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Semana 34: Día 238: Contagiando endorfinas

Si tuviese que enumerar todos los errores que cometí en mi vida, se les secarían los ojos antes de poder terminar de leer. Soy demasiado perfeccionista, pero también soy un inconformista (lo cual no es lo mismo). Me meto constantemente en esa trampa de esforzarme sin llegar nunca a los resultados deseados. Además muchas veces actúo inconscientemente, sin medir las consecuencias, y he herido a mucha gente. Soy impulsivo, lo que puede convertirse en ser temperamental. Tampoco sé decir que no, y eso me ha metido en montones de problemas. A veces la gente me cuenta cosas y por dentro tengo un reloj interno que me dice “Te cierra el correo y si no salís en los próximos 5 minutos, no llegás”, pero por respeto o pudor no me animo a decir nada.

Esto podría ser la punta del iceberg, tengo montones de cosas que me mortifican, que prometo cambiar, y que siguen ahí, satelitando mi cabeza. Pero (afortunadamente hay un pero), tengo una cosa de la que sentirme orgulloso, que es correr y escribir. Esta actividad, que se convirtió en una sola, la pueden ver día a día en el blog. En este año me tomé la libertad de no desesperarme si no actualizaba, cosa que antes realmente me angustiaba. Como Semana 52 se convirtió en algo absolutamente cotidiano para mí, elegí que no se vuelva un lastre. Y aunque la gran mayoría de las veces no logro el nivel que deseo (por eso de ser un perfeccionista-inconformista), reconozco que esto que hago le sirve a mucha gente, quizá más que a mí.

Aunque me la doy de humilde (quizá lo sea), me encuentro con que alguna vez pude ser una buena influencia para alguien. Hoy me escribía en el Facebook Nicolás, un amigo con quien en realidad solo me unía un vínculo laboral. Nunca supe que un día iba a seguir el blog y que lo iba a incentivar a empezar a correr, al punto de que hoy hace, por su cuenta, 8 km de toque, y el fin de semana se le va a animar a los 10 km de las Fiestas Mayas. Me causó gracia su comentario de que no quería seguir explayándose con lo que lo había ayudado Semana 52 porque seguramente me lo decían todo el tiempo. Y si bien me lo habrán mencionado unas 10 veces en estos 2 años y medio, me encantaría saber de cada una de las personas a las que les contagié el germen del running y la vida sana.

Nunca, jamás, me imaginé que podía inspirar a alguien. Pero en serio, jamás de los jamases. Por eso del perfeccionismo-inconformismo, nunca me sentí apto para nada. Solo me gustaba escribir, pero también me resultaba un poco tortuoso, así que intentaba contener las ansias de la redacción o reservármelo para mí mismo. Un día empecé a correr, mezcla del hermoso ejemplo que me dio mi papá, la admiración que sentía por mi hermano Matías, la necesidad de rehabilitar mi tobillo fracturado, y… ganas. Un día me di cuenta que corría seguido, y aprendí solo que sostener un entrenamiento en el tiempo (aunque fuese por cuenta propia) me rendía sus frutos. Años después aprendí lo que se podía progresar entrenando en un grupo de running, y sin saber bien en qué me estaba metiendo se me ocurrió, en julio de 2010, empezar a bloguear un año de entrenamiento mucho más comprometido de lo que había hecho en mi vida.

¿Y qué me imaginaba entonces? Que iba a correr más y mejor. Que iba a mejorar mi físico, y en algún rincón de mis más bajos instintos, fantaseé con que mi autoestima y mi imagen se iban a ver favorecidas. Pero eran sentimientos superficiales y egoístas. No pensé todo lo que iba a aprender de mí mismo, la motivación que iba a encontrar. Y mucho menos pensé que, cada tanto, alguien se iba a contagiar de todo esto, se iba a calzar un par de zapatillas e iba a salir a correr. Juro que cada vez que alguien me cuenta que Semana 52 le provocó algo en su vida, me emociono un par de casilleros antes de llegar a las lágrimas. Porque una de las cosas que yo buscaba demostrar con esto era que un tipo común y corriente podía dar un vuelco y aspirar a más. Y yo era el tipo más común y corriente con el que te podías cruzar por la calle. Antes de Semana 52 no tenía nada que me hiciera sentir especial. Y ahora tengo muchísimo. Supongo que por eso me cebé y me pasé de ese primer año. El día en que completé los 365 días de deporte y vida sana, fui al supermercado y agarré la caja de galletitas oreos bañadas en chocolate, me di cuenta que no podía parar. La volví a dejar en la góndola y me compré unas manzanas.

