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Carl Gustav Jung y el Nazismo


Quemaron los libros de Freud

Dijo Jung: El inconsciente ario tiene un potencial mayor que el judío [...]. A mi juicio, la actual psicología médica ha cometido un grave error al aplicar indiscriminadamente categorías, que ni siquiera son válidas para todos los judíos, a los germanos cristianos o eslavos [...].



- Por Laura Ibarra García

- Centro de Estudios Europeos Universidad de Guadalajara

La psicología médica ha sostenido que el secreto más precioso de los germanos, el fondo de su alma creadora y llena de fantasía, es un pantano infantil y banal, mientras que por décadas, mi voz que advertía de ello, ha estado bajo la sospecha de ser antisemita. La sospecha provino de Freud. Éste no conocía el alma germana, como tampoco la conocen sus seguidores.

Estas palabras fueron escritas por C. G. Jung en enero de 1934. Ellas dejan ver el rumbo que tomaría el psicoanalisis en Alemania durante los once años en que el país estaría dominado por los nazis. MientrasSigmund Freud y Alfred Adler, quienes pertenecían a la comunidad judía de Viena, eran blanco de numerosas difamaciones que aparecían en periódicos nacionales y en revistas especializadas, Jung sintió que había llegado la hora en que el régimen alemán lo habría de reconocer como uno de sus grandes intelectuales.

Jung pensaba que sólo su teoría, conocida como psicología analítica, lograba explicar realmente el surgimiento del nazismo, la grandeza de Adolfo Hitler y la supremacía psicológica del alma alemana sobre el inconsciente de los otros pueblos.

Jung estaba seguro de que tan pronto como los líderes nazis se dieran cuenta de las coincidencias entre su pensamiento y la ideología del nacionalsocialismo, él pasaría a formar parte de las luminarias académicas a quienes los nazis acostumbraban tributar un enorme reconocimiento.

A principios de 1933, Jung empezó a ser considerado en Alemania como el renovador de la psicología y de la psiquiatría. Él había venido a rescatarlas del estado de descomposición en que habían sido sumergidas por los judíos psicoanalistas. En ese mismo año, empezaron a ser quemados públicamente los libros de Freud. Los nacionalsocialistas recomendaban recitar en el momento en que éstos eran lanzados al fuego lo siguiente: “En contra de la sobrevaloración de la vida sexual que destruye el alma, y por la nobleza del alma humana, entrego a las llamas los escritos de un tal Sigmund Freud”.

En junio de 1933, C. G. Jung fue nombrado presidente de la Sociedad Médica de Psicoterapia, que agrupaba asociaciones de diversos países. Los miembros de la Asociación Psicoanalítica Alemana, que tenía más de veinte años de existencia, la fueron abandonando, voluntariamente o por presiones políticas, e ingresaban a la Sociedad Alemana Médica de Psicoterapia, que se formó en 1934.

Como presidente de esta sociedad fue designado el psiquiatra M. H. Goering, primo del ministro de Aviación, Hermann Goering, el hombre más importante del régimen, después de Hitler. Gracias a los esfuerzos del psicoanalista Ernest Jones, quien gozaba en ese entonces de un gran prestigio internacional, fue posible que el doctor Goering permitiera que la Sociedad Psicoanalítica Alemana continuara existiendo como una división dentro de la Sociedad Alemana Médica de Psicoterapia.

En diciembre de 1933 fue publicada la declaración de principios que regía a esta sociedad. El escrito fue redactado por el mismo doctor Goering. En él se afirma lo siguiente:

Esta sociedad tiene la tarea [...] de unir a todos los médicos alemanes [...] que pretenden formarse y practicar la terapia psiquiátrica conforme a las concepciones nacionalsocialistas. La Sociedad presupone que todos sus miembros activos, los que hacen uso tanto de la palabra verbal como escrita, han trabajado el libro fundamental de Adolfo Hitler, Mi lucha , con toda la seriedad científica y lo reconocen como fundamento. La Sociedad pretende colaborar en la obra del Kanzler, educando al pueblo alemán hacia una convicción heroica orientada al sacrificio.

