Diferencias en cuanto a la concepción de la sexualidad (pscicoanalisis, saber popular, y médico)

El psicoanálisis El saber medico El saber popular
La hipótesis acerca de la sexualidad como elemento motor de la actividad psíquica construye la hipótesis secundaria de Freud.

Al buscar la explicación del origen de las patologías mentales en algún acontecimiento traumático de la infancia, supuso que ese acontecimiento había sido de naturaleza sexual. Lo que lo lleva a modificar el concepto de sexualidad como actividad genital, afirmando que la sexualidad es la fuerza que sostiene el vivir en su sentido ulterior de energía libidinal.

Al estudiar la sexualidad del adulto y observarla a la luz de los conocimientos adquiridos sobre la vida sexual infantil, no muestra a la sexualidad solo encaminada a la reproducción o equivalente a las funciones digestivas, respiratorias, etc. sino que trasciende lo biológico. El concepto de pulsión, a diferencia del de instinto, se impone como un concepto limite entre las concepciones biológicas y psicológicas.

Según el psicoanálisis la vida sexual no comienza con la pubertad, se inicia con manifestaciones después del nacimiento, distinguiendo lo genital de lo sexual.

La vida sexual aspira al placer en zonas del cuerpo, una función que luego es puesta al servicio de su procreación, pero a veces esas dos funciones no coinciden íntegramente.

Desde el nacimiento hasta la pubertad la pulsión sexual se halla formando un conjunto de pulsiones parciales, siendo el fundamento de la sexualidad infantil. Los contenidos que caen bajo represión están siempre ligados a la temática sexual. Freud va a entender este concepto como la búsqueda del placer que nos acompaña a lo largo de la vida, cursando diferentes fases del desarrollo psicosexual hasta llegar a su genitalidad. Las fases de las cuales Freud habla son: oral, anal, fálica, periodo de latencia y genital.

En la fase oral la búsqueda de placer esta centrado en la cavidad bucal y en los labios, la alimentación y el chupeteo. La primera experiencia de satisfacción se desarrolla durante esta fase. El deseo y la satisfacción quedan marcadas para siempre, no será el objeto concreto alimentarse, sino aquello que representa.

La fase anal se desarrolla entre los 2 y 4 años y coincide con la maduración biológica del músculo voluntario llamado esfínter anal. Esta función esta ligada al momento de defecación (expulsión- retención), en relación con su dominio y control, dándole un valor simbólico a las heces.

La fase fálica aparece como la unificación de las pulsiones parciales bajo la primacía de los órganos genitales, teniendo como característica que tanto el niño como la niña reconocen como único órgano el masculino, el falo, dándole valor simbólico. Una de las primeras fantasías que surgen en esta etapa es acerca de la posición o no del falo, relacionándose también con lo que Freud denomina complejo de castración, sentimiento inconsciente de amenaza que experimentan los niños cuando verifican la diferencia anatómica con el sexo opuesto.

En esta etapa se desarrolla el complejo de Edipo, cuando el niño comienza a sentir sensaciones voluptuosas hacia la madre y siente con respecto a su padre admirado un sentimiento de rivalidad, ya que es el obstáculo entre él y su madre, generándose un sentimiento ambivalente de odio y amor.

El complejo de Edipo es estructurante de la estructura psíquica del sujeto, lo que determina la manera de vincularse con el mundo y consigo mismo. El atravezamiento del complejo nuclear (complejo de Edipo) determinará la sexualidad de cada sujeto.

Luego aparece el periodo de latencia, que por efecto de la represión hay una disminución de actividades y fantasías ligadas a lo sexual, pero si hay sentimientos en sus relaciones con los objetos e inquietudes relacionadas con el aprendizaje, con lo moral y lo estético.

En la pubertad, las pulsiones parciales se unifican bajo la primacía de la genitalidad organizándose y jerarquizándose. En esta nueva etapa aquellas pulsiones que no logran integrarse en forma definitiva a la genitalidad encuentran el camino de la sublimación.

El psicoanálisis desarrolla un acercamiento a lo sexual apoyándose en lo biológico y lo genital, pero a la vez trascendiéndolo ya que la sexualidad pasa a ser la esencia de toda la actividad psíquica humana.

La moderna psiquiatría del siglo XX recoge la tradición de la sexualidad relacionada con la aflicción mental, cotidianamente expresada en los saberes populares. La relación entre alteraciones mentales, estados crepusculares y déficit en el ejercicio de la sexualidad es convicción creciente en su practica cotidiana de la medicina.

Científicos de fines del siglo XIX, quienes construyeron la sexología como una ciencia del comportamiento sexual partieron de hipótesis basadas en la herencia y su transformación, y así intentaron explicar las diferencias de las conductas sexuales humanas.

Según el saber medico, la vida sexual humana consiste en el afán de proponer en contacto los genitales propios con los de una persona del otro sexo. Ese afán emerge en la pubertad, edad de madures genésica al servicio de la reproducción.

Cada época histórica esta determinada por una forma particular de construir la realidad, de valorar los aspectos del acontecer social, de seleccionar lo que considera prioritario. Este estructurante originario que determina el pensar y el hacer, es el imaginario social.

Según el imaginario social, la vida sexual humana consiste en el afán de proponer en contacto los genitales propios con los de una persona del otro sexo. Ese afán emerge en la pubertad, edad de madures genésica al servicio de la reproducción.

Puentes educativos

La escuela enfrenta hoy uno de sus más grandes desafíos: repensarse y acomodarse las nuevas demandas culturales, a un mundo de conocimiento que avanza y se modifica permanentemente. Para eso hay que recordar que la escuela es un proyecto social, político que surge y se desarrolla en un momento histórico determinado.

 Actualmente se necesita una institución educativa flexible, capaz de atender a los nuevos  desafíos cognoscitivos que enfrentan los alumnos.

 Hoy se presentan dilemas sobre qué escuela proponer para los chicos que tienen conflictivas sociales de violencia,  qué escuela proponer para aquellos chicos  de los sectores más vulnerables que están incluidos en la escuela, pero excluidos del sistema de salud, del sistema político. ¿Puede la escuela en tanto espacio organizado ayudarlos a construir otro discurso respecto de si y de su futuro?

La escuela en tanto espacio de participación cultural, produce subjetividad y deja sus huellas en el desarrollo cognitivo de los jóvenes que la transitan. La participación en las situaciones escolares produce formas particulares de pensar, valorar y resolver. El conocimiento es un bien que se construye conjuntamente, por eso es importante incluir a la familia y al alumno en cada situación que preocupa y detenerse cuidadosamente en la construcción de estrategias particulares para propiciar los diferentes procesos escolares. Los padres deben estar comprometidos y acompañar siempre el proceso de aprendizaje de sus hijos.  Pero ¿cómo lograr que las familias de estos alumnos se involucren?

 Para ello hace falta tender puentes entre las escuelas desbordadas y las familias desbastadas.

Esto sería para facilitar la inclusión educativa de formas inesperadas, distintas de las lógicas tradicionales desde las que funciona la institución escolar. Por eso no son simples de instalar por un sistema  educativo altamente burocratizado y jerarquizado. La idea es contribuir al dialogo real con esas familias, habilitando las voces de los alumnos y de sus padres, escuchando los sentidos que ellos atribuyen a las cosas que hacen en la escuela.

Se puede convocar a los padres desde otro lugar: se pueden aprovechar las actividades escolares para  producir encuentros con las familias. Encuentros centrados en potencialidades y lo saberes, y no tanto en las dificultades. Encuentros donde todos pudieran aprender.

Por eso es la responsabilidad de los adultos de la comunidad educativa orientar y acompañar a estos chicos en sus trayectorias escolares. Construir conjuntamente con los docentes alternativas para que aquellos jóvenes que se muestran en dificultades puedan aprender sostenidos y con sólidas ayudas.

La escuela de hoy marca la necesidad de crear nuevos formatos, de generar apoyaturas para numerosos alumnos que parecen no poder acomodase a la labor escolar.

Para que sea posible que los actores de las instituciones educativas, los padres y las madres, los chicos puedan construir prácticas transformadoras que favorezcan la inclusión real, y estas prácticas se sostengan, es necesario que exista la voluntad política de alojarlas.

Por ejemplo existe el Programa Puentes Escolares de la Dirección de Inclusión Escolar del  Ministerio de Educación del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, creado en el año 2001,  con el fin de integrar a los chicos/as en situación de calle a espacios educativos adecuados a sus necesidades.

A través de este programa se fortalecen y acompañan las trayectorias educativas de los chicos, chicas y jóvenes en situación de calle mediante talleres que funcionan en centros de día o instituciones comunitarias.  Se trata de una propuesta educativa que promueve la apropiación y recreación de los conocimientos educativos y culturales y posibilita ámbitos de integración social.

El programa trabaja en dos líneas de acción: la tendiente a la revinculación educativa (espacio de los talleres) y la tendiente a la reinserción escolar (reingreso a espacios educativos formales).

Puentes Escolares acompaña en el diseño y puesta en marcha de propuestas específicas de apoyo y seguimiento de los procesos de escolarización de chicos/as en situación de calle (o en camino de dejar de serlo) en estudios primarios, post primarios y otras ofertas del sistema.

Crisis y enfermedades psicosomaticas

El aumento de los padecimientos psicosomáticos es directamente proporcional al crecimiento de la preocupación por la crisis mundial.

La población empleada en diferentes empresas comienza a sentir miedo a perder sus puestos de trabajo. Ese miedo se manifiesta en competencia con sus compañeros, lo que se traduce en enojo, ira, envidia. Pero a nivel corporal surge el insomnio a causa del stress, cansancio, fatiga, irritabilidad.

 Como si el stress fuera poco, los consultorios psicológicos se desbordan de consultas por adicciones al vicio, a las drogas, al alcohol, consecuencia directa del temor a perder el status alcanzado.

 Además el consumo de psicofármacos para alivianar tensiones crece paralelo a los miedos y a los ataques de pánico, producto de una sociedad violenta y fragmentada.

Nauseas, mareos, vómitos, stress, fatiga, cansancio, fiebre, dolor estomacal, contracturas muchas veces son resultado de una crisis que implica desempleo,  transformaciones productivas drásticas, o precarización de las condiciones de contratación.

