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Semana 47: Día 322: Camino a Yaboty

Bueno, fue solo un susto. Gendarmería se presentó en Retiro con 350 efectivos para asegurarse de que los micros iban a salir a horario, y que nadie iba a impedirlo. Aunque nosotros salimos con un charter desde Palermo, igual el paro me alarmaba, al igual que todos los que no se iban por un servicio privado sino que partían desde la terminal. Pero con el correr de las horas la patronal cedió, se comprometieron a pagar lo adeudado, y nada nos impide partir hacia Misiones.

Nunca pero nunca estuve mejor preparado para un viaje. Hice mi bolso… ¡ayer! Siempre lo armo diez minutos antes de salir. Y el fin de semana pasado fui a la feria a comprar cosas pensando exclusivamente en el largo trecho en el micro. También me equipé con cosas para la carrera, como geles, barritas, pretzels, frutas secas… todo lo que puedo llegar a necesitar. Tanta preparación me permitió seguir agregando cosas los días subsiguientes, como la compra de último momento del día de hoy, que fue Voltaren (crema) por si algo duele. No me termino de acostumbrar a este nuevo yo, que lava los platos después de usarlos y guarda la ropa doblada en los cajones. ¿Cuánto durará?

Realmente estoy muy ansioso, como nunca estuve. Será que es una carrera larga y extenuante, que la hago solo, que tengo desde zapatillas nuevas hasta reloj último modelo para medir distancias de ultra maratón. Tengo todo en su sitio, acomodado, y con tiempo de sobra. Como si fuera poco, me compré un teléfono nuevo, porque el otro andaba cada vez peor, tanto en funcionamiento como en rendimiento de la batería (mi teoría es que los programan para que a los dos años no anden más). Me cayó como promoción por mi empresa de telefonía, a la mitad de su valor, y será el dispositivo que quizás use para actualizar el blog. Veremos, porque no sé cómo son las cuestiones del roaming y todo eso. En el peor de los casos, esta será la última entrada hasta el lunes. Si llego a tener 3G, o si consigo Wifi en la selva, cuenten con actualización diaria. En realidad, está difícil, así que no cuenten con eso.

Tengo un revoloteo de mariposas en el estómago. ¿Cómo será la experiencia yendo solo, sin amigos ni familiares alentándome o asistiéndome? ¿Cuánto me va a tomar? ¿Cómo va a estar el clima? ¿Qué tal habrá sido mi previsión de bebida y alimento? ¿Voy a poder hacer funcionar (y entender) el navegador del reloj? Todas cosas que sabré el domingo. Por ahora voy con mi equipaje y mi provisión de comida para el micro (por si la pifian con mi menú). Siempre algo puede fallar, pero seguro que el día de hoy será mucho menos que de costumbre.

Si la tecnología está de nuestro lado, la sigo desde El Soberbio, en Misiones, donde nos prometieron un fin de semana de 25 grados de máxima. Hasta pronto.

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Semana 47: Día 321: ¿Peligra Yaboty?

Me limito a transcribir la noticia que me hiela la sangre. Nosotros tenemos contratado un charter de Vía Bariloche para las 19:30 de mañana, directo desde Capital Federal hasta El Soberbio, en Misiones:

Por un conflicto gremial, habría problemas para viajar en micro

Una facción disidente del sindicato de choferes anunciará una medida de fuerza a partir de esta noche, lo que podría afectar a miles de pasajeros de cara al fin de semana largo. Exigen el cumplimiento de las paritarias.

Por un conflicto gremial, habría problemas para viajar en micro

Crédito foto: Nicolás Stulberg

“A partir de las 0 horas de hoy y hasta las 0 horas de mañana no va a haber servicios de larga de distancia”, precisó en diálogo con Infobae el titular de la Unión de Conductores de la República Argentina (UCRA), Silverio Gómez.

Los conductores de la UCRA reclaman el pago del 23% de aumento salarial decretado por el Ministerio de Trabajo en las negociaciones paritarias entre la Unión Tranviaria Automotor, el único sindicato con personería gremial, y las cámaras empresariales.

Además, según informaron en un comunicado, solicitan el “cumplimiento de los períodos de descanso de los choferes (pues) se obliga a los choferes a trabajar largas jornadas, por eso la medida está ligada no solo al respeto por la vida del trabajador, sino también la de todos los que transitan por las rutas argentinas”.

Desde la UTA minimizaron la protesta. “La UCRA ni siquiera es un sindicato. El único reconocido somos nosotros. No tienen ningún derecho”, señaló un vocero a este medio.