Aunque años más tarde Jung negó haber tenido conocimiento de esta declaración de principios antes de su publicación, él era en ese entonces editor y responsable de la Revista de Psicoterapia, en la cual fue dada a conocer la declaración. Las páginas editoriales del número en que apareció la declaración fueron escritas por el mismo Jung, y su contenido se apega al sentido de las palabras del doctorGoering: “Las diferencias que realmente existen desde hace mucho tiempo entre la psicología germana y la judía no deben continuar siendo ignoradas; para la ciencia, esto sólo puede ser provechoso”. Con ello, Jung mostraba que no sólo estaba interesado en señalar las diferencias entre ambas psicologías, sino en proclamar la superioridad de la psicología alemana frente a la judía. Jung, por cierto, nunca se distanció públicamente del manifiesto psiquiátrico del doctor Goering.

Diversas publicaciones muestran que Jung participó voluntaria y conscientemente en las difamaciones que se divulgaban sobre los judíos y el psicoanálisis. A principios de 1934, en su artículo “Sobre la situación actual de la psicoterapia”, afirma que el judío, como “nómada”, no puede crear jamás una cultura propia; para desarrollar sus instintos y talentos tiene que apoyarse en un “pueblo anfitrión más o menos civilizado”.

En este mismo artículo, Jung se empeñó en hacer notar la imposibilidad del psicoanálisis judío de explicar el surgimiento del nacionalsocialismo, y lo acertado y útil que resultaba su propia psicología en este sentido. “¿Ha podido (el psicoanálisis de Freud) esclarecer la grandiosa aparición del nacionalsocialismo al que todo el mundo observa con los ojos llenos de sorpresa? ¿Dónde se encontraba el ímpetu silencioso y la fuerza cuando todavía no había nacionalsocialismo? Ella se encontraba escondida en el alma germana, en aquel profundo fondo, el cual es todo lo contrario a la cloaca de los deseos infantiles insatisfechos y de los resentimientos familiares latentes”. Jung va tan lejos en su deseo de desprestigiar las enseñanzas de Freud, que llega a señalar la concepción de éste sobre la neurosis como “la sucia fantasía de adolescente tenida por su autor”.

En Suiza, algunos psicoanalistas reaccionaron con toda firmeza en contra de la posición de Jung. Entre ellos destaca Gustavo Bally, quien publicó en uno de los principales diarios del país, el Neue Zuercher Zeitung, fuertes críticas a las coincidencias de Jung con el nacionalsocialismo en lo que respecta al racismo, la ideología aria y el desprecio a los judíos.

Aunque muchos de los discípulos de Jung trataron, y aún lo hacen, de minimizar y restar importancia a su convencimiento y entusiasmo por el nacionalsocialismo, los testimonios son contundentes.Artículos, cartas y entrevistas constatan que Jung no sólo simpatizaba con las ideas de los nazis, sino que trató de devaluar la persona de Freud, de excluir su obra de los países de habla alemana y de beneficiarse a sí mismo de todo esto.

En una carta enviada a Wolfgang Kranefeld, un discípulo de Jung en Alemania y ferviente partidario del nacionalsocialismo, Jung aboga por una prohibición del “psicoanálisis judío”: “Como es conocido, contra la necedad no se puede hacer nada, pero en este caso los arios pueden señalar que con Freud y Adler se están predicando públicamente puntos de vista específicamente judíos. Puntos de vista que, por cierto, tienen un carácter esencialmente destructor. Si la promulgación de este evangelio judío le resulta agradable al gobierno, pues es así y basta. Pero, por otra parte, existe la posibilidad de que esto no le fuera tan cómodo al gobierno…”.

El 26 de junio de 1933, Jung concedió una entrevista a la Radio de Berlín en la que dio a conocer sus opiniones e intereses. Jung fue presentado por su entrevistador, el doctor Weizsaecker, uno de sus discípulos, como el “conocido psicólogo de Zurich, quien frente al destructivo psicoanálisis de Sigmund Freud logró oponer su psicología constructiva”. El director del programa mencionó que el padre de Jung era un pastor protestante, mientras que Freud y Adler eran judíos. Por ello, según el doctor Weizsaecker, Jung contaba con un terreno totalmente diferente en su perspectiva general frente al ser humano.

