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Semana 47: Día 326: Yaboty en imágenes

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Por suerte la organización de Salvaje solo subió una pequeña selección de fotos de lo que fue Yaboty. Y digo “suerte” porque puedo subir las mías antes.

No son la gran cosa, realmente no se puede correr y ser fotógrafo a la vez. Mi foto favorita, por supuesto, es la de mis heridas de guerra. No me animé a ponerme en cueros para mostrar todos los raspones que tengo en las piernas y en la otra mano. Se completaría la escena si subiese una imagen mía caminando como un Playmobil en el día de hoy, pero no quiero pasarme de víctima. Sinceramente solo siento un poco agotados los cuádriceps. La ampolla de la planta del pie izquierdo desapareció, así como el entumecimiento de los gemelos. Los cortes en las palmas ya no me impiden aplaudir, como en la entrega de premios.

Me parece increíble haber estado al rayo del sol, en esa agonía de kilómetros y kilómetros, racionando el empalagoso Powerade porque no sabía cuánto faltaba para el próximo puesto de hidratación, transpirado, cansado y mojado, y ahora estoy sentado en mi silla, escuchando los truenos de fondo, con la panza llena después de haberme comido dos milanesas de soja con acelga y una ración de ensalada primavera con choclo. Aquella epopeya de Yaboty empieza a parecer lejana, pero estas fotos movidas y borrosas me transportan de nuevo a la aventura, que empezó a las 3 de la mañana, esperando para tomar el micro que nos iba a llevar a la largada, y culminó a las 14:45, cuando crucé la meta. Aunque, claro, hay quienes dirían que esta experiencia comenzó mucho antes, y que se queda tan grabada en la memoria que nunca va a terminar…

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Semana 47: Día 322: Camino a Yaboty

Bueno, fue solo un susto. Gendarmería se presentó en Retiro con 350 efectivos para asegurarse de que los micros iban a salir a horario, y que nadie iba a impedirlo. Aunque nosotros salimos con un charter desde Palermo, igual el paro me alarmaba, al igual que todos los que no se iban por un servicio privado sino que partían desde la terminal. Pero con el correr de las horas la patronal cedió, se comprometieron a pagar lo adeudado, y nada nos impide partir hacia Misiones.

Nunca pero nunca estuve mejor preparado para un viaje. Hice mi bolso… ¡ayer! Siempre lo armo diez minutos antes de salir. Y el fin de semana pasado fui a la feria a comprar cosas pensando exclusivamente en el largo trecho en el micro. También me equipé con cosas para la carrera, como geles, barritas, pretzels, frutas secas… todo lo que puedo llegar a necesitar. Tanta preparación me permitió seguir agregando cosas los días subsiguientes, como la compra de último momento del día de hoy, que fue Voltaren (crema) por si algo duele. No me termino de acostumbrar a este nuevo yo, que lava los platos después de usarlos y guarda la ropa doblada en los cajones. ¿Cuánto durará?

Realmente estoy muy ansioso, como nunca estuve. Será que es una carrera larga y extenuante, que la hago solo, que tengo desde zapatillas nuevas hasta reloj último modelo para medir distancias de ultra maratón. Tengo todo en su sitio, acomodado, y con tiempo de sobra. Como si fuera poco, me compré un teléfono nuevo, porque el otro andaba cada vez peor, tanto en funcionamiento como en rendimiento de la batería (mi teoría es que los programan para que a los dos años no anden más). Me cayó como promoción por mi empresa de telefonía, a la mitad de su valor, y será el dispositivo que quizás use para actualizar el blog. Veremos, porque no sé cómo son las cuestiones del roaming y todo eso. En el peor de los casos, esta será la última entrada hasta el lunes. Si llego a tener 3G, o si consigo Wifi en la selva, cuenten con actualización diaria. En realidad, está difícil, así que no cuenten con eso.

