Esoterismo nazi
Gentileza Blog 2010: http://heideggermarcusesempaloma2010.blogspot.com/
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Nora Catelli presenta “Kafka y el Holocausto” de Álvaro de la Rica from Canal-L televisión on Vimeo.
Por: Claudio Savoia
Inexorable, la arena del tiempo fue pintando aquella noticia refulgente con el pajizo color de los recuerdos: hace cincuenta años, el secuestro en Buenos Aires del ex jerarca nazi Adolf Eichmann conmovió al país y al mundo, pasmado por la reaparición del “arquitecto del Holocausto” y la precisión de sus captores para trasladarlo en secreto hasta Jerusalén. La sorpresa cedió paso al estupor, y Argentina reclamó a Israel ante las Naciones Unidas por la violación de su soberanía. Mientras, Eichmann se encaminaba hacia el histórico juicio que, en 1962, cerraría el caso y su vida con el sobrio trámite de un patíbulo.
Esa es la historia, esos los hechos. Pero en los entresijos del expediente judicial iniciado por la esposa de Eichmann para denunciar su desaparición, en los nerviosos documentos diplomáticos que gestionaban la crisis internacional, afloran sustanciosos detalles y peripecias que hasta hoy permanecían engullidos por una primicia que ya no lo es: funcionarios inútiles, burócratas a prueba de balas, jueces burlados sin disimulo por policías, diplomáticos y hasta por oscuros oficinistas, brillantes estadistas entregados al barro de la chicana; ellos son los actores de una crónica escrita con el hilo invisible con el que siempre se cosen los pedazos de la Historia.
Adolf Eichmann había ingresado al país en 1950, gracias a una de las redes de salvoconducto tendidas por los nazis y sus protectores, con un pasaporte extendido por el Comité Internacional de la Cruz Roja a nombre de Ricardo Klement: un apelativo al que respondió hasta la noche del 11 de mayo de 1960, cuando un comando de espías israelíes lo emboscó a su regreso del trabajo que tenía como técnico en la fábrica de autos Mercedes Benz. La captura ocurrió a las 20:05, después de que Klement-Eichmann bajara como siempre del colectivo 203 en la parada de la ruta 202 que quedaba a cien metros de la tapera de la calle Garibaldi, en San Fernando, en la que vivía con su familia.
Entre cigarrillos y botellas de vino kosher lo convencieron de que escribiera y firmara una carta en la que asumía su identidad y aceptaba “voluntariamente” ser trasladado a Israel para someterse a la Justicia. Lo mantuvieron encadenado a una cama nueve días, hasta que la noche del 20 de mayo, drogado y disfrazado, lo llevaron al aeropuerto de Ezeiza. Entre empujones y chacotas, como a un mecánico borracho a quien deben sostener para que no se desplome, lo cargaron al avión de la línea israelí El-Al que Jerusalén había fletado a Buenos Aires dos días antes con la excusa de participar de los festejos del 150° aniversario de la Revolución de Mayo. Dos días después, el premier israelí Ben Gurion anunció al parlamento que el “arquitecto del Holocausto” había sido capturado por “un grupo de voluntarios judíos, algunos israelíes”, y que iba a ser juzgado en Jerusalén.
La prehistoria de aquella operación es pródiga en anécdotas y episodios cautivadores: el fortuito flechazo en Buenos Aires del primogénito del nazi con la hija de un sobreviviente de la Shoah ciego pero con buena memoria para los apellidos, las primeras tareas de inteligencia, desde 1957; la selección de los veinte agentes que participarían de la operación, la decisión oficial de aguantar el seguro chubasco diplomático ante semejante operación para evitar el baldón sufrido apenas un año antes, cuando el pedido de extradición de Josef Mengele por parte de Alemania Federal terminó en la basura porque Argentina respondió que las acusaciones contra el sádico médico experimentador de Auschwitz eran de naturaleza política y que ya habían prescripto.
Decenas de libros contaron y corrigieron todo eso una y otra vez. Pero bajo el aleteo de las polillas otra historia, más pequeña pero irremediablemente argentina, se escribía en los tribunales porteños. El expediente por el secuestro de Adolf Eichmann se inició el 12 de julio de 1960, cuando el desaparecido ya llevaba casi dos meses aparecido, ahora en una cárcel israelí. La esposa del nazi, Veronika “Vera” Catalina Liebel de Eichmann, protestaba por la captura de su marido, y subrayaba “el agravio inmerecido cometido contra la Soberanía Nacional”. La causa se tramitó ante el juzgado penal federal 1, que entonces comandaba Leopoldo Insaurralde. Hoy lo hace María Servini de Cubría.
