Semana 44: Día 307: Palpitando Pinamar

Si no tuviese trabajo pendiente ni responsabilidades, ahora mismo estaría en Pinamar, chupando frío, pero rodeado de amigos. Un contingente de Puma Runners ya se encuentra en la ciudad costera, de cara a la Terma Adventure Race. Esta carrera es un clásico para nosotros, y será mi sexta edición. Pero me toca salir mañana por la tarde.

Esta fue la primera competencia en la que participé. Al principio era “La Merrell”, pero hubo un cambiazo de sponsors, un año fue “Adventure Race” a secas (parecía que le faltaba algo), y ahora esta amarga bebida que jamás me gustó es la marca emblema (mucho mejor ella que Old Smuggler o Jack Daniel’s). Por algún motivo que no logro dilucidar, siempre nos toca muy buen clima. Para el domingo nos esperan 18 grados de máxima y 9 de mínima, aunque para la hora de la largada no creo que pasemos demasiado frío.

Mi primera carrera (de toda mi vida, sin contar esos angustiantes 3,5 km que nos obligaban a correr a fin de año en el colegio) fue en Pinamar, exactamente el domingo 6 de julio de 2008. Hizo un día hermoso, y corrí en posta, el último tramo (unos 7 km). Crucé bosque, un poco de arena, pasto, asfalto… Me salió el competitivo de adentro y subía las cuestas con grandes zancadas, desmoralizando a los que la estaban haciendo toda entera y ya no tenían fuerzas.

Todo lo que hice en esa carrera fue gracias al equipo. Si no hubiese ido con ellos, no la hubiese corrido. Ni siquiera me hubiese enterado de que existía. Toda esa convivencia, las anécdotas, los consejos, el traspaso de la antorcha a las nuevas generaciones… eso es lo jugoso de estos viajes. Ahora, cinco ediciones más tarde, me toca ser a mí el tipo “con experiencia”, que dice cómo encarar las subidas en los médanos (buscando las pisadas del anterior), cómo evitar que se te meta arena en las zapatillas (polainas), dónde apretar (en suelo firme). PInamar me llama más por su tradición que por su recorrido, que de por sí es muy duro y come mucha pierna.

¿Lo que menos me gusta? Lavar las medias dos o tres veces y seguir sintiendo que tienen arena. ¿Lo que más me gusta? Esos últimos 100 metros de asfalto, con la murga, los papelitos, la gente alentando, y cruzar la meta.

Semana 44: Día 306: 128,39 km en un mes

¡Volvió a bajar mi promedio de kilómetros mensuales! Y no creo que haya entrenado menor cantidad de veces, pero me parece que los entrenamientos están siendo más cortos.

Corrí la maratón de Río de Janeiro, que es como un 25% de todo el kilometraje de julio. Y tanto antes como después con los Puma Runners intentamos cuidarnos y no sobrecargar al cuerpo. Ahora está pasando lo mismo con la Adventure Race de Pinamar, que la corremos este domingo. Estoy pensando si esto hizo que entrenásemos menos, o si me olvidé de anotar unos cuantos entrenos, o qué pasó. Desde que cuento mis kilómetros, este fue uno de los meses más bajos (no casualmente este también fue el mes en el que empecé el gimnasio):

2011
Octubre: 208,73
Noviembre: 173,43
Diciembre: 164,29

2012
Enero: 208,25
Febrero: 290,93
Marzo: 230,27
Abril: 194,35
Mayo: 258,79
Junio: 162,19
Julio: 211,81
Agosto: 169,05
Septiembre: 64,12 km

Octubre: 129,85 km
Noviembre:  169,48 km
Diciembre: 249,77 km

2013
Enero: 323,03 km
Febrero: 321,88 km
Marzo: 335,60 km
Abril: 163 km
Mayo: 157,26 km
Junio: 168,60 km
Julio: 128,39 km

Paradójicamente los meses de más calor son los de mayor carga, y a mitad de año empieza una caída. Espero que en agosto pueda subir, realmente extraño hacer fondos largos (pero también extrañaba entrenar en el gimnasio, y todo no se puede).

Quedan dos meses para la Espartatlón y 14 para que yo participe. ¿Llegaré?

Semana 44: Día 305: Una semana de gimnasio

Bueno, ayer me fue imposible actualizar el blog, así que hoy salen dos posts en el transcurso del día.

A continuación comparto dos fotos que me saqué, una el día en que empecé a ir al gimnasio, otra una semana después.