Tengo un revoloteo de mariposas en el estómago. ¿Cómo será la experiencia yendo solo, sin amigos ni familiares alentándome o asistiéndome? ¿Cuánto me va a tomar? ¿Cómo va a estar el clima? ¿Qué tal habrá sido mi previsión de bebida y alimento? ¿Voy a poder hacer funcionar (y entender) el navegador del reloj? Todas cosas que sabré el domingo. Por ahora voy con mi equipaje y mi provisión de comida para el micro (por si la pifian con mi menú). Siempre algo puede fallar, pero seguro que el día de hoy será mucho menos que de costumbre.

Si la tecnología está de nuestro lado, la sigo desde El Soberbio, en Misiones, donde nos prometieron un fin de semana de 25 grados de máxima. Hasta pronto.

Semana 47: Día 321: ¿Peligra Yaboty?

Me limito a transcribir la noticia que me hiela la sangre. Nosotros tenemos contratado un charter de Vía Bariloche para las 19:30 de mañana, directo desde Capital Federal hasta El Soberbio, en Misiones:

Por un conflicto gremial, habría problemas para viajar en micro

Una facción disidente del sindicato de choferes anunciará una medida de fuerza a partir de esta noche, lo que podría afectar a miles de pasajeros de cara al fin de semana largo. Exigen el cumplimiento de las paritarias.

Por un conflicto gremial, habría problemas para viajar en micro

Crédito foto: Nicolás Stulberg

“A partir de las 0 horas de hoy y hasta las 0 horas de mañana no va a haber servicios de larga de distancia”, precisó en diálogo con Infobae el titular de la Unión de Conductores de la República Argentina (UCRA), Silverio Gómez.

Los conductores de la UCRA reclaman el pago del 23% de aumento salarial decretado por el Ministerio de Trabajo en las negociaciones paritarias entre la Unión Tranviaria Automotor, el único sindicato con personería gremial, y las cámaras empresariales.

Además, según informaron en un comunicado, solicitan el “cumplimiento de los períodos de descanso de los choferes (pues) se obliga a los choferes a trabajar largas jornadas, por eso la medida está ligada no solo al respeto por la vida del trabajador, sino también la de todos los que transitan por las rutas argentinas”.

Desde la UTA minimizaron la protesta. “La UCRA ni siquiera es un sindicato. El único reconocido somos nosotros. No tienen ningún derecho”, señaló un vocero a este medio.

Las cámaras empresarias, por su parte, alegan que cuando el Gobierno decidió el aumento paritario les prometieron medidas compensatorias. “Al día de hoy no hay una solución de fondo. Recién ahora está empezando a llegar la ayuda, que es menos de lo que se prometió públicamente”, deslizó a Infobae una fuente del sector.

Así las cosas, habrá que esperar a ver qué nivel de adhesión tiene la medida de fuerza. No obstante, desde la UCRA anticiparon que habrá bloqueos a las terminales, incluyendo la estación porteña de Retiro. El fin de semana largo, para miles de pasajeros, podría empezar con el pie izquierdo.

Semana 46: Día 319: Comida de viaje

Con la suspensión de la Patagonia Run Spring y el traslado de la Misión a febrero, queda claro que Yaboty se va a convertir en la carrera más importante en lo que queda de mi año. Hubiese sido genial que ocurriese a fin de septiembre, pero me contento con cómo se dieron las cosas.

En este año de veganismo, todo se me complicó un poco. Ojo, estoy feliz con estos cambios, muy a gusto, pero me di cuenta que tengo que acostumbrarme a ciertas cosas que antes daba por sentado. Por ejemplo, le pedí a la organización que en el charter (subcontratado a Vía Bariloche) me den cena vegana. Me llegó el mail de confirmación diciendo “Que el pasajero no se preocupe, le damos cena vegetariana”. Claro que me preocupé, porque pensé en la cantidad de veces que en un micro me dieron fideos con queso (imposibles de quitar). Estoy con todo este tema de los alimentos integrales, pero soy flexible: si hay arroz blanco o pizza con masa de harina común, como sin problema. Creo que con lo que estoy reduciendo de comidas procesadas estoy más que bien.

