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Semana 33: Día 224: Comidas adictivas

Se está acercando el fin de la Feria del Libro, lo cual es una excelente noticia para mí. Por un lado, voy a poder recuperar mi ritmo normal de vida, con mis propios horarios. Eso se traduce en que finalmente podré entrenar tanto como quiero, en esta etapa de recuepración. Por el otro, nuevamente voy a comer alimentos más sanos. Es inevitable, estando en un stand durante tantas horas, recurrir a comidas que son puro carbohidratos. En mi caso, si bien me llevé manzanas y bananas, las frutas se me arruinan. No siempre puedo llevarme otra cosa que no sean cereales, o alguna de esas galletitas veganas que estoy descubriendo (con muchos hidratos de carbono, pero poca grasa).

Mi amigo Rodolfo Falcón administra un blog y un grupo de Facebook llamado “Eligiendo Caminos”, dedicado a la salud, tanto física como mental. Algunas veces debatimos (siempre estando de acuerdo) sobre las ventajas del vegetarianismo y el deporte. Una de sus entradas más recientes está relacionado con las comidas adictivas, que me pareció pertinente compartir:

Alimentos que no puedes parar de comer

Si cada vez que entras a un local de comida rápida, sentis que no podes dejar de comer, tal vez te sea útil saber que no sos la única persona a la que le sucede. Hay alimentos que generan que la gente coma en forma compulsiva.
Entre los alimentos que producen este efecto, figuran aquellos que incluyen la combinación de grasas, sal y azúcar. Así lo explica el Dr. David Kesller, autor de “El fin de la alimentación excesiva” que se dedicó a investigar a quienes comen en forma compulsiva para explicar el poder de la comida. “Comer alimentos con alto contenido de azúcar, grasa y sal nos lleva a querer comer más alimentos con alto contenido de azúcar, grasa y sal”.

Pero, ¿qué alimentos nos llevan a seguir comiendo, aún cuando ya no tenemos más apetito?

La comida “chatarra”:

Un estudio del Instituto de Investigación The Scripps, publicado en Nature Neuroscience, demostró que  la comida rápida tiene propiedades “adictivas”, ya que, al igual que sucede con las drogas, es extremadamente difícil detenerse y dejar de comer. Esto ocurre con la comida que tiene un alto contenido calórico y de grasas, como el tocino y las salchichas, por ejemplo, que generan que las personas coman en exceso.
Según este estudio, el consumo sin límites de alimentos que producen placer provoca, como en las adicciones, respuestas de los neuroadaptadores en el circuito de recompensas del cerebro, desencadenando el desarrollo de la alimentación compulsiva.
Entre los neuroadaptores que se analizaron se encuentra el receptor D2, un neurotransmisor que es liberado por el cerebro con las experiencias que producen placer, como las drogas, el sexo y, también, la comida.

Los carbohidratos:

Según explica la Asociación Americana del Corazón, los carbohidratos aumentan los niveles de insulina, lo que disminuye el azúcar en sangre. Esto provoca el deseo de ingerir más alimentos y, en algunas personas, más carbohidratos, para obtener una fuente rápida de energía. La insulina es una hormona que es utilizada por el cuerpo para convertir el azúcar, el almidón y otros compuestos en energía.
A su vez, algunos estudios explican la conexión entre la mente, el humor y la comida debido a la disminución de la serotonina en el cerebro. Para los expertos, las personas que tienen antojo de carbohidratos poseen niveles bajos de serotonina, que ayuda a reducir los sentimientos de miedo, ansiedad y estrés, mejora el humor y favorece la relajación.

El chocolate:

Al parecer, tiene los mismos efectos de la comida chatarra. En el libro “La seducción de la comida”, su autor, el Dr. Neal Barnard, explica que el chocolate estimula la misma parte del cerebro que las drogas. Además, el chocolate contiene ciertos ingredientes que son estimulantes, como la cafeína, la teobromina –que se extra del cacao y se utiliza también en ciertas medicinas- y la Feniletilamina –una amina aromática, semejante a las anfetaminas.

