unos amigos le preguntaron algo parecido y él contestó: Si yo fuese mujer, no me depilaría las piernas, escribió O’Toole en su blog, agregando que tras terminar con su ex, salió con otros hombres hasta que comenzó una nueva relación con quien, dice, también está orgulloso de ella… Bueno, yo creo que el viejo Lent también pensaba igual.
Por otro lado, la periodista ha sido enfática en asegurar que a quienes más parece molestarles el vello femenino, es a las propias mujeres más que a los hombres, y que mucha gente se le ríe en la calle. “A veces la gente me mira como si estuvieran en el siglo XIX y dice: ‘Ja, ja, ja. Mira a la señora peluda, igual que Julia Roberts cuando perdió el juicio’. (…) Se ríen de mis piernas y axilas en público, a veces. Pero el problema no son mis piernas ni mis axilas”, afirmó… ¡Sí! Creo que más bien es por lo que no existe dentro de su cráneo.
El consejo de O’Toole para quienes quieran seguirla en su cruzada es: “Ten paciencia contigo. Puede ser un desafío y, probablemente, no seas lo suficientemente valiente como para dejar crecer todo tu vello y partir a una discoteca con una polera strapless”.
Otros dirán que a O’Toole le molesta seguir “pasos” de belleza en cuanto a la depilación, pero sin embargo, se peina y se maquilla. Algunos insulsos afirmarán que creen que la depilación pasa más por un tema de higiene así como también de estética. Pero la gran mayoría defiende que si ella se va a rebelar contra estos pasos que siguen las mujeres, entonces que no sea hipócrita y lo haga de forma completa; que no se peine, no compre ropa de moda y no se maquille…
En todo caso, yo afirmo que independiente de lo que Emer O’Toole haga, con el tiempo, ella será una copia fiel de Julia Pastrana, pero nunca una mujer original… ¿No es verdad?
Mayo 23, 2012 | Por carlos-b-delfante | # Enlace permanente
Presiento que hay preguntas cuyas respuestas quedan suspensas en la mente como si fueran partículas de polvo que danzan al sabor del más leve viento. Sino veamos: ¿Hasta donde somos capaces de llegar con las negaciones? ¿Hasta que punto la vanidad nos borra la objetividad? ¿Creemos por acaso que la mentira tiene patas largas? ¿Pensamos por acaso que el resto del mundo que nos rodea es tonto?…
Podría seguir especificando un sinfín de otros cuestionamientos más, pero cuando el lector llegue a absorber tantas líneas, los acontecimientos y frases que iría a enumerar ya serían parte de la historia del ridículo universal y seguramente ellas tintinearían a rancio y viejo, pues es tal la velocidad del mundo en su loco girar, que lo nuevo se vuelve viejo en menos de veinticuatro horas.
Las leyes, al igual que sucede con casi todos los códigos en la Antigüedad, son consideradas de origen divino, y entre diversas recopilaciones de leyes se encuentran el Códice de Ur-Nammu, rey de Ur (ca. 2050 a. C.), el Códice de Eshnunna (ca. 1930 a. C.) y el Códice de Lipit-Ishtar de Isín (ca. 1870 a. C.). Ellos también crearon leyes como la 205 en la que se trataba de que si el esclavo de un hombre golpea en la mejilla al hijo de un hombre, que le corten una oreja.
A menudo se lo señala como el primer ejemplo del concepto jurídico de que algunas leyes son tan fundamentales que ni un rey tiene la capacidad de cambiarlas, pues las leyes, escritas en piedra, eran inmutables. Este concepto pervive en la mayoría de los sistemas jurídicos modernos.
Sin embargo, el rey de Babilonia, Hammurabi, pensó que el conjunto de leyes de su territorio tenía que escribirse para complacer a sus dioses. Y a diferencia de muchos reyes anteriores y contemporáneos, este no se consideraba emparentado con ninguna deidad, aunque él mismo se hacía llamar “el favorito de las diosas”.