Como no siempre me entienden con el tema de mi veganismo, no me queda otra que ser previsor. En todos los viajes me llevo frutas, galletas, agua, algún tupper… lo que sea para paliar el hambre. Y claro, la respuesta de la empresa de transporte me dejó intranquilo, así que decidí activar un plan B (además, muchas veces me pasó de avisar de mi comida especial y que se olviden… en la ruta no queda otra que joderse y aguantarse). El tema es que antaño me hubiese hecho sándwiches con queso o algo similar… ahora, ¿qué hacer que no tenga derivados de animales?

Pensé en galletas de arroz. Hay unas saborizadas (Mini arrocitas) que van como piña. Además, podría llevar una tableta de chocolate Águila negro (el de la etiqueta rosa), una botella de agua de 2 litros, algunas manzanas y bananas… y se me va acabando la imaginación. Me llevaría un tupper con algo preparado (cous cous, arroz integral), pero si la pegan con la cena, me daría pena que se desperdicie. Así que quiero llevarme cosas que puedan resistir varios días, quizás hasta el viaje de vuelta. Pero no quiero tener que tirar comida, me parece uno de los peores pecados que se pueden cometer.

Estoy corto de ideas, pero me parece que la cosa va a ir por ese lado. En El Soberbio parece que no hay tanta tarjeta de crédito y débito, así que nos recomendaron llevar efectivo para comprar en supermercados. Mi menú para el día previo a correr hubiese sido puro hidratos (polenta, por ejemplo), pero no sé si voy a tener dónde calentar agua. ¡Es todo un tema esto! Me gustaría saber que si me preparo algo el viernes a la tarde va a resistir hasta el sábado a la noche. Pero tengo mis dudas y poca experiencia cocinando con previsión. Los viajes me provocan ansiedad, y como cualquier ansioso, me calmaría corriendo. Como no puedo, porque voy a estar sentado 16 horas en un micro, voy a querer comer. Y quiero alimentarme bien.

Ya tengo mi comida de marcha, para cuando empiece la carrera, pero igual me parece que voy a necesitar un refuerzo de pasas de uva. Como voy a quemar muchas calorías, creo que voy a tomarme algunas licencias respecto al tema de azúcares y grasas y me voy a comer algunas barritas de cereal para el desayuno. Leche de soja y avena para el domingo a las 2:30 de la madrugada es pedir demasiado, ¿no?

Semana 44: Día 307: Palpitando Pinamar

Si no tuviese trabajo pendiente ni responsabilidades, ahora mismo estaría en Pinamar, chupando frío, pero rodeado de amigos. Un contingente de Puma Runners ya se encuentra en la ciudad costera, de cara a la Terma Adventure Race. Esta carrera es un clásico para nosotros, y será mi sexta edición. Pero me toca salir mañana por la tarde.

Esta fue la primera competencia en la que participé. Al principio era “La Merrell”, pero hubo un cambiazo de sponsors, un año fue “Adventure Race” a secas (parecía que le faltaba algo), y ahora esta amarga bebida que jamás me gustó es la marca emblema (mucho mejor ella que Old Smuggler o Jack Daniel’s). Por algún motivo que no logro dilucidar, siempre nos toca muy buen clima. Para el domingo nos esperan 18 grados de máxima y 9 de mínima, aunque para la hora de la largada no creo que pasemos demasiado frío.

Mi primera carrera (de toda mi vida, sin contar esos angustiantes 3,5 km que nos obligaban a correr a fin de año en el colegio) fue en Pinamar, exactamente el domingo 6 de julio de 2008. Hizo un día hermoso, y corrí en posta, el último tramo (unos 7 km). Crucé bosque, un poco de arena, pasto, asfalto… Me salió el competitivo de adentro y subía las cuestas con grandes zancadas, desmoralizando a los que la estaban haciendo toda entera y ya no tenían fuerzas.

