Lo que tu haces habla tan fuerte que lo que dices ya no se escucha

Algunos hablan de contradicciones, otros de incoherencias, eufemismos todos para ponerle una cuota creativa a una simple y sencilla palabra que a mi entender define mejor la situación. Mentiras.

No son simples contradicciones la construcción de poder con discursos pro defensa de los derechos humanos y la aplicación de ese poder para matar etnias o negar a los jubilados lo que la justicia ya determinó. Los hechos, son claramente más fuertes que el mejor de los discursos.

Ni es apenas una incoherencia seducir a los jóvenes con discursos antiimperialistas para entregar luego algunos negocios energéticos a la nave insignia del imperialismo (salvo que nos quieran hacer creer que Chevron es una empresa prosoviética).

Del mismo modo que no es una contradicción simple el pretender que la libertad de expresión pasa por acallar voces disonantes, cerrar medios de comunicación, evitar investigaciones periodísticas y adormecer a la opinión pública con un discurso monocorde mezclado con fulbito y programas de contenido hueco, que mienten buscar la realización de un sueño a través del baile de famosos cuando lo que en realidad hacen es usar la batalla entre la tristeza y la esperanza de los soñadores para conseguir más raiting.

Ni confundir la desgracia genuina de quienes necesitan asistencialismo con la vagancia inescrupulosa de quienes prefieren el clientelismo.

O ensuciar con una operación de prensa inexplicable a un sacerdote humilde como Jorge Bergoglio simplemente porque fue convertido en Papa sin ser “del palo”. Argumentar su colaboracionismo con el régimen de la dictadura fue la más aberrante mentira pergeñada por los “ideólogos del amor”  debió ser pagada muy cara por la mujer más poderosa de la Argentina que debió poner la cara en la ceremonia de asunción de FRANCISCO en un gesto asquerosamente desvergonzado, después de habero maltratado en cuanta ocasión tuvo cuando la relación de poder era otra.

Capítulo aparte merece el bochornoso acuerdo firmado por el gobierno argentino con su par iraní para la resolución de la causa AMIA, mas parecida a una solicitud irrestricta de ingreso al club mediante el alineamiento económico y político que a la indispensable búsqueda de verdad y justicia para toda la ciudadanía, vista como una sola víctima, corporizada en la irreparabilidad de sus muertos y el eterno dolor de las familias mutiladas.

Mentiras y no contradicciones son las que nos gobiernan. Mentiras y no incoherencias son las que usan para construir poder.

Pero llegará el día en el que se cumpla la máxima que titula este post. El día en que los filósofos que no saben dudar, los militantes de góndolas de refrigerados, los funcionarios ausentes en las tragedias y los responsables de esas tragedias, los serviles genuflexos que invocan la mentira como modelo solo para robarse unos cuantos mangos, quedarán desnudos ante la mirada de los pobres a los que han abusado. Llegará el día en que se cumpla. “Aquello que tu haces, habla tan fuerte, que lo que dices ya no se escucha”

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Una realidad virtual

Debo confesar que me han ganado de mano. O al menos que mi idea de crear un país virtual desde la nada no es novedosa. En Argentina está pasando algo similar. Se trata de que, habiendo una realidad, esto es, un pasado real, un presente real, y un futuro proyectable -como todo futuro ya que de ningún futuro puede decirse que sea real hasta que no se convierta inexorablemente en presente- habiendo decía una realidad, se está amasando en el rincón de las utopías, una realidad distinta. Baste con ver como se revisa la historia, como se educa a los jóvenes y el modo maniqueo en que se presentan los intereses contrapuestos como si la realidad pudiera manipularse y elegirse, como si pudiera construirse de la nada un pasado mejor que el que nos tocó en suerte, como si la vida fuera una lucha de Titanes en el Ring en la que los buenos eran claramente buenos y los malos absolutamente malos.

Tal vez, deberíamos hacer un mea culpa, tal vez masticar lo que nos pasó aunque tenga ese sabor amargo de la muerte. Quizá, deberíamos avanzar hacia la posibilidad de mirarnos a los ojos y respetar las diferencias definitivamente. Seguramente sería más doloroso que el cómodo juego de inventar glorias y apogeos pero nos permitiría, de una vez por todas, empezar a crecer como nación.

Mirá vos, yo pensando que construir un país virtual sería una idea sensacional… ¡qué iluso!

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La cruzada de los necios

La necedad, es un rasgo típico de personas inseguras y/o ignorantes. Esa terquedad a ultranza frente aún a lo evidente, comprueba ambas causas. Como el berrinche de un bebé -que no logra entender las razones por las que se le niega el objeto deseado y que lo hace incurrir en el  llanto y el pataleo exagerados para lograr su objetivo- también los débiles y los ignorantes se cierran ante toda evidencia.

Hay al menos tres comportamientos asociados a la necedad. Buscar culpables de las cosas sin involucrarse con los asuntos es un rasgo que confirma la hipótesis, algo así como el “yo no fui” -argumento infantil si los hay- pero que se torna abolutamente inaceptable en dirigentes que deben gestionar la cosa pública. Al igual que adherir al argumento de que “en otro momento” “otras personas” hicieron “lo mismo, o peor”; queriendo justificar que “lo menos malo” de hoy es “muy bueno respecto de ayer” y sin entender que lo bueno y lo malo no necesariamente se dimensionan por “lo mejor” y “lo peor” sino porque las cosas son buenas y/o malas en sí mismas con todos los matices lógicos que pueden existir. Justamente, el tercer temperamento es el maniqueismo. La lógica de pensar que las cosas son sólo “blancas o negras”, “buenas o malas”, “aliados o enemigos” y cuanto opuesto quiera usted aquí plantear.

Este combo de rasgos diagnósticos del ignorante y/o inseguro nos permite asociar un cuarto elemento que es a la vez causa y consecuencia de tal patología social: la paranoia. Esta puede referirse a un tipo de sensaciones angustiantes, como la de estar siendo perseguido por fuerzas incontrolables (manía persecutoria), o ser el elegido para una alta misión, como la de salvar al mundo (delirio de grandeza o grandiosidad, atribuido por algunos estudiosos a determinadas personalidades dictatoriales y gobiernos).

El coctail que tenemos delante, es ni más ni menos que la radiografía del gobierno argentino de Cristina Fernández de Kirchner. No lo planteo para parodiar a la persona sino como mapa o plano para tratar de entender su funcionamiento y por ende su modo de gestionar el país, que es también un modo de entender cómo es nuestra sociedad ya que este gobierno fue votado por un 54% de ciudadanos.

Puede observarse que frente a “los otros”, el gobierno opera haciendo oídos sordos o peor aún, como los niños que se ponen los dedos en los oídos presionándolos con rápida frecuencia mientras pronuncian las vocales o cantan una melodía. Es una clara señal (de los infantes) para hacernos entender que no están escuchando y que no piensan permitir que nuestras palabras lleguen a su entendimiento. Típico en cierta edad infantil,  comprensible en esa etapa madurativa,  inaceptable en el gobierno de un país.

Entonces, con los oídos cerrados a “lo externo” aunque con registro de que lo externo “existe” y “es distinto”, la gestión tiende a endurecer la postura hacia quienes considera “agresores”.  Aquí ni la figura infantil empleada para la metáfora sirve, ya que los niños no suelen ver agresión en las correcciones y llamados de atención sino quizá algo de frustración al impedírseles hacer lo deseado. En todos los casos, esta especie de debilidad propia intenta superarse, no desde la aceptación de las propias limitaciones, sino ejerciendo la negación del otro. Las personas maduras, con más seguridad en sí mismas, suelen escuchar puntos de vista diferentes e incluso evaluarlos, sin temor a que este accionar sea visto como debilidad o cesión de autoridad.

Se deduce entonces que estas actitudes de agresividad, negación, ignorancia y descalificación hacia el otro, constituyen más reacciones a las propias debilidad y frustración que a peligros reales, o, dicho de otro modo, desnudan más la debilidad que el poder.

Pero este perfil de gobierno/gobernante, no llega por generación espontánea al poder. Somos los ciudadanos los que lo instalamos ahí y esto es lo que me resulta más significativo. Dado que los gobernantes elegidos representan a una sociedad (independientemente de que mucha gente no los votó) resultaría superador preguntarse sobre la causa por la cual se erige como referente de una sociedad a un gobierno con estos rasgos de inmadurez y debilidad comprobables en la necedad y el aislamiento con que lleva adelante sus actos.

En tanto y cuanto los argentinos sigamos usando el “voto castigo”, el “voto heladera”,  el “voto a ganador” o el “voto al carisma” en lugar de votar proyectos, planes y políticas de estado; mientras no le asignemos la importancia que tienen a los mecanismos de control de gestión y auditorías como reaseguros de las gestiones de gobierno, no podremos alcanzar un nivel sustentable de desarrollo. Sometidos a los caprichos y las paranoias del poder, sólo profundizaremos el camino de los desencuentros, postergando así cualquier oportunidad de progreso.

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Dicen que se comieron entre ellos

Eran una gran tribu. Entonces comenzaron a luchar para alzarse con el poder. Primero en dos bandos de acuerdo a su afinidad con los líderes. Uno más “conservador”, apelaba permanentemente al “Gnñá” (a los logros, a la historia, a aquellos valores que les habían permitido crecer). Enarbolaba las grandes conquistas y los saqueos cometidos por sus antepasados en mímicas más que en discursos si se piensa que eran una tribu primitiva, más cercana al lenguaje gutural que al simbólico. El otro bando, aullaba sobre lo que faltaba hacer y sobre las muertes que había dejado lo que consideraban la “Cóu” (barbarie del pasado).

Como prácticamente no tenían lenguaje más que algunos términos y unos cuantos gestos exageradamente teatralizados, el análisis precedente se infiere más que confirmarse. Avanzados estudios aplicados con el aporte de las más prestigiosaas universidades del mundo, fueron tajantes en cuanto a que el porcentaje de probabilidades de que la historia hubiera sido así era apenas del 54%. El 46% restante, el de la incertidumbre total, tan importante a la hora de considerar la búsqueda de la verdad, era lamentablemente soslayado.

Se estima que llegaron a ser más de cuatro mil individuos cuyo único nexo era el deseo sexual (Brú) que saciaban en fiestas u orgías populares (Gnchá) y que los motivaba a invadir poblaciones cercanas con el irrefrenable afán de copular. Era tal el frenesí que los encuentros grupales duraban días y las cópulas se realizaban aún entre miembros del mismo sexo. Incluso los líderes estudiados no vacilaban en copular entre sí con una frecuencia inusitada contribuyendo a la vez a la unidad de la tribu cuanto a su total confusión.

Aquellas dos facciones iniciales fueron multiplicándose al mismo ritmo que la tasa de natalidad hasta que repentinamente -si se considera un lapso de 8 años en un devenir de más de 500- la tribu desapareció sin dejar rastros.

Aquí los estudios comienzan a dividir sus opiniones entre los que sugieren una muerte súbita producto de algún fenómeno natural y quienes sostienen que, como el modo de resolver las disputas por el dominio de la tribu era una suerte de rito en el que los aspirantes luchaban a muerte y en un banquete ritual se comía al perdedor, dada la alta ambición de los individuos, fomentada por aquella necesidad de sexo permanente, sin más talentos que el ocio copulador y la violencia ambiciosa, fueron comiéndose unos a otros hasta exterminar aquella subespecie.

Preguntado sobre dónde reside la importancia de estudiar y conocer más en profundidad a esta sencilla tribu de cibaritas del sexo y guerreros de la sangre, el Doctor Haedo (lider del proyecto de Naciones Unidas sobre “Impacto de las culturas precristianas apócrifas en la cultura actual”) sostiene que así como Grecia nos inició en el pensamiento y Roma en la acción, estas pequeñas tribus, en su ignorancia y primitivismo, pueden orientarnos en la elección de uno de los caminos a tomar por la humanidad. “O razonamos y actuamos como sociedad buscando el fin del hambre,  la ignorancia, la enfermedad y  las guerras en el mundo, o nos exterminamos los unos a los otros confundiendo el deleite del placer con el horror del poder.

Recientes estudios indican que estamos orientados a la segunda opción con aproximadamente un 54% de probabilidades. El otro 46%, tan importante a la hora de considerar la búsqueda de la verdad, resulta -como siempre-  lamentablemente soslayado.

Chau.

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¿Cómo sigue la película?

Somos un país berreta. Una ciudadanía berreta fruto de los cambios de espejitos por oro, las corrientes migratorias externas e internas, los aluviones zoológicos y los afanes y afanos de unos cuantos que -llegado el momento de acceder al poder, ya sostenido por el favor popular, ya a los cohetazos- han obrado sin escrúpulos pero con nuestra total connivencia. Y la omisión también puede convertirse en pecado.
Nuestra época de gloria aún no ha llegado y tal vez nunca llegue. Aquel espejismo de haber podido ser -y no haber sido- la principal potencia mundial en la posguerra, aquella  explosión artística que catapultó a nuestro cine y nuestra radiofonía  a la vanguardia de latinoamérica, aquella imagen mítica de lingotes de oro ocupando los pasillos del Banco Central como  bandera de una opulencia flagrante  que no daba de comer,  son fotografías de la historia que por -acción u omisión- supimos conseguir. Entre todos.
Me pregunto sobre el futuro de esta, nuestra construcción cultural. Agotado el pasado sin que hayamos sido capaces de salirnos de sus garras; agotado el futuro huérfano como está de proyectos dignos; atrapado este presente entre el desgarro violento de ese ayer y el no saber a que puerto arribar en aquel mañana, nuestra cultura parece entramparse, empantanarse, enroscarse las patas entre el desasosiego y la frustración.
Son momentos en los que se necesita de la grandeza más que de la grandilocuencia, del consenso más que de la competencia, de la madurez más que del capricho y el pataleo.
Hombres y mujeres incapaces de superar las diferencias; discapacitados para acordar lo urgente y lo importante de cara al futuro, sin que acuerdo signifique ganar o perder; fracasados en el rescate de la infancia, el destierro del hambre, la ignorancia y la enfermedad, los políticos de pelucones entalcados, solo sueñan con llegar a palacio a cualquier costa. Nuestros políticos. Los emergentes de nuestra sociedad. Espejos de una ciudadanía que -espantada de sí misma- los mira hacer sin reclamarles, omitiendo una vez más marcar el rumbo y convirtiéndose por enésima vez en torpe víctima de sus hijos dilectos.
Como una serpiente que se muerde a sí misma  la cola pero a la cual la mortal ponzoña no hace mella, volveremos a retorcernos entre dos piedras para mudar de piel. Mediocre ejercicio que la naturaleza le impone para -aparentando haber cambiado- seguir siendo, en esencia, quien es.
Al igual que la serpiente, no entendemos lo que pasa. A favor de ella, de los dos, sólo nosotros podemos conceptualizar la realidad.
Hasta pronto.

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La caca del perro, la bici y el Smart

Caminar tiene esas cosas. Uno piensa mientras camina. Lo que sigue es una serie de tontos acontecimientos observados en una tonta caminata de diez cuadras y una única, lamentable y terrible  conclusión. Diez cuadras para confirmar la personalidad de nosotros, los argentinos.

Caminaba decía. Y tal vez atento a los movimientos cercanos a mí por temor a la inseguridad, ví algunas cositas que desnudan nuestra cultura hasta el tuétano. Primero, un ciclista con casco y todo, que al llegar a la esquina por la bicisenda casi atropella a una mujer que caminaba de la mano con su hijo. Abusadores, pensé. Somos abusadores y queremos siempre más. Cuando no había bicisendas los ciclistas se quejaban de que los autos y los colectivos no los veían, que les tiraban los vehículos encima, que no tenían lugar por el que transitar. Hoy que lo tienen, replican los males que padecieron. Como si el haberlos padecido, en lugar de convertirlos en ejemplo, los convirtiera en vengadores. Ellos cruzan los semáforos con luz roja, ellos te tiran la bici encima, ellos abusan de unos pequeños derechos que finalmente se les reconocieron. El que recibe un plan demagógico, busca la manera de recibir más. No es como en otros tiempos donde esa situación generaba vergûenza. Ahora es negocio. Igual que parar el país porque no se firmaron las paritarias de tal o cual gremio y tomar de rehenes al resto de los ciudadanos durante dos meses promedio al año. Queremos más, siempre más. Somos abusadores.

El segundo episodio fue más elemental. Una mujer llevaba a upa su pichicho y lo bajaba a la vereda cada tanto preguntándole (si, si, preguntándole al pichicho dije) si no quería “ir al arbolito”. Como el perro no se moviera, la mujer lo alzaba y caminaba dos o tres pasitos para repetir la ceremonia. En una de esas reiteraciones, el pichicho liberó sus intestinos y su vejiga. Crease o no, la mujer sacó un pañuelito de papel y le limpió la colita al “boby” dejando en el medio de la vereda la tortoleta soez, procaz, obvia y levemente cremosa que se convertiría -seguramente- en la trampa mortal de cualquier buena suela que se precie. La mujer no respondía, por aspecto, a una persona descuidada ni ignorante ni rebelde. Era una mujer egoísta a la que sólo le interesaba su relación con el perrito. Y somos un poco egoístas que andamos por la vida meando agua bendita o sea haciendo lo mismo que criticamos en el otro. En nuestro caso, el hecho está como bendecido por una fuerza que parece habernos elegido por sobre el resto de los mortales. No olvidar que la mujer sacó una carilina para limpiarle el tuges al perro lo cual no es un detalle menor. Solo nos importa lo nuestro, pobre boby.  Así formamos niños competitivos a los que les cuesta compartir y que hacen del capricho y del llantito armas de seducción que indican que no les importa lo que está pasando, sólo quieren la caricia o el mimo de mamá y de papá. Seguramente mañana pasearán perros mastines a los que entrenarán para defensa  y a los que llevarán sueltos por la calle porque son mansitos. La picardía les enseñará luego que la mejor manera de evitar la bolsita para juntar excrementos -tan poco canchera- es hacerlos cagar en la calle como si los transeúntes voláramos de un cordón al otro para cruzar.

