“Martín Fierro y yo”, de Roberto Mariani

Ya en alguna otra oportunidad traje algo de las revistas de Boedo-Florida. Hoy le toca a Mariani, que si bien era medio amigo de los de Florida, pateaba para los de Boedo. “Cuentos de la oficina”, es un librito que se lee un par de sentadas. Eso sí, puede llegar a ser medio desesperanzador porque aunque tiene partes alegres, algunas un poco cínicas, otras un tanto inocentes, no se puede obviar que describe la ausencia del derecho laboral (algo parecido a La isla desierta de Arlt).
Lealó, y después alegresé del peronismo. Piensé que sino, todavía estariamos como sus personajes.
Acá, tiene algunos datos biográficos. Cosa curiosa, fue camionero (y después dicen que son todos brutos!). Además, hay un cacho de Cuentos de la oficina.
Ahora sí, vamos pa la polémica Florida-Boedo (para los despistados: la revista Martín Fierro agrupaba a los de Florida)
“Martín Fierro y yo”, de Roberto Mariani. Publicado en Martín Fierro, 4 de julio de 1924.
La extrema derecha literaria tiene sus periódicos, desde “La Nación” y “El Hogar” hasta el minúsculo semanario de barrio. En centro -ni conservador ni revolucionario, pero más estático que dinámico- posee en MARTIN FIERRO un órgano eficaz. La izquierda cuenta con “Renovación”.
Pero “Renovación” trae en todos los números un renovado elogio de José Ingenieros, y esto araña los ojos y pincha nuestros sistema nervioso.
Los que estamos en la extrema izquierda revolucionaria y agresiva, no tenemos dónde volcar nuestra indignación, no tenemos dónde derramar nuestra dulzura, no tenemos dónde gritar nuestro evangélico afán de justicia humana. Por esto, y nada más que esto, algunas gentes más o menos intelectuales, creen que toda la juventud argentina está orientada en la dirección que indican los periódicos del centro y de la derecha.
Y estas mismas gentes se asombran cuando aparece un autor como Elías Castelnuovo.
-Es un revelación-dicen. Y éste, ¿de dónde sale?
Pues, señor: estaba a la izquierda, y no tenía abiertas hospitalariamente las planas de los periódicos vulgarizados y vulgarizadores. Ni acaso las quería abiertas así, de modo restringido y humillante.
Sin embargo, se seguirá observando solamente la orientación literaria de los escritores del centro y de la derecha cuando se quiere conocer el estado actual y la evolución de la literatura argentina.
El día en que aparezca un libro de Santiago Ganduglia, dirán todos:
-Y éste, ¿de dónde sale?
Colmada está de elogios mi escarcela y a montones los apresa mi mano y los regala graciosamente a los ingeniosos e inteligentes escritores de MARTIN FIERRO.
Pero en este momento se me ocurre caprichosamente detener el gesto dadivoso, componer el semblante al modo de los pedantes jefes de oficina, y oponer objeciones a los talentosos jóvenes que a Mendez tienen por Capitán.
Quiero decirles -y me perdonarán la audacia- que falta calor en el entusiamso, y falta ímpetu en el combate, y falta rebeldía en la conducta. Seamos justos: sobra gracia, sobre ingenio, sobre inteligencia, y es excesiva la imaginación.
Hay un pecado capital en MARTIN FIERRO: el escandaloso respeto al maestro Leopoldo Lugones. Se le admira en todo, sin reservas; es decir: se le adora como prosista, como versificador, como filólogo, como fascista. Esto resbaló de respeto comprensivo e inteligente a idolatría de labriego asombrado. El asombro es antiintelectual.
¡Qué gesto el de MARTIN FIERRO si se encarara con el maestro gritándole groseramente de esta guisa: -Maestro: su adhesión al fascismo es una porquería!
Símbolo de criollismo por el sentimiento, el lenguaje y la filosofía, es Martín Fierro, el poema de Hernández, el personaje de Hernández.
¿Por qué los que hacen MARTIN FIERRO -revista literaria- se han puesto bajo la advocación de tal símbolo, si precisamente tienen todos una cultura europea, un lenguaje literario complicado y sutil, y una elegancia francesa?
¿Qué tiene MARTIN FIERRO -revista literaria- que pueda ajustarse como anillo al dedo, al patrón criollista Martín Fierro?
Hasta hoy, la revista literaria MARTIN FIERRO no tuvo para el personaje homónimo ni siquiera un recuerdo al pasar, como un incidental “Ah, si, si”.
Bien es verdad que como se infiere de las respuestas a la reciente inquisición o encuesta, comienzan los redactores de MARTIN FIERRO por negar al pueblo argentino características genéricas y solidarias, con lo cual desglosan el inmortal poema de Hernández de su propio suelo, de su propia tierra, de su época, de su ambiente.
Más cerca de Martín Fierro están aquellos que en literatura hacen labor llamada generalmente “realista” y que yo denominaría “humana”.
“Cantar con toda la voz”, pedía Martín Fierro.
Ahora recuerdo un proverbio de Antonio Machado. Los proverbios están en la raiz de la raza, y su filiación encontraríamosla en el substancioso y sentencioso Rabí Don Sem Tob de Carrión. De proverbios está lleno Martín Fierro.
Dice Antonio Machado:
Acaben los ecos,
Empiecen las voces.
¡Eso: acaben los ecos y empiecen las voces!
He aquí una voz, una voz de muchacho porteño, de hoy, de aquí: Nicolás Olivari.
Mientras que los redactores de MARTIN FIERRO se alejan de nuestra sensibilidad (¡comienzan por negarla!) y adhieren a mediocres brillantes como Paul Morand, francés, y Ramón Gomez de la Serna, español, he aquí un escritor argentino que en su libro se denuncia habitante de su ciudad y conciudadano de sus conciudadanos, entroncando, por consiguiente, con el auténtico y genuino Martín Fierro.
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Es verdad , la izquierda de ese entonces no tenía un lugar para expresarse que valga la pena y por eso un autor como Castelnuovo resultaba novedoso. Esto tbn muestra el papel que desde siempre jugaron los medios en la formación de cánones, estéticas, consumos etc. y por eso se creía que, como dice Mariani, toda la juventud se agrupaba en la vanguardia.
En lo personal leí los cuentos de Mariani, y tbn Castelnuovo, que no me gustó. Si bien el realismo “puro y duro” digamos, no es lo que me resulta más intersante, en el caso de Mariani logra que nos identifiquemos. Y como bien decis hay que agradecer al peronismo jajaj.