Todo lo que hice en esa carrera fue gracias al equipo. Si no hubiese ido con ellos, no la hubiese corrido. Ni siquiera me hubiese enterado de que existía. Toda esa convivencia, las anécdotas, los consejos, el traspaso de la antorcha a las nuevas generaciones… eso es lo jugoso de estos viajes. Ahora, cinco ediciones más tarde, me toca ser a mí el tipo “con experiencia”, que dice cómo encarar las subidas en los médanos (buscando las pisadas del anterior), cómo evitar que se te meta arena en las zapatillas (polainas), dónde apretar (en suelo firme). PInamar me llama más por su tradición que por su recorrido, que de por sí es muy duro y come mucha pierna.

¿Lo que menos me gusta? Lavar las medias dos o tres veces y seguir sintiendo que tienen arena. ¿Lo que más me gusta? Esos últimos 100 metros de asfalto, con la murga, los papelitos, la gente alentando, y cruzar la meta.

Semana 40: Día 278: Adiós, Buenos Aires

Bueno, acá estamos. Esperando que unos cuantos gigas de información terminen de subir por ftp, lo que significaría que terminé con todos mis compromisos laborales pre-viaje… Fue un día muy intenso.

En la mudanza perdí el cable para cargar el celular. Hasta ahora me las ingenié conectándolo a la computadora por USB, pero eso no lo iba a poder hacer en Brasil… así que me tomé un momento para recorrer Palermo y buscar un dealer que me lo venda. La idea era juntarme con el resto de los Puma Runners a las 19:30 en el entrenamiento, pero son las 22 hs y sigo acá, haciendo fuerza para que la velocidad de subida aumente (no está funcionando).

Mientras caminaba por el Paseo Alcorta buscando un lugar donde comprar el bendito cable, me llevé por delante a una nena de un año que se fue de espaldas al piso y se largó a llorar. Los padres estaban lejos, la levanté y me fuilminaron con la mirada. No sabía cómo pedir disculpas, me sentía horrible. Dije lo primero que se me pasó por la cabeza: “Venía distraído”. El padre lanzaba fuego por los ojos y me dijo “Sí, la verdad que venías distraído”, que en lenguaje masculino significa “Sos un boludo y si decías otra cosa te llenaba la cara de dedos”.

Con mucha tensión pasé la tarde, armando la valija hace un ratito nada más… No sé qué me espera todavía, jamás fui a Brasil, pero me dijeron que en migraciones te reciben en musculosa. Una gran amiga me prestó reales, no tengo idea cuánto es ni qué me compro con eso, pero al menos voy con más seguridad. El compromiso es que allá, cuando consiga cambiar, traiga reales de vuelta (y no arruinarle a ella su colección de monedas extranjeras).

Los encargos, por ahora, son dos sungas y todo lo que me permitan traer de caipiroska. Googleando (cuando tuve tiempo) vi que me espera un clima promedio por encima de 20 grados… así que me despido de la ciudad, en pleno paro de trenes (como para complicarme el acceso a San Isidro, desde donde salimos con los chicos).

Quizá ahora pueda empezar a relajarme y aprovechar el viaje para descansar de los preparativos del viaje…

Semana 39: Día 273: El día se aproxima

Faltan pocos días para partir rumbo a Río de Janeiro. Hoy, viernes, muchos aprovecharon para partir hacia Rosario, pensando en la Maratón de la Bandera. Y en casi todos se instala el miedo de… ¿me conviene correr estos días?

En mi caso siempre bajé el nivel del entrenamiento cercano a la carrera. Pero con el tema de los 42 km hay mucho miedo dando vueltas… me acuerdo mi primera maratón, en el año 2010, donde Germán, mi entrenador, me recomendó descansar y no andar caminando demasiado el día previo. El tema fue que la maratón era un domingo y el sábado anterior fui a la acreditación, a buscar mi kit de corredor, y tuve que hacer largas colas… me dio mucho pánico. Sentía las piernas cansadas, había estado mucho tiempo parado… por supuesto que la mañana de la largada me olvidé de todo esto. No sabía en ese momento que ese miedo volvería muchas veces, y las piernas doloridas también (un signo de nervios y tensión).