La importancia de la función paterna

La importancia de la Función Paterna en la crianza de los hijos

La autora Erika Grisolia sostiene: “Hay una multiplicidad de factores que desempeñan un papel importante en el proceso de paternalización: la infancia del padre, sus cualidades afectivas, su nivel sociocultural, el apoyo afectivo de la madre del niño, su relación de pareja etc” [1] Por eso podemos decir que la función paterna en la clínica psicoanalítica puede ser crucial en la estructuración psíquica del sujeto, puesto que esta función es la que permite vehiculizar al significante fálico que es lo que separa a la madre del hijo, introduciéndose de esta manera la castración, y colocando así al sujeto en una posición de falta, siendo esta falta fundamental para el surgimiento del deseo en el sujeto.

La función paterna posibilita esa condición de falta en la existencia del sujeto, abriendo un vacío que no puede ser colmado. Esta falta posibilita el deseo, y la demanda, siempre metonímica e inagotable, pues remite a la carencia generada siempre por la castración.

La función del padre simbólico como soporte de la ley al prohibir el incesto, posibilita el ingreso del sujeto al orden de la cultura y accediendo el niño a la metáfora paterna se instala en el orden simbólico

En el seminario sobre la relación de objeto, Lacan inicia destacando que toda la obra de Freud se puede leer alrededor de un eje central, la función del padre: “… a través de sus sueños y el progreso de su pensamiento, todo lo que ahora sabemos de su vida, de sus costumbres, incluso de sus actitudes en su familia, contada por el señor Jones de una forma más o menos completa, pero cierta – toda ella se resume a ésto – ¿Qué es ser un padre? “(Lacan, 1995, p 206).

Freud supone que la atracción sexual infantil por la madre y los celos contra el padre probablemente constituyen un fenómeno universal: “Cada uno fue una vez, en germen y en su fantasía, un Edipo” (Freud, 1985, p. 3584)

Luego Freud va a decir: el “complejo de edipo es la clave de las neurosis”.

Tomamos como ejemplo el caso Juanito.

La estructuración de la sexualidad, desde la concepción freudiana, pasa por diferentes formas de organización, pero un punto central para la constitución de la misma tiene que ver con el complejo de castración, es decir, el paso por el edipo. En el momento del análisis del caso Juanito, Freud parece apegarse a una noción de edipo simple: para el niño significa amor hacia la madre y odio hacia el padre, pero el asunto no es tan simple. El niño parte de la teoría sexual sobre la universalidad del pene, pero luego bajo el efecto combinado de la amenaza de castración proferida generalmente por el padre, aunada al hecho de la angustia provocada por la percepción del cuerpo femenino privado de pene; son interpretados como consecuencia de la castración. El eje a partir del cual el edipo masculino se organiza, culmina y se desanuda es la angustia; la angustia de castración, miedo es ser privado de esa parte del cuerpo que considera de gran estima, el pene. Esto marca la prohibición de la madre, y con ello la promesa de poder acceder a otras mujeres.

En síntesis la conjunción de la percepción de la castración de la madre y la amenaza de castración son los elementos que licitan la angustia. Y aunque la amenaza puede ser proferida por la madre, como el caso de Juanito, su ejecución generalmente recae en el padre; he aquí la función paterna.

La mirada lacaniana conceptualiza la función paterna desde otros órdenes de registro, pues en primer lugar descentra la función paterna con respecto a la materna. Además de ello señala el papel mediador que la madre tiene con respecto al vínculo entre la función materna y el hijo, así como su acción radicalmente diferenciadora en relación previa, dual, especular.

Sus consideraciones le adjudican también a la madre una función como estructurante del deseo del niño, pero esta estructuración sólo puede considerarse en función de la doble prohibición paterna. Con ello el padre introduce la ley en el vínculo previo, que determina una ruptura y un reordenamiento. El niño y la madre deben reconocer que el deseo es imposible de colmar con objeto alguno, que la ilusión de llenar la falta es imposible de alcanzar. Recordemos que el niño desea ser todo para la madre, el complemento de su carencia, es el deseo del deseo de la madre y para satisfacerla se identifica en el lugar del falo.

La función paterna, desde la óptica de Lacan, sólo adquiere tal dimensión en la medida en que la metáfora paterna logra reprimir el deseo materno; en tanto ella acepta la prohibición del incesto. Así se prepara la declinación del Edipo, en la medida en que el niño acepta la castración simbólica que efectúa el padre al separarlo de la madre, como no siendo el falo.

La función paterna posibilita esa condición de falta en la existencia del sujeto, abriendo un vacío que no puede ser colmado. Esta falta posibilita el deseo, la demanda, siempre metonímica, inagotable pues remite a la carencia generada siempre por la castración.

La función del padre simbólico como soporte de la ley al prohibir el incesto, posibilita el ingreso del sujeto al orden de la cultura y accediendo el niño a la metáfora paterna se instala en el orden simbólico. Al darle un nombre propio, lo sitúa como integrante respecto a un linaje de generación.

Sin embargo, estamos hablando de un ideal, de lo que debería ser el complejo de edipo y la función paterna, pero tal función siempre falla, siempre hay un reducto de goce que no puede simbolizarse.

Lacan en el seminario de Las formaciones del inconsciente comenta: “recordemos al padre de Hans: presente, inteligente, amable y no obstante totalmente inoperante porque su palabra, ante la madre carece de valor. La posición del padre es cuestionada entonces, y esto es en definitiva lo que sujeta a Hans al deseo de la madre” (Lacan 1970 p 87).

En este marco, se puede pensar nuevamente el síntoma (de algo, puede ser enuresis por ejemplo), como un grito de auxilio, una llamada al padre, si el padre no es capaz de establecer la ley – no lo castra- El síntoma representa significativamente la metáfora paterna fallida. Allí aparece la metáfora sintomática. Aparece para suplir lo que ha fallado. El síntoma como un organizador del mundo simbólico (en debacle) del niño.

Las carencias del padre real no pueden ser subsanadas, en tanto no haya padre simbólico que vehiculize la castración. Cuando ha habido fallas en la elaboración de la simbolización esta función sé imagina continuamente (sea en las fantasías, sueños o ciertas acciones) todas nos hablan de una idea de corte más o menos desfigurada, formas de suplencia frente a esa no-castración.



[1] GRISOLIA, ERIKA (2008): “El proceso de evaluación psicológica en la clínica con bebés. Análisis de Casos” Ficha del Departamento de Publicaciones de la Facultad de Psicología-UBA, Pág. 7.

Crisis y Enfermedades psicosomáticas

El campo de la salud mental es un conjunto heterogéneo y contradictorio de prácticas sociales, que a su vez se hallan sometidas a los efectos de las diferentes transformaciones.

Se modifican las formas y relaciones de trabajo, desaparecen industrias tradicionales y se desarrollan otras, se flexibilizan ( o precarizan) las condiciones de contratación

Para poder hablar sobre los padecimientos subjetivos de la época en la que estamos viviendo, vamos a proponer una articulación entre lo económico, lo institucional y la vida cotidiana para comprender las formas particulares de producción de algunas enfermedades.

En el texto Subjetividades de época y prácticas de Salud Mental, la autora Alicia Stolkiner intenta articular algunas de las modificaciones de formas institucionales – familia, trabajo, comunidades – con los nuevos perfiles de afecciones subjetivas. También señala la aparición incipiente de nuevas formas societales.

Propone introducir: tres delimitaciones metodologícas en la articulación del sujeto y la sociedad: lo económico, las formas institucionales y lo cotidiano. La autora dice “En el extremo estaría la irreductible particularidad de cada sujeto, esa que reconocemos en la práctica clínica, que sin embargo se constituye con los elementos de lo genérico, con la “materia” que le brindan las significaciones sociales de la época”.

Lo económico no solo es inseparable de lo político, sino también de las tramas de la vida diaria en que se particulariza lo genérico- social. No se trata de que algo influye en los sujetos sino que se entreteje en el texto de su configuración en la medida en que se imbrica en las representaciones sociales y en las formas institucionales (las determina y a su vez es determinado por ellas). En realidad estas transformaciones económicas articulan con transformaciones en la vida cotidiana, y en la cotidianidad los determinantes sociales operan en los sujetos, afirma la autora.

Es decir, lo económico determina y a la vez es determinado por estas representaciones sociales y formas institucionales en un sujeto colectivo”. La autora no considera a lo económico como algo que influye en el sujeto ni lo analiza desde su externidad, sino que lo encuadra en un determinado sistema ideológico-cultural y social.

Asimismo, la concentración de la economía a nivel mundial, la transnacionalización de los capitales y la universalización de la información parecen coexistir y polarizar con una tendencia a la disgregación y fragmentación cada vez mayor,

Los procesos de ajuste, a veces llamados estructurales, promueven una fragmentación social seguida de reagrupamientos parciales. En la medida que determinan una concentración de la ganancia a nivel de la sociedad en su conjunto, desplazan o sumerge sectores enteros y promueven a otros a una cultura del consumo de niveles ascendentes.

Ana Maria Fernández en “Vulnerabilización de los jóvenes en Argentina: política y subjetividad”, dice: “en Argentina a partir de la década de los 80 se han extremado los mecanismos de inequidad en la distribución de bienes materiales y simbólicos. La pobreza no solo se ha incrementado, sino que el surgimiento de nuevos pobres – las clases medias y ex obreros calificados- permiten configurar nuevas cartografías sociales que evidencian rupturas de la red de seguridad social, la incertidumbre laboral e institucional, la mutación de los actores sociales históricos y el tipo de relaciones colectivas e individuales, macro y micro sociales, donde es difícil imaginar que aquellos que fueron “expulsados” en la crisis del 2001, puedan reposicionarse con mínimas garantías de empleo, seguridad social, etc.”

Stolkiner dice “Desde 1974 hubo de todo: estancamiento de la inflación, crecimiento económico con aumento del desempleo, baja en el nivel de millones de trabajadores y altos nivel de paz social, aunque sea evidente para todos hay que recordarlo: la crisis del capitalismo es también la crisis de las ideas y de las perspectivas. Un momento de pausa que, mientras produce una baja sensible en las seguridades axiomáticas del pasado, impone una atención mas puntual hacia procesos históricos originales que requieren nuevos instrumentos analíticos para su interpretación. La realidad deja de ser una extensión enriquecida de alguna teoría y se convierte en reto y momento de redefinición de toda teoría”…..:“La “mundialización” de la crisis condujo a la aplicación de políticas comunes internacionales para su superación. La apertura de los mercados, la desestatización de la economía y la flexibilización laboral conforman hasta hoy el trípode organizador de la respuesta capitalista”.

