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Arte Nazi

Acabo de leer el artículo/libro de Santiago Roncagliolo publicado por “Yerbamala Cartonera” llamado “Arte Nazi” en el que el autor cuenta su fascinación por Hitler. Esta figura que se ha convertido con los años en la epitome de la maldad, un ser que ya es mítico y cuya poderosa presencia aun puede seguir asombrando a cualquiera que se acerque a su aura. Él produce la misma atracción que generan los malos del cine, los dictadores y los crueles y sanguinarios generales bárbaros.

Roncagliolo regala en la primera parte del texto un excelente análisis de la subida al poder del Fürher, la fascinación que ejerció sobre el pueblo alemán ávido de leyendas vivas y de símbolos, sus éxitos (como efectos secundarios quizás), su apoteósica entrada en la segunda guerra mundial con una fuerza casi imparable, y finalmente el creador de la leyenda que se la cree, que originará el fin del régimen y su derrota.

Pero mucho más interesante que esta historia contada varias veces (Hay que ver la excelente película “La Caida”), es su análisis del arte nazi, puesto que durante el gobierno de Hitler el arte, la pintura, literatura, música, sufrieron lo que ocurrió en todos los gobiernos dictatoriales: el arte fue convertido en propaganda, los artistas asesinados o expulsados del país, y todas las obras de arte cubiertas con una capa de autoritarismo insulso, de gris crítica que no aceptaba diferencias, fealdades ni nada que rompiera con la imagen del ideal ario.

Al igual que los libros, ninguna de las obras canónicas de las artes plásticas nazis ha sobrevivido cincuenta años. Ni diez. Por el contrario, las obras de todo tipo que el régimen prohibió, con notable precisión, se cuentan entre las más importantes del arte contemporáneo. Quizá esa asombrosa puntería se deba justamente a la necesidad de producir un arte que no sirva para iluminar la realidad sino para oscurecerla creando un mundo alternativo cómodo y estéril al servicio del poder.

Arte Nazi

Pero el régimen no sólo prohibía el arte sino que despreciaba cualquier tipo de arte moderno, trayendo incluso una exitosa exposición llamada: “Entartete Kunst” (Arte Degenerado) en la que presentaban unas 700 colgadas irregularmente, a veces sin marcos, etiquetadas con el precio que los museos alemanes habían pagado por ellas y acompañadas de citas de la crítica y del mismo Hitler (Arte Nazi). Exposición que mostraba lo peor del arte moderno para los ojos nazis, que a su vez eran los nombres más representativos del arte del siglo XX.

Pero el arte Nazi no sólo es una colección de sosas obras sagas familiares, memorias infantiles, costumbrismo paisajista e intimismo adolescente y bucólico de función esencialmente anestésica, según Roncagliolo hubieron dos nombres, dos artistas pro-naizs, que a pesar de su posición ética es imposible negar su habilidad y genio dentro sus respectivos campos.

La primera fue la directora Leni Riefenstahl, una cineasta de poderosa expresividad que supo entender a la visión de Alemania que tenía Hitler. Su más interesante obra quizás fue Olympia, un documental sobre los Juegos Olímpicos de Berlín, una obra poco política pero que plasma muy bien el ideal nazi: el culto al cuerpo, especialmente masculino, a la vez que muestra una sociedad sana, deportiva y competitiva en armoniosa reunión con los países del mundo. Esta obra aun hoy en día es un excelente ejemplo de documental deportivo.

El otro nombre que es importante extraer de su contexto histórico y sobretodo verlo a parte del conflicto ético que plantea (al igual que Riefenstahl) es Albert Speer, el arquitecto del Reich. Miembro del círculo más íntimo de Hitler y el diseñador de las construcciones más impresionantes que dejó a su paso el Tercer Reich. Según él: lo único que recordaba la grandeza de los imperios con el paso de los siglos eran sus monumentos, de modo que las construcciones del Reich debían ser concebidas de modo que siguiesen siendo monumentales durante cientos de años. (Arte Nazi). Sus obras maestras de la arquitectura como la Cancillería del Reich, el pabellón alemán para la feria internacional, el estadio olímpico junto a una infinidad de proyectos nunca realizados hablaban todas ellas de la grandiosidad del régimen, de la pequeñez del hombre a su lado dirigiéndose a los siglos y a las generaciones venideras más que a los propios hombres. A pesar de ser nombrado Ministro de Armamento durante la guerra Speer escribiría«No me inmiscuía en asuntos políticos. Mi misión era sólo dotarlos de un escenario imponente.».

El breve texto de Roncagliolo logra hacer algo que ha necesitado el paso de muchos años. Poder hablar de los años del nazismo y de la segunda guerra mundial sin que los atroces crímenes sean lo único que veamos. Esos crímenes nunca podrán ser olvidados, pero hoy, poco a poco, podemos empezar a acercarnos a ver y entender un fenómeno interesante y poderoso desde la distancia que la historia nos confiere.