Las cámaras empresarias, por su parte, alegan que cuando el Gobierno decidió el aumento paritario les prometieron medidas compensatorias. “Al día de hoy no hay una solución de fondo. Recién ahora está empezando a llegar la ayuda, que es menos de lo que se prometió públicamente”, deslizó a Infobae una fuente del sector.

Así las cosas, habrá que esperar a ver qué nivel de adhesión tiene la medida de fuerza. No obstante, desde la UCRA anticiparon que habrá bloqueos a las terminales, incluyendo la estación porteña de Retiro. El fin de semana largo, para miles de pasajeros, podría empezar con el pie izquierdo.

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Semana 27: Día 187: La Ultra Buenos Aires SIGUE creciendo

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Bueno, de más está decir que la Ultra Buenos Aires me dejó de pertenecer en el momento en que Salvaje se hizo cargo de la organización. Al principio propuse algunas cosas, pero el evento tomó vida propia, y me voy enterando de su desarrollo a la par de cualquier atleta. Es difícil describir la alegría que me produce esto. Sueño con esa anécdota que cuenten algún día, de esa prestigiosa carrera y que uno diga “Ah, sí, la creó un pibe que quería anotarse en la Espartatlón, el primer año la corrió solo y después se empezó a sumar gente”. Ni siquiera me interesa que la asocien con mi nombre, solo con alguien que tuvo un sueño y que lo puso en marcha hasta que se realizó.

Hoy me enteré de que entre los que corran el domingo se va a sortear un reloj Timex con GPS. ¡No está mal! Yo quisiera ganármelo, me vendría bien porque mi Garmin tiene una vida útil de 5 o 6 horas. Pero eso no es todo, también me enteré de que hay más de 50 inscriptos, y siendo que es una carrera sin medallas ni premiaciones, puedo confirmar que lo que motiva a los atletas es la competencia en sí y no los regalos del kit oficial (de hecho, no quiero dejar de mencionarlo, Fede Lausi se la jugó y decidió que haya una remera oficial de la Ultra Buenos Aires).

Al parecer los caminos están bastante anegados, producto de la espantosa tormenta que sufrimos en estos días. Se supone que hoy va a llover también, pero ojalá para el domingo esté todo transitable. Correr con barro me puede complicar bastante no solo mantener el ritmo como para llegar en 10 horas y media, sino la asistencia en bici que van a hacer mis amigos. Pero bueno, creo que me tendré que conformar con saber que el día de la carrera no va a llovar, lo cual es bastante.

Entre las confirmaciones de Salvaje, anunciaron que en 2014 la Ultra Buenos Aires sí va a tener caracter competitivo. Supongo que mi necesidad de que haya una ultramaratón en llano era el deseo de muchos. Está buenísimo que existan tantas opciones en sierras y montañas, pero también estamos los que no queremos escalar ni hacer trails, sino correr. Este evento está pensado para eso.

Tengo una mezcla de nervios y ansiedad que no me alcanzan las palabras para describir. Quiero correr la Ultra y quiero terminarla, pero ya sé que arranco con un triunfo moral, un granito de arena en algo que puede convertirse en una tradición grossa. Quedan nada más que 4 días…

Para inscribirse en la Ultra Buenos Aires: http://www.salvajeoutdoor.com.ar/informacion.php?e=50
Grupo de la Ultra Buenos Aires en Facebook: https://www.facebook.com/ultrabsas100k

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Semana 24: Día 167: Rumbo a Tandil

Esta semana pasará a la historia como una de las peores de mi vida. No casualmente no corrí un solo día desde el sábado pasado, como para indicar el poco tiempo en el que pude dedicarme a lo que realmente me apasiona y me relaja. Me salteé la cita con la psicóloga, dormí entre tres y cuatro horas diarias, trabajé hasta quedar tarado, y vi poco y nada a mis amigos.

Pero el punto más triste fue perder a mi gata, y es una herida que se hizo muy profunda. Era como mi hija, y ahora que no está es cuando más noto lo que la necesitaba. Esas cosas que antes me fastidiaban, ahora las extraño: sus uñas clavándose furtívamente en el colchón, su constante frotarse contra mis piernas cada vez que pasaba, el rasqueteo de las uñas contra el fondo del tarro de piedritas…

La pérdida de un ser querido, animal o humano, es irreparable. Todos somos únicos e irrepetibles. Estamos hundidos en el duelo, y todavía notamos la presencia de Catalina. Todavía tengo sus pelos blancos pegados en toda mi ropa, las fundas de las sillas están agujereadas por sus uñas… constantemente la recuerdo. Sigue angustiándome tomar el ascensor, y cada vez que subo o bajo no puedo evitar pensar en su caída. Lo que más nos preocupa es el perro, que perdió a su compañera de juegos, y ahora está olfateando, buscándola.

