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Semana 43: Día 286: Pinamar, mi primera carrera

Ya van varias veces que hablo de mi primera carrera, pero van 691 posts… creo que inevitablemente voy a empezar a repetirme.

Quizá la pequeña diferencia sea que esta vez me subí al DeLorean e hice un pequeño viaje al pasado.

La Merrell Adventure Race Pinamar 2008 fue mi debut como corredor. Me crucé con la foto que ilustra esta entrada y con algunos (pocos) comentarios que hice en un foro privado de nuestro grupo de running. Físicamente me reconozco, pero a la vez siento que he cambiado mucho. No me refiero a tener unos kilitos más que ahora (creo que, luego de esa foto, subí todavía más). En ese peinado que intentaba tapar mis entradas me veo con una inseguridad que ahora no tengo. Ese tipo sonriente todavía hacía terapia, vivía en su propia oficina en Paternal. Entrenaba desde hacía cuatro meses y le habían dado una remera que le quedaba como una carpa (tiempo después perdería esa prenda aunque fuese gigante, sin saber dónde iría a parar).

Ese joven de 30 años redonditos se encontraba por primerísima vez con una situación de carrera. Serían 7 kilómetros de arena y bosque y arena y pasto y arena. Terminaría “con lo justo”, y hacer el circuito completo iba a parecer todavía muy lejano. Le tomaría otro año entero animarse a salir desde la largada y llegar hasta la meta, en la misma carrera, con el mismo entusiasmo, pero con una rodilla lesionada.

Aquel corredor inexperto no tenía idea de lo que se avecinaba. ¿Un blog contando sus intimidades? ¿Correr una maratón? ¿Ultramaratones? Son cosas que eventualmente iban a llegar, pero que ni las imaginaba. Solo quedaría el recuerdo de la primera carrera, compartir un fin de semana con un grupo de desconocidos a los que los unía la pasión por correr. Los nervios de estreno, la ilusión de llegar y hacer que el grupo de postas se sintiese orgulloso. Esa experiencia de camaradería que se repetiría infinidad de veces.

Esa medalla sería la primera. Ese pibe que sonreía antes de largar la conservaría para siempre, junto a las que iban a sumarse después: primero adentro del placard, casi como si le diesen vergüenza; luego en una vitrina en el living (pero solo porque no iba a saber qué otra cosa poner ahí). Aquel corredor debutaría con el par de zapatillas que tenía a mano, el que le había alcanzado para comprar (unas Adidas de dudosa legitimidad). En esa experiencia no sentiría sed ni cansancio porque la distancia era corta, aunque la correría por primera vez. Cruzaría la meta de la mano de sus otros tres compañeros, cuando el reloj marcara las 3:02:13.

Pero la prueba tendría su anécdota final. Este corredor de la foto se enteraría, días más tarde, de que su equipo figuraba como primero en su categoría. El tiempo que les iban a asignar sería el de 1:50:18. El misterio se resolvería más tarde, cuando mirando una foto, la organización caería en cuenta de que un misterioso corredor había corrido de colado con nuestro número, el 2102.

Todas estas cosas volvieron a mí viendo las fotos, releyendo esos mails de julio de 2008, cuando intentábamos dilucidar las incongruencias en la clasificación. Y ahora estoy preparándome para la misma carrera, con más experiencia e, increíblemente, más entusiasmo.

Semana 24: Día 158: Tandil 2012

Se viene, una vez más, la Merrell Adventure Race de Tandil 2012. Así como en algún momento se jugó la Copa Toyota Libertadores, esta carrera tiene un main sponsor justo encabezando el nombre. En mi caso, como seguramente le pasó a muchos corredores, no sabía de la existencia de esta marca. O sea que, como estrategia de marketing, funciona.

Si empiezo a analizar por qué cada año vamos en malón a este evento, podría suponer que no es por la geografía, ni su gente, ni los quesos ni los salamines. Quizás podrían hacer la Merrell Adventure Race en San Pedro, y también movilizarían a más de 2 mil corredores. Pero, al menos para nuestro grupo, esto es como un viaje de egresados, combinados con una exigente carrera. O sea, vamos un poco por la joda, otro poco por competir.