Pues bien, en el códigos de Hammurabi, 1760 a.C., quedó establecido que la administración de la justicia se basaba en la voluntad de los dioses, pero también en el deseo de proteger al débil. Así, el código mencionado asentaba: “…entonces Anum y Enlil me designaron a mí, Hammurabi, príncipe piadoso, temeroso de mi Dios, para que proclamase en el País el orden justo, para destruir al malvado y al perverso, para evitar que el fuerte oprima al débil, para que, como hace Shamash, Señor del Sol, me alce sobre los hombres, ilumine el País y asegure el bienestar de las gentes”.
Como es fácil comprender, estos cuerpos legales surgieron porque los fuertes podían defenderse por sí mismos, los otros no. En consecuencia, los gobernantes apelaron al sentimiento natural de justicia inserto que estaba en la conciencia de todos los hombres y que se expresaba en la divinidad.
Por eso Hammurabi continuaba: “Pero, si este hombre no ha guardado mis decretos, que he escrito sobre mi estela, y ha menospreciado mis maldiciones, y ha derogado el derecho que yo he promulgado, ha revocado mis decretos, …o si, a causa de las presentes maldiciones, es a otro a quien le ha encargado hacerlo, este hombre, ya sea rey, ya sea señor, ya sea gobernador …, que el gran Anum, el padre de los dioses que ha proclamado mi gobierno, le arrebate el esplendor de la realeza, rompa su cetro, maldiga su destino.”
Si revisáramos otros códigos, incluidos los hebreos, base de la concepción ética de quienes nos confesamos seguidores de Jesús, veríamos la serie de maldiciones acumuladas contra los jueces que no cumplen con su obligación de defender la justicia y proteger al débil frente al poderoso, basta leer, entre otros textos al profeta Jeremías: “Porque se encuentran en mi pueblo malhechores: … Ejecutaban malas acciones. La causa del huérfano no juzgaban y el derecho de los pobres no sentenciaban. ¿Y de esto no pediré cuentas? –Oráculo de Yahveh- ¿De una nación así no se vengará mi alma?”. Dicen que este último párrafo del texto fue utilizado por el cura Manuel Vallejo para oponerse a la mita y defender a los indígenas en 1764.
Mientras tanto, noto que la calesita gira y gira y nadie saca la sortija, esa mágica sortija que nos permitiría una vuelta más “gratarola”, mientras todos tratamos de no marearnos refugiándonos en la música que el calesitero ha elegido; por eso percibo que a cada día se nos hace más difícil no caernos de ese caballito brioso que elegimos para transitar por la vertiginosa ronda de nuestra existencia.
¡Sí! No hay que dar certificado de legalidad a lo que no es legal, ni aceptar la realidad virtual de los gobernantes ni anotarnos ciegamente en las soluciones que proponen nombres y apellidos que nos han llevado a donde estamos hoy… ¡Eso está en cada uno de nosotros!
Mayo 22, 2012 | Por carlos-b-delfante | # Enlace permanente
Como si ya no existiese más nada con lo qué debemos preocuparnos o malgastar nuestro tiempo, es bueno agregar que de acuerdo con lo divulgado por la agencia EFE, parecería que una empresa americana especializada en analizar el costo económico de desastres, se tomó el trabajo de tasar en 160.000 millones de dólares los daños que hubiera supuesto para Nueva York la batalla llevada a cabo entre héroes y villanos que protagonizaron el enredo de la película “The Avengers”… ¡Conflictivo!
Pues bien, la firma Kinetic Analysis fue quien concluyó que el impacto sería superior al que fue originado por los atentados del 11 de setiembre de 2001 (83.000 millones), por el huracán Katrina (90.000 millones), o por el tsunami de Japón del año pasado (122.000 millones), aunque si es verdad que estos fueron verdaderos, en términos de catástrofes cinematográficas aún rigen las producciones realizadas por Roland Emmerich.
En dicho informe se aseguró: “Comparado con los extraterrestres de “Independence Day”, por ejemplo, estos tipos son unos aficionados”.