Foto del día 24-07-2013 a la(s) 11:16 Foto del día 31-07-2013 a la(s) 11:23

¿Ven la diferencia? ¿No? Yo tampoco.

Después de mirarlas detenidamente por 5 horas, noté que hay unas venas más marcadas en el pliegue del codo (¿se llama así?). No esperaba que haya un cambio, pero sí hay una verdadera diferencia, y tiene que ver con que ya me siento más cómodo con los ejercicios, ni tengo dolores en los días posteriores. Si me sacara la foto en el momento del entrenamiento, todo hinchado por las repeticiones y la sangre que infla los músculos, sería hacer trampa (porque el efecto no resiste más allá de cuando me ducho en el vestuario).

Vamos por más…

Semana 43: Día 301: La Patagonia Run que no será

patagonia_run_spring

La emoción de las carreras dura un tiempo. Si me preguntan hoy cuál es mi carrera favorita, seguramente elija alguna de las de este año, y en 2015 diré otra cosa. Me encantó la Maratón de Río de Janeiro, pero tengo muy fresca la Ultra Buenos Aires porque fue la primera vez que lloré al cruzar la meta. Sin embargo hay una competencia que sigue ahí, en mi top 5 virtual, que es la Patagonia Run.

Este ultra trail de montaña lo sufrí horrores en 2012, cuando hice 100 km con una pata al hombro. Este año, en abril, hice 63 km y si bien la distancia era menor creo que parí más el trayecto. Me jugó a favor la experiencia, y no estar haciéndola yo solo. Me acuerdo de estar en la charla técnica y cuando terminaron las proyecciones del recorrido y todas las indicaciones reglamentarias, tiraron una bomba: La Patagonia Run Spring. La misma edición, solo que el 30 de noviembre. Me emocionaba volver a hacerla. ¿Cambiaría el clima? ¿Sufriríamos menos el frío?

Aproveché y empecé a “venderla”. Hasta el día de hoy estaba queriendo convencer a gente que venga a correrla. Tenía a alguien apalabrado para que me acompañase (tuve que amenazar su integridad física si no lo hacía). Y hoy me entero de la bomba: se canceló. El mensaje de la organización dijo:

Razones internas y externas a nuestra Organización nos han llevado a tomar la decisión de postergar para el próximo año el lanzamiento de Patagonia Run Spring.
A partir de ahora, todas nuestras energías estarán volcadas a preparar Patagonia Run 2014, cita obligada para el próximo 12 de abril en San Martín de los Andes, donde volveremos a encontrarnos como ya es costumbre, para disfrutar de un evento que, les aseguramos, será maravilloso.

Algunos en el Facebook de la organización argumentaron que podría tener relación con otras carreras que le “tiraron” encima. Últimamente se viene dando esa horrible costumbre de salir a competir con competencias grossas con una o dos semanas de distancia (si no es el mismo día). No sé si será eso, pero por el nivel de profesionalismo que supo tener la organización de Patagonia Run, no me cabe duda de que no había forma de hacerla.

Para mí es una decepción muy grande, porque no solo venía embaladísimo, queriendo convencer a todo el mundo de que corra alguna de las distancias, sino que me había comprado un par extra de zapatillas, las Nightfox (que usé en la Patagonia Run de 2012), con la intención de llegar al 30 de noviembre y usarlas en montaña. No me consuela pensar que se hará el año que viene. Falta MUCHO para la primavera de 2014, de hecho no sé si no voy a haber corrido la Espartatlón, y estarán juntándome todavía con cucharita. Es una posibilidad.

Pero bueno, no va a poder ser. Quizá mi única opción sea averiguar si existe esa carrera que le tiraron encima, ver qué onda, y no desperdiciar ese hueco que le había hecho a mi agenda…

Semana 43: Día 300: ¡Zapatillas nuevas!

este_es_el_post_300

Ya venía mirando mis zapatillas, con cierta desconfianza. Después de la Maratón de Río noté que se estaban desgastando adelante, donde el metatarso pliega el pie. Hoy, con pavor, me di cuenta de que estaban agujereadas. Hubiese tirado un par de semanas más, sacándoles el máximo provecho, hasta que se desgastaran y solo necesitara solpar sus restos para que se lo llevase el viento. Pero en exactamente 10 días tengo una carrera… en Pinamar… en medio de los médanos… y lo que más he sufrido de esta Adventure Race ha sido cuando se me metió arena adentro de la zapatilla.