Pero esta semana nefasta está llegando a su fin. Estoy a minutos de salir con Vicky para Tandil, a pasar el sábado con los Puma Runners y el domingo correr la Adventure Race. Mañana, casualmente, es nuestro segundo aniversario. Lo vamos a festejar haciendo equipo, y la verdad es que nos ilusiona bastante. Necesitamos dejar atrás esta tragedia, y quizá esta carrera nos sirva para dejar de angustiarnos todo el tiempo.

No hay mucha estrategia este año, llego con bastante estrés, pero la idea es hacerla tranquilos. No es nuestra primera vez en las sierras (de hecho, es mi quinta) y nos queremos divertir. Todavía no me decidí si hacerla con mochila hidratadora o con el baticinturón. Lo voy a decidir allá, aunque eso signifique llevar alguno de esos elementos de más. Voy a estrenar calzas cortas que me regaló Vicky, aunque los Puma Runners que ya están en Tandil nos adelantaron que está haciendo bastante frío. Hasta ahora todas las Adventure Race fueron con sol, alguna vez con bastante calor, y sería una novedad hacerlo con bajas temperaturas.

Este viaje, después de esta semana, ha cobrado un nuevo significado. Ya era algo especial, una especie de festejo de aniversario con Vicky. Pero ahora es nuestra forma de mitigar el dolor y la tristeza que todavía nos produce estar en casa. Siempre dije que correr es terapeutico… ahora podría decir que, para nosotros, es muy necesario.

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Semana 24: Día 163: A cinco semanas de la Patagonia Run

Continuando con mi repaso por las inminentes carreras que se avecinan, cierra todo con la Patagonia Run, una cuenta pendiente de Vicky y, de alguna manera, mía también.

Quizá no sea lo ideal encarar un trail de montaña a una semana de correr 100 km (la Ultra Buenos Aires, en Marcos Paz). Cuando lo intenté el año pasado quedé muy entero, así que no siento que me vaya a romper. Por otro lado, la Patagonia Run me va resultar tan exigente como yo lo desee. En los 100 km que corrí en 2012 me torcí el tobillo y me caí montones de veces, desesperado por cumplir con el reloj. Ahora son 63 km, codo a codo con Vicky, y me siento más experimentado y capaz.

Alguno recordará que esta distancia es la que intentó hacer el año pasado Vicky, y en el último puesto de control no la dejaron continuar porque se había pasado del tiempo límite. Hoy se comprueba qué injusta fue aquella decisión, porque extendieron el horario de la carrera. Con este nuevo itinerario, hubiese llegado sin problemas. Ahora nos queda salir a enfrentar a la Cordillera en San Martín de los Andes y demostrar que los sueños no se cancelan, solo se posponen.

Esta distancia me va a permitir arrancar casi de día, y no estar deambulando cuatro horas en total oscuridad. Quiero disfrutar del paisaje, como pudo hacer Vicky, y acompañarla para darle ánimo y que cruce la meta. También me gustaría llegar más entero que cuando hice los 100, más relajado y sin estar al borde de la hipotermia. Este es un trail durísimo, que lo vamos a tomar con calma (pero con responsabilidad), acompañándonos mutuamente.

¿Y hasta cuándo mantendremos esta seguidilla de carreras? Hay tantas que quiero hacer… La del Tren de las Nubes, la de la Muralla China, la de Río de Janeiro… pero son todos sueños que vienen después de la Espartatlón. Ya habrá tiempo para el resto…

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Semana 20: Día 134: La misteriosa mujer tarahumara

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Si estás todo el tiempo pendiente del mundo del running, ya sabrás la historia de los tarahumaras, un pueblo mexicano que ha tenido poco contacto con el mundo occidental y ha conservado muchísimas de sus costumbres. Entre ellas está la de correr. Su nombre es una deformación del verdadero, que es “rarámuris”. Ellos son corredores excepcionales. Los niños juegan con una pelota entre las piedras, pateándola y haciendo que rebote por todos lados, sin saber a dónde va a ir disparada. Esta práctica los hace más ágiles, preparándolos para pensar con rapidez y para acostumbrarlos al terreno.