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Manifestantes descolgaron los cuadros del pintor nazi Toon Maes

 Unas 50 personas participaron del cierre de la muestra de Tonn Maes, luego del acto de recuerdo por los 32 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976.

 

Durante los discursos, Angel Vainstein tomó el micrófono y planteó la paradoja de la realización del acto con la muestra auspiciada por el municipio, de quien fuera denunciado como espía nazi en Bélgica, en el libro de Esteban Buch ”El pintor de la Suiza argentina”.

Vainstein con un grupo de militantes de organizaciones sociales, de defensa de los derechos humanos, y partidos de izquierda, ingresaron en la sala del ex correo –en el Centro Cívico- y procedieron a descolgar los cuadros de de la muestra y “cerrar” la exposición de Maes.

“En un acto reivindicando la verdad y la justicia, en el 32 aniversario del golpe del ‘76, me pareció imprescindible denunciar ante la concurrencia el hecho paradojal que se estaba dando que junto a la realización del acto de reivindicación de los desaparecidos, a pocos metros del lugar se estuviera realizando una exposición plástica de un pintor sobre el cual está absolutamente demostrado su pertenencia al nazismo”, explicó Vainstein a este medio.

Agregó que “en forma absolutamente espontánea la gente que estaba en la plaza cerró la exposición. Nos introdujimos en la galería y bajamos todos los cuadros”.

Para Vainstein, lo ocurrido ayer “demuestra que hay una actitud, un sentimiento, y que hay memoria y hay historia. Porque esta también es la Bariloche de (Erich) Priebke, de (Juan) Maler (nombre ficticio del ex espía del Servicio de espionaje militar del Reich, Reinhard Kopps), de Otto Meiling que muestra la película “Pacto de Silencio” en un acto nazi en el Luna Park. Grandes figuras de Bariloche que van cayendo como un mazo de naipes y se va develando la incógnita de quienes eran”.

La muestra de Maes se organizó en el marco de los festejos por el 80 Aniversario de la Biblioteca Sarmiento, y fue auspiciada por la municipalidad local.

“Una muestra de esta naturaleza, avalando a un nazi, me parece que es un hecho de una gravedad inédita. Los volantes que estaban en el área de Cultura del Centro Cívico, dice muestra ‘auspiciada por la municipalidad, subsecretaría de Cultura’”, explicó el manifestante.

Finalmente Vainstein aseguró: “hay algunas miradas que intentan diluir estas realidades, como por ejemplo la ‘teoría del buen vecino’: ¿cómo va a ser nazi si vive acá y pinta cuadros? Se van develando las incógnitas y va a pareciendo con mucha claridad lo que ha sucedido en esta ciudad”. (ANB)

Tibio pedido de perdón de la subsecretaria de Cultura por auspiciar la muestra de Maes

Fecha: Miércoles 26 de marzo de 2008

La subsecretaria de Cultura de la municipalidad, Susana Vega, explicó que “si hubiera sabido la repercusión (que tuvo la muestra de Maes) obviamente que no la hubiésemos auspiciado”, y evitó todo pronunciamiento sobre el pasado nazi del pintor. Dijo textualmente: “una persona que ha circulado por acá, es parte de la historia, juzgar lo que hizo o dejó de hacer determinada persona, no pasa por mí… Yo no voy a juzgar eso. El tema de juzgar pasa a otro nivel, esta persona estuvo acá, trabajó, y si hay un margen de error (por el apoyo a la muestra) como seres humanos, lo reconozco”.

Antoine Gustav Albert Maes colaboró con los nazis durante la ocupación alemana en Bélgica, con un destacado papel en el área de Propaganda. Cuando su país fue liberado escapó a Alemania. Fue juzgado y condenado en ausencia en un juicio desarrollado en Amberes.

Sin embargo, en declaraciones a Radio O, Vega incluso se mostró más preocupada por el descuelgue de cuadros que por el horror del holocausto nazi: “Así no es como se reclama. Entraron a la fuerza a la sala del ex correo, bajaron los cuadros y pintaron las paredes del edificio, ¿qué nombre le ponemos a esto?, a esta actitud…”, argumentó.

“No hubo intención de hacer honor a determinada persona, de acuerdo a lo que hizo o dejó de hacer en su momento, pero hablar de cultura significa hablar educación, libre expresión”, señaló la funcionaria.

Tal como informó ANB luego de la manifestación de recuerdo por los 32 años del último golpe de Estado, integrantes de la movilización retiraron los cuadros del colaborador belga del régimen nazi de Adolf Hitler. El pasado de Maes fue expuesto en el libro de investigación “El pintor de la Suiza argentina”, del periodista Esteban Buch.

