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Semana 44: Día 306: 128,39 km en un mes

¡Volvió a bajar mi promedio de kilómetros mensuales! Y no creo que haya entrenado menor cantidad de veces, pero me parece que los entrenamientos están siendo más cortos.

Corrí la maratón de Río de Janeiro, que es como un 25% de todo el kilometraje de julio. Y tanto antes como después con los Puma Runners intentamos cuidarnos y no sobrecargar al cuerpo. Ahora está pasando lo mismo con la Adventure Race de Pinamar, que la corremos este domingo. Estoy pensando si esto hizo que entrenásemos menos, o si me olvidé de anotar unos cuantos entrenos, o qué pasó. Desde que cuento mis kilómetros, este fue uno de los meses más bajos (no casualmente este también fue el mes en el que empecé el gimnasio):

2011
Octubre: 208,73
Noviembre: 173,43
Diciembre: 164,29

2012
Enero: 208,25
Febrero: 290,93
Marzo: 230,27
Abril: 194,35
Mayo: 258,79
Junio: 162,19
Julio: 211,81
Agosto: 169,05
Septiembre: 64,12 km

Octubre: 129,85 km
Noviembre:  169,48 km
Diciembre: 249,77 km

2013
Enero: 323,03 km
Febrero: 321,88 km
Marzo: 335,60 km
Abril: 163 km
Mayo: 157,26 km
Junio: 168,60 km
Julio: 128,39 km

Paradójicamente los meses de más calor son los de mayor carga, y a mitad de año empieza una caída. Espero que en agosto pueda subir, realmente extraño hacer fondos largos (pero también extrañaba entrenar en el gimnasio, y todo no se puede).

Quedan dos meses para la Espartatlón y 14 para que yo participe. ¿Llegaré?

Semana 44: Día 305: Una semana de gimnasio

Bueno, ayer me fue imposible actualizar el blog, así que hoy salen dos posts en el transcurso del día.

A continuación comparto dos fotos que me saqué, una el día en que empecé a ir al gimnasio, otra una semana después.

Foto del día 24-07-2013 a la(s) 11:16 Foto del día 31-07-2013 a la(s) 11:23

¿Ven la diferencia? ¿No? Yo tampoco.

Después de mirarlas detenidamente por 5 horas, noté que hay unas venas más marcadas en el pliegue del codo (¿se llama así?). No esperaba que haya un cambio, pero sí hay una verdadera diferencia, y tiene que ver con que ya me siento más cómodo con los ejercicios, ni tengo dolores en los días posteriores. Si me sacara la foto en el momento del entrenamiento, todo hinchado por las repeticiones y la sangre que infla los músculos, sería hacer trampa (porque el efecto no resiste más allá de cuando me ducho en el vestuario).

Vamos por más…

Semana 40: Día 276: 168,60 km en un mes

Sigo contando mi kilometraje mensual. No sé por qué, nunca me parece suficiente, y ahora que no tengo más reloj me cuesta mucho contarlo. Calculo los recorridos que ya medí muchas veces y me sé de memoria, me engancho con alguno que tenga GPS y no me le despego… y así voy entrenando.

Por falta de tiempo, mas no de ganas, no estuve corriendo por el barrio. El tema del viaje a Brasil, como no podía ser de otra manera, me obligó a adelantar trabajo para estar tranquilo esa semanita. CREO que tengo todo bajo control. Los próximos dos días son asesinos, tengo que firmar contrato para el nuevo departamento, cumplir con un par de compromisos laborales, y dejar todo listo para mi ausencia. El miércoles a la noche iremos a entrnar, aunque es una forma de decir porque no haremos nada, y de ahí vamos a hacer tiempo hasta las 2:30 AM, cuando una combi nos viene a buscar y nos lleva al aeropuerto de Ezeiza.