Da la casualidad de que va a coincidir con nuestro aniversario con Vicky. Así que nos vamos a escapar el viernes 16 hacia Tandil, veremos algunas rocas para mi chica geóloga, y yo me lamentaré constantemente de que no tengo buena señal 3G. Pero bueno, hace un año la invité a participar con nosotros en una posta, y no pudimos evitar enamorarnos inmediatamente. Nos la pasamos el viaje de ida (con escala en Mar del Plata), haciendo chistes de Los Simpson, Les Luthiers, y compitiendo a ver quién sabía más sobre Batman (debo decir que gané). Hoy lo recuerdo y tengo esa mezcla de que fue hace tan poco, y a la vez hace tanto…

Hoy Tandil tiene, además de esa connotación de viaje de fin de curso, el gusto especial que tiene esta relación. Será que los lugares representan distintas cosas para cada uno, independientemente de si tienen mar, bosque o sierras. Para Vicky y para mí, además, es un escalón antes de Patagonia Run (a la que todavía no le pusieron un sponsor en su título), donde ella va a competir en los 63 km y yo en los 100.

Algunos van a disfrutar del paisaje. Otros de la comida. Algunos van a competir. Nosotros vamos a todo eso. Y a disfrutar de otro año de running, aventura, joda y amor. ¿Se puede pedir más?

Semana 50: Día 344: La recuperación post-carrera

Algo que alguna vez pasé por alto y que es tan importante como entrenar y cuidarse con la alimentación (antes y durante la carrera) es lo que hacemos después.

No es la primera vez que corro la Merrell de Pinamar. De hecho es la tercera (cuarta, si contamos cuando hice la última posta en 2008). Cuando hice el recorrido completo por primera vez, luché contra una rodilla muy dolorida por un ligamento cruzado interno lesionado. Era el domingo 13 de septiembre de 2009, y llegué haciendo un muy buen tiempo por ser mi primera Merrell completa: 3 horas 5 minutos. La lesión molestó mucho, pero lo superé y pude llegar a la meta después de caminar un poco.

El día siguiente era lunes, y teníamos entrenamiento. Nunca son muy exigentes, generalmente es sólo elongar, o hacer un trote muy, muy suave. Pero estaba cansadísimo, así que cambié esa rutina por ir al cine. Cuando salí de la sala me dolía todo el cuerpo, en especial la espalda. Los cuádriceps estaban agarrotados y duros, y quien me viese caminar seguramente me confundiría con Robocop. El hecho de que esa noche haya terminado en cama con 39 de fiebre tiene que ver con que ante un esfuerzo muy grande, pueden bajar las defensas del sistema inmunológico. Pero además cometí el error de quedarme todo el día sentado, descansando, cuando en realidad el cuerpo sigue en estado de alerta, y necesitamos eliminar todo el ácido láctico acumulado en los músculos.

Otros años y ante otras carreras aprendí la importancia de caminar, elongar y entrenar al día siguiente. Es cierto que este año no lo hice porque me quedé un par de días más en Pinamar, pero no nos quedamos sentados con Vicky, sino que caminamos mucho por la playa, y fuimos notando cómo los dolores iban desapareciendo de a poco.

Inmediatamente después de correr lo primero que hay que hacer es elongar. Si podemos caminar, mucho mejor, así vamos eliminando las toxinas. Lo que se llama “regenerativo”. En mi caso, después de estirar, hidratarme y comer un par de bananas para no invocar a los calambres, volví por la costa hasta interceptar a Vicky. Corrí su último kilómetro y medio a su lado, y aproveché para regenerar.

Es importante también tomar una bebida isotónica para reponer hidratos y minerales. Y un error muy común que comete mucha gente es festejar la carrera con un abundante asado, torta y helado de postre. Uno de los órganos más exigidos en estas competencias largas es el hígado, encargado de purificar la sangre. Al haber estado tan sobre-exigido, al igual que el páncreas, cualquier alimento grasoso nos va a golpear más fuerte que una patada de Chuck Norris. Lo ideal es elegir hidratos y comida saludable. El festejo y el desborde bien puede esperar uno o dos días después de la carrera…

Semana 49: Día 343: ¿Hasta cuándo voy a correr?

Hay una pregunta que nunca me hice, y sin embargo me la han planteado varias veces, y es ¿hasta qué edad tenés pensado correr? Supongo que el running se transforma en una rutina diaria, y no me imagino dejar de hacerlo.

