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Semana 36: Día 241: Quisiera ser Batman

“Siempre me pregunté por qué nadie lo hizo antes que yo. O sea, con todas esas películas de cómics y programas de tv, creerías que al menos un solitario excéntrico se cosería un traje. ¿Es tan excitante la vida diaria? ¿Son las escuelas y oficinas realmente tan emocionantes que soy el único que alguna vez fantaseó con eso? Vamos. Sé honesto contigo mismo. Todos planeamos ser un superhéroe en algún punto de nuestras vidas”. Mark Millar – Kick Ass (2008)

Yo quise ser Batman. ¿Quién no? Es el enmascarado más popular. En un enfrentamiento determinado por el voto popular, se sabe que el encapotado le ganaría a cualquier otro héroe, no importa si sus poderes los obtuvo por haber nacido en otro planeta o por haber sido picado por una araña radioactiva. Batman es cool.

Pero uno crece, y las fantasías se dejan de lado. En mi caso, me reconcilié con mi pasado, y aunque sigo queriendo ser Batman, mi imagen de él cambió. Me explayo:

El hombre murciélago “oficial”, que podemos leer actualmente en las historietas, es una persona atormentada por su pasado. Huérfano de pequeño, perdió a sus padres en un brutal asalto callejero. Creo que no tengo nada que envidiarle en este punto. Mis padres siguen vivos, y su compañía ha sido una fuerza positiva en mi vida. Batman es, además, la personificación del pináculo del cuerpo humano. Se ha entrenado durante años y ha desarrollado la disciplina. Entrena constantemente y sigue esforzando su cuerpo al límite. Además, es un agudo detective, y siempre está cinco pasos por delante de sus adversarios. Hasta ahí no está mal, pero Batman sigue siendo un personaje solitario, que se mueve en las sombras de la noche, vive solo por su vocación (luchar contra el crimen),  fingiendo que es un playboy multimillonario. No ha encontrado el amor (no tiene tiempo para eso) y posee un hijo al que conoció ya crecido, y a quien adoptó como el nuevo Robin. Debo decirlo, es más interesante ser salvado por el encapotado que ser él.

Pero cuando digo que quiero ser Batman me refiero al de los ’60s, que de adolescente me avergonzaba. Pero ahora lo veo desde otro lugar. Nunca estaba en las sombras, siempre recorría la ciudad en pleno día, con el sol en alto. Las mujeres lo deseaban, los hombres lo respetaban, los niños lo admiraban. Nunca lo vimos preocupado por su físico (jamás lo mostraron entrenando), de hecho el bati-cinturón ocultaba bastante. Nunca lo escuchamos quejarse por su vida, siempre está feliz, y cuando hay problemas, se preocupa sin perder la sonrisa. Mientras el “otro” Batman era un alma torturada, este bailaba el bati-twist (de alguna forma es imposible desligar al encapotado interpretado por Adam West, con los alocados años ’60s).

He llegado a pensar que prefiero una vida iluminada, disfrutando lo que me tocó vivir, que torturado y en las sombras…