Quien aun no se enteró del enredo de la película “The Avengers”, les doy parte por anticipado de que en ella aparecen un grupo de superhéroes del cómic de Marvel, encabezado por Iron Man, Hulk, Capitán América y Thor, quienes defienden a la civilización del ataque del dios Loki y su ejército de alienígenas, quienes pretenden erigirse como dominadores del mundo en una batalla de dimensiones épicas y transcurrida en la ciudad de Nueva York.
“Esa alianza de superhéroes está más interesada en conquistar y dirigir, mientras que en “Independence Day” los alienígenas buscaban comida o algo así”, indicaron los representantes de Kinetic Analysis, en referencia a unos extraterrestres que venían a la Tierra a consumir todos los recursos y aniquilar la vida.
Para quien no está al tanto, don Emmerich es el artífice de las mayores “megadestrucciones” del cine, tal y como sucede en “The Day After Tomorrow” o en su apocalíptica “2012”.
En la prejuzgada evaluación de los daños causados en “The Avengers”, se llegó a estimar que la invasión frustrada supondría elevadas cifras en pérdidas que oscilarían entre 60.000 y 70.000 millones de dólares en destrozos, a los que habría que añadir otros 90.000 millones más en tareas de reconstrucción… Yo diría que casi nada, tratándose de ficción, mismo que el bienquisto lector ya adivine quien tendría que pagar la cuenta.
En todo caso, la Kinetic Analysis también predice que al margen de la desorbitada cifra final, habría también un serio problema para determinar quién se tendría que hacer cargo de pagar la factura… ¡Uheee! ¿Ya no lo dije?… El pueblo, como siempre.
Dicho informe también agrega una mirabolante explicación: “La mayoría de las pólizas de seguros tienen apartados especiales para actos de guerra, revueltas civiles o terrorismo. Dada la implicación de individuos considerados deidades en algunas culturas como lo son Thor, y Loki, incluso es posible que se clasificara el evento como un “acto de Dios”, aunque eso estaría sujeto a un debate teológico y legal”.
Óptimo, estoy seguro el dilecto lector también ya tienen una respuesta preparada en la punta de su lengua: Esa explanación, es algo así como querer discutir sobre la actividad sexual de ángeles en las nubes… ¡Pura ficción!
Mayo 21, 2012 | Por carlos-b-delfante | # Enlace permanente
No cabe lugar a duda en que hay veces en que la vida imita la fábula o que nuestra existencia es una completa parábola de ejemplaridades ya narradas más de mil veces por las hábiles manos de los bardos de la caligrafía; pero en realidad, no nos engañemos, todo no pasa de una quimera ya que, a pesar de la antropología insistir en afirmar que es así, el hombre nada más es, que exactamente lo contrario de todo aquello que siempre fingió ser… ¡Una fabulosa lógica!
Ya estamos cansados de leer lo cuán importantes son los animales domésticos en la historia de la humanidad, o que sin ellos no existirían las diferentes sociedades y culturas humanas como las conocemos hoy en día. Quizás ni siquiera existiría el ser humano en la actualidad, pues la domesticación de algunos animales por ventura haya sido el paso más grande que dio el individuo en la conquista del mundo. Los animales domesticados nos permitieron conquistar los polos, viajar al espacio, encontrar curas para enfermedades y muchos otros logros importantes.
Pero no es en los logros fantásticos donde mejor se aprecia la enorme importancia de los animales domésticos, sino en la vida cotidiana. Sin ellos no tendríamos muchos alimentos y vestimentas, jamás hubiésemos podido dejar la vida nómada y adoptar la sedentaria, no hubiésemos sido capaces de convertirnos en cazadores eficientes cuando la situación lo requirió y no contaríamos hoy en día con esas grandes amistades interespecíficas que disfrutamos con nuestras mascotas. Sin duda alguna, los animales domésticos han cambiado la historia del mundo al darnos a los humanos la oportunidad de sobresalir, y lo siguen haciendo.
