Septiembre 20, 2010 | Por soledad26 | # Enlace permanente
TATUAJES HOY.

El hombre ha manifestado siempre, por distintos motivos, la necesidad de cambiar su cuerpo. Y la piel humana es muy receptiva a cualquier cambio que queramos introducir en ella. “El tatuaje es la modificación superficial mas sencilla y a la vez mas elaborada, que el hombre ha practicado a lo largo de la historia.
La palabra tatuar procede del ingles tattoo, voz tomada de los indígenas de la isla de Tahití en la Polinesia. Es una costumbre muy extendida entre muchos pueblos de Asia, Oceanía y América, entre los marineros, delincuentes, marginales, y hoy cada vez mas frecuente en la “población común” de los países “civilizados”.
En occidente, la Iglesia Católica prohibió toda modificación del cuerpo, ya que estas quedaban del lado de los estigmas. Pero hoy, donde esa prohibición ha perdido bastante de su fuerza represora tanto como habilitadora; y necesariamente ha debido compartir su eficacia con otras legislaciones; aceptamos con más frecuencia que el cuerpo sea modificado.
El tatuaje comenzó por hacerse más común en ambientes llamados “alternativos”, hasta que hoy se ha convertido en moda, traspasando los límites de determinado grupo. Moda elegida prioritariamente por los adolescentes y los jóvenes o “usuarios frecuentes” de las nuevas propuestas culturales.
Es una modificación permanente –en la mayoría de los casos- que el hombre ejerce sobre su cuerpo; primer aspecto que parece contradecir la perentoriedad de una moda.
De todos modos decir moda, nos lleva a pensar en ideales de belleza, o sea, en ideales.
Ideales estos que muchas veces se transforman en referentes para construir modelos de subjetividad que nos ayuden a vivir y a “no morir”.
El dolor moderado en un cuerpo sano, y cuando esta acompañado de un ritual, da entrada a significaciones que lo ubican en otro registro (religioso, mítico, simbólico).
Tal vez estemos presenciando también la “ilusión narcisista” de construcción y gestación del propio cuerpo, sirviéndonos de modificaciones en la piel, de su aspecto.
Surge entonces la cuestión de como poder pensar estos cambios en el cuerpo propiciados voluntariamente, pensar sus efectos y sentidos.
Los sociólogos describen distintas motivaciones por las que el ser humano se hace, o se ha hecho, tatuajes: como paso iniciático (el dolor es la iniciación, endurece el cuerpo y el espíritu, y el tatuaje queda como signo visible de ese rito de paso); para adquirir una vistosa imagen de valor y fuerza; como arma psicológica (maorís que se afean para la guerra); como incentivo sexual; como protección mágica; para adquirir determinadas características a través de diseños ancestrales o totémicos; para ser reconocidos después de la muerte; para asegurar la pertenencia a un grupo; para reafirmar adhesión a causas políticas o religiosas; como marca identificatoria; etc.
En relación a la semántica de las imágenes elegidas en la actualidad, si bien es variadísima, en muchos casos se nutre de lo atávico. Pero también se nutre de la etnia y del valor ritual en su trabajo de ejecución.
Por lo tanto en algunos el acento esta puesto en el efecto que conscientemente se aspira producir en el que mira ese dibujo-imagen en el cuerpo; y en otros, en el efecto que esa marca y el ritual que lo lleva a cabo, producen en el sujeto tatuado. De este modo puntualizo dos aspectos: uno el de la imagen mirada, y otro, el de la marca realizada.
El tatuaje implica “hacer” sobre el cuerpo, puede tener un valor de investidura, que a su vez, redimensiona el valor de la imagen del cuerpo, (así como puede tener un valor de agresión sobre este).
Tatuajes hoy
En una mirada diacrónica de la cultura en que vivimos, nos encontramos con la globalización de usos y costumbres, que en muchos casos diluye las diferencias.
Diversos intermediarios contribuyen a expandir formas homogeinizantes de la realidad: los medios de comunicación, los portales informáticos, las cadenas de restaurantes de comida rápida, acontecimientos que nos proponen concebir un modelo uniforme de la vida.
Con el tatuaje, lo que antes era oculto, hoy se exhibe. También se defiende la reapropiación de un espacio sagrado, de la palabra mágica. Cada vez mas es considerado un arte, que correspondiéndose con las modernas concepciones vale en el momento de su realización -que es efímero y compromete al cuerpo-, además de por su valor estético.