El queso:

Tiene un ingrediente en común con el chocolate: la feniletilamina. Los médicos Donald F. Klein y Michael Lebowitz, del Instituto Psiquiátrico del Estado de Nueva York, atribuyen la feniletilamina al amor, explicando que las personas enamoradas tienen grandes cantidades de este componente en su cerebro. Por otra parte, un estudio de los Laboratorios Wellcome encontró que  la leche de vaca, que se utiliza para fabricar el queso, contiene morfina en pequeñas cantidades y no en todos los casos (dependiendo de la dieta del animal) y caseína, que podrían causar la adicción a este alimento.

No todas las personas sienten la misma atracción hacia los mismos platos. Incluso entre aquellos que reconocen comer permanentemente en forma compulsiva, hay quienes se inclinan hacia las comidas saladas y quienes prefieren los platos dulces.
No obstante, conocer los alimentos que pueden producir adicción o comer en forma compulsiva puede ser de mucha ayuda, ya que al saber que nos resultará difícil detenernos, es probable que nos convenga elegir otra alternativa que no nos produzca ese efecto. ¿O acaso alguna vez viste a alguien comiendo lechuga o tomate sin parar?

Semana 20: Día 137: Expertos en proteínas

Hoy leía un textito con el que me sentí identificado, y decía algo así: “Cuando digo que soy vegano de pronto todo el mundo se convierte en expertos en proteínas”. Nunca nada más cercano a la realidad.

He tenido amistosas discusiones con amigos y familiares sobre los pormenores de no comer carne. Creo que ya he demostrado que, tras trece años sin consumir animales, sigo vivito y coleando. Vicky cree que me quedo dormido (desmayado) en todos lados por alguna falta nutricional, pero si dejamos eso de lado (cualquiera que vea a mi padre durmiendo en el sillón después de almorzar puede comprobar que es un rasgo genético), lo cierto es que nunca me sentí mejor físicamente. Estoy haciendo fondos largos constantemente, sumando kilómetros en entrenamientos intensos, a veces combinados con ejercicios de musculación. Y no me siento débil.

Pero siempre hay alarmistas que consideran que estoy demasiado flaco, que pongo en riesgo mi salud, y así como en el fútbol somos todos directores técnicos, en estas charlas todos somos nutricionistas deportólogos, “especialistas” en lo que el cuerpo humano necesita (en algunos casos, “especialistas” en lo que MI cuerpo necesita). Escuché todo. Las proteínas completas, las de alto valor biológico, el hierro, la vitamina B12. Aunque parezca increíble, he tenido peleas que nada tenían que ver con el deporte o la alimentación, en donde en algún momento me tiraron a la cara “¡a vos te falta comer carne!”, tibio insulto que siempre me deja perplejo.

Creo que no hace falta aclarar que mucha gente desconoce cuáles son las fuentes de energía. Hay tanto pánico hacia las “calorías” que mucha gente cree que son mala palabra. Lo mismo con los hidratos de carbono, llegando al punto de creer que comer una banana puede hacerlos engordar. Las proteínas tienen calorías, pero la principal fuente de energía, eso que nos da la fuerza para realizar acciones o procesos internos son los hidratos, y no hace falta recurrir a los animales para consumirlos. ¡Es más! No hace falta la carne, ni siquiera la leche o los huevos, para obtener proteínas. Tampoco es un misterio, basta consultar a un profesional, y los más arriesgados pueden incluso googlearlo. Las lentejas, los garbanzos, la soja, son todos una excelente fuente de proteína vegetal.

Si estuviese equivocado, creo que no soportaría estar tres horas corriendo sin parar, como pude comprobarlo el domingo pasado. Mañana voy a retirar mis análisis de sangre, que también van a ser un indicador de cómo estoy físicamente, y el jueves voy a tener una función doble: nutricionista por la mañana, y médica clínica por la tarde para que vean mis resultados y me digan cómo está mi salud (sin tener que fiarse de mis opiniones).

Semana 15: Día 103: Mi nueva colación (vegana) post gimnasio

Cuando empecé a entrenar musculación durante el primer año de Semana 52, el tema de las proteínas y cuánto iba a aumentar de músculo era un tema que me intrigaba. Romina, mi nutricionista, me hizo una recomendación: Bebida isotónica con una cucharada de leche descremada en polvo y una leche chocolatada con dos vainillas. Entrenaba cinco veces por semana y en el vestuario, momentos antes de darme una relajante ducha, me devoraba esta colación. Y por supuesto que funcionó de maravilla.