Pero eso corresponde a lo que haré durante julio. En junio estuve en una distancia promedio, pero lejos de las marcas de los primeros tres meses del año, cuando corría casi el doble. No sé si el calor ayudaba, pero tenía esos fondos descomunales de los fines de semana, cuando sumaba entre 50 y 80 km. Ah… qué tiempos aquellos…

Me vendría bien reponer ese reloj con GPS, ya que ahora que voy a tener a la Reserva Ecológica cerca pretendo volver a disfrutar de los domingos allí, buscando expandir los límites. El otro día hablaba con Lean, compañero de los Puma Runners, mientras entrenábamos esos kilómetros que hoy estoy declarando. En un arranque de sinceridad le conté cómo en los primeros años de este blog yo me esforzaba por romper marcas y ser más rápido, y la gran diferencia que fue cuando decidí hacer la Espartatlón. Ahí me di cuenta que no tenía que ganar en velocidad, sino en resistencia. En los últimos tiempos dejé de preocuparme tanto por vencer al reloj, y todo se convirtió en kilometraje a sumar para lograr resistencia. Por eso es que últimamente se me dio por inscribirme en carreras y acompañar. Creo que esas velocidades que antes confundía con lentitud son las que tengo que mantener en una ultramaratón. De nada sirve apurarse cuando se superan los 50 km. Yo nunca voy a poder ser el más rápido, pero siento que aspirar a ser el que más lejos llegue es una posibilidad no tan lejana.

Son dos cosas completamente distintas, velocidad versus resistencia. Quizá una me preocupaba en una etapa más inmadura deportivamente, y la otra coincide con una etapa reflexiva. Pero ya volverán esos fondazos de más de cuatro horas. Siempre me causó más orgullo hacer grandes distancias que bajar 15 minutos a mi marca anterior. Y quiero volver a sentir ese orgullo de las largas horas corriendo en solitario. Ese será mi objetivo para los próximos meses.

Pero antes… ¡la maratón de Río de Janeiro! Faltan solo 6 días…

Semana 39: Día 267: Pensando en la maratón

Entonces, en 14 días estaré en Río de Janeiro. Playa, sol, zunga. Pero me tendré que recordar que fui para correr la maratón de Río de Janeiro.

Correr 42 km es algo que no se puede improvisar. Es producto de un entrenamiento largo y sostenido. ¿Hay gente que termina una maratón en el primer intento, sin haber corrido nunca antes? Suena más imposible que prender un fósforo abajo del agua, pero si hay criaturas de otro planeta que la terminan en 2 horas 15 minutos… ¿por qué no?

Hasta hoy el tema de Río me estaba empezando a preocupar. Estoy corriendo asiduamente, no debería hacerme problema, pero hace rato dejé esos fondos de 45 km… temía estar achanchándome, no manteniendo el nivel. Hoy, en el entrenamiento de los Puma Runners, nos tocó hacer un fondo. Mi consigna era darle entre 3 y 6 vueltas al Hipódromo, que como tiene 5 km estaríamos hablando de algo entre 15 y 30 km. Siempre intento ir por el máximo, y esa distancia es la ideal para prepararse para una maratón (uno nunca corre la distancia total de una carrera para la que uno entrena, siempre se busca llegar hasta el 70 u 80%).

Con bastante frío largamos. Yo me llevé a un amigo que hice en estos días, Hugo, para el entrenamiento. Él es francés, musulmán de ascendencia marroquí, estudia en los Estados Unidos y habla muy bien inglés y castellano. Y algo de chino. Ah, su novia es rusa. Lo que se dice, un chico globalizado. ¿Para qué vino a Argentina? Entre otras cosas para mejorar su español, así que él me puede hablar en el idioma que quiera, pero yo le tengo que responder en criollo. Le gusta el fútbol y busca hacerlo profesionalmente, repartiéndose su tiempo entre la preparación física y el estudio (cuando le preguntás qué estudia, dice “Business Management”, nunca en español). Además de enseñarle conceptos muy abstractos como “quilombo” o “guita”, lo llevé a conocer a los Puma Runners y por afinidad decidió correr a la par mía. Yo estaba con muchas pilas: como mencioné en el post anterior tuve muchas satisfacciones laborales que si bien me quitaron el sueño, me llenaron de mucha energía positiva. Así que ahí estaba yo, corriendo a destajo, y Hugo siguiéndome el paso. Creo que hicimos la primera vuelta de 5 kilómetros en 23 minutos, y como él estaba distraído cuando el entrenador dio la consigna del día, abrió los ojos como dos platos cuando le dije que yo iba a seguir 5 vueltas más.