En el cuerpo tatuado, en tanto imagen mirada, reconocemos un cuerpo-señuelo convocante de un movimiento en el otro. No se trata solo de lo que quiere lucir –que sería del orden mas consciente-, sino de lo que quiere recibir, no tanto denotar sino convocar en la mirada del semejante. Actualizando una escena que como mito de origen contiene vestigios del encuentro-desencuentro entre la indefensión del sujeto y el semejante auxiliador. El cuerpo tatuado sorprende, más aun cuando se descubre en la intimidad. Muchas veces el tatuaje solo es visto en la desnudez, adquiriendo así sucesivos sentidos en el cuerpo sexual, donde la seducción no esta ausente.
Tal vez pueda servir de mojón de amarre para que una nueva cadena de
Significación se arme. En la búsqueda de recapitular un orden generacional, linajes, y tradiciones.
Pensar esto es tratar de entender la moda del tatuaje. No podemos unificar sentidos del tatuaje actual, y en ese mismo orden tampoco podemos decir que los tatuados pertenecen a una misma tribu.
En muchos adolescentes el tatuarse se asemeja a un juego, de ilusión de creación de objeto, de intento de dominio, trascendencia; acercándose a una posibilidad simbolizable. El cuerpo del adolescente, marcado por el tatuaje, redimensiona también la imagen del cuerpo “con el que se ha nacido”, propone apropiación y diferenciación frente a los progenitores. En otro extremo puede transformarse en la constatación de una fantasía de completud y auto gestación donde el efecto de esa marca en el cuerpo rige su vida.
Es por lo tanto, una marca perdurable en el cuerpo que restaura un gesto con la ilusión de creación, una marca que modifica su imagen, que reitera infinitamente una demanda identitaria, que lo libidinal sea convocado y se renueve incansablemente ese lazo especular con el semejante, buscando capturar al otro.
En el ritual del tatuaje se nos presenta la escenificación, y la puesta en sentido.
En los ritos el cuerpo es esta peculiar superficie, única, a la cual la ley escrita lo transforma en monumento. Existe una unión indisoluble entre la ley, la escritura y el cuerpo.
En el rito el cuerpo lleva la marca y de ese modo la ley -humana, mítica, o religiosa- es revelada, sostenida en la “carne doliente”, es inscripta en el cuerpo. La palabra no es dicha sino “incorporada”. Esa palabra se corresponde con una ley, con un mito fundante de una cultura. Los ritos dan explicación a este ser indefenso, inmaduro, arrojado al mundo, de las preguntas acuciantes sobre el mundo y su origen.
Con el tatuaje de hoy ( especialmente en los adolescentes) algo de esa eficacia podría anhelarse, el encuentro con nuevos discursos de legitimación, nuevas vías para el reconocimiento de la singularidad del sujeto social.
Resulta interesante pensar si el rechazo actual frente al tatuaje –porque tambien lo hay también se inscriba en que la transformación del propio cuerpo contradice la creencia de un hombre natural para situarlo como hombre cultural, que posee un cuerpo con el cual goza, y es capaz de transformar su imagen.
Asociación Psicoanalítica del Uruguay
Biblioteca On-line
TATUAJES HOY
Ana Lía López Brizolara·
Septiembre 18, 2010 | Por soledad26 | # Enlace permanente
Adolescencia. Imagen y cultura corporal.
En los últimos años la imagen corporal ha tomado un inmenso auge en las sociedades modernas, muchas de las cuales han creado toda una sub-cultura basada en la percepción y la importancia de la imagen ideal. Los medios de comunicación y la presión social son algunos de los muchos factores que han influenciado a las personas a seguir una imagen ideal que en muchas ocasiones es imposible o difícil de alcanzar.
La imagen corporal incluye múltiples dimensiones como la percepción, las actitudes, la cognición, el comportamiento, los afectos, el miedo a ser obeso, la distorsión del cuerpo, la insatisfacción corporal, la evaluación, la preferencia por la delgadez y la restricción al comer.
Los especialistas definen la imagen corporal como una representación mental que tienen los individuos del tamaño y forma de su cuerpo, la cual está influenciada por una variedad de factores históricos, culturales, sociales, individuales y biológicos.
La imagen corporal incluye aspectos de percepción, cognitivos, afectivos y conductuales.
Influencias de la Cultura en la Imagen Corporal.