En el marco de la marcha por el 24 de marzo, los manifestantes pidieron la renuncia de los responsables de la Subsecretaria de Cultura de la Municipalidad.

Vega indicó hoy que “respecto a lo sucedido, quiero aclarar, desde la Subsecretaria hubo intención de colaborar con la movilización (por el 24 de marzo) como el uso del escenario. Nosotros cedimos el espacio a la Biblioteca Sarmiento para la exposición, pero dada la circunstancias hubiese sido bueno que no estuviese”.

“Hay que reconocer cuando uno se equivoca, seguramente, no tengo problemas en reconocer que, nos equivocamos al poner la muestra”, sentenció finalmente. (ANB)

La AMIA reclama la renuncia de funcionarios que permitieron la muestra de Maes

Fecha: Jueves 27 de marzo de 2008

Autoridades de la AMIA apoyaron el pedido de renuncia de los funcionarios responsables de la exposición del pintor nazi Antoinen Gustav Maes, realizada en la ciudad argentina de Bariloche y que provocó indignación de la comunidad local, según indica un cable de AJN.

“Tendrán que tener la madurez política suficiente para asumir los costos de su accionar y renunciar”, aseguró el vicepresidente de la AMIA, José Adaszko.

Según la información de AJN, el dirigente afirmó que es responsabilidad de los funcionarios averiguar quién es el artista que expone. Si en Bariloche esto no se “chequeó”, los políticos “tendrán que presentar su renuncia”, afirmó.

Con respecto a la actitud de denuncia y reclamo de la ciudadanía, Adaszko la consideró una muestra de “madurez y concientización” de los habitantes de Bariloche.

“Hay que actuar con la ley en la mano y existe una ley antidiscriminatoria” que tiene que cumplirse, concluyó.

Incluso, la Agencia dialogó con Ángel Vainstein, “ciudadano de Bariloche e impulsor de la denuncia” quien aseguró que “las autoridades comunales sabían quién era el pintor pero que, de igual modo, decidieron presentar la muestra”.

“Dijeron públicamente que no creyeron que iba a generar tanto impacto”, expresó Vainstein, y agregó que promoverá la renuncia de la subsecretaria de Cultura de la ciudad, Susana Vega. “No queremos que esto quede impune porque es apología del delito”, sentenció.

Vainstein también destacó la dificultad que existe en la ciudad para denunciar a los nazis. Hay “mucho miedo y temor”, y la comunidad judía local es muy reducida, lo que genera “inferioridad de condiciones”, explicó.

Según recordó AJN “la muestra del pintor nazi había sido dispuesta en una sala del Centro Cívico con motivo del 80º aniversario de la Biblioteca Popular Domingo Faustino Sarmiento y tenía el auspicio de la Subsecretaría de Cultura local.

Antoine Gustav Maes, apodado Toon, vivió en la Patagonia argentina tras desempeñarse en el ministerio de Propaganda nazi en Bélgica. Cuando el país europeo fue liberado, el artista huyó. Pese a esta situación fue juzgado y condenado en ausencia por el tribunal de Amberes”. (ANB)

Arno Breker: ¿sólo decorador de la barbarie nazi?

“No fue un artista que se equivocó, que fue más oportunista que otros. No. Fue alguien que se hizo culpable, también con su arte. Fue un decorador de la barbarie”, así el juicio que sobre Arno Breker maneja el presidente de la renombrada Academia de las Artes de Berlín, Klaus Staeck, quien se opone a que se le dedique una exposición. 

Sin embargo, lo  que pretende su curador, Rudolf Conrades, no es ensalzarlo sino revisar el arte en el Tercer Reich. “La República Federal de Alemania se encuentra madura para ello”, opina Conrades quien ha tenido que enfrentar duras críticas e inculpaciones e, incluso, cartas colectivas de artistas pidiendo que se cancele la retrospectiva. O sea, mucho revuelo público por un tema, que una y otra vez, toca las fibras germanas más sensibles.

Una vida en pos de la belleza

Los biógrafos menos críticos de Breker lo ven como un esteta plástico desde la cuna. Arno Breker nació en la renana Elberfeld en 1900, como hijo de un maestro labrador de piedra, de quien aprendió el primer oficio. Su formación en escultura y arte en Dusseldorf lo pusieron tempranamente en contacto con la obra de Rodin y Miguelangel; su posterior estudio de Arquitectura lo lleva a conocer a Walter Gropius y a Paul Klee en Weimar. Sobresaliente alumno, Breker comienza rápidamente a recibir encargos. Un busto del gran expresionista alemán Otto Dix está entre sus primeras obras conocidas.