La sociedad cambió y hoy, a las familias de estructura tradicional, se suman otras: hijos con dos papás, parejas con chicos de matrimonios anteriores o mamás que ejercen en soledad son sólo algunos de los casos posibles. Protagonistas y profesionales analizan este fenómeno de la modernidad

La sociedad cambió y hoy, a las familias de estructura tradicional, se suman otras: hijos con dos papás, parejas con chicos de matrimonios anteriores o mamás que ejercen en soledad son sólo algunos de los casos posibles. Protagonistas y profesionales analizan este fenómeno de la modernidad
Cómo se llama la nueva esposa del padre de la madre? ¿Y los medios hermanos del marido de la madre? ¿Y el tío del hijo de la mujer del padre?
Hay parentescos que todavía no tienen nombre, aunque en la práctica las relaciones existen y los nuevos vínculos van ganando espacio en los álbumes familiares.
Hijos extramatrimoniales; parejas que deciden no tenerlos; mujeres solteras que quieren tener hijos y criarlos solas; padres separados que conviven con ellos los fines de semana; hogares donde las mujeres son las principales proveedoras económicas; parejas que traen al nuevo hogar a sus hijos de matrimonios anteriores; hijos que sostienen económicamente a padres no tan mayores. Todos son ejemplos de un mismo fenómeno: familias que, por diversos motivos, escapan del modelo tradicional.
“La familia argentina está transitando el camino que ya recorrieron otras sociedades de mayor desarrollo -dice Catalina Wainerman en el libro Familia, trabajo y género, un mundo de nuevas relaciones, editado por la Unicef y el Fondo de Cultura Económica-. Disminución del número de miembros, aumento de las uniones consensuales, postergación de la edad para casarse, pérdida de popularidad del casamiento civil, ni hablar del religioso, y reemplazo por uniones de hecho, sobre la base del amor.”
Según Sergio Sinay, terapeuta y autor de varios libros sobre el tema (el último es Vivir de a dos), cuando no nos sentimos obligados a reproducir y mantener un modelo rígido de familia es cuando mejor estamos preparados para cofundar un verdadero espacio de amor. Desde esta perspectiva, como no hay dos personas iguales, cada vez que dos individuos inicien una familia construirán algo nuevo, inédito.
“Si uno cree que la familia es un fin en sí mismo -continúa Sinay-, corre el riesgo de sostener una estructura por la estructura misma, aunque la dinámica del vínculo entre los integrantes la vacíe de contenidos trascendentes y de valores afectivos. La creencia de que una persona no se completa como mujer o como varón si no forma una familia es generadora de insatisfacción y de buena parte del malestar afectivo que tiñe las relaciones de hoy.”