El 2 de agosto, el juez le pide al jefe de la Policía Federal que individualice al autor o autores del secuestro, y que una vez hecho esto “los ponga a disposición de este juzgado en calidad de incomunicados.” No parecía fácil, cuando todo el planeta sabía dónde estaba Eichmann y en manos de quién. El 9 de septiembre, con picardía, la policía le contesta a Insaurralde que “se resolvió efectuar una revisión de los recortes periodísticos que tratan sobre el particular, a los efectos de una mayor ilustración”. La respuesta a lo que el juez pedía estaba en los diarios.
Los equívocos recién comenzaban. El 29 de agosto, Vera Eichmann firmó una petición al juez: “ha llegado a mi conocimiento que don Otto Adolfo Eichmann será reintegrado a la embajada argentina en Tel Aviv de un momento a otro”, especulaba. Tras unas pocas diligencias inútiles, el año se terminaba y el juez seguía perdido. El 16 de noviembre de 1961, el fiscal Francisco D’Albore se despierta: le reclama a Insaurralde que vía exhorto solicite la declaración del propio Eichmann y de cuatro israelíes que según las noticias parecían haber participado del secuestro. D’Albore también pide que la policía averigüe si en los registros oficiales figura la salida del país de Ricardo Klement, y exige que la Dirección de Aviación Civil informe sobre los vuelos de aviones israelíes en mayo, con el detalle de tripulantes y pasajeros.
El juez mueve su primer dedo el 18 de diciembre -tres días después de que Eichmann fuera condenado a muerte-, para pedirle al entonces canciller Miguel Angel Cárcano que tramite el exhorto ante las autoridades judiciales de Israel “con carácter de muy urgente”. Cancillería contesta que el juzgado debe traducir el escrito “al idioma israelí”, “diligencia que no puede cumplir este ministerio por carecer de traductor capacitado para ello”. Más contratiempos risibles: el 18 de enero de 1962 llega una nota desde la embajada argentina en Israel, que avisa que una de las personas solicitadas, un tal “Eriedman”, en realidad se llama “Friedman”. Y pregunta qué hacer entonces. Pasan las semanas. El 14 de marzo, Insaurralde le pregunta a Cancillería qué pasó con el famoso exhorto librado en diciembre. Nada. Vuelve a escribir el 16 de abril, ya a otro canciller: Arturo Frondizi había sido derrocado el 29 de marzo por un golpe militar.
Aunque cueste creerlo, la policía contesta que no sabe si Ricardo Klement salió del país. El 3 de abril, la Dirección de Aviación Civil admite que no tiene más datos sobre el avión israelí. El 31 de mayo, Insaurralde escribe a Cancillería: “atento a las circunstancias que son de dominio público”, solicita que “informe con la debida premura sobre el estado de tramitación del exhorto que se librara el 26 de diciembre pasado”. Minutos después, Eichmann colgaba de una horca.
Pero ese detalle no era suficiente para detener el Macondo judicial argentino. El 19 de junio, Migraciones contesta que “no ha sido posible localizar la lista de pasajeros” del avión de El- Al. Habría que preguntarle a la Dirección de Circulación Aérea y Aeródromos, que el 4 de septiembre avisa que ahí no saben nada, pues sólo hacen el parte meterológico y aceptan el plan de vuelo. El jefe de Migraciones en Ezeiza dice que ellos no hacen control de salida. Y la Policía cuenta que averiguó en el archivo de Migraciones, y que allí las planillas y fichas de viaje se mantienen durante un año y luego se destruyen. Adiós, Eichmann.
Como un chiste tardío, el 29 de agosto Israel responde el famoso exhorto librado ocho meses antes. Luego de deshacerse en “los más atentos saludos”, la cancillería “tiene el honor de comunicarle que las instituciones jurídicas competentes llegaron a la conclusión de que a su pesar no existe la posibilidad de acceder al exhorto”. Enojado, el fiscal D’Albore escribe que en la respuesta israelí ni siquiera “se advierte el argumento legal que la cortesía y consideración internacional exigían”. El 20 de diciembre, el doctor Insaurralde dicta sentencia: “se ha comprobado la conducción de Adolfo Eichmann fuera de los límites de Argentina”, advierte con lucidez. Pero “han resultado estériles los esfuerzos del Tribunal tendientes a individualizar a quienes de una u otra manera tuvieron intervención en el episodio”. ¿El resultado? “Sobreseer provisionalmente en el presente sumario”.