Quizá a algunas personas les intrigue estas cuestiones del deporte. Algunos lo verán como una moda pasajera, a otros se les escapará de sus estándares de comprensión. Seguramente haya quienes nos subestimen, y crean que es cuestión de tiempo hasta que nos rompamos algo para dejar esa “locura”. Pero no está mal intentar imaginarse si vamos a correr hasta el último de nuestros días.

Siempre asumí que iba a correr por muchos años más. De hecho el tema de que no me estaba haciendo más joven fue uno de los disparadores para empezar Semana 52 y empezarlo ya. Pero nunca me planteé si un día iba a dejar de hacerlo. En mis épocas de inconstancia abandonaba el entrenamiento meses, quizá medio año, pero a la larga volvía, porque esa ansiedad por correr jamás desaparecía. Mi amigo Tin siempre dice que tiene planeado vivir hasta los 120 años y jugar al fútbol hasta los 100. ¿Podría yo pretender algo así?

En las carreras, como en la reciente Merrell de Pinamar, vi de todo, corredores de cualquier edad, forma, tamaño y color. Me crucé con quienes parecían deportistas de más de 60 años (y cuando digo que me crucé quiero decir encubiertamente que me hicieron morder el polvo… o la arena en este caso). Germán, nuestro entrenador en Puma Runners, insistecon que los que empezamos a entrenar a los 30 años corremos con ventaja, ya que los que lo hacen desde adolescentes acumulan lesiones que en la acutalidad los retienen. Quizá sea así, posiblemente no como regla general. Pero es cierto que nunca me lesioné por sentarme horas frente a la tele o la compu. Cuando me fracturé el tobillo fue por hacer deporte.

Esa fractura no me impidió en absoluto entrenar años después. Pero alguien con una vida de actividad física intensa podría tener un físico más entrenado, y a la vez más magullado. Mientras paseábamos por Pinamar, con mis compañeros corredores debatíamos si es cierto ese mito que dice que los ultramaratonistas o los deportistas de alto rendimiento viven menos años. Es un tema que da para mucho análisis, porque habría que determinar comparados con quién (quizá con corredores de maratón, y no con personas sedentarias y con sobrepeso).

Me gusta planificar, pero no más allá de un año. Por eso sé que en 2012 voy a seguir corriendo y juntando experiencia. Ya voy soñando con desafíos cada vez más complejos, sin miras a parar en un futuro próximo. Si sufro alguna lesión, como me ha pasado en el último año, tendré que descansar hasta reponerme. Y cuando esté cerca del 100%, seguir. Quién sabe en qué momento de mi vida contemplaré si me detengo o no…

Aprovecho que conseguí algunas fotos de los 27 km de la Merrell Adventure Race Pinamar 2011, para compartirlas. No le hacen justicia a la maravillosa experiencia de vivirla en carne propia, pero a dos días de haberla corrido ya me causa una pequeña nostalgia…

Semana 49: Día 342: Algunas observaciones sobre la Merrell de Pinamar

La Merrell de Pinamar suele ser una vacación para muchos corredores. Además de ir en patota y entre amigos, el aire del mar relaja y aclara bastante la cabeza.

No tiene sentido llegar el mismo día de la carrera y lanzarse a hacer los 27 km. Ni siquiera una posta. Hay que estar descansado y no agarrotado del viaje. Lo ideal es estar más de un día antes, desde el viernes, cosa de tener todo el sábado para relajarse.

Me sorprendió que la remera oficial de esta Merrell fuese de manga larga. Creo que es de los modelos más lindos que han entregado, pero se veía venir que el clima iba a estar agradable, y aunque hiciese un poco de frío, es inevitable entrar en calor. Creo que por el kilómetro 10 me arremangué y fui así todo el trayecto.

Me sorprendió que en los puestos de hidratación entregasen agua de bajo contenido de sodio, cuando es lo contrario a lo que un deportista necesita. Sí es ideal para hipertensos, pero para los que necesitamos mantener nuestros niveles electrolíticos es malísimo. De hecho en las maratones suele haber más fatalidades por corredores que se hidratan mal que por deshidratación. Cuando pienso cómo pueden cometer esta irresponsabilidad, se me ocurre un único motivo: el dinero. Creo que habría que buscar otros auspiciantes, o hacer menos comercio y cuidar más a los competidores. Es el único aspecto negativo que le vi a esta edición.