Podemos decir que en Argentina en 1976, se había iniciado una recomposición global de la función del estado y había un proceso lento para los tiempos en que transcurre la vida humana pero acelerado para las temporalidades de la historia en la cual se iba a terminar de consolidar una reorganización global de la sociedad, ese producto final es lo que estamos viviendo ahora.

En la década de los 80 se comenzó a generar un desenmantelamiento de los principios básicos de los estados sociales: es la sensación de que uno debe garantizarse su sobreviviencia de manera individual, cueste lo que cueste, y además de que no hay red de contención.

Asimismo el modelo económico nunca es exclusivamente económico, lo macro económico a su vez se relaciona con las dimensiones particulares de los sujetos, y no estoy hablando de causa efecto (uno de los problemas con que nos enfrentamos, es el modelo causalista) debemos pensarlo en términos de sistema, debemos verlo como influencias articuladas. Porque cada vez que se produce un efecto económico de un tipo, hay micro movimientos institucionales que se producen de manera incontrolable, aun para sus gestores, y a su vez hay transformaciones de la cotidianidad de las personas y de las producciones colectivas de sentido. Esto no es una influencia unidireccional, a su vez estos fenómenos microsociales impactan (a veces de manera inesperada) sobre los macro.

Vale mencionar los conceptos de Concentración y Fragmentación, los cuales se oponen entre sí, pues, la concentración se da en un sector minoritario de la sociedad con altísimos niveles de consumo. Mientras que la fragmentación, segmenta a la sociedad en distintos márgenes de integración, unos con exigencias laborales en aumento y otro marginalizado.

Lo cual genera en la sociedad una brecha económica, social y cultural, que afecta al funcionamiento social en su conjunto.

Stolkiner, los denomina sectores y no como grupo o clase social, porque: “no se trata de grupos homogéneos o categorizables como clases sociales, en cada uno de ellos se atonomizan los vínculos internos. La modificación de las formas laborales, la precarización del empleo y la proliferación de sus formas marginales rompen ejes centrales de organización social y de establecimiento de acciones solidarias. Asimismo producen efectos en la familia y en las formas no laborales de relación. A esto se agregan los desplazamientos migratorios masivos”.

“Hablar de la marginación es hablar de los excluidos en sociedades que, a su vez, son periféricas y marginales en términos de poder y economía.”, continua diciendo la autora.

Luego Stolkiner sigue afirmando “La implementación de las políticas neoliberales en los países centrales se hizo desde el inicio en formas democráticas de gobierno y con un margen de consenso importante. En América Latina, que alcanzo en la década del 70 altos niveles de conflictividad y lucha social, la implementación de estas políticas estuvo, en la mayoría de los casos, a cargo de gobiernos dictoriales.” termina afirmando la autora.

“El fenómeno de la precarización desarticula mitos al soporte de una perspectiva del futuro: el del progreso por el trabajo, el de sentar las bases para que los hijos tengan una condición superadora de los padres, el de la planificación de la vida”, sostiene Stolkiner.

Con respecto a las formas institucionales, entendidas como forma de producción y reproducción de las relaciones sociales, sus procesos de crisis parecen diferenciarse del estallido del que se hablaba en las décadas del 60, 70. Se rigidizan en rituales o gestos mientras, simultáneamente, se vacían de significación, Son atravesadas por la tendencia a la desagregación y a la fragmentación y lo instituyente en ellas no siempre puede ser considerado “mejor” que lo instituido, desde el punto de vista de la realización humana.

La misma autora asegura: “Procesos que también se manifiestan en las formas particulares de malestar o padecimiento subjetivo, y en los perfiles epidemiológicos de la población. Por lo que, las prácticas en Salud Mental deben poder resignificarse a partir de las demandas potenciales o efectivas que se dirigen a ellas y por la operatoria que estos procesos tienen en ellas”.

Emiliano Galante sostiene:Los refugios de la identidad parecen atenuar como nunca los padecimientos recrudecidos de la alteridad. Lo que los actores de las nuevas practicas no visualizan es que lo esencial de su actitud no surge del interior de sus fantasías o deseos, ni siquiera de su imaginación, sino de los desesperados esfuerzos por adaptarse a las coordenadas de una nueva situación social y cultural, que empuja a todos, pero especialmente a los mas fragilizados por su situación existencial, hacia la exclusión y la marginalidad.”

Es decir estos padecimientos como la adicción a las drogas son recrudecidos en épocas de crisis sociales, ya que los jóvenes se encuentran muchas veces marginados, sin empleo, y se refugian en las sustancias toxicas, en las adicciones.

Alicia Stolkinner dice: “la carencia de posibilidades de construcción de una perspectiva de futuro y de espacios claros de participación social, parecen asociar, particularmente en poblaciones jóvenes, con la búsqueda de circuitos sustitutivos. El consumo de drogas y psicofármacos esta relacionado con la carencia o derrumbre de un proyecto existencial, ligados a la falta de la posibilidad social de realizarlo, por la marginación social en general y del mercado de trabajo en particular.”

Galende afirma “en las actuales condiciones es esperable un crecimiento de lo que se engloba bajo la denominación de patologías narcisistas: trastornos de carácter, perversiones, adicciones, conjuntamente con el aumento de las depresiones de diversa índole.”

“En el caso de las adicciones el alcoholismo en América Latina hunde sus raíces en la conquista. Sin embargo nadie puede negar su incremento y la edad más temprana de su inicio, según algunos estudios realizados se asocia significativamente con las situaciones de desempleo, la precarización del trabajo. Nuestro país llegó a ocupar el segundo lugar de venta de medicamentos, circulación de drogas ilegales y el uso abusivo de psicofármacos. Lamentablemente la ausencia de posibilidades de construcción de una perspectiva de futuro y de espacios de participación social parece asociar especialmente en poblaciones jóvenes, con la búsqueda de circuitos sustitutivos.”, afirma Stolkiner. Relacionándolo con la adicción a las drogas, podemos decir que un padecimiento vivido como individual forma parte de un complejo proceso social. “Hay un aumento en la prevalencia de la enfermedad cuando se trata de un fenómeno de erosión de vínculos comunitarios.”…“Estas formas organizativas son precarias y vulnerables en la medida en que son gestados en la marginación.”, continua Stolkiner. “En la Argentina este proceso adquirió una dimensión paradigmática por la confluencia de particularidades históricas y de ubicación en el escenario internacional. La radical transformación de la relación entre Estado, Mercado y Sociedad Civil, iniciada bajo el periodo dictatorial, se concreto durante la década del 90 y culminó, en el siglo que se inicia, con altísimos índices de desempleo, una concentración sin precedentes de la riqueza y una fase recesiva en profundización., sostiene Stolkiner. La autora manifiesta que “Junto con esta reflexión macro habría que recordar que la producción y transformación de representaciones y prácticas reconoce una dimensión microsocial. En cada acto de salud, en cada contacto institucional se reafirma, construye o desconstruye una concepción sobre sus actores que, a su vez, los produce. Es esta potencialidad transformadora la que invita a una actitud de reflexibilidad sobre las prácticas actuales”.En la “vieja sociedad” la representación de “progreso” social y la de ascenso individual organizaban las estrategias familiares y las transmisiones y vínculos intergeneracionales, dándole un sentido lineal a la temporalidad subjetiva., termina Stolkiner. La autora dice: “Simultáneamente constituía un marco de razón para la postergación de las satisfacciones inmediatas en pro de logros futuros, propios o colectivos. En contraste con ese modelo, la sociedad actual, que algunos denominan de exclusión, destruye los supuestos o representaciones de progreso y de seguridad, fragmenta las identidades al tornar inestables y transitorias las inserciones en el mundo del trabajo y pulveriza cualquier fantasía de previsión de futuro.” Entonces como dice Stolkiner “Ya no se trata del individuo de la competencia por la acumulación, capaz de sacrificios actuales en miras a un futuro, sino de un individuo de consumo, centrado en placeres inmediatos. Se le propone que sea individualista, pero bajo la forma de ser exactamente igual a los otros, portador y sujeto de discursos homogenizantes por los medios de comunicación, con deseos enlazados a fantasías (reflejo precario de los hábitos de los grupos de poder)” Dice Emiliano Galende “la adquisición de objetos de utilización personal que sustituyen el encuentro con otros. De este modo se debilita el deseo y la acción, incrementándose el aislamiento y el sentimiento de vacío.” Dice Stolkiner: “Tenemos dos tendencias de la organización familiar ahora: uno es la nueva familia en que la autoridad ya no es tan vertical, la autoridad se tiene que discutir consensualmente entre la pareja y eventualmente con algún hijo, y simultáneamente, hay una tendencia a la fragmentación, al estallido de la forma familiar, de manera que pierden capacidad de contención hacia sus miembros mas frágiles.: los niños, los ancianos, los enfermos. Después aparecen las nuevas formas comunitarias, las nuevas formas organizativas sociales. Stolkiner continua:”Estas formas reorganizativas tienen la tendencia de producir una subcultura normativa y valorativa donde el mensaje de los medios es resignificado de una manera particular”… “comparten una serie de características ecológicas, culturales, económicas, legales, psicológicas que determinan un perfil social común, una comunidad de procesos que reproducen permanentemente su condición de marginalizados”… “Drogas, alcohol articulan en su producción con intereses económicos de gran magnitud y su consumo es incentivado activamente de diferentes maneras. Desde el lado de los consumidores, su vulnerabilidad frente a esta oferta creciente quizás deviene de la misma vulnerabilidad relacionada en que se desenvuelven sus vidas y de la imposibilidad de construir proyectos que permitan soportar las situaciones vitales. En las ultimas décadas del siglo XX, que sucedieron a la crisis de los setenta, y el inicio del siglo XXI se produjo una acelerada transformación del mundo en el marco de los que algunos denominan tercera fase en el proceso de internalizacion de los mercados. Fase en la que se trato de imponer la lógica de mercado como principio básico de organización de las sociedades y se subordino la lógica productiva a la rentabilidad financiera”. Para finalizar podemos decir, como afirma Stolkiner que “El análisis de tal complejidad requiere necesariamente de una multireferencialidad teórica y vuelve ineludible el enfoque interdisciplinario. Hemos mantenido una línea que intenta articular dimensiones macro, meso y micro sociales de análisis, tratando metódicamente de rastrear las transformaciones en lo económico, lo institucional y la vida cotidiana como vía de comprensión de la producción subjetiva” …“Estas transformaciones son vistas como simultaneas e interactuantes, renunciando a la idea de causalidad o determinación unidireccional. También nos enfrentamos a la dificultad de analizar procesos, movimientos permanentes y por ende de diagnosticar tendencias mas que estados”, sostiene Stolkiner.