La tercera nota escatológica también se vincula a cierto afán de ser más, pero sin serlo. Algo así como ”cagar más alto que el culo”. Mientras caminaba, pasa un Smart que es una belleza de autito, pasa velozmente y veo que para en la cuadra siguiente. Mientras llego caminando, observo cierto movimiento que el dueño realiza en la parte trasera del coche. Cuando paso por al lado, descubro que está poniendo unas bolsitas de supermercado anudadas alrededor de la patente. Se las hago corta, el ciudadano que tuvo el dinero suficiente para comprarse el autito (bastante caro por cierto) tiene también la viveza de cubrir la patente con una bolsa para que no le puedan cobrar la infracción por dejar el autito en cualquier puto lado. No quiere pagar el precio de su comodidad, después de todo lo deja ahí por comodidad y no por otra cosa. Somos extremadamente cómodos e incoherentes.

Me pregunto si en cada caso no actuaríamos en forma similar. Desfilan las caras de mis conocidos con el perrito a upa, la bicicleta y el Smart y tengo miedo de aceptar que tal vez muchos de ellos actuarían igual. ¿O acaso no lo hacen la mayoría de los dueños de perritos, ciclistas y propietarios de autos de alta gama?.

Se llama corrupción, y la tenemos -TODOS-  implantada en el cerebro.

Chau.

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Argentina es Macayista

Prendo la tele, hago zapping, es domingo, paro en el fútbol. Juegan Argentinos Juniors y Velez. Entonces mandan cinco tomas de la misma jugada, en cámara lenta, en ángulo invertido, desde atrás del arco, desde adelante, desde arriba. La jugada no me mueve un pelo, en realidad avanza Pandolfietti (no puedo dar fe del apellido pero sonaba parecido) avanza Pandolfietti decía, elude a uno, entra al área poblada de camisetas de los dos cuadros, gira, amaga.. y …se cae. Eso es todo. ¡Malísimo Pandolfietti!, pienso, ¡un crotto!, y escucho, acompañando la eterna reiteración de imágenes de Pandolfietti cayendo, como si fuera la voz del mismo Dios, el comentario certero de Macaya Márquez. En su discurso, Macaya plantea que:

1.- Pandolfietti encaró mal al defensor.
2.- Se cae sólo, nadie lo toca.
3.- Cuando produce el giro, se ve claramente cómo se desequilibra.
4.- Si en lugar de girar hacia la izquierda giraba hacia la derecha podía descargar en Priggiani que estaba mejor perfilado que él para pegarle con la cara interna del pié derecho y convertir.

No voy a desmenuzar tales comentarios esclarecedores sobre la imagen de una jugada totalmente irrelevante que acabo de ver cinco veces con mis propios ojos. No lo conozco personalmente pero Macaya Márquez parece un tipo sobrio, serio, creíble. Debe ser un buen tipo que sin quererlo representa uno de los rasgos de nuestra sociedad, ese talento tan argentino que supone el análisis inagotable de lo que acaba de pasar (relevante o no) asociado al postulado de un sinfín de opciones superadoras de lo que pasó, con el siguiente olvido permanente de la cosa hasta que amaine o sea políticamente correcto recordarlo. El relato de los hechos (con mayor o menor intencionalidad) y la creatividad ingenuamente aplicada hacia el pasado. Por un lado lo que fue y a continuación una suerte de traducción al idioma de lo que pudo y debió haber sido.
Somos una sociedad que se expresa con el pasado imperfecto, el potencial y el subjuntivo, algo así como: “Mi abuelo era hombre; si hubiera sido mujer podría o no haber sido mi abuela”, o en términos más académicos: “Sócrates era filósofo, si hubiera pensado sobre la reproducción del tatú carreta no lo hubieran matado con cicuta sino a patadas en el traste”.

En términos de ecuación sería:
1.- Análisis del pasado (apasionado, subjetivo y políticamente correcto)
2.- Planteo de hipótesis de acción vinculadas (si hubiéramos hecho esto o lo otro, bla bla bla)
3.- Conclusión (reconversión del fracaso real y rotundo habitual en un éxito potencial clarísimo)

No sé muy bien por qué, pero tengo la sensación de que el modelo “Macayeano” no contribuye a producir sino palabrerío. Que me disculpe Enrique que es un destacado periodista deportivo del que estoy tomando un aspecto para calzárnoslo como sociedad. No es una crítica a su desempeño sino una observación sobre esta sociedad que me y nos contiene. (En machazo error incurriríamos si pensáramos que la argentinidad y los rasgos de la sociedad argentina nos son ajenos porque somos unos esclarecidos de la hostia).
Les propongo seguir ahondando esta visión sobre los rasgos actuales de nuestra sociedad, para después definir consensuadamente los esperables y tratar de construir el puente de oro entre lo que somos realmente y lo que algún día queremos llegar a ser.
Mis últimas palabras para Pandolfietti quien habiendo nacido en estas latitudes y teniendo la suerte de poder hacer lo que quiere, lo hace tan pero tan mal sin que nadie repare en su escasa eficiencia a la hora de cumplir con su misión.
Chau.

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El sueño y la realidad

Desde que uno es chico, sueña con vivir de acuerdo a un modelo en el que el desarrollo personal en distintas áreas, va asociado al crecimiento y la pujanza del lugar en el que le toca vivir. No es que uno lo razone así cuando es pequeño, pero quien no ha soñado con “ser” algo, con encontrar el amor, con poder disfrutar, conocer; ¿quien no ha deseado algo de chico vinculado al bienestar?.
Usted me entiende ¿no?. Me refiero a que de chico, en plena potencialidad de la vida, soñamos y deseamos cosas lindas. No soñamos ni deseamos fracasos, frustraciones, desgracias. Generalmente tememos esas cosas, pero no las deseamos.
Y por lo general, para que esos sueños se hagan realidad, el escenario, el lugar en que vivimos, tiene que acompañar. Así se hace cierto que cada individuo termina por “empujar” con sus actos, al resto de la sociedad. A eso le llamamos cultura, a ese entramado que vamos tejiendo entre todos, cada uno con sus ideas y acciones, en una sinergia permanente. Así, todos vamos construyendo nuestra cultura.
Entonces me pregunto cuál ha sido el progreso (o la involución) de nuestra cultura en relación con aquel momento en que yo tuve mis sueños iniciáticos. Y compruebo que hemos retrocedido bastante a pesar de los muchos avances tecnológicos y el mayor acceso al conocimiento del que hablan friamente las encuestas.
Yo vivía a la vuelta de una pequeña villa miseria de la que -salvo dos o tres borrachines incurables- las personas y familias que llegaban, hacían lo imposible por salir. Se metían a trabajar donde pudieran y con el primer mango se iban. Esa indigencia parecía avergonzarlos y, en vez de reclamar ayuda del gobierno, en lugar de regodearse en sus miserias, se esforzaban por salir y mayormente lo lograban. No estaban organizados en categorías, no tenían negocios, ni esperaban que llegara la televisión para mostrar sus padecimientos. Ellos también tenían derechos humanos y algo que los impulsaba a mejorar. Tenían dignidad y tenían esperanza.
Y tenía yo una tía, de nombre Amparo, que vivía en un suburbio de San Justo y que era la referente del vecindario. La gorda no había podido estudiar nunca. De muy pequeña había venido con mi abuelo de España y como no había plata, Amparo había tenido que trabajar en una textil. Era ignorante la gorda, pero tenía una voluntad y una fuerza que la hacían arremeter hacia adelante casi instintivamente. Nunca nadie le habia regalado ni una muñeca, ni una máquina de coser, ni un pan dulce y una sidra. También tenía derechos que no sabía que tenía y por eso tal vez, nunca pudo defenderlos sino con su endeble sentido común.
Ellos pudieron salir adelante en parte porque había una cultura que tironeaba, una dinámica social que empujaba y unas escasas oportunidades de trabajo que permitían al menos parar la olla. El país no era una potencia mundial -distaba en realidad mucho de serlo- pero nuestra cultura abrevaba en unos valores básicos como el respeto al otro, la honestidad y la legítima ambición de progreso. No había que ir a Harvard para aprender esto, se aprendía en casa con un sistema claro de identificación de la autoridad, de lo que estaba bien y de lo que estaba mal (aclaro que dije autoridad y no autoritarismo… lo aclaro porque el desprestigio adquirido por la primera por abuso y confusión con la segunda, es a mi juicio, uno de los más graves errores culturales que hemos cometido). Apenas un poco de eso era suficiente para que uno tuviera en claro como honrar a los mayores, como cuidar de la infancia y como tratar de ser “buena persona”.
En estos días, en los que mucho hablamos de disputas, enfrentamientos, corrupción, planes sociales que promueven la vagancia, populismo y demagogia – sin saber bien por qué- me acordé de Chingolo y otros amigos de la villa y de mi tía Amparo, y creo que va siendo hora que desde cada uno aportemos algo para que nuestra cultura vuelva a basarse en valores genuinos y no en destellos exitosos como si la vida transcurriere bailando por un sueño.
Chau.

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Revolución y violencia

Ya desde pequeños, pareciera que nos vamos formando esa incoherente personalidad pacifista a la vez que revolucionaria. ¿Cómo cómo?. Paso a plantear esta duda. No tengo ánimo de otra cosa. Sólo ganas de reflexionar y compartir la reflexión y las incertidumbres que ésta pueda generar.
Varias figuras de la historia despiertan cierto grado de rechazo, simpatía o admiración. Son hombres que han logrado algo, por ejemplo la libertad de sus pueblos, pero lo han hecho a partir de esa forma de violencia que lleva implícita casi toda revolución. Guerras, batallas, emboscadas, hábiles estrategias militares han servido para lograr lo que por derecho propio corresponde a todo ser humano independientemente de la latitud y longitud en las que nazca y habite.
Ahora bien. Si uno destaca, adhiere y evoca esas libertades, obtenidas como el fin del yugo, la esclavitud, las hambrunas y la pobreza, no debe dejar de ver que está celebrando también cierta forma de violencia si bien más digerible, ya que es una violencia que “parece” venir avalada por cierta noción de justicia, independientemente de los cadáveres que se lleve puestos. Ya sea que esa justificación reivindicatoria atenúa la bestialidad o ya sea que no, los hombres justos nos convertimos a la vez en hombres violentos.
La pregunta que surge entonces es molesta, sobre todo para quienes neciamente no pueden apartarse un milímetro de sus mandatos ideológicos, de quienes en una actitud tan elemental y básica como el fanatismo, no se permiten mirar las cosas desde otro punto de vista o, al menos, cuestionar los paradigmas que los rigen ni siquiera en la intimidad de sus almohadas. Ese nuevo interrogante tan jodido es entonces ¿ qué determina el grado de “justicia” de un hecho revolucionario violento?.
Mire, me baso en que las revoluciones y contrarevoluciones, suelen cosechar muertos. Ya sean estos dos pibes caídos en una marcha, miles de ciudadanos asesinados en campos de concentración, civiles o militares de cualquier nacionalidad, de izquierda, de derecha, católicos, musulmanes, judíos, budistas, ateos, niños, mujeres o ancianos. Todos muertos a causa o consecuencia de las formas más rudimentarias de la violencia, mientras las otras, las más sutiles, las que no aparecen en los diarios, el hambre, las enfermedades y las esclavitudes varias, siguen exterminando gente.
Formas de violencia hay muchísimas, lamentables todas ellas desde luego, pero aquellas asociadas a las causas revolucionarias son de las que quiero ocuparme en este caso. Me motiva esa especie de incoherencia de celebrar hechos en los que muere mucha gente, por más reivindicatorios que estos sean.
¿Es acaso que de un modo maniqueo las sociedades juzgan víctimas y victimarios independientemente del valor supremo y equitativo -por cierto- de la vida?¿Agresores y agredidos? ¿Es que la humanidad no ha encontrado un modo más evolucionado de solucionar conflictos y sigue echando mano a la idea de que “ganar” es matar y destruir indiscriminadamente?
¿Es que tan básicos y elementales seguimos siendo después de miles de años de evolución?.
Escucho ofertas, como quien dice. Puntos de vista amplios y de los otros. Creo que así debería el hombre acceder a la verdad.
Chau.

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Salvemos a los bancos… salvemos a los bancos!!

Voy a ser claro. ¿Dónde está la intelectualidad progresista del mundo propiciando un cambio de paradigmas a la luz del fracaso de la fantochada consumista?¿ Por qué se han destinado miles de millones de dólares para salvar a los Bancos que más han especulado y a nadie se le cae un mango para paliar el hambre y las epidemias en el mundo?
Porque salvar a esas criaturas no es negocio.
Bueno, yo podría oponerme a esa idea desde el riñón mismo del sistema capitalista y todavía tratar a sus mentores de ineptos, ineficaces e ineficientes por no cumplir con un simple argumento creado por ellos mismos a saber:
“Tenemos territorio, tenemos gente, tenemos un mercado”
El África es un mercado potencial para vender desde zapatillas hasta televisores de plasma de acá a 25 años, y desarrollar ese mercado implica una inversión fuerte, aunque no tanto como la que se destina sin miramientos a salvar al sistema financiero. ¡Qué sentido de la oportunidad que tienen estos tipos! ¿no?
Pero más allá de culpar a los papás de la criatura, me espanta la pasividad de los tipos que mueven la “sesera” en el mundo. Los intelectuales están callados cuando deberían exigir a voz en cuello que esta farsa termine, que podamos vivir en un mundo donde la evolución no se mida únicamente por los avances de la tecnología, un mundo más justo en el que el dinero no sea la única variable a considerar.
Pasaron 2011 años desde la venida del Cristo y todavía no llegamos a avanzar un casillerito en el tablero. Las sociedades siguen esclavizadas ya por la vía del trabajo, ya por la de la falta de oportunidades.
Estoy enojado con este mundo torpe y genuflexo en el que vivimos entrampados por la comodidad y la inacción.
Estoy enojado y triste, sobre todo porque mientras yo escribía esto y usted lo leía, no se cayó ningún banco pero sí se murieron aproximadamente 89 niños en el planeta.
Chau.

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Clemente, Chirolita y el Capitán Beto

El primero del que tengo registro fue Héctor Coire creo. Él o Hernán Figueroa Reyes, no lo recuerdo cronológicamente pero sí el impacto de que muriera un famoso. En casa ya habíamos padecido la muerte de la tía Mary con toda la tragedia familiar que suponía morir en un parto dejando a sus dos hijos chicos y a la bebé solos.

El tema es que la vida se termina y hay épocas en las que la muerte -como en el caso de la tía Mary- se aparece extemporáneamente. No es esperable que alguien de treinta y pico o de menos muera, es atípico o al menos poco lógico. Hay otras épocas en las que pareciera haber una limpieza generalizada de héroes de la infancia o de personajes que se van así como así, sacudiendo el tablero.

En muchos casos, los que mueren tienen una fama propia, un talento especial del que nos dejan huérfanos. Uno no va a volver a escuchar cantar a Sandro o a Mecedes Sosa, no puede esperar el próximo libro del Negro Fontanarrosa, ni volverlo a ver guapear en el ring y fuera de él a Ringo Bonavena. Eso está claro, es así. Pero siempre me queda un saborcito más triste cuando los que nos dejan, sin darse cuenta, apagan también a sus creaciones, arrumban en el altillo de la tristeza a sus personajes entrañables que no tienen más remedio que morir también.

Es imperdonable que Chirolita esté metido en su caja tan lejos de aquella voz que era su alma. O que el Capitán Beto haya quedado dando vueltas al espacio como la perra Laica sin que nadie lo recuerde o cante sus hazañas. O que Inodoro Pereyra y el Mendieta duerman la eterna noche o que Clemente no pueda ya nunca más deleitarse con el andar de la mulatona.

A veces quisiera creer que en algún lado, nuestros famosos y sus personajes seguiran latiendo como si se aprestaran a participar de un programa omnibus. El Sábados Circulares de Mancera que todos los días se proyecta desde el cielo.

Chau Negro. Gracias por todo.

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El fin de la pelea

Como estos muchachos del gobierno se basan en la teoría de la conspiración y siguen leyendo los manuales de guerrilla urbana de 1950 porque claramente se han quedado en el tiempo, propongo que Perfil, La Nación y Clarín, como medios desestabilizadores que son, les quiten el cuerpo durante una semana presentando como logros las calamidades y desmanejos del gobierno. Incluso podrían manejarlo con mordacidad e ironía ya que la verdad es que los ciudadanos estamos hartos de denunciantes y denunciados y de esa cadencia tan seria y formal que en pos de demostrar seriedad tienen en el tratamiento editorial.

Mi teoría es que retirado el agresor, no habría víctima. Retirados entonces los “agresores golpistas” estos “autócratas no demócratas” deberán salir forzozamente de su victimización. Cuando el muro de Berlín cayo, desnudó las limitaciones de los Estados Unidos (presuntos triunfantes de la guerra fría). Tanto le costó ese “triunfo” al gobierno de Bush hijo que tuvo que salir corriendo a activar a todos sus enemigos culturales (más precisamente agitando medio oriente) ya que acabado el fantasma del antihéroe, el culpable de todo, el agresor, el villano, la responsabilidad del orden, la justicia y el desarrollo recae sobre el héroe por demás confundido. ¿Se imaginan a batman tomando refrescos al borde de la pileta porque no tiene contra quien luchar?

¿No es brillante mi idea?

Entonces chau!

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Otra vez el brujito de Boudou bú

Y bueno, es así la argentinidad. ¿Este no era el muchacho simpático y desenfadado que parecía escapado de la barra de amigos de Palito en “La sonrisa de Mamá”? Ah, ¿no era?. ¿No era uno que tocaba la guitarra en los actos en lugar de hablar así, de política, como los viejos?. Ah, no… si usted lo dice… no, no, está bien… estaré confundido…  si yo vivo confundido! Ahora que parece que le encontraron algo pero que la culpa no es de él… la culpa es de los que andan buscando cosas… la culpa la tiene alguien que no es él. Si es un muchacho simpatiquísimo! A mi me sorprende que cuando aparece alguien así, todos se la compongan para sacarlo del medio. ¡Es tan buen moso!