Desmitifiqué así un mito de que los vegetarianos tenían mucho problema en ganar masa muscular. No me convertí en Jason Statham, porque el pelado seguramente empezó a entrenar hace una década o más, pero me gané mis bíceps, mis hombros y empecé a ensanchar mi espalda. Lo bueno no dura para siempre, tuve que priorizar el esfuerzo de correr más grandes distancias, no quise perderme los desayunos con Vicky y de pronto ya no tenía un buen momento para ir al gimnasio. Ahí quedó la cosa. Realmente no se me ocurría una situación en la que poder volver a entrenar con pesas dentro de mis esquemas de horarios.

Pero los planetas se alinearon y Germán, entrenador de los Puma Runners, vino un día con una batería de elementos para entrenar: pesas rusas, ruedas para hacer abdominales, bolsas para levantar o calzarse en la espalda… en fin, un gimnasio al aire libre. El entrenamiento ganó media hora, empezando más temprano, y me calzó perfecto, porque ya tenía acomodado estos días para correr con el grupo. El tema fue que desde la última vez que había ido al gimnasio, me había vuelto vegano, así que mi colación de bebida con leche descremada en polvo y chocolatada ya no eran una opción. Empecé a tomar de esos jugos de soja, pero dudaba que fuese algo parecido. De hecho, ni siquiera tenía idea de cuánta proteína vegetal necesita un deportista vegano. Ahí fue que hice mi consulta a mi nutricionista, dejándole la difícil tarea de encontrar una equivalencia a lo que veníamos haciendo.

La recomendacion diaria proteica para un adulto es de 0,8 gr de proteínas/kg. Esto ya cubre un margen de 2 ds (desvios standarts) para cubrir a practicamente toda la población.En los vegetarianos/veganos  sube a 0,9g de proteinas/kg. Tomen nota porque esto es interesante. La bibliografía recomienda aún más en deportistas de resistencia (1,2-1,4 gr de proteínas/kg) y de fuerza/potencia (1,4-1,8 gr de proteínas/kg). El “argentino promedio” suele estar por encima de TODAS estas recomendaciones por su alto consumo de productos cárnicos, lacteos y derivados, llegando muchas veces hasta un consumo de 2 a 3 g de proteínas/kg… ¡o más!

Ahora, ¿qué pasa en MI caso, siendo vegano y fondista? Tendría que asegurarme de que cubra 0,9 a 1,2 gr de proteínas/kg. Romina quiso tranquilizarme y aclararme de no volverme loco intentando obtener todo esto de las bebidas de soja o la leche de almendras. Lo tranquilizador es que… ¡ya venía consumiendo todas las proteínas que necesitaba! Cada 100 gr de alimento en crudo, todas estos alimentos presentes en mi dieta me aportaban:

Arroz: 10 gr
Papas: 2 gr
Vegetales: 0,5-1 gr
Legumbres: 20 gr en promedio
Quinoa: 14 gr
Trigo: 12 gr
Choclo: 8 gr
Frutas frescas: 1,5 gr en promedio
Polenta: 7 gr
Cous cous: 12 gr

Volvemos nuevamente a la gran duda… ¿qué pasa con la colación post-gimnasio, para que me ayude a ganar músculo? Si lasiguiente comida la hago dentro de la hora de finalizado el entrenamiento, con que me hidrates sería suficiente. Pero si no, algunas alternativas para incluir hidratos y proteínas son hacerme un sándwich de pan integral y tofu (a gusto otros ingredientes, como por ejemplo albahaca, pimienta, etc.), arroz con “leche vegana” y canela,algun budín o muffin de zanahoria, algarroba, etc., licuado de frutas con “leche vegana”, un taco o burrito de quinoa, lentejas o porotos, etc., hummus untado en  pan integral.