Dejé a Hugo haciendo dominadas (pull ups) y flexiones de brazos (push ups), me desabrigué (fue un acto de fe, porque todavía hacía frío), y seguí dando mis vueltas. Sigo sin mi reloj, así que no podía medir mi velocidad, pero como tengo el Hipódromo bastante estudiado, sabía la distancia que iba a hacer. Hay una cuestión mental cuando decidimos dónde está nuestra meta. Si me hubiese decidido a hacer 15 km, los últimos 5 los hubiese padecido. Pero como el límite era 30, una vez entrado en calor fue cuestión de poner velocidad crucero y sufrir más adelante.

Como decía, tengo bastante aprendido el Hipódromo. La primera parte es fácil, porque paso junto a mis compañeros y mi entrenador, entonces es una buena referencia. Uno además intenta parecer que está más entero de lo real, levanta la cabeza, abre la zancada… finge un estado impecable, pero por alguna razón uno se la termina creyendo. Después viene la cuadra del hospital, que es el costado “corto” del Hipódromo. Se pasa fácil, esquivando algo de gente. La siguiente cuadra, la de Márquez, es la más dura. Es larga, siempre en sombra por los árboles (en invierno no está tan bueno), y aunque tiene la estación de micros para ir al baño en un caso de “emergencia”, es un poco desmoralizante. Aunque es en línea recta, no se ve el final (o yo no lo veo porque nunca admitiré mis problemas de vista), no tiene tramos de pasto o tierra para no exponer a las piernas tanto tiempo al asfalto, y no hay nada que entretenga la vista. Solo vereda y el alambrado que cerca el Hipódromo. Lo único que me motiva es ver el final, saber que voy a doblrar y abandonar esa cuadra larga y tediosa. La que sigue, Fleming, tiene árboles más bajos, lo que para mí la hace más agradable, además de que tiene algo de pasto. Siempre me mando por ahí. Tiene faroles… me resulta más atractiva. La contra es que hay una entrada y salida de autos a los que les importa poco que se les cruce gente corriendo. Por último llega el final, en Rocha, que no tiene ningún atractivo salvo saber que estás a punto de terminar la vuelta.

Es curioso porque en las carreras me llevo geles, pasas de uva… de todo para tener energía. Pero como no sabía qué íbamos a hacer hasta que llegué al entrenamiento, no fui tan preparado. Y me dio la impresión de que estaba bien de energía. Quizá lo motivacional me ayudó, pero por las dudas me llevé una banana que tenía en la mochila y le daba un pequeño mordisco cada kilómetro y medio. Así me aseguré de tener hidratos de carbono constantemente. No me cuesta digerir esta fruta (quizá a otros le cae pesada), así que anduve bien. La ola de frío polar cedió un poco, y más cerca del mediodía se estaba muy bien en musculosa y pantalón corto.

Incluso con paradas en el bebedero para hidratarme, en el baño de la estación de ómnibus y para comer algo de mi mochila, creo que hice un buen tiempo. Remarco el “creo” porque no tengo reloj. Debo haber estado en las dos horas y media para los 30 km, que terminé bien, con pilas como para seguir 12 km más. Así que siento que tengo la maratón en el bolsillo. No creo que haga marca, pero confirmé que con una banana pude bancarme el 70% de la distancia a correr. Me parecen buenas señales de que en Río la voy a pasar bien…

Semana 35: Día 239: Siguiendo un impulso

Hoy fue un día largo. Visité a mi amigo Javi en el hospital (tiene un apéndice menos), merendé con el resto de los chicos cuando las enfermeras nos echaron y al final cené con mi hermano Santi y su familia, que incluye una nueva sobrina.

Pero el día empezó entrenando en Acassuso, capeando el frío que yo sabía iba a aflojar. Al final hacía un sol hermoso, y metí unos dignos 21 km. Tengo a mi amigo Nicolás que mañana, domingo, va a correr las Fiestas Mayas. Y se me ocurrió acompañarlo en sus primeros 10k. Pero después del entrenamiento me empecé a preguntar “¿Por qué tengo que colarme?”. Gracias al teléfono que me permite navegar en internet, busqué el teléfono del Club de Corredores, confirmé que todavía quedaban cupos y me fui para allá, en un tren atestado de ruidosos hinchas de River.

Y así, decidido a último momento, terminé inscribiéndome, con remera y todo. No voy a tener que cometer el bochornoso acto de buscar en qué lugar meterme y también me va a permitir cruzar la meta.

Mañana, la crónica.

