Arrogancia
¿Existe ese Aleph en lo íntimo de una piedra? ¿Lo vi cuando vi todas las cosas y lo he olvidado? Nuestra mente es porosa para el olvido… Jorge Luis Borges Fui invitada por Dédalo a visitar el laberinto de Creta para convertirme en la musa inspiradora de un pintor un tanto extraño con figura de minotauro. Ingresé altiva por el pasadizo y fui señalizando el recorrido para no perder la salida, cuando decidiera retirarme de esta experiencia vital, un tanto sorprendente. No tenía apuro, podía pasar algunos días o meses allí dentro; mi naturaleza osada buscaba siempre sensaciones nuevas, arriesgadas, imprudentes… Y la de convertirme en la modelo de la desnudez de un creador, avivaba mi álter ego. Al ingresar, infinidad de recovecos invitaban a optar por un atajo y dejar otros para momentos de ocio – pensé. Dédalo me sugirió que intentara por el camino de Creta, que cruzara Icario y acudiera a una regia morada dispuesta para la praxis de pintura. Deslicé la túnica de seda que cubría mi cuerpo y la usé de base a mi figura, arropándome sobre ella; acomodé un mechón de cabellos sobre mis senos y una de mis piernas ocultó mi valva a la mirada omisa del artista. Comenzamos la sesión en silencio, sólo se cruzaban, entre pinceladas, ojeadas furtivas. Varias horas transcurrieron de modelaje. Mis miembros se pusieron frígidos y se inquietaron; mientras, los movimientos contractos del retratista contrahecho cedieron a su bestialidad. Se alimentó de mi carne humana , arrancó mi placidez de venus y mató mi proyecto adonis. Escapé después de la ultraja pero perdí mis señales. Hace 50 años que busco la salida. Quedé atrapada en mi propia arrogancia y frivolidad. Y escudriño, aquí dentro, el “punto donde convergen todos los puntos […] donde se refleje el universo entero”: El Aleph”. Quizás, después de tantos años perdida, buscando la salida, pueda ver el centro y dilucidar la complejidad de la existencia humana: entre el caos y el infinito.


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