Así fue que, con toda esta información, se me ocurrió que lo más cómodo era hacerme un sándwich de pan con semillas y tofu. Le sumé unas rodajas de tomate con orégano, para darle un poco más de onda, y hoy lo probé. ¡Me encantó! Ahora, ¿me va a hacer un tipo musculoso como Jason Statham? No lo sé, en unos meses les cuento qué resultado tuve…

Semana 11: Día 72: Comiendo en Villa La Angostura

Villa La Angostura tiene 15 mil habitantes. Es la misma cantidad de inscriptos en la última media maratón de la Ciudad de Buenos Aires. El dato me llamó la atención.
Ya dijimos que ser vegano es complicado, no importa en qué provincia estés. Imaginate si además no querés consumir fibra porque se viene una carrera (evitando así problemas gástricos). Eso deja afuera casi cualquier ensalada, así que tuvimos que salir en la búsqueda del Santo Grial en Villa La Angostura.
Afortunadamente nos cruzamos con una vegetariana que nos recomendó Villa Rica, un local sobre la avenida Arrayanes donde lo que no era vegano le buscaban la vuelta para que lo sea.
La gente en está ciudad es increíblemente amable. Una gran cantidad es deportista, y en las tiendas a las que entrábamos conocíamos gente que va a correr La Misión.
Prácticamente no hemos comido en otro lugar que no sea Villa Rica (no tiro la dirección exacta para que no parezca un chivo). El tema de no comer fibras para mí es muy importante, como también lo es consumir hidratos de carbono. Estuvimos a pan y cereales, además de mucha agua.
Al parecer les recomendaron a los restaurantes y locales de comida que trasnochen y no cierren, así aprovechan a todos los corredores que vuelvan De La Misión muertos de hambre. Unas comida caliente después de tanto esfuerzo va a ser invaluable.
Otros corredores que no tengan mis limitaciones gastronómicas van a poder disfrutar de carnes rojas y pescados, aunque saben que no podría recomendarlo.
Hay mucha emoción por está carrera… ¡Si hasta anoche soné que largábamos!

Semana 10: Día 66: Esos vegetarianos que corren…

No-meat-gorilla

¿Empezaste a correr y te hiciste vegetariano? ¿Ya eras vegetariano y querés comenzar a hacer deporte? ¿No te interesa dejar la carne pero te intriga cómo hacen esos amantes de los árboles para no desmayarse después de dar dos pasos? Este post es para vos…

Hay un gran consenso erróneo de que para tener fuerza necesitás proteína animal. Esto deriva en que se decidió que a este nutriente se lo llame “de alta ca;odad” y al de origen vegetal se lo considere de “baja calidad”. Pero esto va más allá de una etiqueta (Homero decía que a todo el mundo le gustaría la yerba mala si la llamaran “yerba buena”). La decisión de estos nombres radican en la velocidad en que el cuerpo los asimila. Es lógico pensar que, al ser animales, tenemos que consumir proteína animal, pero como atestiguan muchos deportistas de alto rendimiento y hasta atletas con muchísima fibra muscular, una dieta vegetariana (e incluso una vegana) no invalida tener un físico espléndido.

Es probable (pero no aplica al 100% de los casos) que el dejar de consumir derivados de animales haga que bajes de peso y que tu porcentaje de grasa decrezca. Nosotros somos una maquinaria perfecta que realiza una enorme cantidad de procesos realmente espectaculares, pero todo comienza con el sol. Este astro al que le damos vuelta cada año irradia energía que es procesada por las plantas a través de la fotosíntesis. Esto pasa a las criaturas que se alimentan de ellas. Se le da mucho crédito a la grasa como fuente de calorías, pero hemos evolucionado lo suficiente como para no depender de ella. No vivimos aislados, en medio de la helada tundra, necesitando casar osos polares para sobrevivir. Apostaría a que tenés un almacén o un supermercado chino a menos de dos cuadras de tu casa. Esta situación hace que puedas elegir qué comer en lugar de alimentarte con lo que puedas obtener por necesidad. Los vegetarianos eligen, la grasa no forma parte de su dieta básica, y rara vez tienen sobrepeso.