Enseguida llamé a mi entrenador para pedirle ayuda. Le conté que las Faas que me compré no me habían salido buenas. En verdad me amortiguaron y me bancaron varias competencias, pero se desgastaron demasiado rápido para mí (unos 410 km, cuando la revista Runners recomienda cambiar de calzado cada 1000 km, aunque otros aventuran unos 700). Fuimos a toda velocidad a la tienda de Puma donde nos consigue descuento, a ver los modelos. Estaban las Faas v02, que son la nueva sensación. Me las probé y no me enamoraron. Había un modelo híbrido de calle y aventura, las Puma Fox, que increíblemente estaban muy baratas. Me pareció que con esas iba a andar bien en Pinamar, ya que hay toda clase de terreno, siendo lo menos el asfalto y el pasto de la cancha de golf, a lo máximo que encontramos en el recorrido: el bosque y la arena. Y no pude resistirlo y me compré las Nightfox, que son un modelo que me funcionó muy bien, y que hice torta en Yaboty. Como en tres semanas estoy volviendo a la tierra colorada de Misiones para correr 90 km, me pareció oportuno volver a comprarlas. Así que a falta de calzado, me compré dos pares de zapatillas.

No suelo hacer esto, siempre ando con un par, y ahora quiero intentar usar dos para alternar entrenamientos con carreras. Para entrenar y para calle voy a usar las Fox, y las otras para “la hora de la verdad”. Así las Nightfox me van a durar más y las voy a poder calzar en la Patagonia Run Spring del 30 de noviembre (escurren bien si meto los pies en el agua).

¿Y qué hacer con las Faas agujereadas? Las voy a seguir usando, siguen bancándosela. Por ahí para alguna carrera corta de calle, donde prime la velocidad. Me da pena tirarlas. Pero me di cuenta de que la protección en la puntera es mucho más corta que otros modelos (incluso que la v02). Yo pensé que me iban a durar 1000 kilómetros, pero hubiese sido una locura usarlas para ir a Yaboty… así que no hay mal que por bien no venga. O no hay bien que por mal no venga. O no hay venga que por bien no… bueno, se entiende.

Semana 43: Día 298: Las mujeres y yo

Me han llamado la atención en varias oportunidades respecto a mis comentarios sobre mujeres, o puntualmente sobre mi última relación. En realidad, más que por las cosas que escribí, fue por lo que se podía interpretar. Quizás haga falta hacer algo más directo para despejar dudas (o por ahí no hacía falta y la embarro más, veremos…).

Durante la mayor parte de mi vida creí que ser feliz era estar en pareja. Todavía tengo una sensación de que por ahí pasa la cosa, pero después de mucho tropezar con la misma piedra, empecé a considerar la posibilidad de que la felicidad está en encontrar el equilibrio interior, sin depender de otra persona. Sin embargo, nunca me pude salir del todo de ese esquema. Mi psicóloga, a quien no veo desde que me separé, decía que yo no tenía un tema con tal o cual chica, sino con el ideal de mujer. Varias veces me dijo que yo estaba “enamorado del amor”.

Cualquiera que lea este blog va a ver en mí a una persona que cree en la autosuperación. Bueno, eso tiene un costado poco sano, y es que durante mucho tiempo, mientras tenía la autoestima en niveles muy bajos, creía que yo era el mejor novio que podía existir. Ahí estaba, atrás de mujeres que no me daban bola, poniéndolas en un pedestal, metiéndome en la “zona de la amistad”, escuchando sus historias de los hombres que las maltrataban y no las escuchaban. Yo creía que tenía todas las cualidades para ser el novio ideal. ¿Y lo era? Claramente no, porque las relaciones que tuve, eventualmente, terminaron. Sería un necio si le echara la culpa a la otra persona; es probable que uno solo no pueda ponerse a una pareja al hombro, pero definitivamente mis historias terminaron por mérito compartido.

Mi relación con Vicky no terminó bien. Tuvimos un último mes de mucha tristeza. Yo me quería separar, pero no se lo dije nunca. Lo charlaba en terapia, lo charlé con un par de personas, pero no con la persona que tenía que saberlo. No fue un final que le haya hecho justicia a una relación que tuvo momentos maravillosos, donde compartimos carreras y muchas risas. Aprendí mucho de esa relación, cosas que pueden parecer poco trascendentes para algunos, como mantener el orden en mi propio departamento, cocinar… digamos, ser responsable. También tengo una cuestión, que es mantener el contacto con algunas ex. No es en todos los casos, y tampoco tiene tintes románticos. Simplemente que algunas veces he tenido rupturas consensuadas, o el paso del tiempo limó cualquier aspereza y esa relación se transformó en amistad. Me encantaría que así sea con Vicky, pero por ahí ahora es demasiado pronto para planteárselo.