Esta Merrell fue un golpe a mi orgullo (como suelen ser todas estas carreras largas). Si bien superé mi objetivo de bajar de las 3 horas, no pude evitar bajar el ritmo por dolores abdominales. Me dijeron que en la segunda posta pasé a 15 minutos de la cabecera, pero el ganador llegó una hora antes que yo. Tuve que detenerme a sacarme arena de adentro de la zapatilla, aunque inenté aguantar toda la carrera. Imposible.

Mientras corría, y creo que esto le pasa a todo el mundo, miraba los tobillos de los corredores que me pasaban raudamente por mis costados. Buscaba la cinta con abrojo que indicaba un equipo o una posta. Si el chip estaba enganchado en la zapatilla, era un corredor individual.

Posiblemente la Merrell esté armada de la mejor forma, porque la segunda posta (y mitad de la tercera) son las más duras, con mucha subida de médanos y arena floja. Si el recorrido fuese a la inversa y esta parte estuviese sobre el final, unos cuantos quedarían en el camino. Por supuesto que la mente juega un papel fundamental, y cuando ingresás al bosque por segunda vez, todas esas lomitas de arena, la pinocha y las raíces son una patada a la motivación. Hay que apretar los dientes y seguir.

Llegar a suelo firme y asfalto termina siendo un alivio, cuando ya faltan pocos kilómetros para la meta. El tema es que ahí ya no me quedaban fuerzas, corría “a puro huevo”. Me hubiese encantado meter un pique en ese momento. Ya no es sólo una cuestión mental, no somos nosotros deteniéndonos por el malestar general que sentimos. Un poco sí. La energía se acaba, por eso es tan importante consumir alimentos para que siempre quede algo de resto. Aún después del último kilómetro de playa, es inevitable hacer un sprint en los últimos 100 metros de asfalto.

Aunque en el trayecto odié la arena, y me acordé de todas las veces que corrí en ese terreno y juré no volver a hacerlo, terminar es una alegría indescriptible. Aunque el cuerpo está entumecido y agarrotado, el dolor se mezcla con el orgullo, y hace que todo haya valido la pena. Importantísimo no embriagarse de autofelicitaciones y ponerse a elongar y recuperarse. Tanto más importante es mantener la actividad física los días posteriores,  para seguir aflojando. Con un entrenamiento suave el lunes, para el día siguiente o el posterior ya podríamos dejar de notar molestias.

Semana 49: Día 341: Los 27 km de la Merrell Adventure Race Pinamar 2011

Voy a sacarme esto del pecho primero que nada: odio la arena. Cada vez que corro en Pinamar, me insulto, me arranco los pelos de las cejas (porque estoy pelado) y juro no volverlo a hacer. La arena se mete en las zapatillas, te obliga a retrasar muchísimo el ritmo, y te quema los cruádriceps. Pero eso es durante el trayecto, cuando termino me siento orgulloso y seguramente en unos meses prometa volver a participar en 2012.

Para esta Merrell hice algunas cosas bien, otras mal, así que me siento un poco nivelado. En principio, evité desde el día de ayer consumir fibras, y asumo que por eso no tuve problemas estomacales. Creo que es la primera vez que en una carrera de tantas horas zafo de esta molestia. Por el otro, mantuve mi estrategia de siempre, de apurar el ritmo al principio e ir acomodándome después, y creo que por eso me dio un fuerte dolor en el bazo (el mentado “flato”) y tuve que bajar muchísimo la velocidad. Pero en general hice una carrera que me dejó satisfecho.

Me preparé como siempre, desayunando temprano. Me cargué el camel con agua, guardé en sus bolsillos los geles y pasas de uva, una banana, cinta hipoalergénica, vaselina sólida y solución fisiológica. La carrera empezaba a las 10, así que 9:30 estábamos con los Puma Runners elongando en la playa. La idea era salir todos juntos y tomar unas buenas fotos grupales, pero no sabían con quién estaban lidiando, así que en la primera oportunidad me separé del grupo y me fui adelante de todo. Yo juré que esto de cortarme solo lo voy a dejar de hacer cuando termine Semana 52. Durante este año intenté siempre hacer el mejor tiempo posible, y esto de irse abajo del arco es clave para escaparle al embudo y no perder segundos (o minutos) valiosos. Lo prometo, lo dejo por escrito: dejo de ser un asqueroso a partir de septiembre.