Hay que comer inteligentemente, sea cual sea tu fuente de alimentación. Podés ser vegano y vivir a pizza de cancha, papas fritas y cerveza. Te aseguro que no vas a ser una persona sana. La base para hacer deporte es darle a tu cuerpo la energía que necesita. La comida es nuestro combustible, y para que nuestros músculos trabajen necesitan de hidratos de carbono. Ese elemento que absurdamente es dejado de lado por algunas dietas es lo que nos permite ejercitar, movernos y hasta que nuestros órganos y cerebro funcionen. Por eso los cereales son un elemento importante de nuestros platos, así como las frutas y verduras.

En segunda instancia, necesitamos proteínas. Muchos asocian esto con la carne, la leche y los huevos, pero podemos obtener este nutriente del reino vegetal con un mayor beneficio a la salud. Las proteínas proporcionan los materiales que sirven para la formación y reparación de los tejidos del organismo. Fundamentales para el crecimiento, desarrollo y conservación de la vida. Son el alimento básico de las células y proporcionan los materiales que constituyen los músculos, huesos, glándulas, órganos internos, sistema nervioso, sangre y otros líquidos del cuerpo, como así también la piel, el cabello y las uñas. Algunos cereales, sobre todo en combinación con otros vegetales, son excelentes fuentes proteicas. En general, las proteínas vegetales son más variadas, completas, fáciles de digerir y económicas. Una buena fuente de aminoácidos son el amaranto y la quínoa. La soja es el cereal con proteína vegetal más conocido y producido a nivel mundial. Tiene la ventaja sobre la carne de disminuir el colesterol en sangre (colesterolemia).

El cuerpo puede lograr aminoácidos de una forma limitada. No puede fabricar ocho de los aminoácidos que forman parte de las proteínas que consume y, en consecuencia, debe tomarlos directamente de los alimentos. Estos aminoácidos se llaman esenciales y son ocho: isoleucina, leucina, lisina, metionina, fenilalanina, treonina, triptofano y valina.

La buena calidad nutricional de la comida se logra cuando se combinan en una misma ingesta proteínas que compensen sus deficiencias en aminoácidos esenciales, por ejemplo, un alimento deficiente en lisina, pero con exceso de metionina, o viceversa. Desde el punto de vista nutricional, la quinoa tiene proteínas superiores a la caseína de la leche (además de que contiene mayor cantidad de hierro y calcio). Y, a pesar de contener menor porcentaje de proteína que la soja (que tiene 33%), posee 16 aminoácidos. En el caso de la lisina, posee 1,4 veces más que la soja, 5 veces más que el maíz, 20 más que el trigo y 14 más que la misma leche.

Lo básico para tener una dieta equilibrada y la energía necesaria es comer seis veces al día. No es fácil romper con los hábitos, y cualquiera creería que hacer esto induciría a la gordura desmedida. Pero nuestro cuerpo necesita combustible constantemente, además de que al darle trabajo al estómago evitamos la hinchazón y tenemos un mejor trabajo digestivo. Las frutas son excelentes colaciones, que podemos acompañar tomando abundante agua. Los desayunos son los que deben ser abundantes, porque además de ser la priemra comida del día es la siguiente al período donde el organismo pasa más tiempo sin alimento.

En mi caso particular mi alimento básico es el cous cous. Es fácil de preparar y una gran fuente de hidratos. Se pueden combinar con cualquier cosa, como soja y/o pasas de uva. Para los que les cuesta comer vegetales u hojas verdes, una prepizza con un buen colchón vegetal es una excelente opción. Lo ideal para cualquier alimentación sana es que el contenido de grasa de los alimentos no supere el 7% (esto se averigua fácilmente, leyendo la tabla nutricional de los paquetes… diría que las frutas y verduras están dentro de los valores aceptables). La soja en cualquiera de sus variantes (milanesas, hamburguesas, salchicas) o el seitán también han tenido muy buen resultado en mi caso (ojo, el brote de soja contabiliza como cualquier verdura y no como una buena fuente de proteínas).