Se considera que la presión social a estar delgado, contribuye a los altos índices de insatisfacción corporal y seguimiento de dietas en adolescentes y aún en niños. La presión de los estándares culturales y la internalización de los modelos de género llevan a ambos sexos, sobre todo a las mujeres, a una posición de inadecuacidad respecto a su cuerpo, que repercute en una percepción y vivencias negativas, focalizando su atención y preocupación en la opinión que generan los demás sobre ellas, convirtiéndose así en juezas severas de sí mismas. Los padres juegan un rol importante en trasmitir un mensaje sociocultural relacionado al cuerpo ideal a sus hijos, siendo este mensaje más claro para las adolescentes, ya que el ideal sociocultural de un cuerpo esbelto se ha convertido en la norma aceptada para esta población. Los medios de comunicación, en particular las revistas, juegan un papel muy importante en la imagen corporal y trastornos de la conducta alimentaria (TCA) en adolescentes féminas. Más aún, demuestran que la norma es que las niñas pierdan el mayor peso posible para lograr un cuerpo y una imagen ideal, mientras que para los varones es aumentar su masa muscular para lograr el cuerpo ideal.
Para ellas, los cuerpos de las modelos y las imágenes femeninas que veían en los medios eran totalmente realistas y una de sus metas era poder lograr tenerlos.
Los investigadores recalcaron la importancia de la exposición a los medios, su influencia y la percepción social que se ha creado en torno al ideal de una figura perfecta y delgada como modelo básico de belleza.
Es entonces cuando puede surgir la preocupación excesiva por la imagen corporal y aflorar los TCA. Para la edad de los 18 años se encontró que 80% de las niñas de estatura y peso normal reportaban que les gustaría pesar menos. Aunque muchas de estas actitudes son consideradas benignas, su presencia es base para preocupaciones psicológicas y médicas por las implicaciones de riesgo que estas pueden traer. Estas ideas están asociadas con un aumento subsiguiente de TCA, anorexia nerviosa y bulimia nerviosa, los cuales se asocian con un aumento en el riesgo de otras conductas que afectan la salud, como fumar, el uso de alcohol, drogas, depresión y suicidio.
Imagen Corporal y sus Consecuencias en la Salud Mental.
La percepción de la imagen corporal es parte integral del funcionamiento de una persona y una distorsión de la misma puede llevar o contribuir a una condición más seria, como lo son los TCA. Los TCA más prevalentes son la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa. Actualmente se conoce que los TCA no sólo afectan a las mujeres, sino que los hombres también padecen de estos con un índice que ha ido aumentando.
La imagen corporal y las normas estéticas occidentales afectan al desarrollo psicológico de varones y mujeres, pero son las mujeres, preadolescentes y adolescentes, las que presentan una mayor tendencia a padecer conflictos en la elaboración de la imagen corporal, vinculados al desarrollo de problemas en las conductas alimentarias. Esto se debe a que los estándares de “belleza y delgadez” son especialmente rígidos para ellas.
Los índices mencionan que la prevalencia de los TCA ha aumentado, no sólo en número de personas que lo padecen, sino que se han extendido a amplios grupos poblacionales existiendo, incluso, indicios de estas patologías alimentarias bajo algunos comportamientos considerados habituales o incluso deseables, como las dietas restrictivas o el ejercicio excesivo.
En los últimos años la imagen corporal ha tomado un inmenso auge en las sociedades modernas, muchas de las cuales han creado toda una sub-cultura basada en la percepción y la importancia de la imagen ideal. Los medios de comunicación y la presión social son algunos de los muchos factores que han influenciado a las personas a seguir una imagen ideal que en muchas ocasiones es imposible o difícil de alcanzar.
Los pioneros en la investigación de la imagen corporal conceptualizaron la misma como un constructo unidimensional. A través del tiempo, esto fue cambiando y hoy día muchos concuerdan en que se trata de un constructo multidimensional, la imagen corporal incluye múltiples dimensiones como la percepción, las actitudes, la cognición, el comportamiento, los afectos, el miedo a ser obeso, la distorsión del cuerpo, la insatisfacción corporal, la evaluación, la preferencia por la delgadez y la restricción al comer.
Inventario de Imagen Corporal para Féminas Adolescentes
(IICFA)
Myralys Calaf
Mariela León
Cibel Hilerio
José Rodríguez1
Universidad Carlos Albizu, San Juan, Puerto Rico
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Entre la adolescencia y la adultez
Odisea, la generación que se niega a crecer
Son los jóvenes de entre 20 y 35 años
Tienen pareja –o no–, pero no piensan aún en formar una familia. Quieren ganar su propio dinero, pero deambulan de un trabajo al otro o cambian de carrera universitaria sin un horizonte definido. Aunque los más chicos ya los llaman “señor” o “señora”, ellos todavía se sorprenden… Son la nueva “generación odisea”, que es como expertos en los Estados Unidos acaban de bautizar a ese grupo de 20 a 35 años, y a veces más, que se niega a crecer.
