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Seguridad en Argentina: entre Caribdis y Escila (II)

La seguridad es una necesidad humana que a su vez resulta básica para poder satisfacer las necesidades de relacionarnos, amar y realizarnos.

Cada cultura interpreta a su manera las necesidades de seguridad de sus miembros y las formas de satisfacerlas[1].

Pero para favorecer la satisfacción de la necesidad de seguridad humana[2], numerosas culturas, instituyen  un Poder de policía[3], con funciones que abarcan diversos órdenes de gobierno tales como tránsito, salud pública, comercio,  economía, edificaciones, protección de la vida y la propiedad de los ciudadanos.

Tales funciones universalmente suelen ser  percibidas desde la ambigüedad y la disonancia cognitiva[4].

Es que por un lado necesitamos de la seguridad que provee el Poder de Policía y  por otra parte, hay una delgada línea a partir de la cual el mismo puede volverse peligroso para nuestra seguridad dado su potencial para pasar de funciones protectoras a favoritistas y/u opresoras.

Al respecto, las alternativas de la cultura argentina configuraron un particular código cultural conforme al cual el ejercicio del Poder de Policía  es percibido primariamente en vez de protector de las personas, como asociado a lo arbitrario, prepotente, represivo y en gran medida  sujeto a la corrupción (pues no es ajeno a los códigos facilitadores de  corrupción que anidan en nuestra cultura).

Esto sucede, en  todos los órdenes del llamado Poder de Policía del Estado: tránsito, trabajo,  edificaciones, comercio, economía, protección de la vida y propiedad de los ciudadanos…

De tal manera hemos llegado a naturalizar al poder de Policía como una especie de mal necesario  y por tanto consideramos sus disfunciones como “naturales”.

La consecuencia de ello, es que la inseguridad en Argentina avanza no sólo en materia de delitos sino también de accidentes (de muchas clases como laborales, viales, derrumbes, incendios…), a la vez que se extiende hasta abarcar  la economía y todas las demás actividades sociales.

Todo eso genera  un problema-país muy serio…




[1] Vimos en un post anterior dedicado al tema, que en nuestra cultura, como en todas las culturas tenemos códigos culturales compartidos por un alto porcentaje de  miembros. Los  códigos culturales nos impregnan desde la infancia y hacen a  la forma en que  concebimos la realidad para desenvolvernos en ella y satisfacer nuestras necesidades. Entre esos códigos son fundamentales los que hacen a la  seguridad con que cada uno puede contar  dentro de la cultura en que vive. Es que

[2] Destaco que refiero la seguridad humana de seguridad (diferente de la llamada seguridad de Estado, que responde a un plano político ideológico).

[3] En Derecho, ver www.gordillo.com/Pdf/2-8/Capitulos/V.pdf¸ www.gordillo.com/tomos_pdf/2/capitulo5.pdf

[4] El concepto de disonancia cognitiva, fue formulado en 1957 por Leon Festinger en “A theory of cognitive dissonance” y refiere a que nuestro cerebro se siente muy incómodo e inoperante ante las contradicciones. Sucede que sentimos tensión al tener pensamientos en conflicto o un comportamiento contradictorio  con  nuestras creencias. Por tanto en tales supuestos tratamos de reducir  se reducir la tensión operando sobre nuestras ideas hasta conseguir coherencia (aún a costa de manipular o no percibir ideas y sentimientos)

SEGURIDAD HUMANA EN ARGENTINA (I)

¿Pueden la Psicología, la Sociología, la Antropología, el Derecho, las Teorías sobre la comunicación, el aprendizaje  y  los conflictos, ayudarnos a comprender qué significa la seguridad humana  en la cultura argentina?

Para responder a ese interrogante estimo importante priorizar el comprender que promueve un actuar responsable. Desde esa perspectiva propongo algunos recorridos  e invito a formular los propios de cada lector.

Al pie de esta propuesta menciono autores de posible consulta para continuar esos caminos que entre todos podemos hacer…Vamos al tema:

Toda cultura influye sobre la mente de sus miembros mediante  códigos o arquetipos culturales que les guían en las formas de satisfacer sus necesidades[1]. Tal influencia cultural  opera como una programación de las mentes para adoptar formas  colectivas de sentir y pensar [2]. Por eso, los miembros de diversas culturas suelen interpretar realidades similares en formas diferentes.

Tales códigos culturales son inconscientes, se forman en la infancia y hacen a  las formas en que  concebimos la realidad para desenvolvernos en ella y satisfacer nuestras necesidades[3].

Hay numerosos códigos culturales y entre ellos tienen mucha importancia los que hacen a la satisfacción de la  necesidad de seguridad humana.

Es que la necesidad de seguridad es universal,  integral (comprende no sólo la seguridad respecto de no ser víctimas de delitos sino que abarca todas las dimensiones: trabajo, construcciones, tránsito, etc.).

Además resulta básica para poder realizar otras necesidades, incluso de orden superior como  las de relacionarnos con los otros, amar y realizarnos[4].

Es que si los escenarios de vivienda, trabajo, estudio, tránsito, ahorro, diversión son inseguros…se ven afectadas las posibilidades de satisfacer las necesidades de vincularnos, trabajar, estudiar, proyectar, ahorrar, amar…

Cabe plantearnos entonces sobre qué códigos culturales juegan en relación a la seguridad humana en Argentina. Sobre el tema, volveré en un próximo post. Por ahora me quedo con una idea:

Si la necesidad de seguridad humana está insatisfecha, resultan afectadas las posibilidades de satisfacer las necesidades de relacionarnos, amar y trabajar…



[1] Rapaille, Clotaire; El código cultural, trad. B. Recamán, ed. Norma. Bogotá, 2007

[2] Cfr. Hofstede, G. H. Cultures and Organizations: Software of the mind. McGraw-Hill, London, 1991

[3] Los sistemas de referencia son una construcción compleja de tensiones. El código es una forma sencilla de acceder a este sistema. Pero si sólo miramos el código sin conocer el sistema nos parece un cliché, o un estereotipo. Una mejor manera de pensar en un código o arquetipo cultural es como una estructura vacía, un campo magnético que organiza nuevos contenidos, de generación en generación. Un estereotipo “es sólo una expresión del arquetipo cultural. Clotaire Rapaille entrevistado por Adam Hanft www.fastcompany.com/blog/…/man-behind-culture-code. Podemos decir que tanto la anatomía es el destino como decía Freud en 1924 glosando una frase de Napoleón…y que si ello es así, l naturaleza es el destino. Pero a la vez,  la cultura (Rapaille) impregna la forma de darse esa naturaleza. Por tanto,  la cultura en la naturaleza  es el destino.

[4] Maslow, Abraham Harold (2005). El management según Maslow: una visión humanista para la empresa de hoy, Barcelona: Editorial Paidós Ibérica.– (2001). Visiones del futuro, Barcelona: Editorial Kairós.– (1998). El hombre autorrealizado: hacia una psicología del ser, Barcelona: Editorial Kairós.– (1994). La personalidad creadora, Barcelona: Editorial Kairós.– (1991). Motivación y personalidad, Madrid: Ediciones Díaz de Santos.


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