Me gustaría que todos compartiesen con otros esos cambios. Uno nunca se da cuenta que todos tienen la capacidad de ser una buena influencia, incluso si no se lo proponen. Esto es un plus: animarte a vivir mejor, y que otros se contagien de tu click. Y así vayan contagiando a otras personas. Porque yo sé que no inventé nada, que un día decidí poner en práctica todas esas cosas que había copiado de otros. Así nos vamos multiplicando y generando entre nosotros algo que es únicamente positivo.

Por eso, Nico, no, no me lo dicen todo el tiempo ni me pudrí de escucharlo. Correr me encanta y me hace feliz, pero que otros encuentren su felicidad inspirados en este blog, es lo mejor que me pasó en la vida.

Semana 34: Día 236: Próximos desafíos

Estoy con abstinencia de carreras. Ya lo habrán notado cuando, hace un par de días, me colé en la Maratón River (pero sin hacer uso de sus recursos, solo aproveché su circuito y las calles cortadas).

El próximo desafío que tenía en vista eran los 42 km de la Maratón Internacional de la Bandera, en Rosario, que correremos nuevamente en equipo con Vicky. Van a ser unas mini-vacaciones, pero intentando hacer la mítica competencia a la sombra del monumento a la bandera. Hasta buscamos restaurantes veganos en las cercanías. Solo nos queda definir si vamos en micro o en avión (temo que un paro nos deje varados, tanto en Retiro como en Aeroparque). Nuestra experiencia del año pasado fue magnífica, y la ciudad es encantadora, así que el domingo 30 de junio estaremos ahí, una vez más.

El tema es que, para mí, falta mucho. Así que me puse ansioso y empecé a blanquear mi abstinencia. Entonces me sugirieron dos carreras: La Anniversary Race, subtitulada como “Aventura en las Canteras”. Se corre el domingo 2 de junio, son 21 km en Piedras Blancas, Entre Ríos, y la inscripción cierra este viernes, así que tenemos que apurarnos. Esta vez, si voy, sería sin Vicky, una experiencia que hace mucho no hago. Obviamente que me siento raro, con cierto temor, pero por otro lado es lógico que si vamos a grupos diferentes, no siempre coincidan nuestros viajes. El único problema sería no poder conseguir con quién ir. No estoy como para embarcarme en una travesía solo. Correr sí, me la banco en soledad. Viajar y dormir solari ya me cuesta un poco más.

Si esta falla, tengo la Salvaje Cross en Azcuénaga, San Andrés de Giles, el sábado 8 de junio. Si bien la distancia de 15 km no representa mucho desafío para mí, el principal atractivo es que es nocturna. Extraño meter las patas en agua, embarrarme, correr sobre durmientes de las vías de un tren, atravesar pastizales, trepar alambrados… la ciudad me sigue gustando, pero por algún motivo necesito ensuciarme un poco.

Y recién el 18 de agosto está la Ultramaratón de Yaboty, en el Soberbio, Misiones. Ese es otro desafío lindo que queremos repetir con Vicky en equipo. Son 90 km non stop. En 2011 fue nuestra primera ultra, y nos quedó un recuerdo espectacular. Así que hacia ahí vamos.

Queda la gran incógnita de qué voy a hacer para el cierre del año en Semana 52. Posiblemente Yaboty sea LA carrera porque es la más cercana en fecha, y no estoy encontrando nada para fines de mes o septiembre. El 30 de noviembre se haría la Patagonia Run Spring, y quiero repetir los 100 km que tanto me costaron. No espero que esta vez sean más fáciles, pero seguro voy a estar mejor preparado. Igual no me quiero adelantar, porque eso ya correspondería al cuarto (y último) año de este blog…

Semana 34: Día 235: Una mala idea

Ok, se me ocurrió que era una buena idea llevarme la computadora a la habitación. No tengo una notebook, sino una iMac, que viene a ser un monitor bastante grande con su teclado y dos discos externos (si tienen algo bueno las Macs es que ya no tienen gabinete, además de que no hacen ruido ni tienen virus).

