Carta a un Amigo
Te necesito, y ya se me hizo costumbre el no pedirte más ayuda.
No te juzgo, mis necesidades son distintas a las tuyas. Lamentablemente yo necesito que me abraces, que me sientas cerca.
Estoy segura que hay un lazo que nos une, como una hermandad sin el mismo tono de rojo en la sangre. Pero vos no lo sentís, o simplemente te olvidás.
Nadie te conoce con la misma profundidad que yo. No basta con saber lo último que hiciste para conocer todo tu historia, hay que entenderte, y otra persona, creéme, no va a hacerlo.
Te necesito. Estás tan cerca, y tan lejos, y abismos, abismos, abismos. Te sigo sonriendo, recibo tu obligado “¿Cómo estás?”, pero ya no puedo pedirte ayuda.
Sé que exagero, sé que un poco me querés, pero ahora lo imposible para que no se note que me desmorono, que ya no tengo ganas de luchar, que me cuesta escribir y mantener mi sueño.
Pero vos deberías saberlo. No tendrías por qué saberlo. Deberías saberlo, ser capaz de adivinarlo.
Porque me ves todos los días, sabés que me ato el pelo cuando estoy de mal humor, que lo dejo suelto y despeinado si estoy mal, que no me pongo perfume cuando me canso de ser fea.
¿Y por qué no lo sabés? “¿Qué hiciste ayer?” eso no explica cómo estoy. Yo te pedí ayuda, no digas que no.
¿Por qué no lo entendés? No quiero que me abraces cuando me ves llorar, cuando te grito , dejando que mi dignidad se despida de mí. Ahí soy yo quien te abraza y te suplica que te quedes.
Me siento sola, ya demasiado anormal.
Te necesito, y ya se me hizo costumbre el no pedirte más ayuda.