En esta entrevista, Jung criticó la psicología de Freud y Adler como “una psicología enemiga de la vida”. A la pregunta expresa sobre las diferencias entre su pensamiento y la psicología de Freud y Adler, manifestó: “Mire usted, uno de los privilegios más bellos del espíritu germano es dejarse influir sin condiciones por la totalidad de la creación en su inagotable diversidad. Freud y Adler sostienen sólo un punto de vista individual (sexualidad, anhelo de poder) frente al todo. La teoría de estos autores distorsiona el poderoso sentido de la totalidad hasta la necedad y la belleza propia de la totalidad hasta el ridículo”. Para subrayar su distanciamiento con respecto a estos dos autores, Jung afirma que él “nunca pudo conformarse con estas posiciones enemigas de la vida”. El doctorWeizsaecker le agradeció en especial esta aclaración, y afirmó que “precisamente esta respuesta sería para muchos una liberación”.

Jung acentuó, de nuevo, la ventaja de su psicología sobre cualquier otra teoría. Ella no sólo está en situación de explicar los acontecimientos políticos en Alemania, sino también los cambios paralelos que en el arte y en la filosofía ocurrían en ese tiempo.

Tres años más tarde, en 1936, Jung publicó su famoso Himno a Wotan, el antiguo dios germano de las tormentas y del rayo. Esta divinidad es quien, desde el inicio de los tiempos, escondido en el alma alemana, desencadena las pasiones y el ansia de lucha. Para Jung, “el dios de los alemanes” explica más el nacionalsocialismo que los factores económicos, políticos y psicológicos.

En 1939, Jung concedió una entrevista al periodista norteamericano H. R. Knickerbocher en Zurich. En ese año, la política agresiva de los nazis estaba a la vista de todos: Austria, la ciudad de Dánzig, en Polonia, y la región de los sudetes, en Checoslovaquia, habían sido “anexadas” al tercer reich. La persecución de los judíos era entonces brutal y evidente. La Noche de los Cristales Rotos, en que las casas y negocios de los judíos habían sido apedreados o saqueados, había sucedido en noviembre de 1938. Nadie podía ignorar lo que estaba ocurriendo.

Jung, que entonces tenía sesenta y tres años, afirmó que “la mirada soñadora” de Hitler, “el rasgo más prominente de su fisonomía”, lo había impresionado. “En sus ojos -decía- se encuentra la mirada de un vidente. Hitler es el altavoz que amplifica el murmullo inaudible del alma alemana”. Él “se deja tocar por su inconsciente”. Para Jung, el Führer es “como un hombre que atento escucha una corriente de inspiraciones, de cuya fuente escondida sale una vocecita y que conforme a ella actúa”. “Hitler escucha y obedece” pues, según Jung, “el verdadero Führer siempre es dirigido”.

En esta entrevista, Jung no sólo expresó su admiración por Hitler, sino que refirió también su simpatía por Mussolini. En comparación con Hitler, quien es “chamán, mitad dios, mito”, Mussolini “es un hombre”. Jung afirmaba haber descubierto en el dictador italiano “determinado corte de un hombre auténtico que dispone para ciertas cosas de muy buen gusto”. Eran muestras de este “buen gusto” el hecho de que Mussolini haya tolerado al rey de Italia en su puesto y que él mismo se hiciera llamar “Duce” y no “Doge”, como en la antigua Venecia.

Jung confesó al periodista norteamericano que después de haber experimentado “la gran felicidad de encontrarse a sólo unos pasos del Duche y del Führer” en un desfile militar en Berlín, se sintió un poco decepcionado por la seria actitud mostrada por Hitler. La emocionalidad del fascistaMussolini, por el contrario, le encantó. Jung admitió haber compartido con él su entusiasmo por el paso de punta en la marcha militar. “Frente a este paso -relata- Mussolini aplaudió con alegría; estaba tan contento como un niño pequeño en el circo”.