Pero la inteligencia del pobre juez no había sido mejor tratada que la del Gobierno argentino, que recibió el “caso Eichman” como un cachetazo. Embretado por la noticia que ya daba la vuelta al mundo, el 3 de junio de 1960 el gobierno de Israel le escribe a la Cancillería local que “ignoraba el hecho de que Adolf Eichmann hubiera llegado desde la Argentina”, y que sólo ante un telegrama del embajador israelí en Buenos Aires, Arie Levavi, había investigado los pormenores del caso. ¿Cuáles eran? Los de una creativa historia de ciencia ficción: “un grupo de voluntarios judíos (entre ellos algunos israelíes)” habían rastreado, capturado y llevado a Jerusalén al ex jerarca nazi, quien “manifestó su conformidad de ir a Israel espontáneamente para ser procesado”. Ante lo evidente, se aclaraba que “en caso de que el grupo de voluntarios haya violado la ley argentina o haya interferido en los fueros de la soberanía argentina, el Gobierno de Israel desea manifestar su pesar al respecto”.
El propio embajador Levavi, admitió tiempo después que la historia de los voluntarios sonaba como un “cuento de abuelas” intragable. El 7 de junio, Israel jugó a fondo, con una carta personal de Ben Gurion al presidente Arturo Frondizi. Después de recordarle que Eichmann fue “directamente responsable de las órdenes de Hitler para la ’solución final’ del problema judío en Europa”, y de admitir que “no desestima la seriedad de la violación formal de las leyes argentinas”, el premier afirma que sin embargo “este evento no puede ser enjuiciado desde un ángulo puramente formal”.
La respuesta de la cancillería fue durísima: el 8 de junio responsabilizó a Israel por las acciones de los supuestos “voluntarios”, denunció la falta de un “ofrecimiento de reparaciones” junto con los lamentos por el secuestro, y reclamó tanto “la restitución de Eichmann en el término de esta misma semana” como “la punición de los individuos culpables de la violación del territorio nacional”.
Pero todo siguió igual, y Argentina decidió llevar el caso ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Mientras las posiciones se espesaban cada vez más, y ante la impavidez israelí, las acusaciones argentinas pisaban el límite de lo diplomáticamente tolerable. El 22 de junio de 1960 la ONU condenó a Israel por haber violado la soberanía argentina. Frondizi podría mostrar algo en casa, aunque Eichmann siguiera donde estaba y ningún secuestrador rindiera cuentas ante nadie. Tras algunas negociaciones informales cuyo registro no se conoce, el 3 de agosto ambas cancillerías acordaron que Israel pidiera disculpas por el secuestro y Argentina echara del país al embajador Levavi tras declararlo persona no grata. El incómodo entuerto quedaba saldado, aunque el juez Insaurralde siguiera empapelando los despachos con exhortos y reclamos durante un año y medio más.
El tiempo pasó, y el Mossad sólo reconoció que sus agentes fueron los verdaderos autores del secuestro de Eichmann en febrero de 2005. Hace cuatro años se supo que la CIA también sabía que Adolf Eichmann estaba en Buenos Aires, y conocía tanto su nombre falso como su dirección. En una de las habituales piruetas de espionaje de aquellos años, jamás reveló esos datos para no poner en peligro la labor de otro ex dirigente nazi que entonces trabajaba para Washington en Alemania Oriental. Varias décadas después de la noticia del secuestro del temido oficial nazi, y ante la mirada miope de la Historia, justicia, política y conveniencia volvían a mezclarse, cosidas por un hilo invisible.