De mi tía Magdalena 83 años, estudios primarios incompletos, peronista de Perón pero sobre todo de Evita. No es un post estúpido, es la argumentación del voto argentino desde que el tiempo es tiempo. Al cabo siempre terminamos votando personajes simpáticos, piolas, “transgresores” en lugar de programas, políticas, compromisos y desarrollo. Nos encanta esta democracia fashion, nos seduce esta chapucería. Eso no es culpa de ellos. Es el modo en que fuimos construyendo nuestra propia cultura. Somos como mujeres golpeadas. Siempre volvemos al crápula que nos reserva una nueva paliza. Es una conducta cultural y no un fenómeno aislado.

Chau y que sea lo que tiene que ser.

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Problema. Planteo. Solución.

Dos “Problema. Planteo. Solución.” tal como se aprendían en el colegio!

Problema: Violencia

Planteo: En nuestra cultura, el delito parece tener justificativo social; los procesos y condenas son laxos; valen más los “derechos humanos” de los delincuentes que los de las víctimas ya que por décadas hemos estado terriblemente confundidos entre lo que significa autoridad y lo que significa autoritarismo.

Solución:

a) estrategia de corto plazo consistente en dar claras y fuertes señales de castigo justo para el accionar delictivo. Señales que se lean como ejemplificadoras por la sociedad en lugar de permisivas y oscuras o favorecedoras de la corrupción.

b) estrategia de largo plazo orientada a la mejor inserción social real a través del trabajo y la educación como procesos obligados para el propio desarrollo individual de los ciudadanos y en consecuencia el de toda la sociedad.

Problema: Transporte

Planteo: décadas de desinversión, desactualización, falta de mantenimiento y de adecuación de los transportes a las demandas cada vez más crecientes. Por ejemplo se extienden líneas de subtes pero no se compran nuevas formaciones y las que existen al estar mal mantenidas y/u obsoletas impactan negativamente en el servicio; así, querer recorrer más kilometros con la misma cantidad de unidades impacta necesariamente sobre la frecuencia y la calidad total del servicio.  Los aumentos en la densidad de población de la capital y el conurbano nunca fueron previstas. Existe una falta total de previsión y planificación. Por orta parte, los usuarios son rehenes de las medidas de fuerza impuestas groseramente y sin la más mínima creatividad por los sindicatos y gremios.

Solución: inversión auditada en unidades, equipos y tecnología. Diseño de acciones de mantenimiento y planificación. Sana relación entre el estado y las compañías prestadoras del servicio. Mecanismos de auditoría que involucren ONG’s. El dinero está siempre pero antes de llegar a vías, vagones, barcos o aviones se queda “enganchado” en algún bolsillo corrupto y debidamente defendido por el poder de turno.

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Discursos

Discursos. Otra vez los discursos sin que nadie analice la relación entre la realidad, lo que de ella se dice,  los intereses de quién lo dice y las expectativas de quienes escuchan.

Discursos grandilocuentes repletos de porcentajes que pretenden que esa parte de la realidad se interprete como la única realidad. Todo argumentado en comparaciones poco pertinentes en ese afán de mantener convencidos a los creyentes aún a riesgo de distanciarse más y más de los incrédulos.

Los resultados de estas maniobras son siempre los mismos. Entre los acólitos hay algunos que piensan y otros que no, algunos que esperan su momento en las filas de esa tropa para pegar el zarpazo y quedarse con todo y otros que se contentan con las palabras y creen ciegamente en su líder. Tarde o temprano, toda religión que evangeliza sólo a sus creyentes, termina por empequeñecerse. El juego de convencer a los -hoy muchos-convencidos, seduce a los tiranos pero acogota la tiranía. Para ellos, para los tiranos, la duda y los nuevos paradigmas son el germen de la propia decadencia, pero la tentación es tan grande…

Toda teoría se sostiene desde un ideario con lo que a mayor amplitud y contradicción del mismo, mayor margen de maniobra para hacer y deshacer a destajo, para argumentar y contraargumentar caprichosamente, total, nadie va a detenerse a pensar que las flagrantes contradicciones, la infantil omisión de responsabilidades y aún la mentira, forman parte del dogma sobre el que se evangeliza.

Hemos vuelto atrás en la cultura, hemos resucitado estúpidos argumentos sobre las características de la actividad docente, prejuicios inverosímiles dignos de los ignorantes más abyectos (y tal vez esgrimidos como argumentos para que esos mismos ignorantes, subyugados por el carisma  juzguen injustos los reclamos justos de toda justicia de los docentes); hemos retrocedido porque se palpa, se ve y se siente que la salud y la educación públicas de las que se declaman porcentuales de mejoría siguen siendo tareas pendientes que sugerirían mejor reemplazar la ineptitud de quienes conducen estas áreas en lugar de convertirse en elogios para con ellos; hemos retrocedido porque sigue habiendo hambre y miseria en la argentina, porque sigue habiendo injusticia en los tribunales y silencio en quienes deben debatir las cosas de cara a la sociedad. Hemos retrocedido porque seguimos enarbolando banderas de toda la sociedad como méritos propios de un gobierno, con la soberbia de arrogarse cierta propiedad sobre derechos humanos y malvinas pero los derechos humanos actuales (no sólo los de 1970 a 1980) siguen vulnerandose a diestra y siniestra y nuestros excombatientes reales siguen siendo ocultados cuan hijos leprosos dentro de esta bendita sociedad. Y hemos retrocedido porque el 10%, el 24,4%, el 35,7% y el mismísimo 100% de nada siguen dando nada.

Ser justo sería valorar avances en algunas cuestiones y plantear acciones para avanzar en otras. Ser humilde sería hablar con la otra mitad de los argentinos que no están de acuerdo con el modo en que se hacen aquí las cosas. Ser honesto sería dejar que la realidad sea para poder modificarla y no pretender que la mirada ciclopea y torpe de los cortos de vista sea la única visión posible de la realidad.

Después de todo, los injustos, los soberbios y los corruptos, al negar tanto su conciencia, terminan siendo unos pobres animalitos de Dios.

Chau.

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Lo bueno y lo malo de la renovación generacional

Todo pasa y todo queda. Es evidente. El cambio es permanente, los días no son intercambiables y todo eso. Es verdad. Pero esa evolución dada por la suma de pequeñas transformaciones -a veces y solo a veces- tira al demonio ideas y valores  más que útiles o bien los reemplaza por otros de dudosa calaña.

Estamos atravesando un importante cambio de paradigmas, comprobable en la llegada de una nueva generación a lugares de decisión. Chicos y chicas que formados en el medio de una de las principales crisis económicas y de valores de la sociedad, acceden a esos lugares con otras capacidades y otros enfoques. Su presencia ayudará seguramente a mejorar la sociedad en tanto y cuanto no cometan el error de destruir lo bueno, tirando al bebé de la bañaderita cuando solo deberían vaciar el agua sucia.

Así, afortunadamente se pone fin a ciertas hipocresías y moralinas fariseas, a tabúes inexplicables y a verdades de perogrullo que nunca sirvieron para solucionar los problemas que atravesamos. Es de esperar que este nuevo aporte generacional, termine generando sus propias soluciones a los viejos problemas y muy probablemente, en el próximo recambio, sigan reiterándose injusticias y estupideces como ahora, solo que con otras frases hechas, otras recetas y otros enfoques igualmente decadentes. Los de la generación que hoy toma el poder.

Es hora que cambien los discursos políticos y las recetas económicas, porque es hora de que cambien las prioridades. No podemos -a esta altura de la evolución de la humanidad- seguir padeciendo la pandemia del hambre mientras los países desarrollados invierten fortunas en salvar  lo que creen es el riñon del capitalismo. No podemos seguir fabricando violencia. Nos debemos la oportunidad de vivir mejor no egoistamente; humanamente mejor.

Afortunadamente la juventud va encontrando y construyendo espacios de poder. Lo hace por su propia naturaleza y ese es un buen síntoma. Si lograramos destronar la soberbia, la falta de sentido común y el fanatismo, estaríamos a un paso de lograr el éxito de la especie. De lo contrario, si privan las vanidades, las teorizaciones, los sectarismos y las ideologías cerradas, podremos presenciar su defunción.

Esto que está pasando ya pasó. Pasó muchas veces. Pasó porque la esencia del hombre debe desarrollarse en un escenario de permanente cambio, de caótico cambio. Pasó que vinieron unos con ideas nuevas que al cabo de unas décadas se convirtieron en “viejas ideas”. Pasó tal vez porque se invirtió mucho tiempo en destruir lo que existía para construir lo mismo. O, a lo mejor, porque en lugar de enfocar el origen de los problemas, las raíces más profundas de la miseria humana, se puso demasiado énfasis en encontrar soluciones que no aplican al problema -por desconocerlo- pero producen efecto y una renovada sensación de bienestar. Unas -como anestesias- que ocultan el dolor aunque en el fondo sepamos que el dolor sigue ahí.

Chau.

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Lo que pasa, lo que te dicen y lo que queda

Por un lado está la realidad. Lo que efectivamente pasa. Una sucesión de hechos que no necesariamente tienen que ver con tu cotidianeidad, con lo que vos vivís. Ahí entra en juego lo que te dicen, o sea el primer baile que te hacen bailar sin elegir vos la música. Porque pasan millones de cosas en el mundo pero son unas pocas  personas las que determinan un supuesto orden de prioridades que hacen que algunos hechos eclipsen a otros. Ese orden de prioridades es el que ves reflejado en los informativos de cualquier formato (radiales, gráficos, televisivos o web). De resultas de este accionar, vos terminás enterándote de temas y cosas que no necesariamente tienen en tu vida cotidiana, la magnitud que se pretende darles al aparecer dentro de tales prioridades. No sólo te enterás de una serie de hechos reales con mayor o menor impacto en tu día a día sino que, además de esto que efectivamente ocurre, está aquello más cuestionable que tiene que ver con lo que los medios te dicen sobre tales temas. Así, ante un hecho “A” determinado y real, vas a tener las opiniones “A1″, “A2″ y “Ax” que no van a ser coincidentes salvo que el hecho en cuestión sea lo suficientemente aglutinante como para generar una opinión universalmente aceptable sin dejar lugar a otros puntos de vista. Son opiniones basadas en una moralidad y una ética rectoras de lo que claramente está bien y lo que claramente está mal.

¿Vamos bien hasta ahí?. Muy bien sigamos entonces. Lo real, se ve presentado tendenciosamente de acuerdo a los valores, principios y elecciones de cada editor que acepta que el hecho en cuestión (”A”) tiene la suficiente magnitud como para ser transmitido siempre y cuando esa transmisión se haga con los correspondientes ajustes que permitan arrimar agua al molino de esas propias creencias. En otras palabras, el hecho real es adornado con el color político, moral o espiritual de quien lo hace público de modo que las audiencias lo acepten tal y como es presentado.

Vos sos la audiencia de lo que deciden decirte y de cómo te lo dicen. Frente a un hecho real, sos la carne de cañon que se necesita para construir opinión pública, ya que si hasta allí las cosas les salen bien, seguramente vos serás también un vocero de esa opinión cuando cuentes el hecho en tu colegio, oficina, fábrica o reunión social o de cualquier tipo en la que participes.

Cuentan una anécdota de un periodista (la atribuyen a don Natalio Botana pero no tengo el dato cierto) Al parecer, el periodista ansioso de comenzar a trabajar se presenta a una selección de personal para integrar la redacción de un diario. La persona a cargo de dicha selección, les indica a los postulantes que escriban algo sobre Dios y rápidamente todos comienzan a teclear febrilmente sus máquinas de escribir. Todos menos uno. Al finalizar el tiempo estipulado, el jefe de personal, retira una a una las páginas escritas por los jóvenes periodistas y -con sorpresa- encuentra una absolutamente vacía. Entonces, luego de sermonear al postulante que estaba desperdiciando la oportunidad de su vida por incumplir con la simple consigna de trabajo, se ve obligado a darle el puesto a nuestro jóven postulante. ¿Por qué?. Porque su respuesta a la arenga moralista fue que no había escrito nada sobre Dios simplemente porque no se le había indicado si el artículo en cuestión tenía que estar a favor de Dios o en su contra.

Lo que pasa es importante, lo que te dicen también. Lo que queda en tu cabeza es lo fundamental. Aprender a dudar sanamente es el único camino para destruir la fábrica de prejuicios que constituyen hoy los medios masivos de comunicación independientemente de si son estatales o privados.

¡Chau!

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Esta vez tenemos que poder

Nos lo merecemos. Merecemos poder construir un país mejor. Merecemos que no haya chicos muriéndose de hambre ni hogares en los que falta el trabajo. Merecemos que la salud y la docencia no dependan del voluntarismo de algunos profesionales sino de un buen sistema que privilegie al individuo por encima de la política de turno, la burocracia de los ministerios y la desidia de los incapaces.

Pero el merecimiento tenemos que concretarlo nosotros. Se trata de la oportunidad de construir una sociedad como corresponde, en la que el interés común y el bien común no sean administrados por unos pocos que no entienden nada sino una consensuada acción ciudadana. Y eso requiere trabajo más que votación, eso requiere compromiso individual más que candidatos, eso requiere respeto por el otro más que simpáticas campañas propagandísticas.

Debemos poder salirnos de esta trampa histórica de votar medidas populistas de gente para la cual la pobreza, la indigencia y la ignorancia siguen siendo el negocio que los eterniza en la cuestión pública. Debemos poder trascender de una vez por todas la inoperancia como programa de gobierno, la parálisis productiva y el canje de espejitos de colores como programa económico, y el galimatías de veinte intelectuales  iluminados por la mediocridad como programa cultural.

Para eso tenemos que forzar el futuro, desearlo y poner manos a la obra. Sería bueno que nuestros gobernantes dejaran de zarandear banderas obvias como las de aquellos derechos humanos violados en los setentas si no están dispuestos a rescatar los derechos humanos de quienes vivimos hoy en la república empezando por los de los niños y los ancianos símbolo clarísimo del futuro y del pasado, brotes y raíces de una historia que nunca llegamos a construir si sólo quedamos anclados en aquella violencia o si sólo soñamos la utopía sin animarnos a hacerla realidad.

Esta vez tenemos que poder hacer escarmentar a los hipócritas y a los mentirosos, a los ladrones y a los corruptos. Para que no se diga de nosotros como pueblo que tenemos los gobiernos que nos merecemos.

Chau.

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No está bien

No está bien ninguna forma de violencia. No está bien que en pos de un enfrentamiento político algunas personas agredan a otras. No está bien que la agresión se justifique además mediante el respaldo de cierta intelectualidad que -ya por respaldar el acto violento- deja de pertenecer al mundo del que se arroga formar  parte. Al mejor estilo de Tato Bores (¡cómo te extrañamos Tato!) nos ha surgido -no ya a partir de la comicidad- la casta de los “Intelectuales de la nación” que no vacilan en borrar con una hemisferio de su esmirriado cerebro (el que opina) lo que el otro pretende (formar parte de la elite). Paso en limpio: no puedo arrogarme el rol de intelectual cuando agoto mis herramientas racionales y la articulación de mis palabras y me constituyo en un violento bajo el disfraz del apasionamiento.

Alguna vez  Pavarotti, Carreras y Domingo acercaron el mágico mundo de la ópera a las multitudes. Éstas,  embelezadas e ignorantes de todo tecnicismo pero con la sensibilidad a flor de piel, han ocultado con su aplauso y sin saberlo, el más aberrante de los falsetes. Ellos, con un auditorio mucho más permisivo, han dado rienda suelta a su creatividad y su improvisación.

Hoy los “Intelectuales de la nación” se permiten mostrar a las masas sus razonamientos a través de sensiblerías y apasionamientos más típicos del ámbito de una tribuna futbolera que de aquella intelectualidad elitista que pretenden representar.

Esta es la consecuencia de años de idioteces pedagógicas más que de educación. El correlato coherente con la oferta televisiva pasatista donde el principal contenido son las disputas y enfrentamientos violentos de quienes participan. Ante la  necesidad de expresar a una audiencia pauperizada culturalmente una idea, allí donde el lenguaje y el razonamiento no han tenido buen desarrollo, se apela en demasía a las “pasiones” y “emociones” de torpes discursos de hinchada.

Alguien del “ambito de la cultura” ha cometido un error;  ciertos personajes de la nueva corporación intelectual han salido a respaldarlo tratando de convertir sus desafortunados dichos en un galimatias irreconciliable con la realidad.

No está bien ninguna de las dos cosas.

Chau.

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Empómement, pindonging y otras yerbas

 Mucho, muchísimo se ha escrito ya sobre culturas organizacionales. El mundo conceptual e idílico de los manuales y las teorías facilistas calma la ansiedad pero no soluciona los problemas; y no los soluciona porque no se parte, ya en la realidad, de diagnósticos precisos y totalizadores.   Así, resulta primitivo intentar aplicar planes, que no teorías, originados en empresas con otros umbrales, otras historias y otros escenarios, sin realizar las adaptaciones  mínimas indispensables que garanticen un adecuado enfoque de esa realidad.  Esta herramienta autoimpuesta de transpolar consuetudinariamente experiencias exitosas, independientemente de los marcos de referencia, es el principal símbolo de la decadencia que supone la soberbia como forma máxima de la ignorancia. La eficiencia en la acción no es consecuencia de la acción misma sino más bien de la relación entre el accionar planeado y el conocimiento previo y pleno de la realidad que se pretende modificar. Convengamos que alguno de estos vectores está fallando y no es precisamente el de la acción.

El mandato actual, tal vez motivado por la urgencia como visión parcial del país, parece ser  ”hacer”. No importa qué pero hacer; hacer muchísimo; acumular papeles que confirmen el hacer; dictar normativas que enmarquen el hacer; hacer antes y después de irse; hacer informes para demostrar el hacer; hacer sin intentar que ese hacer nos reconcilie con la realidad; casi hacer como distracción ante la dificultad de aceptar un diagnóstico contundente y despiadado. Hacer que calme la ansiedad; hacer como placebo; hacer como gimnasia que cansando el cuerpo impida pensar. ¡Mamá… hice!  

