Posts etiquetados como ‘cuento zen’

La fuerza del hambre – Cuento Zen

Esta historia transcurre en el Japón durante un período de hambre.
Un campesino que no tenía con qué alimentar a su familia se acuerda de la costumbre que promete una fuerte recompensa al que sea capaz de desafiar y vencer al maestro de una escuela de sable.

Aunque no había tocado un arma en su vida, el campesino desafía al maestro más famoso de la región.

El día fijado, ante numeroso público, los dos hombres se enfrentan.

El campesino, sin mostrarse nada impresionado por la reputación de su adversario, lo espera a pie firme, mientras que el maestro de sable, estaba un poco turbado por tal determinación.

— ¿Qué será este hombre?, piensa. Jamás ningún villano hubiera tenido el valor de desafiarme. ¿No será una trampa de mis enemigos?

El campesino, acuciado por el hambre, se adelanta resueltamente hacia su rival. El Maestro duda, desconcertado por la total ausencia de técnica de su adversario.

Finalmente, retrocede movido por el miedo. Antes incluso del primer asalto, el maestro siente que será vencido. Baja su sable y dice:

— Usted es el vencedor. Por primera vez en mi vida he sido abatido. Entre todas las escuelas de sable, la mía es la más renombrada. Es conocida con el nombre de “La que con un solo gesto da diez mil golpes”. ¿Puedo preguntarle, respetuosamente, el nombre de su escuela?

— La escuela del hambre –responde el campesino.

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La magnitud del problema -Cuento Zen

Un monje le dijo una mañana a su maestro que tenía un problema que deseaba comentar con él, y éste le contestó que esperase hasta la noche.
Llegada la hora de dormir, el maestro se dirigió a todos los discípulos preguntando:

-¿Dónde está el monje que tenía un problema? ¡Que salga aquí ahora!
El joven, lleno de vergüenza, dio un paso al frente.
-Aquí hay un monje que ha aguantado un problema desde la mañana hasta la noche y no se ha preocupado en resolverlo.

Si tu problema hubiese consistido en que tenías la cabeza debajo del agua, no habrías aguantado más de un minuto con él.
¿Qué clase de problema es ese que eres capaz de soportarlo durante horas? -preguntó el maestro.


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El lugar de cada uno – Cuento zen .


Cierta vez le preguntaron a un hombre sabio:

—Se dice que, en el mundo, cada cosa tiene su lugar. Y el hombre también tiene su lugar. Entonces, ¿por qué la gente vive tan apretada?

Y el sabio respondió:

—Porque cada uno quiere ocupar el lugar de otro.

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La mano del sabio – Cuento zen -

Un sabio vivía santamente, distribuyendo enseñanzas y consejos a sus discípulos y a quien quiera que se dirigiera a él.

Un día, uno de sus seguidores vino a su cabaña y se lamentó de que su mujer era muy avariciosa.

Había intentado todo para hacerle comprender que la generosidad es una virtud muy importante en la vida, pero todo había sido en vano.

Entonces el sabio emprendió camino y fue a visitar a la mujer del discípulo.

Una vez que llegó a su casa, sin mediar palabra, cerró su puño y lo colocó delante de la mujer.

Ésta quedó asombrada.

— ¿Qué quieres decir con esto? –preguntó sorprendida la mujer.

— Imagina que mi puño fuese siempre así. ¿Cómo lo definirías? –le pregunta el sabio.

— Deforme –respondió ella.

Entonces él abrió la mano totalmente ante la cara de la mujer y dijo:

— Y ahora imagina que fuese siempre así. ¿Qué cosa dirías?

— Que es otro tipo de deformidad –dijo la mujer.

— Si entiendes esto –concluyó el sabio –eres una buena mujer y estás en el buen camino, continúa por él.

Y se marchó.

Después de aquella visita, la mujer ayudó al marido no sólo a ahorrar, sino también a distribuir a los necesitados.

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Cuento zen – Interpretación-

Una vez un monje mendicante llegó a un monasterio en busca de alojamiento.

Según la tradición lo normal era entablar con el recién llegado un debate sobre distintos aspectos de la enseñanza budista en el que se ponía a prueba tanto al huésped como a los monjes del cenobio.