Mientras Jung trataba de hacerse notar en los círculos nazis revistiendo la ideología nacionalsocialista de psicología profunda y justificando psicológicamente el racismo, Freud, su maestro y amigo paternal durante más de ocho años, tuvo que abandonar Viena y exiliarse, junto con su familia, en Londres. A los ochenta y dos años, no le fue fácil abandonar la ciudad en la que había vivido casi toda su vida. Pese a los esfuerzos de Freud por salvar la vida de sus cuatro hermanas, éstas fueron asesinadas en los campos de concentración de Auschwitz y de Thereseinstadt. Según un testigo que sobrevivió al holocausto, una de ellas, antes de entrar a la cámara de gas, gritaba: “Aquí hay un error, yo soy la hermana de Sigmund Freud”.

A diferencia de sus seguidores, que aún hoy se empeñan en reprimir o ignorar las simpatías de su maestro por el nacionalsocialismo, Jung admitió haber cometido un error. Después de finalizar la guerra, en 1946, Leo Baeck, profesor de historia de la religión y representante de la comunidad judía, aceptó, aunque no de muy buena gana, conversar con Jung. Este rabino, así como Ernst Bloch, Thomas Mann, Erich Fromm y Herbert Marcuse, entre otros, había criticado con dureza el apoyo que Jung brindó públicamente al nacionalsocialismo y su pretensión de legitimar mediante la psicología el dominio nazi. En esta entrevista, Jung intentó defenderse y, aunque trató de transferir la culpa a los alemanes y su patología, reconoció “haber resbalado”.

Sin embargo, hasta su muerte, ocurrida en 1961, Jung no logró distanciarse de su producción ideológica de los años treinta ni analizar las coincidencias entre sus ideas y la propaganda nazi. Esta tarea está aún por hacerse.

Gentileza: http://www.salta21.com/

El nazismo en el cine



por Javier Paisano

El nazismo ha tenido un doble reflejo en el cine, primero las películas generadas por la política de propaganda del régimen de Hitler dirigido por el certero ministerio de propaganda. La recientemente fallecida Leni Riefenstahl y sus películas, sobre todo las dedicadas a los juegos olímpicos de 1937 en Berlín, y en segundo lugar las cintas que desde el mismo interior de Alemania lucharon, brevemente, contra el régimen totalitario, a las que hay que sumarle la amplísima filmografía generada desde entonces por otras cinematografías y que se han ocupado de realizar algo de justicia histórica con los participantes en la II Guerra Mundial, resistentes contra/ y cooperantes con los nazis en los distintos países europeos.

Charles Chaplin visionario creador del cine también lo fue en este campo. Cuando EEUU todavía no había entrado en la guerra filmó El gran dictador donde realiza una de las mejores sátiras que se han hecho de Hitler y su política. Ernst Lubitsch apuntilló con Ser o no ser, también en clave de comedia el totalitarismo nazi. Ni Chaplin ni Lubitsch conocían el holocausto. Posteriormente la comedia abandonó a las películas sobre nazis para adentrarse de lleno en el drama y en la reivindicación. 

 Sería inagotable hablar sobre todo lo que se ha hecho en estos últimos cincuenta años. Visconti retrató sin piedad a la clase alta dirigente alemana en La caída de los dioses. Pasolini en Saló o los 120 días de Sodoma fue implacable con la representación del poder alemán en Italia.


 Los judíos, grandes inversores de la industria cinematográfica, han alentado todas las producciones que mantuvieran viva la llama del holocausto. Spielberg lo consiguió con La lista de Schindler.  

 Los alemanes, por su parte, han arrastrado un sentimiento de culpa del que tan sólo ahora empiezan a librarse. Aunque ha habido intentos que han contado con una nula distribución, hemos tenido que esperar a 2004 para que se enfrenten a sus fantasmas. El hundimiento de Oliver Hirschbiegel fue un esclarecedor punto de vista de los últimos días del dictador.

Es tanta la producción sobre el nazismo que me ha parecido bien ofreceros una relación de títulos sobre películas que abordaron el tema ya fuera de lleno o de manera metafórica. En la relación que sigue encontraréis algunas, casualmente, de las mejores películas de la historia del cine. 

 . Paisá (1946) de Roberto Rossellini
Tras el impacto internacional que produjo Roma: Ciudad abierta, Rossellini describió los últimos días del fascismo y la ocupación alemana en Italia en una serie de episodios basados en historias reales que se desarrollan en distintos lugares del país. Al igual que en Roma…, entre sus guionistas se contó Federico Fellini.
 