Otra vez las páginas de los gurúes invitan a la acción. Hacer con la gente ( a la que no nos tomamos el tiempo de conocer; de la que es más fácil suponer; y a la que un mar de sonrisas y gansadas prescriptas pretende “motivar”) desde una postura de soberbia superioridad intelectual que parte del error garrafal de considerar a la gente como algo distinto, ajeno al “manager” (que, por si no queda claro, también es gente).  Y más verdades; el “éxito” consiste en “trabajar en equipo”; entonces los videos muestran como un señor logra que sus empleados sean eficientes a partir de reunirlos y detectar roles y aprovechar -aún a los que restan-  para sumar. (La parte de la peliculita que no nos gusta es la que indica que un grupo debe estar motivado a partir del conocimiento de los objetivos y estrategias diseñadas que -otra vez- tienen como origen esa cosa tan molesta y poco argentina: el conocimiento de la realidad).

Incluso tiene poca importancia la característica histórica de la cultura local, absolutamente ignorada a pesar de sus profundas raíces, paridas en más de un atropello y en más de  una  estafa:   el  individualismo;   el   personalismo   que  se   observa   aún   en  nuestros  más representativos equipos, casi los únicos que tenemos -lamentablemente-. Los de fútbol.     

¡Y no olvide usted motivar a la gente para que haga propuestas!. Luego apílelas y olvídelas, después de todo las propuestas no son algo sobre lo que usted pueda decidir. Respáldese en la burocracia que lo envuelve, no haga comentarios,  no se comprometa  y, pasado algún tiempo, convoque a las mismas personas que hicieron la propuesta y asígneles la tarea de llevar a cabo las acciones secundarias de otra propuesta muy similar que alguien con nombre y apellido de peso en la empresa ha generado (no olvide, ahora sí, elogiar la nueva propuesta. Ante la mirada atónita  y claramente desmotivada de los convocados. Alecciónelos -haga coaching-: ¡eh viejo,… yo ya no sé qué hacer con ustedes…! ¿a ustedes nada les cae bien?)     

Dedique trabajo a identificar los perfiles de su gente. Un perfil griego es el mejor para atender al público. Ni se le ocurra meter a un siciliano o un calabrés a desarticular clientes conflictivos; un andaluz nunca debe estar en la caja, ni que hablar de los gitanos. El alemán debe estar en el departamento técnico, y si tiene un oriental en su planta, póngalo bien lejos porque producen fobia.  El juicio y el prejuicio a la orden del día. Ante la duda desconfíe. Pero antes de desconfiar pregúntese a qué cosas les tenemos miedo, cuáles son las cosas de las que más desconfiamos. Quizá se sorprenda al comprobar que tememos y desconfiamos de lo desconocido. A partir de esta verdad, hemos generado un sencillo funcionamiento de adaptación consistente en reducir el objeto de temor / desconfianza, a una figura estereotipada y esquemática que alojamos en el pequeño palomar que tenemos por cabeza. Y listo el pollo. Porque “fulano es así” o “mengano tiene tal problema” o “zutano siempre hace esto o aquello”, entonces congelamos a las personas en nuestra cabeza y en otro brote de soberbia ignorante las cubrimos con nuestra simplificadora percepción y los paralizamos, no sea cosa que fulano, mengano, zutano o peringano nos sorprendan con vuelo de cóndores en lugar de tibios aleteos de ganso alborotado.  

Ahora los dejo porque tengo que evaluar una propuesta para gestionar esta empresa. Es importante porque ofrece realizar unos cursos muy importantes para todo el personal a un costo impensado per cápita, lo que lo hace más tentador. En realidad no sé si el personal necesita esos cursos, no sé tampoco para qué me lo ofrecen, me recuerda al chiste del gauchito y el licenciado en marketing que decía: un gauchito se encuentra cuidando un rebaño de ovejas cuando frente a él, se detiene una supercamioneta 4×4 de la que baja un tipo con anteojos negros y sin dejar de hablar por su celular deposita su notebook sobre el capó del vehículo,  cierra el teléfono, mira al gauchito, y le dice:         -amigo, si yo descubro con exactitud cuantas ovejas está pastoreando, elijo una y me la llevo ¿de acuerdo?-.  El gauchito con su cara más inocente le contesta: -de acuerdo-; entonces el hombre abre su notebook, teclea unos datos, llama por teléfono a alguien, le da unas coordenadas, mira el GPS y finalmente sentencia: -732 ovejas y 62 carneros… ¿qué tal?- mientras rodea con sus brazos un animal y lo sube a la caja de la camioneta. El gauchito le responde: -¡exacto, lo felicito! , ahora, ¿puedo consultarle algo?- desde ya amigo- responde el hombre de anteojos negros. -¿Usté andá en marketing no?- Orgulloso el hombre le responde -¿cómo se dio cuenta?- muy fácil -replicó el gauchito- primero vino sin que nadie lo llame, segundo me dijo algo que yo ya sabía y tercero, evidentemente de ovejas no entiende ni medio porque acaba de subir a la camioneta a mi perro!!!

Chau, capacítense, coucheen y conviértanse en  líderes exitosos de una buena vez!!

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Aquellas pequeñas cosas

Señales de los tiempos que nos permiten hacer una proyección hacia el ¿futuro?.

Pisé caca. Iba caminando por mi barrio y de golpe sentí ese hundirse de la suela en algo “más blandito”. Creo que las personas tenemos sensores especiales en la planta del pie que nos permiten detectar la caca perruna y debe ser por eso que la mayoría de los dueños de labradores, mastines napolitanos, border collies y caniches toy no limpian los excrementos de sus costosas mascotas. Algunos incluso los hacen adiestrar para largar la torteletta en el empedrado, en la cuneta, en la calle, porque de esa manera creen que se mantiene limpia la vereda. En fin.

Son aquellas pequeñas cosas que nos definen como sociedad. Es nuestra “cultura” que le dicen.

Pero las caquitas ya sean evidentes -algo así como un alarde de lo bien que come el pichicho- o solapadas -como esos estronzos que te sorprenden entre dos paragolpes ahí, un pasito antes de cruzar la calle-no son las únicas pequeñeces que nos hacen ciudadanos. También está el invento de las balizas en los autos, que en cualquier lugar del mundo se usan bastante bien pero aquí parecen permitir que uno estacione en donde se le canta, simplemente para comprar cigarrillos por ejemplo, o   -ya que estamos con los autos- aquellos de alta gama que circulan con una bolsita de supermercado para tapar sus patentes de modo que no los detecte la camarita de las multas. Pequeñas cosas equiparables a los que se llenan la boca con consignas patrioteriles pero salen corriendo a comprar dolares cada vez que se viene la noche. O aquellos otros que van por la vida con los tendones de aquiles super elongados de tanto estirarse para cagar más alto que el culo.

¿Se te ocurre alguna otra patética incoherencia?¿Algún otro detallecito de nuestro cotidiano quehacer?¿Alguna otra pequeña cosa en la que se esconda -como en estas- la autodestrucción de nuestra pequeña, tierna y adolescente sociedad?.

Me voy a lavar la zapatilla. Otro día la seguimos.

Chau.

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La idolatría como tentación

Se murió un hombre con el que no compartía muchas ideas. Fundamentalmente un hombre que no tenía interés en compartir. Una especie de lobo estepario que tenía en sus manos el poder que le confieren los genuflexos y mediocres que buscan la sombra de los prepotentes para poder sobrevivir con sus pequeños curritos y sus poquitos escrúpulos.

Se murió un tipo que alguna vez fue presidente y que sin serlo ya, seguía concentrando poder. Casado con la presidente de una nación a la que le marcaba la cancha como un entrenador de perros, o si se quiere, un titiritero que mueve los hilos de todos sus muñecos.

No era un tipo dialoguista, no era una persona confiable y pacífica, sino más bien un confrontador nato de esos que ponen todo en la cornisa, abusando de la suerte y la civilización de los otros.

Rápidamente, un pueblo hambriento de seguridad, justicia, salud, educación y trabajo ha salido a la calle a ejercer el básico y elemental ejercicio de purificar al muerto, de elevarlo aún más allá de donde dan sus sueños, de idolatrarlo. En el han visto un ejemplo de militancia y de coherencia, un virtuoso de la prepotencia y la simpatía, ese coctel tan seductor para el pueblo argentino que no sabe votar otra cosa que personajes simpáticos que con gran desparpajo hacen con el país lo que les viene en ganas.

Ha muerto el lobo patagónico y aún sin compartir con él una sola idea, le ofrezco mis respetos y mi respetuoso adiós. Sin idolatrías ni desmesuras, tal vez llegue ahora el momento tan preciado por el resto de los argentinos. El del diálogo abierto y la construcción de una verdadera nación democrática.

Adios Sr. Kirchner.

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El liderazgo de los bobos

La peor caterva de líderes pese a lo que parezca, no son los turros sino los imbéciles. Aquellos son vulnerables en tanto y cuanto previsibles en su perversidad y sus escasos escrúpulos. Pero los bobos, los bobos son de temer porque de golpe se les escapa un tiro y te lo pegan entre los ojos,  o se llevan puesto un país,  o hacen fracasar una empresa porque se les volcó la leche sobre el pantalón.

Tenemos por estas latitudes un gobierno bobo en el que comulgan algunos personajes de profunda y clara turrez.  Está claro que el Secretario Moreno o el Ministro Julio De Vido tienen cuanto menos un manejo bastante confuso y opaco de cara a la sociedad. El primero de ellos, engañando claramente a la opinión pública mediante los guarismos del INDEC a lo que suma ahora la flagrante tergiversación de la realidad con el episodio de Papel Prensa, que la mismísmima Señora Presidente, anunció como creación suya. Por menos que esto, si se comprueba lo tendencioso del manejo, el Señor Secretario debería brindarle alguna explicación a la sociedad a través de una interpelación en el Congreso. El mismo destino debería acompañar al ministro ganador de cuanto enfrentamiento interno haya atravesado cargándose ni más ni menos que al mismísimo Alberto Fernández y cuya participación en casos de dudosa transparencia, resulta innegable. En el medio, este gobierno bobo, ha formateado a un ejercito de jóvenes, contándoles una versión de la historia tan irreal que ha logrado su adoctrinamiento con el mismo turro argumento que usaron alguna vez los montoneros para captar adeptos. Hacerles creer a los pobres chicos, idealistas y con las hormonas explotando, que sumarse a su lucha permitirá acabar con la constante frustración y avanzar sobre conquistas sociales en folletines que más parecen los de los testigos de jehová que los de un ideario político complicado. Y la complicación viene porque el lobo se viste una vez más de oveja y pretende, exaltando esa promesa de bienestar progresista, crear un frente de  brigadistas dispuestos -otra vez- a dejar la vida por la causa. Una causa que resulta ser exactamente la opuesta de aquella por la que fueron seducidos.

El ideario peronista es bastante contradictorio. Menem y Kirchner llegaron al poder por el mismo partido. Un partido que tiene un ala de derecha y un ala de izquierda, una facción ultranacionalista una columna sindical y una de advenedizos que tratan de hacerlo rehen de sus propias ambiciones.

Mientras esto ocurre, los argentinos no terminamos de escapar del macabro péndulo que va de la más peligrosa bobez a la más violenta hijaputez de quienes nos gobiernan.

Pero día llegará que entendiendo estos lamentables ciclos de la historia,  podamos dejar la ingenuidad de lado y votar racionalmente a aquel partido político que se presente a elecciones con un proyecto concreto y no con sólo exclamaciones airadas sobre los errores de sus antecesores. Proyectos en lugar de hombres y mujeres más o menos simpáticos y atrevidos que como a una niña inocente le arrebataran la inocencia de su virginidad.

Chau.

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Salomón y la verdad

¿Por qué no enfocamos  las cosas bien?. Aquí trataremos y -adesde ya- agradezco correcciones y puntos de vista diferentes.

La historia juzgará en definitiva, como siempre, pero mientras tanto, ¿qué podemos hacer con lo que nos pasa hoy,  con el corto plazo?.

Ante la avanzada de malandras, secuestradores y chorros que no dudan en pegarle un cohetazo a uno para robarle lo que trae en el bolsillo, o el auto, o cualquier cosa, una sociedad no puede estar pensando en la justificación de esos actos para expiar sus culpas. En el medio hay muertos, familias destrozadas, hijos que nunca más verán a alguno de sus padres y padres que nunca más podrán volver a ver a sus hijos. Creo que ante semejantes tragedias no puede estar pensándose que el asesino no tuvo oportunidades, aún a pesar de que esto fuera absolutamente cierto.  No se puede disculpar el asesinato de otro o la violación de cualquiera de sus derechos porque la sociedad entonces incurre en un abandono semejante a aquel en el que incurrió y que agita ahora como justificativo del victimario. Un abandono no puede nunca justificarse con otro abandono.

La solución tiene que construirse ya. No hay más tiempo, no hay más lugar para la postergación. Al igual que una profunda reforma educativa, es imperioso, indispensable, buscar la solución al problema de la inseguridad. Pero las urgencias, no deben llevarnos al atolondramiento. Solo se trata de hacer las cosas bien la primera vez como dice el viejo precepto de la Calidad.

Debemos construir espacios de contención y educación para minimizar la proliferación de victimarios a futuro y debemos paralelamente proteger y dar justicia a las víctimas presentes. No se soluciona el tema con más violencia, aunque tal vez se necesite dar claras señales de qué está bien y qué está mal en una sociedad. Tal vez el enfoque de este tema difícil, casi áspero, requiera de estrategias diferenciadas para el corto y el largo plazo, pero evidentemente no se puede demorar más.

La inseguridad, ese estado que para algunos es una sensación (lo que de todos modos es terrible ya que no se puede vivir con semejante sensación encima todos los días, a toda hora y en todos lados) no se vincula solamente con el robo, el asesinato y la violación carnal. Por qué no plantearlo de una bendita vez, esa inseguridad se hace tangible en la fragilidad que presentan los derechos humanos básicos de todas las personas y no sólo los de los militantes políticos y activistas violentos.

Para muestra basta un botón o mejor dicho dos. Los chicos Herrera Noble a los que las posibles abuelas de sangre están despedazando. El episodio remite inexorablemente al  Rey Salomón y su más famoso  fallo. Aquel por el cual para mediar en la disputa de dos mujeres que se decían madres del mismo bebé, mandó a los soldados a cortar por la mitad la criatura convencido de que la madre verdadera renunciaría aún a su maternidad con tal de que su hijo siguiera vivo. ¿No se parecen acaso las abuelas a la madre inescrupulosa que con tal de quedarse con algo permitiría que corten al niño por la mitad?¿qué abuela expondría a semejante ultraje a sus nietos, sobre todo si estos fueran lo único que quedó con vida luego de que la bestialidad terminara con la vida de sus padres?

Este caso es también el emergente de una época complicada y nunca revisada con la humildad y la grandeza suficientes. Ni las presiones que llevaron a Alfonsín al Punto final, ni el desparpajo de Menem y su declamada pacificación del pueblo argentino mediante los indultos pudieron lograr que la sociedad argentina internalizara la catástrofe vivida, sino apenas que se tomara partido por los unos o los otros como si se hubiera vivido aquí un encuentro de futbol que durara más de treinta y cinco años.  Y es que la revisión parcial de los hechos no conduce a la verdad. Al igual que con la inseguridad actual, la violencia del pasado requiere un espacio de grandeza y renuncias para ser abordado. Y otro componente del que adolecemos bastante en nuestro país. Sentido común.

Resucitados los fanasmas violentos,  allanados los caminos de la venganza y disponibles la censura y las amenazas mafiosas, se dificultará encontrar la verdad.

Como dijera Albert Einstein: “…la correcta descripción de un problema es la mayoría de las veces una tarea más dificil que la búsqueda de su solución…”

Ojalá pudiéramos sentarnos alguna vez a tratar de describir lo que aquí ha pasado para poder -entre todos- resolverlo.

 Chau. Gracias.

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Breve historia de lo que por aquí pasa

Toda sociedad debe estar constituída sobre unos valores que la representan y que comprometen a sus individuos en la construcción de un proyecto que debería ser -ni más ni menos- que un futuro común. Nada más y nada menos.

Me pregunto cuáles son los valores compartidos que tenemos los individuos que conformamos esta sociedad. No cuales son nuestras pasiones sino cuáles son nuestros valores.

Si supongo que esos valores están expresados en la consitución nacional, me pregunto entonces por qué la gran mayoría de nosotros, sujetos activos de esa sociedad, no los conocemos. Entonces me pregunto por qué no se difunden, no se imparten como instrucción básica, no se comparten.  Por qué no se expresan y no se actúan; por qué no cobran vida.

Hace poco hemos vivido una vez más el problema de la inundación de la capital federal. Los distintos actores sociales ocupan el rol que esta obra siniestra les tiene reservados a saber: el periodismo busca antecedentes y denuncia, la oposición culpa al gobierno comunal, el oficialismo culpa a la oposición por su inacción anterior. Nadie parece enterarse de que sobre los problemas hay que actuar mejor que hablar.

Por ejemplo, yo creo que las inundaciones así como la falta de energía y el exceso de basura, devienen de que esta ciudad parece ser la única que merece un desarrollo sostenido en el tiempo y por lógica consecuencia, atrae cada vez más habitantes que aumentan enormemente la población tolerable -más aún teniendo en cuenta las facilidades que tienen las empresas constructoras para demoler casas bajas y construir torres. La cuenta es fácil, en una casa vive una familia, en un edificio, tantas como departamentos este tenga.

¿Es que a nadie se le cae la idea de desarrollar alternativamente otros polos, aunque sea de a uno, que permitan reubicarse a aquellos ciudadanos que desean otro tipo de vida? ¿Es que resulta tan difícil que las fuerzas políticas se junten a definir políticas de estado entre las cuales el desarrollo territorial y poblacional de este país?

Elegimos  siempre la confrontación y nunca la integración y ese parecería ser uno de los valores compartidos -al menos desde lo actuado que en nuestra sociedad parece ser lo único que cuenta-

Y no es una crítica a quienes hoy nos gobiernan. ¿Creen ustedes acaso que ciertos personajes que hoy orinan agua bendita cuestionando al gobierno no actuarían igual o peor si tuvieran el poder? Ojo que tampoco es un elogio al actual gobierno. Es el simple análisis de un integrante de esa sociedad que intuye unos valores y cree compartirlos. Y no me excluyo de las generales de la ley, es decir, tal vez a mi mismo me mataría la ambición si estuvieran reunidas las condiciones para que así fuera.

