La Buena Decisión de Salomón, el Maestro de la Cábala

Por una extraña conjunción de circunstancias, percibo ostensible que el mundo del futuro es cada vez menos mio, y a cada año que pasa se convierte en el mundo donde bebés son cargados cada vez más en brazos por shoppings coloridos e iluminados, en cuanto los jóvenes marginados, sin oportunidades, asfixiados por la injusticia, el prejuicio y la falta de horizontes, se vuelcan al crimen, la droga y el robo.

Otros tantos también se refugian en un fanatismo religioso que va produciendo choques mucho más violentos, y formando una espiral de barbarie que se proyecta desde los países más subdesarrollados hasta las potencias más prosperas y modernas. Al mismo tiempo, y como si todo ello no bastara, los gobiernos siguen hablando de poder, comercio, mercado, petróleo, negocios y armas, y siguen debatiendo acerca de bondades de sus sistemas financieros y sus déficit y sus “riesgo país” y sus “medidas sustentables” y su idea de “seguridad jurídica”, seguridad que no se refiere al individuo sino a sus corporaciones de poder y dinero.

Pero entre tanto desquicio mundano, percibo al mismo tiempo que algo está queriendo mudar cuando una inédita sentencia de la Justicia española da su veredicto para permitir a un padre divorciado el derecho de dividir en dos la casa y así convivir con su ex mujer y sus hijos. De esta manera, una parte (planta baja y sótano) ahora puede ser ocupada por él y la otra por su ex esposa, mientras que los dos hijos alternan su tiempo en las dos divisiones de la vivienda y la preservación de los valores de la familia.

Por tal motivo, el Tribunal Supremo, -la máxima instancia judicial en España-, le dio la razón a un padre divorciado que pidió dividir en dos la vivienda familiar para instalarse en la planta baja del inmueble, al mismo tiempo que ha atribuido a la madre de sus dos hijos el uso del resto de la casa.

En la sentencia, a la que ha tenido acceso el personal de la agencia Efe, también se anula el fallo anterior otorgado por la “Audiencia Provincial de Málaga” de septiembre de 2010, el cual había atribuido a la madre y los niños, el disfrute en la integridad de la casa que el matrimonio había compartido durante diez años.

Por consiguiente, vemos en el veredicto actual que el Supremo ha tenido en cuenta que se trata de un inmueble de tres plantas, en el que es posible la división material, y que no existe conflictividad entre los cónyuges… A no ser algunas malas miradas de reojo y las puteadas silenciosas de los adultos.

En este sentido, el Magistrado señala que el inmueble es propiedad exclusiva del marido -lo adquirió antes del matrimonio- y que la propuesta de división no es tal, sino “una redistribución de espacios en el inmueble que no altera su régimen”, con lo que se protege el interés de los hijos menores y del propio marido.

De esta forma se formula la doctrina de que “cabe la división material de un inmueble en el procedimiento matrimonial” cuando ello sea lo más adecuado para proteger el interés del menor, siempre que la división sea posible y útil porque las viviendas resultantes reúnan las condiciones de habitabilidad.

La información agrega que la pareja se casó en 1999, con el régimen económico de bienes gananciales (son comunes las ganancias o beneficios obtenidos durante el matrimonio), y tuvo dos hijos, que eran menores de edad cuando la mujer presentó la demanda de divorcio en 2009.

En primera instancia, la madre pidió además de la guardia y custodia de los niños, el uso de la vivienda conyugal, los alimentos de los hijos y una pensión compensatoria.

El padre, que se opuso en parte a dicha demanda, señaló que en la planta baja de la casa tenía su taller, por lo que pidió que se le reservase el derecho de uso de esta parte del inmueble para instalar allí su vivienda.

Un juzgado en primera instancia -que repone ahora el Supremo- estimó en parte la demanda y atribuyó al padre la planta baja y sótano.

La mujer recurrió a aquel primer fallo al argumentar que la división de la vivienda podría constituir un “ataque a la intimidad de las personas”, llevada por la gananciosa orientación de su abogado y poco importándose en la futura educación de sus hijos.

Avasallado, agregaré que algunos me han dicho que ser viejo o estar viejo es una cuestión de matices, y que lo más importante de la vida es abrir los ojos al despertar y saber que “el de arriba” nos regaló otras veinticuatro horas mientras la esperanza, que nunca se pierde pero que a veces cambia su traje verde brillante por un gris de ausencia o un negro de duelo por la falta de oportunidades sin las cuales una democracia pierde su razón de ser, vuelve a mi pensamiento con su calidez y su perspectiva de siempre… ¿No es grandioso?