Semana 32: Día 218: Volver a empezar

¿Cuántas veces escribí este post? No ESTE puntualmente, pero tengo esa sensación de déjà vu. Yo esto ya lo viví. No poder correr, la frustración de estar apto mentalmente pero no físicamente, y el día en que finalmente todo se acomoda y puedo volver.

La kinesióloga me dejaba correr el fin de semana, pero me resfrié, y con la Feria del Libro dándome otra paliza, no pude ni actualizar el blog el domingo. Igual no tenía mucho para contar. “Estuve todo el día acomodando libros y revistas, recomendando cómics, contestando dudas sobre Spider-Man y The Walking Dead. Ah, y descubrí que las Frutigran no son veganas”. Eso era todo.

Pero hoy, lunes, pude correr. Fue muy raro, la dejé a Vicky en su nuevo grupo de entrenamiento y me fui al mío. Nos separan 2 km de distancia, así que lo hice corriendo, en pantalón largo, campera y con la mochila. Me dio calor, pero fueron mis primeros pasos desde la Patagonia Run, hace 23 días. Al principio me sentí muy oxidado. Tenía miedo, porque en este tiempo no corrí nada, solo unos pasitos cruzando la calle. Mientras corría dándole la vuelta al hipódromo sentía miedo, porque no quería lastimarme o sentir dolor. Iba muy contenido, demasiado. Intentaba prestar atención a todo, a cada sensación en mi cuerpo, sin dejar de prestarle atención a cada palmo que iba pisando. Me fueron doliendo diferentes cosas, como las rodillas, el tobillo, pero no la lesión. El tibial sentía que me tiraba, como algo que perdió elasticidad.

Me mantuve así, corriendo con cautela, hasta que me empecé a soltar. Transpiraba, así que me abrí un poco la campera. Hice mi primer kilómetro en 5:30. Seguí y el segundo lo terminé en 5:06. Llegué a los Puma Runners, me saqué el pantalón largo, y recién cuando vi algunas risas me di cuenta que todavía tengo la pierna izquierda afeitada de la rodilla para abajo, y la otra peluda como siempre. Desentona (parece que en un atengo una media de nylon), pero prefiero esperar a que se vuelva a poblar de pelo que a afeitarme y dejarlas simétricas.

Entrené como siempre, sin dolor, sin molestia. Sigo sintiéndome un poquito oxidado, pero ya no tanto. Creo que estoy volviendo en serio. Los ejercicios de musculación me ostaron, y ahora me duele todo, pero mi entrenador calcula que en tres semanas vuelvo a mi 100%, así que hoy más que nunca no puedo aflojar. Sigo con mi meta de la Espartatlón, y quiero volver a mi estado para poder entrenar fondos largos. El tibial está respondiendo, y creo que me ayudó haberle hecho caso a la kinesióloga, así como haberme hecho plantillas nuevas. Quizá para el miércoles tenga zapatillas nuevas, y con eso tendría el combo anti-periostitis completo…

Semana 32: Día 216: Nuevos objetivos

Todos conocemos ese famoso dicho de que para escribir “Crisis” en ideograma chino hay que escribir también “Oportunidad”. Pero yo me juego que el 99% de los lectores de este blog no saben leer chino, que lo mismo daría si les dijese que no es en chino, sino en coreano o japonés, así que no metamos la pata y digamos que todas las crisis son un punto de partida.

Estuve estos días dándole vuelta a la noción de que no voy a poder participar este año de la Espartatlón. Por mucho que me pese y todo el esfuerzo que pusimos mi entrenador y yo, hay dos factores que influyen. Uno es que, al parecer, esta mítica competencia se volvió demasiado popular, y apenas conseguí el tiempo de 100 kilómetros en 10 horas y 14 minutos, la organización de la competencia cerró las inscripciones, ya que habían cubierto el cupo de 350 participantes y tenían una lista de espera de 190 personas. O sea, ni siquiera tuve la opción de esperar que 191 tipos se bajaran para lograr un lugar.

Esto, por más que parezca raro, me trajo cierto alivio. Cuando intenté correr los 100 km de la Ultra Buenos Aires en 2011 la pasé muy mal físicamente. Anímicamente estaba bárbaro, rodeado de mi familia y amigos (hasta vino nuestro perro Rulo), pero estaba fatigado, totalmente extenuado, y en mi cabeza no podía dejar de repetirme que si esto me estaba costando tanto, 246 km iban a ser imposibles. Fue el momento en que más lejos me sentí de este sueño. Como la mayoría sabe, abandoné en el kilómetro 77 con la frente en alto.