“La palabra «odisea» sintetiza la idea de exploración permanente –explicó a un diario británico el doctor William Galston, quien identificó este cambio generacional en un estudio que acaba de finalizar–. Los tres objetivos fundamentales de la edad adulta son conseguir la estabilidad laboral, encontrar una pareja, y tener hijos. En los últimos años hubo una postergación masiva de esos tres compromisos.”
El investigador de The Brookings Institution, una reconocida organización no gubernamental que se dedica en Washington a la investigación social, observó que aun quienes ya pasan los 30 pueden usar “sí” y “no” en la en la misma frase, al preguntarles si se sienten adultos.
“Muchos chicos no quieren crecer, si hacerlo significa transformarse en «eso» que son sus padres en lo que a gozo por vivir se refiere. Entonces, la disyuntiva que se les plantea es difícil: o ser niños eternos o sucumbir a una visión de la adultez homologable a la pérdida de la pasión y la caída en un estrés perpetuo y quejoso respecto de su propio destino”, señala el licenciado Miguel Espeche, coordinador general de Programa de Salud Mental Barrial del hospital Pirovano.
Si a eso, agrega el especialista, se le suma “una noción de pasión ligada al egoísmo consumista, que sólo los padres con su poder económico pueden satisfacer [dadas las dificultades laborales de quienes pagan «derecho de piso»] y una idea de «odisea» que se parece más a una travesía por el propio ego que por reales e inhóspitos territorios (tal lo vivido por el bueno de Ulises), no es extraño que tanto en el Primer Mundo como por estos pagos se haya extendido la adolescencia”.
Para los expertos consultados por LA NACION, la generación Odisea es lo que hasta ahora se definía como adolescencia tardía. Para los investigadores estadounidenses, según explicaron al diario británico The Sunday Times , se trata de una etapa que se agrega entre la adolescencia y la adultez, dado que posee características propias que la define, como la falta de compromiso o la postergación indefinida de obligaciones que hasta ahora correspondían a esa edad.
“Los años de Odisea abarcan el período de transición cada vez más extenso entre la vida estudiantil y la adultez”, precisó Galston, que realizó el estudio social para la Fundación Hewlett, en los Estados Unidos.
Para la psiquiatra Graciela Moreschi, que se encuentra escribiendo un libro sobre el tema, si se define la adultez como la etapa en que una persona echa raíces, forma una familia y consigue un trabajo estable, hoy ya son muchos los que llegan a esa edad sin haberlo logrado.
“No se trata de un fenómeno local -aseguró-. Con la globalización, ciertos cambios en los hábitos y las costumbres tienen que ver más con la clase social que con el país. Y se da más en las clases medias y altas.” Y agregó: “Responde a los valores de inmediatez, placer y presente permanente propios del posmodernismo, que atentan contra el esfuerzo, el proyecto mediato, el futuro”.
Una de las características de la generación Odisea en la que coinciden todos los especialistas, argentinos y estadounidenses, es en que la demora en abandonar la adolescencia se está transformando más en una forma de vida que en una etapa de formación para la edad adulta.
Pero ¿por qué ocurre esto? Según parece, los padres tienen mucho que ver. “Durante años, los divanes de los psicoanalistas estuvieron poblados por pacientes que no hacían otra cosa que hablar de lo reprimidos que estuvieron por la generación de sus padres -dijo la licenciada Vanesa Starasilis, coordinadora docente y supervisora del Centro Dos-. Se trataba de hijos que se «sobreadaptaron» a la demanda paterna, haciéndose adultos antes de estar verdaderamente preparados. Evidentemente, esto cambió.”
Y ahora son padres. “Les enseñan a sus hijos a elegir libremente y a seguir sus propios caminos, pero muchas veces devaluando todo tipo de límite, descuidando transmitir que no todo es posible. El fenómeno de las adolescencias eternas no es casual en este marco. Esos adultos niños que no cortan su dependencia del hogar paterno hablan de un «efecto incubadora» porque no parecen sentirse preparados para la vida.”
Por otro lado, esta situación tiene también un costado positivo: “Con ensayos y errores, forma parte de una búsqueda por un sentimiento vital más pleno, aunque muchos simplemente no maduran porque alguien subvenciona su adolescencia prolongada”.
En definitiva, para Starasilis, esta generación que vive en permanente exploración se trata también de “adultos desorientados que actúan como adolescentes reclamando, sin saberlo, un padre que intervenga poniéndole un límite a una niñez cada vez más extensa”.
Por Fabiola Czubaj
De la Redacción de LA NACION
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