El día de ayer tuvo sus momentos frustrantes. Aunque se tomaron la molestia de ponerle carteles electrónicos a las estaciones de tren, no siempre respetan el supuesto horario de los próximos servicios. Cuando vi que la siguiente formación pasaba en 12 minutos y al segundo lo cambiaban a 28, sabía que había perdido la oportunidad de entrenar con mi grupo. Así que me volví a casa con un poco de frustración y corrí por el barrio con Vicky. Eso no estuvo mal, de hecho fue lo mejor del día.

Entonces me pareció muy inteligente llevarme una mesita junto a la cama y ponerme al día con el trabajo sin tener que aislarme del resto de la casa, como pasa habitualmente. De hecho estaba listo para actualizar el blog. Pero eso que pareció una buena idea terminó teniendo un efecto conocido. Así como uso la televisión como somnífero, el estar cómodamente entre mis almohadas y mirando el monitor de la computadora hizo que a los pocos minutos me faltaran las fuerzas. El brazo del mouse dejó de responder, los ojos empezaron a pesarme más y más, y el cerebro dejó de emitir órdenes para pasar a un estado de reposo conocido como “desmayo”.

Ya me di cuenta que la idea de llevarme la computadora a la habitación o comprarme una notebook para trabajar desde la cama no va a prosperar.

La incomodidad de estar sentado en una silla, al final, resultó ser algo positivo, porque me permite más horas de sueño frente a la computadora. Claro que quizá eso no es lo que estoy necesitando…

Semana 32: Día 221: Entonces… ¿carreras de calle o de aventura?

Esta pregunta ya me la hice hace tiempo en el blog. Y pensando en voz alta, ayer antes del entrenamiento con los Puma Runners, me di cuenta de que todavía no me decidí.

Es una de esas cosas que crean polaridad. Naftero o gasolero. De River o de Boca. Juegos de consola o juegos de PC. Carreras de calle o de aventura.

En el último año corrí mucho, mucho. Hice entrenamientos largos, de 5 horas, y a veces más. Generalmente eran en calle, a veces de tierra, a veces asfalto. Todas esas sesiones tenían algo en común: combatir el paso del tiempo, dominar la cabeza. En la ciudad, aunque fuese esquivando los autos, aprendí a apreciar la monotonía, el ritmo sostenido. Como si fuese un mantra.

Pero también enfrenté a la montaña en varias oportunidades. Fue una INMENSA diferencia con la calle, empezando por el terreno irregular. Sin dudas el entrenamiento para uno y otro son bastante diferentes, y estar en medio de la naturaleza es una experiencia única. Ahora que estoy buscando superar mis límites y aumentar las distancias máximas en las que puedo correr, mi prioridad pasó a ser el llano. Y lo disfruto mucho. El tema es que me encuentro añorando todos esos momentos en los que estuve embarrado, dolorido y exhausto en la montaña. Después de haberme prometido no volver a hacerlo, tengo muchas ganas de volver a correr 100 km en la Patagonia Run (mi anterior experiencia, hace un año, fue durísima, pero por alguna extraña razón hoy la recuerdo con nostalgia).

Generalmente el paso es así: se empieza por carreras de calle, generalmente por cercanía y comodidad, y en algún momento se da el paso hacia las carreras de aventura. Suele ser un viaje de ida, y los que están disfrutando de la montaña o de correr en la arena, te dicen que ni locos corren una maratón. “Me muero de embole”, te dicen, como si hacer 42 km fuese comparable a estudiar para un examen. No sé ustedes, pero yo jamás me aburrí corriendo en ningún terreno.

Estoy seguro de que por representar un desafío mayor, muchos optarían por las carreras de aventura. Yo, todavía, no puedo elegir. Me gustaría hacerlo y concentrar mi entrenamiento en una meta puntual. De momento, no me cierro a ningún desafío: ni los que me queman la cabeza ni los que me destrozan las piernas.