Tienen una alimentación muy particular, con mucha quinoa y una cerveza que beben antes de las carreras, que contiene muchos carbohidratos y menos alcohol que las bebidas que acostumbramos tomar. Son tímidos, no se dejan ver, es de mala educación dirigirles directamente la palabra, y conforme se occidentalizan y cambian sus costumbres nutricionales, sus poderes atléticos van menguando.

Hace poco tiempo circuló una foto por las redes sociales de una mujer tarahumara, llamada Martía Salomé, que había ganado una carrera vistiendo sus ropas típicas. Esto incluía las sandalias que se hacen con sogas y cauchos de ruedas, echando por tierra nuestra obsesión por las zapatillas carísimas con cámara de aire último modelo. La foto, al menos la que me llegó a mí, decía: “Mujer tarahumara, ganó el medio maratón de OXXO sin traje de licra, botellitas de agua, visera de neopreno o tenis nike, un orgullo de nuestra raza y un mensaje de humildad para todos. En hora buena María Salome (Tarahumara, etnia indígena del estado de chihuahua-México)”.

Rastreando en la web el origen de esta historia, encontré una nota del periódico El Heroico, que supuestamente es la versión original. Ahí no hablan de medio maratón, y le dan un nombre a la misteriosa corredora: “Ella es María Salomé, corrió en el marathón del oxxo k10, 2012 y ganó con mucho!, sin tenis, sin ropa apropiada, con su pelo suelto, sólo compitió con una gran condición y principalmente con un gran corazón, representando con orgullo a su tierra, a chihuahua y a todo México!……bien por ella!”. La imagen se volvió viral (o sea, se multiplicó por la red sin control), y muchos que la replicaron empezaron a decir que ganó media maratón (o sea, 21 km). Creo que el uso incorrecto de la palabra “maratón” para describir una carrera es lo que lleva a estas confusiones.

Pero claro, no había más información que esa. La foto es del 5 de septiembre de 2012, y como los tarahumaras no están precisamente globalizados ni tienen cuenta de Facebook ni Twitter, no hay mucha forma de corroborar la verosimilitud de la historia. Esto hizo que mucha gente crea que se trata de un fotomontaje, como si fuese imposible correr 10 kilómetros en sandalias, o quizá hasta dudando de la existencia de este pueblo.

Pero lo cierto es que este teléfono descompuesto ha creado un mito que todavía tiene muchas dudas y pocas certezas. La media maratón de Chihuahua (como muchos la han llamado) no corresponde a septiembre sino a octubre, y tienen una categoría exclusiva para tarahumaras. En 2012 no hubo, en las clasificaciones, ningún triunfo para María Salomé, y el número de dorsal de la foto correspondía a otra persona.

La carrera Oxxo es de 21 km, aunque tiene una distancia de 5 y 10K participativas. Se corre en octubre, un mes después que se dio a conocer la noticia. No encuentro otra carrera de 10K con el mismo nombre en septiembre. Hay otras carreras de 10 mil metros en la ciudad de Chihuahua, pero que tampoco coinciden con la supuesta fecha. No hay resultados oficiales en ninguna web que atestiguen la proeza de María Salomé. Al igual que la ubicación exacta del pueblo tarahumara y sus costumbres, todo esto está sumido en el misterio.

Habrá algunos que “comprarán” el mito, y se sorprenderán de que exista una persona de apariencia tan humilde, que haya podido ganar en sandalias y vestido. Otros, desconfiados de todo lo que venga de la web y tenga que ver con una proeza física, dirán que es un engaño. Yo me tiro para el lado de que es todo una farsa, incluso cuando confío en la increíble capacidad de los hombres, mujeres, niños y ancianos tarahumara. Creo que, una vez más, internet nos ha tomado el pelo a todos.

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Semana 17: Día 118: Ultra Buenos Aires 2013

Como que ya no hay vuelta atrás…

Ese capricho de correr la Espartatlón derivó en que inventáramos a último momento una ultramaratón, llamada “Ultra Buenos Aires“. Fue en Marcos Paz, el año pasado, y tuvo el increíble récord de ser una carrera con un solo inscripto y nadie llegando a la meta.

Pero la gesta dejó pensando a Fede Lausi, coordinador del grupo Salvaje, y esta vez decidió incluir a la Ultra Buenos Aires a su calendario de carreras. En base a sugerencias mías y a la inmensa experiencia que tiene él, acordamos hacer tres distancias: 25 km (beginner ultra), 50 km (half ultra) y 100 km (ultramaratón). La fecha, el 7 de abril. Es ideal porque me recupero a tiempo de los 26 km de Tandil (el 17 de marzo) y después hago relajado los 63 km de la Patagonia Run (el 14 de abril).