Si encarara una relación nueva, intentaría aplicar lo que aprendí. El hombre es el único animal en tropezarse dos veces con la misma piedra. No hay límite, yo ya me he tropezado unas veintisiete veces, pero creo que lentamente algo estoy incorporando. Empezaría por intentar ser yo. Ya estoy cansado de jugar el papel de “novio perfecto”, creo que me inventé estándares que no voy a poder cumplir. Toda esa presión autoimpuesta no sirve de nada. Intentaría no resignar las cosas que me gustan, como entrenar. Esto se desprende de lo anterior, cosas que hago para que el otro me acepte o agradarle más. ¿Con qué sentido? Ni yo lo sé. Cuando uno no actúa como realmente es, decepciona al otro y a sí mismo. Es lo que siempre hice, y que estaría bueno dejar de hacer. No intentar ser “el mejor”, sino ser yo. Otra cosa que quisiera haber aprendido (pero no sé si estoy listo) es a no ser tan ansioso. Cada vez que conozco a una chica mis amigos me preguntan (en broma): “¿Cuándo te mudás con ella?”. Y es lo que siempre hice. Compromiso, planes de casamiento, mudanza… me gustaría conservar mi espacio, y no querer compartirlo de entrada. Tampoco meterme en el espacio de otra persona. Siempre que lo hice lo sentí sincero, pero la verdad es que cada vez me pesa más la edad. No puedo dejar de pensar que a mi edad mis padres tenían cuatro hijos, los menores (Santiago y yo) de 5 años y medio. Parece una tontería, uno cree que nunca va a querer vivir en la sombra de su padre y su madre, pero yo no puedo evitar compararme. Además también me pesa ser el único de la familia que no está en pareja. Sé que es una tontería y probablemente sea la primera vez en mi vida que no me estoy presionando con eso.

La vida es esta, y no hay que dejarla pasar. Por primera vez en mucho tiempo (quizá en toda mi vida) me siento bien. Cómodo donde estoy. ¿Qué me falta? Un caloventor, lámparas en el baño y una alacena para guardar platos y comida. Cosas materiales. No me siento solo, ni que el reloj avanza. Tengo mis proyectos, y por supuesto que consideraría “sumar” a alguien en mi vida, pero no me quita el sueño. No sé si salí de ese karma de estar en la sombra de las mujeres. Ojalá que sí. Pero no reniego de mi pasado, no me arrepiento de haberlo intentado, tuve momentos feos pero muchas veces sentí verdadera felicidad, y ahora me siento en control de mi vida. No quiero ponerle a otro la responsabilidad de hacerme feliz. Es algo de lo que me tengo que hacer cargo… y estoy en eso.

Semana 43: Día 296: Los cinco venenos blancos

Estoy a punto de hacer un ajuste grande en mi dieta, básicamente consumir menos productos refinados y más integrales. Por un lado es más sano (creo que no tenemos noción de lo dañino que son los alimentos procesados versus los naturales), y por el otro voy en busca de la “cubetera”. No la tengo, nunca la tuve (quizá si hago mucha mucha mucha fuerza abdominal). Esto se logra con ejercicio aeróbico (esa parte está cubierta) y dieta. El cuerpo quema más calorías digiriendo alimentos integrales, por lo que “hacer dieta” en mi caso no quiere decir “comer menos”, sino “comer diferente”. Vamos a ver qué pasa.

Este artículo me llegó hace poco, y fue lo que me dejó pensando. Lo comparto y en unos días les cuento cómo me está yendo…

5 Venenos blancos que podrías estar comiendo todos los días.

En nuestra dieta existen alimentos que deberían ser llamados “veneno”, porque tienen poco valor nutricional y hasta pueden ser perjudiciales para nuestra salud. Conocidos como “venenos blancos”, el azúcar refinado, la sal y las harinas refinadas, entre otros, son causantes de diferentes enfermedades que son consideradas graves, pues son degenerativas, como la diabetes, la hipertensión arterial y hasta el cáncer.

1.-  La Sal de mesa refinada.