Semana 32: Día 219: Noche de pesadilla

Anoche tuve una pesadilla, muy a tono con mi situación actual.

Como ya comenté ayer, pude volver a entrenar. La pierna anda bastante bien, algunos dolores, pero no en la lesión en el tibial. Pude hacer progresiones, sentadillas, y hoy a la mañana me duele todo, obviamente, porque perdí entrenamiento. “La grasa se gana rápido y se pierde lento, el músculo se gana lento y se pierde rápido”. O algo así.

Anoche soñé que estaba de vacaciones en alguna localidad costera. Podría arriesgar que era Pinamar. Estaba con mi grupo de entrenamiento, los Puma Runners, y teníamos una reunión de negocios. Yo había perdido por completo mi habilidad para correr. La pierna izquierda la tengo afeitada, y eso provocó algún comentario socarrón y algunas risas en el entreno. En el sueño estaba igual, salvo que el pie izquierdo tenía un agujero sobre el empeine, y de adentro salían cables y chips conectados a lo largo de la pierna (anoche, antes de acostarme, vi el programa de los 80’s en NatGeo y mostraban cómo se construyeron las primeras PCs… el cablerío era similar al interno de un gabinete de computadora). La pierna derecha estaba mejor, pero también tenía algunos slots y chips conectados.

No caminaba con dificultad, de hecho agradezco que en los sueños no se siente dolor, pero la imagen era espeluznante. De hecho al pie izquierdo le salía humo del agujero. Antes de ir a la reunión, en un ataque de frustración, me arranqué todos los chips. Estaba realmente harto de estar así, y hasta me preguntaba si no hubiese sido mejor amputar la pierna.

La cita de negocios era con una médica que había hecho negocios con mi ex-socio (una larga historia), así que yo le tenía algo de resentimiento. Hacía muchos años que no la veía, y ella era quien me había operado la pierna. Eso alimentaba más mi bronca. Cuando la reunión estaba finalizando no pude más. Me puse de pie y comencé a insultarla, me di media vuelta y me fui, para sorpresa de todos los presentes. Afuera buscaba la combi que me había traído, pero no la podía encontrar. Era una sensación conocida: frustración, frustración y frustración. Lo peor fue darme cuenta de que me había olvidado la campera, y la humillación de tener que volver a entrar a ese lugar para buscarla.

Lo curioso fue que después me di cuenta que esta mujer de la reunión no era la que me había operado. Yo la había confundido con otra doctora de ojos violeta (¿cómo confundir a alguien con semejante característica?). Habiendo pasado tantos años, lo que más quería era que me hicieran alguna actualización. Con el avance tecnológico que nos rodea, seguro podían ponerme algo menos monstruoso y más efectivo. Ante la duda de quedar mal ante mi súplica de que me hagan un upgrade, volví a conectar todos los chips que rodeaban mis piernas.

Después el perro y el gato empezaron a saltar encima de la cama y me despertaron. Confieso que sentí cierto alivio de que todo haya sido un sueño.

Obviamente el tema de la lesión es algo que me angustia, más allá de que me siento muy cerca de recuperarme del todo. Creo que también se me manifestó mi miedo a encontrarme ante una situación que me impida correr, además de la vergüenza (reprimida) de andar con una pierna afeitada y la otra muy peluda. También estaba el contexto del grupo, en un lugar habitual como es Pinamar. Este año no voy a poder correr la Adventure Race, porque decidí priorizar la ultramaratón de Yaboty, que si no me equivoco es una fecha muy cercana. Pero también me sigue resonando ese mal trago que fue la edición en Tandil, con tanta violencia y tanta bronca. Se me mezcló con mi conflicto irreconciliable con mi ex-socio (quien me estafó) y todas esas cosas no dichas. Además tenía la humillante situación de tener que volver después de dar un portazo.

Los sueños son muy simbólicos, pero parte del “jugo” que se le puede exprimir está en qué palabras usamos para contarlo. Y en mi relato está muy presente la “frustración”, ante no poder hacer uso de mis piernas, ante no saber cómo resolver mis conflictos, y ante cómo me relaciono yo con los demás. También, por alguna extraña razón, es muy difícil recordar los sueños si no los contamos apenas nos despertamos. De hecho ya se está empezando a hacer borroso y difuso. Pero es algo bueno, porque la imagen de mis piernas deformadas y emparchadas por una precaria tecnología médica, es algo que no tengo mucho interés en recordar.

