Reflexiones sobre la sensibilidad del ser humano.

La sensibilidad del ser humano.

¿Es una fantasía ideal o una realidad esencial que desconocemos?

Verdaderamente cuesta comprender cuan insuficiente y parcial es el desarrollo de nuestra personalidad, que la cultura nos ha enseñado hasta el presente, mediante la instrucción y la educación que nos ha sido impartida por pedagogos.

Cuando uno intenta proponer que la capacidad sensible y sus componentes, actúan a partir de la creación del individuo humano, durante su gestación y son responsables exclusivos de la existencia hasta el nacimiento. Y que en cambio, el desarrollo y empleo evolutivo de los órganos sensoriales y de la capacidad intelectual, encargados de vincular al individuo humano con el medio externo social, recién comienzan su desarrollo evolutivo a partir del nacimiento, en una enorme proporción, la respuesta habitual es: “qué difícil y complicadas haces las explicaciones”.

¿Cómo lograr que se aprenda a conocer y comprender, que aún cuando la capacidad sensible y los componentes (variaciones emocionales, instinto de conservación de la vida y capacidad afectiva que vincula todos los elementos de la estructura funcional y física del individuo), elementos imprescindibles que cooperan, se complementan y participan en su funcionamiento vital, sean un elemento esencial, inexistente como estímulo captado por la capacidad sensorial y como memoria intelectual registrada en nuestra conciencia?¿Y que sin esas actuaciones, sería imposible elaborar esa respuesta? ¿Dado que no estaría en condiciones de formular esa respuesta, porque no existiría el individuo, si esa etapa previa al nacimiento no se hubiera cumplido?

¡Con cuánta soberbia la inteligencia desperdicia o desprecia la existencia de la primera etapa de todo ser humano, imprescindiblemente a cargo de la capacidad sensible!

¡Qué tristeza se origina en uno, cuando la inteligencia creada a partir de la sensibilidad y el respeto a la vida con que se creó toda persona (aunque lo desconozca), considera que uno “la hace difícil y complicada”, al proponer y respetar la necesidad de conocer, desarrollar y respetar la existencia y el accionar de la capacidad sensible!

Y sobre todo cuando en esa capacidad, los procesos de cooperación, de complementación respetuosa de las diferentes experiencias individuales y de la necesaria participación de todos los componentes que crean al ser humano, son los únicos elementos comunes en toda existencia.

Y que el la propuesta para una capacitación integral del ser humano, al aportar con ese conocimiento, sea quizá la única posibilidad para reducir, las arbitrarias diferencias que al nacer las personas, inexorablemente llevan a que se comparen, discriminen. Situaciones que basadas en sus distintas maneras de actuar, se acomplejen de superioridades y de inferioridades. Conductas con las que luego son impulsados a actuar como rivales frente a los demás. Actitudes y conductas todas, originadas por la instrucción y la educación que las diferentes culturas emplean para que compitan para lograr más fama, más poder y más fortuna que los demás.

Desconociendo que si el óvulo aportado por la mujer y el espermatozoide aportado por el varón, no hubieran cooperado en la creación del nuevo individuo, único de esa manera creado en el universo. Si no hubieran complementado todas las informaciones que sus herencias genéticas transmitían de las culturas anteriores, y si no hubieran participado todos los demás componentes de la humanidad en esa creación, directa o indirectamente, conciente de ello o desconociéndolo, no existiría ese nuevo individuo y concluiría la evolución de la humanidad que contribuyó a esa creación.

¡Cuánta decepción genera el comprobar que sólo el desconocimiento de la existencia de la capacidad sensible y del papel que desempeña en el comportamiento del ser humano en el medio social, es quizá una de las causas más importantes del imprudente e irresponsable comportamiento de las diferentes sociedades en la etapa actual de la evolución de la humanidad!