Posts etiquetados como ‘Espartatlón II semana 29’

Semana 39: Día 270: Crisis en Río de Janeiro

Todos hemos visto las noticias. Los indignados de Brasil. Las manifestaciones. El policía rociándole gas pimienta a una inofensiva señora. Las marchas contra los aumentos y la corrupción. Justo ahora que estamos por ir a correr la maratón en Río de Janeiro.

Ya me han preguntado si se hace igual. Se comentaban que se iba a cancelar un partido de fútbol (no me pregunten cuál es, saben que no domino absolutamente ninguna información de este deporte). Parte de las protestas tenían que ver con el dinero que se va a invertir para los Juegos Olímpicos de 2014. Entonces, sería lógico que la gente proteste por una de las maratones más multitudinarias del mundo, aunque claramente sea un evento realizado por provados y no por un comité olímpico con lazos gubernamentales. *

La próxima protesta está programada pra el 11, y nuestro viaje va a ser entre el 4 y el 9 de julio. Dudo que tengamos algún problema, y no sé cuánto es algo exagerado por los medios. Pero sinceramente es algo de lo que vamos a poder tomar real dimensión cuando estemos allá. Lo mismo me preocupaba cuando estaba por viajar a Atenas, y viniendo de Argentina, con tantas crisis, marchas y protestas (ahora mismo está la vigilia en el puente Pueyrredón por el asesinato de Kosteki, y Santillán) siento que nada me sorprende.

Por ahora, esta crisis es algo que le agrega algo anecdótico, una mínima preocupación a esta aventura de la maratón en otro país.

Veremos qué pasa.

* Me avisaron, después de decir esta bestialidad, que no se hacen los Juegos Olímpicos, sino el Mundial de Fútbol. ¡Otra muestra de lo poco que me interesa este deporte!

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Semana 29: Día 203: Periostitis

Hasta ayer no sabía qué significaba la Periostitis. Si ustedes tampoco lo saben, dejo que Mr. Wikipedia lo explique por mí (remarco en negrita lo que me parece más importante):

La periostitis es la inflamación del periostio, la capa más superficial del hueso (como la “piel” del hueso). El lugar de mayor afectación suele ser la cara anterointerna de la tibia, principalmente en el tercio inferior, aunque puede extenderse más arriba, casi hasta la rodilla. Esta lesión es típica de los corredores, principalmente de fondo. Se debe a las vibraciones que recibe el periostio por el impacto continuo de los pies contra el suelo en este deporte. Los factores que predisponen a sufrirla son: aumentos bruscos del volumen o intensidad de entrenamiento, mala amortiguación en el calzado, correr por superficies duras, pronación excesiva de la pisada.

Hay diferentes métodos de recuperación, entre los que se encuentran: el reposo, la aplicación de hielo local, la corrección de la pisada con prótesis plantares, vendajes o mallas de sujección para limitar las vibraciones, antinflamatorios y el refuerzo de la musculatura del tibial anterior.

Hoy fui a mi primera sesión de kinesionlogía. Elegí un centro que estaba cerca de casa, para poder ir caminando. No tenía referencia ni recomendación de nadie. Me atendió una profesional con acento cubano, lo cual para mí le da otro aval. Me preguntó qué me estaba pasando y le conté de mi cita con el traumatólogo de guardia, que me recomendó vendarme el pie, y tomar diclofenac. La kinesióloga empezó a negar con la cabeza. Estaba completamente en desacuerdo con enmascarar los síntomas, porque nada de eso me iba a curar. Con lo único que estuvo de acuerdo fue con la parte más complicada: reposo deportivo.

La cubana (que quizá sea venezolana y demuestre que yo soy un ignorante) era medio sargento, y me dijo que no podía correr ni hacer pilates hasta que ella me lo dijese. Tampoco estuvo de acuerdo con el diagnóstico del traumatólogo: yo no tenía una tendinitis del tibial anterior, sino una periostitis. Lo definió como un esguince, producto de un sobreesfuerzo. Me dijo que ella había sido gimnasta y que ahora que había tenido que dejarlo, se dedicaba a correr para mantenerse en forma. Además había tratado a muchos atletas de alto rendimiento, y esta dolencia era muy común.

Me conectó a un aparato que me hizo vibrar la pierna izquierda, como si corriese una electricidad de bajo voltaje desde el isquiotibial hasta la punta de los dedos. Esto a su vez me provocaba espasmos y una constante contracción de los músculos, y desconozco si esa fue la intención, pero durante 30 minutos me quedé ahí, enchufado. Cuando terminamos y me despachó para irme a mi casa, le pregunté qué era esa máquina. No me dijo lo que yo quería saber (su nombre), pero sí me aclaró que era analgésica y desinflamatoria. Sinceramente, cuando bajé de la camilla me sentí muy bien.

Algo que me aclaró la cubana y que me resultó muy interesante, fue su recomendación de hacer un tratamiento de Vitamina B12. Aparantemente sirve para que el músculo no se fatigue, y hay que tomar ciertas dosis cada seis meses por el tiempo en que uno haga actividad física de alto rendimiento (o sea, para toda la vida). Voy a indagar un poco más sobre esto, pero puede ser un dato interesante.