Este año volví a intentar, mejor preparado y con un resultado que hasta a mí me sorprendió… porque en el camino la sufrí bastante. Hasta llegué a sentir lo mismo, que si me costaba tanto esto, en unos meses no iba a poder correr 146 km más en Grecia. Pero llegué a la meta, no tuve necesidad de parar a descansar, más allá de que tuve momentos en donde sentí que iba a tener que abandonar (a partir del km 50, cuando empecé a orinar gotitas color Tang de naranja y me asusté un poco). Todo, absolutamente, es aprendizaje. Lo fue el intento fallido del año pasado, y lo fue el logro de este. También aprenderé de no haberme podido inscribir este año.

Como dije, no poder inscribirme en la Espartatlón 2013 fue un alivio. No me sentí triste, no dije “¡Tanto esfuerzo en vano!”. La marca de este año me sirve para 2014, así que puedo inscribirme el día en que lo habiliten (estaré pendiente). Además, puedo entrenar más relajado, e intentar ultramaratones intermedias, como una de 100 millas (160 km) o una de 200 km. Todo a su tiempo, ya que estoy recuperándome de la periostitis, lo que también me dificultaba correr una Espartatlón este año.

El tema es… ¿qué hacemos con el blog ahora? Y eso es lo que estuve pensando todos estos días. Al principio, Semana 52 era un proyecto de 364 días. Me envicié, quise pasar a correr la Espartatlón en el segundo año, y no pude. Ok, reintentemos al año siguiente. Pero claro, ahora sé que no voy a poder hacerlo, por lo que queda trunco el subtítulo del blog “La meta: entrenar para la mítica carrera de 246 km“. Queda claro que ese será mi objetivo, así me tome 8 mil semanas lograrlo. Intentaré no volverme loco con eso, pero sigo obsesionado con hacer “algo” al final del año.

Va a ser imposible encontrar una ultramaratón que caiga justo el día de la Espartatlón, pero no importa. Ahora estoy en la búsqueda de alguna carrera de más de 100 km, en cualquier parte del mundo. Lo ideal, para mí, sería algo de 100 millas. De momento no encontré nada, porque las pocas que hay son en fechas muy lejanas (ya para el próximo año) o son con intervalos, por ejemplo dividido obligatoriamente en 5 días. No va a ser fácil, pero ese será el objetivo intermedio. Porque lo necesito, tengo que seguir entrenando para poder estar 36 horas corriendo sin parar. Me siento bien encaminado, no me quita el sueño sentirme lejos (ni siquiera me lo quita estar congestionado y no poder entrenar el día de hoy, justo que salió el sol). Así que, querido lector, estoy en una etapa de decisiones, y si sabés de alguna ultramaratón que se corra entre septiembre y octubre, hacémelo saber. Puede ser el trampolín para cerrar mi sueño en el cuarto año de Semana 52.

Semana 31: Día 215: Volviendo (de a poco)

Hoy fui a mi sexta sesión de kinesiología. Quise pagar el bono de $3 con un billete de 100 y me dijeron “mañana me lo traés”. Claro, yo me había ido al Banelco, donde me van a matar con los costos de extracción porque mi tarjeta es de Link, para caer con plata, ante la vergonzosa situación de haberme dejado todo el dinero en casa. Y fue al ñudo, porque no me aceptaron el billete tan grande.

Siempre me olvido algo, cuando no es la credencial donde ellos anotan las sesiones, es la credencial de la obra social. Pero bueno, a pesar de todos estos contratiempos mínimos, sigo yendo y avanzando.

Es increíble lo que se me está curando la periostitis. Ya no tengo más hinchado el tibial, puedo caminar sin sentir ningún dolor, y hasta puedo mover el pie sin ver las estrellas. Me toco y tampoco me duele.

Así y todo, la kinesióloga me dijo que no podía correr. Y hoy lo rectificó. Fue algo así como “No vayas a entrenar hasta que yo te diga, ¿de acuerdo?”. Y yo estoy siguiendo todo tal como me lo dicen. Me conectó a esta máquina de tortura, que transmitía impulsos eléctricos en mi gemelo y en el empeine. Al principio era agradable. Hasta le hice la observación de que era demasiado poco lo que sentía. Pero estuve conectado 30 minutos, y al final sentía que me quemaba, como si me estuviesen electrocutando de a un voltio por vez.