Pero cabe preguntarse: ¿qué son esos seres tan maravillosos? ¿Qué es un animal doméstico y en qué se diferencia de un animal salvaje?
Desde el punto de vista de la tenencia y uso de los animales, un animal doméstico es simplemente aquél que se puede tener y utilizar. Por eso, la definición legal y los beneficios que estos proporcionan pueden variar de un país a otro, si es que la hay.
Sin embargo, de repente me entero que un lorito japonés un día se escapó de su jaula y terminó en manos de la policía de aquel país. Pero por fortuna, al ser interrogado, este repitió la dirección y el teléfono de su hogar, por lo que pudo ser devuelto a sus legítimos dueños.
No obstante a lo dicho anteriormente, también podemos recordar a otro periquito cuyas palabras fueron noticias… Se llama Piko-Chan y vive en Japón. Pues resulta que el experto animalito un día aprovechó que su jaulita había quedado abierta y abandonó su hogar, pero gracias a la paciencia de su dueña regresó a casa y se convirtió en celebridad.
Dicen que su dueña lo había entrenado para repetir la dirección y el teléfono de su casa, y eso fue lo que hizo el periquito ante los policías japoneses. Tanto es así, que en el video que acompaña la nota original, se ve cómo las cámaras de televisión convirtieron al animal en una estrella.
Pero no todos son momentos de felicidad lo que ellos nos proporcionan, basta con recordar la historia de un otro periquito, llamado Ziggy, que no trajo alegría a una familia, sino que la destruyó al revelar una infidelidad. Tan infausto hecho ocurrió en Inglaterra en 2006.
Por aquellos días, un programador informático llamado Chris Taylor descubrió que su novia mantenía un romance secreto, porque al sentarse en el sofá con ella, de repente el loro empezó a decir: “te amo, Gary”… prrrr… “te amo, Gary”… prrrr.
El rostro de vergüenza de la muchacha hizo que Chris le pidiera explicaciones a Suzy, y ella debió confesar que tenía un romance con un compañero de trabajo. Incluso en una ocasión lo había llevado a su apartamento, y allí se entretuvieron frente a la mirada inquisidora de Ziggy, el loro buchón y alcahuete… Una verdadera pena.
Pues bien, después de examinar tanta asnería aquí escrita, recuerdo un sinfín de cuentos de loros de color verde, pero no es el caso de querer revelarlos y si, resaltar otros arquetipos animalescos que pronto me trasladan por entre los compartimientos de la quiromancia, y registrar la historia de un caballo y un asno que viajaban juntos por un camino, mientras su amo les seguía.
El caballo no llevaba nada sobre su lomo, mientras que el asno estaba cargado tan pesadamente que apenas podía avanzar. Así que pidió ayuda al caballo para que llevara una parte de su cargamento.
El caballo era malo y egoísta, y rehusó a ayudar al asno al punto que el pobre cayó agotado sobre el camino y murió. El propietario de los dos animales intentó aligerar la carga del asno, pero ya era demasiado tarde. Así que tomó toda la carga y la puso sobre el lomo del caballo, junto con la piel del asno muerto. Así, el egoísmo del caballo, quien se rehusaba a prestar un pequeño servicio, no le aportó más que una suma de trabajo y pena.
Al final, que más decir, a no ser agregar que es la Democracia en marcha… ¿Animalesco, no?
Mayo 20, 2012 | Por carlos-b-delfante | # Enlace permanente
Decir aquí que un socialista presida a Francia no es novedad. El socialismo ya la gobernó antes de la Guerra del 39, con Léon Blum, un fiel seguidor de Jean Jaurès, que fue asesinado en 1914. Y tras la Liberación, tal agrupación regresó en los innúmeros gobiernos parlamentarios que caían apenas formados, hasta que en 1958 mudó la Constitución y con De Gaulle se puso a unificar a Europa junto a la Alemania de Adenauer.