Fuente. Clarin
He reflexionado largamente sobre las palabras que usted me dijo en mi visita a Todtnauberg, y deseo escribirle abiertamente sobre ellas. Usted me decía que desde 1934 se había distanciado completamente del régimen nazi; que usted en sus clases y conferencias realizaba contra él especiales observaciones críticas e, incluso, usted se lamentaba de ser “vigilado” por la Gestapo. No quiero dudar de sus palabras, pero los hechos están ahí: usted se identificó tanto con el régimen nazi que todavía hoy es considerado a los ojos de muchos como uno de los más firmes apoyos espirituales que tuvo el nazismo. Algunas de sus manifestaciones, escritos y acciones en ese tiempo son la prueba de Io que digo. Usted nunca se ha retractado de ello abiertamente, tampoco después de 1945. Usted nunca ha explicado abiertamente que ha llegado a otro pensamiento diferente de aquel que en 1933-34 ha declarado y realizado en sus acciones. Permaneció después de 1934 en Alemania, a pesar de que usted antes que otros habría encontrado un lugar de trabajo. Usted no ha denunciado públicamente jamás los hechos ni la ideología del régimen. Por todas estas circunstancias, todavía hoy se le continúa identificando con el régimen nazi.” Herbert Marcuse. ( Frag. Carta a Martin Heidegger 28 de agosto, de 1947, 4609 Chevy Chase Berd.shington 15, D. C.)Esta propuesta de seminario indagará acerca de “Martìn Heidegger y su implicancia con el nefasto nazismo”; al momento de considerar el Nacionalsocialismo como proyecto cultural resulta oportuno considerar los discursos políticos de 1933 pronunciados por Heidegger, clave “teórica” del compromiso de este pensador con el III Reich, compromiso político-académico que le hace prestarle su voz al Nacionalsocialismo como único proyecto cultural para el resurgimiento de Alemania.”. Usualmente los alumnos escuchan en Primer Año o en años superiores hablar algo sobre él por alguna referencia que formulamos algunos docentes o trabajan algún capítulo de algunos de sus libros O leen alguna referencia en algùn Seminario de Lacan. Pero, a lo largo de la carrera es muy escasa por no decir casi nula la aproximación que pueden realizar sobre el pensamiento de este filósofo. Entonces surgen preguntas: ¿Quién fue Martìn Heidegger…? ¿ Cuál es el carácter general de su filosofía? Nuestro autor desplegó un pensamiento riguroso y creativo pero lejos del ideario libertario. En la primera unidad temàtica nos concentraremos en una introducción acerca de su pensamiento. En una segunda unidad temàtica gracias a dos intercesores Hannah Arendt y Herbert Marcuse, abordaremos la temàtica del nazismo en los diversos saberes y la implicancia de Heidegger. En una tercera unidad temàtica indagaremos acerca del arte ( hecho estètico ) y la ciencia como aval del nazismo. Por lo cual volveremos nuevamente a Heidegger Por todo lo anteriormente estableceremos la relación entre las consecuencias que se derivan del planteamiento de Heidegger y ciertas cuestiones del debate ético contemporáneo. Su implicancia o no con el nazismo…, cabe puntualizar que nos sentimos màs cercanos a la mirada de Herbert Marcuse. Por todo lo puntualizado, es que proponemos aquí en este seminario, una multiplicidad de paisajes. Textos que son centros que no se imponen, textos como herramientas que sirvan para producir ideas, textos que trazan una multiplicidad de recorridos
Lugar:
ANEXO (Ituzaingo y Corrientes)
Facultad Psicología
Aula: 4, a las 21:30hs.
Universidad Nacional de Rosario
Màs informaciòn e inscripciòn: ceipyac@yahoo.com.ar
Aclaraciòn: como siempre hay algùn problema tècnico si no pueden inscribirse se inscriben igual el primer dìa de clase con la docente dictante de seminario
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por Carlos D. Luque
Se cumple un año de la desaparición física del hombre público más determinante, más influyente y más reconocido que tuvo la República Argentina en los últimos 30 años, un día como hoy en 2009 fallecía justo momentos después de la caída del sol, el ex presidente de la Nación Argentina, Raúl Ricardo Alfonsín.
Queremos, una vez más, homenajearlo, pero de una manera práctica y sin vacilaciones, como a Alfonsín le gustaba actuar, queremos recordar cuál era su pensamiento político cuando era inminente la vuelta de la democracia, antes de 1983, cuando había que proponerle algo a la sociedad argentina y su pensamiento incontenible haría ese sueño (la democracia) realidad, cuando desde 1955 hasta la llegada de Alfonsín no hubo un solo gobierno elegido por el pueblo que durara más de 4 años sin que fuese volteado en nombre de quién sabe qué circunstancia decadente y efímera.