Recién acabamos de oficializarlo. Todavía no sabemos costos de inscripción, la idea es que sea muy bajo, como para cubrir costos y nada más. El año pasado soñaba con que esto se convirtiese en una tradición anual, y ahora lo veo como algo muy posible.

Así que si estás leyendo esto y tenés curiosidad por lo que se siente hacer una ultramaratón, o si querés compartir conmigo mi sueño de inscribirme en la Espartatlón (o sea, llegar a correr 100 km en 10 horas y media)… ¿por qué no te inscribís? Después, cuando la Ultra Buenos Aires tenga 1000 inscriptos y la veas promocionada hasta en la sopa, vas a poder decir “yo fui uno de los primeros en correrla, allá cuando era súper amateur…”.

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Semana 35: Día 240: Los 100 km de la Ultra Buenos Aires

Antes que nada quiero hacer la imprescindible aclaración de que esta fue la carrera que más feliz me hizo en toda mi vida. Algunos tendrán su propia fantasía de cómo es el Cielo, y yo me di cuenta de que la mía es todo lo que viví ayer. Tener a mi familia, a mis amigos y a mi perro acompañándome, dándome aliento, ayudándome, mientras yo exploraba mis límites, es lo más hermoso que me pasó en la vida.

Hubo mucha planificación para la Ultra Buenos Aires en poco tiempo. Era previsible que algunas cosas no salieran como las habíamos pensado. El pronóstico había anunciado que por fin iba a salir el sol para el fin de semana, y yo lo vi recién hoy domingo. Se suponía que iban a hacer entre 14 y 19 grados, y pasé un frío importante. Íbamos a largar a las 9 de la mañana pero un imprevisto nos obligó a empezar a las 10 y media. Así y todo, con esos tiempos demenciales para organizar una ultramaratón, las cosas no salieron como las habíamos pensado, pero podrían haber salido infinitamente peor.

Llegamos a Marcos Paz el viernes, después de un viaje complicado en tren. Estábamos Vicky, Oso Rulo (nuestro caniche), mis padres y yo. Los tiempos de combinación entre el ramal Once/Merlo y el de Merlo/Lobos eran muy acotados. Al ser feriado, la frecuencia del segundo era cada 1:20 hr. Pero llegamos justito… solo para enterarnos de que habían cancelado el servicio, y de que teníamos que esperar dos horas y media. Tomamos un taxi, negociamos el precio, y llegamos a La Posada. Paseamos un poco, pero más que nada nos relajamos.

Me desperté temprano, desayuné y preparé las cosas para correr. Nos golpearon la puerta y eran mis hermanos Santiago y Matías, que ya habían recontra jurado que iban a venir… y lo hicieron a tiempo. A las 8 estábamos en la plaza, desde donde iba a arrancar, y ya me estaba esperando Germán, mi entrenador. Lloviznaba un poquito, pero nada como para alarmarse. El tema fue que la gente de la organización no aparecía, producto de una emergencia familiar absolutamente entendible. Pero en ese momento, no teníamos forma de contactarnos. El resto estaba más nervioso que yo. 9 y media llegó Rodolf (así, sin la “o” final), nos asesoró sobre el trayecto, y se quedó controlando la salida. Luego se fue a esperarnos en Plomer, la ciudad donde iba a pegar la vuelta. Sincronizamos relojes y a las 10:30 en punto largué.

Todo el tiempo lo tuve a Matías manejando su auto a mi lado, y Santiago de copiloto. El resto, se quedó en la plaza. Me insistieron en que no corriese con la mochila, que era mucho peso, pero yo fui muy terco y quise tenerlo todo el tiempo conmigo. Me aferré a un argumento incuestionable: no me quería deshidratar. Después de algunas cuadras de asfalto tomé una calle entoscada, pero con bastante barro. Tomé por la vereda, mientras los lugareños me miraban, extrañados. El auto me esperó en la calle en la que tenía que doblar, en el km 2,5.

Fuimos derecho otros 5 km, y nos cruzamos con pocos vehículos. Es lo bueno de Marcos Paz, ciudad ideal para todo tipo de carreras. Doblamos a la izquierda en otra calle, un poco más embarrada, que desembocaba en la ruta 6 en el km 13, aproximadamente. El paisaje daba mucha paz. Nos cruzamos con las vacas, un puente sobre un arroyito, y la tranquilidad del campo. La colectora era, obviamente, otra historia, pero estaba muy poco transitada, así que pude correr por el asfalto. El tiempo era impecable: 5 minutos el kilómetro. Los chicos me sacaban fotos desde el auto y la subían a mi twitter.

