21 May 2011 | Por gerardo-salvador | Claves: amor, amor a la vida, parejas, vida, vinculos | # Enlace permanente
Cuando nos vinculamos con los demás, especialmente en una relación de pareja, expresamos todo lo que la vida representa para nosotros. Por tanto, con la vida somos tal como somos en los vínculos con las personas y especialmente en los vínculos de pareja.
Un manifestación de ello es cómo percibimos la vida y nuestros vínculos. Tanto en las situaciones de la vida como en todos nuestros vínculos, podemos encontrar potencialidades y señales, tanto de éxito como de fracaso. Es que hasta en las mejores situaciones y relaciones, hay elementos con potencialidad negativa, los cuales si los manejamos mal pueden llevarnos a la calamidad.
Al respecto hay un experimento muy ilustrativo: A parejas en problemas se les divide en dos grupos, de los cuales a la mitad se les solicita que conversen sobre lo mejor de su relación mientras que a la otra mitad, se les pide que charlen sobre lo peor. Los resultados muestran que los miembros del primer grupo disminuyen su stress (en aproximadamente un 15 %), pero éste se dispara en el segundo grupo (en alrededor del 48%)[1].
Esto no quiere decir que no debamos conversar sobre lo negativo. Significa que la perspectiva centrada en lo negativo, afecta aún los vínculos con las mejores situaciones de la vida, las personas y la pareja.
Otro estudio realizado con 400 parejas casadas, de media durante 40 años, mostró que los que parecían más felices con la vida en general tendían a ser aquellos con una visión idealizada de sus matrimonios. El resto, los que veían la historia de su relación de manera más realista, tendía a tener resultados mucho más bajos en cuanto a satisfacción matrimonial[2].
En síntesis:
En la vida como en los vínculos y en las parejas. En los vínculos y en las parejas como en la vida.
Las perspectivas enriquecedoras y el realismo constructivo son preferibles a las perspectivas empobrecedoras y al realismo demoledor.
Esto no significa aguantar cualquier cosa, tan sólo nos pide no hacer de cualquier cosa una cruz.
[1] Sullivan, K. ; “Understanding the Relationship Between Religiosity and Marriage: An Investigation of the Immediate and Longitudinal Effects of Religiosity on Newlywed Couples.” Journal of Family Psychology 2001. 15: 610-26.9.
[2] Rajendra Persaud “El amor obedece las leyes de la ciencia”, entrev. por Juana Libedinsky, La Nación, Miércoles 14 de febrero de 2007, http://www.lanacion.com.ar/883440
04 Abr 2009 | Por gerardo-salvador | # Enlace permanente
Desde hace tiempo me llama la atención la forma en que nuestras miradas tienden hacia la pequeña mancha de un mantel que por lo demás se encuentra inmaculado. Y me sorprende la facilidad con que nuestras emociones se enganchan en los conflictos. Así percibí que tendemos a ver lo que no anda y a pensar en perspectivas de conflicto. Y a la vez, no tendemos tanto a ver lo que funciona ni a pensar en términos de cooperación.
Lo funcional y la cooperación son cotidianos. Si no fueran así estaríamos en un mundo y en una sociedad terribles en las que las chances de sobrevivir serían nulas. Pero al ser cotidianos no estimulan, por el contrario: aburren. Fui mucho al cine, leí mucha literatura, conversé con numerosas personas, vi teatro…y las narrativas no solían ser sobre mundos, familias, comunidades donde todo ande bien. Películas, libros, obras de teatro en que todo ande bien resultarían en aburrimiento y falta de éxito.
La ciencia me demostró que nuestra biología acentúa lo negativo; hace que notemos un ínfimo error, más que cinco o diez cosas que salen bien. Tenemos una “predisposición negativa”, por la cual diferenciamos entre eventos positivos y errores. Éstos últimos, son los que nos llaman la atención, pues un enfoque atinado sobre lo que puede salir mal, ayuda a luchar con los peligros. Se trata entonces de un mecanismo de supervivencia. De su importancia, da cuenta el mundo entero: En la letra de un contrato es importante detectar riesgos. Una expresión angustiada llama la atención en forma más urgente que una sonrisa, pues representa la reacción a una amenaza.
Pero eso tiene sus límites. Así como quienes se traban con sus propios pies al bailar, hay miradas que se embrollan en lo negativo:
En un limpio mantel atentamente bordado, lo primero que advertimos es una tenue mancha. Eso es útil cuando vas a comprarlo, pero no cuando se trata de disfrutar del mismo. Con las personas nos pasa lo mismo. Para peor encontramos más defectos en quienes más miramos: los que tienen vínculos más cercanos a nosotros. A esas miradas complicadas y embrolladoras, que cuando toca disfrutar siguen obrando como si estuvieran comprando un mantel, me gusta llamarlas MIRADAS MANTELERAS. Son miradas que por buscar manchas en el mantel, no disfrutan la comida ni festejan el encuentro. Transforman todo en un mantel con el que cubren sus problemas existenciales buscando manchas. Y para colmo como quien busca, encuentra…siempre encontrarán razones para plantear el lado negativo de todo. A esta clase de personas les cabe la afirmación de que quien se entretiene en buscar defectos ajenos, prueba no ocuparte de los suyos.
Por eso atiende a tu sobrevivencia disfrutando de la vida. A la manera del águila, funciona a nivel de una mirada superior sin dedicarte a cazar moscas. Funciona a nivel de una mirada superior desde la cual se trata de que integres creativamente la predisposición crítica con todos los elementos de la situación. Despliega miradas dignas de Ti y de la Vida.
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