.Los mil ojos del Dr. MAbuse (1961) de Fritz Lang  

Fritz LAng volvió a narrar las diabólicas hazañas del Dr. Mabuse en otras dos oportunidades: El testamento del Dr. Mabuse,, que fue prohibida por el flamante gobierno nazi en 1933, y Los mil ojos del Dr. Mabuse, su último film.
 

.Esta tierra es mía (1943) de Jean Renoir 
 

Desde su exilio en Estados Unidos, y mientras a su alrededor abundaban las películas seguras del heroísmo de la resistencia francesa, Renoir se atrevió a profetizar lo contrario. Charles Laughton realizó para este film una de las grandes interpretaciones de su vida.
 

.Un condenado a muerte se escapa (1956) de Robert Bresson 

El protagonista es un teniente francés resistente, arrestado por la Gestapo. No se mencionan los motivos de la condena y el realizador hace una abstracción del contexto histórico sólo usado como pretexto y se concentra en la claustrofobia del encierro y en el espíritu de lucha por la libertad que posee el convicto.
 

.El último subte (1980) de François Truffaut  

El ámbito teatral funciona como un microuniverso que representa a todos los actores sociales: un crítico teatral partidario del nazismo quien se aprovecha de su oficio para divulgar un discurso antisemita, el director de teatro de origen judío que trabaja desde las sombras y es amparado por sus colegas, quienes por dinero simulan ayudar.”  

. Adiós a los niños (1987) de Louis Malle 

El colaboracionismo francés queda expuesto, en primer lugar, por la participación activa de la policía francesa, confrontada por la actitud arriesgada de una población que intentaba proteger a los perseguidos. Las autoridades de un colegio católico, lejos de la actitud condescendiente del Vaticano, optan, desde el silencio aparente, por arriesgar la vida. 

Gestapo (1939) de Sam Newfield 

Antes de que los grandes estudios se decidieran a hacer un film abiertamente antinazi, este pequeño film de clase B rompió ese tabú al describir la historia de un grupo de resistentes alemanes que procuró oponerse al régimen desde la clandestinidad. En el elenco se destaca, además de varios actores alemanes exilados, un joven Alan Ladd.

.La séptima cruz (1944) de Fred Zinnemann 

Muy lejos de las epopeyas triunfalistas de la mayor parte de las películas norteamericanas de entonces, este film describió con un tono sombrío y casi expresionista la persecución implacable de siete hombres que escapan de un campo de concentración. Con notable economía de diálogos y fuerza visual, Tracy compuso uno de los mejores personajes de su carrera.

.Hitler y el diablo (1944) de Gordon Douglas 

Lucifer está preocupado: según sus asesores, Hitler es tan malo que pronto lo sucederá al mando del Averno. En una curiosa inversión del tema de Fausto, su estrategia para evitarlo consistirá en persuadirlo de que cometa una buena acción.

.¿Sucederá de nuevo? (1946) 

Este mediometraje documental fue realizado por los aliados inmediatamente después de terminada la guerra. Su intención era básicamente propagandística, pero ilustra la época con excelente y poco visto material de archivo.
 

.Los verdugos también mueren (1943) de Fritz Lang 

Escrita por Lang en colaboración con Bertholt Brecht, el film procura reconstruir, sobre la base de la poca información disponible entonces, las consecuencias que debió soportar el pueblo de Praga tras la ejecución de Reinhard Heydrich, el representante del führer en la ciudad. Producida de manera independiente, fue una de las mejores películas del período norteamericano del realizador. 
 

.Corresponsal extranjero (1940) de Alfred Hitchcock 
 

El film denuncia la mirada ingenua del ciudadano norteamericano frente a la guerra europea y pone en evidencia una gran contradicción: en muchos de los países que luchan contra el nazismo existen ciertos sectores que están a favor de Hitler.