Nunca vimos el cartel de Plomer para doblar (de hecho solo se ve en el sentido contrario), así que nos pasamos. Tenía que doblar en el km 21,5, y no lo hicimos. No hubo un perro en todo el recorrido que no nos haya ladrado cuando los cruzamos. Al momento en que mi gps dio 25 km exactos, me detuve. Quise, por precaución, ponerme Voltaren en las rodillas. El último tramo, en la ruta, era mucho más frío, así que me puse un buzo, una gorra y un pantalón largo. Tuve suerte de tener todo eso en el auto, porque se suponía que el clima iba a ser otro.

La vuelta fue más dura. Al principio mantuve el ritmo, el tiempo me iba a sobrar con comodidad. Pero… empecé a bajar. El muro. Cuando pasé el km 30 ya estaba en 5:38 de ritmo, y me costaba mucho bajarlo. Vimos un auto estacionado en la banquina, eran algunos compañeros de los Puma Runners que no habían podido estar en la llegada, pero que venían a hacer el aguante. Me empecé a cansar, el Gatorade de la mochila me empezó a asquear, al igual que los geles. Intenté comer un mix de frutas secas, pero la nuez y las almendras me cayeron muy mal. Empecé a caerme anímicamente.

Solo me pudo ayudar Juli, compañero de grupo, que se bajó del auto y empezó a correr conmigo. Me dio un poco de pánico, no podía controlar mi cuerpo (cansancio, respiración, dolores musculares) y empecé a correr 400 mts y trotar lento 100. La meta me parecía cada vez más lejana, pero mis hermanos me pedían tranquilidad, tenía tiempo de sobra. Con esos cambios de ritmo los kilómetros pasaban más rápido. Le pedí a Juli que no me esperase, que fuese a su ritmo para que yo pudiese alcanzarlo. Pedí agua, pero no había. El auto de las Puma Runners se fue a llenar una cantimplora mientras intentaba seguir avanzando. Cada vez me costaba más, y mis aspiraciones de terminar se iban desvaneciendo. La cabeza me pedía parar todo el tiempo. Caminaba y trotaba alternadamente, con Juli dándome aliento, felicitándome cada vez que corría. En el km 37 se acabó el Gatorade, me saqué la mochila y se la di a Santi. Confieso que me ayudó un poco sacarme ese peso.

Finalmente llegó el agua junto con las chicas. Yo solo pensaba en llegar a la meta, que era justo la mitad de la ultra, y sentarme un momento. No había nada salado, y nunca deseé tanto comer pretzels. Pensando en alternativas me terminaron comprando pan. Fantaseaba con ese instante, sentadito, cambiándome las medias, masticando un miñoncito. Rodolf nos alcanzó en bici y me dio más agua. Sorteamos los caminos de barro, y empecé a tirar un poquito más. Juli fue mi salvador, y cuando ya reconocí la zona cercana a la plaza subí un poquito la velocidad. Ahí los vi a todos esperándome, mucha gente que había llegado, amigos, hasta se vino Brenda, amiga de este blog, con la ilusión de correr unos kilómetros. Pero el cambio de recorrido y el frío la desanimaron.

Fue un golpe anímico que no me dejasen detenerme un segundo. Quizá se me veía el cansancio en la cara. Después de todo habían sido 50 km en 4 horas y media. Si seguía bajando el ritmo, no iba a llegar dentro del límite de las 10 horas y media. Entre todos los que me esperaban estaba mi eterno compañero de aventuras Marcelo, listo para acompañarme 50 km todo el tiempo. También se sumó otra Puma Runner, Marian, y le pude dar un beso a Vicky, que me esperaba feliz. Estaba muy contento de verlos a todos, pero casi a las patadas me mandaron a que siga. El consejo era bueno, no me tenía que enfriar. Pero anímicamente venía muy golpeado.