En 1980, el padre de nuestra democracia moderna presentaba su “Cuestión Argentina”, libro compendio de sus ideas, visto lo que había transcurrido hasta ese momento y proponiendo el camino seguro para el abordaje de una democracia duradera pero también efectiva, eficaz y conducente para el desarrollo del país y el bienestar del pueblo argentino y, al mismo tiempo, imploraba y desafiaba a cualquier argentino bien nacido a proponer sus ideas, por dos razones: porque no sobraba tiempo y porque de ser mejores otra/as propuesta/as serían plenamente respetadas, el demócrata despuntaba ya an-tes de imponerse la democracia, y quedarse para siempre, en la Argentina.
Decía Alfonsín: “La democracia no es un lujo. Es la primera condición. Pero es cierto, debemos explicar por qué a pesar de los graves acontecimientos producidos entre 1973 y 1976, hoy -y aún más hoy- nosotros exigimos la vigencia de la democracia”.
Y acto seguido ensayó algunas respuestas: “Es la primera condición para los trabajadores argentinos que únicamente con el diálogo democrático y sin imposiciones lograrán tener el fundamento para un orden social justo”.
“También para los sectores medios entre los que muchos pensaron que les convenía cambiar las garantías democráticas por una mal entendida ‘protección’, y hoy ya han comprobado que el remedio fue peor que la enfermedad”.
“Y finalmente para los jóvenes, quienes reiteradamente ven frustradas sus aspiraciones por una sociedad que los margina y los rechaza. Con ellos podremos dialogar nuevamente sobre la democracia como fundamento de una sociedad abierta y moderna que asegure la igualdad real de oportunidades”.
Finalizaba apenas la introducción de su propuesta superadora que aquí tratamos de acercarles para que se conozca más su verdadero y avasallante pensamiento político, diciendo: “En este libro voy a hablar claro para reivindicar a esa democracia (y me refiero a la democracia de 1963-1966, esa que no tuvo ni detenidos políticos ni presos gremiales, que no recuerda un solo desaparecido, un solo ausente. Esa Argentina en la que los asalariados participaban crecientemente del ingreso nacional, que poseía una universidad floreciente y una prensa libre). Ese es el ejemplo, esa es la Argentina posible”,
“Y si el argumento de que es justa no fuera suficiente, demostraremos también que es más eficaz para alcanzar el desarrollo de nuestro pueblo. Y a quienes no les importe que sea justa y eficaz y la descarten por cálculo o interés personal que cierren ya este libro. Estas reflexiones no son para ellos, los únicos enemigos de la Argentina”.
Pero como si sus definiciones iniciales no bastaran, y profetizando exquisitamente una respuesta a la actual situación de las fuerzas políticas a nivel nacional, Alfonsín claramente expresaba: “¿Quién fija en una democracia los límites del disenso? Nadie más que el pueblo a través de sus representantes. Sólo los autócratas establecen los límites de la libertad para los demás. No nace una democracia sana con una libertad coartada. Por lo demás, esos límites ya se establecieron. Están en la Constitución Nacional (como si fuera poco). No hace falta más”.
Le han preguntado en su momento por qué consideraba que su propuesta sería eficaz, nuestro político más importante de las últimas tres décadas no dudó: “Voy a contestar de una manera sencilla. No soy un analista político, soy un político. Estas no son las ideas de un observador. Son las decisiones de un actor”.
“Se quiere una democracia fuerte, ¿verdad? Aquí hay un camino. A mi juicio, el únco posible. Quienes tengan otras soluciones, que rápidamente las expresen en forma pública al país”.
“Pero podrá haber otras soluciones, pero decisión a tomar hay una sola: democracia o totalitarismo, es decir, desarrollo o decadencia. No hay tiempo que perder, ya está casi agotado. Yo mismo que propongo estas ideas no sé por cuánto tiempo más tendrán validez”.
Son estos rasgos de carácter inclaudicable los que celebramos, honramos y conmemoramos, reivindicar a Raúl Alfonsín, como bien ha dicho Gargarella, no implica hacer un culto de la austeridad o de la pobreza (aunque no veo por qué no deberíamos ha-cerlo) sino elogiar la presencia, imprescindible en lo que a mí concierne, de ciertas ataduras morales. Finalmente, en un último párrafo dejamos encerrada a la grandeza de ese hombre bueno que lo único que hizo fue hacer un culto de la política, y ahora que no está lo extrañamos; decía Alfonsín:
“Sabremos, por fin, lo que quiere decir democracia, porque ya no será un slogan impunemente manoseado, ni una enfermiza competencia por el voto del pueblo, sino una forma de vida y filosofía, que impone la obligación de proteger la dignidad del hombre frente a los abusos de poder del Estado y del poder económico y, en última instancia, la única forma de garantizar el desarrollo nacional”.