Semana 32: Día 218: Volver a empezar

¿Cuántas veces escribí este post? No ESTE puntualmente, pero tengo esa sensación de déjà vu. Yo esto ya lo viví. No poder correr, la frustración de estar apto mentalmente pero no físicamente, y el día en que finalmente todo se acomoda y puedo volver.

La kinesióloga me dejaba correr el fin de semana, pero me resfrié, y con la Feria del Libro dándome otra paliza, no pude ni actualizar el blog el domingo. Igual no tenía mucho para contar. “Estuve todo el día acomodando libros y revistas, recomendando cómics, contestando dudas sobre Spider-Man y The Walking Dead. Ah, y descubrí que las Frutigran no son veganas”. Eso era todo.

Pero hoy, lunes, pude correr. Fue muy raro, la dejé a Vicky en su nuevo grupo de entrenamiento y me fui al mío. Nos separan 2 km de distancia, así que lo hice corriendo, en pantalón largo, campera y con la mochila. Me dio calor, pero fueron mis primeros pasos desde la Patagonia Run, hace 23 días. Al principio me sentí muy oxidado. Tenía miedo, porque en este tiempo no corrí nada, solo unos pasitos cruzando la calle. Mientras corría dándole la vuelta al hipódromo sentía miedo, porque no quería lastimarme o sentir dolor. Iba muy contenido, demasiado. Intentaba prestar atención a todo, a cada sensación en mi cuerpo, sin dejar de prestarle atención a cada palmo que iba pisando. Me fueron doliendo diferentes cosas, como las rodillas, el tobillo, pero no la lesión. El tibial sentía que me tiraba, como algo que perdió elasticidad.

Me mantuve así, corriendo con cautela, hasta que me empecé a soltar. Transpiraba, así que me abrí un poco la campera. Hice mi primer kilómetro en 5:30. Seguí y el segundo lo terminé en 5:06. Llegué a los Puma Runners, me saqué el pantalón largo, y recién cuando vi algunas risas me di cuenta que todavía tengo la pierna izquierda afeitada de la rodilla para abajo, y la otra peluda como siempre. Desentona (parece que en un atengo una media de nylon), pero prefiero esperar a que se vuelva a poblar de pelo que a afeitarme y dejarlas simétricas.

Entrené como siempre, sin dolor, sin molestia. Sigo sintiéndome un poquito oxidado, pero ya no tanto. Creo que estoy volviendo en serio. Los ejercicios de musculación me ostaron, y ahora me duele todo, pero mi entrenador calcula que en tres semanas vuelvo a mi 100%, así que hoy más que nunca no puedo aflojar. Sigo con mi meta de la Espartatlón, y quiero volver a mi estado para poder entrenar fondos largos. El tibial está respondiendo, y creo que me ayudó haberle hecho caso a la kinesióloga, así como haberme hecho plantillas nuevas. Quizá para el miércoles tenga zapatillas nuevas, y con eso tendría el combo anti-periostitis completo…

Semana 31: Día 215: Plantillas nuevas

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Señoras y señores, mis plantillas nuevas. Las veo distintas a las anteriores, que tenían una oliva más pronunciada y el talón no tan levantado. Los colores difieren también. ¿Habrá tenido en cuenta el especialista mi periostitis? ¿Será una señal de la evolución de mi pisada? ¿Por qué no se lo pregunté antes de irme del consultorio? Enigmas sin resolver…

A veces las cosas salen mal, o al menos bastante diferente a como uno lo tiene planeado. No existe la suerte, todo es casualidad (y causalidad), y uno tiene que rebuscárselas y aprender a resolver los conflictos que se presentan. A pesar de que creo que Dios juega a los dados con el universo, hoy una amiga me presentó algunos de los 83 mandamientos, según Alejandro Jodorowski, y uno en particular me marcó. Es el número 69 (escucho a algún tonto riéndose por lo bajo), y dice así: “Cuando te enfermes, en lugar de odiar ese mal, considéralo tu maestro”, y me cayó en un momento justo. Yo considero que mi periostitis es una enseñanza, del nivel que intentaba alcanzar y las cosas que hice (y no hice) para llegar hasta ahí. Sin lugar a dudas contribuí a esa dolencia con una mala amortiguación en mi calzado, y justamente hoy fui a buscar mis plantillas nuevas.