Solo me acompañó el auto de mis hermanos, al que se le sumó Vicky y nuestro perro. Caminé varias cuadras, hasta que le pedí a mi hermano que parase el auto. Me senté, me saqué las medias, me unté de Voltaren, y me tomé todo el tiempo del mundo. Necesitaba ese momento de tranquilidad. Era lejos de la meta, nadie me veía más que los presentes. Largamos entre las calles embarradas, pero no encontraba el ritmo. Sentía un poco la presión del reloj, y los chicos me arengaban para que no afloje. Con Marcelo empezamos a hacer cambios de ritmo, 100 metros caminando y 400 en progresiones. Marian seguía a su ritmo, y cada 500 metros la alcanzábamos. Así empecé a sentirme un poco mejor, y comprobé que es una muy buena estrategia de ultramaratón. Me agitaba, pero caminando me recuperaba.

Con eso avanzamos casi 10 km, seguidos por unos molestos perros que se cruzaban todo el tiempo. No pude más, me dolía el estómago. Vicky me cuidaba desde el auto, y Oso Rulo, angustiado por mi calamitoso estado, lloraba. Se me hizo un nudo cuando ella me dijo, con ojos llororos, que yo podía, que ella también había querido abandonar en otras carreras y que yo la había ayudado a seguir. Mariconeando de una forma que no me suele caracterizar, seguí avanzando, frenando y trotando. Llegamos a la ruta, y pedí descansar un poco. Estaba destruido, empapado y con frío. Me prestaron ropa seca, más abrigo, y me sacaron para que siga corriendo. Intentaba no preguntar la hora, sentía que no llegaba. Pero igual no quería abandonar. Igual fantaseaba con comer un plato de pastas e irme a la cama, calentito.

Empezaba a hacerse de noche. El sol se asomó un segundito, pero no lo suficiente. En promedio, el día había estado horrendo, y ahora se empezaba a ir la única fuente de luz. Se cruzaron en auto ese grupete de amigos que no tiene nada que ver con el running, y que venían de lejos a interceptarme. Intenté que me viesen fuerte, sin caminar, pero las piernas me mataban. La cabeza, insistentemente, agregaba excusas para detenernos. Marcelo y Marian, que venían acompañando todo el tiempo, se ofrecieron a elongarme. Me tiré a un costado, en el pasto, y cuando empezaron a estirarme sentí unos dolores horribles. No contuve mis gritos de dolor, lo que hizo que todos se bajasen de los autos a verme. Vicky me hizo masajes en la espalda y se ofreció a correr conmigo. Se cruzó un nuevo auto Puma Runner, mientras se hacía más de noche.

Cuando finalmente pegamos la vuelta, mi estado era calamitoso. No tenía energías, y solo quería volver (pero en auto). De pronto se apareció Germán para correr conmigo, y hasta dos amigos míos, Juandy y el Colo, empezaron a trotar EN JEAN. Estaba rodeado de afectos (Oso Rulo dormía en el asiento de atrás del Clío de mi hermano), toda esa sinergía a mi alrededor, pero cada vez rendía menos. Pedí un gel y agua para bajarlo, y en el km 77 lo vomité. Mi cabeza quería abandonar desde hacía 45 km, esta vez mi cuerpo le daba la razón. Se había terminado, en ese instante, mi ultramaratón.

Empezamos a caminar, todos juntos, mientras yo seguía con arcadas y eructos (no era mi mejor momento). Estaba empapado de transpiración, así que me consiguieron más ropa seca. Los músculos de las piernas daban puntadas de dolor por todos lados, y me sentía a centímetros de un calambre. Lo más probable era que me hubiese deshidratado (solo hice pis una vez en esas ocho horas, el resto se me fue transpirando). El tema con la deshidratación es que no tiene vuelta atrás. Caminamos en la oscura colectora, solo iluminados por los autos que nos escoltaban. Había dos opciones, volver en auto o terminar a pata, por el orgullo. Me sentía sereno, quizás algo triste, pero no demasiado. Estaba rodeado de amigos, con mis hermanos, de la mano de mi novia. Me sentí más acompañado que nunca. Todavía quedaban dos horas para la hora límite, pero solo convirtiéndome en un keniata podía llegar.

Después de un rato decidí que era mejor volver en auto. Pensaba en todos los que me estaban esperando, y como el objetivo de las 10 horas y media ya no los iba a poder alcanzar, no tenía tanto sentido seguir por orgullo. El cálculo daba que me iba a tomar cuatro horas para volver caminando. Nos repartimos en los dos vehículos y con bastante dolor me senté y subí mis piernas. Estaba muerto de frío, y me sentía extremadamente agotado. Llegué a la plaza y los que todavía estaban me recibieron con un aplauso. Fue un momento muy emotivo.

Obviamente fuimos a comer, y cumplí mi sueño de ese plato de pastas, aunque en ningún momento me desabrigué. El resto estaba en remera de manga corta, y yo con doble campera.

