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Comer, Rezar, Amar…mientras buscamos nuestra Palabra. Serie “LA FELICIDAD EN EL CINE”. Película elegida: Comer, Rezar, Amar. (Eat, Pray, Love). Director: Ryan Murphy. País de origen: Estados Unidos. Distribuidora: Columbia.

La película “Comer, Rezar, Amar” es un itinerario que pasa entre la superación del miedo a ganar peso comiendo y el peso del hacerse cargo del miedo a perder amando.

En el medio de ese viaje, languidece el rezar en un kiosco espiritual donde el gurú vende cartelitos que dicen “Estoy guardando silencio” [1]

En Psicología Empresarial nos dicen que no tenemos un plan de negocios si no se lo podemos explicar a Bill Gates en un minuto en un viaje en ascensor.

“Comer, Rezar y Amar” propone hacer  algo parecido con nosotros mismos al decir ““encuentra tu palabra, tal como cada ciudad tiene la suya”….En sus diálogos Londres es “estirada”, New York es “ambición” y Roma “sexo”.”.

Por tanto, ante su criterio no tenemos un plan de vida ni  sabemos quienes somos, si al encontrarnos con un sabio en la montaña  o  un romano comiendo pizza

o alguien que nos interesa, no podemos decir la palabra que nos representa.

Pareciera de tal manera, que toda nuestra complejidad subjetiva y  todos los significados que ponemos  en juego cuando hablamos, deben sintetizarse en una palabra que nos exprese tal como una ciudad puede presentarse para el mercado turístico[2]

Marketing y película proponen encuentra tu palabra como una especie de “busca tu etiqueta”, pero Kierkegaard nos advierte…”si me etiquetas, me niegas”.

Considero que podemos y merecemos ir más allá de esas propuestas simplistas.

Es cierto por una parte que puede ser orientador encontrar palabras que nos representen pero para ello necesitamos trascender lo plano de las  etiquetas, para considerarlas como palabras que remiten a ideas guías e ideas fuerza.

También nos enriquecerá descubrir que  toda palabra es a su modo una respuesta dentro de  la vida.

La vida, por su parte se especializa en cambiar las preguntas que nos hace.

Por eso, para buscar “palabras respuestas” básicas sobre quiénes  somos” y cuál es nuestro sentido, Viktor Frankl nos propone considerar la existencia desnuda…

Ante la existencia desnuda ¿cabe revestir nuestras vidas  de palabritas tales como las que expresa la película con las ciudades diciendo “Londres estirada”, “New York ambiciosa” o “Roma sexo”…?

Nos toca a nosotros encontrar la calidad de Palabra que nutra nuestra existencia y la de quienes nos rodean,.., la calidad de Palabra que marque   diferencia con  la existencia etiquetada.

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[1] El guardar silencio ya no deviene de un clima espiritual compartido como proponía Ignacio de Loyola. Antes bien, el silencio aparece en la película como  una decisión individual alienante resguardada por un cartelito que se compra en el kiosco de un ashram mercantilizado que no ofrece mejor ambiente espiritual que los patios y la terraza de nuestras casas. Es un silencio como decisión alienante de la cual se sale parloteando o por indicación del gurú para recibir con una sonrisa a un grupo turístico.

[2] Pareciera como los limitantes espacio-tiempos televisivos, blogeros y  twiteros, así como las limitaciones de la mente de los consumidores impusieran una realidad donde debemos abreviarnos en una palabra… como si una palabra no remitiera  a una infinidad de palabras y a  una multiplicidad de significados, tal como lo hacen aquellos mismos espacio-tiempos…Aunque visto así, tal vez la propuesta de la película se enmarque en un panorama donde  ante tanta fragmentación, se pueda  lograr sostener la identidad aunque sea provisoriamente en una palabra.

VIVIR CON ALAS

El surfer mágico lleva una alada vida sobre las olas. No vampiriza la vida, la vive. Por eso la vida lo recompensa con una alada vida. Con ella conquista esa alegría que la densidad y la gravedad impiden alcanzar. La alegría es grácil, sólo se la besa cuando se puede volar fluido sobre las olas del mundo. Cuando el surfer mágico danza sobre las olas con otros surfers, sabe que los bailarines que llevan el ritmo, nunca destruyen la alada vida de otros ni la de ellos mismos. Pero ¿cómo se aprende esa técnica de la danza? ¿Por qué es tan difícil? Es que el miedo endemonia la alada vida, pero el amor puede exorcizarlo[1]. Cuando tu corazón está inundado de amor; no tiene lugar para temores, dudas, vacilaciones…Cuando Tú y quienes amas y te aman, dejan de jugar con el hielo quemante de preguntas estilo “si aman o no aman, si son o no amados”; aprenden a danzar la música del amar, entonces pueden armonizar sus ritmos. Entonces vives y haces vivir amaneceres de eternidad.



[1] El texto está adaptado de Morrow Lindbergh, Anne; El don del mar; ed. Javier Vergara, uenos Aires, 1975.

