Acto fallido

La miré profundamente a los ojos y le dije, pase lo que pase, estamos juntos.

Estaba feliz, radiante.

Pintó sus ojos verdes de manera bien profunda, entre liláceos y violetas. Una línea negra los marcaba y les daba profundidad. Se puso pestañas postizas y delineó sus cejas de marrón. Los labios de profundo bordeaux y los pómulos, coloreados de rosa. Se veía distinta. A mí me gusta más natural pero, entiendo que quiera lucirse en esta ocasión tan particular.

Por suerte, desistió de la idea de ponerse el traje de neoprene y se vistió con un chupín de raso negro acompañado de una camisa fucsia. Se ató un pañuelo al cuello entre amarillo, verde y rojo. Además, adornó el dedo anular con un anillo grande y el cabello con una flor.

Yo decidí estar más sencillo porque lo nuestro es un trabajo de riesgo y no una fiesta de despedida… De todos modos, no quise quitarle la ilusión.

Siempre hubo una diferencia entre mi sentido práctico y el realismo mágico de Miriam.

Una vez ubicados en la cornisa, la tomé fuertemente de la cintura y enlacé mis piernas con las de ella. Me tomé de la liana y le dije que cerrara los ojos para evitar el vértigo.

Arranqué con envión y empezamos a balancearnos hasta adquirir altura. El vuelo fue espectacular y la distancia justa. De repente, Miriam empezó a deslizarse hacia abajo hasta que logré amarrarla del cuello. Todo un problema porque no alcanzaría la altura justa para trepar al paredón y temía que se estampara al mejor estilo de dibujo animado contra la pared.

Un reflector empezó a seguirnos el movimiento y eso debilitó mi fuerza al punto tal, que Miriam quedó tendida sobre una alfombra de hojas secas.

Gritaba solicitando auxilio y yo la chistaba, pidiéndole silencio para no alertar a los guardias; diciéndole que ya la levantaba.

Cuando estaba en la tarea, la luz encandiló mis ojos y sentí la presencia de flashes. Creo que no precisamente, los que esperábamos detrás del paredón sino los de la organización.

No sé porqué el designio de los dioses está en nuestra contra. Teníamos todo tan bien estudiado, que no entiendo cómo pudo pasar esta desgracia.

Miriam llora mientras se le corre la pintura y le embadurna la cara. Yo mientras tanto, me sacudo el polvo del cuerpo.

Siento un tirón en la cintura que me ha dejado medio cojo.

Fue un acto fallido y estos delincuentes siempre nos atrapan. Agarrate ahora, con el castigo y el sermón de la vieja gorda pesada.

Peligrosos y delirantes

Hoy atendí una conversación entre los de Guardapolvos blancos y la vieja gorda pesada quienes señalaban que nosotros somos peligrosos delirantes.

Dicen que tramamos ideas inverosímiles y que poseemos características tales como desorientación, alteración de la memoria, el pensamiento y el juicio y que juntos, nos potenciamos. Que sería necesario, por seguridad, separarnos.

Sin duda, estamos ante una situación de riesgo en la mira de estos delincuentes.

No quise escuchar más y decidí que la partida tiene que ser urgente.

Como veo que no hay moros en la costa, subo a la buhardilla y recojo la liana blanca para detectar si los nudos están reforzados. Empiezo a observar cuál va a ser el punto de amarre que permita el balanceo hasta el paredón. Además, yo deberé tomar de la cintura a Miriam, con mucha tensión, para que no se me resbale hacia abajo.

La verdad que no será tarea fácil pero, tampoco imposible. Ella quiere que escapemos de manera cinematográfica para que mañana los medios hablen de nosotros como dos héroes.

Además, tendremos la oportunidad de explicar por qué estuvimos tanto tiempo privados de nuestra libertad. El país sabrá que este es un centro clandestino donde encierran a gente inocente.