Es bueno traer a baila que todos aquellos gobiernos socialistas fueron reformistas y no revolucionarios. Ninguno propuso la dictadura de los trabajadores de la “Conspiración de los Iguales” que llevó Babeuf a la guillotina en 1797. Tampoco ninguno de ellos fundó el “Falansterio de Fourier”. Y tampoco ninguno realizó las propuestas que desde 1848 se hacían llamar socialismo científico porque abrazaban la ingenua ilusión de encerrar el porvenir en leyes.
Así que, en medio de los recortes financieros, ni es novedad que Francois Hollande destrone a Nicolás Sarkozy, ni la victoria de la izquierda hace esperar tormentas.
Eso sí, su triunfo se parece más al estilo sudamericano. Pero no al sudamericanismo de gesto crispado, tono insolente y lenguaje degradado. El triunfo se le parece en el sentido profundo que nos dio identidad. Porque este señor Hollande salió de su modesto reducto de provincia para reemplazar a Strauss-Kahn -víctima de no ser impotente y de no hacerse reflexivo- favorecido por la crisis financiera de Europa, sin duda; pero ganó la segunda vuelta con el planteo de que para salir del estancamiento y la desocupación, no hay que cuidar sólo las cuentas sino, además, adoptar medidas para sembrar y crecer.
El hombre no propuso cambiar el sistema. Llamó a corregir la unilateralidad de los obsesionados por el déficit, con una idea a tener en cuenta. Buscó hacer complementario lo que aparece como contradictorio. ¡Y eso es Vaz Ferreira, el abogado grande y lúcido que, trabajando las calles de Sudamérica, se propuso enseñar a pensar, cuando sintió que nuestros mayores males radican en errores de base que inficionan nuestra lógica viva y rebajan nuestras ideas!
Por cierto, no se me ocurre pensar que Hollande haya leído a Vaz Ferreira, pero sí digo que el recurso triunfador en la elección de días pasados parece calcado en el filósofo que un siglo atrás intentó abrirnos la mente mostrando que sobre los problemas sociales no hay antinomia entre libertad y seguridad, ya que las discrepancias se plantean sobre grados de libertad y grados de seguridad, por lo cual, bien planteadas, no son irreconciliables.
Y digo que esas ideas de Vaz tienen hoy presencia y vigencia entre quienes no lo han leído, como muestra el actual interés mundial por el análisis lógico como herramienta no sólo para interpretar el Derecho y la cibernética, sino para enseñar a pensar -que una cosa no se puede sin la otra.
El socialismo de Francia conlleva reflexión y cultura. No se embadurna con la guarangada, no se embreta en la guerra de clases ni desvaloriza la libertad. En la globalización reviven sus paradojas, sintetizadas por uno de los suyos, Léon Duguit, constitucionalista y sociólogo: “El hombre es tanto más individual cuanto más social; y tanto más social cuanto más individual”.
En esas palabras parece resonar el ideal lógico de su compatriota -no conocido por socialista sino por filósofo católico- Jacques Maritain: “Hace falta distinguir para unir”.
Si, como mochos deseamos, Hollande edifica desde estas paradojas, acaso nos enseñe a no seguir hundiéndonos en tilinguearías y a no seguir chapaleando barro… Así esperamos.
(x) Interpretación personal del artículo publicado por Leonardo Guzmán en el diario El País.
Mayo 19, 2012 | Por carlos-b-delfante | # Enlace permanente
Buscando rever algunos viejos conceptos que fuesen capaces de subvertir el sistema que nos domina, ya que algunas veces estos están habilitados a transformar el banal paisaje de un “watercloset” en una enloquecedora visión de Troya, de repente me perdí por los vericuetos cibernéticos y caí en el blog “After Dark”, del sitio “LA Weekly”. Lo que me despertó curiosidad, fue saber que allí se citan cinco utensilios domésticos capaces de transformar la existencia para quien no consigue -o no quiere- vivir en paz sin necesidad de tener que explorar nuevos objetos que le permitan distraerse en sus juguetes sexuales. Eso quiere decir que ellos no fueron creados para ese fin, pero parece que los ninfomaníacos -o ninfo-curiosos-, no tienen límites para solazarse con su creatividad.