¿Cómo deben intervenir los psicólogos en las escuelas?

¿Cómo debe intervenir un/a psicólogo/a en una institución educativa, para que el marco donde realiza su práctica sea amplio?

Para hacer un análisis y discutir como debiera intervenir, primero debemos partir de las características del establecimiento donde se trabaje, las particularidades de la población que asiste, y el rol del profesional del ámbito psi ya establecido previamente en el colegio. Segundo debemos usar el concepto de Intervención del Psicólogo en la escuela. Esto nos posibilitara comprender cómo y de qué manera es la intervención en ese colegio, por qué se puede llegar a esperar que sea de esa forma. Además posibilitará la apertura de cuestionamientos de algunos interrogantes, visibilizando aspectos invisibles hasta el momento, criticando otros, y creando soluciones hipotéticas a los problemas planteados.

Varios autores, entre ellos Noemí Aizencang y Betina Bendersky sostienen que es el compromiso de los psicólogos educacionales, construir conjuntamente con los docentes alternativas para que aquellos chicos que se muestran en dificultades puedan aprender sostenidos y con sólidas ayudas. Hay que involucrarse, y pensarse como parte de este espacio, no desde una posición externa que evalúa los logros y desaciertos, sino como verdaderos protagonistas, compartiendo la escena con el otro. La responsabilidad es orientar y acompañar a estos chicos en sus trayectorias escolares. Contamos con espacios escolares que significan para muchos jóvenes el lugar de lo posible[i] Por su parte, el autor Daniel Valdez, sostiene entre otras cuestiones que un psicólogo que participe activamente en reuniones de profesores en las clases con los alumnos, o que colabore en el diseño de un proyecto institucional, que “salga” del ámbito de su gabinete para compartir distintos momentos en la vida de la escuela, creara alternativas que diversifiquen su modo de inserción y sus posibilidades de intervención.[ii] Valdez sostiene que hablar del rol del psicólogo educacional limita las posibilidades de intervención y las reduce al despliegue de un papel esperado que ha de jugar el psicólogo en la institución. El rol considerado como un lugar a ocupar según las expectativas preestablecidas, aparece como un espacio fosilizado en el que la capacidad de generar nuevas estrategias de trabajo sufre restricciones. Valdez prefiere hablar de identidad como una “condición dinámica, nunca estable, nunca completa “(Pág. 32): la tarea del psicólogo implica un proceso de construcción de una identidad profesional. Es en el propio campo de las practicas[iii] que se define un modo de desarrollo profesional atendiendo al abanico de potenciales intervenciones desde lo psicoeducativo. Cada escuela propone desafíos diversos y supone un proceso de negociación permanente entre los diferentes actores, entre lo instituido y lo nuevo. Proceso que demanda toma de decisiones, búsqueda de alternativas frente a situaciones nuevas e inesperadas, creatividad para resolver situaciones conflictivas.[iv]

Por su parte, María Cristina Chardon, aclara que la participación es la posibilidad real de incidir en las decisiones que afectan la vida cotidiana nivel de una población, a nivel institucional o de la sociedad global. El modelo de trabajo es participativo en la medida que se tratan de conocer las opiniones y sentimientos de los diferentes actores que conforman la institución. Así el psicólogo es alguien que puede leer y leerse en las tramas discursivas de los diferentes actores de la comunidad. Puede ayudar a pensar y anticiparse a los hechos antes que sucedan, puede promover acciones para una participación más efectiva de los diferentes colectivos: docentes, padres, alumnos.

Plantea una relación de horizontalidad con el docente que consulta, tomándolo como un profesional con saberes propios a partir de su formación y experiencia, que hay que valorizar para que se incluyan en la reflexión. La misma autora reflexiona que pensar al psicólogo en la escuela desde la prevención es construir un espacio y un lugar diferente al de la lógica hegemónica. Entrar en una escuela implica un proceso de “negociaciones (simbólicas) de acceso” que están atravesadas por una actitud respetuosa de los psicólogos hacia los integrantes de la comunidad educativa, lo que supone un modo distinto de posicionarse respecto de la población con la cual se trabaja. Esta posición se debe actualizar y sostener con cada entrada y con cada uno de los agentes que componen la comunidad educativa. Las acciones están guiadas por “valores” que son el fundamento de las mismas: respeto mutuo, aceptación de las diferencias, saber y poder escuchar. Esta actitud respetuosa significa priorizar su aspecto participativo, de cooperación horizontal y de reflexión critica acerca de lo que se hace, se produce y sus consecuencias. Implica valorar al otro, como poseedor de conocimientos que nos interesa conocer. El “otro” con el que se intercambia y confronta en la escuela, en una relación asimétrica, o de pares, es importante para pensar y considerar como opera en la construcción de la subjetividad.




[i]( Nicastro, 2005, 213) Aizencang Noemí; Bendersky Betina “Acerca de las intervenciones psicoeducativas en la escuela: prácticas que posibilitan”

[ii] Valdez Daniel (2001) “El psicólogo educacional: estrategias de intervención en contextos escolares” en: Elichiry Nora (Comp) ¿Dónde y cómo se aprende? Pág. 174, 175

[iii] Las prácticas proporcionan al sujeto educativo entramados de inserción en la cultura. Estas no son neutras, y sabemos que cada práctica tiene su historia. La cuestión no radica en dar recetas sino en aceptar la función contradictoria de las practicas educativas y orientar las propuestas según las posibilidades que brinda el contexto. Pensamos este accionar desde prácticas diversas que incluyan experiencias sistematizadas, la participación conjunta de diversos actores y la transformación dentro de los límites del entorno de las instituciones.

El campo de prácticas esta siempre en proceso de redefinición, por la inadecuada transferencia y por las asincronías de tiempos entre las urgencias del sistema educativo para tomar decisiones y los tiempos de investigación. Elichiry Nora (2000) “Evaluación: saberes y prácticas docentes” Págs. 75 a 91 en: Boggino-Avendaño (Comp) La escuela por dentro y el aprendizaje escolar.

La forma en que los individuos intentan resolver los problemas esta intrínsecamente relacionada con los valores y las metas de la sociedad, con los instrumentos, y con las instituciones por lo que se refiere a la definición de los problemas y a la práctica de su solución. Rogoff Bárbara (1993). Aprendices del pensamiento. El desarrollo cognitivo en el contexto social. Caps 3, Paidós. Barcelona., Pág. 93

[iv]( cf. Chardon, 2000) Valdez Daniel (2001) “El psicólogo educacional: estrategias de intervención en contextos escolares” en: Elichiry Nora (Comp) ¿Dónde y cómo se aprende? Pág. 175

¿Qué implica la noción de subjetividad?

Para hablar de la noción de Subjetividad primero hay que deconstrir, revisar aquellas narrativas psi que han colocado la subjetividad como interioridad, en oposición a un mundo o realidad pensados como exterioridad. Esta desnaturalización debe formar parte de un modo de pensamiento que intenta repensar por ejemplo las oposiciones binarias clásicas como interioridad, exterioridad, individuo sociedad, estructura acontecimiento. También se deben repensar los dominios de objetos unidisciplinarios y sus territorializaciones profesionales. Actualmente se comenzó a ver esta tendencia que implica constituir espacios transdiciplinarios donde las teorías intervinientes aportan problemas más que sistemas.

Siguiendo a Focault hay que replantear los diferentes modos históricos de subjetivacion como elementos estratégicos en el disciplinamiento de cada sociedad. Dicho disciplinamiento se cumple marcando los cuerpos de los integrantes de esta sociedad; se deben analizar los modos históricos de subjetivacion como inseparables de la indagación de las estrategias de poder que en ellos intervienen, y las estrategias de poder en la producción de subjetividad. Esta cultura psi fue un dispositivo fundamental en las transformaciones de las sociedades disciplinarias. Las sociedades disciplinarias instituyeron en la modernidad occidental un modo histórico de subjetivacion particular, inédito hasta entonces, el individuo. Sujeto de libre albedrío, autónomo, ciudadano, sujeto a las normas del libre mercado.

El nuevo poder propio de la época será el poder disciplinario que parte del principio que será mas efectivo vigilar que castigar, es decir domesticar, normalizar y hacer productivos los sujetos en vez de eliminarlos. La edad de las disciplinas inaugura tecnologías de individuación que establecen una relación con el cuerpo que a la vez hacen dócil y útil, como diría Focault.

En Notas para un campo de problemas de la subjetividad, Ana Maria Fernandez va a decir que el individuo ha sido uno de los medios de subjetivacion de la modernidad (el visible), también fue un dominio de objeto alrededor del cual se han instituido en complemento, suplemento con su par antinómico la sociedad el conjunto de disciplinas que constituyeron las ciencias humanas.

Las lógicas del objeto discreto fueron necesarias para poder realizar las demarcaciones básicas de las disciplinas de las ciencias humanas, hoy el análisis critico de tales narrativas implica un cambio de paradigma teórico y una revisión de sus practicas instituidas, pero para eso se deben evitar soluciones reduccionistas y mantener la posibilidad de sostener la tensión operando dentro del campo de problemáticas. Habrá que transitar la tensión de las epistemologías del objeto concreto y la producción de redes transdiciplinarias que permite crear nuevos pasajes de lo visible e enunciable, para ello como veíamos el par antinómico individuo sociedad exige su elucidación critica. La de construcción de este a priori conceptual abre la posibilidad de realizar un pasaje de un criterio antinómico de individuos versus sociedades hacia una operación conceptual que pueda evitar una resolución reduccionista y permita sostener la tensión singular- colectivo. Solo sosteniendo esta tensión se puede pensar la dimensión de la subjetividad en el atravesamiento del deseo y la historia.

Hoy la tendencia se inscribe en un nuevo intento de superación de los reduccionismos psicologistas y sociologistas.

Este criterio transdisciplinario supone replantear varias cuestiones y una de ellas es el abandono de cuerpos nocionales hegemónicos de disciplinas “reinas” o saberes arqueotipicos a los cuales se le han subordinado otras disciplinas satelizadas, Ana Fernández, criticará a las Disciplinas Reinas porque se presentan como verdaderas. En realidad lo que plantea la autora es que la subjetivación es plural, polifónica, es pensar desde distintos modos de producción subjetiva, sitúa en una reflexión critica los efectos de la sustancialización de los relatos de la interioridad psíquica estructurada en la infancia.