.Noche y niebla (1955) de Alain Resnais  

Desde el comienzo, Resnais habla de la responsabilidad colectiva y muestra cómo la nación se pone a trabajar en la construcción de campos de concentración como si fueran hoteles o estadios. El pasado de la historia representado por el blanco y negro se contamina con el presente del relato representado por la voz en off que dice Œmientras tanto la vida cotidiana sigue su curso a espaldas del horror programado 

.13 rue Madeleine (1946) de Henry Hathaway 

James Cagney combate a brazo partido contra los nazis en este film que, pese a su fuerte carga propagandística, se basa en un hecho real y está filmado en un estilo semidocumental que supuso una renovación para los estudios de Hollywood, acusando el impacto del neorrealismo. 

.El verdadero fin de la guerra (1957) de Jerzy Kawalerowicz 

Con la misma capacidad para iluminar una subjetividad perturbada que demostraría después en su obra maestra Juana de los Ángeles, el director polaco Kawalerowicz describe la existencia destrozada de un hombre, sumido en un silencio autista tras sobrevivir a los campos de concentración.
 

.La última etapa (1942) de Wanda Jakubowska 

Como luchadora de izquierda, Jakubowska formó parte de la resistencia de su país hasta que en octubre de 1942 fue detenida por la Gestapo y enviada al campo de Birkenau. Después de la guerra, Jakubowska volvió al lugar de los hechos y reconstruye la historia con actores profesionales para los personajes principales, a quienes rodeó de 350 mujeres extras que habían estado en el campo y que debieron volver a vestir los uniformes verdaderos, a usar las mantas y los camastros donde habían dormido.
 

.Algunos que vivieron (2002) de Luis Puenzo 

Toma diez testimonios de sobrevivientes de la Shoá residentes en Argentina. ŒEl drama más fuerte no era si íbamos a morir sino cómo sobrevivir cada día al hambre, declara uno de ellos. 
 

.Francisco Boix, un fotógrafo en el infierno (2002) de Llorenc Soler 

El testimonio de Boix, único español testigo en el juicio de Nuremberg, fue esencial para demostrar la culpabilidad de Albert Speer y de Ernst Kaltenbrunner. Adquiere una resonancia acusatoria cuando se lo ve ponerse de pie en el estrado y señalar a Albert Speer como uno de los jerarcas que dirigió la construcción del campo.


 .Almirante Canaris (1954) de Alfred Weidenmann 

Renegando de su filmografía anterior durante el nazismo, el realizador abordó la rocambolesca figura del jefe de los servicios secretos del régimen, ejecutado poco antes del fin de la guerra por integrar el grupo de jerarcas que trató de matar a Hitler.
 

.El tambor (1979) de Volker Schlondorff 
 

Está basada en una novela de Gunther Grass, adaptada por Jean-Claude Carrière. Desde la mirada de un niño que a partir de su tercer cumpleaños se niega a seguir creciendo en un mundo al que rechaza, muestra la descomposición social de la familia y, luego, la desplaza al ámbito público. La decisión del niño revaloriza la lucha individual de quien, con ayuda de un tambor de hojalata, enfrenta a todos.

.El fin de la noche (1944) de Alberto de Zavalía 

Para proteger a su hijo, Lamarque debe oficiar como doble agente para los nazis, pero se enamora de un hombre de la resistencia y las cosas se complican. Afortunadamente, las tensiones mundiales no impiden que la diva cante “Uno”, entre otros tangos memorables. Por su postura favorable a los aliados, este film quedó prohibido durante un año.
 

.Las conspiradoras (1960) de Ralph Thomas 
 

Se supone que la anécdota es real: un grupo de monjas italianas colaboró durante cierto tiempo con la resistencia antinazi sacando niños judíos de un campo de concentración. Más allá del enfrentamiento superficial, el film aborda cuestiones más complejas, como el atroz impacto del odio antisemita en la infancia y el ambiguo papel jugado por las tropas italianas durante la ocupación. 

 

.El gabinete del Dr. Caligari (1920) de Robert Wiene 

Además de suponer la irrupción del expresionismo en el cine, Caligari importa por haber intentado mostrar una figura de autoridad completamente desquiciada, que envía a un ser sin voluntad a matar y a ser muerto. En la intención original de sus creadores, los guionistas Carl Mayer y Hans Janowitz, debía entenderse como una metáfora del totalitarismo. Los productores agregaron un prólogo y un epílogo que modificaron esa concepción inicial, pero el film sigue siendo un hito de la historia del cine.
 

