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La princesa en la playa- cuento concurso Bicho de letras sin participar- Sólo por placer

La princesa en la playa.
Este es el relato del día en que Marianita con su tocado de princesa y su varita mágica, estando en la playa de Claromecó, intentó convertir en principe a una estrella de mar que las olas habían arrojado a la orilla. O sea es el relato de la primera decepción de Marianita con respecto a que los principes no existen, aunque se intente hacer magia.

Marianita estaba pasmosamente observando que a la cuenta de 1 y de 2 y de 3 la estrella de mar ni se movía.

Chiquita linda! Estuvo así por lo menos media hora.

Marianita vení la llamaba la madre. Vení que el tiempo está feo estamos juntando todo para volvernos. Ya no hay nadie casi. Decile a tu hermano y vengan los dos.

Y Marianita, con la mirada fija: decía:

- A la cuenta de 1 de 2 y de 3 en principe te convertiré!

La madre le decía a la tía: llamala vos a mi no me hace caso, pobre, mirá ni se mueve casi.

Y la tia:

- Mari, marianita…veni mi amor, venga con la tía que vamos a hacer en el horno unas masitas ricas y a tomar la chocolatada.

(Todos los veranos en Claromecó cuando llovía o hacía frió, la tía Irene hacía las masitas tipo provolene y a Marianita le encantaba porque le dejaba triturar la harina con la manteca y después darle la formita y ponerlas en la placa).69

Pero marianita ni mu. Petrificada y sorda y en automático otra vez:

-A la cuenta de 1 de 2 y de 3 en príncipe te convertiré.

Hubo que sacarla casi a la fuerza mientras llevábamos a casa la estrella de mar y la nena estuvo toda la tarde, sin entusiasmo por las masitas ni nada, déle que te déle con la varita mágica.

El príncipe obviamente no apareció y Marianita agotada por tanto esfuerzo se durmió en el sillón de living.

La dejamos ahí, tapadita con la varita en la mano. Durmió hasta el otro día sin despertarse.

A la mañana siguiente cuando estábamos desayunando afuera, aparece con la varita buscando a la estrella que habíamos dejado en el patio y de nuevo la cantinela:

-A la cuenta de 1 de 2 y de 3 en príncipe te convertiré. Al principio nos sonreímos y la llamábamos para desayunar, todos a su debido tiempo nos turnamos: marianita vení, dejá, dale, que mirá que ricas las masitas, que la choco…y nada. Ya estábamos hartos de oírla.

Entonces como si nos pusiéramos de acuerdo gritamos: Nennnnnaaaaaaaaa

terminalaaaaaaa, la varita máaaaagica es un jugueteeeeee!

Y la tía Irene le grita:

- y los príncipes no existennnnnnnn tampoco ni existe la magiaaaaa todo es una ilusiónnnnnnnn..!.

Se hizo un silencio y la pobre marianita se puso a llorar y no paró en todo el día.

Nos sentimos reculpables. No sabíamos qué hacer.

Pasaron los días y anduvo tristona y enojada, pero después se le pasó. Eso sí ya no usó más ni la varita ni el tocado, ni creyó en príncipes ni en princesas.

El otro día mirando la foto se reía y nos dijo:

- qué guachos que fueron conmigo. Yo…toda ilusionada…y ustedes. qué malas personas…!

Terminamos a las carcajadas.

También Juan se reía, su pareja.

Ellos se aman profundamente.

Da gusto verlos. Ni príncipe ni princesa, pero el amor es el rey entre ellos.

Y en definitiva ¿no es eso lo que busca una chica jugando a ser princesa con la varita mágica?

Y colorin colorado este relato se ha terminado.