Volviendo al tema de repensar la noción de subjetivación en El niño y la tribu, Ana Maria Fernández va a decir que es necesario focalizar nuestra atención sobre algunas transformaciones de las llamadas sociedades disciplinarias a las sociedades de control, para poder ubicar estratégicamente el lugar que han ocupado los dispositivos psi en los nuevos modos de subjetivación, en particular cierto sentido común profesional que hace sinónimos psiquismo y subjetividad y que ubica a esta como interioridad.

Las nuevas formas de violencia, la caída del deber, la desustancialización de los valores estarían dando cuenta de las significativas transformaciones en los lazos sociales, pero también de los modos de subjetivación propios de la modernidad y de una mutación de las significaciones imaginarias sociales fundantes de ella. Puede ser que se haya universalizado algo que tiene mas significado si guarda más relación con la localidad. Para que aquello que se universalizo pueda particularizarse es necesario abrir noción de la subjetividad a sus dimensiones socio históricas y operar una elucidación critica de las nociones universalizadas, es decir de desesencializar.

De los años 50 en adelante se producen transformaciones en la esfera política y económica mundial, el estado, las instituciones, la famila, el sujeto queda sometido a critica, y empezamos a ver unas sociedades de control. Mas que sancionar o castigar se trata de comprender los motivos de la conducta, las motivaciones de su accionar.

Se ve la fractura de la sociedad disciplinaria hacia una sociedad mas flexible que estimula las satisfacciones de las necesidades, es decir cambia la significación colectiva de autonomia, de la obligación moral a cumplir con las reglas consensuadas pasa a importarle la realización personal, el respeto por la singularidad subjetiva, se ha puesto en juego otra idea de un individuo libre, es el paso de las libertades políticas a las libertades psicológicas. Se produce un desinvestimiento de lo publico a favor de lo personal, junto a una desustancializacion del yo, del cuerpo y de los valores, el consumo es el nuevo modo de disciplinamiento social. Esto va acompañado de la psicologizacion de los social, es decir la formación de una cultura psicológica que naturaliza explicaciones de la interioridad psíquica para fenómenos institucionales y sociales, o sea que implica una tendencia a reducir al máximo los investimientos públicos y aumentar en lo posible las prioridades de la vida privada. O sea que esta psicologizacion de lo privado- sentimentalización de lo publico tiene como principales consecuencias las retracciones de los objetos comunitarios, el reemplazo del ciudadano por el consumidor, por esto puede verse una caída de la legitimidad de cuestiones fundantes de las relaciones contractuales que inauguro la modernidad. Cae la credibilidad de las instituciones, de los políticos.

Los 90 son las crisis de los grandes relatos, ofrece la oportunidad de replantearse verdades instituidas, de recuperar ciertos aspectos de la imaginación radical obturados en ciertas prácticas y teorías. Es decir la oportunidad para abrir áreas de visibilidad que dichas cristalizaciones impiden.

Estamos ante una mutación de las significaciones centrales del imaginario de la modernidad, hay cambios de costumbres y estas transformaciones también incluye la articulación entre acciones y valores. Hay una idea de autonomía personal mas psicológica que publica.

El primer tiempo de la modernidad pudo separar la moral y la ética de la religión e instituyo una moral republicana laica hacia el cumplimiento del deber, organizaban normativas disciplinarias que garantizaban el cumplimiento de las instituciones publicas y sostenían el disciplinamiento de la vida privada. Los universos de significación que sostenían estos modos de subjetivacion, esos modos de disciplinamiento parece ser que son los que entraron en mutación. Hay un desfondamiento de la base disciplinaria de las instituciones de la modernidad que están dando paso a la formación de subjetividades mas flexibles en el marco de una sociedad que estimula la rápida satisfacción de necesidades. El consumo como nuevo eje de individuación, hace necesario el control de los deseos, el yo se ha vaciado. Lo mismo dice Varela cuando afirma que las pedagogías psicológicas transmiten una visión del mundo que ha de adaptarse a las motivaciones y deseos. La educación institucional esta mas destinada a la búsqueda de uno mismo, a vivir libremente sin coacciones. Se trata de formar seres comunicativos, creativos, con personalidades sensibles, flexibles y automonotorizadas capaces de autocorregirse.

¿A qué se debe el fracaso escolar?

La educación existió desde siempre, pero la escuela como forma de socialización privilegiada y lugar obligatorio para los niños de todas las clases, es una institución moderna, que surge a fines del siglo XIX. Este dispositivo[i] fue creado por los Estados Modernos Capitalistas, con el fin de homogenizar a su población para formar ciudadanos y trabajadores, con el supuesto de producir igualdad de oportunidades, integrando por primera vez a los sectores populares históricamente excluidos, pensados por primera vez como sujetos educativos.

Además, al niño tal como lo percibimos hoy, al igual que la escuela, es una institución social de aparición reciente. A los niños se los caracterizó como débiles, para poder ser tutelados, rudos, por eso necesitan civilizarse, maleables de donde deriva su capacidad para ser modelada.

Pero lo que es importante es comunicar que la construcción del fracaso y el éxito escolar existen solo desde el inicio de la escuela masiva, graduada, gratuita y obligatoria. Esto se debe a las características y particularidades que asume el proceso de aprendizaje en la escuela, como por ejemplo, su forma particular de organización de tiempo y el espacio, para diferenciarse del juego, los roles asimétricos entre el maestro y el alumno, las normas de excelencia[ii] que son las que suponen alcanzar el éxito o el fracaso, creado por adultos para el niño, quien asiste muchas veces sin deseo de aprender, lo cual muchas veces se expresa en las tasas de repitencia[iii], de sobreedad, y en la deserción[iv]escolar.

Existen investigaciones donde usaron pruebas formales e informales a los mismos chicos de sectores populares de Brasil. Con ellas se vio que niños y adolescentes podían usar métodos “naturales” o “inventados” de resolución de problemas y aunque totalmente correctos, no son aprovechados y son descalificados por la escuela. Según los investigadores en la escuela, los problemas tienen significados diferentes que los de la vida cotidiana, y los métodos de cálculo aíslan el valor relativo de los números durante la ejecución. Con diferencias entre los métodos orales y escritos, el alumno que ya sabe sumar, no aprende a sumar según las lógicas legitimadas por la escuela.

Por eso podemos decir que el éxito o el fracaso escolar solo puede entenderse en la interacción de los procesos de desarrollo y aprendizaje de los alumnos en interacción con el régimen de trabajo escolar.[v]

Entonces la escolarización implica una oposición y ruptura respecto al espacio cotidiano de la vida, a la forma habitual de estar, hablar, moverse y actuar. La escuela genera un aprendizaje descontextualizado en cuanto transmite un saber desconectado del ámbito donde este se produce y aplica, no crea conocimientos ni es lugar para su utilización. Para el maestro es necesario (por pertenecer a una institución regulada por el estado) cumplimentar un contrato, progresar en el plan de estudios, imponerles exigencias a los alumnos y esperar que cada uno lleve a cabo su trabajo con seriedad y constancia para asegurar el buen funcionamiento del grupo.

Sin embargo, la mayoría de los alumnos comprenden con rapidez que para tener éxito, hay que preparar estrategias que les permitirla sacar ventajas, por ejemplo, que para alcanzar el éxito basta con hacer buen papel en la evaluación en los momentos decisivos y en las materias determinantes. Muchos de los que no las aprenden o llevan a cabo, fracasan en la escuela, cuando en su vida cotidiana, pueden ser excelentes cobradores de ventas.

Por eso, para los algunos investigadores el fracaso escolar aparece como un fracaso de la escuela. Fracaso localizado en la incapacidad de comprobar la real capacidad del niño. En la incapacidad de establecer un puente entre el conocimiento formal que desea transmitir y el conocimiento práctico del cual el niño ya dispone, a diferencia de las primeras explicaciones reduccionistas que intentaban explicar el problema con un posicionamiento aplicacionista, que postulaba la aplicación directa de los conocimientos científicos de la psicología al ámbito educativo. El fracaso era un problema que portaban los alumnos en forma “individual” como enfermedad o déficit. Para ello se usaron herramientas psicológicas: los test de inteligencia, y se aplicaron las pruebas piagetianas, para determinar el nivel operatorio de los niños y buscar correlaciones con el desempeño en tareas similares pero con otros objetos.

Nosotros debemos ver el Fracaso escolar como la consecuencia de múltiples factores, que van desde las características de los alumnos y de los profesores, pasando por las metodologías de enseñanza, hasta factores institucionales, por lo que no puede reducirse a un problema psicológico individual. Como todo problema complejo, exige un abordaje interdisciplinar, que de cuenta de la multidimensionalidad de sus procesos, trabajando simultáneamente con otras disciplinas para poder comprender el problema. Donde el psicólogo educacional trabaje desde un modelo participativo, pudiendo incidir en las decisiones que afectan a la vida cotidiana a nivel institucional, o de la sociedad global.



[i] Dispositivo: Es un conjunto heterogéneo, que incluye cualquier cosa, lo lingüístico y lo no-lingüístico, discursos, instituciones, edificios, leyes, medidas de policía, proposiciones filosóficas, etc. El dispositivo en sí mismo es la red que se establece entre estos elementos.(Foucault ,“Vigilar y castigar”, 1975)

[ii]Perrenoud Ph (1990) La construcción del éxito y del fracaso escolar. (Caps. VII ) Morata Madrid.

[iii] La tasa de repitencia indica el porcentaje de alumnos matriculados en un año/grado de estudio dado de un nivel de enseñanza en particular que se matriculan como alumnos remitentes en el mismo año/grado de estudios de ese nivel, en el año electivo siguiente.

[iv] La tasa de deserción indica el porcentaje de alumnos matriculados en un grado/año de estudio dado de un nivel de enseñanza en particular, que no se vuelve a matricular al año lectivo siguiente como alumno nuevo, remitente, o reinscripto.

[v] Régimen de trabajo escolar es sinónimo de proceso de aprendizaje en la escuela, anteriormente mencionado, poseen las mismas características. El trabajo escolar es una actividad impuesta por el maestro y evaluada en virtud de las normas de excelencia, Perrenoud Ph (1990)

Justicia

El presente texto se inscribe en uno de los campos problemáticos del tema de la justicia, la que puede definirse en cuestiones en torno al otro como prójimo. Se elige esta perspectiva porque en el tema de la justicia también aparece el problema del otro en relación con la subjetividad. Pero este problema del otro comienza con la Modernidad, (mas que nada con Hegel, el ultimo Moderno y su dialéctica del Amo y del Esclavo, porque para Descartes, el otro todavía no es un problema en la constitución de la subjetividad) ya que para los antiguos la esencia esta en lo dado, en la jerarquía de la polis, y la función del hombre era tener una cierta vida propia dentro de la comunidad. El lazo social se explica en Aristóteles porque el hombre es un animal político que vive en sociedad.