Tal vez falte humildad para dar el primer paso, para congregar, para iniciar el diálogo. Es que en una sociedad tan competitiva, es mejor quedar como un turro que como un idiota y aquí todo pedido de consenso es juzgado como un rasgo de debilidad.  Quizá la ignorancia sea otro de los valores compartidos. Ya tenemos dos:  Confrontación e Ignorancia.

Debe haber muchos más. Algunos positivos como la aparente solidaridad que declamamos tener. Si ustedes me lo permiten no comparto el concepto, pero acepto que se crea en él.  La “pasión” que aparece cuando juega la selección de futbol y que parece ser independiente de los resultados que obtenga. Una especie de pasión troglodita que se lleva puestos a nuestros muchachos en sobradas muestras de salvajismo durante los campeonatos del futbol local. Quienes comaparten ese “sentimiento” le llaman “pasión” y justifican esa violencia sin más fundamento que alzarse con una bandera del contrario o conseguirse unas entraditas para el próximo mundial.

Si me permiten voy a seguir con mi elección, después de todo al no estar claramente definidos estos valores, vale tanto mi opinión como la de cualquiera de ustedes!

¿Qué votamos cuando votamos? ¿Puede alguno acercarme el proyecto de nación que sostienen los distintos partidos y/o candidatos? La premisa es válida ya que solemos ver actos ampulosos, con candidatos desgañitados que transpiran en discursos donde se rescata “lo que debería ser” y no se plantea el “qué hacer” y mucho menos el “cómo hacerlo”; se resalta lo deseado pero no se baja a tierra  la acción, es simplemente lo deseado frente a lo posible. La ilusión contra la realidad. ¿Por qué no se nos plantean argumentos racionales en lugar de “sentimientos y pasiones”?¿Por qué los candidatos deben aparecer ante nuestros ojos como tipos cancheros?¿Por qué  van a los programas de tv humorísticos para demostrar sus dotes histriónicas, su simpatía y su “viveza”? ¿Será porque compartimos también el populismo como forma de ganar poder?

Confrontación, Ignorancia y Populismo -si se me permite- son tres valores que parecemos compartir en la acción aunque está claro que ninguno de nosotros se sentirá definido por ellos. Después de todo, una de las frases típicas de nuestro acervo es “Yo no lo voté” y estas palabrejas duelen, sobre todo si nos igualan, porque -se me quedaba en el tintero- creo que el cuarto valor compartido es el individualismo y ese sí que nos diferencia a los que no queriendo ser iguales al resto nos diferenciamos en la incoherencia de querer compartir.

Hasta otro día. Chau.

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Esa reñida lucha entre la teoría y la práctica (continuación)

Una de las características más alarmantes de los tiempos que corren es la falta  de aplicación del sentido común. En sus clases, universitarias, el profesor Lucas Godart daba inicio a los cursos, planteando a sus alumnos situaciones habituales de su futura profesión y preguntándoles cómo las solucionarían. Cuenta Godart en sus “Apuntes de clase” que …”los muchachos elevaban la mirada como pidiendo asistencia divina. En esa actitud de trance, parecían revisar en su memoria buscando materia, libro, autor, página y párrafo que contuviera la respuesta y terminaban expresando una teoría que en poco contribuiría a cumplir la consigna”… !!!!!

La reflexión a que nos lleva esta anécdota  es que,  si gente que está próxima a diplomarse no puede resolver cuestiones simples y habituales de su profesión, qué queda para el común de los mortales que ni siquiera pasó por la salita celeste en el jardín maternal. Visto que los primeros tienen más posibilidades de acceder a puestos estratégicos y de conducción, cabe preguntarse ¿hacia donde va el mundo?

Y es que el sentido común no existe si no se aplica. No es teórico sino más bien práctico.

Tal carencia se vislumbra en distintos ámbitos de aplicación donde el sentido común sería una importante arma. Si en lugar de tanto operador político, tanta estrategia política, tanta alianza espuria y tanto populismo barato, las medidas a tomar por un gobierno contaran con sentido común se convertirían en más y mejores votos. Si las sanciones delictivas en lugar de descansar en los famosos vericuetos legales, contaran con sentido común, serían sí o sí ejemplificadoras, la justicia no estaría en crísis y la ciuadadanía se sentiría más protegida. Si a la hora de montar un espectáculo público se aplicara el sentido común, se minimizarían los riesgos de vida para los participantes y así la lista podría aumentar considerablemente. Piénselo desde su propia experiencia cotidiana:  si los usuarios de transporte público ocuparan los lugares más lejanos a la entrada, todos los viajeros podrían llegar más rápido a sus destinos ya que en cada parada la entrada estaría despejada y el trámite de ingreso y la movilidad interna serían mínimos.

Y si el sentido común estuviera acompañado por la mínima dosis de pertinencia seríamos prácticamente una sociedad perfecta.

 

Chau.

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Esa reñida lucha entre la teoría y la práctica

Está claro que la una sin la otra no tienen mucho sentido.

Me encanta la experiencia de Liborio Giménez, un rústico investigador que durante años se la pasó evaluando cuanta gente entraba y salía del edificio que está en Marcelo T. de Alvear 1366. Lo hacía inspirado en no sé que extraña ecuación que según él, podría proyectar luego a una matriz algo anémica que había generado en sus ratos de ocio.

Y como esa experiencia, me encanta ver a los científicos y los quinteros en ese desacuerdo de formas sobre la plantación del tomate.

Me recuerdan el caso de Cátulo Caeiro, que todo lo verificaba a través de lo que decían los libros mientras la vida iba pasando y se le hacía demasiado tarde para equivocarse,  o el de mi amigo Roberto Arnulfo cuyo adinerado padre le compró el más caro de los saxos y le pagó el estudio más completo sin preguntarle si le gustaba y sin siquiera darse cuenta que su hijo, talentoso para muchas cosas, no tenía la más mínima capacidad de transmitir nada cuando soplaba.

A veces, el sonido del mundo me recuerda mucho al sonido del saxo de Roberto. A veces temo por una humanidad que no mueve un dedo sin algún autor que lo sostenga desde la teoría. Hablo de físicos cuánticos pero también de personas comunes que se han vedado la capacidad de inventar, aunque sea cuando hacen un huevo frito.

El mundo del conocimiento tiene de bueno que es inabarcable y de malo la testarudez de quienes desde la más completa ignorancia, aún portadores de un intelecto sagaz, hacemos lo imposible por aprehenderlo. Como la historia que cuentan del niño que queriendo meter el mar en un pocito hecho en la playa inspiró a San Agustín a pensar que esa inocente ilusión era la misma que los grande tenían cuando intentaban definir, comprender y conocer a Dios.

Qué hubiera sido del mundo si Galileo no hubiera transgredido todas las teorías? Dónde estaríamos parados si Einstein no hubiera dudado.  Pronto vamos a tener que leer libros que nos enseñen a respirar (ya los hay, sólo que no están tan popularizados) porque si no lo hacemos correremos el riesgo de morir.

Otro día la seguimos. Chau.

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El brujito de Boudou dou!!

Eramos pocos y parió la abuela. Por lo menos lo descomprime un poco al Aníbal ¿no? Habrá puesto esa cláusula en el contrato el Aníbal para ver si le dejan aire para reciclarse cuando termine esta farsa que espero sea cuando se cumpla el mandato no va a ser cosa que me tilden de ser un desestabilizador!!.

Me alegro por el bigotudo porque como les decía, le deja un poco de aire para convertirse al peronismo renovador o al peronismo antiperonista o al peronista de izquierda (una utopía total) o al sadoperonismo o a alguna de las variantes -incluído el peronismo radical- que ha producido la ignorancia ejercida como un apostolado sobre nuestro pueblo.

Extravagancias aparte, el francesito aparece como vocero de la “indigestión” de gobierno justificando aún lo injustificable; cosa a la que nos tiene debidamente acostumbrados esta corte. ¿Podré pensar distinto o seré eyectado del mundo?¿podré disentir o volveré a tener la respiración de cuatro matones en la nuca?. En fin, espero que la civilidad venza de una vez a la barbarie.

Chau!!

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¿Qué te cuento?

¿Qué te cuento?. Esta es brava. Hace unos once añitos fui a uno de esos congresos del tipo “vení que te explico cómo se hacen las cosas para tener éxito”, en los que participan siete u ocho oradores de la ostia que te dicen poco y nada o que te cuentan sobre su experiencia exitosa en sociedades completamente distintas a la nuestra. ¿Hasta acá se entiende?. Ok, sigo.

Uno de estos payasos se pone a hablar -por el modo en que lo expreso, te darás cuenta que si estaba ahí era más por casualidad que por iniciativa propia- se pone a hablar decía, sobre los riesgos que afrontaría nuestro país a largo plazo si no se encolumnaba definitivamente detrás de un proyecto. ¡Mirá vos!… ¡once o doce años te digo y el problema era el mismo que hoy!!!. Lo trágico del asunto es que este chitrulo llegaba a una terrible conclusión. Si no aparecía un proyecto que aglutinara y orientara el esfuerzo, el resultado sería que los distintos distritos tenderían a independizarse del poder central, ya que su rol de liderazgo parecía estar destinado al fracaso y las comunidades locales terminarían por entender a la larga que era mejor autogestionarse que depender y alimentar a un estado “bobo” que les apretaba la cincha cada vez más.

Te digo que te daban un café fenómeno los tipos, con unas medialunas impresionantes. yo me comí como doscientas porque podías lastrar sin límites y -después de todo- alguien había garpado para que yo estuviera ahí.

Secesión, sugería este paparulo y yo pensaba…”por qué no te sacarás la papa de la boca pedazo de nabo” (lo de la papa porque obviamente que el tipo era yanky y pronunciaba todo así medio patinoso) o bien…”qué carajo está diciendo este idiota… qué sabrán estos gringos de lo que pasa por acá!!!…”. Era el rechazo típico que uno tiene cuando le dicen algo que le duele. Porque no te la voy a hacer larga pero nos dió como en bolsa. Por ejemplo, él decía que aunque nuestros datos sobre escolaridad eran buenos, nuestra capacidad de aprendizaje dejaba bastante que desear. Que nuestros niños cumplían sobradamente el promedio de horas de escolaridad pero que los contenidos que recibían distaban bastante de ayudarlos a pensar por sí mismos. ¿Te la sigo o ya te hice engranar lo suficiente?

El gringo manejaba todos estos datos como si se los estuvieran soplando a la oreja. Parecía dominar el tema pero… era gringo y eso lo hacía poco confiable.

Once o Doce años hace, no más. Y cada puto día que pasa desde entonces veo que el único proyecto que parece aglutinarnos es el de sostener a algún inescrupuloso que llega arriba para quedarse lo más posible y robar. El único proyecto posible parece el de la demagogia y la incoherencia. Tipos con los bolsillos llenos hablando pestes de la oligarquía sin poder disimular que forman parte de ella; tipos con los bolsillos vacíos y unas ganas indisimulables de llenárselos. Profetas y apocalípticos económicos con ganas de mezclar y dar de nuevo. Estúpidos que en pos de la libertad que declaman salen corriendo a comprar dólares de a veinte, pensando que con esa imbecilidad se van a salvar.

Fauna de una patria que no lo es, excepto cuando juega la selección de fútbol. Próceres de pantaloncitos cortos que ampulosamente besan sus camisetas para que las huestes de la nada vociferen sus nombres. Qué lástima. Cómo duele carajo!

Redistribución de la riqueza, salud y educación para el pueblo, derechos humanos para unos pocos. La dignidad nunca. La dignidad parece no merecer ser reivindicada. La dignidad no es aquí un derecho humano.

¿Por qué no lo pensamos mejor la próxima vez que votemos?, digo, cada uno, ¿por qué no lo intentamos?. ¿Por qué no le decimos a esta caterva impresentable de matones y alcahuetes que no nos importa todo su despliegue escénico? ¿por qué no paramos a estos creativos electoralistas que por un voto tejen alianzas incomprensibles, listas llenas de fantasmas y castings de diputados?.

Nada hay más terrible para un país que la soberbia ignorante de sus gobernantes. Lo dice un ignorante que solo aspira a vivir mejor, a que no se mueran chicos de hambre -no de dengue o de gripe porcina- de HAMBRE. Lo propone un ignorante humilde que no cree tener la verdad revelada ni sabérselas todas, un ignorante que no es canchero y que está abierto a aprender. Lo grita un hombre del pueblo al que no le alcanzan tantos baboseos, tanta demagogia, tanta promesa barata.

Donde quiera que estés no te dejes llevar por la patota de los cobardes que orinando agua bendita, libres de todo mal, y esclarecidos como arcángeles divinos, sólo quieren el poder sin importarles un comino la vocación política que supondría solucionar los problemas reales de la ciudadanía.

Chau.

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Que el tiempo no pare

Siam Di Tella. Había tanta ilusión!.

Las calles se poblaban de autos nuevos, japoneses eran. Acá te vendían el ford y el chevrolet y tenías que comprarle el volante y la palanca de cambio como opcionales y estos ponjas te mandaban los autitos esos de morondanga con ¡¡pasacassette!! In-cre-i-ble.

Plata dulce había, deme dos. Llevo un sobresito de sea monkeys también!!!. Arranca con la pelota Bertoni… Kempes… GOOOLLL. Hasta el puto futbol era más noble.

Todo tiempo pasado fue peor. Ahora estamos como queremos. Antes había sífilis, cólera, hambrunas, guerras, villas miseria y pobreza. Hoy también, pero por suerte, llevamos muchos años de entrenamiento y no duele tanto. Además, usamos nombres más sofisticados como asentamientos, indigencia, línea de pobreza, tormenta del desierto (u “operativos bélicos”), patologías alimentarias etc. Unos hermosos eufemismos para referirnos casi a lo mismo. Por eso estamos mejor, porque la tele siempre manejó la opinión pública pero ahora nos enteramos; porque siempre hubo “fanas” en el futbol pero ahora han perfeccionado sus estrategias y se cagan matando entre ellos.

Me parece que me voy a comprar un auto unión 66 porque anda con mezcla, es mejor, ¡¡¡casi un híbrido!!! y además poluciona menos.

¿Por qué no nos dejamos de joder con este mundo y lo hacemos girar como corresponde de una puta vez y para siempre?

Porque somos unos berretas!!!

Por hoy nada más. Chau.

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Simple historia del complejo fracaso

Qué lindo cuando la realidad te confirma qué triste que es la realidad. No es un error, es una frase desconsiderada, hasta desprolija le permito -si me permite- cacofónica y no muy atractiva literariamente pero filosóficamente tiene un terrible y espiralado sentido.
Un tipo que uno no quisiera ser, se encuentra repentinamente -y gracias a un talento concreto- con una fortuna y un reconocimiento universales que lo catapultan de golpe al primer puesto en popularidad en varios países del mundo. No quisiera ser ese tipo.
De pronto la vida se le llena de vivos, de advenedizos que le sugieren una y mil tropelías, de rémoras que no contentas con comer las importantes migajas de la mesa del famoso, se paran arriba de ella hasta que un día le orinan la sopa. Pobre tipo.
Ser ídolo no ha de ser fácil.
Entonces luego de ir y venir desprolijamente por la vida y viendo que el torbellino se lo lleva puesto, el corazón del tipo se decide a parar.
-¿Y las nenas? ¿y el amor adolescente que abandoné detrás de tanta puta?-
El tipo trata de vivir una vida común y corriente pero la fama no lo deja. Se le exigen comportamientos de lord, se le supone una sabiduría y una genialidad que tal vez sólo habitaban -y no estaba nada mal- en sus pies, en sus gambas, en ese menearse y desairar a tantos rivales.
Es terrible la realidad.
Le ponen los micrófonos para que hable sobre los grandes temas nacionales y le caen encima cuando dice alguna burrada. Le construyen programas de televisión en los que el tipo se desempeña bastante bien a pesar de su verdad. Ser él no parece desentonar mucho con este nuevo lugar que la vida -a los ponchazos- parece tenerle reservado.
Entonces el político más exitoso de la nación, lo mete a gambetear fantasmas, le ofrece un traje de superhéroe y lo pone a liderar algo de lo que él algo sabe.
Y el tipo se encamina claramente hacia el fracaso llevándose la ¿ilusión?… la ¿pasión? de “miles de argentinos” para quienes sólo el futbol les recuerda a la patria; una patria chiquita y pachorrienta como un barrio o esta otra patria, la grande, la que se encolumna detrás de una bandera cada vez que hay eliminatorias. La patria que nos convierte en sociedad porque no pierden once tipos, la calle dice “perdimos”, “ganamos” “que baile les dimos” y otras expresiones en primera persona del plural, raras para una sociedad tan individualista.
Es lindo que la realidad confirme una idea. Es terrible que la idea de que nuestra cultura está pauperizada, atada al “pan y circo” abusada por “informadores” y “gobernantes” que sólo saben blasfemar, sea la realildad que se confirma.
No le demos más bola al futbol.
Mejor desarrollemos de una puta vez esta bendita nación.

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Bienvenido a Pelotulandia

Tengo los huevos al plato.

Y el plato rajado de tanto tenerlos.

La argentinidad requiere un manual que cambia cada cinco minutos y que nadie se toma el trabajo de imprimir. Entonces, se me ocurre una idea pelotudísima pero muy efectiva: tratar de refundar esta noble nación (dije refundar y usted leyó refundir ¿se da cuenta de cómo estamos?).

¿Alguien me puede tirar una coordenada? porque a veces siento que soy extranjero en mi tierra; polaco pongale. Y fantaseo con que un día voy a subir al colectivo y el chofer me va a saludar en polaco, y voy a escuchar conversaciones en polaco y programas de radio y tv en polaco y voy a seguir sin entender nada (más o menos como ahora). ¿Tan jodido es mantener a una sociedad mansa como la nuestra medianamente conforme?¿Tan difícil recorrer la historia sin simbronazos, con algunos pequeños objetivos comunes que nos motoricen a todos?

¿Que puede hacer un tipo común y corriente como yo para mejorar la calidad de vida más allá de esa única patria que cada uno tiene? ¿cómo hacer algo por la patria que queda más allá de la medianera digo?

¿Se imagina lo que habrá sido la lucha para fundar esta nación? tanto sable, tanta sangre, tanto debate, tanta lucha honorable, tanta idea.

Otra vez, ¿No podremos refundarla en lugar de refundirla cada seis u ocho añitos?

