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Semana 5: Día 32: Enemigos de los corredores: los plátanos

Algún distraído va a pensar que el plátano enemigo de los corredores es la cáscara de banana, que al pisarla hará que nos patinemos y nos rompamos el marulo. No, no nos referimos a esta noble fruta.

El plátano es un árbol de crecimiento rápido que tolera atmósferas muy contaminadas por polvo y gases. Esto hace que sea muy utilizado en ciudades, calles y parques. Difícilmente haya un rincón de Buenos Aires que no cuente con estos infames árboles, que desprenden un polen altamente molesto para los ojos y la respiración. El origen de la especie que encontramos en estas latitudes es supuestamente una hibridación entre Platanus orientalis y Platanus occidentalis o americano. Se supone que esta hibridación se produjo en España, en el siglo XVII, y de ahí es que se la denomina hispanica.

La polinización de este árbol se produce de forma explosiva al inicio de la primavera, y los síntomas más frecuentes asociados a esta polinosis son rinoconjuntivitis y asma de carácter estacional. Dado que la polinización de este árbol ocurre de forma explosiva1, los pacientes también presentan sus síntomas de forma brusca e intensa.

Antes me creía inmune a ese polvillo que largan. He visto amigos sufrir un ataque de tos, que parecía arrojarlos al borde de la muerte. Me reía, y ahora el plátano está tocando mi puerta. En los entrenamientos que sufrimos estos días (sí, “sufrimos”), me picaban los ojos y el fondo de la garganta, y estaba todo el tiempo tosiendo. Era como si mi cuerpo quisiese expulsar algo que no quería salir, una cosa maligna que solo podía sacar un exorcista.

Tuve algunas fantasías, como la de incendiar todos los árboles de San Isidro. Correr con alguna clase de mascarilla no parece ser una opción. ¿Es probable que algo que no me afectaba lo esté haciendo ahora? No recuerdo correr con semejante incomodidad, intentando escupir todo el tiempo ese picor constante.

Será cuestión, como todo, de tener paciencia, dejar pasar la primavera, y esperar al verano (a ver de qué nos quejamos entonces).