Pero aquel día todos estaban muy cansados, así que el abad decidió que el debate corriera a cargo de un monje que, además de tuerto, tenía pocas luces.

El abad decidió aconsejarlo:

-Como no tienes mucho conocimiento ni facilidad de palabra, procura que el debate se haga en silencio, y además intenta que sea lo más corto posible.

A la mañana siguiente, el abad se encontró con el visitante, que ya partía.

-¿Qué tal fue el debate? -preguntó.

-Puedes sentirte satisfecho de tus monjes;  él dijo ser el más torpe de todos, pero confieso que me derrotó claramente por su elevada comprensión del budismo.

-Cuéntame cómo fue el diálogo -rogó el abad.

-Para empezar, yo levanté un dedo, queriendo expresar al Buda. Él contestó levantando dos dedos, haciéndome ver que una cosa era el Buda y otra sus enseñanzas. Yo entonces levanté tres dedos, indicando al Buda, su enseñanza y sus monjes. Pero a continuación él lanzó un puño contra mi cara haciéndome entender que todo parte de una comprensión única y definitiva. No supe qué contestar, así que, derrotado, me marcho de tu monasterio.

Instantes después apareció el monje tuerto, y el abad le pidió el relato de lo ocurrido en el debate.

-Ese hombre era un maleducado, empezó levantando un dedo recordándome que yo tenía solo un ojo; yo fui benevolente y levanté los dos dedos en señal de que él afortunadamente tenía los dos ojos, pero insistió en el insulto al levantar los tres dedos mostrando que entré él y yo teníamos tres ojos, así que le di un puñetazo. Entonces se levantó y se dio la vuelta sin decir nada.budismo-zen

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La taza de té – Cuento Zen -

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Cierta vez, el sabio Nan-in recibió a un vanidoso profesor universitario que lo visitaba para conocer sus enseñanzas.

Nan-in le sirvió té.

Llenó la taza de su visitante y cuando la misma rebalsó, siguió vertiendo la infusión.

El profesor se quedó mirando cómo el líquido se derramaba y pensando que el sabio era un tonto.

Finalmente no pudo contenerse:

—Está colmada —exclamó—. ¡Ya no cabe más!

—Como esta taza —dijo Nan-in—, usted está lleno de sus propias opiniones y prejuicios.

¿Cómo puedo mostrarle la verdadera sabiduría a menos que vacíe su taza antes?

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CUENTO ZEN – EL REGALO-

Una vez vivió un gran guerrero.

Aunque bastante viejo, él aún podía derrotar a cualquier retador.

Su reputación se extendió a lo largo y ancho del país, y muchos estudiantes se reunieron para estudiar con él.

Un día, un infame joven guerrero llegó a la aldea.

Estaba determinado en ser el primer hombre en derrotar al gran maestro.

Junto con su fuerza, tenía una inexplicable habilidad de notar y de explotar cualquier debilidad en un adversario.

Esperaba a que su rival hiciera el primer movimiento, revelando una debilidad y después golpeaba con una despiadada fuerza y una velocidad de relámpago.

Nunca nadie había durado en un combate con él más allá del primer movimiento.

Muy en contra del consejo de sus preocupados estudiantes, el viejo maestro aceptó con mucho gusto el desafío del joven guerrero.

Cuando los dos estuvieron en guardia para la lucha, el joven guerrero comenzó a lanzar insultos al viejo maestro.

Tiró mugre y escupitajos en su cara.

Por horas lo atacó verbalmente con cada maldición e insulto conocido por los hombres.

Pero el viejo guerrero simplemente estaba parado allí, inmóvil y tranquilo.

Finalmente, el joven guerrero se agotó.

Sabiendo que había sido derrotado, se marchó, sintiéndose avergonzado.

Algo decepcionados porque no luchó con el insolente joven, los estudiantes se reunieron alrededor del viejo maestro y le preguntaron:

“¿Cómo pudo usted aguantar tal indignidad? ¿cómo lo alejó?”.

El maestro respondió:

“Si alguien viene a darles un regalo y ustedes no lo reciben , ¿a quién pertenece el regalo?”.

“Si alguien los insulta y ustedes no reciben esos insultos, ¿ a quién pertenecen esos insultos ?”.

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