Se me ocurren algunos nombres para la ocasión. Por ejemplo Pelotulandia. ¿No les gusta Pelotulandia? incluso quienes viviéramos ahí -si es que nos decidimos a fundarla- podríamos llamarnos Pelotulandeses (una cosita más europea, más parecida a holandeces o escoceses) y no simplemente pelotudos como ahora.

Así podríamos votar todos los líderes pelotudistas que hoy tenemos, los ultrademagogos, los populistas, los progresistas y los conservadores. Habría Pelotudismo de izquierda, de derecha y de centro y uno no tendría por que saber la diferencia, después de todo, para un verdadero pelotulandés no hay nada mejor que otro pelotulandés… y si lo hace comer mierda, le miente o le roba, mejor.

¿Se imaginan al comité olímpico internacional seleccionando a Pelotulandia para las próximas olimpíadas? ¿Cómo lo ven? ¿y el mundial de futbol de Pelotulandia? ¿qué tal? va tomando color la cosa ¿no?. Obviamente siempre nos dirían que no, pero por pelotulandeses y no por pelotudos como ahora. ¿Ven la diferencia?

En próximas entregas prometo ir desarrollando la cultura de nuestra nueva nación. Recibo adhesiones e ideas para una constitución, un sistema de gobierno y un poder judicial dignos de una pelotudocracia en desarrollo. Es más, me arriesgo a alertar: ciudadanos del mundo, una nueva voz se alza desde estas latitudes! un grito fresco que viene a empiojaros más los negocios, una nueva sociedad sumergida por decisión propia en el fracaso abre los ojos para sacudiros el polvo y sacaros los choricitos de roña de entre los dedos del pie! con fronteras abiertas a la buena voluntad y a la mala también. Asoma Pelotulandia, porque la única verdad es la irealidad!!!!!

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Gutiérrez no llegó (Hay que educar a Gutiérrez)

Tenía que ser. Tenía que pasarme por mi edad y mi nacionalidad. Argentino de -casi- cincuenta. Recuerdo que los libros de geografía de la secundaria me mostraban otro panorama. Y de golpe, ésto. Darme cuenta que ya por aquel entonces la mentira se había convertido en el más firma argumento para la ilusión. El proceso de desintegración nacional llevaba ya muchos años de vigencia; el silencio era salud. Callate y seguí chupando. ¿Cómo podía hacer yo con mis tiernos dieciséis años para compatibilizar las tan machacadas verdades académicas con lo que me mostraba el viaje en colectivo todas las tardes? -Mamá, mamá. ¿qué es la genialidad?- -Decime… ¿no tenés nada que hacer vos?-

Pedimos permiso para pasar unas diapositivas de las ruinas de San Ignacio, justo cuando había quedado atrás la región mesopotámica y entrábamos de lleno en el estudio de la región de Cuyo. Permiso denegado por extemporáneo. Más tarde, la isoterma de enero, con total insensibilidad, se apoderó del curso mandando a diciembre a los amantes de los paisajes, la flora y la fauna. Entre ellos estaba el bueno de Gutiérrez.

Guti y la educación no se llevaban bien. A juzgar por los profesores, Gutiérrez era un incapaz, pero a decir verdad, Guti y los miles de Gutiérrez que habitan este país merecen que alguien los defienda. La crisis por la que viene atravesando nuestra cultura se ha convertido -por ancestral- en un modelo institucionalizado. Y como todo modelo que se institucionaliza en lugar de optimizarse, la causa que lo produce, es nada más y nada menos que la repetición sistemática de premisas que nadie se ocupa de cuestionar. Y no cabe aquí la excusa del manicomio económico nacional. La educación, la inversión de un estado para la formación de sus jóvenes, la inversión a futuro más importante de una sociedad, ha sido una verdadera estafa para todos. Porque el estado nacional invirtió dinero en la educación de muchas generaciones pero -oh paradoja- no para ampliar sus horizontes sino más bien para estandarizar y estrechar sus mentes; no para ayudar a los jóvenes a razonar, a evaluar, a crear y decidir. Sí para obedecer, sí para acatar una caprichosa verdad filosófica única.

-Y, pero qué quiere señora, yo estudié… le juro… cómo no voy a estudiar si necesito cuatro diez para no llevármela. Mi libro dice que fue así…-

-A ver si nos entendemos Gutiérrez… ¿usted por qué autor estudió?-

-y… yo estudio por Bustinza… me lo prestó mi primo-

-Bueeno m’hijo… yo no tengo la culpa! cuando recomendé la bibliografía, hice la acotación de que íbamos a seguir a Ibañez, los otros títulos eran alternativos o de consulta.-

Pobre Gutiérrez, con sus quince años descubrió que la historia argentina tiene en realidad un sólo prócer y una sola opinión adecuada y se tuvo que callar porque la autoridad le dio a entender que era un verdadero nabo si intentaba estudiar una versión distinta de los hechos. Gutiérrez a diciembre, Bustinza también.

Ni siquiera esta buena mujer nos acercaba la posibilidad de aprender al enseñarnos. Repetía una y mil veces a lo largo de los años el discurso amarillento que seguramente escribió con entusiasmo a poco de recibirse. Quince o veinte hojitas manuscritas para enseñar con orgullo la mitad de la historia. Su realización como docente.

Tres años de jardín de infantes (en aquel momento no había guarderías y se ve que ya por aquel entonces yo resultaba un tipo molesto) siete de primaria y cinco de secundaria; quince años para ver a Belgrano izando la bandera o a San Martín cruzando los Andes en las láminas del Anteojito; quince años sin saber quién era Rosas (no cómo era), quién Alberdi, quién Roca, quién Lavalle. Quince años de ignorancia cargada de teoremas, isoiétas, pretéritos pluscuamperfectos y grandeza económica. Grandeza tan estúpidamente hipócrita como los hombres sin pito de los libros de anatomía.

Pero no quiero olvidarme de la defensa de Guti. En realidad el pobre se esforzaba por cumplir, estudiaba, iba a la biblioteca, se documentaba. Su incapacidad residía en que tenía inquietudes, en que iba más allá.

-Señora, su hijo tiene ideas raras; yo no quisiera intranquilizarla pero es un muchacho difícil-

La comprendo señora profesora, yo también lo noto raro; sin ir más lejos el otro día lo encontré encerrado en el galpón cortando un sapo por el medio y anotando cosas. Sus actitudes realmente me preocupan y esto que usted me dice, confirma mi preocupación. De todos modos no voy a pedirle que trate a mi hijo con ningún tipo de consideración especial. El debe adaptarse y su adaptación no serviría de nada si se lo trata con ciertos privilegios.-

Para todos, la escuela terminaba a las seis, a la salida. Para Guti, la escuela era cuestionar y aprender, observar y aportar, proponer y discutir, razonar y crecer. A cualquier hora.

-Pero boludo, te van a rajar… ¿te volviste loco vos?-

-¿Por qué viejo? ¿siempre van a tener razón ellos?… mirá, ellos pretenden educarnos como a perritos… a ver gutiérrez… la patita gutiérrez… ¡muy bien!¡muy bien!… sentado…¡sentado!… eso es… ¡muy bien!. Adiestrarnos, eso es, adiestrarnos para convertirnos en obsecuentes lambetones. El que piensa pierde. ¡Despertate gordo!-

Cuenta la historia que Albert Einstein, cuando chico, era considerado por sus maestros como un retrógrado. Al igual que la Sra. de Gutiérrez, la madre de Albert sufrió la decepción de tener un hijo “estúpido”. Y en este ejemplo, en esta comparación burda y parcial entre el genial Albert Einstein y el ignoto Guillermo Gutiérrez “el Guti”, está quizá la conclusión más clara a la que pueda arribarse hoy respecto a la crisis que por décadas vienen atravesando nuestra cultura y nuestra educación.

Señoras y señores; padres, madres, docentes, autoridades y alumnos aquí presentes; la genialidad se lleva de punta con las doctrinas. Las doctrinas mediocrizan, masifican, fanatizan y anulan. El saber no ocupa lugar siempre y cuando no le quite espacio a la capacidad crítica. El talento sin incentivos es frustración. La mediocridad de los hombres es la parálisis de la humanidad. Einstein y Gutiérrez me dan la razón.

Demás está decir que Guti no terminó la secundaria.

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Diego y Dios en el banco

Escrito en ocasión de la derrota del seleccionado de futbol en Bolivia. Vigente para cada segundo de la eternidad (si no hacemos algo como pensar diferente)

Diego en el banco, un lujo. ¿Qué más? el mejor jugador del momento en la cancha;.el delantero más metedor del fútbol inglés. Otro, por apodo Puppi, que tiene una enorme trayectoria en el exterior, en Italia. Y te digo que hay que ser bueno para mantenerte tanto tiempo con los tanos eh.

Podría seguir pero este no es un artículo sobre fútbol. Porque el fútbol es un negocio que le da de comer a un montón de imbéciles que se sientan cinco días por semana a hablar estupideces en cuanto canal de televisión les de aire.

Te la hago corta. Tenemos un equipo de puta madre que cotiza en varios palitos euro por nuca. Debe ser uno de los más caros del momento. Mayormente constituido por jugadores que triunfan en las ligas más reconocidas. Es verdad, no es joda.

Entonces ¿por qué juega como el joraca? ¿por qué -sabiendo que hay que guardar energías porque la altura te agita- juegan al pelotazo? Porque representan a nuestra sociedad. Están enfermos de argentinismo.

Se trata de una patología que consiste en estar en plena adolescencia política, reventándonos los granitos de pus contra el espejo de la historia!!!!!. Un mal (que por bien no viene) que hace imposible la generación de una acción efectiva; un hecho (no digo una idea porque somos talentosísimos para crear).

Si vos ves jugar a dos equipos latinoamericanos, te das cuenta que los tipos se saludan, se ayudan a levantarse, compiten sanamente. Cuando jugamos nosotros, si pueden nos afeitan las patillas de una patada. ¿Debemos pensar que todos son malos?¿qué están confabulados contra nosotros? ¿qué nos odian porque somos los mejores?. No. Debemos pensar más vale que somos un mar de potencialidades naufragando en las putas aguas de la inacción. Debemos pensar que si lo único que hacemos es buscar culpables de todo (aún de nuestras responsabilidades) estamos enfermos de impunidad y corrupción. Pero no sólo los políticos. Nuestra sociedad está herida de muerte si no cambiemos el paradigma. La creencia de que no tenemos nada que aprender, o de que nadie puede enseñarnos nada, es en realidad encerrarnos en nuestra propia ignorancia. Y la terrible consecuencia de esa ignorancia es la peor de las soberbias.

Invito a que dejemos de andar sacando pecho con los bracitos doblados y los hombros echados para atrás. Es una actitud que pretende disfrazar de musculoso, el arrogante presente de un pobre gordito.

No lo digo por Maradona, lo tomo como espejo mío, suyo y de nuestra bendita sociedad.

Chau.

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La idiotez siempre es ajena

Son los tiempos de Néstor pero el que falla no es Néstor. Somos nosotros, es nuestra sociedad. Y si no cambiamos algunas cosas quienquiera que venga. nos avasallará con la misma soberbia.

Hoy es Néstor, ayer fue “El Carlos” y después el otro y al principio de los tiempos la bendita “Coordinadora”. Claro que se puede hasta disculpar la vehemencia de aquellos muchachos que recibían el poder después de la calamidad en la que nos sumergimos. Encontrar culpables parece ser el deporte nacional y está claro que la culpa -como si fuéramos nenes- siempre es del otro.

Me pregunto quién pone en el poder a estos personajes. Y me respondo que yo los pongo en el poder; usted los pone en el poder; todos los ponemos en el poder. ¿Por qué soy tan crudo con usted, conmigo y con todos? porque evidentemente, no sabemos ejercer los derechos que nos corresponden. Porque -mayormente- no votamos programas sino candidatos y si analizamo el perfil de los candidatos que venimos votando, solo nos quedará comprender que ellos no defraudan, cumplen con aquello que en el imaginario colectivo creemos son las condiciones necesarias para gobernar este país.

¿Puede alguien objetivamente definir el peronismo como una fuerza uniforme? ¿No fue Menem un presidente peronista?¿No lo es Cristina Fernández? ¿No lo fue Néstor? ¿No lo fue Duhalde?. Si la respuesta es “no” termina el análisis. Si su elección es “sí” cabría responder a esta otra pregunta: si son todos peronistas ¿cuál es el programa de gobierno que define al peronismo? el de combatir al capital y junto al capital la economía nacional o el alimentar al capital, principalmente al foráneo?

Hoy nos encontramos ante una nueva elección que permitirá constituir un poder legislativo más equilibrado, para que debata y consensúe, para que acuerde y se oponga. Es una nueva oportunidad que tenemos de salvar la democracia de esta manga de titiriteros frustrados que lo único que desean es llenarse los bolsillos y que lo logran porque no dejan mecanismos de control y auditoría de gestión en pié.

Para que no volvamos a caernos en el mismo pozo, sugiero que votemos a conciencia y exijamos cumplimiento de los programas y proyectos que cada individuo más o menos simpático, más o menos serio, declama en las baratas tribunas de campaña.

Chau.

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¡Somos la Contradicción!

Doña María y Don Marcelino habían nacido en Galicia, España. Más precisamente en Lugo y Pontevedra, de donde partieron sin conocerse hacia este destino común de tantos europeos por aquellos años. “América” era La Habana, Río de Janeiro o Buenos Aires y ellos eligieron el último destino.

Aquí se conocieron, se casaron, y luego de mucha pensión y mucho conventillo, se hicieron de un terrenito en el que poder volcar el único conocimiento que manejaban: una pequeña quinta y un gallinero para autoabastecerse.

Tuvieron cuatro hijos y de uno de esos hijos nací yo: García; mi árbol genealógico se compone además de sofisticados apellidos como Martínez, Fernández y Méndez.

Durante mi infancia -que sé igual a tantas otras- viví en un pujante barrio fabril a la vuelta de una villa miseria y frente a un club “social y deportivo”. Los sábados el olor a pasto cortado invadía el barrio y los improvisados jardineros competían sanamente haciendo verdaderas esculturas con sus ligustrinas podadas a pura tijera.

Crecí entre zanjones de agua jabonosa y calles de tierra, fui al colegio y cumplí con el servicio militar obligatorio “sirviendo a la patria” y al cabo primero Quiroga al que durante mi servicio le hice una cucha para el perro y una cuna para el hijo.

Viví los años de plomo y la guerra de Malvinas, viví el mundial 78 y la vuelta de la democracia.

Viví –y vivo- la esencia de nuestra cultura que es la contradicción. La suprema contradicción de no bancarnos nuestras propias convicciones, de no definir un objetivo común. Como si fuéramos una sociedad que entre la convivencia y la disolución prefiere la disolución.

¿En qué me baso? en que no toleramos al otro. No toleramos al que opina diferente y en esa intolerancia está, no sólo la negación de la opinión distinta –opinión que nos debería enriquecer- sino también la descalificación de quien la ejerce, que termina pauperizandonos, es decir nos hace más pobres. Ejemplos sobran: los de boca no toleran a los de river y viceversa, los de izquierda no soportan a los de derecha y viceversa, los chetos no soportan a los gronchos y viceversa y así podríamos enumerar miles de categorías con esa visión maniquea de los opuestos y como nos definen. La humildad, la grandeza y el esfuerzo no nos resultan familiares. Tal vez sí a usted o a mí individualmente, pero como sociedad digo, no son rasgos que nos definan.

Yo creo que ese umbral de divorcio permanente, ese cruce de roles entre el que hace y el que opina, el que gobierna y el que se opone, van a llevarnos a la destrucción. ¿Por qué? porque ese es el escenario exacto para que fluyan naturalmente la corrupción, el favoritismo la demagogia y la injusticia.

Ok pero entonces ¿qué se puede hacer? Se puede vivir esta democracia de un modo más pleno, fíjese y me dará seguramente la razón:

· ¿Sabe usted cuál es el plan de gobierno de cada partido antes de votar en las elecciones presidenciales?

· ¿Conoce los proyectos que le propone a la sociedad un candidato a diputado, senador o concejal?

· ¿Conoce cuáles son los mecanismos de control que permiten auditar el funcionamiento de los tres poderes que deberían interactuar en la república?

· ¿No está cansado de votar monigotes que se llenan la boca prometiendo idioteces que nunca van a hacer?

· ¿No está harto de que le mientan y lo roben?

· ¿Podrido de que usen la plata de los jubilados para cualquier zafarrancho?

· ¿Indignado de que siga habiendo muertes producto de la pobreza y la miseria en un país con el potencial alimenticio que el nuestro tiene?

· ¿No se cansa de que ante cualquier disyuntiva quieran manejarle el miedo de uno u otro lado?

· ¿De que lo obliguen a ponerse en un bando que no lo representa?

· ¿Hinchado de que cada diez años se venga la tormenta del dólar y las tasas, la especulación y la maldita patria financiera que sigue agazapada abusando de nosotros?

· ¿No está cansado de escuchar “patriotas” que se llenan la boca contra el imperialismo pero invierten en dólares?

· ¿No le parecería sano y sabio que el Congreso se reuniera a definir políticas de estado, comprometiéndose a programas de largo plazo de modo tal que cualquiera que llegue al gobierno deba cumplir con ellos dando mayor previsibilidad interna y externa al país?

Doña María y Don Marcelino no sabían nada de economía ni les interesaba, ellos, como tantos otros inmigrantes habían llegado a estas tierras buscando un futuro mejor, un lugar de paz para armar una familia. ¿Eran ignorantes? Sí, según como se mire. Eran Ignorantes pero eran humildes, esforzados y sabían disfrutar de lo poco que les daba la vida. Para ellos era todo un tesoro.

Como descendiente de esa generación sufrida y mirando a la que nos sigue; considerando su falta de ejemplos, su excesiva “tecnologización”, los ideales peligrosamente individualistas que les estamos inculcando, los peligros de la deshumanización por consumo de drogas y otros anuladores vitales, levanto con humildad mi mano y mi voz para que podamos construir el futuro que todos nos merecemos.