La luna ya está arriba para iluminarnos. Siento la adrenalina en el corazón y un nudo en el estómago. La percepción del lanzamiento al espacio, bien surtos, con el envión para que la soga se deslice como hamaca y nos eleve, casi a tres metros de altura, es movilizante. Ahí justito tenemos que hacer pie y detenernos en preciso equilibrio, en el borde mismo del muro. Y en segunda instancia, pegar el salto para caer a la calle.

Estuvimos practicando dentro de la habitación, subiéndonos a una silla aunque la falta de espacio no nos permitía hamacarnos lo suficiente y siempre caíamos al piso enredados en la sábana.

Al final, terminábamos comiendo caramelos y conversando como mejorar la táctica. Tenemos el tema bastante masticado y mucha fe de que nos va a salir redondito.

Miriam quiere llevar una muda de ropa, pero ya le he explicado que el peso no es conveniente porque nuestro desafió es de riesgo. También, habla de ponernos unos trajes de neoprene que conserva de otra época.

En fin, el momento se acerca y todo está dispuesto sigilosamente para hacer frente a la huida. Será todo un éxito. Saboreo, por una parte, la libertad de nuestras vidas y por otra, el encierro de los integrantes de esta secta, dedicados a enclaustrar personas, vaya saber con que oculto propósito.

Noche de luna

Salimos a explorar el terreno. El otoño consiente que nuestros pasos crujan sobre las hojas secas.

Miriam se detiene panza arriba a mirar las estrellas. Coloca sus brazos debajo del cuello, cruza sus piernas y se queda allí, sin decir palabra.

Mientras tanto, observo el terreno. No podemos equivocar la estrategia porque nos jugamos nuestra libertad: la posibilidad de cruzar el paredón y vivir fuera una historia distinta.

Presto atención desde dónde podemos atar la liana y qué posibilidad de vaivén tenemos para que el envión nos conduzca hasta la parte superior del paredón y desde allí, saltar al otro lado.

Mientras tanto, mi compañera parece sumida en otro emprendimiento: descubrir las constelaciones de Leo, Taurus, y Scorpius .



Me cuenta que el nacimiento de Leo se remonta a la antigüedad y corresponde al León de Nemea, hijo de Tifón y Equidna, animal invulnerable que asolaba los campos devorando a las personas y al ganado. La primera tarea de Hércules fue matarlo. El León tenía como morada una cueva con dos entradas. Hércules taponó una de ellas y entró por la otra para sorprender a la fiera. Abrazó al león apretándolo hasta ahogarlo; y después, con sus propias garras lo desolló y tomó para sí mismo su piel y su cabeza como casco. Zeus transformó al león en constelación para honrar a su hijo.

Mientras que, Taurus en la mitología griega, es la forma de toro que el dios Zeus adoptó para seducir a Europa, una mítica princesa fenicia.

Scorpius, por otro lado, se encuentra en la leyenda de Orión, el cazador quien se sacó los ojos en un arrebato de celos, y mientras vagaba ciego por el mundo pisó un escorpión que le picó con su aguijón, provocando su muerte. Los dioses elevaron a Orión y al escorpión a los cielos, colocándolos en extremos opuestos de la bóveda celeste, de forma que cuando Escorpio sale por el horizonte, Orión se oculta, huyendo del animal que causó su muerte.

Espero que Ud. no haga eso- me dijo- sacarse los ojos por mí porque le tiene celos al joven de los ojos claros que me visita en mi habitación y me trae chocolates.

Sin contestarle le expreso que la noche está hermosa y la luna brillante. Nos está invitando a realizar un largo viaje. El que estamos planeando, el de la libertad y nuevos sueños.

Planeando la salida

De a poquito organizamos nuestra escapatoria. Se nos ocurren varias ideas:

- Hacerse el enfermo para que nos trasladen al servicio sanitario. Uno como paciente, el otro como acompañante; y cuando estemos allí, escapar por la puerta grande.