La jerarquía está en un cosmos que, como lo indica la noción griega, posee este ordenamiento teleológico. La polis se inscribe en esta naturaleza de las cosas que hace que el hombre viva en ella en concordancia con la ordenación cósmica.

En cambio, en la Modernidad aparece el contrato social, que es una ficción racional que apela al del estado de naturaleza. Hobbes plantea que todos tenemos derecho a conservarnos en la vida, ya que somos libres e independientes. La argumentación apela a que en este estado previo de naturaleza, todos somos iguales, y como el deseo de todos por querer todo para sí puede generar la guerra de todos contra todos, esto se limita por pactos, por el contrato social, que será el que da origen al estado moderno.

Esta comunidad, que aunque hoy se encuentra en crisis, está regida por el pacto social y, es la que le debe garantizar la justicia del ciudadano. Pero ¿cómo sería el planteo contemporáneo de los distintos autores, teniendo en cuenta los problemas de la actualidad, que distan mucho de parecerse a las conflictivas en las que se encuadraron los escritos de Aristóteles y Kant con respecto a la justicia?

Tenemos que tener en cuenta que ya desde los Antiguos, hasta el día de hoy, la justicia ha sido siempre un punto de partida para abrir varios horizontes divergentes acerca del logro del bienestar de la humanidad.

Desde el planteo Aristotélico se puede ver que la justicia planteada desde la polis se basa siempre en la relación con un prójimo, apelando a lo que le conviene al otro.

Sin embargo, a partir del mundo moderno la justicia será el resultado del ejercicio del poder o del derecho soberano, que define a la condición humana. La cuestión de la naturaleza será problematizada a partir de la condición de racionalidad de lo humano, porque naturaleza tiene su sinónimo en la esencia, y las esencias serán puestas en discusión.

Ya en el Siglo XX, y en un contexto de reconstrucción de la Modernidad, la justicia será planteada desde distintos marcos, uno de ellos es el marco de Charles Taylor, autor canadiense, quien ve la justicia como un derecho a la pertenencia, es decir como inclusión cultural. Para este autor, la justicia esta relacionada con el problema de la identidad y el reconocimiento de la misma, ya que implica la contextualización y la vinculación con una tradición, un lenguaje, un territorio.

El presente trabajo intentará dar cuenta de cómo se definió y enmarcó a la justicia en relación con el otro, en las distintas épocas. ¿Se puede pensar que hoy, tal como la delimitan los distintos autores, ésta es el resultado de un largo proceso de demarcaciones?

Desarrollo

Empezaremos por Aristóteles, un filósofo nacido en Macedonia, discípulo de Platón en Atenas. Ya desde su libro Etica nicomaquea intenta buscar la esencia de la felicidad, y la explica reduciéndola a una sola clase de hombres: los sabios; pues la felicidad radica en el desarrollo de la virtud esencial del alma: la sabiduría contemplativa que capta las verdades eternas y duraderas.

Luego apunta a la esencia social del hombre: su naturaleza misma es ser social, racional. Sin esa esencia social el hombre estaría por fuera de su propia naturaleza.

La vida política, solo se lleva a cabo en una sociedad que legisla acerca de las acciones, que se interesa por las cuestiones prácticas, y por el uso adecuado de la razón.

Solo en la ciudad es donde la vida humana encuentra su expresión completa. Fuera de la ciudad, fuera del organismo social, las partes no tienen ya de su esencia más que el nombre, como el órgano, el pie, o la mano, fuera del cuerpo vivo.

La autora Hanna Arendt, al estudiar a la polis griega, sostiene que en ella la función del hombre era vivir una vida activa[1]. El modelo político de la polis griega clásica se basa en la participación directa de todos aquellos que son ciudadanos en la asamblea ejecutiva, legislativa y judicial.

Por otra parte, Aristóteles comienza preguntándose acerca de qué es una “comunidad”. Afirma que en toda comunidad existe alguna clase de justicia y amistad. Además la define como cualquier asociación entre dos o más individuos quienes poseen intereses comunes y participan de una acción común. Por lo tanto, la finalidad del Estado no es propiamente ni la defensa común ni la organización de los intercambios, sino el reinado de la justicia. Sin duda la posesión de un territorio, la seguridad militar son condiciones necesarias para la existencia de un Estado, son como el sustrato de la unidad política, pero no bastan para constituirla; se necesita una comunidad.

La vida social no aporta solamente la satisfacción, en el hombre, a una inclinación natural; sino que responde a una exigencia de la naturaleza razonable. Si es instintivamente, por una inclinación natural como el hombre va inducido a la vida común, ello radica en la índole de ser razonable que aspira a la justicia, a las leyes, a la vida política y para ello fue dotado del lenguaje. Lo que caracteriza a la democracia es que todos los hombres libres participan en ella del poder, gozan de iguales derechos y son igualmente ciudadanos.

Para Aristóteles, el ciudadano es aquel que vive en la polis, es el hombre que participa de la administración de justicia y del mantenimiento de los servicios de esta comunidad. El estado, por su parte es un cuerpo adecuado para lograr una existencia autosuficiente. Pero a partir de esta definición, Aristóteles quiere apuntar a que esencialmente hay personas que naturalmente serán gobernadas, como las mujeres y niños que no participan en la realización de la bondad y de la racionalidad, y las personas naturalmente gobernantes.

En la actualidad tropezarse con un Aristóteles es difícil. Todos acordaríamos con que esta discriminando. ¿Cómo hoy podría hablar de justicia cuando afirma que solo la plena realización de las virtudes morales es atinente solo a los que participan en la vida pública política, que esta reservada a los hombres libres, adultos y varones? ¿Dentro de que marco podría decir que las mujeres participan de la virtud y de la racionalidad pero en un sentido limitado, dada su pertenencia natural a una asociación menor, el hogar, sin que los movimientos feministas lo escarchen? Hoy es realmente imposible, pero para el Aristóteles de la Antigua Grecia la justicia existe más bien en relación con la esposa que con relación a los hijos y a los esclavos;[2] sólo que se trata entonces de la justicia doméstica, diferente de la política. Como decíamos antes este filosofo no es un discriminador, no es que no tiene en cuenta los Derechos de las mujeres y de los niños, sino que las relaciones entre las personas en la Antigua Grecia solo debían guiarse por un criterio de justicia, que no se basa en la igualdad, en la equidad, en la imparcialidad, (como diría Rawls) sino en meritos respectivos, porque así estaban dadas las cosas, por lo tanto deben ofrecer y dar más afecto quienes son menores, el que es mejor y más útil deberá recibir más afecto que el que profesa. Ninguna interacción humana olvida el lugar político de sus actores, sus meritos no se definen por bondades específicas de ese sujeto, sino por el lugar del posicionamiento político de cada actor social.

La justicia política para Aristóteles es la justicia total, significa la virtud[3] relacionada con el hábito que se ejerce con razón, siempre teniendo en cuenta al prójimo, al otro, (aunque todavía no como parte constituyente de la subjetividad.)

Aristóteles en su planteo de la justicia en la polis, la va a dividir en distributiva, a cada uno lo que le pertenece, sin embargo, estos se necesitan mutuamente, y es la moneda, el instrumento de intercambio abstracto entre personas de diferentes rangos, lo que une a la comunidad, lo que hace la dependencia de unos con otros; la justicia restitutiva, donde se trata de reparar la desigualdad, y la correctiva, la que intenta corregir los errores. Podemos decir que para Aristóteles, la justicia distributiva toca a lo público, y consiste en el repartir de las honras y intereses comunes, y dice que cuanto más uno tenga de aquello que en la tal república es preciado, tanto más es merecedor de las honras y cargos públicos. La justicia restitutiva esta relacionada con los particulares contratos, -voluntarios como forzosos, en lo cual se comprenden los dos géneros de acciones, civiles y criminales- que se ofrecen en el tratar de los negocios que de necesidad se han de ofrecer entre la gente. Esta especie de igualdad, es diferente a la primera ya que aquí no se tiene cuenta con la dignidad de las personas, como en la otra se tenía, sino en la igualdad de las cosas.

En la justicia correctiva el juez debe guardar en el juzgar rectamente, que es quitar del que hizo el agravio y añadir al que lo recibió hasta reducirlos a igualdad. Aristóteles trata de la pena del talión, que es cuando uno recibe el mismo mal que a otro hizo, lleve la misma pena que había de llevar el reo, y en las demás causas criminales de la misma manera. Pero si uno diese una cuchillada al rey, o al que su persona representa, no pagaría con recibir otra cuchillada, sino que sería digno de todo género de castigo, por haber tenido en poco el ofender la majestad pública.

También apunta, a lo que es justo, y aquello injusto. Dice que la justicia es una especie de término medio, la virtud por la cual se dice del justo que es aquel que distribuye entre él y otro, o entre dos, dando proporcionalmente lo mismo, mientras la injusticia es de los extremos, es el vicio entero. El injusto es aquel que hace todo lo contrario, exceso y defecto contra toda proporción de lo inútil y lo perjudicial. “La acción injusta es lo que por defecto se sufre y por exceso se comete”.[4] En un sentido, entonces, llama justo a lo que produce y protege la felicidad y sus elementos en la comunidad política. Porque la ley prescribe realizar las acciones del valiente (no abandonar las filas, huir o arrojar las armas), las del moderado (no cometer adulterio ni caer en excesos) y las del hombre apacible (no herir ni hablar mal de nadie). Como decíamos antes, la justicia así entendida es la virtud perfecta, entera, pero no en absoluto sino respecto de otro, y no sólo para sí mismo, razón por la que nos parece la mejor de las virtudes. Por la misma razón, también, la justicia es la única de las virtudes que parece referirse al bien ajeno, porque es para otro, realiza el bienestar para los demás, sea gobernante o compañero. El peor de los hombres es el que emplea su maldad contra sí mismo y contra sus amigos.

Asimismo, la justicia supone que las relaciones entre las personas están reguladas por una ley, y la ley sólo puede aplicarse a aquellas situaciones donde puede hallarse la injusticia, ya que la justicia representa el discernimiento entre los justo y lo injusto.