La industria decidió un día convertir la sal cristalina natural en simple cloruro sódico (la sal refinada de hoy), porque los científicos de la época afirmaron que los demás elementos que contenía (minerales esenciales y otros oligoelementos) eran innecesarios y bastaba el cloruro sódico para salar los alimentos. Desde entonces cualquier parecido entre la sal que ahora consumimos y la sal natural es inexistente. De un alimento que era “oro puro” porque proporcionaba al ser humano todos los elementos necesarios para su subsistencia en la proporción exacta que el organismo necesita se pasó a consumir un producto que es “veneno puro”, como bien saben los investigadores y médicos.
A la toxicidad del cloruro sódico hay que añadir la del yodo y el flúor, minerales que hoy se agregan artificialmente a la sal. El yodo (tóxico cuando se sobrepasa el mínimo necesario) se añade porque se supone que mejora la función de la tiroides; y el flúor (uno de los elementos más radioactivos que existen) porque afirman que este veneno evita la caries. Un sarcasmo. La sal cristalina natural, tanto la que procede del mar (sal marina), como de las montañas, contiene los 84 elementos que compone el cuerpo humano en su proporción exacta. Poca gente sabe que la composición de la sangre humana es prácticamente idéntica al agua salina del “mar primario”, es decir, una solución con la misma concentración de elementos que tenía el mar hace millones de años.
La comida chatarra se encuentra llena de sal refinada, que aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, consumir este tipo de sal equivale entre 8 y 20 veces más que la que debiera comer. Pues con la finalidad de que el sodio y el potasio encuentren un equilibrio, se debe consumir de 1,500 miligramos por día, pero si no se respeta, es cuando aparecen enfermedades referentes al corazón.
Ver Beneficios de la Sal Marina AQUÍ

2.- Azúcar refinada.

El azúcar blanca no se puede considerar como un alimento, ya que es una sustancia química pura, extraída de fuentes vegetales como la caña de azúcar o la remolacha,  a las cuales se les extrae el jugo eliminando toda la fibra y las proteínas que forman el 90% de dichas plantas.
Para dejar limpio el líquido que contiene el azúcar, se añade cal viva y es ahí donde esa reacción alcalina mata casi todas las vitaminas, luego se añade dióxido de carbono para acelerar la cal,  este líquido azucarado pasa por tubos que lo separan de las impurezas.  Luego viene otro tratamiento con sulfato de calcio y ácido sulfúrico para decolorar y dejar casi blanco.
El azúcar refinada no tiene proteínas, ni vitaminas, no tiene minerales no tiene enzimas, no tiene micro elementos, no tiene fibra,  no tiene grasas y no es de ningún beneficio en la alimentación humana.

No es buena porque no aporta ningún nutriente, aporta energía, pero nada más. Esta se conforma de glucosa y fructuosa. El problema es la manera en que la consumimos, porque las frutas y verduras, por sí mismas, ya contienen azúcar. Las azúcares refinadas son causantes de obesidad, de un desequilibrio nutritivo, caries y más. Los edulcorantes químicos también son dañinos, pues aumentan el riesgo de cáncer, como el aspartame, la sacarina y ciclamatos, que podemos encontrar en productos como el refresco light.
Ver La verdad detrás del Azúcar: el dulce ladrón de la vida AQUÍ

3) Harina refinada.

Como se ilustra en The Daily Mail, con los años la calidad del pan se ha vuelto mucho peor en lugar de mejorar. En 1911, la sal, las grasas baratas, el alumbre, la cal en polvo y el blanqueador eran los ingredientes “malos” del pan. Actualmente, hay que lidiar con ingredientes nuevos que dañan la salud y que se pueden encontrar en la tienda en donde compra el pan. La harina blanca producida es casi puro almidón, y ahora contiene una pequeña fracción de los nutrientes del grano original. Además, los tratamientos químicos en el grano dan como resultado la formación de un subproducto llamado aloxano –un veneno utilizado en la industria de la investigación médica para producir diabetes en ratones sanos. El aloxano causa diabetes al hacer girar enormes cantidades de radicales libres en la células pancreáticas beta, destruyéndolas. Las células beta son las células primarias de las zonas del páncreas llamadas islotes de Langerhans y producen insulina; así que si son destruidas, se desarrolla la diabetes.

Teniendo en cuenta el rango epidémico de la diabetes y otras enfermedades crónicas, no es buena idea tener una toxina como esta en su pan, incluso si es en pequeñas cantidades.
Cuando más fina y blanca es la harina, menos fibra, vitaminas y minerales contiene. El pan blanco, el pan de salvado, los panes de bollería, no contienen vitaminas ni minerales, mientras que favorecen las caries, el cáncer, el colesterol y la diabetes. Los panes más recomendables son el pan de centeno y el pan integral.
Ver  Los riesgos de salud al comer pan blanco AQUÍ

4) Arroz refinado.