La salida fue 10:05, según mi reloj nuevo. Marqué mi cronómetro y largué a toda velocidad. Empecé con un ritmo de 3:30 el kilómetro. Mi idea era hacer menos de 3 horas, así que si iba a 5 minutos el kilómetro iba a estar bien. Por supuesto, no importa cuánto planifiquemos las cosas, siempre surgen imprevistos. Mientras avanzaba sobre la arena, inevitablemente bajaba mi velocidad. El reloj andaba de maravilla, y podía ver al instante la distancia que estaba haciendo. Nos metimos en los médanos, pasando la primera posta, y ahí empezaron las subidas más complicadas. En el km 8 me tomé un gel, porque ya sentía las piernas cansadas y temía quemarme.

Me empezó a doler el costado muy fuerte. Empecé a disminuir la velocidad, buscando que pase ajustando mi respiración. Cuando llegué al km 10, mi reloj se detuvo. No entenía qué había pasado. Lo puse en cero y le di start. Un kilómetro después, se volvió a detener. Y a menos que lo reseteara, no había forma de que empezara nuevamente. Tuve una iluminación y recordé que le había metido algo al seteo, sin saber bien qué estaba haciendo. Calculo que establecí una velocidad promedio de 5 minutos el kilómetro, algo imposible para mí en los médanos. Cuando bajaba demasiado de ese ritmo, el bendito reloj se enojaba y se detenía. Lo ajusté y ahí aguantó hasta el final.

En cada posta me tomé un gel, y luché contra el dolor de cuádriceps que me acompañó los últimos 10 km. Atravesé los diferentes terrenos (bosque, arena, asfalto) a pura fuerza de voluntad. Me sentía bien, pero le estaba poniendo todo lo que tenía.

Vi la meta desde la playa (durísima, después de estar 25 km corriendo) y crucé la meta en 2 horas, 40 minutos, 30 segundos. Cumplí mi objetivo de dejar atrás la paupérrima performance del año pasado, cuando corrí con resaca. Vicky corría los 27 km por primera vez, así que dejé de lado el estado de agarrotamiento general, y volví a buscarla. Corrimos el último kilómetro juntos, de la mano en muchos momentos (esto, además de por cuestiones románticas, obedecía a que yo tenía las manos heladas y ella hinchadas… nos complementamos perfectamente).

Saqué muchas conclusiones de esta carrera. Pero prefiero seguir meditándolas para desarrollarlo mañana. Estoy muy contento de haber mejorado mi tiempo, de haber acompañado a Vicky en su debut de una Merrell completa, y ahora nos quedamos un par de días para descansar, y recuperarnos de tamaño esfuerzo.

Semana 49: Día 340: Congestionado en Pinamar

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Como adelantaba en el post de ayer, llegamos a Pinamar con un importante contingente de Puma Runners. Y como para aumentar un poco de nerviosismo pre-carrera, estoy tan congestionado que me cuesta respirar.

Esto es algo que nunca me preocupó. Uno se suena la nariz, y a otra cosa. Pero con el running, la cosa empieza a tomar otra importancia. Mientras entreno, me suelo olvidar un poco de quien tengo al lado, y me sueno en el trayecto. No me imagino llevarme un pañuelo durante el entrenamiento, limpiarme y después seguir corriendo. Ni siquiera tener de los descartables, lo que además me obligaría a buscar un tacho para no andar ensuciando la vereda. No, en realidad hago algo que me da un poco de asquete, que es sonarme resoplando por un agujero de la nariz, presionando el otro con un dedo, para que el moco caiga al suelo y, con algo de suerte, nadie que pase después lo note.

Es una doble moral, sinceramente me repugna cuando alguien escupe al suelo, en forma sonora, pero es como que cuando corrés tenés una cierta impunidad… no debería ser así, supongo. Siempre intento sonarme sobre el pasto, como para disimilar, y no hacerlo cuando hay una mujer cerca, porque eso sí me da bastante pudor.

La congestión me jugó una mala pasada en la Merrell de Tandil, y recién en el km 15 (de 27) pude empezar a respirar normalmente. Ni hablar delos 7 km de la Kleenex, donde hacían 2 grados bajo cero de térmica. A diferencia de la anterior, en esta mi idea era hacer velocidad, por lo que necesitaba renovar el aire en forma mucho más rápida. Me sentí pésimo, y eso hace que me preocupe la carrera que tengo mañana por la mañana, ya que ahora me siento mucho más congestionado que en otras ocasiones.