Estamos partiendo a Brasil el jueves a la madrugada, o sea que el miércoles a la noche, después del entreno, nos juntamos para que a las 2:30 de la mañana nos lleve una combi a Ezeiza. Yo asumí que ese día íbamos a entrenar como siempre, pero noté entre mis compañeros un exagerado respeto por la maratón. Muchos confesaron que no pensaban correr. Me recordaba al plan de Allan Lawrence, autor de “Autoentrenamiento para corredores”, que si bien decía que muchos descansaban el día anterior a correr los 42 km, él prefería hacer un fondo de 10 km. El descanso es importante, pero siendo que los dolores de los esfuerzos llegan con un día de diferencia, ¿qué mejor que entrenar un sábado y competir un domingo? El lunes el cuerpo empezaría a pasar factura y listo.

Yo creo que la mejor forma de lidiar con las ansias y los nervios es ponerles el cuerpo y hacer actividad física. Nada demasiado exigente, lo suficiente como para apaciguar la mente. Y aunque es cierto que no da ir a tomarse el avión todo chivado, de miércoles al domingo (día de la maratón) hay mucho tiempo, y realmente necesito descargar. Quizá me corte solo en algún momento y salga a hacer un fondito por la playa en los días previos. No sé si el destino me volverá a llevar en breve a Brasil, así que mejor aprovecharlo, y ayudar a que la carrera llegue pronto.

Semana 39: Día 270: Crisis en Río de Janeiro

Todos hemos visto las noticias. Los indignados de Brasil. Las manifestaciones. El policía rociándole gas pimienta a una inofensiva señora. Las marchas contra los aumentos y la corrupción. Justo ahora que estamos por ir a correr la maratón en Río de Janeiro.

Ya me han preguntado si se hace igual. Se comentaban que se iba a cancelar un partido de fútbol (no me pregunten cuál es, saben que no domino absolutamente ninguna información de este deporte). Parte de las protestas tenían que ver con el dinero que se va a invertir para los Juegos Olímpicos de 2014. Entonces, sería lógico que la gente proteste por una de las maratones más multitudinarias del mundo, aunque claramente sea un evento realizado por provados y no por un comité olímpico con lazos gubernamentales. *

La próxima protesta está programada pra el 11, y nuestro viaje va a ser entre el 4 y el 9 de julio. Dudo que tengamos algún problema, y no sé cuánto es algo exagerado por los medios. Pero sinceramente es algo de lo que vamos a poder tomar real dimensión cuando estemos allá. Lo mismo me preocupaba cuando estaba por viajar a Atenas, y viniendo de Argentina, con tantas crisis, marchas y protestas (ahora mismo está la vigilia en el puente Pueyrredón por el asesinato de Kosteki, y Santillán) siento que nada me sorprende.

Por ahora, esta crisis es algo que le agrega algo anecdótico, una mínima preocupación a esta aventura de la maratón en otro país.

Veremos qué pasa.

* Me avisaron, después de decir esta bestialidad, que no se hacen los Juegos Olímpicos, sino el Mundial de Fútbol. ¡Otra muestra de lo poco que me interesa este deporte!

Semana 36: Día 247: Camino a Río

Así lo quiso el destino. Empiezo a escribir este post en el subte, en la estación Río de Janeiro, del subte A.

Hoy, que voy camino a lo de mi papá para celebrar su cumpleaños, me inscribí en la maratón de Río, en Brasil.