Y como siempre digo, ante cualquier duda lo mejor es consultar a un nutricionista. No es fácil encontrar un profesional que adhiera a nuestro modo de vida vegetariano/vegano, pero tendremos mejores resultados si nos asesoramos para armar una dieta completa y variada. Después de incontables generaciones que jamás cuestionaron nuestras costumbres alimenticias, se está imponiendo un estilo de vida más saludable y menos carnívoro. Si yo pude hacer maratones y ultramaratones sin depender de la carne ni la leche, ¿por qué no podría cualquiera?

Semana 9: Día 62: Dieta vegana (finalmente)

Ayer me llegó la dieta vegana, avalada por mi nustricionista deportóloga. De a poco me voy amoldando a este nuevo estilo de vida.

Lo que más me sorprendió fue que los platos, en lugar de centrarse en vegetales+hidratos+proteínas, ahora se centran en cereales y legumbres (por supuesto que con un complemento de verduras). La dieta es flexible y se va amoldando de acuerdo a mis gustos (y a lo que no me gusta también). Por ejemplo, me atiborré la heladera con leche de soja, tengo reservas de almendras para hacer leche también, pero no tengo nada de eso explicitado (sí como una opción de merienda). Vicky dice que no me lo tome tan al pie de la letra, pero si me hacen un régimen… ¿por qué no seguirlo?

Los hábitos alimenticios no son inquebrantables, eso ya lo comprobé. Hoy el desayuno es sagrado para mí, y antes me lo salteaba olímpicamente. De a poco creo que puedo amoldarme a las nuevas opciones, es cuestión de organizarme.

El tema, claro, es que con La Misión a la vuelta de la esquina… voy a tener una semana fuera de casa y posiblemente cuatro días de comida de marcha, con otro tipo de horarios, sin la posibilidad de cocinarme en el momento (a menos que me lleve una garrafita y me ponga a hacer milanesas de soja en medio de la montaña). Así que lo más probable es que estos días me ponga a experimentar un poco y que recién a mediados de diciembre (como para mi cumpleaños) me ponga en serio a seguir esta dieta.

Semana 5 : Día 34: Feliz día del vegano

No sé si habrá un día del carnívoro o del omnívoro, pero hoy me enteré de que es el día del vegano. Así como me entero de que es el día del diseñador gráfico cada vez que me saludan (ya sospecho que son dos días al año, nunca registro la fecha), me enteré de este onomástico cuando empezaron a caer las felicitaciones. Solo llevo un mes de puro veganismo, aunque lo vine intentando con bastante éxito por unas semanas antes.

Ahora, ¿por qué es hoy, 1º de noviembre, el día del veganismo? Esta palabra viene del inglés “vegan” y designa un modo de vida basado en el respeto a los animales. El término fue inventado por Donald Watson (1910-2005) y su esposa Dorothy en el año 1944 –tomando las primeras tres letras y las dos últimas de la palabra “vegetarian”– con el objetivo de diferenciarse de quienes practicaban el vegetarianismo por compasión o respeto a los animales pero que, sin embargo, admitían otros productos derivados como los lácteos, los huevos y la miel. El 1 de noviembre del mismo año, Watson y su esposa fundaron la Vegan Society (Sociedad Vegana) para difundir ese nuevo modo de vida basado en un verdadero respeto por los animales. Watson definió el veganismo como una filosofía de vida que excluye todas las formas de explotación y crueldad hacia el reino animal e incluye una reverencia a la vida.

En primera instancia, el veganismo es un modo de alimentación estrictamente vegetariano (cero productos de origen animal) pero, al ser una filosofía de vida que tiene como fundamento el respeto a los animales, no puede enfocarse exclusivamente a la forma de alimentarse; rechaza también el uso de cuero y pieles en el vestido y calzado; se posiciona en contra de los experimentos con animales y condena el uso de animales como entretenimiento o diversión. Es decir, el veganismo es, en la práctica diaria, la total abstinencia de productos y subproductos de origen animal, ya que estos sólo pueden obtenerse mediante la dominación, la tortura y el asesinato de los animales.

Todo esto lo copié y pegué de internet. No creo que comer miel sea tortuoso para las abejas. Y mi perro me da diversión, aunque creo que no lo exploto.