Llevé esta preocupación a mi nutricionista, sólo por chusmear, y me recomendó algo que funcionó de maravilla: solución salina. Esta agua que se usa para nebulizaciones (en forma de nube) se puede aspirar líquida por la nariz. Es algo bastante asqueroso, pero la solución llega a la garganta, y en el proceso abre la vía. Después la nariz se transforma en una canilla que gotea, y listo. Respiración garantizada. No sé cuánto dura esto, lo probé el miércoles en el entrenamiento y me alcanzó. Pero claro, no sé cómo me va a ir durante una carrera donde voy a estar 3 horas como mínimo. Si en la Merell de Tandil se liberé de la maldita congestión en la mitad, combinando con esta técnica posiblemente lo resuelva. Ojalá.

Ahora estamos yendo abuscar nuestros kits, donde nos darán la remera y el chip. A diferencia de otros años, la de este es de manga larga, verde y negra. Debe ser una de las más lindas que he visto desde que participo en carreras, de 2009. Pero (siempre hay un pero) el clima está mejorando notablemente, y quizá este modelo sea demasiado caluroso para mañana. Lo averiguaremos pronto…

Semana 49: Día 339: Rumbo a Pinamar

Hoy parto rumbo a Pinamar, para correr el domingo la Merrell 2011. Son 27 km con mucha, mucha, mucha arena. Mucha. Es también un desafío pendiente para mí, porque en 2009 la corrí con la rodilla lastimada y tuve que frenar. A puro huevo, la pude terminar. En 2010, luego de una borrachera histórica (me despedía del alcohol para poder empezar Semana 52), una resaca que se mantenía firme, 29 horas después, me hizo correr la peor carrera de mi vida.

Este año es de reivindicaciones. Pero por las dudas estoy yendo congestionado, con tos y un poco de molestia en el pecho. Como para preocuparme y sentir en la nuca los suspiros del inminente fracaso. Considero que a menos que me corten una pierna con una motosierra, es imposible que me vaya peor que el año pasado. Me gustaría hacerla en 3 horas, como la Merrell de Tandil que corrí el 13 de marzo. Eso me haría muy feliz. Pero con llegar mejor que en Pinamar 2010 (3 horas 22 minutos 56 segundos) voy a estar más que satisfecho.

Recordar esta Merrell me trae el recuerdo de cuando me estaba preparando, hace diez kilos atrás, y decidí empezar a escribir un blog. En realidad Semana 52 cumple un año el 17 de agosto, que es cuando escribí mi primera entrada. El desafío nutricional y deportivo empezó el 1 de septiembre. Aunque al proyecto le quedan todavía un par de semanas de vida, me sorprende lo rápido que pasó. Todavía no me queda muy en claro si el tiempo pasa más lento si uno está entretenido, o si es al revés. O uno envejece y los años van durando cada vez menos…

En la Merrell Pinamar 2010 hizo un tiempo espectacular para la época, y lo mismo para la de 2009, que fue la primera carrera de mi vida (haciendo la última posta, de 7 km). En ese momento me parecía tan lejano poder hacerla entera… El año pasado escribí un post, inspirado en la experiencia, y ahora que lo leo me doy cuenta todo lo que me faltaba por aprender. Supongo que cada nueva carrera, con las cositas que le voy agregando (como el reloj con GPS que me acaba de llegar) son aprendizaje. Uno va descubriendo sus límites, cómo mejorar el desempeño, achicar los márgenes, y qué cosas funcionan mejor que otras. Creo que si no sintiera que este desafío me va a dejar algo, me quedaría en casa lustrando mis muñecos de He-Man…

Mi otro pequeño desafío este fin de semana “largo” (porque me quedo en Pinamar un par de días más allá de la carrera) es intentar actualizar el blog estando fuera de casa. Son esas pequeñas cositas que me entretienen.

Semana 49: Día 338: Invirtiendo en un GPS

Hace pocos días, una amiga me trajo de afuera un reloj con GPS. Ayer lo estrené en el entrenamiento. Y ya me pregunto, ¿cómo hice para correr todo este tiempo sin él?

