Semana 46: Día 316: Temiendo Yaboty

Miedo. Hay que abrazar el miedo. Empaparse de él, aprender a exorcizarlo. Quitarle poder.

Temo mucho por mi participación de los 90 km de Yaboty. No es que haya duda de que la corra. Eso está fuera de discusión. Pero no sé cómo me va a ir, tengo una gran incertidumbre, y no me refiero solo a la carrera.

Como ya comenté en posts anteriores, esta ultramaratón fue una de mis experiencias favoritas, hace dos años, cuando la corrí en equipo con Vicky y eran 100 km en el verano. Ahora es en el último mes del invierno, unos pocos kilómetros menos. Y el gran cambio desde que decidí correrla es que voy a ir solo. Pero solo en serio, no conozco a nadie de los que va a correrla. Voy a tomar un micro en el que voy a estar 16 horas rodeado de gente que no conozco, voy a dormir en un hostel compartiendo habitación con extraños y voy a participar de una charla técnica sin cuchichear por lo bajo con mis amigos. Me da un poco de pánico esa situación, porque como cualquier persona que vive conectada a internet 18 horas por día, soy una persona a la que le cuesta mucho socializar.

Pero estoy intentando revertir esa tendencia. Originalmente iba a participar de Yaboty y me iba a concentrar en eso. Es el motivo por el que no iba a ser de la partida en la Adventure Race Tandil. Entonces me separé, me pegó esa cuestión de querer reconectarme con mis compañeros de grupo, y decidí ir con ellos. Terminé haciendo una carrera de aventura dos semanas antes de un trail de aventura. Creo que es obvio que no voy a buscar hacer marca ni llegar al podio. Todo esto tuvo su precio, aunque me fue espectacularmente bien en Pinamar, terminé muy fatigado y no llego a Yaboty en las mejores condiciones físicas. Tengo un dolor en el costado de la rodilla derecha, que aparece cuando corro y desaparece apenas me detengo (fatiga, seguramente). Tampoco he hecho fondos largos últimamente, así que no sé qué esperar. Por eso tengo un poco de ansiedad por correrla, como si llegara a un examen sabiendo muy bien ciertos temas y con la única estrategia de guitarrear si me preguntan por los otros.

Quizá lo que más me pese sea esa cuestión de participar de una prueba tan dura sin ningún conocido con quien compartirlo. Seguramente conozca gente en el viaje, y ya tengo la promesa de conocer a Jorge, quien me escribió al blog hace poco y que también va a participar de los 90 km de Yaboty. Generalmente las carreras son oportunidades de conocer lugares nuevos, expandir los horizontes físicos y mentales, y afianzar relaciones. Nunca fui solo ni tampoco se me cruzó por la cabeza hacerlo. El running es una actividad bastante solitaria porque es difícil encontrar a una persona que tenga exactamente tu ritmo y con la que, además, tengas una charla amena. Sin embargo, en los Puma Runners, siempre nos las ingeniamos para hacer que cada carrera sea un viaje de egresados, en donde compartamos comidas, salidas y las “sobremesas” post carreras. Ahora me toca improvisar, arreglármela por las mías. Voy por la competencia, no por la vacación.

Como dije varias veces, el miedo me paralizó siempre, y ahora decidí convertirlo en un motor. Podría haber cancelado mi inscripción y pedir que me computen ese dinero a otra carrera… Pero, ¿para qué? ¿Para seguir consintiéndome en cada una de mis mañas? Creo que si te enfrentas a las cosas que te dan pánico, te podés llevar la grata sorpresa de que le empezaste a quitar poder…