- Reducir a los de guardapolvos blancos, disfrazarnos y disimular la salida.

- Hacernos amigos de la gorda pesada, acariciarle el perro y ofrecernos a pasearlo una tarde por el jardín.

- Gritar fuego para que todos se alteren, abran las puertas y salgamos corriendo.

- Robar las llaves de la puerta del pasillo vidriado y de noche, iniciar la partida.

- Cavar un túnel hasta encontrar la salida y deslizarnos por ahí.

- Atar sábanas y a manera de liana largarnos desde acá y atravesar el paredón.

Nos peleamos mientras lanzamos ideas, porque nos pone nerviosos pensar en la posibilidad de que el plan fracase.

Yo soy más práctico; en cambio, Miriam es bohemia y larga ideas que a mí me sacan la paciencia.

Entonces, empieza a soltar calificativos denigrantes: machista, gorila, violento.

Además, me amenaza con que se va a ir con el joven de los ojos claros que la trata con cariño y le ofrece chocolates.

Yo no quiero que así sea, entonces le acepto que siga diciendo incoherencias.

Cómo nos vamos a largar de una liana, desde el altillo a la vereda del frente, pasando por un paredón de cinco metros.

Sin embargo, insiste.

Siempre he pensado que las mujeres tienen ideas raras, poco vinculadas a la realidad y con una imaginación asombrosa.

Lo único que deseo es estar cerca de ella. Que siga pergeñando una salida poco factible, me importa poco. Pasamos horas hablando siempre del mismo tema. Nos invitamos con caramelos. Y vamos subiendo sábanas que iremos atando hasta alcanzar una larga soga.

Machu Picchu

Machu Picchu

Machu Picchu del quechua sureño machu pikchu, `Montaña Vieja´ es el nombre contemporáneo que se da a una llaqta (antiguo poblado andino inca) de piedra construida principalmente a mediados del siglo XV en el promontorio rocoso que une las montañas Machu Picchu y Huayna Picchu en la vertiente oriental de los Andes Centrales, al sur del Perú.

Según documentos de mediados del siglo XVI, Machu Picchu habría sido una de las residencias de descanso de Pachacútec (primer emperador inca, 1438-1470). Sin embargo, algunas de sus mejores construcciones y el evidente carácter ceremonial de la principal vía de acceso a la llaqta demostrarían que ésta fue usada como santuario religioso. Ambos usos, el de palacio y santuario, no habrían sido incompatibles.

Machu Picchu es considerada al mismo tiempo una obra maestra de la arquitectura y la ingeniería. Sus peculiares características arquitectónicas y paisajísticas, y el velo de misterio que ha tejido a su alrededor buena parte de la literatura publicada sobre el sitio, lo han convertido en uno de los destinos turísticos más populares del planeta.

Machu Picchu está en la Lista del Patrimonio de la humanidad de la Unesco desde 1983, como parte de todo un conjunto cultural y ecológico conocido bajo el nombre de Santuario Histórico de Machu Picchu.

Machu Pichu

La buhardilla

Encontramos un lugar justo para reunirnos y compartir nuestros intereses. Podemos subir a cualquier hora y estar en intimidad con nuestras almas.

De día, la luz es tenue, difusa; de noche, usamos una vela para alumbrarnos.

Sacamos de nuestros bolsillos cuanta cosa recogimos de la residencia donde nos dejaron: una vela, tres cigarros, fósforos, un pedazo de queso, una manzana, un trapito, un jabón, caramelos, un trozo de pan, hojitas, un pañuelo, gasa, hilo, piedritas …

La sensación de ir poniendo al descubierto cada objeto es muy conmovedora. Nos da risa. Nos inquieta.

Así vamos creando el espacio nuestro, con la calidez de un hogar.

Hace un mes que lo frecuentamos.

Además, cada uno habla de sus preocupaciones.

Las mías: trabajo y familia.

