La Inesperada Muerte Coital

A pesar del electrizante impacto momentáneo que me causa, mismo buscando estar constantemente bien informado, -una dádiva reservada a unos pocos-, caigo en la llamada Realidad Vulgar y, todavía atónito, paso a meditar acerca de los problemas de la longevidad, época cuando, entonces, se van los dientes pero quedan las encías desnudas.

Momento soturno y contrario este, dirán algunos crueles impíos y despiadados, en que la sociedad se esfuerza para sustituir la preñez citoplasmática por la estupidez in vitro, llevando legiones de dinosauros viejitos al infierno de tener que convivir simultáneamente con sus propios achaques físicos y a cohabitar con las tormentas de un océano de mediocridades ocasionales… ¿No es impresionante?

Pero conforme nos es tan pródigamente enseñado en filosofía, aprendimos que todo hombre en su debido momento debe descender para la muerte, mismo que la peor elección para el gran finale sea siempre a través de las amenidades. Pero pregunto: ¿será que habrá epílogo más triste que aquel cuando nada se hace de útil, productivo o creativo?

No en tanto, postrado de rodillas ante lo indefensable, he decidido contarles todo sobre los desvíos de la narrativa académica, de manera que el bienquisto lector pueda notar que en los casos más colindantes, los asuntos puedan apreciarse chocados por la vacilante incertidumbre ejemplarizada, ya que la Realidad tiene facetas mucho más interesantes que el dogmatismo de tales porquerías sin importancia.

Resulta que la llamada telefónica que dejó huella en la historia de la medicina -y posteriormente le rindió mucho dinero al médico que la recibió-, sonó una tarde cuando el doctor Christiaan Barnard tomaba una siesta en su casa de El Cabo, Sudáfrica. En efecto, la persona que llamaba era una monja del hospital “Groote Schuur” informándole que habían llevado a una joven atropellada que había resultado con daños cerebrales irreparables. Si se moría, -le dijo-, su corazón se podría usar para realizar el primer trasplante de ese órgano en el mundo; ella era del grupo sanguíneo adecuado y su padre estaba dispuesto a dar su consentimiento -informó la ansiosa prelada.

Siempre rezo antes de cualquier operación”, -escribiría posteriormente el doctor Barnard. “Suelo hacerlo al dirigirme hacia el hospital, porque en esos momentos voy solo en el auto. En esa ocasión sentí mas que nunca la necesidad de hacerlo, pero no pude,…. mis pensamientos se interponían”.

Hasta entonces sólo había realizado trasplantes de esa índole con perros de laboratorio. Pero ese sábado 2 de diciembre de 1967, estaba a punto de ser trasplantado el corazón de un ser humano a otro. La donadora era Denise Darvall, de 25 años, y el receptor Louis Washkansky, comerciante de la ciudad a quien le restaban pocas semanas de vida por su avanzada enfermedad cardiaca. Se sabe que Washkansky ya había sobrevivido a varios infartos, pero antes de la operación presentaba dificultad para respirar, insuficiencia renal y hepática, y tenia las piernas hinchadas. Se suponía que el hombre tampoco debía comer ni beber nada dulce debido a su diabetes, así como tampoco ejecutar actividades extracurriculares, pero este se las ingeniaba a escondidas… Claro, por eso dio en lo que dio, pobre Louis.

Pues bien, para que los ninfomaníacos lo sepan de una vez por todas, lo que en aquella época era una duda, ahora ha quedado determinado que “la infidelidad” causa problemas al corazón en los hombres, sobre todo si la aventura extramatrimonial se concreta con mujeres más jóvenes. Así lo acabó de concluir el estudio elaborado por investigadores de la “Universidad de Florencia”, en Italia.

Las conclusiones del estudio encabezado por la doctora Alessandra Fisher fueron publicados en el diario italiano “Il Corriere della Sera”. Y según estos exhaustos investigadores, los infieles que entablan una relación con mujeres más jóvenes, quienes les hacen cambiar a su galán-cabrío su antiguo estilo de vida hacia uno más exigente, eso terminaría por afectar el sistema cardiovascular masculino.

El estudio se basó en el análisis de la “muerte inesperada coital”, más frecuente en los hombres según la bibliografía médica. Por consiguiente, se comprobó que los infartos sufridos por los hombres durante el acto sexual ocurrían cuando estos se encontraban teniendo sexo con una amante… ¡Colosal!, aunque algunos lo hallarán magnífico.

Evidentemente que por lo dicho, se entrevé que una relación extramatrimonial fuerza a los hombres a un mayor desempeño sexual, a lo que se suma a veces el sentimiento de culpa después del engaño, y hasta el uso de una medicación estimulante, todo lo cual podría conducir a un problema cardíaco.

El lector ha de notar, descorazonado, que tener que escribir ditirambos sobre la dicha cuya contingencia, lo induce a pensar que no existe nada más arriesgado, que un individuo verse sujeto a las majaderías ajenas… ¿No es fenomenal?


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, , Reportar este Comentario aac dijo

lo que me da bronca es que vivo sola esde hace tiempo,soy soltera o divorciada ya que el matrimonio era solo para obtener permiso de estancia y no existia.lo que me molesta son esas sras que se obsecionan en hacerme pasar por casada asi me pueden meter en categoria infiel y asi castigarme con enfemedades o peor.tengo bastante ya y su tactica oriental no me gusta.