Por ahora este experimento del veganismo viene muy bien. No siento ningún efecto adverso, no estoy más flaco ni más débil. Pero probablemente un mes sea poco tiempo para ver resultados. El fondo más largo que hice en esta etapa fueron 21 km, pero al menos fue esa distancia un viernes, y la misma el día siguiente… así que creo que mi resistencia sigue intacta. Iremos viendo a lo largo del año si tiene un impacto en mi cuerpo y si un vegano puede terminar sin problema ultratrails como La Misión, Patagonia Run o Yaboty…

Semana 2: Día 9: Comer en Madrid

Se ve a las claras que esta ciudad no es muy vegetariana. En las tiendas y restaurantes abundan los pescados, mariscos y la carne de cerdo. ¿Qué puede hacer un vegano aquí?
Lo primero, no desesperar. Aunque no lo parezca, en Madrid hay muchos productos de soja al alcance de la mano. Bebidas, principalmente, que reemplazan a los lácteos. No hay alimentos secos como milanesas de soja, pero sí podemos encontrar pastas y muchos productos con vegetales a precios módicos, como también jugos (zumos) naturales, no provenientes de concentrados.
En los restaurantes la cosa se complica un poco. Pocas comidas no tienen carne animal, incluso las ensaladas tienen jamón ibérico (y se dificulta a medida que los comercios son más “tradicionales”). Por suerte, los mozos son tan amables como aceptar modificar los platos y sacarle los animales al menú.
Probablemente España sea el país en el que me fue más fácil ser vegano. La oferta de frutas y vegetales es amplia, aunque se vendan tantas carnes, quesos y lácteos. No encontré taboulé, ese plato árabe que me salvó en París e Inglaterra, pero bueno, el veganismo requiere no depender de otros… y en cierto punto, volverse creativo.

Semana 52: Día 363: Comer en Atenas

Al igual que en el año anterior, tengo poco que decir de la comida de Grecia, principalmente porque estoy en medio de la estricta dieta de hidratos de carbono para la maratón. Además este teclado no tiene acentos ni eñes, y tengo que andar metiendo alt + 164, alt + 160, alt + 130, hasta que todo pierde sentido y la realidad se ve compuesta por caracteres verdes de la Matrix. Así que seré breve e intentaré usar pocas palabras acentuadas.

Grecia es conocida por sus ensaladas, sus quesos y especialmente por sus yogures. Es bastante raro encontrar un restaurante que tenga comida vegana. Quiero empezar mi veganismo en el tercer año del blog, pero sinceramente desde que leí el horroroso impacto que tienen las proteínas animales en el cuerpo (que sobrepasan a cualquiera de sus beneficios), no pude volver a comer lácteos. Si no quedó otra, me la banqué. Pero más que reprimirme, estoy dejando de comer algo que no quiero.

Esto es un veradero problema, sobre todo en Atenas, donde los productos de soja (una buena fuente de proteínas vegetales) brillan por su ausencia. Si eso lo combinamos con la barrera idiomática, es complicado elegir buenos suplementos. Ahora se da la situación de que el domingo vamos a correr a Maratón, por lo que estoy a fideos, fideos y fideos. Blancos, sin salsa (por la fibra). Ayer, en una taberna donde cenamos, pedí algo vegetariano a un mozo con poca paciencia, y me dijo en un tosco inglés (con acento de villano de James Bond): “Solo tenemos porotos”. Así que eso fue lo que comí, legumbres nadando en salsa de tomates. Para el almuero de hoy, la cosa cambió, y luego de una calurosa visita a la Acrópolis, le pregunté al encargado de un restaurante si podía pedirle algo que no estaba puntualmente en el menú. El pobre hombre se quedó congelado unos segundos y me dijo que solo podía ofrecerme cosas que estuviesen en la carta, pero respiró aliviado cuando le pedí arroz con papas que no estuviesen fritas.

Qué manjar. Increíble poder comer algo tan sencillo y a la vez tan bien hecho. Parece una tontería, pero algo que yo esperaba como un mero reemplazo de las pastas se convirtió en una excelente comida. Vicky pidió pollo a la plancha con papas al horno, y el pan que sobró nos lo llevamos de contrabando.