Nuevamente no me apretujó ni me movió el pie como si fuese el volante de los autitos chocadores. Simplemente me recordó “No corras esta semana. Seguramente la próxima puedas”. Tímidamente le pregunté “¿Pilates puedo hacer?”, y me respondió “Eso sí”.

No perdí el tiempo, y hoy mismo volví a mis clases, no sin temor de que algo me hiciera doler el tibial. Pero ninguno de los ejercicios me molestó. Sí siento el pie como que tira cuando lo doblo para abajo. Pilates, al ser ejercicios anaeróbicos, son controlados, y no tiene movimientos bruscos o explosivos. No se usa para rehabilitación, pero fortalecer los músculos ayuda en cualquier caso de lesión. No sentí molestia alguna, así que me siento por buen camino. Además necesitaba mi descarga diaria. Extraño horrores correr y seguir explorando mis límites. Ahora, al menos, puedo volver a ejercitarme, y algo es algo.

Si no puedo correr, creo que podría empezar a fortalecer mis abdominales, algo que voy a necesitar para los meses venideros…

Semana 30: Día 207: Desgarrando mi pierna

2013-04-23 09.17.11

La kinesióloga me lo dijo el viernes pasado, en nuestra primera cita. “Voy a tener que desgarrarte la pierna”. No tengo buena memoria, después transcribo las cosas y me olvido ciertos términos técnicos, o temo contar mal las cosas. Por eso ni lo mencioné. Como es de otro país, supuse que se refería a otra cosa, o que yo estaba recordando lo que me había dicho en forma incorrecta.

Hoy volví al centro kinesiológico con un sobreturno. El día de ayer había ido, con mi pierna afeitada, y por falta de luz no me pudieron tratar. Llegué con la idea de que tarden un montón por todos los pacientes que iban a venir a recuperar su sesión, y resultó que pasé de una. Creo que la kinesióloga, al ver que le había hecho caso afeitándome, decidió tratarme más afectuosamente. Además le dije que había dejado el diclofenac (y que eso había hecho que volviese el dolor), por lo cual también me felicitó. Necesitaba que no se enmascarase el dolor para cuando me desgarrase. De nuevo esa palabra.

Le pregunté cuánto tiempo necesitaban estas lesiones para curarse. Un estimativo. General. No un pronóstico. Ella se reía. Me dijo que no podía saberse, que variaba de persona a persona, dependiendo de su estado y contextura física. Primero tenía que hacerme un estudio y meter mano para saberlo en mi caso. Había algunos que solo requerían un día, otros mucho más. ¿Podría yo ser de la clase más privilegiada?

Me conectó a la misma máquina anterior (la de la electroanalgesia), solo que esta vez seleccionó otra función. En mi tobillo sentí una breve vibración. Subió el dial. De pronto sentí como si tuviese pegado dos brasas al rojo vivo. Los conectores en mi gemelo no estaban funcionando. “¿Sientes esto?”, me preguntó. La verdad era que no sentía nada. Subió el dial. Inmediatamente solté un grito entre dientes, sentía que me cortaban la pierna en dos con un serrucho. Bajó el dial. “¿Ahora?”. Solo sentía un cosquilleo en el tobillo. “¿Y ahora?”. Grito de dolor. Así estuvimos haciendo un ping pong de dolores hasta que llegó a un punto en que todo me dolía por igual. Pero me lo aguantaba.

Pasaron unos quince minutos así, en los que saqué fotos para subir al blog. Pero el empapelado no ayuda, parece que estoy en un hotel de mala muerte, y no le hace justicia al centro kinesiológico.

La doctora de acento indescifrable para mí pero que decidí decirle “cubana” volvió y apagó la máquina. Sacó unas cremas y me empezó a masajear la pierna, desde la rodilla hasta los dedos. Iba, recorría y apretaba. En un momento me clavó el pulgar por la cara externa de la pierna izquierda y empezó como a acomodar cosas. Sentí un dolor terrible… pero estaba lejos del tibial hinchado. Algo hizo “clac” adentro mío.