.Dr. Mabuse: el jugador (1922) de Fritz Lang 

Fritz Lang formuló la profecía más sorprendente del ascenso de Hitler en este Dr. Mabuse, originado en un folletín policial y transformado por el director en un supervillano que, a diferencia de muchos colegas, no está interesado en las riquezas materiales sino en el goce que obtiene de jugar con los hombres y sus destinos. 

Nota: La información sobre estas películas ha sido tomada de: http://www.malba.org.ar/, página del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires.

¿Sabías que durante el nazismo algunos artistas fueron tachados de “degenerados”?




Entre los años 1933 y 1945, el nazismo impuso en Alemania un arte peculiar, un arte que servía de instrumento para la consolidación del régimen y el sometimiento de las masas. Rembrandt, Van Gogh, Picasso, Kandinsky, Munch… Ellos fueron algunos de los artistas calificados como “degenerados” por el régimen nazi. Hitler consideraba que su arte no transmitía los ideales del nazismo y que sus obras eran fruto de una fantasía enfermiza. 

El arte del nazismo

En la segunda mitad del siglo XX el nazismo, en manos de Hitler y Goebbels, impuso en Alemania un arte peculiar, distinto, exclusivo, un arte que utiliarte y nazismozaban como instrumento fundamental para la consolidación del régimen y el sometimiento de las masas. Y es que por aquel entonces la cultura en general se utilizó como arma del nazismo para transmitir los ideales de Hitler. El dictador era un apasionado del arte, en su juventud intentó entrar varias veces en la Academia de Bellas Artes para estudiar pintura. Pero nunca llegó a conseguirlo. Se dice que esta frustración fue desarrollando en él su complejo contra la sociedad.

La confiscación de obras de arte

El intento del dictador por convertir a Linz, ciudad alemana, en el centro de la nueva cultura del país dio inicio al gran saqueo de obras de arte en la Europa ocupada durante la Segunda Guerra mundial. La adquisición más costosa en tierra holandesa fue la de gran parte de la colección de Mannheimer, que contenía tesoros como el Doctor judío, de Rembrandt. El saqueo del proyecto Linz llegó hasta Francia. Cerca de 21.000 piezas fueron robadas sólo en ese país. Además, el 18 de noviembre de 1940 Hitler proclamó su derecho a disponer de todas las obras de arte confiscadas en los territorios ocupados.
Muchas de las obras robadas perecieron en una gran hoguera en marzo de 1939 en Berlín. El resto se subastaron a nivel internacional para aportar fondos a la propaganda nazi.

La muestra de “Arte degenerativo”

Algunas corrientes como el 
expresionismo , el impresionismo , el dadaísmo, el surrealismo … representaban innovaciones estéticas, de manera que contradecían el ideal de belleza propagado por el régimen nazi, el tradicionalismo y clasicismo.

En 1937, los nazis mostraban en Münich 650 pinturas y esculturas que ellos mismos habían confiscado de los museos y las galerías privadas de toda Alemania. La exposición llevaba el título de “Arte degenerativo”.  La muestra estaba prohibida para menores y exhibía grandes pinturas junto a dibujos de discapacitados mentales, comentarios despectivos o fotografías repulsivas, para ridiculizar y llevar al absurdo el concepto moderno del arte. 

La locura inventada de grandes artistas

En la apertura de la exposición, el presidente de la Cámara de Cultura del Tercer Reich, Adolf Ziegler, dijo: “Lo que están viendo son los productos enfermos de la locura, la impertinencia y la falta de talento. Necesitaría varios trenes de carga para limpiar nuestras galerías de esta basura… Esto sucederá pronto”. La muestra incluía obras tan valiosas artísticamente como las de Paul Klee, Pablo Picasso, Vincent Van Gogh, Marc Chagall, Wassily Kandinsky, Max Ernst, Otto Dix y Eduard Munch, entre otros, eran consideradas fruto de una “fantasía enfermiza”.

Afortunadamente, el nazismo no consiguió aniquilar por completo las innovaciones estéticas.


Gentileza:  Artelista.com