Como todos saben, Grecia está en una cruenta crisis (las visitas a sitios históricos, como el Templo de Zeus, cierran al mediodía porque el gobierno solo puede pagar sueldos por medio turno). Esto genera un clima enrarecido, mucha gente pidiendo en la calle y protestas y huelgas. Nada demasiado diferente a lo que sucede en Argentina cada vez que sufrimos una crisis. La diferencia que noté es que no he visto gente pidiendo en los subtes, cosa que se repitió constantemente en París y Londres (en mi tercer visita a ambas ciudades es la primera vez que lo veo).

Esta tristísima crisis que golpea a Europa y que se siente con fuerza en Grecia debe estar influyendo en los precios, porque todo está la mitad de lo que nos salió en nuestras paradas anteriores de este viaje. Siempre imaginé que el Euro también unificaba precios, y que un kilo de bananas salía 4 euros tanto en Roma como en Atenas. Pero en la capital helénica cuesta 1,50. Así que comer en restaurantes resultó más barato de lo que esperábamos, y cuando pagamos un pan en Londres por 1,50 libras (1,90 euros), esta mañana en una panadería ateniense nos cobraron 35 centavos. Dudamos unos instantes porque pensamos que se estaban equivocando.

No es grato salir a comer y pagar poco porque un país está en crisis. En el fondo me entristece y siento que nos estamos aprovechando. Pero también soy consciente de que el cambio a pesos argentinos no siempre nos favorece, y con lo difícil que fue conseguir euros para este viaje, también estoy contando las monedas.

Los tomates en Atenas tienen un color y un aroma maravillosos. Las aceitunas son, como cualquiera podría suponer, exquisitas. Las bananas son exactamente igual a cualquier buena marca argentina, y las manzanas son arenosas (o sea, horribles). Los yogures, como dije hace un año, son una gran mentira de marketing (saben a queso crema, o sea no son dulces), pero combinados con otras cosas (como miel o frutas), resultan exquisitos. Siendo que Vicky no es ni vegana ni vegetariana (ni tan extremista como yo respecto a la alimentación), se dio el gusto de pedirse un smoothie hecho con yogur, y da fe que son muy ricos.

Mañana iremos a pasear por la playa, aprovechando que es temporada baja (poca gente en las calles y sitios de interés turístico) y que hace 32 grados durante el día. Haremos una vianda de muchos hidratos, el sábado un crucerito por las islas griegas más cercanas a la costa (con la esperanza de que la comida en el ferry sea apta para Martines Casanovas) y el domingo a las 5 de la mañana, hora local (23 hs del sábado en Buenos Aires) comenzaremos nuestra propia carrera hacia Maratón…

Semana 52: Día 359: Comer en Londres

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Quizá equivocamos el orden de las ciudades, y París debería haber estado más al final del viaje, porque las opciones para comer no solo eran más económicas, también eran más deliciosas.
Aunque no nos ponemos a pensar en el cambio y la superioridad de la libra por sobre el peso argentino, Londres es una ciudad cara, y en exceso. Estamos en una zona de hoteles y albergues, y aparentemente eso significa que si hay un supermercado o un restaurante cerca, los precios tienen que estar más inflados. Con un presupuesto ajustado, comprar una comida preparada en una despensa y sentarse en una mesa a pedir un menú a la carta puede tener una diferencia abismal.
Hoy empezaba mi dieta de la maratón, que no comenzó como debía, pero tengo tiempo de ponerme más estricto. La veda de fibras empieza el miércoles, cuando llegamos a Grecia, pero por ahora quizá debería esforzarme en hidratarme mejor.
Es notable la diferencia entre los parisinos y los británicos. En Francia nos preguntábamos cómo eran generalmente flacos siendo que tenían a su alcance tantos hidratos y dulces, pero en Londres nos damos cuenta de que los británicos (que son en promedio más rellenos) no consumen tanta fruta o verduras ni se ejercitan tanto como quienes son oriundos de París. Los platos aquí son grasosos, y las variantes vegetarianas son escasas e igual de aceitosas. Y supongo que por su origen indio, árabe y asiático, las comidas sin carne son exageradamente condimentadas. No creo que coma una buena comida hasta que llegue a Madrid, en una semana, pero espero resolver el tema de la alimentación y hacerlo pronto…