Por ejemplo, creo que hasta cualquier ser andante puede imaginase lo que un simple cepillo de dientes eléctrico puede llegar a concebir en el cuerpo de una mujer… o de un hombre, pero de ahí a un par de guantes, yo no alcanzo a vislumbrar su utilidad, y ni me lo supongo.
Claro que más allá del equilibrio mental que posea el bienquisto lector de estas estólidas líneas para llegar a comprender su utilidad ordinaria, está en tiempo avisarle que los cinco objetos citados por el referido blog llegan a desafiar las mentes eruditas de los más diversos leyentes y los incentiva a descubrir para qué más ellos puedan servir.
Siendo así, pueden notar que entre las ecuménicas proposiciones relacionadas en el prodigioso blog que cité, se encuentran: el cepillo de dientes eléctrico; las almohadas de satén; el peine; la espumadera/espátula; los guantes de látex.
Claro que algunos de ellos son una mera sugestión para ser usada como un célebre sustituto en la hora en que su utilísima prótesis vibratoria se encuentra perdida, o el valioso chicote fue comido por el perro…, pero en fin, algunos seres compasivos hasta llegan a afirmar que cuando el hambre es mucha, si no hay perros, igual se puede cazar con gatos… Es pura cuestión de maña. Nada más.
Si usted siente la necesidad de revisar sus ultrapasados conceptos en el arte culinario-higiénico, entonces aun está a tiempo de verificar a seguir las sugerencias del blog:
1 – Cepillo de dientes eléctrico – ¿Para qué se necesita de un vibrador? Quien ya posee en casa este ambidiestro objeto en cuestión, también es capaz de hacer vibrar los pezones, masajear con éxito sus clítoris, estimular el ano, sin necesidad de recordar el verdadero uso para el que fue creado… Es sólo tener en cuenta que hay que limpiarlo antes de cepillarse los dientes, claro.
2 – Almohadas de satén -Estas son un buen apelo sexual por causa de su toque delicado. Colóquela entre las piernas de su pareja, suba por su barriga y lleve el objeto hasta el pescuezo. Cuanto más despacio, mejor… Pero no la ensucie de esperma, sino tendrá que lavarla.
3 – Peine/cepillo – Estos pueden ser de diferentes texturas, y esa mudanza de utilización es lo que puede hacer la diferencia en la hora de tocar a su pareja… o se tocar a sí mismo. También muda la sensibilidad, es como si fuese un cariño bien delicado, de aquellos que lo deja con piel de gallina… Principalmente si las cerdas son duras o de alambre… Vaya gusto.
4 – Espumadera/espátula – ¿Para qué gastar una fortuna con juguetitos sexuales? Una cariñosa cachetada no duele… La parte más gordita de las nalgas es un buen lugar para ello, y si es con ese objeto, todavía mejor. ¿Pero qué tal colocar sal y pimienta en su relación? De cualquier manera, comience despacio y deje a su pareja se acostumbrar. Después permita que él o ella se diviertan en ese juego de dominación… No está demás acrecentar que después de sus recónditos usos, el aparato debe ser bien lavado y esterilizado.
5 – Guantes de látex – Parecen que ellos son un artículo ideal para masajear el cuerpo, principalmente las áreas más excitables, como muslos, entrepiernas, la parte interna de los brazos, la barriga, el pescuezo. Por lo tanto, es posible dar a este objeto un uso diferente a lo frecuente… Nunca olvidando que si surge una inesperada oportunidad, si no se tiene preservativo a mano, basta con cortar un dedo del guante, y salud.
Y así, alarmado por el caos social y el estado de pura estulticia que me rodea, nada mejor que recordar las palabras del sabio oriental: “Si comparamos la potabilidad del agua con la del whisky, simplemente veremos porqué motivos el monstruo del Lago Ness desapareció”… ¡Impresionante!