Le agradezco la lectura, le agradezco su opinión -sea favorable o no- sobre lo que yo expongo. Lo hago convencido que cuanta más gente participe mediante su reflexión, la idea se irá fortaleciendo hasta hacerse invencible.

Chau.

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¿Es que no sabemos pensar o que no podemos?

Ahí vamos. Elecciones 2009. Los canales de televisión y los medios de comunicación en general empiezan a construir especulaciones a partir del sano ejercicio de la opinión plural y libre. A partir de esas hipótesis, construyen y reconstruyen personajes buscando mayormente que la opinión pública se agite en confrontaciones primitivas y burdas demasiado parecidas a los programas de chismes de la tarde en los que la vedette de turno se pelea con algún mojigato porque la criticó en el baile del caño.

Después de todo el show, después de la fórmula que posiciona al candidato publicitariamente, después de los spots y las promesas, los mismos hipnoptizados por el baile del caño, votamos a una caterva de gangsters y ladrones disfrazados de cancheros y piolas.

Y después de después, a los cinco minutos de ejercicio del poder, todos los defenestramos, todos hacemos circular mails en los que se muestra lo mal tipo que es el tipo y todo su prontuario que -oh sorpresa- desconocíamos al momento de votarlo.

Nos gobernó el payaso de la ferrari al que todos le rendían pleitecía, el bobo que se fue en helicóptero cuando le exsplotó la bombita de agua en la mano, aún el hombre al que le tiraron el país por la cabeza los propios “compañeros” para sacarle los pies del plato al minuto veinte del primer tiempo; nos gobernó un hombre al que una vez muerto convertimos en prócer, pero a quien mientras debutaba la democracia, TODOS -por acción u omisión- le boicoteamos el gobierno.

¿No sería hora de que trataramos de cambiar ese funcionamiento? ¿Es que no sabemos pensar o es que no podemos? ¿No podemos superar el patrón de pensamiento paternalista que nos proponen los que se nutren de la ignorancia para siempre ganar?

¿No te cansás de ver políticos metiéndose los dedos en la herida, denunciándose entre sí o rejuntándose para ganar en la tele? ¿No se parece demasiado -insisto- a bailando o patinando por un sueño?

En cualquier país democrático, las fuerzas opuestas se juntan para determinar el conjunto de valores que se traduzca en políticas de estado. Esas políticas de estado, comprometen a quien resulta electo a actuar conforme a lo acordado y no a buscarle la vuelta para zafar, y no a disfrazarlas para Construir más y más poder.

¿Tan difícil será romper este esquema mafioso de adueñarse de la cosa pública, de pisotear las instituciones, de destruir o anular los mecanismos de auditoría y medición? ¿Tan complejo será lograr que aquellos personajes votados representen a sus electores más que al camorrista de turno?

Hoy es Néstor “el Magno”, a quién el voto popular puso allí donde está. Ël no es el creador de este sistema, es sólo un abusador más. Su poder se apagará y tendrá que retirarse. Pero el riesgo de que el próximo vuelva a violarnos es enorme porque no desarrollamos la capacidad de juzgar tal violación como hecho aberrante.

Si no lo entendemos, tal vez las próximas elecciones se resuelvan mandando un mensajito a tal o cual número de celular con la leyenda “bailanéstor” o “bailanacha” mientras un jurado sin idóneos seguirá más preocupado por el show y la facturación que por la salud, la educación y la libertad. Vamos a un corte!

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Una idea -la más molesta- pidiendo acción

Yo soy una idea que recorre el mundo llevada por el viento, impensada por nadie pero a la vez universal, una idea sin mayor entidad que la de un clamor. Tampoco soy la creatividad absoluta. Podría decirse sí que soy una idea humilde, salida de una fuente simple. No una elaboración basada en los pensadores clásicos cuyos conceptos se reciclan en cada momento de la historia de acuerdo a la moda. Soy una noble idea de un tipo que anda suelto por el mundo cuestionando, como tantos otros, los brillos de una gloria falsa, construida en la injusticia, declamada por la esencia misma de la demagogia y tan insípida como el olvido; la gloria del mundo que aprendimos a vivir cuando nos olvidamos de buscar la verdadera gloria infinita, única e irrepetible del segundo mismo que estamos viviendo.

Como en mi relato, la trampa elíptica por la que atravesó la humanidad vuelve por su víctima y ha de cobrársela después de una maravillosa voltereta, agitando la capa en el aire en una “Verónica” que esconde como estocada final la miseria y la destrucción del planeta.

Muerte que te frotas alborotada sobre una humanidad de idiotas soberbios que –como monos- se quedan sin banana por no abrir la mano1. Muerte indigna que te acuestas con la ignorancia y le haces robustos hijos torpes y engreídos. Muerte; puta muerte que te nos vienes encima con cada niño en riesgo. Muerte, idiotez, holocausto; fin de esta simpática especie sumida en la hipocresía y la necedad por el poder de los soberbios.

He visto muchas cosas aún sin haberme movido de mi pueblo. He visto helicópteros tirando alimentos sobre Somalía, he visto metrallas y contrametrallas matando gente y lo que es peor, he visto fanáticos de las unas y de las otras, maquinarias todas de la estupidez que nos lleva a la muerte. Y tiranos y rebeldes; y señoras que vuelan por el aire para que se reivindique una causa. Y tanques de la OTAN y de la ONU hermanados en esa hedionda conjunción de olor a pólvora y carne quemadas.

Debo ser una idea algo burguesa que por estar sentada en un típico living de clase media merezca el olvido en un mundo que se debate por vivir mejor de la peor manera posible. Después de todo… ¿qué puedo aportar yo a tan noble y justa empresa?¿qué poder puedo poseer sino el menospreciado poder de las ideas en un mundo pragmático?¿dónde dejé el control remoto del televisor?.

He visto el mayo francés y la liberación de Berlín, he visto a Nagasaky y a Chernobyl, he visto grandes catástrofes en los pequeños ojos de cualquier niño. No los del más pobre de los niños sino los de cualquier niño.

Y he escuchado al poderoso jugar con las palabras prometiendo desarrollo e igualdad mientras su nefasta mano compra y vende fusiles en el mercado negro de la muerte, pagando revoluciones y atentados que justifiquen su poder rector del universo.

Sé que mi fuerza ha de consistir en replicarme; en reproducirme en cabezas mediocres que solo aspiren a vivir mejor como yo lo aspiro y que coincidan en que ese mejor vivir pasa por el rescate de la paz y la armonía, la comprensión y el nutritivo intercambio entre culturas. Me haré visible sólo cuando ellos entiendan que hay que empezar por salvar a la niñez y terminar con el grotesco alarde de fuerza física tan primitivo, tan muscular y tan poco pertinente después de miles de años de pretendida evolución de la humanidad.

¿Alguien quiere una revolución en serio?¿ una cuyo sentido sea verdaderamente positivo? Yo propongo una que no se basa en medir el poder de las escopetitas sino en pensar, en acordar, en reclamar la paz por verdaderos caminos de paz. La revolución de los niños que necesitan alimento, salud y educación y no discriminatorios planes de asistencia que fortalezcan gobiernos y poderes demagógicos. Porque cada niño que así se muere es nuestro niño.

Propongo la revolución de la leche y el pan, la revolución del conocimiento y la salud entrando en millones de pequeños del mundo y logrando definitivamente lo que ningún sistema político ha podido lograr; la justicia entendida como verdadera igualdad de oportunidades independientemente de las latitudes y las patrias, conceptos mezquinos que justifican y engordan tanta desigualdad.

Algún día vi a los políticos del mundo alzando criaturas en barrios carenciados. He visto al mismo emperador abrazando a dos niñas en Nueva Orleáns después de la catástrofe y al patriarca comandante levantando bebes en La Habana. Y saben ellos que esos niños solo sirven como argumentos para aumentar su popularidad y los levantan para ofrecerles migajas; promesas y migajas. Porque los macro problemas no se resuelven con micro soluciones y después de todo… las cámaras de la CNN están por ahí registrándolo todo y quizá los niños levantados inclinen la balanza de la estadística como aislados números en este mundo cruel así que ¿para qué preocuparse por su futuro?.

¿No será acaso que la humanidad sigue pensando que para que haya un amo deben haber vasallos?¿podemos ser tan básicos como para no haber trascendido aún el rudimento lógico maniqueo de que las cosas tienen sentido por el opuesto?

Pan, libros, leche y salud. Aunque los niños no sean negocio.

Eh Norteamérica, eh Inglaterra! ¿de qué os servirán el oro y las balas cuando el fuego lo arrase todo? . Eh Al qaeda! ¿de qué os sirve que muera un solo justo más por vuestra causa justa?. Eh nuevos ricos del mundo! ¿de qué os sirve llenaros de confort si os habéis convertido en sociedades gerenciales en las que ya nadie quiere hacer el noble trabajo duro? ¿por qué abusáis así de vuestra mano de obra africana? ¿por qué la convocáis a trabajar y le escupís el rostro al final de cada jornada?¿Tan pronto olvidasteis vuestra propia hambruna?

Creo que soy una torpe idea con el control remoto del televisor en la mano, agotada en su propia utopía pero no improcedente. Una idea llena de ganas pero cansada de abusos. Una simple y terrible idea de futuro que asfixia y devuelve a la vez la esperanza. Eh ciudadano del mundo!! ¿no compartes nada de lo que digo?.

Pan, libros, leche y salud para los niños.

Conciencia, participación y acción, después de todo las grandes causas se logran con pequeños pasos. Un litro de leche, un poco de pan, un cuento a contar y una revisión médica elemental. Si no hay gobierno que pueda organizar algo tan simple como eso debe haber al menos ciudadanos del mundo dispuestos a hacerlo sin la necesidad de una orden, una imposición, una ley o una campaña publicitaria. ¿O debo pensar que las marchas contra las cumbres de los gobiernos y la globalización también buscan con avaricia y estrechez su miserable cuota de poder político?

¿Dónde estáis ahora piadosos religiosos en lugar de ayudar al prójimo verdadero que muere de hambre? ¿quizá os habéis quedado paralizados en vuestros pequeños ritos mientras los dioses se retuercen de dolor esperando vuestra acción? ¿qué ejemplo vais a seguir, el de la pompa y el boato o el de Teresa de Calcuta entregándose por cada uno de sus enfermos? ¿Y tú hermano judío que guardas el sabbat?¿qué dirían tus patriarcas frente a la observancia de tantos ritos si tu puño se cierra a la cooperación con los distintos?¿no discriminas tu a los diferentes, no te regodeas aún en tu propia discriminación? ¿y tú hermano musulmán, qué te diferencia del resto de la humanidad? ¿y tu hijo de buda? mata ya una de esas vacas que caminan entre tu pueblo y dales comida a tus niños que ningún Dios va a alzarse contra ti!.

En la cúspide de nuestra soberbia hemos concebido dioses a nuestra imagen y semejanza. Necios Dioses que parecen callarse ante la injusticia. Dioses deterministas que nos liberan de las culpas terribles y nos castigan por estupideces. Hemos concebido religiones para ocultarnos y justificar nuestro verdadero pecado de impericia humana. Todos lo hemos hecho pero te invito, a dejar de lado la religión de la idiotez en la que la forma puede más que el fondo, en la que la soberbia propia puede más que la divinidad, en la que los ritos disfrazan nuestras propias miserias. ¿O es acaso que tu Dios no tiene sentido común?

Pan, libros, leche y salud para los niños porque su inocencia y su pureza agradan a tu Dios.

Sigue tu camino y tus creencias pero no olvides al otro.

Soy una idea demasiado transparente para un mundo tan rebuscado. Una piedra en el zapato de tu cabeza, una mosca que zumba cerca de tu oído. Soy una idea estúpida en un mundo en el que sólo se aceptan ideas brillantes. Nada, una pequeña idea tan cotidiana como el aseo. Una inofensiva idea que necesita imperiosamente de ti para hacerse realidad.

No tengo los micrófonos de las grandes cadenas. Su negocio es mostrar aquello que yo quiero extinguir, ojos libados por las verdes moscas sedientas del desierto, barrigas inflamadas de vacío; comandantes de 10 años armados hasta los dientes; infancias sin ilusiones, fantasmas de los niños en lugar de ángeles, llantos desconsolados por la tirana opresión y los espantos de la enfermedad. No salgo en los diarios morbosos de la tarde. No comulgo con la corporación periodística ni con el capítulo 32 de la guerra -siempre justa- del que paga. No soy una idea mercenaria pero sí una idea libertaria que busca expandirse para convertirse en realidad. A diferencia de los medios yo te lo digo: ¡necesito tu cerebro!

Pan, libros, leche y salud sin fotografías ni declaraciones ampulosas en ruedas de prensa.

Virtudes y talentos apagados, quizá alguno fuera el salvador del mundo. Quizá un famoso actor o un concertista prodigioso. Capacidades eclipsadas por bacterias. El genial científico y la bailarina, el astro del fútbol y la maestra rural sucumbiendo frente a la indiferencia del mundo. Vientres hinchados de vacío encaminados demasiado rápido hacia la muerte. Lágrimas que por valer menos que una munición se convierten rápidamente en estadística.

Hombre, mira tus manos y haz algo, lo que puedas y cuando puedas. Haz algo por ti y por tu niño. No sólo por el que come a tu mesa cada día, también por aquel que no conoces. No des limosna sino atención, habla con él, ofrécele algo de comida, escúchalo. La moneda ofende lo más profundo del alma de ese niño que se acerca a ti y que eres tú mismo ¡no lo corrompas ni lo prostituyas!. El metal frío y vanidoso no sirve de nada cuando uno tiene desgarrada el alma.

Hoy se han muerto dos mil niños en el mundo por las peores pandemias que se han conocido en la historia de esta humanidad: La negligencia y la ambición.

Soy una idea exigente pero postulo un diagnóstico y también una solución. Visto que ningún problema se soluciona sino por el principio, no pido que salvéis a todos los niños ni que robes tiempo a tus quehaceres ni que te partas de altruismo. Sólo pido un poco de tu conciencia, lo mínimo; acaso una reflexión.

Yo sé de mí que soy una idea molesta. Sé que pensarme tal vez te de impotencia, frustración y dolor. Mátame de acción y haz lo que puedas. Lleva caramelos, abraza a un niño, dile algo distinto pero ya no le digas “no”…

Si cambio mi actitud personal hacia el sufrimiento y colaboro mínimamente con el que sufre, tal vez mi vecino haga lo propio y el vecino de mi vecino, y el de más allá. Y tal vez yo pueda cruzar océanos y cordilleras llevado por todos los vecinos de esta especie para que cambiando algo simple logremos cambiar el mundo. Ese es el verdadero poder del hombre común.

Pan, libros, leche y salud no servirían sin tu grandeza.

“Pequeño… si… tú… el que duerme dentro de cada adulto… el que sueña con una vida feliz… el que se apasiona y se ilusiona…¿cuál es tu nombre?… necesito honrarlo… ¿y cuál será tu destino sino el destino de la humanidad?…”

1 Referido a una de las pruebas de medición de inteligencia animal que se hace con monos a los que se les pone una fruta detrás de un obstáculo de modo que su mano extendida puede atravesarlo pero una vez asido el objeto les sea imposible retirarla. Si el mono no encuentra un modo creativo de obtener su premio, por más que se aferre a la fruta no podrá retirarla del aparejo. Por extensión morirá de hambre aún teniendo la solución al problema en sus manos.

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Basta de chitrulos y alcahuetes que orinan agua bendita!!!

A veces me pasa. Me parece que cada día me despierto en un lugar en el que la gente cambia de idioma. Entonces yo saludo con cordialidad y la gente se mira entre sí como diciendo ¿y a este nabo qué corno le pasa?, algunos me saludan sí, pero es como si te devolvieran el saludo en polaco!. Camino por la calle y me siento distinto por la simple razón de que no llevo colgado ningún auricular. Si subo al subte me espanto de ver cómo ese nuevo adminículo se la ingenia para que la gente pase varios minutos desenredando cablecitos. ¿Lo harán a propósito los fabricantes?. Y si me aburro de ver gente desarmando “galletas” me topo con los que están mandando y recibiendo mensajitos de texto o jugando con uno de los más de 40 millones de celulares que se vendieron en el país!!!.
Che, no es una crítica eh? es una observación que hago y que les pido que confirmen, nada más.
Como les contaba, a veces me pasa que situaciones elementales que se resuelven con la mera aplicación del sentido común, se vuelven trampas en las que nuestra sociedad cae una y otra vez.
Así escucho a los patriotas que se llenan la boca con consignas progresistas de boliche -lo cual no está ni digo que esté mal-. ¡¡lo malo es que declaman sobre la integración y el desarrollo del país mientras hacen la cola para comprar dólares!!!.
Digo ¿no?, por si no se nota claramente, trato de hablar de coherencia pero es imposible que haya coherencia si no hay conciencia. Después de todo ¿coherencia con qué?.
Me pudro de ver y escuchar (siempre como si hablaran en polaco, turco o chino y sin que esas lenguas tengan nada de malo obviamente) candidatos que se jactan de lo bien que harían las cosas en una actitud arrogante como quien “mea agua bendita” o diría el Señor como quién juzga a los otros implacablemente en actitudes en las que mejor les sería conservar cierta prudencia. ¿No te pasa que todos son más o menos iguales y que cuando encontrás a uno que vale la pena hay que esperar que se muera para reconocerlo porque mientras tanto los otros no le dejan gobernar?
Por qué nos tiene que pasar que el que llega al poder quiere sostenerse eternamente en él y nos termina dando clases de soberbia discurseando contrasentidos como hace nuestra presidente y como lo hicieron anteriormente otros. ¿No es llamativo?
Creo que tiene una explicación. La explicación es que votamos como el tujes. Elegimos al canchero que andaba en la ferrari a 200 justo el día que se innauguraban las multas fotográficas en la ruta 2. O al pelandrún con cara de nada que mientras era intendente de buenos aires no supo ni pudo manejar el despelote de la zona roja y -como un presagio de su accionar- llenó las plazas de corralitos!!!!
¿No será hora de que dejemos de votar rasgos y simpatías personales para votar ideas?
Y si las ideas no se presentan claramente de cara a la sociedad ¿no sería entonces hora de reclamarlas?
Esta gente inescrupulosa actúa así porque somos una sociedad débil que no reclama ni monitorea y que cada vez que descubre que los reyes magos son los padres, deja de creer… ¡en la paternidad claro!
Ánimo y equilibrio pero sobre todo un poco de coherencia y participación de nuestra parte, el futuro de los niños con el que todos cierran los discursos, nos lo agradecerá de verdad.
Ah!… para traducir al polaco clicleá acá!!!
Chau.