Las de Miriam: viaje y estudio.

No somos compatibles. Sin embargo, nos gusta compartir…

Soy sonámbula – dice. Mi padre grita, mi madre llora. La navidad es triste. La mamá me abandonó tempranamente. Tengo frío. Quiero que me abracen. Me hice pis. Robo cigarrillos. Me persiguen. Dicen que soy de izquierda. Me tapan los ojos. Un niño llora. Se lo llevan. Pego carteles. Siento una sirena. Tengo miedo. Me tocan. Abusan de mí. Me flagelan….

Y rompe en llanto, en un profundo y desgarrado sollozo. De repente ríe, se destornilla a carcajadas. Y queda en posición fetal.

Siento la necesidad de darle un abrazo varonil.

Me pide un pucho. Saco de nuestro almacenamiento un pitillo y un fósforo. Se lo coloco entre sus labios y le permito una seca.

Necesitamos del contacto, nos mecemos mucho tiempo. Y ella se deja… Me mira con sus profundos ojos verdes y decidimos apagar la vela.

Así compartimos la noche, uno al ladito del otro. Y cuando amanece, bajamos muy despacito y nos disponemos sobre nuestros catres, saboreando el hermoso resabio del encuentro.

Álbum de estampillas

Me senté a esperar a mi amiga con el álbum de estampillas. Es una carpeta grande de tapas verdes y hojas de colores. Y la tengo dividida por temas. La había guardado celosamente porque noto que a nadie le importan estas cuestiones de la filatelia. De vez en cuando, me gusta ver las estampillas y sus tópicos.

La siesta es preciosa y el sol se filtra por los frondosos árboles. Tengo bien agarradito mi álbum por las dudas vengan los de guardapolvo blanco o la vieja gorda pesada y me lo quieran quitar. Porque en este lugar pretenden apropiarse de nuestras pertenencias y dejarte en la peor de las desgracias. Yo lo escondo envuelto en diarios dentro de una caja grande en la parte posterior del placard, para disimular. Así, pasa desapercibido y nadie lo toca ni lo aja. Uno usa todas las artimañas posibles para mantenerse a la defensiva de estos delincuentes.

Mi amiga demora. Por las dudas, meto entre la camisa y el suéter este precioso recuerdo de mi hobie favorito.

Por el caminito, la veo avanzar lentamente, quizás, buscándome. Y a mí se me acelera el corazón. Quizás debería ir a su encuentro, aunque mejor esperar.

Cuando llegue, me adelantaré y le ofreceré mi brazo para ayudarla a sentarse, acá, cerquita de mí.

Iniciamos una conversación rala. Le pregunto si quiere ver mi álbum. Le aclaro que es de estampillas y no de fotos, mientras le ofrezco un caramelo de ananá que saco de mi bolsillo derecho.

Asiente con su cabeza .

Toma el álbum entre sus manos y colaboro, pasando lentamente las hojas, mientras mis dedos rozan, muy suave, los suyos. Cruzamos de vez en cuando la mirada y siento una profunda paz en el interior de esos ojos verdes.

Sellos postales emitidos por el Correo Argentino cuyas viñetas llevan motivos relacionados con la temática de la Antártida Argentina y de las Islas Malvinas: conmemoraciones de eventos especiales, expediciones, actividades científicas, bases antárticas, barcos argentinos que navegaron en la Antártida, pioneros y expedicionarios, fauna antártica, mapas de la Antártida y Malvinas y otros sellos postales, que si bien no fueron dedicados a esta temática, llevan en su diseño mapas en los cuales se observa alguna parte de este territorio. http://www.filateliaargentina.com.ar/antartida.htm

No hay diálogo. Solamente le digo que soy argentino y que creo firmemente en la soberanía de las Malvinas argentinas. Que la guerra fue inútil. Que las guerras siempre son inútiles. La violencia, también. Que Inglaterra siempre expandió su territorio a través de su política colonialista y que nosotros nunca supimos defender, con eficacia, nuestros derechos a través de las vías diplomáticas.