Mayo 18, 2012 | Por carlos-b-delfante | # Enlace permanente
Está confirmado que de vez en cuando hacemos las cosas sin darnos cuenta. Eso nos ocurre muchas veces, pues damos los dos primeros pasos por devaneo o distracción, y luego no tenemos más remedio que dar el tercero, incluso sabiendo que es errado o ridículo. Tal situación sólo hace corroborar que el hombre es, realmente, y afirmémoslo como verdad íntima, un animal irracional.
No bastase tan florido y facundo raciocinio, ahora todo lleva a creer que a causa de una carencia de absorción en nuestra alimentación de vitaminas, minerales y ácidos grasos esenciales para nuestro organismo, podríamos llegar a disfrutar de conductas agresivas o violentas, algo que estaría directa e íntimamente relacionado con nuestra mala nutrición.
Esto me lleva a recapacitar cuán desprovistos se habrán sentido Adán y Eva la primera noche después de la expulsión del Edén. Pues al estar protegidos ambos en el hueco de la puerta, Eva le preguntó a Adán: ¿quieres una galleta?, y como sólo tenían una, ella la partió en dos trozos, le dio la parte mayor, y de ahí nos vino la costumbre.
Adán la masticó lentamente, mirando a Eva que mordisqueaba su pedacito, inclinando la cabeza como ave curiosa. Al otro lado de la puerta, cerrada para siempre, antes le había dado ella la manzana. Se la ofreció sin intención de malicia ni consejo de serpiente, porque estaba desnuda.
Por eso se dice que sólo cuando mordió la manzana, Adán se dio cuenta de que ella estaba desnuda, y percibió alucinado como Eva sin tiempo aún de vestirse, de momentos era como los lirios del campo que no hilan ni tejen… ¡Idílico momento!
De tan triste hecho ya han desfilado infinitas décadas, pero resulta que uno de los primeros estudios estólidos que confirmaron tan pánfila teoría, fue realizado recientemente en la “Universidad de Swansea”, en el Reino Unido.
Parece que los representantes de tan competente licenciatura, tuvieron que sudar la gota gorda para llegar a corroborar tal presunción, hasta que por fin concluyeron que al aplicar una “dieta de eliminación” a los participantes del estudio en el que fueron suprimidos los hipotéticos productos que serían los que podrían llegar a desencadenar reacciones violentas. Fue así que al final del inmodesto experimento, quedó comprobado que el comportamiento agresivo en las personas involucradas había disminuido.
Sí, ya se. El amado lector estará pensando que nada tiene que ver una cosa con otra, pero es ahí que les advierto sobre la obligación que tienen de elucidar una pregunta que algunos se niegan a responder: ¿Entonces, cuáles son esas comidas que tenemos que evitar si no queremos enojarnos tan fácilmente?
Bueno, diré que ello depende mucho del hambre de cada uno, obvio, y de la consonancia de sus sentimientos con los que tuvo el cándido de Adán aquella primera noche fuera de los muros del paraíso, pues es bien sabido que donde se junten hombre y mujer, allí está Dios de por medio, porque en definitiva, el paraíso no estaba donde nos decían, sino aquí, adonde Dios tendrá que venir siempre si quiere reconocerle a gusto.
Pero no pretendo establecer aquí una polémica teologal sobre asuntos tan delicados de la historia, y sí enumerar a continuación, la lista de los alimentos que favorecen la hiperactividad y la agresividad de mis semejantes.
Por conclusión, en el referido estudio ha quedado comprobado que en dicho elenco se incluyen algunos aditivos artificiales, como los colorantes; los alimentos sometidos a procesos industriales; los azúcares refinados; las carnes; las bebidas alcohólicas; y las sustancias estimulantes como la cafeína o las bebidas energizantes.
Y así, mientras permanezco a meditar filosofías al sabor de un buen scotch, luego pregunto: ¿puede haber algo inmediatamente más trágico que digerir incandescencias o rozar las hemorroides sobre escarpados toboganes históricos?… Es de pensarse.
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