“Ahí está, ¿has visto? Te he acomodado el tendón rotuliano que lo tenías fuera de lugar”. No entendía nada. La rodilla no me dolía… hasta que ella metió mano. Repitió la operación… solo que esta vez casi no hubo dolor. Siguió recorriendo, apretando y exprimiendo. Yo iba soltando algún que otro grito, y a veces me reía, no sé si de nervios o de masoquista. Probablemente toda esta operación de apretar, frotar y tironear era para lo que ella necesitaba que yo tuviese la pierna afeitada.

Me preguntó si dolía menos. La verdad era que sí. “Listo, ya está. Ya te desgarré todo”, me dijo (y se sintió como que me destrozaba la pierna con sus manos). Y lo que siguió me sorprendió enormemente: “No era tan grave, no llegó a ser un trauma. Hoy no corras, creo que podrías hacer actividad física el fin de semana”. No lo podía creer. ¿Realmente eso era todo? ¿Meter los dedos, acomodar y ya? Al parecer sí. Con el correr de las horas, todos esos dolores que sentí el día anterior se atenuaron muchísimo. No podría decir que desaparecieron, pero bajaron en intensidad. La doctora me aclaró que ahora mis músculos estaban “en cero”, y que era muy pronto para que corriese, pero con las dos sesiones que me quedan esta semana ya iba a poder volver a entrenar.

¿Será cierto? ¿Podré estar este sábado corriendo?

Semana 27: Día 186: Miedo al agua

Quienes vivimos en Buenos Aires y estamos más o menos informados ya sabemos que la lluvia que padecimos el día de ayer provocó un desastre. Casas inundadas, colectivos anegados, autos volcados y hasta víctimas fatales. A mí todavía me sorprende que en pleno siglo XXI las fuerzas de la naturaleza nos de una paliza a los hombres cada tanto. Creemos que somos la especie dominante, pero nos falta mucha previsión, y bastante humildad.

Quizá usted creía que yo iba a decir que le tengo miedo al agua y que por eso no me baño con toda la frecuencia que le gustaría a Vicky. Bueno, no, en realidad tampoco le temo a la lluvia. He chapoteado y corrido bajo tormentas, con gran felicidad. Pero en La Misión, mientras intentábamos dormir con nuestras bolsas de dormir bajo un aguacero, me replanteé toda esa algarabía del “singin’ in the rain“.

Podríamos decir que no le temía a la lluvia y ahora sí. Bueno, anoche sí. Se suponía que iba a ir a entrenar con los Puma Runners, pero el pronóstico venía amenazando con que se iba a caer el cielo, y le creí. No la pegaron con el horario (lo anunciaban para las 4 de la tarde y lo peor aconteció bastante pasada de la medianoche), pero por las dudas decidí creerles. Se me hace que desde aquel fatídico granizo que abolló montones de autos hace unos años, ahora el Servicio Meteorológico Nacional lanza un alerta “por las dudas”. Pero bueno, esta vez la tormenta se hizo sentir, y amanecimos el día de hoy, martes, con bastante agua.

Yo tenía que correr 20 km en algún momento. Y arrugué.

No suelo hacer eso. He tenido entrenamientos con una fina lluvia y una sensación de plenitud total. Pero el domingo tengo los 100 km, MIS 100 km, y no me puedo enfermar. Me lo vienen diciendo todo el tiempo, “cuidate”… Hice la Adventura Race de Tandil con mucha precaución, mirando bien dónde pisaba, pensando en no torcerme el tobillo, ni golpearme, ni nada que me afectase la Ultra Buenos Aires. Y ahora ando abrigado, camino descalzo pero con medias, intento no tomar frío ni arriesgar nada. Si se me pasa esta fecha, será otro año el que tendré que esperar para clasificarme para la Espartatlón.

A esta altura estoy entregado. El pronóstico, al que a veces le creemos, dice que las lluvias van a parar recién el viernes, lo cual le da algo de tiempo al sol para secar el camino y no correr la Ultra Buenos Aires en el barro. Hay mucho en juego para mí, y siento que a esta altura la correría hasta en muletas, pero bueno, el objetivo de hacer menos de 10 horas y media está, y la idea es cumplirlo este año. Después sí, me doy permiso para enfermarme (hasta el miércoles que viene, cuando parta rumbo a San Martín de los Andes para correr la Patagonia Run).

Como decía, hay mucho en juego…