Por ahora tengo que armarme de paciencia y, por sobre todo, hacer caso. Porque me quiero recuperar lo antes posible. De hecho, voy a verla tres veces por semana, y la sesión de este lunes coincide con una invitación que me hicieron para una privada de prensa de Iron Man 3… Dudé unos segundos, pero prioricé la rehabilitación por sobre esta película que muero por ver. Como para que vean mi nivel de compromiso.

Me gustaría, además, llegar a correr la Maratón de Rosario, el 30 de junio. ¿Llegaré?

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Semana 29: Día 201: Una empanada en lugar de pie

A pesar de que he sufrido lesiones que me impidieron correr, nunca me acostumbré. Quizá porque empecé a hacer deporte de grande (antes lo odiaba), no acumulé traumas en mi cuerpo ni en mis articulaciones. Suerte o no, las cosas se dieron así.

Hace varios años tuve una contractura de rodilla (así como lo leen), que hacía que correr fuese muy doloroso, en especial en terrenos irregulares. Exceptuando cuando entrenaba en asfalto, jamás estaba sobre una superficie lisa. Subir o bajar un cordón activaba los impulsos nerviosos y me hacía ver las estrellas. Con paciencia y sin dejar de entrenar (con una rodillera), el dolor fue cediendo hasta desaparecer. En esos días añoraba correr sin problemas, y me preguntaba cuándo sería el día en que pudiese hacerlo normalmente. Sabía que, eventualmente, iba a poder hacerlo. Mi duda era cuándo…

La siguiente lesión que me dejó fuera de la actividad física por un tiempo fue una osteocondritis, producto de un golpe contra un amigo mientras jugaba a la pelota (este hecho marcó mi retiro indeclinable de las canchas). El dolor, dicen, es comparable con el de una fractura, y según tengo entendido se trata de la separación del músculo y el hueso. Desconozco si es algo que deja secuelas por siempre, pero me costó mucho recuperarme. Mi papá me prestó una faja de neoprene que me ayudaba bastante. Volver a correr fue más sencillo que regresar al gimnasio. Casi cualquier movimiento dolía. Recuerdo estar con mis amigos cenando en Carlitos por mi cumpleaños, y no me podía reir porque me mataba en las costillas.

Como decía, quizá deja secuelas porque volví a sufrir una osteocondritis en otra costilla, mientras levantaba pesas. Tuve una ventaja, sin embargo: esta era una lesión conocida, así que sabía qué me funcionaba. Volví a la faja, dejé el gimnasio por un tiempo, y me armé de paciencia. En aquellos días, dejar de entrenar me golpeó bastante anímicamente.

Y llegamos al día de hoy, en el que hice demasiados esfuerzos en poco tiempo. Ya los 100 km de la Ultra Buenos Aires me dejaron un poco resentido en el tibial, y la Patagonia Run, con sus ascensos y descencos en la Cordillera de los Andes le pusieron el broche de oro a una lesión de aquellas. El tibial izquierdo, que en las bajadas de la montaña ardía en llamas, ahora está hinchado. Ayer por la noche, mi pie parecía una empanada, y mi pierna un matambre. Al día de hoy la hinchazón no bajó demasiado, pero el dolor cedió. Ahora no me molesta al tocarme, sí cuando estiro el pie hacia abajo. El traumatólogo que me revisó me hizo ver las estrellas, apretando y retorciendo para todos lados. Él me recomendó diclofenac, vendaje y reposo deportivo por dos semanas. Me vendé y fue un horror. ¿Vieron cuando se envuelven un hilo bien apretado por un dedo, hasta que queda colorado e hinchado, como la caricatura de Michelin? Exactamente así quedé yo. De hecho me saqué la venda y la pierna seguía igual, toda deformada.

No dejé de hacerle caso al médico. En lugar de vendarme, Vicky me prestó sus tibialeras, que también comprimen pero evitan el “efecto matambre”. Supongo que eso mezclado con las drogas hace que duela mucho menos. Por la mañana es el peor momento de dolor, porque duermo sin venda, con el pie elevado. Pero con el correr del día voy mejorando.

Es difícil imaginarme volver a correr con la libertad de antes. Pero esta vez no me quiero desesperar. Sé que me queda una rehabilitación por delante, así que intentaré hacer caso a todo lo que me digan para recuperarme lo más rápido posible. Tendré que fortalecerme, acostumbrarme al volumen de trabajo, y no volver a repetir ultramaratones tan exigentes en tan poco tiempo. Porque tengo que llegar a correr 246 km, y no morir en el intento…

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Semana 29: Día 200: Tendinitis

Qué manera de celebrar 200 días en el tercer año del blog…
Hoy finalmente vi a un traumatólogo por el dolor en mi tibial izquierdo. Se me hinchaba y caminar era (es) muy doloroso. En San Martín de los Andes me sugirieron que podía ser sobreentrenamiento, y luego que seguramente tenía una inflamación en el tendón.
Ayer mi pie parecía una empanada. La pierna, justo encima del tobillo, estaba hinchada, y la media me apretaba como si fuese un matambre.
El traumatólogo confirmó las sospechas de tendinitis, consistente con un esfuerzo demasiado grande. Tengo que hacer reposo (en principio de dos semanas), analgésicos (diclofenac, mejor que el voltaren), venda, hielo cuatro o cinco veces por día, diez o quince minutos. Y el viernes veo a un kinesiólogo para empezar mi rehabilitación.
Siempre me intrigó buscar mis límites, y creo que los encontré. Será cuestión de recuperarme y volver a correrlos…

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