Estos tiempos consumistas nos hacen encontrar ciertos atisbos de felicidad en las cosas materiales. Afortunadamente soy pobre, y con esfuerzo y paciencia, puedo ir ahorrando unos pesos para poder ingresar en el mundo capitalista. Hace unos meses fueron los muñecos de He-Man (hasta los “difíciles”, como Man-at-arms). Ahora, después de cobrar un trabajo adeudado de mucho tiempo, fue un reloj con GPS y monitor cardíaco.

Confieso que el tema de medir mis pulsaciones no me obsesiona, y que elegí esa función un poco por capricho. Pero hace tiempo quería aunque sea un cronómetro para poder medir mis tiempos y empezar a medir más concretamente cómo son mis ritmos.

Hace unos años regalé mi reloj digital. Harto de tener que atarme el tiempo a la muñeca, me di cuenta de que en todos lados podía ver la hora. En el subte, el tren, el microondas, la videocasetera (bueno, fue hace mucho), incluso en los tickets del supermercado y los boletos del colectivo. Cuando empecé a entrenar por mi cuenta, dando vueltas por las calles de Banfield, mi papá tuvo el hermoso gesto de regalarme un reloj con cronómetro. Yo me creía muy vivo y mantuve mi renuncia a engancharme la hora a mi cuerpo, así que lo guardé en un cajón, y nunca más supe de él.

Cuando empecé a entrenar en serio volví a Banfield a buscarlo, pero nunca volví a dar con él. Con esto de las carreras, controlar los tiempos empezó a ser importante para mí. En estas competencias suele haber un cronómetro, pero está en la llegada. ¿Cómo sabemos, por la mitad, cómo venimos?

FInalmente llegó el bendito reloj del norte, y cuando aprendí a configurarlo (no fue tan fácil) descubrí que no sólo puedo controlar qué tiempo estoy haciendo, sino la distancia, y a qué ritmo voy (en minutos por kilómetro). Para un obsesivo como yo se abrió la puerta a un nuevo mundo. Por ejemplo, medí la vuelta Hipódromo de San Isidro, y me dio 5,11 km. Rodearlo me tomó 23 minutos 30 segundos, a un ritmo promedio de 4:30 el kilómetro. En las progresiones bajé a 4:12.

El reloj es un poco pesado, pero compensa esa comodidad de tener control del tiempo (cuando consiga control del espacio, dominaré por fin el continuum). Se carga conectándolo al USB, y debe tener miles de otras funciones (como la del monitor cardíaco) que todavía no aprendí. Me gusta más investigarlo haciendo prueba y error. Como dice mi padre, “cuando todo falla, lea las instrucciones”.

Mañana, viernes por la tarde, parto rumbo a Pinamar con los Puma Runners. Vamos a hacer la previa allá, preparándonos para la Merrell del domingo. Entonces voy a poder usar mi reloj para medir mi ritmo, y ver si puedo bajar de mi penosa marca de 3 horas 30 minutos del año pasado. Al menos ahora voy a saber mi tiempo antes de llegar a la meta.

Semana 47: Día 328: Correr en Pinamar

Se viene la próxima Merrell Pinamar 2011. Esta será la cuarta edición en la que participaré, con el número 673 (me faltaron cinco para ser un programa televisivo oficialista). Y no voy a cancherear con que la tengo muy clara (porque estoy bastante lejos de eso), pero siendo una competencia en la que me codeé tanto con mis propias limitaciones físicas, no me pareció de más compartir algunos tips.

Primero, repasemos los consejos para cualquier carrera de aventura. No estrenar calzado nuevo. Aunque parezca obvio o poco importante, la comodidad lo es todo, y sería una lástima arruinar esta experiencia por estrenar zapatillas. Tenemos que aferrarnos a aquello que conocemos y con lo que nos desenvolvemos mejor. Unas llantas con algo de kilometraje es lo mejor, sobre todo para evitarnos sorpresas. Quizá descubramos que el calzado nos aprieta mucho, o que nos roza y nos provoca ampollas. En un terreno tan variado como Pinamar, no podemos dejar nada librado al azar.

