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Semana 42: Día 278: Preparándonos para los médanos

La Adventure Race de Pinamar está cada vez más cerca. Hoy aprovechamos el sábado y fuimos temprano al Club de Corredores a inscribirnos. Por primera vez no tuvimos que hacer fila y esperar hasta ser atendidos (porque, en otras oportunidades, llegamos al mediodía y no apenas abrían). Creo que la remera de este año, finalmente, va a valer la pena. Roja, de mangas largas, una tela suave… un gran contraste de ese trapo de tela azul que nos dieron en Tandil 2010.

La gran preocupación son las cuestas, y la dificultad de que sea arena. Vicky sabrá contarnos de dónde surge esta geografía (yo siempre imaginé enormes rocas erosionadas durante miles y miles de años por el viento), pero todos sabemos lo difícil que es correr en este terreno. Las piernas queman como nunca, y sentimos que nos quedamos en el mismo lugar. Lo mejor que podemos hacer es correr en cuestas, fortalecer las piernas, y cuando llegue el día de competir, no aflojar.

Este año pienso estrenar mis polainas, a ver si no me entra arena en las zapatillas. El miércoles me voy a comprar calzado nuevo, y lo voy a ablandar en los entrenamientos para poder estrenarlas en Pinamar. Pienso reincidir con Puma, que de las mejores son las más económicas. Todavía no sé el modelo.

Hoy hizo frío aunque estaba el día soleado. Con Vicky investigamos un poco Belgrano, buscando calles empinadas donde hacer cuestas. Bajamos por José Hernández, y luego de que casi nos atropellen dos veces (y gente grande… es increíble) optamos por la última cuadra antes de llegar a Libertador. Tiene buena inclinación, son 100 metros exactos, y la subimos corriendo 10 veces hasta que paramos para elongar.

No pareció suficiente, así que cruzamos la avenida hasta llegar a las vías. Hay una escalerita que cruza y baja, y metimos 20 escaleras (ida y vuelta). Ahí sí, los cuádriceps empezaron a quemar. Era pasado el mediodía, nos dio hambre y frío, así que decidimos cortar ahí nuestro improvisado entrenamiento y repetirlo mañana domingo. En esta etapa lo más importante es la fuerza de piernas, porque la resistencia ya la tenemos controlada.

Seguiremos fortaleciéndonos en estas semanas, y allá probaremos si las polainas hacen alguna diferencia en la arena. Espero que sí, hace casi un año que las compré y ahí están, guardadas y a la espera de ser estrenadas.

Semana 18: Día 126: Entrenar en arena

Ahora que estamos en verano, y en un mes donde muchos se van a la playa, es una buena oportunidad para repasar los beneficios de correr sobre la arena.

Cuando era chico, un clásico de las vacaciones en el mar era jugar a hacerme milanesa, construir castillos, enterrarme a mi o a otra persona, o barrenar en las olas. Al tiempo aprendí que correr sobre la arena seca, además de incendiarte los pies descalzos, era absolutamente agotador. Esta capacidad de hacernos quemar más energía que otras superficies hace que la playa se convierta en una zona ideal para realizar trotes cortos pero mucho más exigentes.

Quienes participamos en carreras de aventura no le escapamos a este tipo de suelo. En la Merrel de Pinamar, por ejemplo, casi no hay otra cosa que arena: hay 11 kilómetros de médanos, además de la largada y la llegada, que son por la costa, sin olvidarse de ese suelo mixto que tiene el bosque. Terminar esta competencia es haber sometido a los músculos a una exigencia muy particular.

Ir a descansar a la playa no quiere decir que tengamos que dejar de entrenar. Más de uno querrá compensar los desmanes de las fiestas, y sería una picardía dejar pasar la oportunidad. Por las mañanas, cuando todavía hay poca gente (sólo quedan algunos adolescentes que todavía no se fueron a dormir) podemos aprovechar y disponer de la costa. Además el sol todavía no está tan bravo, y la temperatura es más agradable. Más tarde (digamos, acercándonos al mediodía), correr en la arena equivaldría a una carrera con obstáculos, en la que tendríamos que esquivar veraneantes, sillas, paletas, un tejo, termos, sombrillas y unos cuantos vendedores ambulantes.

Quien ejercite en la playa debe hacerlo con un cierto sentido de la autopreservación. Tenemos que de estar protegidos del sol (con bloqueador solar y/o gorra), contar con la vestimenta apropiada y estar bien hidratados. Además, mientras más interacción haya tenido el ser humano con la arena, más tendremos que estar atentos de dónde pisamos. Correr descalzo es un placer, pero nos exponemos al riesgo de pisar un vidrio, una lata, o un carbón, de alguna fogata clandestina de la noche anterior.

La arena no produce impacto, por lo que se gasta más energía y los movimientos son mucho más efectivos. Entre los beneficios que encontraremos en este terreno está el desarrollo de la fuerza muscular de las piernas, resistencia cardiovascular y la pérdida de grasas, ya que se queman más calorías. En la playa suele haber depresiones, y el sistema nervioso automáticamente acomoda la pisada, en forma innata. Trotar en la arena aumenta la tensión dinámica, tanto en el músculo como en los tendones y, al no haber impacto, las articulaciones se amoldan a la situación.

Muchos prefieren correr por la arena húmeda, pero esto puede llegar a generar lesiones. Esta zona tiene un declive que impide que ambas piernas corran en forma uniforme, lo que podría generar dolor en las caderas (lo mismo ocurre cuando corremos al costado de la calle, en lugar de por el centro). Lo ideal es entrenar en la parte más plana y seca, que aporta una carga mayor. Los sprints en la playa, poor ejemplo, son un ejercicio ideal para entrenar resistencia y aumentar la potencia muscular. Al correr sobre la arena se invierte 1.6 veces más energía de la que necesitamos para correr sobre asfalto. Por este motivo es recomendable no entrenar en este terreno por más de 30 minutos.

Otra opción para entrenar en la playa es correr con el mar hasta los tobillos, ya que el agua ejerce fuerza en sentido contrario a nuestras piernas. Es perfecto para precalentar, o para hacer series cortas. Si estamos hundidos hasta las rodillas, el esfuerzo requerido es mucho mayor, y se fortalecen cuádriceps. Cuando el agua llega a la cintura (o más) entramos en el terreno del aquarunning. En esta situación se trabajan casi todos los músculos del cuerpo, y nos enfrentamos a una resistencia muchísimo mayor que la que ofrece la arena.

Por supuesto, para quienes tengan alguna lesión previa (como por ejemplo debilidad en el tendón de Aquiles), entrenar en arena puede ser contraproducente. Sin embargo, como cualquier ejercicio, si se realiza en forma moderada no debería generar inconvenientes. Trotar con precaución puede incluso fortalecer los tobillos para evitar o curar posibles esguinces.