Insuficientemente capacitado para aprender a vivir y convivir o instruido y educado para sobrevivir compitiendo.
Desconocimiento del empleo integral de las capacidades del individuo humano.
Un artículo del diario página 12 del día 12/05/2011, escrito en la sección Psicología. Psicología del “mal educado”, con el título de “Niños desafiantes” por Beatríz Janin, Directora de la Carrera de Posgrado de Psicoanálisis con Niños, APBA-UCES. Texto extractado del libro El sufrimiento psíquico en los niños. Psicopatología infantil y constitución subjetiva (ed. Noveduc), sostiene que:
“.Son esos niños a los que se atribuía “mala conducta” o “mala educación”; hoy algunos los rotulan como “trastorno negativista desafiante” o “trastorno oposicionista”. La autora sostiene que esa conducta “abarca problemáticas muy diferentes”, y la vincula con determinaciones familiares y sociales”.
La Humanologia, que investiga en el “mundo interior” esencial e inconsciente del individuo humano, la existencia de las capacidades encargadas de desarrollar y emplear el comportamiento de las personas a nivel social, afirma con convicción que, en realidad más que “mal educadas”, esos niños han sido insuficientemente capacitados para conocer y emplear las capacidades que hacen posible su existencia en la vida y como consecuencia en el medio social.
¿En que fundamentos reales se basa?
En que hasta la actualidad, nuestra preparación cultural para vivir en la sociedad, comenzando por la vida en el hogar familiar y continuando por la escuela y las demás etapas de instrucción y de educación, es prepararnos tanto en nuestra capacidad sensorial como en la intelectual para “luchar para ser el mejor”.
Ello lo podemos comprobar en la definición de grado y nivel de coeficiente intelectual, con que se clasifica a los niños en su desarrollo intelectual, en la definición de mala o buena conducta, en la escala de calificaciones en cuanto a aplicación para estudiar.
Con lo cual se exalta su preparación para una actitud egocéntrica y luego tiránica y despótica en adelante, para superar su inconsciente sensación de inseguridad y temor a ser tenido en cuenta que, “no vale sino es el mejor”.
La Humanología, afirma con convicción humana y científica, que el principal error que genera como consecuencia el niño “mal educado” que socialmente da lugar al “Niño desafiante”, es el desconocer la existencia de la capacidad sensible con la que iniciamos la existencia todos los seres humanos.
Propone tener en cuenta que es la capacidad sensible, elemento esencial e inconsciente al encargada de dirigir las energías de vida a partir del instante preciso de nuestra creación como individuo humano. Continúa su accionar durante el desarrollo embrionario y hace posible llegar al nacimiento. Y aunque continúa su accionar durante toda nuestra existencia “terrena”, actúa de manera “oculta” e “inconsciente”.
Aclara que los elementos con que cuenta la capacidad sensible para esa etapa de la vida, son las variaciones emocionales, el instinto de conservación de la existencia y el papel que desempeña la capacidad afectiva, componentes todos esenciales y desconocidos, dado que tanto el desarrollo y el accionar de la capacidad sensorial (órganos de los sentidos: vista, tacto, olfato, gusto y oído), como el desarrollo y empleo de la capacidad intelectual encargada de evidenciar las energías a nivel social como comportamiento, sólo inician sus funciones a partir del nacimiento.
Insiste en aclarar también que el individuo humano, en el instante preciso del proceso de su creación, emplea la cooperación de los elementos óvulo y espermatozoide, la complementación de todas las informaciones que hereda de los seres que el precedieron mediante el empleo de sus genes y comparte su existencia con todos los elementos que forman parte del universo con él.
Y que a partir de su nacimiento, los procesos de su existencia se rigen por la competitividad, la comparación, la discriminación y la lucha por tener la mejor fama, la mayor fortuna económica y predominar con su poder sobre los demás.
Es decir, en ese instante de la creación, existe con todo lo que comparte su vida en el universo.
Pero a partir de ese preciso instante, comienzan a influir la predisposición de las herencias genéticas de las culturas que le precedieron, que le “obligan a la selección de la especie”. Selección que a partir del nacimiento con el desarrollo y empleo de la capacidad sensorial y de la intelectual, le hacen “imitar” los “personajes” del medio ambiente familiar al que están genéticamente vinculados y a relacionarse con los demás a partir de esa “imitación”.
Esta etapa que se inicia luego del nacimiento, le va haciendo “registrar” en su memoria el accionar del medio externo, pero de manera evolutiva. Primero fantasiosa – mítica-, luego religiosa – mística-, luego filosófica – ideal- y por ultimo científica. Llevándole a actuar como un “centro” que “irradia” o “atrae” estímulos, más que intercambiarlos.
“Memorias y registros” que generalmente son “reproducidos” inconscientemente y considerados como “propios” por el desconocimiento de todos los pasos que han sido dados desde el instante de su creación hasta su nacimiento y luego de su nacimiento “reproducidos” generalmente inconscientemente durante el resto de su existencia.
En síntesis, cuando se está considerando al niño como un “mal educado” que le lleva a actuar compulsivamente como “Niño desafiante, negativista y oposicionista”, en realidad se desconoce que a lo que “desafía, niega y se opone” es a “reproducir actitudes y comportamientos, que la cultura a “obligado” a instruirse y educarse para hacerlo, pero desconociendo las posibilidades de desarrollar de manera integral todas sus capacidades – sensible, sensorial e intelectual – y a partir de esa capacitación, aprender a tenerlos como referencia para consciente, responsable y respetuosamente aprender a mejorarlos en su evolución de manera autónoma, respetuosa y responsable.
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