Mi intención es contabilizar, en cuenta regresiva, mil kilómetros, y ahí cambiarlas. Sé que Giroldi me dijo que las cambie cada 800, pero si tiré más de 3 mil sin darme cuenta, creo que puedo estirarme hasta esa distancia.

La adquisición de estas nuevas plantillas también coincide con el permiso de mi kinesióloga de volver a entrenar. Finalmente me dijo que sí (esta vez en serio), que puedo correr. El tibial casi no me duele, sí siento que me tira cuando bajo mucho el pie, pero en pilates no tuve dolor, así que evidentemente es el momento de retomar.

Dudo que mañana corra mucho, y seguro me sienta raro. Las plantillas hay que ablandarlas, incluso recomiendan no estrenarlas en una carrera. Mi próximo desafío es la maratón de Rosario, una competencia que hace unos meses hubiese considerado pan comido, pero que ahora encaro desde una lesión, más de dos semanas parado y todavía lejos de mi 100%. Pero, fiel a la jerga corredora, iré paso a paso. Ya creo que empecé bien yendo a rehabilitación y haciendo caso a todo. Ahora con las plantillas… mañana zapatillas nuevas, pasado la maratón… y en algún momento de 2014, la Espartatlón…

Semana 31: Día 215: Volviendo (de a poco)

Hoy fui a mi sexta sesión de kinesiología. Quise pagar el bono de $3 con un billete de 100 y me dijeron “mañana me lo traés”. Claro, yo me había ido al Banelco, donde me van a matar con los costos de extracción porque mi tarjeta es de Link, para caer con plata, ante la vergonzosa situación de haberme dejado todo el dinero en casa. Y fue al ñudo, porque no me aceptaron el billete tan grande.

Siempre me olvido algo, cuando no es la credencial donde ellos anotan las sesiones, es la credencial de la obra social. Pero bueno, a pesar de todos estos contratiempos mínimos, sigo yendo y avanzando.

Es increíble lo que se me está curando la periostitis. Ya no tengo más hinchado el tibial, puedo caminar sin sentir ningún dolor, y hasta puedo mover el pie sin ver las estrellas. Me toco y tampoco me duele.

Así y todo, la kinesióloga me dijo que no podía correr. Y hoy lo rectificó. Fue algo así como “No vayas a entrenar hasta que yo te diga, ¿de acuerdo?”. Y yo estoy siguiendo todo tal como me lo dicen. Me conectó a esta máquina de tortura, que transmitía impulsos eléctricos en mi gemelo y en el empeine. Al principio era agradable. Hasta le hice la observación de que era demasiado poco lo que sentía. Pero estuve conectado 30 minutos, y al final sentía que me quemaba, como si me estuviesen electrocutando de a un voltio por vez.

Nuevamente no me apretujó ni me movió el pie como si fuese el volante de los autitos chocadores. Simplemente me recordó “No corras esta semana. Seguramente la próxima puedas”. Tímidamente le pregunté “¿Pilates puedo hacer?”, y me respondió “Eso sí”.

No perdí el tiempo, y hoy mismo volví a mis clases, no sin temor de que algo me hiciera doler el tibial. Pero ninguno de los ejercicios me molestó. Sí siento el pie como que tira cuando lo doblo para abajo. Pilates, al ser ejercicios anaeróbicos, son controlados, y no tiene movimientos bruscos o explosivos. No se usa para rehabilitación, pero fortalecer los músculos ayuda en cualquier caso de lesión. No sentí molestia alguna, así que me siento por buen camino. Además necesitaba mi descarga diaria. Extraño horrores correr y seguir explorando mis límites. Ahora, al menos, puedo volver a ejercitarme, y algo es algo.