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La isoterma de enero era mentira

Todo se concentraba en aprender unas cuantas definiciones más o menos complejas (generalmente más complejas cuando definían las cosas más simples y viceversa). La creatividad que ha tenido alguna gente para inventarse teorías y modelos de representación en esta avanzada del conocimiento sobre la humanidad, no tiene parangón ni siquiera en el mundo del arte. Por ejemplo el que decidió graficar las isotermas. El tipo jamás se habrá imaginado que generaciones completas iban a padecer marcando con el dedito en un mapa la línea de temperaturas que recorre los distintos continentes!!!. Tuve suerte porque a pesar de tanta energía derramada en cosas como esa (en lugar de estudiar el concepto había que esmerarse en recordar si la línea pasaba por New Orleans, Toronto o Massachusets) también había tiempo para enseñarnos a pensar (o al menos hoy creo que pienso) y como de nuestra panza y de los valores básicos de la convivencia se ocupaban en casa, la escuela era el lugar que nos nivelaba y nos ayudaba a crecer.
No sé muy bien cuanto duran las estructuras curriculares, ni quien decide qué enseñar y qué no, pero me parece que el objetivo final de la escuela anda medio perdido de vista. La Educación que debiera constituir una política de estado, anda de aquí para allá esperando un marco definitivo en el que anclar para terminar con el más grave problema de largo plazo que azota a la república. El hambre, la violencia, la ineficiencia de las empresas, la mediocridad de los servicios de salud y la solidaridad ausente; el egoísmo y el fanatismo que hoy nos definen, tienen su base en la falta de educación de todos y cada uno de los que componemos esta nación.
Tal vez en aquellas mañanas en las que revisaba una y otra vez si mi dedo recorría bien la línea de las temperaturas del continente, hubiera sido mejor que mis responsabilidades hubieran tenido otro formato y requerido de otros esfuerzos. Como nada es para siempre, aquella isoterma de enero varió significativamente por el calentamiento global y el efecto invernadero. Tal vez podamos entre todos lograr que la pictórica línea del hambre, la miseria y la violencia, desaparezcan dando lugar a la de la igualdad de oportunidades, el respeto y la auténtica construcción de una nación.
Chau.

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Importancia de la salita azul en el desarrollo de un argentino

El problema se limitaba a aprender algunas cosas elementales, jugar bastante con diversos elementos, tomar la leche, correr en el patio y ser felices. Ese era el mandato que nos daba el “jardín de infantes” o en mi caso el “Infantil” (a decir verdad me sentía como un bicho raro yendo a ese lugar con nombre de diagnóstico cuando todos en el barrio iban simplemente al “jardín”).
No voy a contar el anecdotario completo de aquellos días pero sí quiero reflexionar sobre el valor primordial de esa etapa de la vida. Hoy le llamaríamos la “escolarización” en este ejercicio de definir las cosas con nombres rimbombantes.
Teníamos una orquesta infantil en la que cada uno hacía ruido con algún chirimbolo. Nos enseñaron inglés (aunque hoy sigo asociando la palabra “remember” a la más familiar “remera”, y lo que es peor, cuando escucho “remember” evoco automáticamente una que tenía, rayadita en marrón y verde).
Después la cosa se fue perfeccionando entre los avances de la pedagogía y las ciencias de la educación. Del Jardín y el Infantil que nos enseñaban a ser libres y creativos a las “guarderías” y la departamentalización en”salitas” de hoy en día donde abundan los rincones de juegos para que los chicos vayan descubriendo sus propios gustos y aprendiendo de un modo mucho más estructural.
Y como la vida cambió, tengo para mí y escucho puntos de vista distintos, que debieron crecer desmesuradamente los lugares que sin eufemismos llamaré guardaderos y entretenederos de pibes cuyos padres deben salir a trabajar buscando parar la olla partidos por la culpa y el afán profesionalizador.
Este es un punto de partida para empezar a pensar, a buscar la verdad, a indagar y discutir sobre la educación de la sociedad que conformamos. Sobre quién es el responsable de enseñar “sentido común” y “normas de convicencia” a nuestros niños.
Creo oportuno empezar este blog proponiendo que cada quien exponga en este sencillo espacio cual es su opinión sobre este tema que considero crucial para poder constituir una sociedad en serio más allá del patrioterismo berrreta o el nacionalismo de pacotilla que se nos despierta cada vez que juega la selección nacional.

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Argentina es “Macayista”


Prendo la tele, hago zapping, es domingo, paro en el fútbol. Juegan Argentinos Juniors y Velez. Entonces mandan cinco tomas de la misma jugada, en cámara lenta, en ángulo invertido, desde atrás del arco, desde adelante, desde arriba. La jugada no me mueve un pelo, en realidad avanza Pandolfietti (no puedo dar fe del apellido pero sonaba parecido) avanza Pandolfietti decía, elude a uno, entra al área poblada de camisetas de los dos cuadros, gira, amaga.. y …se cae. Eso es todo. ¡Malísimo Pandolfietti!, pienso, ¡un crotto!, y escucho, acompañando la eterna reiteración de imágenes de Pandolfietti cayendo, como si fuera la voz del mismo Dios, el comentario certero de Macaya Márquez. En su discurso, Macaya plantea que:

1.- Pandolfietti encaró mal al defensor.
2.- Se cae sólo, nadie lo toca.
3.- Cuando produce el giro, se ve claramente cómo se desequilibra.
4.- Si en lugar de girar hacia la izquierda giraba hacia la derecha podía descargar en Priggiani que estaba mejor perfilado que él para pegarle con la cara interna del pié derecho y convertir.

No voy a desmenuzar tales comentarios esclarecedores sobre la imagen de una jugada totalmente irrelevante que acabo de ver cinco veces con mis propios ojos. No lo conozco personalmente pero Macaya Márquez parece un tipo sobrio, serio, creíble. Debe ser un buen tipo que sin quererlo representa uno de los rasgos de nuestra sociedad, ese talento tan argentino que supone el análisis inagotable de lo que acaba de pasar (relevante o no) asociado al postulado de un sinfín de opciones superadoras de lo que pasó, con el siguiente olvido permanente de la cosa hasta que amaine o sea políticamente correcto recordarlo. El relato de los hechos (con mayor o menor intencionalidad) y la creatividad ingenuamente aplicada hacia el pasado. Por un lado lo que fue y a continuación una suerte de traducción al idioma de lo que pudo y debió haber sido.
Somos una sociedad que se expresa con el pasado imperfecto, el potencial y el subjuntivo, algo así como: “Mi abuelo era hombre; si hubiera sido mujer podría o no haber sido mi abuela”, o en términos más académicos: “Sócrates era filósofo, si hubiera pensado sobre la reproducción del tatú carreta no lo hubieran matado con cicuta sino a patadas en el traste”.

En términos de ecuación sería:
1.- Análisis del pasado (apasionado, subjetivo y políticamente correcto)
2.- Planteo de hipótesis de acción vinculadas (si hubiéramos hecho esto o lo otro, bla bla bla)
3.- Conclusión (reconversión del fracaso real y rotundo habitual en un éxito potencial clarísimo)

No sé muy bien por qué, pero tengo la sensación de que el modelo “Macayeano” no contribuye a producir sino palabrerío. Que me disculpe Enrique que es un destacado periodista deportivo del que estoy tomando un aspecto para calzárnoslo como sociedad. No es una crítica a su desempeño sino una observación sobre esta sociedad que me y nos contiene. (En machazo error incurriríamos si pensáramos que la argentinidad y los rasgos de la sociedad argentina nos son ajenos porque somos unos esclarecidos de la hostia).
Les propongo seguir ahondando esta visión sobre los rasgos actuales de nuestra sociedad, para después definir consensuadamente los esperables y tratar de construir el puente de oro entre lo que somos realmente y lo que algún día queremos llegar a ser.
Mis últimas palabras para Pandolfietti quien habiendo nacido en estas latitudes y teniendo la suerte de poder hacer lo que quiere, lo hace tan pero tan mal sin que nadie repare en su escasa eficiencia a la hora de cumplir con su misión.
Chau.

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Salvemos a los bancos… salvemos a los bancos!!!


Voy a ser claro. ¿Dónde está la intelectualidad progresista del mundo propiciando un cambio de paradigmas a la luz del fracaso de la fantochada consumista?¿ Por qué se han destinado miles de millones de dólares para salvar a los Bancos que más han especulado y a nadie se le cae un mango para paliar el hambre y las epidemias en el mundo?
Porque salvar a esas criaturas no es negocio.
Bueno, yo podría oponerme a esa idea desde el riñón mismo del sistema capitalista y todavía tratar a sus mentores de ineptos, ineficaces e ineficientes por no cumplir con un simple argumento creado por ellos mismos a saber:
“Tenemos territorio, tenemos gente, tenemos un mercado”
El África es un mercado potencial para vender desde zapatillas hasta televisores de plasma de acá a 25 años, y desarrollar ese mercado implica una inversión fuerte, aunque no tanto como la que se destina sin miramientos a salvar al sistema financiero. ¡Qué sentido de la oportunidad que tienen estos tipos! ¿no?
Pero más allá de culpar a los papás de la criatura, me espanta la pasividad de los tipos que mueven la “sesera” en el mundo. Los intelectuales están callados cuando deberían exigir a voz en cuello que esta farsa termine, que podamos vivir en un mundo donde la evolución no se mida únicamente por los avances de la tecnología, un mundo más justo en el que el dinero no sea la única variable a considerar.
Pasaron 2008 años desde la venida del Cristo y todavía no llegamos a avanzar un casillerito en el tablero. Las sociedades siguen esclavizadas ya por la vía del trabajo, ya por la de la falta de oportunidades.
Estoy enojado con este mundo torpe y genuflexo en el que vivimos entrampados por la comodidad y la inacción.
Estoy enojado y triste, sobre todo porque mientras yo escribía esto y usted lo leía, no se cayó ningún banco pero sí se murieron aproximadamente 89 niños en el planeta.
Chau.

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La exquisita prudencia

El médico me dijo que en realidad mi vida era una farsa como en “The Truman Show”; que yo había sido seleccionado por mi talento y mis habilidades para este experimento cuando tenía cuatro años. Que al igual que en la historia de “El hombre que ríe” yo había sido expresamente “malformado” sólo que no en mis rasgos físicos sino en mis ideas sobre lo que era vivir.
El Doctor Medina –que así se llamaba- se sinceró conmigo dejándome desnudo de certezas, confuso de seguridades y perdido en mis ahora frágiles convicciones. Como un bailarín que, de buenas a primeras, se enredara las piernas en cada voltereta.
-Lo que hicimos con usted no fue educarlo- comenzó a explicarme.
-Usted ha sido adoctrinado para creer en una simbología que le da certezas y lo contiene en las crisis, un “sistema de valores” -le llamamos- que hace completamente previsibles sus estados de ánimo y sus sensaciones, permitiéndonos manipularlo como si fuera una herramienta-
-Todo lo que usted cree es producto de un arduo trabajo profesional que hemos desarrollado con la ayuda de la NASA, el M16 y el Mossad.- Aquí el Dr. Medina hizo una pequeña pausa, generando un suspenso y unas expectativas que llegaron a incomodarme para luego, definitivamente, anunciarme lo peor.
-García… lamento informarle que nada de lo que usted cree es cierto!-
Y no lo era. No era cierto que el bien triunfaría sobre el mal ni era cierto que el destino de la humanidad fuera perseguir la felicidad. No era verdad el poder desengrasante del nuevo Magistral ni lo era el talento de Bach, Mozart y Pichuco.
En realidad la diversión que me ofrecía todas las noches aquel programa de televisión lleno de planos de traseros y pechos con el conductor gritón y seres comunes que bailan, lloran y se denigran en la perversidad del rating por una causa justa se llamaba imbecilidad y la “pasión” por el fútbol de cada domingo, era sólo un catalizador de violencia- después de todo ¿Por qué otro motivo una persona mataría a otra luego del resultado de una contienda deportiva? ¿22 personas corriendo detrás de una pelota podían valer la vida o la muerte de alguien? Y sin embargo sí. Por menos que eso se mata y se muere!
-Pusimos a su disposición los medios de comunicación y el fútbol para entretenerlo, excitarlo hasta la euforia y deprimirlo hasta la desesperación. Lo mantuvimos “informado” de todo cuanto pasaba en el mundo sólo que ese “todo cuanto pasaba en el mundo” fue siempre una simple selección de impactos para manipular su estado de ánimo y su personalidad. Así lo convencimos de que comer verduras al vapor era sano y lo hicimos fumar hasta taparse los pulmones; lo hicimos desear y frustrarse, lo hicimos hablar de cosas que tal vez a un ser normal y libre no le interesarían. Le generamos opinión sobre minucias y lo hicimos reir con groserías y violencia.- Dicho esto el Dr. Medina me tendió la mano, giró sobre sus talones y se fue.
Me quedé llorando primero y pensando después. Era imposible pensar con una lógica distinta a la que el sistema me había inculcado. Me esforcé por buscar algo de claridad, le recé a un Dios del que empezaba a descreer y en el que nunca antes había creído. Salí a la calle y comencé a relatarle mi revelación a cuanta persona me cruzara. Extrañamente a nadie le llamaba demasiado la atención. Me miraban como si no estuviera contándoles nada nuevo. ¿Eran realmente conocidos o se trataba de agentes del régimen que seguían evaluándome? No importaba. Con el correr de los días me fui convirtiendo en lo que “los normales” llaman un hombre prudente, desapasionado, confuso y alienado, pero ¿no lo era ya? o ¿no lo había sido hasta esa mañana?.
Prendí el televisor, lavé unas hojas de acelga, dos zanahorias y un zapallito y los cociné al vapor mientras se hacía la hora; dispuse la mesa para la cena, y me senté a comer con el control remoto en la mano como todos los días. Se decidía la suerte de dos concursantes que lloraban irremediablemente porque si perdían deberían irse del programa. Las cámaras tomaban a un grupo de chicos con alguna enfermedad mental que se babeaban sin control mientras el locutor que grita auspiciaba el momento con una “promo” de no sé muy bien qué producto. Terminé de pasar el pancito por el plato y sintiéndome prudentemente libre, eructé.
No sé si producto de mi monodieta moderna, de la terrible verdad que me fuera revelada horas atrás, de la perversidad impune de las imágenes que acababa de ver, de mi propia libertad o de mi propia prudencia.
Simplemente eructé.

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¿Qué corno es la igualdad de oportunidades?


Imaginemos un chico de 10 años. Imaginemos que siente alguna atracción por la música, por ejemplo: le gusta como suena el triangulito. Ahora imaginemos que el muchachito tuvo la suerte de nacer en Oslo o en Amsterdam. El nivel de desarrollo de su país le permitirá convertirse problablemente en intérprete de triangulito de las sinfónicas nacionales correspondientes, integrar un quinteto de percusión con otros chicos que ejecutan cencerro del monte, raspa-raspa, platillos y toc-toc (de cedro). Seguramente, sus padres se darán cuenta de su potencial talento para el triangulito y el colegio medirá su potencial, integrándolo rápidamente a la orquesta; será becado y una navidad, entre copos de nieve, leños encendidos y la fantasía intacta, recibirá de San Nicolás (o Papá Noel, o Santa Claus o los Padres si usted lo prefiere) un hermoso triangulito afinado en mi bemol.
He aquí un extremo. Tal vez el extremo al que habría que aspirar aunque quizá con ciertas reservas.

Imaginemos al mismo chico con el mismo talento pero naciendo en Somalía o Burundi. Su expectativa vocacional será proporcional a sus habilidades y su capacidad para la supervivencia. Su interés por el triangulito deberá ser postergado por su necesidad de alimentarse y no contraer ninguna enfermedad mortal o decisiva para su desarrollo. Tal vez ese niño muera sin saber que tiene un talento y una vocación.
Es el otro extremo; el de las fotos conmovedoras de panzas hinchadas de vacío y ojos brillantes libados por las moscas.

Dados los extremos podremos marcar un punto intermedio sin que necesariamente constituya el fiel de esta balanza. Imaginemos al niño que pensamos realizándose en Noruega u Holanda y que vimos sobrevivir con suerte en el África y trasladémoslo por ejemplo a Latinoamérica. Será seguramente un niño movedizo y activo que sintiendo especial predilección por el sonido del instrumento, no vacilará en inventarse uno aunque sea con tres ramitas caídas de un árbol (por una razón obvia, la sonoridad del triangulito “fato in casa” no tiene un pito a la vela que ver con la mágica sonoridad de un triangulito Honner calibrado y afinado en mi bemol).
El chico recorrerá las calles pegándole al triangulito e imitando su sonido con la boca; se interesará sobre cómo participar de una orquesta; comprobará que para tocar el triangulito en una orquesta primero debería conseguir terminar los estudios ya que hay muy pocas escuelas que brinden buena educación completa y que destaquen por su orientación musical; una vez terminados los estudios, comprenderá que tiene que conseguirse un trabajo porque tocar el triangulito en la banda no le alcanza para vivir y mucho menos si quiere tener una familia o comprarse una casa; entonces y siempre que Dios esté de su lado, conseguirá trabajo en una compañía de seguros, un banco, una estación de servicio, un delivery un call center o un supermercado perdiendo de a poco su talento en esta otra postergación –no tan terrible como el extremo anterior- pero igualmente injusta y frustrante. Tal vez algún día, cuando se jubile, logre acordarse de que cuando era pequeño tenía una cierta inclinación por “algo” vinculado a la música. Será ya un vejete frustrado que habrá pasado gran parte de su vida preparándose para –en algún momento- poder vivir mejor.
Yo no digo que todos los niños de 10 años a los que les gusta el triangulito respondan a los tres prototipos planteados, pero aún con la ironía, la exageración y hasta –le puedo aceptar- el mal gusto de mi parte, ¿no es este relato prueba suficiente de que hay que repensar el mundo desde otros valores?
Chau.

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