Además la mayor parte de los actos prescritos por la ley son los que se desprenden de la virtud total, y la ley manda vivir en consonancia con todas las virtudes, al mismo tiempo que prohíbe vivir acorde con los vicios. Por su parte, las acciones que producen la virtud total son también las que prescriben las leyes, es decir, todas las disposiciones legales para la educación cívica. Por esta razón, refiere Aristóteles, preferimos que gobierne la ley, y no el hombre, porque el hombre ejerce el poder para sí mismo y acaba por volverse tirano. Pero el magistrado es el guardián de lo justo; y si de lo justo, también de lo igual. Según la opinión general, si el magistrado es justo, no se atribuye nada excesivo, porque no se adjudica más de lo debido de los bienes en sí, con excepción de una porción proporcional a sus méritos.

Entonces, en la Polis Griega según Aristóteles, el ciudadano libre, es un ser cuya esencia es ser social, por ende debe practicar una de sus virtudes dentro de la sociedad, que es la justicia política, un hábito que dispone a los hombres a hacer cosas justas, actuar justamente y querer lo justo siempre en beneficio del otro, del prójimo.

Ya entrados en la Modernidad, con el cambio de fundamento de la Antigüedad donde éste estaba puesto en la esencia de las cosas, a pensar que el fundamento es el sujeto racional y pensante, el filosofo Iluminista Emmanuel Kant, va a sostener que la Naturaleza ha dotado al hombre de la razón, con el fin de que éste pueda procurar ser digno de ser feliz a través de su uso, pero siempre y cuando sea libre del instinto. Esta razón debe desarrollarse en la especie y no en los individuos, ya que los individuos son mortales y, en cambio, la especie es inmortal.

La razón permite ir mucho más allá del instinto natural, pero para llegar a usar a la perfección estas disposiciones naturales el hombre necesitará varias generaciones para lograrlo, ya que su plazo de vida es demasiado breve. Para Kant, el hombre ha sido equipado sólo con lo mínimo indispensable ya que todo lo demás lo logrará por sí mismo. De esta manera, este pensador de la Ilustración, va a proponer un cambio en la situación ya que nos muestra cómo la razón se va desplegando a través de la historia del hombre, subrayando que habría algo oculto detrás de la Naturaleza, algo teleológico que funciona independientemente de los seres humanos, es decir, habría un desarrollo continuo de las disposiciones originales puestas en el hombre. Estas disposiciones naturales tienen el deber de desarrollarse completa y adecuadamente siguiendo el curso de un hilo conductor subyacente. Siguiendo la línea de los contractualistas, donde el pacto social, es la ficción previa al estado social que une a los sujetos, para evitar la guerra de todos contra todos, Kant explica que para que se logre el completo desarrollo de todas las disposiciones, la Naturaleza ha usado como medio el antagonismo en sociedad, es decir, la insociable sociabilidad de los hombres. Dicha idea reside en la inclinación del hombre a formar sociedad pero, que a su vez va unida de una resistencia constante que amenaza con disolverla. El hombre tiene una inclinación a entrar en sociedad, ya que sólo así se siente más como hombre y siente el desarrollo de sus disposiciones naturales. Sin embargo, tiene una gran tendencia a aislarse, y disponer todo como le plazca. Pero esta resistencia es la que hace que se enderece, ya que únicamente intentará así lograr una posición entre sus congéneres (congéneres que no puede soportar pero tampoco prescindir), además, sin esta insociabilidad, todos los talentos quedarían adormecidos en su germen, y es sólo a través de la discordia que se conseguirán desarrollar por completo los gérmenes de la naturaleza.
Según Kant, la meta implícita en la Naturaleza sería la de llegar a una sociedad civil en donde se podría lograr la máxima libertad.
Además, esta tendencia ambigua de los hombres, es vista por Kant al nivel de los Estados. Por lo tanto postula que los estados deben reunirse alcanzando una condición que sea semejante a una comunidad civil, y que se conserve a sí misma como autónoma.

Entonces, podemos decir que Kant comienza a producir un concepto de justicia que se podría llamar “moderno”: la Naturaleza tiene como fin último la búsqueda de una ley de equilibrio en donde se podrá lograr un Estado cosmopolita de pública seguridad estatal, en donde las fuerzas de la humanidad no corran el peligro de quedarse adormecidas, pero hay que tener en cuenta que no se trata de buscar un principio de igualdad de sus recíprocas acciones y reacciones, ya que esto haría que se destrocen mutuamente.
Ante estos planteos de Kant, se observa que el fin supremo de la Naturaleza es el de llegar a lograr un estado de ciudadanía mundial o cosmopolita permitiendo así el desarrollo de todas las disposiciones primitivas de la especie humana.

Por lo tanto, Kant apela en La idea de una historia universal desde el punto de vista cosmopolita, que el problema del establecimiento de una constitución civil[5] perfecta depende de las dificultades de que exista una relación exterior entre los estados que sea legal, y no puede ser resuelto sin eso último. La misma insociabilidad que obligó a los hombres a unirse constituye, la causa de que cada comunidad goce de una libertad desatada en sus relaciones exteriores. La naturaleza empleó la incompatibilidad de los hombres e inclusive de las grandes sociedades y cuerpos estatales de toda clase de criaturas, como el medio de hallar en el antagonismo una condición de paz y de seguridad.

Es decir que, mediante las guerras y la miseria, la naturaleza impulsará a que los estados hagan lo que la razón hubiera podido decirles sin necesidad en otras tristes experiencias: pugnará por hacerlos salir de la condición sin ley, propia del salvaje, para entrar en una liga de pueblos en la que cada estado, aun en el mas pequeño puede esperar seguridad y derecho, no debido al propio poder o a la propia estimación jurídica, sino a esa liga de naciones, a este poder unido y a la decisión, de la voluntad solitaria.

Ahora bien, teniendo en cuenta la descripción de estos planteos, en la actualidad: ¿Es posible que estas ideas Aristotélicas o Kantianas acerca de la justicia se puedan llevar a cabo? ¿Es la justicia actual el producto final estas perspectivas? ¿Qué opinan los autores contemporáneos acerca de la justicia en la sociedad de hoy? ¿Cómo debería ser esta? ¿Cómo deberían actuar los distintos actores para que la justicia sea como esta planteada?

Aunque un Aristóteles actual sería nefasto, hay autores que todavía siguen algunas de sus posturas. Es el caso del canadiense Charles Taylor quien dentro del marco de la reconstrucción[6] de la Modernidad, con una base comunitaria (o sea aristotélica) republicana plantea la justicia como necesidad del reconocimiento, relacionada con la tolerancia hacia el otro, hacia el prójimo. Se olvida de las libertades individuales, postulado un multiculturalismo planteado desde los grupos minoritarios y subalternos. Taylor, siguiendo a Hegel, plantea que la identidad es moldeada desde el reconocimiento o desde la falta de éste, o en el peor de los casos, en el falso reconocimiento del otro. Por lo tanto, el “reconocimiento debido” es una necesidad humana vital dentro de una comunidad (como diría Aristóteles) para la constitución de la subjetividad.

Asimismo el reconocimiento de identidades diferentes en el terreno social y político está configurado por la necesidad de un reconocimiento entre los distintos actores sociales, reconocimiento que esta relacionado directamente, por un lado, con el despliegue de la identidad ética y cultural que los constituye como tales, y, por otro lado, con la posibilidad de un trato auténticamente incluyente y tolerante en el espacio de diversificación multicultural que son la mayor parte de las sociedades contemporáneas. Este modelo tiene como idea básica republicana la integración políticamente autoconciente de una comunidad de libres e iguales.

Para Taylor, en la esfera pública de la política del reconocimiento han surgido dos cambios: primero, la aparición del concepto de la dignidad[7]. Dicho concepto requiere igualación de los derechos y de los títulos, ya que pretende ser universalmente lo mismo. Segundo surge la política de la diferencia, lo que implica que cada cual debe ser reconocido por su identidad única, diferente de todos los demás. La política de la dignidad propone luchar por la no discriminación siendo enteramente “ciegas” a los modos en que difieren los ciudadanos. Dicha política exige derechos universales. Se basa en la idea de que todos los seres humanos son igualmente dignos de respeto; una sociedad que reconozca la identidad individual será una sociedad deliberadora y democrática, porque la identidad individual se constituye parcialmente por el diálogo colectivo.

En cambio, la política de la diferencia propone redefinir la no discriminación exigiendo que hagamos de estas distinciones la base del tratamiento diferencial. Esta tendencia exige la identidad particular, fomenta la particularidad, es decir, pretende acordar igual respeto a las culturas. El reproche que el primero hace al segundo es que viola el principio de no discriminación. El reproche que el segundo hace al primero es que niega la identidad cuando constriñe a las personas para introducirlas en un molde homogéneo que no les pertenece al suyo; en esto se observa que hay una cultura hegemónica subyacente. Se trata así de una política inhumana, ya que suprime las identidades.

Como ya mencionamos, Taylor postula el reconocimiento del valor igualitario que se basa en la exigencia de permitir que las culturas se defendieran a si mismas dentro de unos limites razonables. Y esta exigencia pretende que no solo las dejemos sobrevivir, sino que también reconozcamos el igual valor de las diferentes culturas.

Actualmente el multiculturalismo ha tratado de pensar en la posibilidad de una comunidad que integre un gran número de diferencias. El argumento central de Taylor es que seremos más liberales, más justos, más democráticos y más pluralistas si instalamos una política del reconocimiento. Es decir, trabajar por no quedar satisfechos con el mero principio de tolerar, sino aprender del otro.

Sin embargo, observando las condiciones de nuestros días, podemos decir que el modelo es demasiado concreto, simple y aunque esta pensado dentro de una comunidad integrada por distintas tradiciones, es bastante difícil que se lleve a cabo sin inconvenientes por parte de los diferentes grupos étnicos. Podemos decir que esto puede implementarse en una nación o en una comunidad étnicamente homogénea e integrada por tradiciones comunes.

Se puede ver como un problema de este planteo que desde su perspectiva, el juicio favorable mira a otros pero desde un punto de vista etnocentrista. El liberalismo posee entonces la paradoja de promover la particularidad universal. El liberalismo de la dignidad parece suponer que hay unos principios universales que son ciegos a la diferencia.

Una sociedad liberal y democrática debería permanecer neutral ante la vida buena y limitarse a asegurar que, los ciudadanos se traten imparcialmente y el estado los trate a todos por igual.