No sé si entendió.

- Me gusta el color rojo. dijo.

- Siga dejándome mensajes en el costado izquierdo de mi ventana. Vivo con una compañera de habitación que llora mucho y no sé por qué. Fumo. La próxima vez que nos veamos pergeñemos un plan para escaparnos juntos- agregó.

Nuevamente cruzamos nuestras miradas y nos conectamos más allá de las palabras. La estreché entre mis brazos y nos quedamos muy quietitos unos segundos.

Tomé su mano y la acompañé hasta donde empieza el largo pasillo. Un haz de luz lo atraviesa.

Mi amiga de la habitación 6

Le escribo mensajitos a mi amiga de la habitación 6. Tenemos algunas diferencias pero a pesar de todo hemos trabado amistad.

No me gusta que hable con el joven de los ojos verdes. Sin embargo, no lo puede evitar. A veces, me miente para que no me enoje.

Después de todo a mí qué me importa.

Los otros días se le ocurrió darle una pitadita a la llorona, su compañera de cuarto. Se les incendió la frazada y tuvieron que evacuarlas.

Las trasladaron al pabellón nº 5, abajo y a la derecha, al lado de mi habitación.

La visito más seguido. A veces, la abrazo. Se queda quietita y yo también.

Me siento más acompañado. Hablamos poco, no nos contamos mucho. Organizamos un plan para escaparnos juntos. Hoy me espera a las 16 en el parque donde piensa pasar la tarde, al sol y junto a los pájaros. Me dijo que estaría en el banquito blanco, al lado del árbol grande y que si voy, me regala un caramelo.

Tiene unos ojos verdes profundos, una mirada dulce y penetrante. Solemos pasar horas haciendo sólo eso: mirarnos.

Aunque el cuerpo es muy pequeñito y flaquito se está poniendo ágil para caminar. Tengo ganas de tomarle la mano e invitarla a pasear. Pero de a poquito. Encontrarnos al sol ya es muy importante para los dos.

Somos dos seres solos encerrados en un lugar oscuro.

En mi habitación tengo un mirador que es el único espacio que me conecta con el afuera. Y paso muchas horas del día con la miraba fija en un árbol frondoso, por donde se filtran los rayos del sol. Casi siempre escucho unos pajaritos que se instalan en las ramas reverdecidas. Debe ser primavera porque gorjean mucho.

Es la mejor estación del año. Todo brota con mucha energía, pura vitalidad y alegría… La mayoría de las veces recuerdo cuando era joven, viril y fuerte.

Me divierto sacándole la lengua a todos los que pasan y me saludan.

Pronto estaré bajo el árbol frondoso saboreando un caramelo.

Estoy empacado

Me hablan, no contesto. Me dan de comer, cierro la boca. Así estoy en huelga de hambre hace unos cuantos días. No voy a ceder, lo único que quiero es ser libre.

Deseo volver a mi mundo, encontrarme con mis cosas cotidianas.

Quiero abrir la puerta de mi casa y sentirme rodeado de mis seres queridos. Acá todo es extraño, la gente también.

Después de todo si no logro mi objetivo la vida pierde sentido.

Escucho la voz de mi madre. Ha pasado tanto tiempo y los recuerdos me persiguen; no los de ahora, los de cuando era niño. Flaco, largo, rubio, de ojos claros.

Tengo en la mente escenas familiares: mis hermanas, mi madre, los tres varones, mi viejo parlando en italiano. Disfruto el sabor de la familia unida, la calidez del encuentro nocturno.

Siento frío… necesitaría el abrazo de un ser querido… quisiera sentir sus voces acá y ahora. Que vengan y me protejan.

Por ahí se me aclaran las ideas y un hilo de memoria hace que me acuerde de algunas historias de vida.


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