Una correcta alimentación, tanto antes como durante de la carrera, y una buena hidratación. De nada sirve haber entrenado duro para correr sin desayunar, o con resaca (una forma de estar deshidratado). El cuerpo necesita combustible, del bueno. Conviene evitar la fibra desde el día previo para no tener problemas gástricos en el trayecto. Y aunque hay puestos de hidratación, si vamos a correr los 27 km enteros nos conviene tener nuestro propia mochila con agua, para ir regulándolo nosotros. La bebida se entrega en tres instancias repartidas durante el camino, y quizá necesitemos tomar justo en el medio de un tramo.

No crean todo el marketing alrededor de la Merrell. En el proshop que se arma el día anterior hay muchísimos productos a muy buen precio, mucho de los cuales nos van a simplificar la odisea. Pero nadie va más rápido o más lento si no tiene el último camelback. Me acuerdo del speech de “compren anteojos de sol para protegerse de los rayos UV y de la arena”. Esas fueron la menor de mis preocupaciones cuando corrí. Hay que ir juntando consejos, para después poder ignorarlos todos y hacer la propia experiencia. Eso es lo que vale.

La arena es un terreno bastante noble para correr en el sentido de que repercute poco sobre las articulaciones, pero esa absorción del impacto es también su peor cara. Nos vuelve más lentos, cada paso requiere más esfuerzo, y lo empezamos a notar en los cuádriceps que parecen arder en llamas. El ascenso en los médanos es agotador, pero las bajadas son muy divertidas. Nos podemos tirar casi de cabeza, que a diferencia de Tandil y sus piedras, en la arena no nos va a pasar nada.

Para subir una cuesta, lo mejor es buscar las pisadas de los corredores anteriores. Ahí el suelo está más compacto, y resulta más fácil avanzar. Las polainas pueden ser una buena opción para que no entre arena en las zapatillas. No notamos cuando ingresa, pero de a poco se acumula en la punta y empieza a apretar los dedos del pie. Pronto vamos a notar como si en cada zancada estuviésemos pateando adoquines. Frenar para vaciar el calzado nos quita preciosos segundos, y es bastante fastidioso.

En los puestos de control, donde hay agua o gatorade, se suelen formar embotellamientos de corredores, que se desesperan por ser los primeros. La organización no es tonta, y asigna a varias personas para entregar bebidas o frutas. Siempre la gente se atropella por recurrir a los primeros voluntarios, cuando los del final siempre están solos, y ansiosos porque alguien se acerque a ellos. Hagámosle un favor y también uno a nosotros, para seguir descontando segundos.

El clima ha sido bastante extraño para mí. En las tres ediciones en las que participé, siempre hizo calor. Esta vez se realiza el domingo 7 de agosto, habrá que ver si el frío cede. Pero si no lo hace, tenemos que evaluar la posibilidad de tener que correr con frío, o algo de lluvia. Si nos pasa, espero que no sea la primera vez en nuestras vidas. El entrenamiento con frío o en días lluviosos tienen que ver con que nunca vamos a poder anticipar el clima de una carrera, así que lo mejor es nunca dejar de entrenar, ya que desconocemos en qué circunstancias va a estar el clima de la carrera (y convengamos en que siempre preferimos cancelar un entrenamiento, pero jamás nos bajaríamos de una competencia). Y si en lugar de frío hace calor, no está de más ponerse protector solar. Quizá el sol no esté fuerte en agosto, pero me ha pasado de subestimar a este astro porque estaba nublado, y terminar rojo como un camarón.

Lo más importante, hay que disfrutar de esta competencia. Las carreras de aventuras sirven para disfrutar del paisaje. La Merrell de Pinamar tiene muchísimos terrenos, desde el asfalto de la largada, la costa, los médanos, el bosque (con suelo de arena), el club de golf… En un equipo de postas recomiendo la tercera; me parece la más variada y divertida.

Correr con resaca es una de las estupideces más grandes que cometí en mi vida. Estaba convencido de que una borrachera de viernes no iba a tener consecuencias el domingo. Pero hice que mi pobre hígado tuviese que filtrar toda mi sangre alcoholizada, lo que le quitó rendimiento a mi propia oxigenación. Corrí con mucha frustración, parando de tanto en tanto. Jamás una carrera se me hizo tan larga. Ahora, un año después, me intriga mucho ver cómo influye en el resultado haber abandonado el alcohol. En 2010 quería llegar en 3 horas o menos, objetivo que no pude cumplir por una enorme diferencia. En esta edición quiero volver a ese compromiso, a ver si esta vez lo puedo cumplir.