Sobrevivir dos veces: el testimonio de una experiencia única.
La historia que reconstruye Eisentaedt es un ejemplo de fuerza y voluntad para sobreponerse al dolor.
El libro ha sido traducido al alemán, y se prepara la presentación en la Feria Mundial del Libro Frankfurt 2010, donde Argentina es el país invitado de honor y el tema central es la dictadura.
En diálogo con el portal de la U.N.R. la docente y escritora Eva Eisenstaedt habló de su libro, de la importancia de la memoria para reparar injusticias, y de los actuales juicios sobre los crímenes de lesa humanidad que se están desarrollando a lo largo del país.
La historia donde se unen Hitler y Videla
La historia es una doble tragedia. Sara Rus fue víctima de Hitler y Videla. Sobrevivió en su Polonia natal a los campos de concentración hitlerianos y luego en Argentina padeció la desaparición de su hijo durante la última dictadura.
Eva Eisenstaedt durante dos años recolectó el testimonio de Sara Rus, investigó y profundizó la temática. La autora se define como una testigo de una sociedad que padeció, y siente la obligación y la responsabilidad de rescatar la voz de los que sufrieron el terror.
Se lee en Sobrevivir dos veces: “De eso se trata, de preservar y recrear la memoria, de construir y reconstruir una sociedad con otros y para otros, de resignificar la historia a partir de estas vidas humanas que pensaron, lucharon, amaron y sufrieron y de recuperar nuevamente la palabra atragantada y acallada.”
“Es una luchadora”, la define Eva sin dudarlo, y agrega: “Sara Rus es una persona que ha decidido seguir viviendo para contar, esa es su meta”. Sara tiene 82 años y sigue yendo a las escuelas para dialogar, a partir de su historia, con los más jóvenes. Recientemente la nombraron ciudadana ilustre de Mar del Plata; y hace unos días recibió con gran emoción otro reconocimiento. En el colegio Urquiza de Buenos Aires, donde su hijo Daniel Rus cursó la secundaria, pusieron en la biblioteca una placa en su memoria.
En el gueto de Lodz en Polonia Sara conoció a quien después sería su esposo, Bernardo Rus. Luego de que ambos padecieran un derrotero por diferentes campos de concentración durante la ocupación nazi, se volvieron a encontrar y decidieron recomenzar su vida en Argentina. Felicidades y dramas les esperarían en esta nueva tierra.
La escritora Eva Eisenstaedt reproduce en el libro una carta escrita por Bernardo Rus, padre del joven desaparecido Daniel: “sobreviví una época en la cual Shakespeare y Dante –los maestros en dramas y tragedias- se hubieran apabullado”.
En el camino de la memoria y la justicia
Eva ejerció la docencia durante décadas, actualmente trabaja para los sobrevivientes de la Shoá -holocausto nazi- y participa en actividades en Padres de Plaza de Mayo vinculado con la Madres de Plaza de Mayo línea Fundadora.
“Yo estuve en la docencia 30 años y no tengo la impresión de que la temática de la dictadura sea un tema que se aborde con cotidianeidad y con facilidad en las escuelas. Creo que en eso la dictadura logró lo que se propuso, que es, entre otras cosas, instaurar el temor. Mucha gente todavía no quiere hablar”, afirma Eisenstaedt, y agrega: “En algunos sectores de la sociedad hay resistencia en avanzar por los caminos de la memoria y la justicia. Algunos piensan que hay que buscar un camino de reconciliación. Lo cual no estoy de acuerdo, hay que seguir con los juicios, hay que seguir investigando, hay que seguir hablando. Porque son muchos los que no saben lo que pasó, y a mí eso me parece tremendo”.
En los actuales juicios a los represores de la dictadura se viven situaciones difíciles donde las víctimas deben recrear las duras experiencias vividas. ¿Por qué es importante para una sociedad el ejercicio de la memoria?