Nunca visité este país, y si no fuese por el running, seguiría siendo una incógnita para mí. De hecho, gracias a las carreras, conocí muchos lugares que no me “tentaban”, como Perú, Grecia, y yéndonos más cerca Entre Ríos, Misiones, Marcos Paz… Correr fue la excusa para conocer, para abrir la cabeza. Y me dio mucho más que salud física.

Río viene a reemplazar a la maratón de la bandera, una carrera que me encanta, pero que era parte de un plan con Vicky. Cuando mis compañeros de Puma Runners empezaron a planificar el viaje a Río, no me planteé hacerla, porque las separaba solo una semana de diferencia. Pero ayer tuve el impulso, me pregunté por qué no… Y hoy saqué mi pasaje y confirmé mi participación en la carrera.

Quizá no sea la mejor decisión monetaria. Estoy con los fantasmas de los gastos de la mudanza (el día en que encuentre un lugar), y la maratón de Rosario ya la tenía paga. Pero sentí el “deseo”, eso que suena a mala palabra. Decidí escucharme y hacer lo que realmente deseo. Nunca me inscribí en una competencia internacional (el Camino del Inca no cuenta, y en Arenas corrí por mi cuenta), así que esta va a ser una experiencia enriquecedora.

Falta solo un mes para estar en las playas brasileras, palpitando una de las maratones más importantes del mundo…

Semana 12: Día 79: Secuelas de La Misión 2012

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Faltan pocas horas para mi cumpleaños número 35. Y el blog está detenido, desde el día en que emprendí mi primer acercamiento a La Misión, un ultra trail con el que soñé por años. No podría decir cómo lo imaginaba antes, cualquier imagen previa que tenía se vio irremediablemente borrada una vez que la enfrenté, codo a codo con Vicky. Cuando estábamos en la cabaña, de regreso de tan brutal aventura, a ella le llamó la atención que yo estaba callado, sin decir una palabra. Su propia explicación fue “No dice nada ahora pero después lo escribe todo”.

Algunos dicen que fue La Misión más difícil de la historia. Fueron cuatro días, tres de ellos con lluvia. Frío, nevizca, vientos que alcanzaron los 140 kilómetros por hora. Fuimos a vencer a la montaña y nos tuvimos que enfrentar con el clima. Muchas cosas las pudimos anticipar, y otras no las vimos venir.

Hubo 377 corredores en la línea de largada. En el camino abandonaron 113. Algunos fueron descalificados por no cumplir con el equipo reglamentario. Frente a nuestros ojos vimos cómo un participante quería convencer a la organización de que uno de sus dos sacos vivac era en realidad una bolsa de dormir (con esta “mentirita” tenía mucho menos peso y espacio). Una de las chicas que hizo podio dio la sospechosa explicación de que en la montaña se le voló su comida y su bolsa de dormir y que esperó hasta que otro corredor abandonase para pedirle prestado su equipo. Aunque fuese cierto, hay ciertas explicaciones que es mejor guardarse y no despertar sospechas…

Hacer podio, para algunos, es algo importantísimo. En la entrega de premios, todos los misioneros, los que llegaron y los que no, los que sufrieron, lloraron, se lastimaron y quedaron golpeados, tuvieron que escuchar a un corredor de elite acusar al Guri de que estaba haciendo a La Misión tan fácil que ya casi era una “carrera de pista” (si me lo preguntan, me pareció una tremenda falta de respeto).

Queda mi crónica de la carrera, que pretendo hacerla proporcionalmente tan larga como lo que nos tomó hacerla. No quiero adelantar el resultado (el que nos haya seguido por el reporte en vivo de la web de lamisionrace.com ya sabe cómo nos fue), creo que lo importante es cómo fuimos viviendo cada desafío con el que nos fuimos encontrando. Ahora estamos sorprendentemente bien. Algunos dolores en los dedos de los pies, y Vicky con una rodilla maltrecha que no debería descuidar.

Mañana, cuando yo ya sea un año más viejo, empezará la aventura tal como la vivimos. Porque con esta Misión encima, además de más viejo, me siento un poco más sabio.