Una sociedad con metas colectivas puede ser liberal siempre que también sea capaz de respetar la diversidad, especialmente al tratar aquellos que no comparten sus metas comunes y siempre que pueda ofrecer salva guardias adecuadas para los derechos fundamentales.

Conclusión

Desde la relación de la justicia con la felicidad en el planteo aristotélico, con un sentido universalista regulado por la naturaleza, pasando por otra visión basada en la perspectiva cosmopolita, llegando luego al respeto por la identidad individual expresado a través del reconocimiento del otro dentro del panorama del multiculturalismo, la cuestión de la justicia no ha dejado de ser una tarea difícil de resolver para el hombre y ha sido siempre un punto de partida para abrir varios horizontes divergentes acerca del logro del bienestar de la humanidad.

Podemos ver que para Aristóteles la “ciudad” (polis) es el marco dentro del cual se puede realizar, gracias a la independencia que ella asegura, el ideal de una vida humana perfecta; es ella el ambiente en que el hombre puede alcanzar su felicidad mediante el ejercicio de la virtud absoluta, en el respeto a la justicia, a través del mantenimiento de la libertad e igualdad entre los ciudadanos. Kant afirma que la justicia esta más allá del obstáculo de la naturaleza del hombre, habla de establecer una constitución justa supraindividual o intra individual entre estados.

Taylor intenta llegar a la justicia mediante la política del reconocimiento enfatizando de este modo la importancia del respeto por la identidad de cada individuo. Cada ciudadano posee pleno derecho para buscar su propio modo de ser, entablando así un diálogo interno que desembocará en la definición de uno mismo, encontrando así la propia originalidad.
Ya no habla de la justicia desde lo homogéneo sino desde el reconocimiento de lo individual y particular de cada uno. Reclama una cultura en donde se integre el mayor número posible de diferencias, respetando de este modo la identidad individual de cada ser.

Es en esta dirección que conviene partir de una reflexión: parafraseando a Hegel, la historia no esta desprovista de contenido, sino que es el resultado de un proceso y, a su vez, las ideas de justicia están investidas de estos mismos significados históricos. Se puede decir que sin estos significados serían categorías vacías, meramente estructurales, y por otro lado representa que estos significados pueden naturalizarse y llevarnos a la ilusión de creer que hay una manera de fijar sus sentidos de una vez para siempre.

Con el avance de la humanidad, seguramente se plantearán muchos otros cuestionamientos acerca de qué se entiende por Justicia para el hombre.

Pero queda claro, la justicia tal como la podemos percibir en la actualidad, mas allá de lo que expliquen e imaginen los distintos autores, no es el resultado de un largo proceso que proviene de la Antigua Grecia. Se la sueña y soñó según diferentes criterios, pero hoy en el debate contemporáneo de Argentina todavía no queda demasiado especificado a que se le llama Justicia, para quienes existe, o para quienes debe existir, si somos todos ciudadanos libres y iguales ante la ley, y si se nos reconoce nuestra identidad diferente a la de los otros.

Lo que debemos tener en cuenta, antes que nada es que todos somos responsables de otros, en cuanto otros, por el solo hecho de ser ciudadanos, y esta responsabilidad es la que hace la justicia. El desafío consiste en entender que sabernos responsables, interpelados por el otro exterior a nuestra totalidad, es lo único que puede transformar la violencia en justicia.

El problema de la justicia implica la fragilidad, sentirnos vulnerables en todo intento de totalización, porque siempre hay una exterioridad interpelante que genera un lazo social atravesado por un tercero, que hace que la relación sea absoluta.

Teniendo en cuenta que la justicia actual no es el resultado de un largo proceso, queda por saber cuál será el nuevo camino para la justicia en los siglos venideros.



[1] Arendt habla de la vida activa, afirmando que todos los individuos buscan el bien, y que para cada uno es diferente. Dice que la vida activa es una acción que te lleva a subsistir, es trabajo por un lado, y vida política por otro. La vida activa es la vida humana y es la acción política.

[2] La justicia del amo y el padre es semejante pero no se identifica con la de los ciudadanos; porque no hay injusticia en sentido absoluto respecto de lo que es de uno mismo. Como el esclavo y el hijo (hasta que llega a cierta edad y se separa del padre) son en cierto sentido parte del padre y del señor, y nadie elige dañarse a sí mismo deliberadamente, entonces no puede haber injusticia con respecto a aquéllos.

[3] Aristóteles afirma que la razón es la superior de las virtudes y además es la mas apropiada para llegar a la felicidad. Pero la razón por si sola no nos ayuda a llegar a la felicidad. Se necesita medios para llegar a ella.

Para Aristóteles las virtudes son potencialidades que pueden llegar a ser o que pueden atrofiarse de acuerdo con nuestro tesón y conforme a nuestros hábitos y energías, o sea que practicando la justicia nos hacemos justos.

La virtud del hombre es su aptitud para la vida razonable, es esa aptitud la que lo hace bueno, o sea que se puede definir esa felicidad como la actividad del alma ejerciéndose conforme a la virtud.

La virtud, a causa de la cual se nos califica de buenos o malos, supone a la vez una disposición permanente (en contraposición con la afección, que es un movimiento pasajero) y una elección voluntaria (por lo cual se distingue de la disposición natural) por eso no puede ser mas que un habito, o sea una manera de comportarse respecto a las afecciones que son el apatito, la cólera, el miedo.

La virtud del hombre consiste en evitar en las afecciones y en la conducta el exceso y el defecto, aspira a un justo medio.

[4] Aristóteles: Ética a Nicómaco, Libros V, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1970, pp. 70-88.

[5] Kant en Sobre la paz perpetúa va a afirmar que la moral es práctica en sentido objetivo, un conjunto de leyes incondicionalmente obligatorias según las que debemos actuar. La honradez es la mejor política.

Es preciso que todos los individuos para vivir en una constitución legal, lo realicen bajo los principios de libertad, (es preciso que todos conjuntamente quieran esta situación (unidad colectiva de la voluntad unificada) para que se instituya el todo de la sociedad civil.)

Para Kant, es preciso una constitución interna del estado conformada por los principios del derecho. Sin embargo, es necesario la unión con otros estados para solucionar sus diferencias. Esto significa que las máximas políticas no deben partir del fin que un estado se propone, no deben partir de la voluntad como supremo principio de la sabiduría política sino del concepto puro del deber jurídico, sean cualquiera las consecuencias físicas que se deriven.

Asimismo resalta que se comete injusticia entre los sujetos o entre los pueblos, cuando no se respeta el concepto de derecho, que es el único que podría fundar la paz para siempre. Los principios del derecho tienen realidad objetiva, se pueden realizar y esta realidad debe ser tratada por el pueblo en el estado y por los estados en sus relaciones con los demás estados. ( Kant, Sobre la paz Perpetua, 1794)

[6] Podemos hablar de reconstrucción ya que consideramos que, desde Descartes y Kant la razón ha “construido” a partir de distintos experimentos racionales la sociabilidad –que antes era una condición dada por la naturaleza del vínculo social. A partir de la crítica disolvente de la deconstrucción, éste vínculo sustentado en la racionalidad se ha encontrado seriamente cuestionado; por ello, con los intentos de autores como Taylor, o Rawls, es lícito referirse a la “reconstrucción” racional del vínculo social, especialmente en el marco de sociedades complejas

[7] Según Kant, dignidad hace parte del potencial humano universal, que lo faculta para dirigir la vida personal por medio de principios. También se podría decir de la política de la diferencia que se trata de otro potencial universal, el de moldear la propia identidad como individuo y como cultura. Kant dice que la dignidad humana consiste en gran parte en la autonomía, es decir, en la capacidad de cada quien para determinar por si mismo su idea de la vida buen. La dignidad esta más asociada con la capacidad de considerar y adoptar para uno mismo alguna opción o otra, que con la concepción particular de la vida buena.

El concepto de la dignidad es el único compatible con una sociedad democrática, y las formas de reconocimiento igualitaria han sido esenciales para la cultura democrática. La democracia desemboco en una política de reconocimiento igualitario, y ahora retorna en las formas de exigencia de igualdad de estatus para las culturas y para los sexos.

Presos del Ocio ( ultima parte)

Ellos están casi olvidados, los visitan un par de veces por semana, les llevan alimentos, cigarrillos, ropa. Sus amigos son los que comparten con ellos la celda y la misma vida… la misma cárcel. Viven o sobreviven entre cuatro paredes, y afuera pasean por un gran patio. En sus momentos de ocio, de recreación no existen horas, ni días, ni minutos. Existe la hora de salir, y solo piensan en eso. Tachan los meses en una pared escrita. La pared habla de la vida misma.

Acá solo existen las expectativas para futuro. Mientras escuchan música muchos de los que viven aquí solo piensan en su vida allí afuera. Solamente están y persisten.
Pero la mayoría de los internos, están presos por robar, por matar, por violar, por secuestrar. Pero ningún político esta ahí por coimiar, y si lo están, habitan en celdas VIP. Muchos están sin haber cometido delito alguno, y sufren.

Son los internos que habitan en las viejas cárceles que todavía quedan en Argentina. Sucias, destruidas. Las leyes en su favor no existen, tampoco existen las leyes que protegen al que vive afuera de ellas, que también paradójicamente vive en su casa, encerrado tras las rejas de su portón.
Y mientras que la vida “normal” de la mayoría de los presos transcurre entre el ocio eterno, muchos de otros se ocupan en talleres recreativos: pintura, hacen gimnasia, estudian carreras universitarias, terciarias y así pasan sus horas, sus días entre el eterno ocio y las cuatro paredes.

Lo cierto es que el sufrimiento, la suciedad, y el eterno ocio que viven todos los días los internos de las cárceles interesan poco a los que tienen poder de decisión de cambiar esta situación edilicia e higiénica de las instituciones carcelarias, que nunca fueron remodeladas desde que fueron creadas.
De una y otra forma, con un proyecto de remodelación de las entidades penitenciarias o sin él, algo debería cambiar y no tiene que ver sólo con la estructura sino más bien con la humanidad, atención y sensibilidad de nuestra sociedad. Con la exclusión que se debe sentir al salir de ellas, y que “todos los miren”, y los tilden de “ladrones”.

Se supone que este tipo de lugares deben brindar contención a las personas para reestabilizarlos y luego de eso, lograr su inserción nuevamente en la sociedad.
En cambio, lamentablemente, viven apartados como leprosos, como si su problema fuera contagioso, controlados, todavía con el pan óptico que todo lo mira y observa.


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