Según los investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, el arroz blanco causa aumentos bruscos en los niveles de glucosa en la sangre, lo cual es un riesgo de diabetes.Aunque el arroz se ha consumido durante siglos en muchos países, fue sólo en el siglo 20 que comenzó a refinarse y consumirse como arroz blanco.
Para producir el arroz blanco el grano integral es sometido a un proceso de refinado con el cual se le retira la capa exterior y el germen. Y básicamente lo que queda es el endospermo, que consiste principalmente de almidón. El estudio analizó los datos de tres grandes estudios llevados a cabo con cerca de 40.000 hombres y 157.500 mujeres sobre el consumo de arroz y el riesgo de diabetes. Los científicos descubrieron que quienes consumían cinco o más porciones de arroz blanco a la semana tenían 17% más riesgo de diabetes que quienes consumían menos de una porción al mes.
Desde el punto de vista de la salud pública, debería recomendarse el reemplazo de granos refinados como el arroz blanco por granos integrales, incluido el arroz integral para facilitar la prevención de la diabetes tipo 2

5) Leche de vaca pasteurizada.

La pasteurización de la leche destruye las bacterias beneficiosas, junto con las malas y destruye las enzimas esenciales para la absorción de nutrientes. La Pasteurización de la leche destruye toda su fosfatasa, lo que es esencial para la absorción del calcio y el calcio trabaja con la vitamina D, no sólo está disponible a través del sol, pero es un nutriente esencial en la nata cruda. Calentar cualquier alimento crudo destruye las enzimas activas, por lo que la lipasa (una enzima única de la leche y se necesita para completar la digestión de las grasas) es lanzada junto con muchos otros nutrientes esenciales que la pasteurización destruye.
Se considera que es la principal causa de alergias en los niños, según la Academia de Alergia, Asma e Inmunología de Estados Unidos. Y es que la leche, además es rica en grasas saturadas y colesterol. Algunos estudios, incluso la relacionan con la diabetes y hasta con la osteoporosis, porque debido a ser baja en magnesio, no deja que los huesos absorban el calcio.
Ver más en ¿Por qué tomar leche vegetal y no leche de vaca pasteurizada? Algunas recetas de leches vegetales AQUÍ

Fuentes: www.sincebolla.com, www.espanol.mercola.com, www.bbc.co.uk

Semana 42: Día 293: Siguiendo tu progreso

seguimiento

Ayer, en el entrenamiento con los Puma Runners, nuevamente escuché algo que es demasiado habitual, y es esa especie de imagen de fanático del entrenamiento y la dieta que tienen de mí. Intenté, con torpeza y sin llegar a buen puerto, explicar que depende de con quién me compares puedo parecer un talibán de la nutrición, pero a mis ojos estoy lejísimos del extremismo. Pero bueno, no hubo caso.

Siempre pienso en las cosas que hice y cuáles funcionaron. Sé que ponerme seis comidas diarias (cuando hacía dos) fue clave. También lo fue tomar más agua y hacer un click mental de tener paciencia y constancia. Sabía que tenía que llegar al año, y eso me puso un objetivo, además de que me quitó presión. Los cambios más bruscos se dieron al principio, mucho antes de lo que esperaba.

Pero… si me encontrara con una persona que no me ve desde hace diez años, no lo podría creer. ¿Constancia, yo? Si abandoné los estudios de periodismo por el tedio que me causaba. Ni siquiera me destaqué en la secundaria, mucho menos en educación física. Tengo una colección de novelas que decidí escribir y que no pasé de la primera página. Empecé un diario íntimo y lo abandoné al segundo día. Montones de proyectos sin terminar (sin empezar algunos), pero ESTE funcionó… ¿por qué?

Pensándolo un poco, sospecho que fue el haber hecho un seguimiento diario. Al principio, cada dos semanas, me tomaba una foto de mi tren superior, para llevar un registro de mis cambios. No me enloquecía la idea, pero me parecía que de esa forma me obligaba a tener un compromiso. Estaba ahí, en la web. Como no soy todo lo constante que algunos creen, hubo muchas veces donde no actualicé la bendita foto, pero los cambios se veían, eran “palpables” (si cabe la palabra). Y escribía todos los días, lo hice durante dos años, religiosamente. Anotaba lo que me pasaba en el cuerpo e internamente. Sin proponérmelo, tengo anotadas las experiencias de todas mis carreras, de las ciudades que visité, de las lesiones que sufrí y de las comidas que me ayudaron (y las que no).