Es imposible evitar el pasado, por eso es fundamental trabajar sobre la memoria. Es esencial que se siga contando y que se siga hablando. Actualmente estoy trabajando con padres de desaparecidos. Me encuentro con gente que contaron tantas veces sus padecimientos, y llevan ese dolor de no haber podido recuperar los cuerpos, de no haber podido enterrar a esos hijos, que estaban como saturados de hablar de ese tema. Pero ahora están ávidos por participar de estos juicios. Es gente mayor, la gran mayoría tiene 80 años y más. Y están ahí en los juicios, y presencian, y escuchan y se retuercen cada vez que ven a esos perversos.
En el libro está muy presente la voluntad de vivir, de enfrentar la adversidad. ¿Cómo es posible sobrevivir a tanto horror?
Ruth Klüger, docente alemana, escribió un libro muy interesante: “Seguir Viviendo”. Ella habla que en Auschwitz hubo momentos de felicidad acotada, y que ella vivió momentos de esa felicidad acotada. Por ejemplo un detenido le decía a otro ´hoy es mi cumpleaños´ y ponía un palito en un pedacito de tierra o en una piedra y celebran el cumpleaños. Y ese es un momento de felicidad que ella toma. Son momentos, no son la totalidad, son los menos pero que esta mujer rescata. Lo mismo pasa cuando lees “Sin Destino” de Imre Kertész. Él termina el libro con una sonrisa porque se le abre el mundo de nuevo.
Igualmente muchos, pese de haber sobrevivido, de reencontrarse con la libertad después de equis cantidad de años, se suicidan. No pueden superar esa situación dramática que han vivido comparada con la situación posterior de libertad.
Hay en el libro una abundante cita bibliográfica. ¿Cuáles son los principales autores para interiorizarse en esta temática?
En mi trabajo sobre el holocausto retomé a Primo Levi ; y un libro sumamente interesante que se llama Los narradores de Auschwitz de Esther Cohen. La autora toma distintos autores que hablan sobre Auschwitz y cómo lo enfrentaron.
Unos de los libros que a mi me apreció importante para ocuparme de lo que había pasado en el país es Poder y desaparición de Pilar Calveiro. El libro es sobre los campos de concentración en Argentina, y explica claramente lo que fue el poder y cómo los represores se apropiaron de los bienes, de los bebés, de los chicos, de las personas, y cómo ellos se sintieron que eran los dueños del otro.
En tu libro hay una cita de Hugo Vezzetti: “las Madres de Plaza de Mayo sacaron el velo sobre una realidad que por la enormidad de sus crímenes resultaba casi inimaginable”. ¿Tal vez, por la enormidad de sos crímenes algunos sectores de la sociedad tengan resistencia a ver qué pasó?
Por eso las Madres son tan emblemáticas. Porque la sociedad, si hablamos a nivel macro, querría poner un velo nuevamente. Y las Madres no lo permiten. Y por suerte también están los Hijos, y ahora los Nietos.
Hace unos días nos enteramos de la noticia de la aparición del nieto 101, que es un caso único porque también se reencontró con su padre. Es un hecho que me parece tan impresionante y tan importante. Y eso es posible porque las Abuelas también le sacaron el velo a esta sociedad que de a ratos parece que no querría escuchar más nada.
Sobrevivir dos veces nos permite conocer en la vida de Sara la historia de la 2da guerra mundial y la historia argentina reciente. ¿Cuál es tu opinión sobre cómo se trabaja la memoria y la historia en las escuelas?
En Alemania es permanente el recuerdo del holocausto nazi. En las escuelas no se deja de hablar sobre los campos de concentración. Esto no pasa acá. Si bien hay una ley, y si bien en las escuelas tenemos un día en que se debe hablar del holocausto, y también un día –el 24 de marzo- que debe ser recordado. Pero durante el año no se trabaja sobre esto en todos los lugares.
Con Sara Rus fuimos a algunas escuelas, y lo que más les impacta a los chicos es escuchar al protagonista. Cuando la escuchan a hablar a Sara la emoción y el recogimiento es impresionante. Primero por la personalidad de ella, es una persona que te atrapa, y además porque no habla desde una situación dramática sino que cuenta su historia con tanta sencillez y soltura, que no se puede creer. Al finalizar los chicos la abrazan, y Sara los compromete a seguir.
Por eso es elemental que se sepa y se hablen de estos temas especialmente en las escuelas. Es fundamental que se hable de esto y no de la inseguridad en las calles. Ese no es el tema, el tema es rescatar qué pasó aquí y por qué.
Publicado: 2010-03-15
Periodistas: Paulo Ballan
Gentileza: http://www.unr.edu.ar
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