Si me hubiesen preguntado hace una semana cómo me podía llegar a sentir si no podía terminar la Ultra Buenos Aires, hubiese respondido algo completamente diferente a lo que terminó pasando. ¿Cómo podía quejarme? Había dado todo lo que tenía. No frené por miedo, sino porque no podía más. Más de 20 personas se habían movilizado hasta Marcos Paz solo para verme. Me acompañaron en momentos de mucha angustia y tensión. Ni siquiera me imaginaba que mi hermano Matías iba a poner su auto a disposición toda la carrera, para avanzar a mi lado, a paso de hombre. Era sábado, sánguche entre feriado y domingo, seguro que todas esas personas tenían cosas interesantes para hacer ese día. Sin embargo, eligieron venirse hasta ese pueblo para alentar y acompañar. No me importó no haber terminado, corrí, sentí todo ese afecto, y aprendí muchas cosas de organizar y correr ultramaratones.

Marcelo me dijo una frase que no la voy a recordar con exactitud, pero la podría parafrasear de la siguiente forma: Los sueños no se cancelan, se posponen. Esto fue un primer intento. Ya voy a conquistar los 100 km de running, a mi tiempo. No va a ser este año, pero ya tengo gente que se ofreció volver a acompañarme. Y la gente de Salvaje se quedó contenta con la experiencia, y propusieron repetirlo el año que viene. Quizá es todo lo que hace falta, un loquito mandándose a conquistar solo un desafío, y sus seres queridos acompañando y ayudando. Así debe ser cómo nacen las carreras.

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Semana 35: Día 239: Una jornada de ultramaratones

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Escribo estas líneas desde la cama, intentando descansar algo.  La verdad es que estoy destruido, ha sido un día de mucho esfuerzo, en el que aprendí sobre el apoyo de tus amigos y de tu familia, y hasta el de tu perro. Fueron 77 km hasta que mi cuerpo se puso de acuerdo con mi, cabeza y ambos dijeron “basta”.
Pido disculpas porque necesito un día más para procesarlo. Mañana mi reseña… Paciencia.

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Semana 34: Día 236: Queda poco tiempo para la Ultra Buenos Aires…

Me encanta que haya gente que pregunte si se pueden inscribir en la Ultra Buenos Aires, y cuánto hay que pagar. Y lo preguntan en serio. El día que organicemos una carrera en serio, hacemos un desastre (pero en el buen sentido).

Ayer salió un informe en América sobre el estado de la Ruta 6. Que es la que va a Marcos Paz. Aparentemente solo el Frogger podría cruzarla (referencia para los niños de la década del ‘80). Por otro lado, un amigo me adjuntó un link sobre una planta donde se queman residuos, y el olor fétido preocupa a los vecinos marcopaceños (?), que la quieren lejos (más lejos todavía, en lo posible cerrada para siempre). Nada que me amedrente. Porque voy en tren y tengo la nariz tapada.

Seguramente hay recorridos alternativos para llegar, que yo, como peatón, desconozco por completo. Aparentemente Vicky y yo no somos las únicas personas sin auto en la Argentina, así que quienes deseen ir en transporte público pueden tomarse el terrorfífico tren de la línea Sarmiento, el que va a Merlo. Luego de 14 estaciones se hace combinación con la locomotora que va a Lobos, y la cuarta estación es la de Marcos Paz. Requiere algo de astucia combinar los distintos servicios para no quedarse esperando 50 minutos a que pase la siguiente formación, pero está todo bastante organizado en la página web de TBA.

Mientras tanto sigo avanzando con mi dieta de alta cantidad de hidratos. También estoy tomando mucha agua, y cada media hora voy corriendo al baño. Espero que no me pase esto durante la carrera…

Estos días lluviosos seguramente han dejado el recorrido bastante intransitable. Esperemos que se seque todo para el sábado. Si no la gente de Salvaje Oudoor va a buscar un camino alternativo por la colectora de la ruta 6. Sí, esa que salió en las noticias con pozos donde podrías llegar a perder tu auto adentro.

Pero me siento con fe. Creo que va a salir todo muy bien. Ni siquiera el trabajo que se acumula y acumula (felizmente) quita mi atención de este objetivo. Pasado mañana ya voy a estar haciendo el chek-in del hotel… y al día siguiente estaré sacándome toda esta ansiedad de adentro y corriendo la carrera de mi vida. Eso es, hasta que finalmente participe de la Espartatlón…

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