Debo volver a citar el libro que estoy leyendo actualmente, “Nutrición y peso óptimo”, de Matt Fitzgerald, ya que en un capítulo habla del Principio de Heisengberg. Se trata de un principio de incertidumbre, que establece que cuando se observa un fenómeno a nivel subatómico, este cambia. Algunos creen que el hecho de obervar algo genera un cambio sobre aquello que se está observando, entonces nos metemos en la trampa filosófica de si fuimos nosotros, con nuestra curiosidad, los que generamos ese cambio. Fitzgerald lo baja a algo más cotidiano, como “la olla que se mira nunca hierve”. Al observar las cosas, alteramos su curso en muchos otros dominios de la vida humana. “Lo que puede ser medido, puede ser controlado”, y esto se aplica a la salud y al propio cuerpo.

La mejor forma de ganar control sobre algo es monitorizarlo sistemáticamente. El esfuerzo grande que hemos de aplicar para poder hacerlo, explica Fitzgerald, lo convierte en una prioridad más elevada y ayuda a mejorar este aspecto (del cuerpo, por ejemplo), independientemente de otros esfuerzos. Yo tenía alarmas en el celular para recordarme cada una de esas seis comidas diarias. Empecé a investigar qué comía, tanto lo “nuevo” y más sano como aquella comida chatarra que estaba dejando atrás. Me hacía estudios periódicos con mi nutricionista, que me iba indicando cómo bajaban los niveles de grasa en mi cuerpo. Me hacía análisis de sangre unas dos veces al año. Iba al gimnasio y comparaba los cambios que sentía cuando iba cinco veces por semana y cuando iba solo dos. Y anotaba todo.

Hoy me relajé un poco, aunque para algunos siga siendo un fundamentalista. Hay cosas que las convertí en un hábito. Hubo un momento en que borré todas las alarmas del celular, porque ya el cuerpo me pedía comida a las horas indicadas (y lo sigue haciendo). Ya como fritos o gaseosas y me caen espantosamente mal. Con algo de experiencia previa, estoy por volver al gimnasio, y sé que me va a funcionar porque aprendí qué cosas sirven y cuáles no. Quizá no me observe tan rigurosamente como antes, pero evidentemente estar pendiente de los cambios y tener este blog me ayudó mucho. No esperaba que nadie lo leyera, mucho menos que me escribieran para opinar o compartir experiencias propias. Pero aprendí eso, que tomar nota sobre mis cambios hizo la diferencia en todo, y generó una sinergia que hizo crecer tanto al blog como a mí mismo. Y si lo pudo hacer alguien como yo, que comía todos los días un cuarto de pan con cantidades industriales de Mayoliva mientras empezaba la décima novela que nunca iba a terminar… ¿por qué no podría hacerlo cualquiera?

Semana 42: Día 292: ¿El peso óptimo?

La balanza es una obsesión para muchos. Algunos creo que optan por lo más inteligente y no miden su físico ideal por lo que pesan, sino por lo que ven: cómo les calza la ropa, por ejemplo. Pero los kilos de más o de menos le quitan el sueño a más de uno, deportistas o no.

Hay algo que no podemos dejar de aclarar, y es que estamos viviendo tiempos de cambio. Nuestras costumbres no son las del hombre primitivo, que no tenía Facebook y si quería comer no salía a buscar un Carrefour Express en el radio de 5 cuadras de su cueva. Ni siquiera nos parecemos a nuestros tatarabuelos. Si nos remontamos a un siglo atrás, las nociones de nutrición eran muy diferentes a las actuales. ¿Un cuarto de libra con queso, papas medianas y una Coca light? Productos de la modernidad, habituales en la dieta de muchos.

Hay como una tendencia a replantearse todo esto, y se evidencia por una suerte de “moda” con el running y la vida sana. Antes comer tofu era de hippie, y no se conseguía con facilidad. Como dije, tiempos de cambio.

Cualquiera sabe que la obesidad se convirtió en una pandemia, algunos visten sus kilos de más con una suerte de orgullo nacional, otros los esconden, pero las historias de nuestros bisabuelos que caminaban 10 kilómetros para ir a la escuela quedaron muy atrás. Nos movemos mucho menos que nuestros ancestros, comemos mucho peor, y con el bombardeo de información que recibimos de las enfermedades relacionadas con la mala nutrición (sumado a los estrictos cánones de belleza), hace que nos creamos expertos en nuestro peso óptimo. Todos tenemos un número en la cabeza que queremos alcanzar. El mío es estar por debajo de 65 kg. Es un número caprichoso, ni siquiera sé de dónde lo saqué.