Si no puedo correr, creo que podría empezar a fortalecer mis abdominales, algo que voy a necesitar para los meses venideros…

Semana 31: Día 214: ¿No más cuentakilómetros?

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Mi reloj Garmin, al que le tenía mucho aprecio, requiere ser alimentado por energía eléctrica.

Mi perro Rulo, al que le tenía mucho aprecio, requiere ser alimentado por cosas importantes e irremplazables para uno.

El cargador del reloj siempre estaba en la cocina. Rulo siempre se quedaba en la cocina cuando nos íbamos del departamento.

Rulo se comió el cable. Lo dejó inutilizable.

El Garmin lo compré por eBay, en épocas más flexibles para la aduana y la compra de moneda extranjera. Viene acompañado por un transformador de 220 a 110 voltios y un cable con una salida de USB en un extremo (lo que permite cargarlo en la computadora y descargar sus datos), y una ficha especialmente diseñada para el reloj del otro. En Mercado Libre venden el cable SIN el transformador por 300 pesos, 50 extras para envíos a Capital Federal. En eBay todo el set COMPLETO sale 18 dólares más envíos (a Argentina sonunos 9 dólares).

El otro día lo mandé a un electicista para que lo emparche y estoy esperando respuesta. Cree que el arreglo va a estar en el orden de los 25 pesos.

Como si fuera poco, el reloj empezó a resetearse solo cada 10 segundos, haciendo un molesto “piiiiip” en cada ocasión. Nos despertamos a la 1 de la mañana con Rulo ladrando, muy enojado hacia el ruido. Terminé escondiendo el Garmin adentro de una caja y poniéndola en un mueble bajo llave. No me animo a ver si sigue funcionando o si ya se gastó toda su batería.

Es increíble lo dependiente que me volví de ese reloj. No me molestó tanto toda esta lenta agonía por mi lesión. Nunca me gustó atarme la hora a la muñeca, pero lo de medir mis kilómetros y ser consciente de mi velocidad… se volvió parte imprescindible de mi entrenamiento.

Hay dos opciones: una es averiguar si con ese “lo atamos con alambre” del electricista se soluciona todo (suponiendo que eso de volverse loco del Garmin se haya resuelto) y la otra es conseguir un reloj nuevo.

También tengo una tercera opción… ¿a alguien le interesa canjear un caniche toy por un GPS?

Semana 31: Día 213: 163 km en un mes

Durante abril corrí 163 km. Es una distancia que no es despreciable, aunque se trató de dos carreras solas, separadas por seis días. No entrené la semana previa a la Ultra Buenos Aires, y quedé bastante roto después de la Patagonia Run como para sumar kilómetros.

Cuando me diagnosticaron (errónemente) una tendinitis, me di cuenta de que el cuentakilómetros se iba a detener, quién sabría por cuánto tiempo. Después de que confirmé que en realidad se trataba de una periostitis, supe por experiencia de otros que iba a tener entre uno y tres meses de rehabilitación. Me hubiese gustado volver a correr durante este mes, antes de que se venga el frío, pero le quise hacer caso a la kinesióloga, y ella dijo que todavía no podía hacerlo.

Así que abril quedó en 163 km, una marca caprichosa, porque me fue imposible tomarla con certeza. Era tanto el tiempo corriendo que la batería de mi reloj no iba a aguantar. De hecho, la Ultra Buenos Aires la hice con tres Garmin distintos, y nos fuimos turnando con Vicky para medir ciertos tramos importantes en la Patagonia Run. Nos divertimos mucho, y la incertidumbre de las distancias se convirtió en un condimento más de ese ultra trail de montaña. Pero supongo que para dedicarse a las ultramaratones hay que pasar a relojes que duren más de cinco horas.

La Feria del Libro se ha convertido en la excusa para no tener que entrenar, aunque en verdad no puedo. Tampoco me dejan hacer pilates, así que ahí ando, sin la posibilidad de descargar energía y mantener mi estado físico. Sé que en breve voy a volver, pero por ahora es solo un deseo y no es la realidad.

La maratón de Rosario sigue ahí, esperándome. El camino que recorra de acá hasta esa fecha, dentro de dos meses, será el que determine si la haré corriendo o si solo iré a hacer turismo…