VIDA, PROYECTO Y CAMBIO

TU TRÁNSITO MARINO

Los mares son escenarios cambiantes donde no hay itinerarios a resguardo de naufragios; ni siquiera para los acostumbrados a festejar éxitos en las cubiertas de sus naves. En el gran Océano de la vida; una buena nave se puede convertir en inapropiada, cuando cambian las circunstancias. Mas logra llegar a óptima, si las condiciones viran a su favor. Es una atmósfera alquímica donde tus fortalezas, debilidades, amenazas y oportunidades; pueden transformarse las unas en las otras. En cuanto a Ti; no tienes destino de boya, ni encadenada ni desencadenada. Por tanto, no andes a la deriva como barco fantasma, vacío de vida y proyecto. Nada puede transfigurarte en Holandés Errante, excepto Tú mismo. No te conviertas en monumento de tus propios naufragios. Nada puede transformarte en Titanic, excepto tu desatención de cara a los icebergs. En el mar no importa donde estás, sino cómo vas. Transitas en un mundo de olas tales como relaciones humanas, mercados, salud, clima…Surfea, dirige tu tabla; ve acariciando y zanjando las olas, que no las dañas pues para eso están.

SABER MARINO

Los mares siempre te hablan de esencias como renovación invitándote a cosas tales como que vivas siempre presente, renuncies a controlar todo, te sumerjas en el ritmo de las olas, estés preparado para todo, pongas las cosas en perspectiva y hagas rumbos[1]. En ellos, virtualmente puedes afrontar todas las situaciones siempre que no pierdas la cabeza[2] ni te pongas en sabelotodo. Es que en los territorios marinos, nada está cimentado. En ellos todo vive en danza; en estados de flujo, gracia y mar. Por eso en las playas, todo se escribe sobre arena y se habla de cara a un viento que se lleva las palabras como granos de arena. Las honduras marinas no suelen dar oportunidades a los sabihondos. Son ámbitos donde las piedras fundamentales se hunden, tanto como lo hacen en los mares de pasto de las naciones inestables.



[1] Waitzkin, Josh; El arte de aprender, ed. Urano, Navarra, 2007, p.40 a 41.

[2] Waitzkin, Josh; El arte de aprender, ed. Urano, Navarra, 2007, p.40 a 41.

Todo pasa, los mensajes de las montañas perduran. Dedicado a ladelirante

TUS COMPAÑEROS DE CORDADA

Cordada es corazón, es concordia; es lo que une a quienes buscan cimas, enfrentando abismos; y eso es algo que hacemos siempre en la vida, aún cuando hablamos de lo que pareciera más simple como los hijos, los afectos, el trabajo, los viajes…En las cuestas, vienen bien los compañeros de cordada. Son hermanos “ius solis” y no “ius sanguinis”; lo son por vínculos generados por los suelos que pisan y no por la descendencia sanguínea. Les has conocido gracias a los cerros y las redes de caminos de la vida. Les quieres, respetas y das toda la confianza del mundo[1]. Con ellos no estás solo ante la suerte y menos en los asuntos arriesgados. Son compañías de ayuda mutua. Ni la gente ni la suerte se atreven fácilmente con dos[2], pues lLa rama que aislada se quiebra fácilmente, resulta inquebrantable cuando forma un haz con otras[3].

TÚ ANTE LAS CORDADAS BORRACHAS

A veces sucede que algunos llegan a ponerse a nuestro lado en la cuerda para dedicarse a juegos pirotécnicos. Hacen cordadas con una cuerda anudadora de cohetes borrachos colgados que van soltándose y estallando. Les gusta pasar el tiempo con ellos, vestidos con amianto que les cubre el cuerpo. En ciudades como Valencia podrás ver esos juegos. Pero eso no es para las cuestas que abordamos cotidianamente, pues en ellas no hay lugar para tales juegos. Si algunos empiezan con algo de eso, basta con la ley de Sánchez “no te enganches”, pues juegan con el precipitarse. Y de lo que se trata es de nuestros esfuerzos por hacer crecer las vidas que podamos, lo cual es mucho. Y resulta que de juegos como aquellos nada queda excepto lo que nuestro Julio Cortázar llama las palabras violadas[4] quemadas como cañitas voladoras y algunos cuerpos pegoteados a unas armaduras oxidadas como diría Robert Fisher[5]

TU PALABRA FAVORECEDORA

Poner petardos a las palabras de quien se expresa lo haga como lo haga, deja en manos de quien lo hace, lo quemado de su propia cosecha; pues la palabra auténtica sigue perteneciendo al otro. La palabra cotidiana es tan rica…; y en eso Freud nos liberó de quienes buscaban censurarla, encausarla, someterla o darle sentidos diferentes a los propios de quien las pronuncia. Nadie es patrón de la palabra del otro para devaluarla a nivel de moneda corroída, como diría Cortázar. En las cuestas necesitamos comunicar, pues vaya si en ellas todo cuesta. Bienvenidos serán siempre a las cuestas, los comunicadores que con sus palabras acompañan y favorecen las subidas, las mateadas, los fogones de las postas, los trabajos y los días…





[1] Este párrafo y el anterior: Re: ¿Que es un compañero de cordada?, El Cursi. Comunidad de Tricúspide | Powered by YaBB SE

[2] Este párrafo y el anterior: Gracián, Baltasar; Oráculo manual y arte de prudencia.

[3] Frase inspirada en el Martin Fierro.

[4] Charla pronunciada en el centro cultural La Villa de Madrid en 1981. Cortázar es más gráfico aún y habla de palabras de las que alguien termina sirviéndose como si fuera un pañuelo de bolsillo,

[5] Fisher, Robert; El caballero de la armadura oxidada, edic. Obelisco.


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