Pero… ¿cómo sabemos cuánto deberíamos pesar? ¿Hay una fórmula matemática que resuelva todos nuestros problemas? La Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que sí. Para los desvelados que caminaban en círculos en su casa, mirándose la barriga y repitiendo el mantra “cuál es mi peso ideal, cuál es mi peso ideal, cuál es mi peso ideal” decidieron que había que tomar nuestros kilos y dividirlos por nuestra altura en metros al cuadrado (parece complicado, pero no lo es). Esto se llama Índice de Masa Corporal (IMC), creada por el estadístico belga L. A. J. Quetelet (también se conoce como índice de Quetelet). El valor obtenido no es constante, sino que varía con la edad y el sexo (véanse las figuras 1 y 2). También depende de otros factores, como las proporciones de tejidos muscular y adiposo. En el caso de los adultos se ha utilizado como uno de los recursos para evaluar su estado nutricional, de acuerdo con los valores propuestos por la OMS.

En mi caso da 20,99. Soy un tipo promedio, según esta tabla, que dice que un valor de menos de 16 es “infrapeso” o “delgadez severa”, de 16 a 17 es “delgadez moderada”, de 17 a 18,5 es “delgadez no muy pronunciada”, de 18,5 a 25 es “normal”, de 25 a 30 es “preobeso” y más de 30 directamente “obeso”. Ahora bien, ¿nos sirve de algo esta tabla? Es una guía, pero si usted no sabe si es delgado, normal u obeso, ¿realmente necesita esta fórmula matemática para dilucidarlo? Uno creería que a los atletas les sirve, pero un rango de 18,5 a 25 es muchísimo. En mi caso, que mido 1,80, podría pesar de 60 a 80 kg… o sea, ¡hay 20 kilos de diferencia! ¿Cómo puede ser que mi peso óptimo tenga una variación tan grande? Si lo que yo hago es correr, donde la optimización de la energía es fundamental, esta tabla es poco precisa… y quizás inexacta.

El peso ideal, convengamos, es más difícil de determinar de lo que uno cree. Porque si la balanza dice que peso 68 kg, no va a ser lo mismo si mi cuerpo está compuesto por 10 kg de grasa que por 30. No importa la suma total, sino cómo están compuestas las partes. Cuánto hay de masa adiposa y cuánto de masa muscular. No importa lo que diga una balanza, sino cómo nos sentimos cómodos, cómo rendimos. Tampoco hace falta hacer una medición antropométrica para saber si nos sobra grasa. La cintura y las caderas son donde más se empieza a notar un exceso, y cualquier atleta que haya perdido 5 kilos o más de masa adiposa puede dar fe de la diferencia que hace eso al correr. Según el libro “Nutrición y peso óptimo para conseguir el máximo rendimiento”, de Matt Fitzgerald, dice que un deportista que pese 75 kilos debe consumir alrededor de un 6,5% más de energía para correr que otro, al mismo ritmo, que pese 70 kilos.

Alguno creerá que entonces lo que hay que hacer es comer menos, para bajar de peso y rendir más. No, para nada. No se trata de reducir la ingesta sino de alimentarse mejor. Los deportistas no tenemos que llevarnos menos comida a la boca, diría que todo lo contrario. Es solo ser inteligente y mantener la constancia en la actividad física. Menos atención a la balanza y más a lo que nos acerca a nuestro rendimiento óptimo.

Semana 42: Día 291: No hay verdulerías en el centro

Eso. Ni una encontré. Y hay muchos, demasiados, Carrefours exprés. Y ninguno vende verduras.

Hoy me aventuré, previa búsqueda en Google Maps, para ver dietéticas donde comprar milanesas de soja, alguna comida ya preparada vegana, arroces… pero después de sortear las calles que parecen bombardeadas de la Capital Federal, solo me encontraba con negocios que venden cosas dulces “light”. Comida, lo que se dice comida… poco y nada.

Por ahí me malcrié de que en Colegiales tenía una dietética a la vuelta, que visitaba dos veces por semana. Y estaba relativamente cerca del Barrio Chino. Tendré que seguir explorando, o ponerme un local a la calle y llenarme de guita. ¿O los veganos/vegetarianos no somos todos los que yo pensaba?